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martes, 19 de diciembre de 2023

Todos a la ópera

Los jóvenes y la cultura: de la ópera de pie al bono de 200 euros



La apertura del Baile de la Ópera en la Wiener Staatsoper de Viena. /CHRISTIAN BRUNA/ EFE

Gemma Casadevall

Por falta de posibilidades de desarrollar el amor a la música no quedará: en Alemania hay 934 escuelas superiores públicas de música, a las que acuden unos 1,5 millones de menores de 16 años. El número de las privadas se sitúa en 4.500. En la escuela primaria se aprende a escala básica el manejo de un instrumento y uno de cada cinco menores consolidará ese aprendizaje más allá de la secundaria. Pero apenas un 17 % de los visitantes a la ópera o el teatro entran en la categoría de los U30 -o ”unter 30”, denominación que abarca a quienes están por debajo de los 30 años. El grueso del público lo forman los jubilados, con un 28 %.

El principal obstáculo para romper ese techo de cristal son, obviamente, los precios de las entradas. Pero hay que decir también que la demografía no ayuda a desplazar el porcentaje. Un 23 % de la población alemana -con alrededor de 83 millones de habitantes- está entre los 40 y los 59 años, mientras que el porcentaje de los mayores de 60 sobrepasa el 25 %.

“El gobierno alemán está determinado a impulsar el acceso a la cultura de los jóvenes, porque de ellos dependerá el futuro de la vida cultural del país”, afirmaba la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, al presentar el pasado verano su “KulturPass” o “Pasaporte cultural”. Una especie de cheque regalo por 200 euros que recibe todo aquel que este 2023 cumplió o cumplirá los 18 años y que el beneficiario –unas 200.000 personas este año-- puede destinar a comprar libros, visitar teatros, óperas o cualquier otra actividad cultural. Es una experiencia piloto, que Roth pretende perpetuar año a año. Como casi todo, se presentaba en formato app -aplicación-, puesto que ese es el instrumento esencial en cualquiera actividad actual.

Federalismo aplicado a la Cultura

En Alemania todo funciona de acuerdo a su modelo federal y eso afecta directamente a la Cultura, competencia directa de los “Länder” -estados federados-. La ministra de Cultura tiene, en rigor, rango de secretaria de Estado. Las iniciativas nacionales como su pasaporte cultural son ejemplos aislados, ya que corresponde a cada uno de los 16 Land gestionar su oferta cultural. Pero hay rasgos comunes o incluso cierta competencia por destacar entre, por ejemplo, la ciudad-estado de Berlín y Múnich, capital del “Land” más identificado con la prosperidad y el poderío económico.

Berlín lucha contra su condición de ciudad deficitaria y trata de que ello no invada su tejido cultural, fundamento de su atractivo. En lo que a ofertas a los U30 se refiere, tiene el llamado “ClassicCard”. Se trata de una aplicación que permite al usuario ubicar y acceder a las entradas más económicas de cualquier ópera o teatro públicos, a precios que se sitúan entre los 15 y los 13 euros. Hay que pagar una cuota anual, que para los usuarios de 18 años significa 18 euros, mientras que se sube un euro por cada año que pasa, hasta llegar a los 30. Es decir, a más joven, más barato.

Todas las grandes instituciones públicas de Berlín -incluidas las tres óperas nacionales que conviven en la capital alemana, la Staatsoper Unter den Linden, la Deutsche Oper y la Komische Oper- ofrecen entradas con descuentos de hasta el 50 % -aunque no siempre para todas sus funciones- para los U30. Y la posibilidad de comprar las llamadas entrada “último minuto” a 10 o 15 euros, que en general salen a la venta entre una hora y dos horas antes de la función. También ahí es de gran ayuda la aplicación del “ClassicCard”, puesto que ayuda a ubicar esas localidades.

La fórmula de las tarjetas jóvenes se extienden al resto del país y obviamente también en Múnich, ciudad que compite con Berlín y también Dresde en cuanto a óperas y teatros públicos de primer rango. En cualquier caso, incluido ahí donde las autoridades no han impulsado estas tarjetas o aplicaciones facilitadoras del acceso de los U30 a las entradas más baratas, la fórmula de las localidades rebajadas para estudiantes, menores, así como desempleados, refugiados u otros ciudadanos con bajos niveles de ingresos funciona de forma casi generalizada en todo el país, aunque con porcentajes variables.

