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jueves, 5 de marzo de 2026

Panorámica extended

Europa envía buques de guerra a Oriente Medio pero se divide ante el uso por EEUU de las bases militares contra Irán



El portaaviones francés Charles de Gaulle. / CHRISTOPHE SIMON / POOL / EFE


Leticia Fuentes    Irene Savio    Gemma Casadevall    Lucas Font

05 MAR 2026 17:21

El rechazo del Gobierno de Pedro Sánchez a que EEUU pueda usar las bases de Rota y Morón para los ataques aéreos contra Irán ha levantado una gran polvareda esta semana, especialmente después de la respuesta del presidente Donald Trump, quien amenazó con "cortar todo el comercio" con España en represalia. El Ejecutivo recuerda que según el artículo 2 del convenio entre ambos países que rige el uso conjunto de los muelles y pistas de Rota (Cádiz) y el aeródromo militar de Morón (Sevilla), España debe autorizar cualquier operación que vaya más allá de operaciones comunes por la común pertenencia de los dos países a la OTAN y "el común ideal de respeto a los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley" así como la "fe" de ambos estados firmantes en "los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas".

Los casos que se registran en el resto de países europeos es dispar, y oscilan entre la alianza más estrecha del Reino Unido y Alemania a las posturas de Italia o Francia, más próximas a la de España.

Al margen de este asunto, la mayoría de países europeos han decidido desplazar a la región portaaviones, fragatas y aviones de combate para labores de defensa de países aliados.

Francia: participación indirecta

Francia juega con el equilibrio. Su postura en el nuevo contexto geopolítico no es como la de España, y aunque el presidente francés ha reconocido en público que el ataque de Estados Unidos e Israel se encuentra al margen del derecho internacional y esto "Francia no lo puede aprobar", no ha negado tampoco que "Irán es la primera responsable de esta situación".

En esa posición de balance, y aunque el país galo no forma parte de la operación Furia Épica, el Gobierno francés ha movido ficha enviando a sus pesos pesados al Mediterráneo oriental en una lógica "estrictamente defensiva"; su portaaviones 'Charles de Gaulle', el único en Europa con propulsión nuclear, varios cazas Rafale, que ya están actuando en defensa de los países del Golfo, y la fragata multimisiones 'Languedoc' situada en aguas chipriotas para contrarrestar los ataques iraníes. Sobre el uso de sus bases por parte de aviones de EEUU, el Estado Mayor francés ha explicado este jueves que está permitiendo la llegada de aeronaves de apoyo, no de combate, a la de Istres (sureste de Francia) pero con la "garantía" de que "no participarán en modo alguno en las operaciones" que se están llevando a cabo en Irán.

"Es efectivamente nuestra responsabilidad (...), se trata de proteger y restablecer la paz lo más rápidamente posible", insistió el presidente Emmanuel Macron esta semana. Estas aportaciones se leen como una participación indirecta en el conflicto, de ahí que dos de sus bases en Abu Dhabi hayan sido atacadas por las fuerzas iraníes.

Este nivel de implicación también se debe a su ya significativa presencia militar en Oriente Medio. En total, hay cerca de 5.000 soldados franceses desplegados en la región. De ellos, casi 900 están en Emiratos Árabes Unidos, entre la base aérea de Al Dhafra y la base naval de Abu Dabi.

Esta movilización militar anunciada por Macron no acaba de convencer a los franceses, quienes se encuentran divididos sobre qué posición debería tomar el país. Según una encuesta de Elabe publicada esta semana, el 56% se opone rotundamente a la intervención del país en el conflicto, frente al 38% que la apoya. Aunque, el 51% cree que el despliegue del portaaviones 'Charles de Gaulle' es una "buena decisión".

Italia

"Italia no está en guerra ni quiere entrar en la guerra". Con estas palabras de fuerte impacto mediático, Giorgia Meloni, primera ministra italiana —y dato importante, principal aliada de Donald Trump en Europa—, ha decidido este jueves hablar con algo más de claridad sobre su postura respecto a la guerra de Estados Unidos (EEUU) e Israel contra Irán, aunque sin renunciar del todo sus habituales malabarismos retóricos.

