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lunes, 30 de marzo de 2026

Retorno exprés

Merz y Al Sharaa "pactan" el retorno de un 80 % entre el millón de refugiados sirios de Alemania



El canciller Friedrich Merz al presidente sirio, Ahmed al Sharaa, en Berlín este lunes. / Filip Singer / Efe

 Gemma Casadevall   Berlín30 MAR 2026 

El propósito del canciller alemán, Friedrich Merz, y del presidente de Siria, Ahmed Al Sharaa, es impulsar el retorno a su país de un 80% entre el millón de refugiados sirios que viven en Alemania. "La guerra terminó, el régimen de Bashar Al Asad cayó y una mayoría de los que encontraron refugio aquí deben regresar", afirmó Merz en una comparecencia con Al Sharaa, quien asimismo consideró que sus compatriotas deben volver "para contribuir a la reconstrucción de Siria". El objetivo del líder sirio es atraer a inversores alemanes hacia Siria y que estos generen empleo para los repatriados.

"Esas personas son bienvenidas en su país", afirmó el canciller. "Y ese es el principal mensaje que su visita hoy a Berlín", añadió en dirección a Al Sharaa. El marco que se plantea Merz es de tres años y lo que espera de Siria es que posibilite el regreso rápido de todos aquellos que no tienen permiso de residencia en Alemania "así como un pequeño grupo, que nos causa problemas, porque han cometido delitos aquí".

Se estima que en Alemania viven 1,3 millones de sirios. Cerca de un millón entró en el país como demandantes de asilo, en su mayoría entre 2015 y 2016. Unos 350.000 están en régimen de protección subsidiaria, es decir, que no se les puede expulsar por razones humanitarias. Hasta ahora, apenas 6.500 se han acogido al programa de retorno voluntario del gobierno de Berlín.

"Quienes están bien integrados en nuestra sociedad y deseen quedarse, podrán hacerlo", aseguró Merz. Los planes declarados del Gobierno alemán de impulsar el regreso de estos ciudadanos topa con las críticas de sectores profesionales, que alertan de que sin ellos la sanidad pública alemana, por ejemplo, puede colapsar. En Alemania trabajan unos 6.000 médicos sirios, más otros 10.000 enfermeros y miles de cuidadores de geriátricos.

Manifestaciones en pro y en contra


La visita de Al Sharaa estaba prevista inicialmente para el pasado enero, pero fue postergada a última hora por la ofensiva siria en Rojava. Ahora, la presencia del presidente sirio en Berlín desplegó manifestaciones en favor y en contra del líder.

Mientras un grupo de manifestantes mostraba banderas y pancartas dándole la bienvenida, a escasa distancia de la cancillería discurrían marchas convocadas por organizaciones kurdas denunciando violaciones de los derechos humanos en Siria, aludiendo al pasado yihadista de Al Sharaa y a la desaparición de unas 4.000 personas en Rojava.

En un acto con empresarios se escucharon entre los asistentes consignas en árabe identificable como de signo islamista. Anteriormente, Al Sharaa había sido recibido por el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, y luego se reunió con los ministros de Exteriores y de Economía, Johann Wadephul y Katherina Reiche.

miércoles, 28 de enero de 2026

Con papeles

La regularización masiva de inmigrantes, un recurso poco utilizado en los principales países de Europa



La regularización masiva de inmigrantes, un recurso poco utilizado en los principales países de Europa

Leticia Fuentes     Irene Savio     Gemma Casadevall     Lucas Font   28 ENE 2026 

La regularización masiva de inmigrantes aprobada este martes por el Consejo de Ministros, tras el pacto alcanzado entre el Gobierno y Podemos, está previsto que legalice el estatus de hasta medio millón de personas que puedan acreditar haber llegado a España antes de finales de 2025. El objetivo, según explicó la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migración, Elma Saiz, es "garantizar derechos y dar seguridad jurídica a una realidad social existente".
España utiliza este mecanismo para regularizar a trabajadores extranjeros en situación irregular en varias ocasiones desde la instauración de la democracia; la última vez fue en 2005, bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Otros países de Europa, como Italia, también han echado mano de este tipo de procesos de legalización masivos, aunque no es para nada una medida recurrente.
Esto es lo que ocurre en Francia, Italia, Alemania y Reino Unido:

Barreras migratorias más altas frente a la necesidad de mano de obra


Francia, a diferencia de España, se encuentra en un contexto distinto respecto a la regularización de la inmigración. Actualmente, la política instaurada en el país es reducir significativamente la entrada de migrantes, mediante el endurecimiento de las condiciones para obtener el permiso de residencia, conocido como 'titre de séjour'. Entre 2024 y 2025, los permisos cayeron un 42%, después de elevar el requisito mínimo de estancia en el país de cinco a siete años, y añadir pruebas cívicas y de idioma. A esto se suma, el endurecimiento de las medidas de expulsión para aquellos en situación irregular; solo el último año, las detenciones aumentaron un 30%.
Mientras el Gobierno francés invierte en aplicar más barreras migratorias, un estudio reciente del INSEE arroja luz sobre el valor añadido de la población migrante al mercado laboral en Francia; las personas nacidas fuera de la Unión Europea representaron más de una cuarta parte de la creación de empleo entre 2019 y 2024, muchos en profesiones cualificadas, como las sanitarias. Según el informe, esto se debe, principalmente, a la mejora de su integración en el ámbito laboral y al cambio demográfico que arrastra el país desde hace años. Asimismo, durante este período, el 15% de la disminución de la tasa de desempleo se atribuyó a los inmigrantes.
Debido al envejecimiento de la población y a la necesidad de soportar su sistema social, según una investigación de Terra Nova Think Tank, Francia necesitaría incorporar cerca de 310.000 trabajadores inmigrantes al año para equilibrar una situación demográfica crítica, puesto que por primera vez desde 1942, el país registró este año más muertes (651.000) que nacimientos (645.000).

Ampliación de visados récord pese a una retórica hostil

La política del Gobierno de Giorgia Meloni en materia de regularización de inmigrantes ha sido hasta ahora, como mínimo, errática. Mientras dirigentes de la coalición gobernante mantienen una retórica abiertamente hostil hacia la inmigración, el Ejecutivo italiano ha aprobado en paralelo sucesivas ampliaciones de los visados de trabajo destinados a ciudadanos extracomunitarios.
La primera de estas regularizaciones se aprobó en 2023, cuando el Gobierno de Meloni autorizó la concesión de 450.000 permisos de trabajo hasta 2025. A esta le siguió una segunda medida, aprobada el año pasado, que dio luz verde a otro medio millón de permisos hasta 2028. Se trata de cifras muy superiores a las de años anteriores: 70.000 en 2021, cuando Meloni aún no estaba en el poder, y 75.700 en 2022, año en que ganó las elecciones en septiembre.
Sobre el papel, el aumento es significativo. Sin embargo, en la práctica, las trabas burocráticas han reducido drásticamente el impacto de estas medidas. Según datos de organizaciones de defensa de los migrantes como Ero Straniero (Era Extranjero), solo una pequeña parte de personas presentaron efectivamente su solicitud y una parte aún más pequeña tuvo éxito en la aprobación de su trámite. En concreto, de las 127.707 y 119.890 solicitudes presentadas en 2023 y 2024 —los últimos datos disponibles—, apenas se aprobaron unas 39.000 (el 12%) y 16.100 (el 7%), respectivamente.

A la legalidad por la vía de la tolerancia


En Alemania no hay precedentes recientes de regularizaciones colectivas en las dimensiones que se han producido en países del sur de Europa. Los inmigrantes que ingresan en el país irregularmente pueden obtener el permiso de residencia, inicialmente temporal, a través de procedimientos individuales muy estrictos, cuya resolución pueden llevar años.
El camino hacia la legalidad pasa por superar un periodo, que puede ser asimismo de varios años, en que viven en Alemania en régimen de 'tolerancia'. Se trata principalmente de personas que, habiendo ingresado como solicitantes de asilo, han visto rechazada esa petición, pero no pueden ser expulsados a sus países de origen por razones humanitarias o porque su vida o integridad física corre peligro, en caso de deportación.
En la gran crisis migratoria de 2015, Alemania recibió cerca de un millón de solicitantes de asilo, que tramitaron su petición desde los centros de primera acogida a los que fueron asignados. De ellos, entre 150.000 y 400.000 se quedaron en el país pese a que vieron denegada su petición. Aproximadamente un tercio logró luego el permiso de residencia tras ese periodo en situación de tolerancia.
Diez años antes sí hubo una regularización más o menos general. Afectó a unas 50.000 personas, que lograron su permiso de residencia tras años en el país y tras demostrarse que cumplían con una serie de criterios como arraigo familiar y con perspectivas de integración social y laboral en Alemania.
En 2023 se introdujo una regulación que permitía obtener el permiso de residencia durante 18 meses tras cinco años en el país régimen de tolerancia. Transcurrido ese periodo de año y medio, se podía acceder al permiso de residencia indefinido tras superar los cursos de integración, demostrar un determinado nivel del idioma alemán y capacidad para vivir por sus propios medios. Esta cláusula era de carácter temporal y expiró en diciembre de 2025.

