lunes, 29 de julio de 2019

El amo


Bayreuth honra a Wolfgang Wagner, director de un templo anacrónico y genial

Gemma Casadevall




Resultado de imagen de wolfgang wagnerBayreuth (Alemania), 29 jul (EFE).- Bayreuth recupera con una exposición la figura de Wolfgang Wagner (1919-2010), artífice de la refundación tras el nazismo del Festival Richard Wagner, una cita en la que conviven anacronismo y rompedoras producciones. 
El centenario del nacimiento de Wolfgang Wagner, el tercer hijo de Siegfried y Winifred Wagner y nieto del compositor alemán, se cumple el 30 de agosto próximo, pero para entonces la temporada del festival habrá terminado, por lo que se decidió avanzar los honores. 
"Der Prinzipal" -"El Director"- es el título de la exposición que le dedica el Museo Richard Wagner de Bayreuth, la ciudad de provincias donde el músico decidió, bajo el mecenazgo de Luis II de Baviera, "El Rey Loco", levantar un teatro para sus óperas. 
Que casi siglo y medio después de celebrarse ahí el primer festival -en 1876-, sobre su Verde Colina se siga escuchando sólo Wagner se debe en parte a las normas de Wolfgang, como también que ese culto en exclusiva se combine con producciones arriesgadas. 
Wolfgang Wagner tomó las riendas del festival en 1951, entonces junto a su hermano Wieland y, a la muerte de éste, en 1966, las llevó en solitario hasta 2008, cuando tras un largo pulso sucesorio las traspasó a sus hijas, Katharina y Eva Pasquier-Wagner. 
Fueron más de cincuenta años decisivos para Bayreuth, un festival que los aliados tomaron en "custodia" tras la II Guerra Mundial y estigmatizado por los años en que Winifred Wagner, una británica ferviente adoradora de Adolf Hitler, lo puso a los pies del nazismo. 
La exposición recuerda esa sumisión, así como el hecho de que Wolfgang fue para el dictador algo así como un sobrino, que paseó con él y sus oficiales por los jardines que envuelven el teatro. 
Se dedica al capítulo una breve introducción, pero quien quiera saber más de esa servidumbre tiene en el edificio contiguo, en la Casa Siegfried Wagner, una exposición permanente que no ahorra detalles. 
A través de monitores multimedia, se recuerda el recalcitrante antisemitismo de Richard Wagner, razón para que Hitler viera sus óperas como la sublimación musical del ideario nazi. 
También se apunta a que la saga familiar se comportó como una secta, celosa guardiana de sus esencias, elemento aún vigente para los wagnerianos más leales que año a año acuden a Bayreuth. 
Wolfgang hizo algo más que perpetuar el culto al compositor: abrió Bayreuth a producciones arriesgadas, que a menudo el público más ortodoxo recibió con feroces abucheos. 
La ira de ese sector cayó sobre el "Anillo del Nibelungo" de Patrice Chéreau y Pierre Boulez, en 1976, para quedar en los años siguientes elevada a la categoría de legendario. 
Históricos fueron algunos ataques de cólera de Wolfgang, de resultas de los cuales abandonaron el templo figuras como la mezzosoprano bávara Waltraut Meier, en 2000. 
Meier regresó a Bayreuth la temporada pasada y este año estuvo de nuevo ahí, para el concierto dedicado a Wolfgang Wagner, la víspera de la apertura del festival, donde fue aclamada como una heroína. 
Katharina Wagner, desde hace tres años directora en solitario del festival, ha seguido la receta de Wolfgang. 
También la biznieta recibió una tormenta de abucheos en 2007, con su versión de "Los Maestros Cantores de Núremberg". Clamorosos también fueron los recibidos por el primer "Anillo" bajo su gestión, el que dirigió Frank Castorf; entre sus grandes aciertos está la incorporación como director musical titular de Christian Thielemann. 
Con Katharina se estrenó con éxito este año el "Tannhäuser" de Tobias Kratzer, profuso en drag-queens, drones y humor. La siguiente gran prueba para la heredera será el "Anillo" que se estrenará en 2020, con el finlandés Pietari Inkinen a la batuta y el austriaco Valentin Schwarz como director escénico. 
Una apuesta joven y arriesgada, para un festival sobre el que se agolpan desafíos logísticos: la ola de calor que, por segunda edición consecutiva, azotó la apertura de Bayreuth este año puso a los wagnerianos al borde de lo humanamente soportable. 
De Bayreuth está proscrito el aire acondicionado por razones acústicas y sus 1.400 escuetas butacas -pese a alguna mejora- son casi tan incómodas como en tiempos de Luis II de Baviera o Hitler. 
"En Bayreuth reflexionamos cuidadosamente cualquier innovación. Todo a su debido tiempo", es la respuesta de su departamento de prensa, donde se recuerda que hace unos pocos años se incorporó la venta de entradas online y que este año funciona incluso sin problemas un "wifi" gratis en la Colina Verde. EFE 
gc/jpm/lml 
(foto) (audio)