Después de días de mantener un perfil bajísimo, en los que literalmente Italia parecía haberse evaporado del tablero geopolítico, Meloni se ha expresado de esta manera en una entrevista con la emisora RTL. Una intervención, esta, en la que la líder derechista además dejó caer que, en lo que respecta al uso de las bases militares estadounidenses en territorio italiano, la posición de Roma no sería muy distinta de la de España.

Quizá consciente de los malos ojos con los que gran parte de la opinión pública italiana ve a la guerra en curso, Meloni ha recordado que los acuerdos con EEUU sobre el uso de bases militares en suelo italiano llevan más de medio siglo en vigor y fueron renovados mucho antes de su llegada al poder. Además, estos acuerdos, serían solo "sobre logística y operaciones no cinéticas, lo que significa que no hablamos de [su uso para] bombardeos", ha puntualizado.

Con esto la mandataria se ha distanciado de la eventualidad de que Italia participe de forma activa en la guerra en curso. Además, según ha explicado, Roma no ha recibido hasta ahora "ninguna solicitud de EEUU" para utilizar las bases militares en suelo italiano con el objetivo de lanzar ataques o bombardeos. Y si esa petición llegara, ha dicho, la autorización no sería automática. "La responsabilidad sería del Ejecutivo, pero yo creo que en ese caso deberíamos decidirlo con el Parlamento", ha añadido.

Alemania: soberanía y gestión estadounidenses


Alemania, cuyo canciller Friedrich Merz mantiene la consigna del apoyo imprebrantable a Estados Unidos e Israel, ha descartado hasta ahora participar en acciones de guerra contra Irán, pese a formar parte del llamado E3, la cabeza de lanza europea compartida con Reino Unido y Francia. Poco después de iniciarse la ofensiva estadounidense-israelí, los gobiernos del E3 emitieron un comunicado comprometiéndose a adoptar medidas para "destruir la capacidad de ataque de Irán". El ministro de Exteriores alemán, Joann Wadephul, aclaró a continuación que su país solo actuará "para proteger a nuestros soldados si son atacados". Alemania no tiene bases en la región del Golfo.

La implicación germana en el conflicto es a través de las bases en su territorio, entre ellas Ramstein, la mayor de Estados Unidos fuera de su territorio, que se complementa con las existentes en Baden-Württemberg, Baviera, Hessen y Renania-Palatinado. Ramstein ha sido ya utilizada para los KC-35 estadounidenses, tras la negativa del Gobierno español al uso de la base aérea de Morón de la Frontera.

El régimen legal de las bases militares de EEUU en Alemania es muy diferente a las de España. Mientras en Rota y Morón, la soberanía es española y el uso es compartido, las que están en suelo germano son de soberanía y gestión exclusivamente estadounidense. Gozan de inmunidad, como la de una embajada, y los funcionarios y políticos alemanaes solo pueden entrar con la aprobación del comandante estadounidense.

Por otra parte, el Gobierno de Merz se plantea el envío de una fragata al Mediterráneo, a modo de contribución a la defensa de Chipre.

Los aliados nórdicos apelan al derecho internacional


El presidente finlandés, Alexander Stubb, conservador y al que se atribuye cercanía incluso en lo personal a Donald Trump, estuvo entre los primeros líderes europeos en alertar el fin de semana pasado de que Estados Unidos actuaba al margen del derecho internacional, además de expresar su anhelo de una desescalada para volver a la vía de la negociación.

Noruega, país extracomunitario y miembro de la OTAN, ha mostrado esta misma preocupación. "Las hostilidades se han extendido ya a 14 países. Apelamos a todas las partes a respetar el derecho internacional y la protección de los civiles", insistió este miércoles su ministro de Exteriores, Espen Barth Eide. Noruega es el único entre los países de la región que tiene bases de EEUU en su territorio. Pero su situación geográfica no las hace susceptibles de ser utilizadas para la ofensiva.