Reino Unido


El Reino Unido nunca ha implementado un programa de regularización masiva de inmigrantes, aunque sí ha habido peticiones para llevarlo a cabo. La más reciente, apoyada por más de 100.000 firmas, se presentó en el Parlamento británico en 2021 con el objetivo de mejorar el acceso a servicios básicos de las personas indocumentadas, uno de los sectores de la población más golpeados por la pandemia. El entonces Gobierno conservador tumbó la petición argumentando que "recompensaba indebidamente a quienes no han cumplido con la legislación" en esta materia.
Desde 2012 el Reino Unido ha implementado una política conocida como 'hostile environment' (ambiente hostil), destinada a dificultar todavía más la permanencia en el país a las personas indocumentadas. Entre las principales limitaciones actuales, está la imposibilidad de trabajar legalmente, alquilar propiedades, abrir cuentas bancarias o acceder a prestaciones sociales y a servicios públicos.
En general, los procesos de regularización en el Reino Unido se estudian caso por caso y suelen ser muy restrictivos. Una de las pocas vías para poder optar a un permiso de residencia es demostrar haber residido en el país durante un periodo de 20 años. Una vez cumplido este plazo, las personas en situación irregular pueden optar a un permiso de residencia temporal que se revisa cada 30 meses. Sólo cuando hayan pasado 10 años con este permiso pueden solicitar la residencia permanente.
El Gobierno británico sí ha aprobado programas específicos para acelerar la tramitación de solicitudes de asilo en algunos casos concretos —incluidos el de los refugiados ucranianos o el de los exiliados de Hong Kong— y también para regularizar la situación de determinados grupos, entre ellos los afectados por el escándalo de Windrush, que afectó al estatus legal de miles de inmigrantes procedentes de las antiguas colonias británicas en el Caribe.

sábado, 13 de diciembre de 2025

El loco de Magdeburg

Crónica desde Magdeburgo: Mercadillos navideños en alerta máxima



Ambiente en el mercadillo de Magdeburgo / Gemma Casadevall

 Gemma Casadevall    Magdeburg 13 DIC 2025 

Acceder al mercadillo de Magdeburgo no significa automáticamente ‘respirar’ el espíritu navideño, entendiendo por ello armonía, felicidad o paz. El visitante debe sortear una doble muralla de bloques de hormigón y vallas de seguridad, patrullas policiales y seguridad privada. Superado el cordón, desfilará sobre adoquines salpicados de flores, velas y placas con nombres de mujer: Jutta, Nadine, Rita, Birgit… En algunos casos, les acompaña el apellido. En otros, consta solo el nombre de pila, junto a la fecha del día en que murieron: el 20 de diciembre de 2024. Fue en ese mismo lugar, a las 19.02 horas. Un conductor de 50 años apretó ese día el acelerador de un potente BMW alquilado. El recinto estaba teóricamente protegido. Pero encontró un hueco en el no tan hermético dispositivo de seguridad. Menos de un minuto tardó en arrebatarles la vida a seis personas, entre ellas un niño. Otras 300 resultaron heridas.


Flores en recuerdo a las víctimas / Gemma Casadevall

"No hay derecho. Todo eso por culpa de un loco. Y seguimos subvencionando a esa gente, mientras nosotros recibimos pensiones de miseria", protesta una anciana, avanzando entre bloques de hormigón. Por 'ese loco' se refiere esta mujer, como probablemente muchos entre los 240.000 ciudadanos de Magdeburg, a Taleb al-Abdulmohsen, el autor del atropello múltiple ocurrido hace casi un año. Pero extiende su queja por los subsidios a ‘esa gente’ a todo extranjero que, a su parecer, vive a costa del estado alemán. Magdeburgo es la capital del ‘land’ de Sajonia-Anhalt, en el este de Alemania. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se disparó ahí como primera fuerza en las últimas elecciones generales, con un 37 % de los votos.

Villancicos y bozinazos

El ‘glühwein’ -el inequívoco vino caliente navideño con canela y otras especias- espera al visitante en el mercadillo, lo mismo que las salchichas fritas, las sopas de innumerables sabores o los churros, tan adoptados por los estómagos alemanes como otras especialidades internacionales. Los villancicos suenan en alternancia con los bocinazos de carruseles y otras atracciones. Pero la tragedia ocurrida el año pasado pesa sobre el ánimo general. Por si alguno lo olvidó, ahí están los carteles que advierten de las medidas aplicadas para optimizar la seguridad, incluida la prohibición de llevar cuchillos u otros objetos cortantes.
"Por supuesto no olvidamos. Y cuanto más se acerca el día 20, más nos cuesta contener las emociones", explicaba la alcaldesa de Magdeburgo, Simone Borris, en la inauguración del mercadillo. Su apertura estuvo precedida de un debate entre feriantes y organizaciones vecinales acerca de la oportunidad de celebrarlo. Finalmente se autorizó, por considerar que cancelarlo era sucumbir al miedo.
La decisión de Magdeburgo no es distinta a la adoptada por Berlín. Año a año abre al público uno de sus mercadillos más populares y céntricos, el de la Breitscheidplatz. También ahí se recuerda el atentado de 2016, cuando el tunecino Anis Amri irrumpió con un camión de gran tonelaje robado a punta de pistola. Doce personas murieron y unas 70 resultaron heridas, en un atentado reivindicado por Estado Islámico y cometido por un refugiado radicalizado. El mercadillo de la Breitscheidplatz berlinesa está ahora fortificado. Lo mismo ocurre con otros muchos entre los cientos de mercadillos, grandes o menores, de todo el país.



Adoquines de seguridad a la entrada del mercadillo. / Gemma Casadevall

Proceso en el extrarradio

En Magdeburgo confluyen una tragedia es muy reciente y el juicio que se celebra en paralelo en su extrarradio contra Al-Abdulmohsen. Tiene lugar en una nave con aspecto de pabellón industrial construido especialmente para este proceso. Su dispositivo de seguridad recuerda al del mercadillo. El acusado es un médico saudí que se declara enemigo del Islam y que comparece tras una cabina blindada, junto a su abogado y custodiado por agentes fuertemente armados. Desde ahí se permite dirigir sus propias preguntas a testigos, supervivientes o familiares de las víctimas. Cuestiona sin remilgos la identidad del abogado que le defendió en un proceso anterior -"Este hombre no tiene ni idea, no fue mi abogado", estalla.



Lugar donde se celebra el juicio al saudí que atentó en Magdeburgo. / Gemma Casadevall

El juez Dirk Sternberg le conmina una y otra vez a limitarse a preguntar, ya que está en su derecho, pero no a insultar ni a opinar. De las provocaciones pasa el procesado a los ataques de ira e intentos de salirse de su cabina blindada, para acabar reducido por los agentes. Se dirige a los testigos con los ojos desorbitados y entre frases incongruentes, propias de un loco, de un fanático o de una mezcla de paranoias. Asistir al proceso es casi insoportable incluso para quien no ha sido parte de la tragedia. Cuesta imaginar cómo lo supera el padre de André, el niño de nueve años fallecido, parte de la acusación particular.
El historial del acusado es un exponente de los fallos en la seguridad. Llegó a Alemania en 2006, se le reconoció como refugiado 2016 y acumuló procedimientos por alternaciones del orden público, amenazas y denuncias porque se sentía 'perseguido' por el espionaje saudí. Pese a todo, logró ejercer como psiquiatra en un centro de terapias contra adicciones.
"Estábamos desbordados por la tragedia. Ahora me supera verle ante mi", explica en una pausa del proceso, Xenia S., una joven que prestó primeros auxilios en el atentado. El desfile de testimonios prosigue, a dos kilómetros del centro de Magdeburgo, donde los visitantes del mercadillo se toman un ‘glühwein’ que obviamente no sabe igual que en otros años.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Iker y el atentado en la víspera electoral

El español víctima de un ataque islamista en Berlín declara en el juicio: "El cuchillo entró a 3 o 4 milímetros de la yugular"




Agentes de policía arrestan al sospechoso de apuñalar al turista español cerca del Memorial del Holocausto en Berlín, Alemania, el pasado 21 de febrero. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

Berlín03 DIC 2025 

"Oí un grito, vi que chorreaba sangre (...) Salí corriendo, escuché que alguien gritaba algo en árabe que, aunque no puedo repetirlo, sé qué significa: Alá es grande". Así describió este miércoles ante la Audiencia de Berlín Iker P.M., bilbaíno de 31 años, la traumática experiencia vivida el pasado 21 de febrero, dos días antes de las elecciones generales alemanas. 

Había llegado a la ciudad la víspera. Era un turista más que recorría con unos amigos el monumento a las víctimas del Holocausto. Estaba algo apartado de sus acompañantes cuando alguien le agarró por la espalda y le inmovilizó con el brazo izquierdo, mientras le clavaba el cuchillo con la mano derecha. Ya en el suelo, recibió un segundo cuchillazo en la mejilla. A partir de ahí, sus recuerdos van de una pareja de franceses de origen africano que le taponaron como pudieron la herida, sus amigos pidiendo auxilio, pérdidas de consciencia y finalmente la voz de un cirujano venezolano de la clínica de La Charité diciéndole que el cuchillo había entrado "a tres o cuatro milímetros de la yugular".

Durante casi dos horas, Iker P.M., dio sus explicaciones a la jueza Doris Husch, a la fiscalía y a la acusación particular. No hubo preguntas de la defensa del procesado, el refugiado sirio de 19 años identificado como Wassim al M., quien sigue el juicio aislado en una cabina de seguridad. El ataque duró unos segundos, pero la víctima sufre a día de hoy estrés postraumático, pesadillas diurnas, miedo a la oscuridad y pavor ante cualquier presencia a sus espaldas.

"Hasta ahora, el acusado no ha ofrecido una confesión como autor del atentado", precisó a EL PERIÓDICO Sebastian Sevenich, el abogado que representa a Iker P.M. A través de su defensa ha expresado su "pesar" por los sufrimientos del agredido, pero cuestiona los testimonios de los policías que le detuvieron en el lugar de los hechos, con rastros de sangre, una alfombrilla de oración y un Corán. Para la fiscalía, había elegido el monumento del Holocausto porque su intención era matar a judíos.

Declaración sin cámaras

El ataque del monumento, consistente en más de 2.000 bloques de hormigón en memoria de los seis millones de judíos asesinados por el nazismo, ocurrió al cierre de una campaña electoral salpicada por otros atentados, cometidos por refugiados en espera de expulsión. Los sondeos apuntaban a un alza de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que quedó en segunda posición tras el bloque conservador de Friedrich Merz.

A Wassim al M. se le imputa intento de asesinato con motivación islamista y antisemita, además de haber contactado con Estado Islámico (EI). La víctima acudió a declarar con la condición de que se le preservara de los medios. Algo relativamente fácil en Alemania, donde las cámaras solo pueden grabar los minutos iniciales de cualquier juicio.

Iker P. M. trabajaba como nutricionista deportivo. No ha logrado recuperar la normalidad ni lo privado ni en lo laboral. Vive de sus ahorros y en casa de sus padres. No recibe ningún tipo de subsidio del Estado español, explicó. Por parte del alemán ha percibido un pago de 5.000 euros, a modo de anticipo de una eventual indemnización.








miércoles, 19 de noviembre de 2025

Una de corte y confección

Alemania recorta el subsidio a los refugiados ucranianos, caballo electoral de Merz



El canciller de Alemania, Friedrich Merz, durante una rueda de prensa (archivo) / Europa Press/Contacto/Bernd Elmenthaler

 Gemma Casadevall, Berlín19 NOV 2025 

El Gobierno alemán ha recortado el subsidio básico que hasta ahora percibían los ucranianos, que quedarán equiparados en cuanto a ayudas sociales a los asilados de otras procedencias. El bloque conservador del canciller Friedrich Merz cumplirá así lo que fue su caballo electoral en la campaña que le llevó al poder, tras un duro pulso con sus socios socialdemócratas y mientras aumentan las llegadas de hombres jóvenes de Ucrania a Alemania.