viernes, 19 de julio de 2019

90 minutos de Merkel en estado puro



Merkel hace alarde de solidez, física y política, pero evita dar imagen de dominio alemán



Gemma Casadevall


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Berlín, 19 jul (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, hizo alarde hoy de solidez, física y política, por encima de las especulaciones sobre su estado de salud y tras una semana intensa en que Alemania recuperó, tras 50 años, la presidencia de la Comisión Europea (CE). 

"No hay un dominio alemán. Y se demuestra día a día. Las decisiones se adoptan por consenso o por mayoría cualificada. Alemania no decide nada por sí sola", zanjó Merkel, a una pregunta sobre una presunta superioridad alemana, formulada en su conferencia de prensa antes del receso vacacional, de 90 minutos. 

Alemania llevaba más de cincuenta años sin presidir la CE -el único precedente es Walter Hallstein, en el cargo entre 1958 y 1967-, recordó Merkel, y la elección ahora de Ursula von der Leyen fue adoptada tras designación de los líderes de la UE y el voto del Parlamento Europeo. 
"Estoy muy satisfecha de que se lograra evitar un conflicto entre las instituciones", afirmó, para asegurar que la elección de Von der Leyen "es una buena noticia para Europa", ya que garantiza la "operatividad" de la CE. 

Merkel admitió, a reiteradas preguntas en esa dirección, que previo a la votación -que Von der Leyen ganó por escaso margen- hubo llamadas telefónicas "con todos los líderes europeos" y también colegas de otros partidos de la familia conservadora.  "Eso no me parece que sea un absurdo", explicó, cuestionada sobre esa práctica, en relación al decisivo apoyo recibido por la candidata alemana por parte de Polonia y Hungría, países a los que debería su elección. 

Al paso a la CE de Von der Leyen, hasta esta semana ministra de Defensa y persona muy cercana a Merkel, siguió otro cambio fundamental: el ingreso de la líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer, en la gran coalición para ocupar la vacante dejada en esa cartera. 
Kramp-Karrenbauer, apodada AKK, asumió la jefatura de la CDU el pasado diciembre, hasta ahora no ha cuajado como líder en el partido que desde 2000 presidió Merkel y se considera que su incorporación al Gobierno debe empujarla a sucederla algún día como canciller. 

La decisión de si AKK será la candidata del bloque conservador para luchar por la Cancillería en las siguientes generales, "compete a la Unión" y se adoptará "a su debido tiempo", indicó. 
Los sondeos no favorecen ahora mismo a AKK, que además de no haber consolidado su liderazgo en la CDU tampoco goza de una buena valoración entre el electorado, una situación de debilidad que ha disparado las expectativas a favor de Los Verdes. 

Merkel ha insistido, cada vez que se le ha preguntado, como ocurrió hoy, que su propósito es culminar su actual mandato, que es el cuarto, y que no optará a un quinto ni a ningún otro cargo. 
Los reiterados temblores físicos sufridos las últimas semanas desataron las especulaciones sobre una retirada más o menos cercana, lo que la incorporación de AKK al equipo del Gobierno parece refrendar. 

"Bien, me siento bien", respondió la líder alemana ante su concurrida conferencia de prensa, donde la primera cuestión respecto a su estado de salud surgió solo al cabo de unos 45 minutos. 
"Entiendo que me pregunten sobre mi salud", añadió Merkel, para mantenerse en su posición de no dar más explicaciones, como ha hecho estas semanas, sea personalmente o a través de alguno de sus portavoces. 

"Me conocen desde hace un rato", dijo, tras aludir a su reconocido "sentido de la responsabilidad" y al hecho de que adoptaría las medidas oportunas, de no estar en condiciones de seguir en el cargo. 
Los temblores de la canciller han suscitado cierto debate sobre la necesidad o no de que Merkel informe sobre su estado de salud, una cuestión que parece interesar más fuera de Alemania que en el propio país.  Según un sondeo semanal de la televisión pública alemana ZDF, un 80 % de los ciudadanos alemanes considera que eso es un asunto privado de Merkel y apenas un 19 % exige una mayor transparencia. 