Dinamarca, pese al conflicto precipitado por las ansias de Trump de hacerse con el control de Groenlandia, territorio autónomo danés, mantiene estrechas relaciones en lo militar con EEUU, plasmadas en macropedidos como los 27 cazas F-35 de fabricación estadounidense. El pasado mes de junio, el Parlamento danés aprobó un nuevo acuerdo que permitirá a Estados Unidos tener bases militares en el país nórdico. Pero eso forma parte del futuro, no del presente.
Polonia:  Soldados y bases en alerta

"Todos los servicios de inteligencia de la OTAN están en alerta. Soy el responsable de imaginar los peores escenarios posibles", afirmó el ministro coordinado de los servicios secretos polacos, Tomasz Siemoniak. Irán está siendo humillado y los humillados "recurren al terrorismo", añadió. Su alerta se dirige hacia la posibilidad de atentados en Polonia, país con un presidente 'devoto' de Donald Trump, Karol Nawrocki. La lealtad polaca hacia Washington se plasma en las cuatro bases militares de EEUU en su territorio, aunque su cometido es la defensa del flanco este de la OTAN, es decir, derivada de la invasión rusa de Ucrania. Una de ellas, la de Redzikowa, forma parte del escudo antimisiles que debería proteger a Europa de un ataque de Irán.

Junto a este aporte a la defensa común europea, Polonia tiene actualmente 400 soldados polacos en Oriente Medio, integrantes de misiones de la ONU o de operaciones de la OTAN, según el portal RMF24. Están en estado de alerta especialmente los militares estacionados en la frontera entre Líbano e Israel.

Hungría: entre Trump y Putin


La Hungría del ultranacionalista Viktor Orbán se mueve en este conflicto dentro de su reconocida ambigüedad por su condición de aliado, por un lado, de Donald Trump y de Binyamín Netanyahu, y, por el otro, de Vladímir Putin. Budapest se comporta como un socio europeo persistentemente díscolo cuando se trata de la ayuda a Ucrania --que rechaza y bloquea, de acuerdo a los designios de Moscú-- y que no ha dudado en recibir con honores a Netanyahu, pese a la orden de detención de la Corte Penal Internacional de la Haya contra el primer ministro israelí.

En ese dinámica ambivalente, aparentemente lo único que le preocupa a Orbán de la escalada en Irán es que genere "nuevas oleadas de inmigración masiva, a través de Turquía y los Balcanes, hasta nuestra frontera", según escribió en su cuenta en X. Ha relacionado además la falta de apoyo militar de España y Reino Unido a la ofensiva estadounidense-israelí a que la capacidad de maniobra política de ambos países está limitada por la entrada masiva de inmigración. En la dialéctica de Orbán, ambos países tienen ya en su territorio "masas de musulmanes" que condicionan su política.

No se plantea, por el momento, implicarse militarmente en un conflicto que coincide con la campaña electoral húngara. Orbán lucha por la reelección en los comicios que se celebrarán el 12 de abril. Los sondeos apuntan a una derrota de este representante del trumpismo que, a la vez, es el principal aliado de Putin en la UE.

Reino Unido: apoyo logístico y bases para acciones "defensivas"

El Reino Unido ha incrementado su presencia militar en Oriente Medio desde las semanas previas al ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. El primer ministro, Keir Starmer, ordenó el envío preventivo de radares terrestres, sistemas de defensa aérea y aviones de combate F-35 para proteger a sus aliados en la región y las bases con presencia de tropas británicas. Este equipamiento se sumó al avión cisterna Voyager y a los cazas Typhoon que ya estaban desplegados en la base de la fuerza aérea británica en Akrotiri, en Chipre, y en Al Udeid, en Qatar. Starmer ha anunciado este jueves el envío de cuatro Typhoons adicionales a esta última base.