El recorte, aprobado en Consejo de Ministros, afecta a todo aquel que haya ingresado en el país desde el pasado abril. Se reducirá así en 120 euros el subsidio básico de 563 euros que actualmente percibe un adulto solo, independientemente de otras ayudas al alojamiento o apoyos a la familia. Sus solicitudes no dejarán de ser atendidas por las oficinas de empleo, como hasta ahora, y dependerán del auxilio social, como ocurre con los peticionarios de asilo.

Alemania tiene en su territorio cerca de un millón y medio de ucranianos llegados desde 2022. Durante su campaña para las generales celebradas el pasado febrero, Merz hizo hincapié en que, de llegar al poder, dejarían de percibir el llamado 'Bürgergeld'. Actualmente reciben este subsidio básico unos 5,5 millones de personas en Alemania. La mitad son ciudadanos extranjeros, incluidos unos 700.000 ucranianos, entre ellos 200.000 niños.

Medida "populista" e "ineficaz"

Merz justificó esa promesa en que, a su parecer, se producen abusos sobre el sistema social alemán y que, además, con ello se les animará a buscar trabajo. Los recortes en el subsidio básico fue un hueso en las negociaciones de coalición con los socialdemócratas. Desde la oposición de izquierda se ha criticado la medida como "populista" e "ineficaz".

A esta situación se ha sumado el malestar de Merz con el creciente número de hombres ucranianos de entre 18 y 25 años que están llegando desde que Ucrania alivió las restricciones para su salida del país. Se estima que semanalmente llegan unos 1.800 hombres en edad militar. Merz, que viene asegurando el apoyo militar, logístico y financiero a la defensa de Kiev, considera que el lugar de estos hombres está en su país. Alemania es el primer contribuyente europeo a la ayuda Ucrania.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Merz o el desgaste exprés

Alemania no levanta cabeza: un gobierno agrietado y una economía estancada



El canciller alemán, Friedrich Merz / CLEMENS BILAN / EFE
 Gemma Casadevall    Berlín09 NOV 2025 

Hace ahora un año y unos días, el 6 de noviembre, colapsó por sus disensos internos el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Olaf Scholz. Al hundimiento de lo que, por entonces, la oposición derechista calificó de "coalición fracasada" siguieron elecciones anticipadas y el ascenso al poder, el 6 de mayo, del líder conservador Friedrich Merz. Su caballo de batalla fue el compromiso de reactivar la economía de la primera potencia de la UE, tras dos años en recesión, y la conquista para Alemania de un liderazgo político global. Sintetizó ambos desafíos en un lema en inglés: "Germany is back".
Seis meses después de acceder a la Cancillería, su coalición entre conservadores y socialdemócratas sufre bajo el acoso de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). La primera posición en los sondeos va alternándose, semana a semana, entre la formación ultra y la derecha de Merz. La receta del canciller para hacerles frente va de la mano dura en materia migratoria a la búsqueda de remedios para los dos puntales económicos de Alemania, la automoción y el acero. Otros problemas más acuciantes para el ciudadano, como la vivienda, esperan en el banquillo. Los disensos entre los coaligados están en el orden del día tanto en lo económico como en lo político.

Un PIB que no remonta

El término "coalición fracasada" con que Merz acribilló al socialdemócrata Scholz se ceba ahora sobre su gobierno. Alemania abrió 2025 con un repunte del PIB del 0,3 %, para bajar al siguiente trimestre a una contracción del 0,2%. El tercer trimestre se ha saldado con el estancamiento y pronósticos de crecimiento mínimo al cierre del año. Los rostros de las malas noticias económicas son los del vicecanciller y titular de Finanzas, el líder socialdemócrata Lars Klingbeil, y la ministra de Economía, la conservadora Katherina Reiche, procedente del ámbito empresarial. Al primero se le achaca falta de experiencia en un departamento clave para un país con 83 millones de habitantes. A Reiche, que pretenda aplicar unos recortes sociales no asumibles por sus socios en una Alemania cuyo tejido social está ya muy precarizado.

La tenaza de los aranceles


Merz accedió al poder desde su condición de ex rival interno de Angela Merkel, de línea más centrista, y en un país cuyos sellos de identidad del poderío exportador, la automoción y el acero, estaban en crisis. Se le identificaba como un líder "amigo" de la gran industria. Pero la pasión de Donald Trump por los aranceles y la falta de respuesta frente la competencia más barata de China lastran su relanzamiento. Inició su mandato bajo el signo del apoyo empresarial, plasmado en una alianza con 60 empresas punteras y un plan de inversiones de 630.000 millones de euros en tres años. De ahí ha pasado a convocar sucesivas cumbres del sector de la automoción o del acero, que se cierran con promesas de alivios en la factura energética en los sectores que más consumen. Pero las soluciones globales, como el acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur, no dependen de Berlín, sino de París o de Bruselas. Así las cosas, una cada tres empresas planea recortar plantilla en 2026, según el Instituto Alemán de Economía (IW).

De la precariedad a la pobreza

El acceso a la vivienda es otro problema global, reconocido como tal por la UE, pero que para muchos alemanes, especialmente en Berlín, fue algo desconocido durante décadas. El precio de la vivienda se disparará y experimentará aumentos récord en 2027 tanto para los pisos en propiedad o viviendas unifamiliares como los alquileres, según los pronósticos del Instituto Económico Mundial (IfW). Se estima que seis millones de hogares están fuertemente tensionados por el precio de su vivienda. Casi trece millones temen, a corto o medio plazo, que no podrán hacer frente a esos costes. La precarización ha alcanzado asimismo a una franja de población que se consideró intocable, como son los jubilados. Uno de cada cuatro pensionistas sigue laboralmente activo, sea por decisión personal o porque no le alcanza con su jubilación. Merz ha activado una fórmula de jubilación activa que permitirá a quien trabaje por cuenta ajena cobrar hasta 2.000 euros mensuales exentos de impuestos adicionales.

El éxito se mide en deportaciones


Merz presenta como un éxito el retroceso de las peticiones de asilo a Alemania, que ha dejado de ser el primer destino de la inmigración hacia Europa. En el primer semestre del año se recibieron 86.000 solicitudes, un 50 % menos a escala interanual. El número de refugiados sigue siendo alto, 3,3 millones, sin contar el millón y medio de ucranianos llegados tras la invasión rusa. Aumentaron las deportaciones de asilados rechazados con delitos graves. Hasta septiembre se situaron en 17.800, frente a las 20.000 de todo 2024. El artífice de estos "éxitos" es el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). En la cuerda floja se ha colocado al ministro de Exteriores, Johann Wadephul, por cuestionar que Siria sea ya un país seguro. Viven en Alemania casi un millón de sirios, en su mayoría con más de siete años en el país. Apenas 4.000 han regresado voluntariamente a su país tras la caída de Bachar al Assad. El grupo de los potencialmente expulsables está en 10.700, de los cuales 980 están en espera de que se ejecute su expulsión. El hecho de que Wadephul cuestionara la operatividad de esas órdenes desató un alud de críticas sobre el ministro, el primer titular de Exteriores del partido de Merz desde los años 60.

lunes, 20 de octubre de 2025

En busca del 'Stadtbild' perdido


Merz ataca a la inmigración en busca de estrategias contra la ultraderecha



El canciller alemán, Friedrich Merz, este lunes durante una reunión de la CDU en Berlín. / CLEMENS BILAN / EFE


Gemma Casadevall

Berlín20 OCT 2025

Por un lado, frenar a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), un partido que "quiere destruirnos" y con el que "no compartimos nada". Por el otro, culpar a la inmigración de generar un "paisaje urbano" inseguro, ante lo cual debe responderse con expulsiones. Esta es la doble estrategia con la que el canciller alemán Friedrich Merz y su bloque conservador quieren plantar cara al ímpetu de la AfD, a la que algunos sondeos sitúan ya como primera fuerza en intención de voto.

"Pregunte a sus hijos, pregunte a sus hijas, pregunte a sus amigos. Todos le confirmarán que hay un problema, que tienen miedo, a más tardar cuando oscurece", fue la respuesta del canciller este lunes, ante preguntas de los periodistas sobre qué quiso decir hace unos días al sostener que en Alemania hay un problema con el "paisaje urbano". Fue en un acto en el este del país, al citar como éxito la reducción en un 60% de las solicitudes de asilo y asegurar luego que debían "ampliarse las deportaciones" para atajar el problema que, a su parecer, supone la inmigración para el "paisaje urbano".

Las palabras del canciller han desatado críticas del Partido Socialdemócrata (SPD), su socio de coalición, que advierte del peligro de "hacerle el juego" a la ultraderecha. Desde la oposición verde e izquierdista se le ha acusado de racista, mientras en redes sociales se recuerda que el ministro de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, culpó a los judíos de "pudrir el paisaje urbano". Incluso el alcalde Berlín, Kai Wegner, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merz, se distanció del canciller. Afirmó que su ciudad está orgullosa de ser "diversa y cosmopolita" y advirtió de que no debe vincularse la criminalidad con determinados orígenes. Por contra, la AfD aprovechó las palabras de Merz para difundir imágenes catastrofistas de barrios con dominio de población migrante.

