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lunes, 25 de abril de 2011

Guido, el pésimo



LA VANGUARDIA                                         INTERNACIONAL                      25 ABRIL 2011



El peor desde von Ribbentrop


Joana Serra


La impopularidad persigue a Guido Westerwelle, el ministro de Asuntos Exteriores, aún vicecanciller de Angela Merkel y presidente saliente del Partido Liberal (FDP). Christian Hacke, una autoridad en politología alemana, lo define en el último "Der Spiegel" como "el ministro de Exteriores más obtuso desde von Ribbentrop". Es decir, el hombre que dirigió Exteriores entre 1938 y 1945 bajo Adolf Hitler. Con tal paralelismo no se insinúa que la Alemania de Merkel vaya a provocar la Tercera Guerra Mundial, sino que se pretende sintetizar unos rasgos en Westerwelle que lo hacen incapaz para el cargo: terquedad, ignorancia, cobardía, torpeza, falta de miras e inflexibilidad.
"Miren nuestros ministerios de Exteriores, de (Heinrich) Brentano a (Joschka) Fischer a (Frank Walter) Steinmeier. Hombres que conocían la sustancia de la diplomacia, que defendían los intereses de Alemania y su imagen en el mundo", sostiene Hacke, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Bonn, donde Westerwelle hizo su carrera.
La opinión del politólogo podría quedar en eso, el juicio de un experto que poco dice al grueso de la ciudadanía, de no ser que coincide con la vox populi. Con Westerwelle se ha invertido la tradición alemana por la que durante décadas el titular de Exteriores fue el político mejor considerado del país. El gran exponente de ello fue el liberal Hans-Dietrich Genscher, en tiempos de Helmut Kohl, pero mantuvieron la norma tanto el rompedor y verde Fischer, bajo Gerhard Schröder, y como el socialdemócrata Steinmeier, el acomodaticio socio de Merkel en su primera legislatura.

Bajo el liderazgo de Westerwelle, el FDP superó el 14 por ciento en las generales de 2009, su porcentaje récord, y se convirtió en socio de Merkel. Pero en cuanto firmaron el pacto de coalición empezó a caer en picado. Ahora los sondeos condenan a un futuro extraparlamentario, por debajo del 5 por ciento.
A Westerwelle se le reprochó al principio de la legislatura poco interés en Exteriores -su hábitat natural es la política fiscal-. Luego, cuando entró en materia, desconocimiento del terreno.  Según  “Der Spiegel”, la paciencia de sus aliados internacionales -EEUU, Francia y Reino Unido,  especialmente- se acabó con la  abstención alemana en el Consejo de Seguridad que aprobó la resolución para intervenir en Libia le granjeó la antipatía de sus socios.
El descrédito exterior ha discurrido en paralelo con la degradación en sus filas, presionado tanto por la viaje guardia liberal como por sus ex “retoños”. Hace unas semans renunció a la reelección como líder del FDP, lo que conllevará la pérdida del rango de vicecanciller. Ambos cargos pasarán a su colega de Sanidad Philipp Rösler, cuando el congreso del FDP en mayo lo ratifique como líder. 
La pregunta en Berlín es por qué le mantiene Merkel al frente de Exteriores.
Merkel, por cuarto año consecutivo incluida entre los cien personajes más poderosos del planeta según "Times", parece determinada a resistir con Westerwelle lo que queda de legislatura, afirma “Spiegel”. O tal vez aguarda a que los liberales le sigan quiten el último galón.

viernes, 22 de abril de 2011

Sarrazin y el SPD



LA VANGUARDIA                                INTERNACIONAL                            SÁBADO, 23 04 2001


Los socialdemócratas alemanes renuncian a expulsar de sus filasaThilo Sarrazin,
contrario a la emigración musulmana y a quien Merkel critica duramente