El Gobierno también ha autorizado a Estados Unidos el uso de las instalaciones militares en la isla de Diego García, en el archipiélago de Chagos, y la base de la fuerza aérea de Fairford, en Inglaterra, para llevar a cabo acciones "defensivas" contra Irán, incluida la destrucción de sus arsenales militares y de sus lanzaderas de misiles. Starmer ha recalcado, sin embargo, que el Reino Unido no participará activamente en estos ataques y que su implicación se limitará al apoyo logístico.

El Ejecutivo ha reforzado además la seguridad de sus dos bases militares en Chipre, las cuales han sido objetivo de los ataques iraníes en los últimos días. Starmer ha ordenado el envío a la zona del HMS Dragon, un destructor de la marina británica tipo 45 con un avanzado sistema de defensa antiaérea, el Sea Viper, que permite lanzar ocho misiles en menos de 10 segundos y guiar 16 misiles de forma simultánea. Como refuerzo adicional, también se están desplegando dos helicópteros Wildcat con capacidad para derribar drones, cuya llegada está prevista para este viernes.

martes, 30 de enero de 2024

Delikatessen nórdicas

 Finlàndia busca la millor defensa


Entre les bones pràcti­ques de la democràcia fin­lan­desa hi ha el fet que la mateixa nit elec­to­ral i un cop han des­fi­lat pels platós de totes les tele­vi­si­ons del país, públi­ques i pri­va­des, els líders s’acos­ten als repre­sen­tants dels mit­jans estran­gers per res­pon­dre les seves pre­gun­tes en anglès. “L’elecció comença ara. Els fin­lan­de­sos tenim un con­cepte de la democràcia del qual estic molt orgullós i és que les deci­si­ons impor­tants per al país no es pre­nen pen­sant en qüesti­ons par­ti­dis­tes. No es tracta d’ele­gir entre dreta o esquerra”, expli­cava diu­menge Ale­xan­der Stubb, el can­di­dat del par­tit con­ser­va­dor Koko­o­mus i el més votat en la pri­mera volta de les elec­ci­ons pre­si­den­ci­als, amb un 27,2%.
“Els fin­lan­de­sos han votat pen­sant en qüesti­ons de gran rellevància, com és el nos­tre paper com a mem­bres de l’OTAN”, deia al seu cos­tat Pekka Haa­visto, dels Verds –tot i que for­mal­ment es pre­sen­tava com a inde­pen­dent– i segon a les urnes, amb un 25,8%. Són els dos can­di­dats a la pre­sidència que pas­sen a la segona volta, que tindrà lloc l’11 de febrer.
Que Stubb digui que la cam­pa­nya tot just comença no és una qüestió de retòrica entre dos can­di­dats molt igua­lats. El seu par­tit és la força domi­nant. No només hi per­tany el cap del govern, Pet­teri Orpo, que l’abril de l’any pas­sat va des­ban­car la seva ante­ces­sora, la soci­al­demòcrata Sanna Marin. També n’és l’encara pre­si­dent, Sauli Nii­nistö, que dei­xarà el càrrec després de dotze anys. Stubb va ser pri­mer minis­tre, tot i que per un període curt –del 2014 al 2015–, i també ha estat titu­lar d’Afers Estran­gers. Però feia set anys que estava apar­tat de la política naci­o­nal i del procés que va pre­ci­pi­tar un gir històric, com va ser dei­xar enrere la neu­tra­li­tat mili­tar per dema­nar l’ingrés a l’OTAN.