La CDU de Merz celebró este domingo una reunión entre su cúpula y los poderes regionales para perfilar las estrategias ante los comicios en cinco 'länder', estados federados, que tendrán lugar en 2026. La AfD, resumió el canciller este lunes, es el "principal rival político" en ese año electoral. No solo en el este, donde se le pronostican resultados sobre el 38%, sino también en el oeste. "No se puede tender la mano a un partido que quiere destruirnos", afirmó. No hay "absolutamente ningún punto en común con la AfD", añadió. Y está descartada "toda cooperación política" con ese partido.

sábado, 30 de agosto de 2025

Aquella selfie con Mutti a

10 años de política migratoria: del millón de refugiados bajo  Merkel al cerrojo de Merz



Un refugiado muestra una imagen de Merkel, a su llegada a la estación central de Múnich el 5 de septiembre de 2015. / SVEN HOPPE / EFE
 Gemma Casadevall   Berlín30 AGO 2025 

"Lo lograremos", fue la frase que pronunció Angela Merkel ante una abarrotada conferencia de prensa el 31 de agosto de 2015. Diez años después, la frase la persigue, sea en forma de críticas desde sus filas conservadoras o de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Se refería entonces a la capacidad de Alemania para acoger a los miles de refugiados, principalmente sirios, atrapados en Hungría. Unos pocos días después de su frase, la noche del 4 al 5 de septiembre, Merkel dio luz verde a la entrada en el país de esas personas. Alemania acabó cerrando 2015 con la cifra récord de más de un millón de nuevos peticionarios de asilo.

A la pregunta de si fue apropiada su decisión sigue respondiendo Merkel con un sí; para el actual canciller y líder del bloque conservador, Friedrich Merz, está claro que el Gobierno de entonces sobrevaloró las capacidades logísticas, políticas y sociales alemanas.

"Claro que esa decisión mía atrajo a mucha gente hacia la AfD. Y que con ello se fortaleció. Pero ¿es esto razón para no hacer lo correcto, necesario y acorde con la dignidad humana?", respondía Merkel, en una entrevista con la televisión pública ARD, ante el décimo aniversario de su decisión de mantener abiertas las fronteras a los solicitantes de asilo mientras otros las cerraban. La AfD se había fundado dos años antes como partido euroescéptico. Era una formación extraparlamentaria, por no haber alcanzado el listón mínimo del 5% de los votos necesarios para obtener escaños. Con la crisis de 2015 mutó hacia lo xenófobo y entró en 2017 al Parlamento con un 12,6%. Ahora es la segunda fuerza del país, por detrás de los conservadores de Merz.

El contexto de una decisión histórica


El "lo lograremos" se ha convertido en una frase comodín, sea para criticar o para alabar a Merkel. Se plasmó en realidad la madrugada del 4 al 5 de septiembre, cuando un urgente de la agencia de noticias alemana dpa informaba del acuerdo alcanzado entre Berlín y Viena para dejar entrar a los refugiados que esperaban desesperadamente en Hungría.

Fue un giro inesperado en Merkel, quien pocos meses antes había desatado el llanto ante las cámaras de televisión de una muchacha de 15 años, libanesa e hija de solicitantes de asilo, que le preguntaba en un foro ciudadano si se concedería asilo a su familia. Merkel respondió con un no, sincero para unos, cruel para otros, que desataron las lágrimas de una muchacha exitosamente integrada. Los torpes esfuerzos de la cancillera por calmarla fueron inútiles.

Todo eso ocurría en un contexto marcado por los naufragios en el Mediterráneo. En uno de ellos, ese mes de abril, murieron 700 refugiados frente a las costas de Lampedusa. Los líderes de la UE estaban aún concentrados en otro rescate, el financiero, con Grecia bajo los estragos de la austeridad impuesta por Merkel. Se estimaba que hasta 800.000 refugiados trataban de entrar en territorio comunitario a través de la ruta de los Balcanes.

Entre la frase de Merkel y el acuerdo con Viena para dejar entrar a los refugiados, otra imagen sacudió conciencias: la del cuerpo de Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años, muerto sobre la arena de una playa turca. Alemania, o su entonces cancillera, respondía dos días después una llamada de su homólogo austríaco, el socialdemócrata Werner Faymann, para dar luz verde a los refugiados. Buena parte de su bloque, empezando por los conservadores bávaros, adoptó a partir de ahí comportamientos propios de la oposición contra su cancillera.

De la cultura de la bienvenida a la islamofobia

A Merkel dejó de vérsela como la líder fría para representar a la acogida generosa. Alemania entera pareció contagiarse: a las estaciones de todo el país acudían miles de voluntarios dispuestos a ayudar a quienes llegaban con lo puesto. Surgieron icónicas selfies de sirios posando con la mujer más poderosa del planeta. Pero no tardaron en aparecer problemas logísticos en un país altamente burocratizado y desbordado en lo humano. Los municipios reclamaban fondos para afrontar su acogida, mientras se improvisaban barracones como los del viejo aeropuerto de Tempelhof, en Berlín, o se negociaban infructuosamente 'soluciones europeas' para su reubicación.

La 'Willkommenkultur' --'cultura de la bienvenida'-- sufrió un zarpazo la noche de Fin de Año de ese 2015. Centenares de mujeres aterrorizadas denunciaron desde robos a agresiones sexuales, incluidas violaciones. La fiesta colectiva ante la catedral de Colonia, junto a la estación, había derivado en tumulto. Se identificó a casi 300 agresores, más de la mitad de los cuales eran magrebíes entre otras procedencias. Empezó a calar el discurso xenófobo.

Un año después, el tunecino Anis Amri lanzaba un camión articulado robado a punta de pistola contra un mercadillo navideño de Berlín. Dejó 13 muertos y un centenar de heridos, además de poner en evidencia el descontrol policial sobre individuos llegados como refugiados y reclutados por el yihadismo. A otros atentados de sujetos con perfiles similares al de Amri se sumaron ataques a cuchilladas o atropellos múltiples.

Homenaje a las víctimas del ataque en un mercadillo de Berlín, en diciembre de 2016. / AP

El vaso medio lleno o medio vacío de la integración

"Es mucho lo que hemos logrado ya", aseguraba Merkel a la televisión pública alemana. Merz no comparte ese parecer. Su Gobierno aplica la línea dura a los refugiados en espera de expulsión, sea porque se rechazó su solicitud, porque incurrieron en delitos graves o porque se radicalizaron. Practica las devoluciones en caliente y pretende recortar subsidios a los ucranianos. Desde la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido que ahora dirige Merz, se incide en las cargas que sobrelleva Alemania a raíz del 'efecto llamada' que atribuyen a Merkel --unos 3,5 millones de solicitantes de asilo, entre el millón de 2015 y los llegados en los años siguientes--, a los que se suman unos 1,5 millones de ucranianos.

Carsten Linnemann, secretario general de la CDU, cuantifica en 6,5 millones el total de refugiados recibidos en estos 10 años. Y asegura que menos de un 50% se ha incorporado al mercado laboral. Sus cifras discrepan con las de la Oficina Federal de Empleo, que sitúa en un 64% el porcentaje de refugiados llegados en 2015 que ahora están laboralmente activos, algo menos que el 70% de media entre el total de ciudadanos del país. El cómputo de los 6,5 millones es acumulativo, sin descontar a los que regresaron a su lugar de origen u otros países. Pero las discrepancias estadísticas no parecen importar al canciller. Merz, rival histórico de la excancillera, se siente en sintonía con el vuelco antiasilo dominante en la UE, independientemente de si la ultraderecha forma parte o no de sus gobiernos.

martes, 12 de agosto de 2025

100 días y solo en casa


Merz: més armes i menys immigrants




Gemma C. Serra - BERLÍN


Devo­lu­ci­ons en calent a la fron­tera i reac­ti­vació econòmica per recol·locar Ale­ma­nya al món: aques­tes eren les claus del pro­grama amb què el con­ser­va­dor Fri­e­drich Merz va gua­nyar les elec­ci­ons gene­rals del 23 de febrer. Tres mesos després, va ser inves­tit can­ce­ller, al cap­da­vant d’una coa­lició amb els soci­al­demòcra­tes del seu ante­ces­sor, Olaf Scholz. En aquesta tran­sició, es va apun­tar un punt cab­dal: l’aixe­ca­ment del fre al deute per a defensa. El fre era l’ins­tru­ment cons­ti­tu­ci­o­nal que obli­gava Ale­ma­nya a la con­tenció pres­su­postària. Merz, que en la seva cam­pa­nya elec­to­ral havia rebut­jat aco­mi­a­dar-se’n, de cop va acon­se­guir el con­sens par­la­men­tari per alli­be­rar-se d’una eina que havia fet de la pri­mera eco­no­mia de la UE un país paquidèrmic quant a inver­si­ons.

El dia mar­cat per a la seva inves­ti­dura, el 6 de maig, res no va sor­tir com espe­rava. En la pri­mera volta de les vota­ci­ons, no va obte­nir la majo­ria del Par­la­ment. Va haver de recórrer a la segona volta, enmig de mos­tres de ner­vi­o­sisme per una situ­ació insòlita en un país obses­si­o­nat per l’esta­bi­li­tat política. Arren­cava així un govern que, de fet, no segueix el model de gran coa­lició entre els dos par­tits prin­ci­pals com les que va diri­gir Angela Merkel.

Entre els con­ser­va­dors i els soci­al­demòcra­tes, s’hi ha col·locat com a segona força la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per a Ale­ma­nya (AfD), política­ment aïllada, però amb prou empenta per mar­car pau­tes.

Dijous vinent, Merz com­plirà els seus pri­mers cent dies com a can­ce­ller. La seva agenda ha estat més ori­en­tada cap a l’exte­rior que cap a l’inte­rior del país. Pot­ser perquè és en política interna on els socis soci­al­demòcra­tes volen dei­xar el seu segell i fre­nar les temu­des reta­lla­des que Merz havia promès apli­car, per exem­ple, en l’ano­me­nat ajut bàsic de 553 euros que per­ce­ben 5,5 mili­ons de ciu­ta­dans. La mei­tat d’aquests per­cep­tors no són ale­manys. Hi ha un nom­bre impor­tant d’ucraïnesos que, a diferència dels refu­gi­ats d’altres pro­cedències, tenen accés directe a aquests ajuts.

Durant la cam­pa­nya, Merz va pro­me­tre dei­xar sense aquest ajut tant els ale­manys que esqui­ven les ofer­tes de feina com els ucraïnesos. Col·locava així l’eti­queta de gan­dul a un col·lec­tiu inde­ter­mi­nat de per­so­nes aptes per tre­ba­llar, però que viuen d’un sub­sidi que costa a l’Estat ale­many 49.000 mili­ons d’euros. La bata­lla per les reta­lla­des tot just ha començat. En joc hi ha el pacte de coa­lició, va adver­tir el líder del Par­tit Soci­al­demòcrata i minis­tre de Finan­ces, Lars Kling­beil.