Simplemente de pie

Al final, sin embargo, la fórmula que acaba rompiendo el techo de cristal de los precios es la tecnológicamente más sencilla y hasta legendaria: las entradas para asistir a conciertos de pie o con visibilidad reducida. Existen no solo en Alemania, sino también en la vecina Austria y permiten al menos escuchar óperas a precios que van de los 13 a los 18 euros, incluida en la Staatsoper de Viena. También en Austria se ha implantado la fórmula de la U, aunque en este caso para menores de 27 -es decir, U27-.

Otros, como la Pierre Boulez Saal fundada por Daniel Barenboim en el corazón de Berlín, ampliaron, en cambio, el concepto de entradas rebajadas hasta los U35. Este auditorio, vecino a la Staatsoper Unter den Linden, forma parte de la academia impulsada por el argentino-israelí Barenboim y su amigo del alma, el fallecido intelectual palestino Edward Said, en apoyo de la formación de jóvenes músicos árabes e israelíes de Oriente Medio.

lunes, 27 de julio de 2015

Hasta Bayreuth se acostumbró al cocodrilo Frank

Abucheos aislados de Bayrueth a un Castorf domesticado


Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemamia), 27 jul (EFE).- El "Oro del Rin", la primera pieza del "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf, abrió hoy la ronda de los abucheos, aunque aislados, en el Festival Richard Wagner de Bayreuth, y rompió así lo que hasta ahora había sido un panorama de armonía en el templo wagneriano. 


A los aplausos recibidos el sábado, en la apertura de la temporada, por el "Tristán e Isolda" de Katharina Wagner y el frenético entusiasmo con que se recibió ayer al "Lohengrin" de Hans Neuenfels siguió un lunes adusto para la controvertida producción de Castorf, con Kirill Petrenko a la batuta. 
La gasolinera-motel en que Castorf coloca el "Oro", entre matones y chicas de alterne, sigue sin agradar al estricto público de Bayreuth, que de nuevo aplaudió a las voces -especialmente a Wolfgang Jung, como Wotan- y al maestro, pero dejó claro que sigue sin dejarse convencer por el dramaturgo berlinés. 
No se llegó, sin embargo, a las atronadoras tempestades de silbidos y protestas que han acompañado a este "Anillo" desde su estreno, en 2013, tal vez porque la presente edición 104 del festival había abierto con buen pie. 
Katharina Wagner, biznieta del compositor, superó con un "Tristán" entre tinieblas la que el diario muniqués "Süddeutsche Zeitung" denominó hoy su "prueba de madurez" en la dirección escénica y, por extensión, de la empresa familiar. 
La heredera de los Wagner asume en solitario esta temporada las riendas del festival, tras años de dirección colegiada con su hermana Eva Wagner-Pasquier, como quedó establecido en la casa tras la retirada del patriarca, Wolfgang Wagner, fallecido en 2010. 
Katharina, de 37 años y por fin "liberada" de una codirección impuesta, optó por una escenografía sombría y visualmente poco imaginativa, que deja el protagonismo a las voces -de Stephen Gould y Evelyn Herlitzius- y la batuta de Christian Thielemann. 
Fue un estreno sólido, al que siguió el poético e imaginativo "Lohengrin" de Neuenfelds, una reposición que en esta temporada se despedirá de Bayreuth y que el domingo se llevó exaltadas ovaciones, con el público casi al unísono puesto en pie. 
No lo ha tenido fácil Neuenfels, a quien el mundo wagneriano vapuleó en su estreno, cinco años atrás, por la osadía de transmutar el coro operístico en una colorida legión de ratas de laboratorio y convertir el fruto del amor indebido en un engendro sanguinolento. 
En los años sucesivos, Bayreuth y Neuenfels se han acomodado y dulcificado mutuamente y el domingo el festival se volcó en su producción y sus solistas, especialmente el tenor local Klaus Fabian Vogt, en el papel de Lohengrin. 
Los titulares de los medios, del tipo "las ratas dejan Bayreuth", adoptaron perfiles de despedida nostálgica, en parte porque este "Lohengrin" es más que un desfile de entrañables ratoncitos y da la vuelta al mito del hombre que busca en Elsa del amor incondicional. 
Los furibundos abucheos iniciales parecen haber amainado también para Castorf, aunque a su producción se le sigue reprochando falta de concepto y mero afán provocador en la búsqueda de una versión grotesca de la tetralogía. 
Al "Oro del Rin", la pieza más liviana del "Anillo", seguirán en los próximos días "La Valkiria", "Sigfrido" y el "Ocaso de los Dioses", las tres siguientes piezas donde Castorf insistía en la provocación más bien hueca ante el tradicionalista Bayreuth. EFE 
gc/cd 
(foto)