Su larga comparecencia ante los medios fue un exponente de "Merkel en estado puro", respondiendo a cualquier cuestión planteada sin titubeos, con una única excepción: dónde pasará sus vacaciones. 
"Ustedes conocen la respuesta", se limitó a responder, en alusión a la práctica de no dar detalles de algo que cae también en la esfera de lo privado y para recordar que éste donde éste "siempre sigo de servicio". 
La próxima semana estará aún en Berlín, ya que asistirá a la toma de posesión de AKK en el Bundestag (Parlamento federal), tras lo cual previsiblemente entrará en su receso vacacional por unas semanas. EFE 
gc/jam/ig 

jueves, 18 de julio de 2019

Las chicas de Angie

Merkel lliga la seva successió




Volia real­ment Angela Merkel que el bavarès Man­fred Weber, líder del Par­tit Popu­lar Euro­peu (PPE), fos el nou pre­si­dent de la Comissió Euro­pea? O va cal­cu­lar-ho tot tan bé que, final­ment, ha col·locat al cen­tre de poder de Brus­sel·les qui durant anys era con­si­de­rada la seva hereva natu­ral, Ursula von der Leyen? I de retruc, Anne­gret Kramp-Kar­ren­ba­uer (AKK), la seva suc­ces­sora al cap­da­vant del bloc con­ser­va­dor, ha tro­bat un lloc dins la gran coa­lició de govern.


És difícil d’ima­gi­nar tanta capa­ci­tat de càlcul, fins i tot en la can­ce­llera expo­nent de sang freda i capa­ci­tat d’anàlisi. A més, el “regal” va coin­ci­dir amb el 65è ani­ver­sari de la líder més vete­rana de la Unió Euro­pea (UE), amb data de reti­rada teòrica­ment mar­cada –el final de l’actual legis­la­tura, el 2021–, però de cop amb senyals, fins i tot físics, d’una feblesa des­co­ne­guda en ella.


El cas és que ahir, 65 anys després del 17 de juliol en què va venir al món, a Ham­burg, Merkel va com­parèixer al Con­sell de Minis­tres entre rams de flors. Per a ella, per l’ani­ver­sari. Per a la seva nova minis­tra de Defensa, AKK, i també per a Von der Leyer, qui el dia abans havia estat ele­gida pre­si­denta de la Comissió Euro­pea (CE) pel Par­la­ment d’Estras­burg amb un marge estret de nou vots.


La imatge de totes tres dones –la vete­rana can­ce­llera, la nova minis­tra de Defensa i la nova cap a Brus­sel·les–, totes tres asse­gu­des, resu­mia molt bé la situ­ació actual.

Merkel ha optat les dar­re­res set­ma­nes per pre­si­dir actes ofi­ci­als –inclo­sos him­nes– sense estar dreta, arran dels rei­te­rats atacs de tre­mo­lors que pateix. Una mos­tra més del prag­ma­tisme d’una líder que no s’amaga, però que tam­poc no vol donar més expli­ca­ci­ons del que li passa ni con­ver­tir-se en viral. Els pri­mers tre­mo­lors van pre­ci­pi­tar els rumors d’una reti­rada del poder abans de la data mar­cada al full de ruta ofi­cial. Sobre­tot a l’estran­ger s’han des­fer­mat els comen­ta­ris dels que con­si­de­ren “exi­gi­ble”, si més no, que acla­reixi què li passa.


Un afer pri­vat



A Ale­ma­nya, una majo­ria dels ciu­ta­dans –59 %- con­si­dera que és un assumpte pri­vat. Si d’una cosa no es dubta és del sen­tit de res­pon­sa­bi­li­tat de Merkel. Si con­ti­nua en el càrrec és perquè està en con­di­ci­ons de fer-ho.

L’ori­gen dels tre­mo­lors es des­co­neix. El que és cert, però, és que en menys de tres set­ma­nes Merkel sem­bla haver posat defi­ni­ti­va­ment fil a l’agu­lla a la suc­cessió, tant a escala euro­pea com ale­ma­nya. A la UE, amb l’elecció de qui ha estat minis­tra en dife­rents car­te­res des que la can­ce­llera va arri­bar al poder, el 2005, a més d’ocu­par una vice­pre­sidència de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU).