Que s’insinuï una crisi en un govern que encara no ha com­plert els seus pri­mers cent dies evi­den­cia, de nou, la feblesa que envolta Merz. L’endu­ri­ment de la política migratòria té un nom, el del minis­tre de l’Inte­rior, Ale­xan­der Dobrindt, un falcó dretà de la Unió Soci­al­cris­ti­ana de Bavi­era (CSU), el par­tit ager­ma­nat amb la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU) de Merz. Ha por­tat a la pràctica la implan­tació de con­trols a les fron­te­res amb tots els països veïns, inclosa Polònia. Ha estat un cop més a l’espai Schen­gen i, a més, com­plica el trànsit de tre­ba­lla­dors a un cantó i a l’altre de la fron­tera, a més del de mer­ca­de­ries. Però el can­ce­ller com­pleix així el seu com­promís de prac­ti­car les devo­lu­ci­ons en calent d’immi­grants irre­gu­lars.

Vols de retorn

L’altre com­promís, acce­le­rar les depor­ta­ci­ons de sol·lici­tants d’asil rebut­jats, radi­ca­lit­zats o amb con­dem­nes per delic­tes greus, va tenir la seva esce­ni­fi­cació fa unes set­ma­nes. Va coin­ci­dir amb una reunió de Dobrindt amb minis­tres dels països veïns per exhi­bir cohesió en el propòsit de tan­car l’aixeta a la immi­gració il·legal. Un avió amb 81 afga­ne­sos es va enlai­rar aquell matí de l’aero­port de Leip­zig per retor­nar-los al país d’ori­gen, via Qatar, amb 1.000 euros a la but­xaca, els diners esta­blerts per a les “des­pe­ses” que puguin tenir.

Es van repren­dre així uns dis­po­si­tius com­pli­cats i cars, que Merz vol mul­ti­pli­car. Es tracta d’aug­men­tar “nota­ble­ment” el nom­bre d’expul­si­ons, diu. Si el 2024 va ser de 20.100, el pri­mer semes­tre d’enguany ja se’n comp­ten 12.000. En total, viuen a Ale­ma­nya 3,8 mili­ons de refu­gi­ats, inclo­sos uns 1,8 mili­ons d’ucraïnesos. El nom­bre dels que han vist rebut­jada la sol·lici­tud d’asil és de 220.000. La majo­ria con­ti­nu­a­ran al país per raons huma­nitàries, però uns 42.400 estan pen­dents d’expulsió. Ja s’han produït casos de depor­ta­ci­ons, no d’homes sols radi­ca­lit­zats o cri­mi­nals, sinó de famílies, amb cri­a­tu­res, entre les alar­mes de les ONG.

El gir dretà de la política migratòria ale­ma­nya és un fet. També ho és l’aposta del can­ce­ller pel rear­ma­ment. El 2024, Ale­ma­nya va des­ti­nar per pri­mer cop un 2% del seu PIB a la des­pesa mili­tar. Va que­dar així en el grup dels ali­ats com­pli­dors amb l’objec­tiu recla­mat fins ales­ho­res per Was­hing­ton. Amb Donald Trump, l’aposta ha pujat al 5%. Merz s’ha por­tat com un aliat obe­di­ent. En la seva pri­mera visita a la Casa Blanca es va mos­trar com un can­ce­ller con­tent pel sim­ple fet que Trump no l’humi­li­ava com havia fet amb Zelenski o altres líders. Ja en la cimera ali­ada de la Haia, va aparèixer amb un pla pres­su­pos­tari fet a mida per acon­ten­tar Trump. Ale­ma­nya doblarà en qua­tre anys la des­pesa en defensa. Per al 2029 des­ti­narà el 3,5% a des­pesa bàsica i un 1,5% més a inver­si­ons mili­tars, inclòs l’ajut a Ucraïna.

La sub­missió al soci transatlàntic ha estat una cons­tant en la política exte­rior ale­ma­nya des de fa dècades. Amb Merz s’havia esca­lat a extrems de ser­vi­lisme, fet que, tras­lla­dat a la relació amb Israel, ha actuat de blo­queig a les san­ci­ons que volen apli­car bona part dels socis euro­peus. La decisió de sus­pen­dre els sub­mi­nis­tra­ments d’arma­ment a Israel anun­ci­ada diven­dres per Merz és un gir de gran rellevància. Per a Ale­ma­nya és un tabú atri­buir a Israel geno­cidi, per raons de res­pon­sa­bi­li­tat històrica del país que, sota el nazisme, va matar sis mili­ons de jueus. Merz es manté fidel a la “raó d’estat” amb què Berlín jus­ti­fica la màxima prudència a tota crítica a Israel. Ha expres­sat, això sí, con­dem­nes al “sofri­ment” de la població civil i a la “insu­fi­ci­ent” arri­bada d’ajut huma­ni­tari a Gaza.

La des­pesa mili­tar no és l’única que es dis­pa­rarà. El pla pres­su­pos­tari del minis­tre Kling­beil pre­veu un fons de mig bilió d’euros per posar al dia les infra­es­truc­tu­res ale­ma­nyes, ja siguin car­re­te­res, xar­xes de trens, esco­les o hos­pi­tals, sovint en un estat impropi d’un país ric com Ale­ma­nya. Merz con­si­dera pri­o­ritària l’acti­vació econòmica, després de dos anys en recessió i enmig de la crisi de sec­tors clau com ara l’auto­moció i l’acer. Merz té bons con­tac­tes en l’àmbit econòmic. L’empresa pri­vada va ser el seu refugi en els 20 anys en què va que­dar fora de les estruc­tu­res del seu par­tit, arra­co­nat per la línia cen­trista de Merkel. Ja ha impul­sat un rellançament del made in Ger­many, amb el suport d’uns 60 empre­sa­ris, repre­sen­tants de la gran indústria i com­pro­me­sos a inver­tir a Ale­ma­nya 631.000 mili­ons en tres anys. Se li va cri­ti­car no haver-hi con­vi­dat també pimes, que repre­sen­ten un 26% de l’acti­vi­tat empre­sa­rial del país.

Tam­poc ha ges­ti­o­nat de manera equi­li­brada el com­promís de rebai­xar la fac­tura elèctrica per a tot­hom. A Ale­ma­nya, el preu de la llum és el segon més alt de la UE, només superat per Dina­marca. Dels 0,39 euros/kWh que es paguen –la mit­jana euro­pea és de 0,29 euros–, la mei­tat cor­res­pon a impos­tos. Merz havia promès rebai­xar la càrrega fis­cal a tot­hom, però per ara només arri­barà a la indústria d’alt con­sum energètic.

domingo, 10 de agosto de 2025

Aprendiz de canciller


Merz se asoma a la reválida de sus 100 días al frente del Gobierno de Alemania abocado al suspenso



El canciller alemán, Friedrich Merz, durante una intervención ante la prensa. / EBRAHIM NOROOZI / AP
 Gemma Casadevall   Berlín 10 AGO 2025 

¿Está capacitado Friedrich Merz para dirigir el Gobierno de Alemania y para resolver las crisis que se le presentan? El próximo día 14 se cumplen 100 días de su llegada a la Cancillería al frente de la alianza entre su bloque conservador y los socialdemócratas. Ante esa especie de reválida, sus compatriotas le colocan en la franja del suspenso. Un 69% de los ciudadanos está insatisfecho con su Ejecutivo, según una encuesta de la televisión pública ARD. Apenas un 29% aprueba su gestión. Su coalición se ha visto sacudida por varias crisis y hasta un disenso grave respecto a una institución muy respetada por los alemanes, el Tribunal Constitucional. A ello se suma la falta de recetas sólidas frente a crisis internacionales, sea la guerra de Ucrania o la ofensiva israelí sobre Gaza. La ansiada reactivación económica se demora y crece la incertidumbre ante los efectos de los aranceles de Donald Trump en el motor exportador alemán.

La legislatura de Merz tuvo un arranque accidentado, el 6 de mayo. Relevaba a la naufragada coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales de Olaf Scholz que derivó en elecciones anticipadas. Su propósito era exhibir solidez. Pero por primera vez en la historia del país, no logró los apoyos precisos para ser elegido canciller en la primera vuelta por el Bundestag (Parlamento). Entre conservadores y socialdemócratas suman 328 escaños y apenas obtuvo el respaldo de 310. A la segunda ronda sí les salieron los números. Quedó así en entredicho la capacidad del jefe del grupo parlamentario conservador, Jens Spahn, para dominar sus filas.

Conflicto inédito

Mucho peor fue la situación creada por el bloqueo conservador a la elección de la jurista Frauke Brosius-Gersdorf, propuesta por los socialdemócratas para una de las inminentes vacantes del Constitucional. Se generó el siguiente conflicto inédito en el país, en que jugaron un papel relevante los bulos lanzados por la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) contra la candidata. Se la definía como furibunda partidaria de legalizar el aborto hasta el día antes del nacimiento y se le daba perfil de activista de izquierdas. El hostigamiento a la jueza progresista creció, sin que el bloque conservador lo desactivara ni los socialdemócratas le retirasen su apoyo. Finalmente la jurista renunció para no generar mayores males. Para el jefe del grupo socialdemócrata, Matthias Miersch, lo ocurrido cuestiona "la capacidad de resistencia" de la coalición de Merz.

Hay una tercera crisis con perspectivas de enquistarse: la obsesión de Merz por recortar subsidios, empezando por uno básico al que tienen acceso los refugiados ucranianos, al igual que los alemanes cuyos ingresos o ayudas no les alcanzan para vivir. Son 563 euros por cada adulto, que se suman a apoyos a la vivienda o la familia y que, según Merz, favorecen la gandulería de quienes prefieren subsistir bajo mínimos a trabajar. Lo perciben unos 5,5 millones de personas, la mitad de las cuales no tienen nacionalidad alemana. Suprimir ese subsidio para los ucranianos fue una de las promesas electorales de Merz. El pacto de coalición mantiene ese subsidio, aunque con algunos retoques. Desde las filas conservadoras se insiste en suprimirlo, una ambición compartida por la AfD, partido prorruso, además de xenófobo.