A Haa­visto, amb més de trenta anys en la política, els seus com­pa­tri­o­tes el veuen com el can­di­dat direc­ta­ment impli­cat en el procés d’incor­po­ració a l’Aliança Atlàntica, ja que va ser el cap de la diplomàcia del govern de Marin. L’única per­sona que coneix millor que ell la situ­ació és el mateix Nii­nistö: a diferència del cas suec, que el 2022 també va dema­nar en paral·lel a Finlàndia l’ingrés i també sota l’impacte de la invasió d’Ucraïna, la política exte­rior i de defensa és com­petència directa del pre­si­dent. La con­sen­sua amb el govern de torn. Però exer­ceix aques­tes com­petències, ara fona­men­tals en un país que, com Finlàndia, va fer aquest pas de manera acce­le­rada. Suècia encara té pen­dent de com­ple­tar el procés, men­tre que Finlàndia en va esde­ve­nir mem­bre el 2023. Amb això, l’extrem est de l’OTAN es va des­plaçar a aquest país d’uns 5,5 mili­ons d’habi­tants i 1.340 quilòmetres de fron­tera com­par­tida amb Rússia. De la fluïdesa en les comu­ni­ca­ci­ons amb el poderós veí rus va pas­sar a repre­sen­tar, als ulls dels Krem­lin, l’ene­mic.
Finlàndia és un país que pre­su­mia ja abans de l’ingrés de tenir l’exèrcit més modern i ben pre­pa­rat de la regió. Des del novem­bre pas­sat té la fron­tera tan­cada en tots els punts. Hèlsinki acusa Mos­cou d’empènyer cap al seu ter­ri­tori milers de refu­gi­ats de Síria, l’Afga­nis­tan i altres països de l’Ori­ent Mitjà, amb propòsits deses­ta­bi­lit­za­dors.
“La decisió final és entre dos polítics molt pre­pa­rats. En cap cas que­da­rem a mans d’un polític sense la com­petència necessària”, comen­tava la nit elec­to­ral Anniina Luo­to­nen, ana­lista de la radi­o­te­le­visió pública Yle. Va que­dar eli­mi­nada la ultra­dreta, repre­sen­tada en aques­tes elec­ci­ons per qui va ser líder dels Veri­ta­bles Fin­lan­de­sos i ara ocupa la pre­sidència del Par­la­ment, Jussi Halla-aho. Va haver de con­for­mar-se amb un 19% i el ter­cer lloc.
Curi­o­sa­ment, la des­fi­lada dels líders per les tele­vi­si­ons naci­o­nals i mit­jans inter­na­ci­o­nals no era només dels dos polítics que pas­sen a la segona volta entre el total de nou can­di­dats, sinó que incloïa l’ultra­dretà. “A la recta final es van dis­pa­rar els son­de­jos a favor de Halla-aho. Sem­blava que podia que­dar fina­lista. Si hagués estat així, la cursa ja esta­ria deci­dida a favor de Stubb o de Haa­visto, que tin­dria el suport de la resta dels par­tits i una majo­ria clara dels ciu­ta­dans”, diu Luo­to­nen. Pocs con­fi­a­rien la direcció de la política exte­rior i el càrrec del cap suprem de l’exèrcit, que a Finlàndia exer­ceix el pre­si­dent, a un repre­sen­tant de la ultra­dreta.
Stubb no té asse­gu­rada la victòria i a Haa­visto pot­ser el per­ju­di­carà, a més del fet de pertànyer a un par­tit mino­ri­tari com els Verds, la seva homo­se­xu­a­li­tat. Finlàndia repre­senta una soci­e­tat oberta, però també hi ha molt d’elec­to­rat que no acaba de veure clar que el seu pre­si­dent vagi a votar amb el seu marit, un per­ru­quer equa­torià arre­lat de fa anys a Hèlsinki. Haa­visto és un polític molt pro­per, que no defuig tam­poc la premsa “del cor”.
Un altre fac­tor des­fa­vo­ra­ble per a Stubb són les vagues con­vo­ca­des l’1 de febrer, que poden para­lit­zar el trans­port aeri i afec­tar altres sec­tors essen­ci­als. Amb l’arri­bada al poder de la coa­lició entre con­ser­va­dors i ultra­dreta va pre­ci­pi­tar-se la línia de l’aus­te­ri­tat, després d’anys de fort endeu­ta­ment prac­ti­cat pel govern de Marin. Finlàndia no és un país acos­tu­mat a les pro­tes­tes a l’estil francès. A més de la pre­o­cu­pació per la defensa, hi ha un nou males­tar social. És molt sem­blant al que es viu a la resta de la Unió Euro­pea, que, com Finlàndia, també ha vist créixer l’espec­tre ultra­dretà entre el seu elec­to­rat.