El nom d’Ursula von der Leyen no era a cap tra­vessa de repar­ti­ment de càrrecs euro­peus fins que Weber va que­dar des­car­tat, mal­grat haver estat l’Spit­zenkan­di­dat –cap de llista– ofi­cial de la for­mació més votada a les euro­pees del 26 de maig. El francès Emma­nuel Macron, entre d’altres, s’hi va opo­sar i Merkel va treure aquest nom alter­na­tiu. Un cop més, la per­se­ve­rança de la can­ce­llera va girar la truita al seu favor.

Ursula von der Leyer va ser-ne la gua­nya­dora, en un moment en què sem­blava que la seva car­rera política s’exhau­ria. Ha estat una minis­tra de Defensa envol­tada de polèmiques que de “suc­ces­sora natu­ral” de Merkel va caure a la cate­go­ria de mem­bre impo­pu­lar del seu govern.

Brus­sel·les, la ciu­tat on va néixer i on va pas­sar part de la seva infan­tesa, sem­bla un refugi segur per a ella, mal­grat el marge estret amb què va ser ele­gida. Més com­pli­cat ho té AKK. La car­tera de Defensa és un regal enve­ri­nat que tant Von der Leyer com altres pre­de­ces­sors han patit més del compte.

Des que AKK va ser ele­gida pre­si­denta de la CDU, el desem­bre pas­sat, no ha acon­se­guit gua­nyar en lide­ratge. Ara, dins la coa­lició de Merkel, haurà de man­te­nir l’equi­li­bri entre l’obediència obli­gada a la cap del govern i, alhora, la defensa de la posició de cap del bloc con­ser­va­dor. Si no acon­se­gueix impo­sar un lide­ratge propi difícil­ment podrà impo­sar-se com a can­di­data a la can­ce­lle­ria un cop Merkel com­pleti la seva reti­rada del poder.