Giro sobre Gaza y expulsiones en caliente

No había atentido hasta ahora Merz a las presiones de sus socios socialdemócratas para reconsiderar el apoyo incondicional a Israel mantenido desde hace décadas por Alemania por razones de responsabilidad histórica. Al propósito de tomar el control sobre Gaza de Binyamín Netanyahu ha respondido el canciller suspendiendo la entrega de armamento susceptible de ser empleado en su ofensiva sobre Gaza. Es, desde la perspectiva de Merz, un giro radical. Pero lo que lima aristas con los socialdemócratas abre más grietas con la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), brazo regional del bloque conservador de Merz, que lo considera 'un grave error', atentatorio contra la 'razón de Estado' en que sustentan el apoyo a Israel.

La decisión de Merz paliará el menos el aislamiento en que estaba cayendo Alemania frente importantes socios de la UE por no sustentar las sanciones contra Israel. Un 80 % de los ciudadanos alemanes reprueban, además, el proceder de Israel en Gaza.

En materia de asilo, Merz ha llevado a la práctica su promesa electoral de practicar las devoluciones en caliente en la frontera como instrumento para frenar la inmigración irregular. Alemania sigue ahí la línea de mano dura en materia migratoria dominante a escala europea. Pero al mismo tiempo Merz admite que los controles en todas las fronteras implantados por su Gobierno no pueden eternizarse. No solo por el zarpazo que da al espacio Schengen, sino porque convierten en un vía crucis el paso diario de trabajadores entre países vecinos, además del transporte por carretera de mercancías.

El rearme como clave para la reactivación económica

Merz delegó en su compatriota y correligionaria Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, la negociación con Trump de unos aranceles que atentan a sectores clave para las exportaciones alemanas, la automoción y el acero. Ambos sectores estaban ya en una crisis profunda, presionados especialmente por la competencia china. Se ha amparado así en las competencias de la Comisión para esa negociación a escala europea y evitado un pulso con el presidente estadounidense. Ahonda así su línea de sumisión al gran aliado transatlántico. Hoy por hoy, solo un 35% de sus conciudadanos le ve como un defensor de los intereses alemanes, según el sondeo de la ARD. Un 65% se muestra preocupado o muy preocupado por la economía alemana, que arrastra ya dos años en recesión y a la que se pronostica un estancamiento este 2025.

Las expectativas de reactivación proceden principalmente del rearme. El objetivo declarado de Merz es dotar a Alemania del mayor ejército convencional de Europa. El gasto en defensa está ya liberado del freno a la deuda que bloqueó sus inversiones. A ello se suma el compromiso de Merz de situarse para 2029 en un 3,5% del PIB en gasto básico militar, más otro 1,5% en otras inversiones en seguridad. Se coloca también ahí en la línea de los aliados obedientes a las exigencias de Trump. Sin embargo, amenaza chocar con Von der Leyen, miembro de la CDU que él lidera, impulsora de un concepto de rearme europeo, no de iniciativas nacionales.

sábado, 5 de julio de 2025

La caza del sin papeles

Polonia da otro manotazo a Schengen con un nuevo control de fronteras salpicado por 'patrullas' de ultraderecha



Archivo - Control policial en la frontera entre Alemania y Polonia / Stefan Sauer/dpa - Archivo


 Gemma Casadevall, Berlín 05 JUL 2025 

Polonia implanta este lunes controles en 52 puntos de su frontera con Alemania, 16 de los cuales carácter permanente, que se suman a los que también establecerá con Lituania. Participarán en ellos 5.000 soldados, en los pasos con Alemania, y otros 1.000 para Lituania. El objetivo es cerrar el paso a la inmigración ilegal. Donald Tusk, el primer ministro polaco, responde así a la medida adoptada unilateralmente por el canciller alemán, el conservador Friedrich Merz, que incluye las expulsiones en caliente en la frontera. "A diferencia de la práctica de los últimos 10 años, Alemania se niega a recibir a inmigrantes en su territorio. Procede a expulsarlos en caliente hacia Polonia", argumenta Tusk, para quien ese país vecino "colmó la paciencia" de los polacos.

Las tensiones bilaterales previsibles ante la determinación alemana de ejecutar esas devoluciones en caliente. A ello se ha unido un factor aún más alarmante: el 'Movimiento para la Defensa de las Fronteras', unas patrullas ciudadanas impulsadas por la ultraderecha polaca. Su cometido es "detectar" a inmigrantes irregulares "de culturas ajenas", es decir, por el color de su piel, que ingresaron en territorio polaco tras presuntamente haber sido expulsadas por Alemania.

El semanario Der Spiegel informa en su último número del caso de un chico afgano de 18 años. La policía germana trató de devolverlo a Polonia, pero una de esas patrullas ultras le hizo cruzar de nuevo el puente fronterizo, en dirección a Alemania. Hubo un segundo intento con ese mismo afgano en otro punto, con iguales resultados y sin que la policía fronteriza polaca interviniera para frenar a la patrulla ultra.

Tensión bilateral anunciada


Que el control unilateral alemán no sería bien encajado por Polonia estaba programado. Desde la llegada al poder de Merz, el pasado mayo, Varsovia ha venido advirtiendo de sus consecuencias. Para Merz, no hay vuelta atrás. Las devoluciones en caliente de inmigrantes irregulares fueron un puntal de su campaña electoral. Argumentaba que otros socios europeos, como Francia o Dinamarca, ya las practican. La reacción del liberal y proeuropeo Tusk se materializó con el anuncio a principios de semana de la implantación de esos controles.



Miembros de las patrullas 'Movimiento para la Defensa de las Fronteras'/ MARCIN BIELECKI / EFE

Dará así otro manotazo a Schegen, el espacio creado hace 40 años que implicó la desaparición de las fronteras físicas y la libre circulación de sus ciudadanos por 29 países, incluidos algunos extracomunitarios como Noruega, Suiza y Liechtenstein. Son muchas las grietas aparecidas en ese espacio. Once de esos 29 países han implantado controles teóricamente temporales, pero que se han eternizado. Entre ellos está Alemania que controla sus fronteras con Francia, Dinamarca y Países Bajos. Han sido varias las razones aducidas para ello, sea la pandemia del covid, por seguridad ante eventos como la Eurocopa o para controlar la inmigración irregular, el argumento compartido por numerosos socios europeos.

Polonia mostró su enojo por los controles alemanes. Advirtió del posible colapso para el tráfico de mercancías, además de las molestias a los miles de ciudadanos que día a día cruzan al país vecino, en ambos sentidos, por razones laborales o familiares. A los controles policiales se ha sumado la acción de los 'Movimientos para la Defensa de la Frontera'. Los impulsa el radicalismo ultra de partidos como Confederación, de Slawomir Mentzen, la tercera fuerza del país. Cuentan con el respaldo explícito del presidente actual, Andrzej Duda, y del vencedor de los últimos comicios presidenciales, Karol Nawrocki, quien asumirá su puesto el 6 de agosto. 

Tanto Duda como su sucesor han estado propulsados al poder por el ultranacionalista partido Ley y Justicia (PiS), el gran rival de Tusk. El artífice de estas patrullas es otro activista ultra, Robert Bakiewicz. Su misión es peinar la franja fronteriza en busca de 'sospechosos'. Es decir, inmigrantes irregulares.

Las devoluciones en caliente como promesa electoral


Tusk había advertido a Merz de las consecuencias de los controles unilaterales en la primera visita a Varsovia del líder alemán como canciller, al día siguiente de su elección. Luego le repitió sus advertencias en cada cumbre o encuentro bilateral. Pero Merz no se ha echado atrás de su compromiso electoral, en buena parte presionado por la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido integrado en su bloque conservador y del que forma parte su ministro del Interior, Alexander Dobrindt. 

Toda la política migratoria depende de los conservadores bávaros, partido más derechista que la Union Cristianodemócrata (CDU) de Merz. Los socialdemócratas, socios de la alianza de gobierno, acatan a regañadientes.









martes, 1 de julio de 2025

Mette, el hueso danés

Frederiksen, la socialdemócrata antiasilo y prorearme para la UE





 Gemma Casadevall, Berlín01 JUL 2025 

Dinamarca asume este primero de julio el semestre de presidencia del Consejo Europeo, lo que dará un papel clave a su jefa de Gobierno, Mette Frederiksen, una socialdemócrata alejada del centro-izquierda clásico, que practica la línea dura en política migratoria y apuesta por el rearme. "Es un momento histórico a escala europea y una oportunidad para un país pequeño como el nuestro para ganar impacto político y marcar el camino para una Europa más fuerte", afirmó Frederiksen, al presentar las prioridades del semestre danés. De 47 años y en el poder desde 2019, la 'mujer fuerte' danesa lidera desde hace tres años una coalición con partidos de centro-derecha, cuyo ministro de Exteriores es el ex primer ministro conservador Lars Lokke Rasmussen. "Europa debe ser más competitiva e impulsar su defensa, en interés propio y del orden internacional", explicita el programa de la presidencia danesa.
Dinamarca toma el relevo en la presidencia de turno a Polonia. Su primer ministro, el liberal Donald Tusk, aprovechó su semestre para 'recolocar' a su país entre los cinco grandes de la UE --junto a Alemania, Francia, Italia y España-- y sacarlo del cajón de los periféricos. El papel clave de Polonia en el flanco este de la OTAN le sirvió de palanca. Ocupa Polonia el puesto de cabeza de la UE en cuanto a gasto en defensa. Este mismo año se situará previsiblemente en el 5% del PIB que Donald Trump exige alcancen sus aliados europeos hasta 2035.
Copenhague está aún en la franja intermedia entre los cumplidores, con un 2,8% en 2024. Pero Frederiksen representa la firme vocación atlantista compartida entre los nórdicos y sobre todo entre los que forman parte del litoral báltico. Ha estado fuertemente comprometida con el apoyo a Ucrania desde el inicio de la invasión rusa y se ha comportado como una aliada incondicional hacia el presidente Volodímir Zelenski. "Cada corona (danesa), cada dólar o cada euro usados en Ucrania es dinero empleado en nosotros mismos. Son inversiones en nuestra propia defensa", afirmó la líder danesa, en la reciente cumbre de la OTAN celebrada en La Haya.

Groenlandia, línea roja frente a Trump


Pese a pertenecer a familias políticas distintas, la línea en política de seguridad del Gobierno danés no difiere tanto de la del polaco Tusk. La línea roja de Frederiksen en lo que respecta a la lealtad hacia Estados Unidos se sitúa en el Ártico: el gobierno de Copenhague ha hecho suyo el lema de ‘Groenlandia no se vende’ con el que la inmensa isla ártica, territorio autónomo danés, ha respondido a las ansias expansionistas de Donald Trump. Frederiksen se ha revalidado así como 'mujer fuerte', desde su condición de líder de un país con apenas seis millones de habitantes y un Ejército de 16.700 soldados, más 12.000 reservistas, frente al coloso que es EEUU, con 340 millones de habitantes, 1,4 millones de soldados.

Línia dura migratoria

También hay grandes coincidencias entre Varsovia y Copenhague en política migratoria. La coalición de amplio espectro polaca, incluida la izquierda moderada, con que gobierna Tusk representa la línea dura contra el asilo. Para Varsovia, Rusia es la gran amenaza para toda Europa, no solo para su flanco este. Frente a los recelos iniciales de la Comisión Europea, Polonia ha suspendido temporalmente del derecho de asilo en su frontera con Bielorrusia, aliado del Kremlin.
Frederiksen empezó a endurecer la política migratoria danesa incluso en su primera etapa al frente del Gobierno, entonces como líder de una coalición con formaciones izquierdista. Tras su reelección en 2022, se desprendió de tibiezas en su gran coalición con Rasmussen para entrar en una línea que la emparenta con socios del bloque conservador.

El sello verde de Von der Leyen

Sí puede haber cambios, por contra, en lo que respecta al atascado Pacto Verde Europeo que pretendió impulsar la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La presidencia de turno polaca plantó cara a los planes de transición enérgica de Bruselas y encontró suficientes respaldos en otros miembros para flexibilizar o aparcar los propósitos de Von der Leyen.
El programa de la presidencia de turno danesa hace hincapié en el término "Europa Verde". Entre sus propósitos está el relanzamiento del Pacto Verde y reencaminar la negociación entre el bloque comunitario para alcanzar la neutralidad climática en 2050. Para Dinamarca, el sello 'verde' no es uno de esos socorridos puntos con que se adorna la agenda política, sino una señal de identidad nacional. Von der Leyen, de la conservadora Unión Cristianodemócrata alemana (CDU), puede contar con la socialdemócrata atípica que es Frederiksen para rescatar algo del Pacto Verde.

miércoles, 14 de mayo de 2025

Cambio de piel en el Bundestag

Merz avisa que Rusia "no se dará por satisfecha" con sacrificios territoriales de Ucrania



El canciller alemán, Friedrich Merz, durante su discurso en el Bundestag este miércoles. / HANNIBAL HANSCHKE / EFE
 Gemma Casadevall, Berlín14 MAY 2025 

La primera declaración de Gobierno del líder conservador alemán, Friedrich Merz, no fue una mera exposición de sus líneas maestras como canciller de Alemania. Sirvió sobre todo para vincular sus prioridades en política exterior con los conflictos actuales, especialmente respecto a Moscú: "Se equivoca quien piensa que Rusia se dará por satisfecha con una victoria sobre Ucrania o con la anexión de parte de su territorio", sentenció ante los diputados, una semana después de su investidura ante el Parlamento, el Bundestag. "Los envenenamientos, los atentados mortales en ciudades europeas, los ciberataques a nuestras infraestructuras, la destrucción de cables submarinos, la desinformación sistemática a nuestra población... Todo ello es, en primera línea, obra de la cúpula estatal rusa y sus cómplices", advirtió Merz.
Aludió así a lo que, para la población alemana, son ejemplos recientes --el asesinato en 2019 y en pleno centro de Berlín de un opositor checheno, cuyo asesino recibió luego con honores Vladímir Putin, o el envenenamiento de Alekséi Navalni, al que se devolvió a la vida en una clínica berlinesa pero acabó muerto en una cárcel siberiana. Las advertencias de Merz se producían, además, horas después de que se conociera la detención de tres presuntos agentes del Kremlin con planes de sabotaje en Alemania.
También recordó Merz el ultimátum lanzado a Putin el pasado fin de semana junto con el francés Emmanuel Macron, el británico Keir Starmer y el polaco Donald Tusk, en lo que fue su primera visita a Kiev como canciller. "No puede haber una paz dictada por Moscú ni sobre hechos consumados contra la voluntad de Ucrania", añadió, en lo que parecía ser una advertencia ante la posibilidad de que Volodímir Zelenski acabe arrinconado o abandonado por sus aliados en la ambigua cita en Estambul.
Merz aludió a sus dos conversaciones recientes con Donald Trump, al que agradeció su apoyo a la iniciativa de un alto el fuego de 30 días como "ventana" para un proceso de paz. E insistió en la necesidad de mantener implicados en ese proceso a los socios europeos y a EEUU. Volvió a referirse a la amenaza rusa al pasar en su discurso al capítulo económico, para expresar su "preocupación" ante la "creciente cercanía entre Pequín y Moscú". Alemania anhela nuevos socios comerciales y especialmente con el Mercosur, lo que topa con el rechazo francés.
Fue un discurso que podría haber pronunciado su antecesor, Olaf Scholz, al que agradeció su compromiso con Ucrania desde el arranque de la invasión rusa en 2020. El agradecimiento iba más allá de lo obligado por el hecho de que los socialdemócratas son ahora sus socios de gobierno. Tenía algo de reconocimiento hacia el excanciller, que sigue como diputado en el Parlamento en lugar de optar por una plácida retirada como hicieron otros exmandatarios.
Varias frases de Merz parecían calcadas de discursos pronunciados por su antecesor socialdemócrata. Desde la promesa de que Alemania no se convertirá "en parte del conflicto" --en lo que Scholz justificaba su rechazo a entregar a Kiev los misiles Taurus-- a los propósitos de hacer del actualmente débil Ejército alemán el puntal defensivo en la UE o la convicción de que Europa debe asumir una mayor responsabilidad en la OTAN.

Las prioridades económicas


No fue muy clarificadora su declaración de gobierno en lo que respecta a la economía. Relanzar el motor económico germano es el desafío prioritario explícito del conservador Merz. Para lograrlo se propone desburocratizar la actividad empresarial y la vida pública, activar la digitalización, renovar infraestructuras, reducir cargas fiscales, abaratar el coste de la energía y, algo que muchos alemanes escuchan como un mal chiste, lograr que sus trenes pasen de los récords de impuntualidad actuales a ofrecer un servicio eficiente.
"Están en juego puestos de trabajo en sectores clave como la automoción, el químico o la maquinaria industrial", destacó. El objetivo es que Alemania abandone la zona de recesión en que lleva dos años inmersa. La respuesta debe proceder de la inversión y las reformas, mientras que para la gran preocupación ciudadana actual, la falta de vivienda, ve un único camino: "construir, construir y construir", como base, a su juicio, para rebajar la presión sobre el mercado inmobiliario.
"Tenemos que volver a ser la locomotora de crecimiento que admiró al mundo", resumió Merz. El canciller no promete soluciones rápidas, sino a lo largo de la legislatura que recién empieza. Fija sus planes de rebaja fiscal a partir de 2028 y escalonados en cinco fases. La promesa de sus socios socialdemócratas de subir el salario mínimo interprofesional a 15 euros por hora trabajada --de los 12,85 actuales-- queda, para Merz, como horizonte para 2026.

Baño de realidad en materia migratoria

Tampoco se diferenció mucho el discurso de Merz respecto a los de Scholz en materia migratoria. El líder conservador, que en su campaña prometió practicar las devoluciones en caliente desde su primer día como canciller, ha rebajado el tono tras recibir en Varsovia, al día siguiente de su investidura, un baño de realidad. Ahora insiste Merz en que no habrá "decisiones en solitario", sino en consenso con sus socios europeos. Comparte además con Polonia el objetivo de reforzar las fronteras exteriores de la UE.
Alemania seguirá siendo un "país receptor" de inmigración, garantizó. La población de raíces extranjeras es "parte de nuestra sociedad", pero debe reducirse la inmigración "descontrolada". Es decir, nada que no se haya escuchado en Alemania en los últimos decenios.
Incluso el anuncio de Merz de proceder a una "ofensiva de repatriaciones" a Siria y Afganistán recordaba al plan planteado hace aproximadamente un año por Scholz, cuando habló de "deportaciones a gran escala" incluidos a esos países para reducir la inmigración irregular.

miércoles, 7 de mayo de 2025

Berlín-París-Varsovia-Berlín

Macron y Merz proclaman un "nuevo arranque" centrado en el rearme



El canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron, durante su encuentro de este miércoles en París. / LUDOVIC MARIN / POOL / AP

Gemma Casadevall

"Crearemos un nuevo Consejo de Defensa (franco-alemán) que impulse las inversiones y el rearme", aseguró el presidente francés, Emmanuel Macron, ante el recién elegido canciller alemán, Friedrich Merz. "Los europeos no podemos prescindir de Estados Unidos. Pero está claro que debemos aumentar nuestro gasto en defensa. Y eso es lo que vamos a hacer", añadió Merz este miércoles desde París, menos de 24 horas después de asumir el cargo. Las prioridades compartidas son, en palabras del líder francés, "la soberanía, la política de seguridad y la competitividad europeas".
Más allá de esta esperada o previsible declaración de intereses, Merz no dio pistas claras sobre sus planes inmediatos, especialmente en lo que se refiere a Ucrania. Alemania está dispuesta a "implicarse" en el control de un alto el fuego entre Rusia y Ucrania, en caso de que se consiga, aseguró. Pero para plantearse la participación de sus soldados en una misión en territorio ucraniano debe producirse una "tregua duradera", algo que depende fundamentalmente, añadió, de la voluntad de Rusia de poner fin conflicto.