miércoles, 17 de julio de 2019

Feliz en su día



Merkel llega a los 65 apuntando a un relevo

Gemma Casadevall


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Berlín, 17 jul (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, cumple este miércoles los 65 años apuntando a un relevo tras su largo liderazgo, a escala alemana y europea, y en medio del debate en torno a su salud precipitado por repetidos episodios de temblores físicos. 
No está claro aún cuándo ni cómo se pondrá fin a la "era Merkel", pero los sucesivos ataques de temblores, en actos públicos, llevaron al plano de lo físico la percepción de que, ahora sí, se acerca la retirada de la más decana entre los líderes de la Unión Europea (UE). 
Con casi 14 años al frente de la primera potencia europea, Merkel entra en la edad en que muchos de sus conciudadanos se jubilan, aparentemente firme en su compromiso de agotar la legislatura, en 2021. 
La elección como presidenta de la Comisión Europea (CE) de quien era su ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, ha colocado al frente del bloque europeo a quien se consideró durante años su posible sucesora al frente de los conservadores alemanes. 
La vacante en Defensa la cubre desde hoy Annegret Kramp-Karrenbauer, presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU) desde el pasado diciembre y, por tanto, teórica aspirante a luchar por la Cancillería, ya que Merkel ha anunciado que no optará a otro mandato tras 2021. 
El término "Merkel-Dämmerung" -el crepúsculo de Merkel- había venido saltando en los medios alemanes a cada crisis en sus sucesivos gobiernos de coalición o disensos europeos, aunque hasta ahora siempre se refirió al desgaste político, no a problemas de salud. 
Sus temblores han precipitado los rumores de una retirada, por mucho que la propia líder haya tratado de quitarles hierro asegurando que se encuentra bien, aunque sin dar más explicaciones y amparada en la práctica alemana de tratar estas cuestiones como un asunto privado. 
Merkel había dejado ya la jefatura de la CDU el pasado diciembre, tras 18 años en su presidencia, acuciada por las presiones internas ansiosas de un relevo generacional. 
Kramp-Karrenbauer -apodada AKK-, no ha cuajado aún como líder de la formación y su incorporación a Defensa es un arriesgado desafío, por tratarse de una cartera maldita que ha acarreado más impopularidad que triunfos a sus antecesores, incluida Von der Leyen. 
El bloque conservador acumula mínimos históricos en las urnas, el desgaste de sus socios socialdemócratas es aún más dramático, mientras que Los Verdes empujan como fuerza emergente, con posibilidades de erigirse en primera fuerza de celebrarse elecciones anticipadas. 
La imagen de Merkel, una líder acostumbrada a controlar cualquier situación, luchando por recuperar el control sobre manos y piernas, han dado un nuevo giro al perfil de una líder atípica cuya biografia aún no puede darse por cerrada. 
Sus cuatro legislaturas han agrandado su imagen como paradigma de la sangre fría y la perseverancia como forma de ejercer el poder, sin estridencias ni insultos. 
Cada una de ellas ha dado una perspectiva distinta de quien, en 2005, se convirtió en la primera mujer y el primer político crecido en la República Democrática Alemana (RDA) que accedió a la Cancillería alemana, tras arrinconar a cuantos cometieron el error de creerla un rival fácil. 
Al primer mandato accedió tras imponerse por la mínima al canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, quien tras abrirse las urnas negaba aún la victoria a Merkel pero acabó viendo cómo su rival se ponía al frente de una gran coalición. 
En su segunda legislatura, con los liberales como socios, selló el adiós a la energía nuclear, un plan que había firmado ya el gobierno roji-verde de Schröder, pero que Merkel reactivó, bajo el impacto de la catástrofe de Fukushima. 
Impuso el dogma de la austeridad en la UE bajo la crisis del euro y en las generales de 2013 rozó la mayoría absoluta, pero tuvo que regresar a la gran coalición al quedar los liberales sin escaños. 
Los signos claros de "Dämmerung" empezaron en la tercera legislatura, asediada por las críticas tras haber permitido la entrada en Alemania de casi un millón de refugiados en 2015. 
Dos años después fue reelegida con el peor resultado para su partido, obligada a convencer a los socialdemócratas a ser de nuevo sus socios y con la ultraderecha en el Parlamento federal, por primera vez desde los años 50. 
La trayectoria de Angela Merkel, o Angela Dorothea Kasner, el nombre con el que vino al mundo el 17 de julio de 1954 en Hamburgo, da para muchas lecturas y ni siquiera los lugares más comunes de su biografía aciertan a reflejarla al cien por cien. 
Se suele recordar como figura esencial a su padre, un pastor protestante e izquierdista que dejó Hamburgo para ejercer en Templin (este), una parroquia del territorio comunista. 
La relación con ese padre fue más bien distante, mientras que su puntal familiar fue su madre, Herlind Kasner, la mujer que casi hasta su muerte, el pasado marzo y a los 90 años, siguió ejerciendo de maestra de inglés en la escuela pública de esa misma parroquia. 
Su entierro fue tan discreto como lo es todo lo que envuelve la vida privada de la canciller, quien sólo en ocasiones especiales aparece con su esposo, el catedrático Joachim Sauer. 
De resistir a la mil veces pronosticada "Dämmerung" y agotar su cuarta legislatura habrá igualado el récord de permanencia en el poder de Helmut Kohl, quien estuvo 16 años en la Cancillería (1982-1998). EFE 
gc/jam/ig 
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sábado, 6 de julio de 2019

Robert, el yerno ideal



Una altra Alemanya és possible?




Pot un par­tit amb només 80.000 afi­li­ats diri­gir un país de 83 mili­ons d’habi­tants, el de més pes polític i demogràfic de la UE? Algú s’ima­gina el seu líder, Robert Habeck, de 49 anys però amb aspecte d’etern estu­di­ant, a la foto de família de la pro­pera cimera del G-20 o fent la pri­mera encai­xada de mans a Donald Trump, Vladímir Putin o algun altre “mons­tre cone­gut”?


Aques­tes són algu­nes de les pre­gun­tes que es fan a Ale­ma­nya. Són pre­gun­tes rein­ci­dents de fa mesos, ja sigui quan apa­reix Angela Merkel, de cimera en cimera, o quan es palesa a les urnes la for­ta­lesa del vot verd. Una set­mana els son­de­jos els col·loquen en pri­mera posició en intenció de vot, davant del bloc con­ser­va­dor de Merkel; i a la set­mana següent els situen un pun­tet per sota, com si de cop els enques­tats s’espan­tes­sin de tanta revo­lució.


L’efer­vescència verda és encara més nota­ble, si tenim en compte que en les elec­ci­ons gene­rals del 2017 van obte­nir un 8,9% dels vots –tenen el grup par­la­men­tari més petit del Bun­des­tag (el Par­la­ment ale­many), amb 67 dipu­tats de 709– i que ara a les enques­tes els donen entre un 26% i 27%. L’última prova no vir­tual i a escala naci­o­nal van ser les euro­pees, en què van que­dar en segon lloc, amb un 20,6% dels vots.