Soberanía europea anclada la OTAN


El compromiso con Ucrania, la necesidad de avanzar hacia una "soberanía defensiva de Europa", sin desvincularse de la OTAN y el compromiso de París y Berlín de aumentar su gasto en defensa fueron los ejes del primer encuentro entre ambos líderes. Pero ni la presencia de Macron logró sacar a Merz de su indefinición en torno al envío a Ucrania de los misiles de largo alcance Taurus que anhela Kiev. El canciller, que en su campaña electoral criticó el rechazo a esos suministros de su antecesor, Olaf Scholz, pasó a una actitud ambigua tras su victoria y mientras negociaba la coalición entre su bloque conservador y los socialdemócratas. Un día después de su llegada al poder, no concretó nada al respecto.
Sí avanzó su propósito es mantener "pronto" una conversación telefónica con el presidente Donald Trump, así como de viajar "próximamente" a Ucrania. No prevé, sin embargo, un primer encuentro personal con el presidente de EEUU hasta la cumbre de la OTAN en La Haya, que tendrá lugar a finales de junio.
Macron y Merz plasmaron en París el propósito de revitalizar su eje, tras la falta de química que caracterizó la relación entre Scholz y Macron y los disensos respecto a Ucrania. El ya excanciller representó la línea del compromiso y la solidaridad hacia Ucrania, trasladada a lo real en el hecho de que Alemania ha sido el mayor contribuyente de la UE a la ayuda militar a Kiev. Pero su lentitud en la toma de decisiones hizo que se viera a Berlín como un lastre frente al dinamismo galo.
Que el nuevo Gobierno haya heredado de la coalición de Scholz a un único superviviente, el ministro de Defensa, Boris Pistorius, no dificulta el nuevo arranque, sino al contrario. Pistorius fue ya en la anterior legislatura un factor dinamizador que compensaba algo el anquilosamiento de Scholz.

Advertencias a EEUU


Merz enfatizó una y otra vez ante Macron que Europa no puede renunciar al poderoso aliado transatlántico. Pero en lo doméstico había dejado claro ya la víspera que no tolerará provocaciones del entorno de Trump y, más concretamente, apoyos a la ultraderecha alemana. En su primera entrevista ante la televisión pública ZDF, pocas horas después de su elección como canciller, marcó las distancias respecto a Washington en cuestiones de política nacional.
"Me gustaría invitar y animar al Gobierno de Estados Unidos a no incidir en la política interna alemana y a inhibirse de comentarios sobre sus partidos políticos", afirmó Merz. La alusión se dirigía tanto al apoyo expreso del vicepresidente J.D. Vance a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) como al comentario del secretario de Estado, Marco Rubio, que calificó de "tiranía" el informe de los servicios secretos germanos calificando a ese partido de "extremista".

El hueso migratorio con Polonia

La visita a París como primer destino en el exterior de un canciller electo forma parte del protocolo alemán. La siguiente estación obligada es Varsovia, y a ser posible en la misma jornada, inmediatamente después de pasar por París.
En Varsovia se esperaba a Merz con las armas algo más afiladas que en Francia. El primer ministro, Donald Tusk, ha advertido que no aceptará el propósito alemán de practicar las devoluciones en caliente o de incrementar los controles fronterizos. Merz convirtió ese plan en caballo de batalla de su campaña electoral. Es parte de su compromiso electoral de reducir la llegada de inmigración irregular y de acelerar las deportaciones de los que están en el país a la espera de ser expulsados. Tras su victoria en las urnas empezó a relativizar sus planes y explicitó que se implementarán "en consenso" con sus socios europeos.
Es difícil que consiga de Polonia un acuerdo bilateral parecido al existente entre Francia y España, al que suele aludir como modelo a seguir entre Alemania y Polonia. El liberal Tusk aspira a una victoria en las próximas elecciones presidenciales de su correligionario, el alcalde de Varsovia Rafal Trzaskoswki. Es su gran apuesta para acabar con la compleja etapa de cohabitación de su europeísta Plataforma Cívica con el ultranacionalista partido Ley y Justicia (PiS), representado por el presidente Andrzej Duda. La nueva jefatura del Estado se decidirá entre la primera vuelta de las presidenciales, el 18 mayo, y la previsible ronda de desempate, el 1 de junio. El candidato liberal aventaja ligeramente en las encuestas al aspirante que respalda el PiS, Karol Nawrocki. En materia migratoria, la posición de los liberales polacos es casi tan dura como la de las formaciones ultraderechistas del país.
En la comparecencia conjunta tras su reunión, Tusk insistió en que la prioridad absoluta de Polonia es la protección de las fronteras exteriores de la UE, especialmente las de su país con Bielorrusia, a través de las cuales Rusia lleva a cabo lo que Varsovia califica de 'guerra híbrida'. El primer ministro polaco reclamó de Merz apoyo para el reforzamiento de estas fronteras exteriores. Y apuntó a que los controles en la frontera compartida con Polonia que Merz quiere ampliar solo llevarán al caos en el tránsito de personas y mercancías.

domingo, 27 de abril de 2025

En capilla

Compás de espera: los 4 dilemas de la CDU y el SPD



Friedrich Merz. / Michael Kappeler/dpa

 Gemma Casadevall

El líder de los conservadores alemanes, Friedrich Merz, espera obtener entre el lunes y el miércoles la luz verde definitiva al pacto de Gobierno que le convertirá en el nuevo canciller de la República Federal de Alemania (RFA). Necesita para ello la ratificación tanto de la Unión Cristianodemócrata (CDU), su partido, como de los socialdemócratas del canciller saliente, Olaf Scholz.
Será, de materializarse, la quinta alianza entre los dos partidos que se han alternado el poder en Alemania desde la fundación de la RFA. La CDU debe dar luz verde este lunes, en un congreso de formato reducido, a un pacto cuyos puntos fuertes son el rearme, la reactivación económica y la línea dura migratoria. Las bases del Partido Socialdemócrata (SPD) tienen hasta la medianoche del miércoles para darle o no su respaldo, en una consulta entre sus 358.000 militantes. La futura alianza confronta a ambos bandos dilemas, en medio de la erosión precipitada por el auge de una ultraderecha que, según los sondeos, podría ser la primera fuerza, de convocarse nuevas elecciones. A continuación, los principales desafíos.

¿Dinamizará Merz el motor alemán y europeo?

La Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), hermanada a la CDU, no se anduvo con rodeos y ratificó sin debates el pacto de coalición al día siguiente de anunciarse el acuerdo entre los partidos implicados. Pero Merz necesita exhibir cohesión y liderazgo en la CDU. Han discurrido seis meses desde el hundimiento de la coalición de Scholz con verdes y liberales y dos desde las elecciones que ganó la CDU/CSU con ocho puntos de ventaja sobre la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
De esa situación se ha pasado al empate en los sondeos, con tendencia alcista para los ultras. Una parte del bloque conservador anima a 'normalizar' las relaciones con la AfD como oposición parlamentaria. Merz se propone dar un giro más derechista a su partido y recuperar base electoral absorbida por los ultras. Se presenta como el líder que Alemania y Europa necesitan frente a la deriva de EEUU con Donald Trump. Si nada se tuerce, se someterá a la elección parlamentaria como canciller el 6 de mayo. Sus primeros pasos, inmediatamente después, se orientarán hacia la restauración del eje franco-alemán, maltrecho por la falta de química entre Emmanuel Macron y Scholz. Polonia, su otro gran vecino europeo, será su siguiente objetivo.

¿Cómo organizar el rearme alemán sin olvidarse de Ucrania?


Antes aún de tener listo su pacto de coalición, Merz había dado marcha atrás en una de sus promesas en campaña y accedió a liberar el gasto en defensa del sacrosanto freno a la deuda. Con ello se pretende poner al día al Ejército de un país que durante décadas mimó su poderío económico pero se comportó con timidez en lo militar. Scholz había dado un primer paso en 2022, recién iniciada la invasión rusa de Ucrania, con la llamada ‘Zeitenwende’ -tiempos de cambio-.
Se creó un fondo especial de 100.000 millones de euros en Defensa. Alemania se convirtió en el primer contribuyente europeo a la ayuda militar a Ucrania, incluidos sus sistemas de defensa ‘Patriot’. Pero el Ejército propio sigue en mantillas. "Alemania necesita tantos ‘Taunus’ como sea posible. Y los necesitamos para nosotros", afirmó hace unos días el líder de la CSU bávara, Markus Söder, en alusión a los misiles balísticos con capacidad de alcanzar objetivos a 500 kilómetros. Scholz se negó a suministrar este armamento a Kiev, ante el temor de que eso convirtiera a Alemania en parte del conflicto. Merz, quien reprochó a Scholz esta actitud, no aclara ahora si como canciller dará luz verde a su entrega a Ucrania.

¿Se encamina la socialdemocracia a su enésima crisis?


El Partido Socialdemócrata (SPD) entrará previsiblemente en su siguiente coalición bajo liderazgo conservador, la quinta tras una fugaz experiencia entre 1966 y 1969 y las tres de la ‘era Angela Merkel', degradado a tercera fuerza parlamentaria. Se mantendrá así como partido con responsabilidad de Gobierno, tras los tres años de legislatura fallida de Scholz con los verdes y los liberales. Esta posición no le garantiza precisamente una regeneración. Del 40 % de los votos que obtuvo en 1998, en la primera victoria de Gerhard Schröder, había caído al 34 % en 2005 con el ascenso de Merkel al poder para bajar luego al 23 % y al 20 % en las legislaturas siguientes. Scholz accedió a la cancillería con un 25 %.
Pero en las elecciones del 23 de febrero cayó a su mínimo histórico, un 16,4 %. La crisis del SPD no se mide únicamente en su caída de votos, sino también por su búsqueda desesperada de remedios en la cúpula: desde 2002, con Schröder en el poder, el SPD ha conocido diez relevos en su presidencia. Scholz se retirará como canciller para pasar a diputado raso. El hombre fuerte del SPD actual no es ninguno de los dos co-presidentes, Lars Kingbeil y Saskia Esken, sino el ministro de Defensa, Boris Pistorius, quien previsiblemente repetirá en el cargo.

¿Salvará el SPD su sello en lo laboral y social?


La línea dura en materia migratoria será un hueso difícil de roer para muchos socialdemócratas, aunque hay consenso en cuanto a la voluntad de reducir la inmigración irregular. Pero desde las filas conservadores se empezaron ya a matizar los objetivos pactados en cuanto al aumento del salario mínimo interprofesional -de los 12,8 euros actuales por hora trabajada a los 15 euros-, así como a mejoras en las jubilaciones y ayudas a la familia. Es decir, los caballos de batalla del SPD y los aspectos en los que quieren defender su sello para actuar de dique de contención frente a los temidos recordes en una Alemania que, según todos los pronósticos, seguirá sin levantar cabeza. La primera economía europea cerró 2024 en recesión, por segundo año consecutivo. Y para 2025 se espera un crecimiento nulo -0,0 % del PIB, según últimos los pronósticos del agónico Gobierno saliente de Scholz. La culpa ahora ya no es la crisis energética, sino los aranceles de Donald Trump.