A Merkel, al cap­da­vant d’una gran coa­lició amb els soci­al­demòcra­tes afe­blida política­ment, no se li veu un relleu clar en el seu par­tit, una situ­ació deli­cada enmig dels dub­tes sor­gits sobre la salut de qui es con­si­de­rava una dona de ferro, també física­ment, fins als epi­so­dis dels seus tre­mo­lors. La seva suc­ces­sora al cap­da­vant de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU), Anne­gret Kramp-Kar­ren­ba­uer, no s’ha con­so­li­dat com a líder. Molt pit­jor és la situ­ació dels soci­al­demòcra­tes. Després de deca­pi­tar fa unes set­ma­nes entre intri­gues inter­nes la seva pre­si­denta, Andrea Nah­les, no se sap encara qui aspi­rarà a diri­gir un par­tit de més de 150 anys que en l’última dècada i mitja ha tin­gut deu relleus a la seva cúpula.

Als Verds els passa exac­ta­ment el con­trari: tenen dos líders ara mateix con­sis­tents, Habeck i la copre­si­denta, Anna­lena Baer­bock, de 38 anys i amb una clara deter­mi­nació a arri­bar allà on mai no ha arri­bat el par­tit: a la can­ce­lle­ria. Aquesta direcció col·legi­ada és, ara, un avan­tatge i un incon­ve­ni­ent, ja que en algun moment hau­ran de deci­dir qui és el can­di­dat a ser el futur cap de govern –la legis­la­tura acaba el 2021, però ningú a Ale­ma­nya acaba de creure’s que la coa­lició de Merkel no s’enfonsi abans. Hi ha un risc de guerra interna pel lide­ratge, que si esclata òbvi­a­ment la premsa més sen­sa­ci­o­na­lista o con­ser­va­dora apro­fi­tarà per retra­tar-los com a par­tit caòtic.

La crisi climàtica ha esde­vin­gut la pri­mera gran pre­o­cu­pació dels ale­manys, que han pas­sat de ser els grans bus­ca­dors de sol a témer els seus efec­tes, enmig de l’onada de calor que ningú no gosa ja tro­bar diver­tida. L’any pas­sat va tan­car-se amb la pit­jor collita des de prin­ci­pis del segle pas­sat, amb efec­tes devas­ta­dors a l’est del país. Aquest 2019 pot­ser no s’arribi als extrems d’ales­ho­res, ja que mal­grat que les tem­pe­ra­tu­res d’aquest estiu tor­nen a donar rècords abso­luts, com a mínim ha plo­gut.

Els ale­manys no es fien ja de les pro­me­ses climàtiques de Merkel, la can­ce­llera que va sege­llar l’adeu a les nucle­ars el 2011 –que clourà amb la des­con­nexió de la dar­rera cen­tral el 2022–, però que no acon­se­gueix posar el fil a l’agu­lla a la tran­sició energètica cap a les reno­va­bles.

Els Verds ja són el par­tit més votat entre els elec­tors de 18 a 35 anys, espe­ci­al­ment a les ciu­tats. També gua­nyen adep­tes entre els pares o avis de les dese­nes de milers d’esco­lars que cada diven­dres sur­ten a recor­dar que no hi ha un “pla­neta B”.

Són encara un par­tit petit, sobre­tot a l’est del país, ter­ri­tori pre­fe­rent de la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD).

A la tar­dor hi ha elec­ci­ons regi­o­nals a tres estats fede­rats de l’est; hau­ran de demos­trar que no són un vot mar­gi­nal en aquesta mei­tat d’Ale­ma­nya.

De Petra a Annalena


Un partit amb un finançament públic limitat –uns 15 milions d’euros anuals, enfront dels 55 milions de la CDU de Merkel–, però ben organitzat, allunyat dels temps fundacionals de Petra Kelly. La qui va ser la líder més destacada del partit –morta el 1992 en circumstàncies no aclarides per la seva parella, el general Gert Bastian– va representar la irrupció d’un moviment en què convivien pacifistes, comunistes, hippies i punks. La línia de Kelly va quedar arraconada per Josckha Fischer, qui de jove que anava a pedrades contra la policia antiavalots va acabar convertit en ministre d’Afers Estrangers del socialdemòcrata Gerhard Schröder. Fischer va representar la línia pragmàtica i l’única experiència de govern a escala federal dels Verds. Per a alguns va ser la traïció a les essències; per a d’altres, el líder que va convertir-los en un partit capaç d’assumir responsabilitats de govern. A Annalena Baerbock –o a Robert Habeck– els correspondrà convèncer ara que una altra Alemanya és possible.