Islamófobo indultado

Joana Serra

La socialdemocracia alemana exculpó a Thilo Sarrazin, el multimillonario autor de un best-seller islamófobo al que el Bundesbank logró sacar de su staff, mientras que su partido sigue sin desprenderse de él. En plenas vacaciones de Pascua -temporada baja mediática-, la secretaria general del Partido Socialdemócrata (SPD), Andrea Nahles, se rindió ante Sarrazin, militante con casi cuarenta años en la formación. Es decir, más o menos desde que nació Nahles, ex líder de las juventudes del SPD y representante de su ala dicha izquierdista,  que ejercía de fiscal en el proceso de expulsión al embarazoso militante.
Lo que se había anunciado como largo proceso se zanjó en cinco horas de reunión, a puerta cerrada, entre Nahles y Sarrazin, con una comisión de arbitrio. Nahles, a modo de fiscal, tenía la misión de demostrar que Sarrazin daña al partido. Algo complejo, teniendo en cuenta que no hay unanimidad dentro del SPD al respecto. Se habían previsto cuatro sesiones de juicio sumarísmo. El jueves se saldó la cuestión, con un Sarrazin triunfante tras emitir una declaración escrita. Le bastó “lamentar” si alguien se había podido sentir herido y afirmó que nunca pretendió vulnerar los principios de su SPD.  
Nahles se dio por vencida y Sarrazin revalidó su título de incombustible. El ex directivo del Bundesbank lleva escandalizando desde las filas socialdemócratas mucho antes de que saliera a la calle su "Deutschland schafft sich ab" -traducible por "Alemania se desintegra"-. Es decir, el libro que, entre agosto y final de año pasado, lideró semana a semana las listas de títulos más vendidos de Alemania, hasta un total de 1,4 millones de ejemplares -a 22,99 euros cada uno-, récord absoluto de ventas entre las obras de no ficción de la última década en Alemania. No se conocen estadísticas de cuántos entre quienes lo compraron lo leyeron, pero sus tesis dieron la vuelta al mundo. 
Se fundamenta en conceptos apocalípticos, apuntalados sobre estadísticas de criminalidad, fracaso escolar y demografía tergiversadas sin pudor. "No quiero que el país de mis nietos y biznietos sea mayoritariamente musulmán, donde las mujeres lleven el velo islámico y la vida diaria se marque por la llamada a la oración del muecín", es uno de sus párrafos más conocidos. “La fertilidad de musulmanes es una amenaza para el equilibrio cultural de una Europa que envejece”, sostenía, con el argumento de que el índice de natalidad de los inmigrantes turcos dobla el de los alemanes. En Alemania, con 80 millones de habitantes, viven algo más de tres millones de ciudadanos de origen turcos.
El libro lo convirtió en multimillonario, pero ya antes de su publicación había escandalizado afirmando, por ejemplo, que no tenía por qué respetar a nadie "que vive por cuenta del Estado, no se ocupa debidamente de la educación de sus hijos y produce permanentemente niñas con el pañuelo islámico". Su best-seller simplemente plasma en papel tales posicionamientos, formulados en sus tiempos de responsable de Finanzas de la ciudad-estado de Berlín. Entonces arremetía ya tanto contra inmigrantes como contra desempleados crónicos, a los que tachaba de vagos malversadores del dinero del contribuyente. Tampoco entonces se le expulsó. En 2009 se le abrió ya un expediente por racismo, que superó. 
Con la publicación del libro, el SPD asistió con la cabeza baja a las descalificaciones tanto del presidente del país, Christian Wulff, como a la canciller Angela Merkel, ambos de la Unión Cristianodemócrata (CDU). Las filas conservadoras apremiaron a Sarrazin -conscientes de que con ello dejaban más en evidencia al SPD- y éste acabó renunciando a su puesto en el Bundesbank. El libro se siguió vendiendo bien, hasta que desapareció de las listas de ventas por muerte natural, como ocurre con  todo best-seller.

jueves, 21 de abril de 2011

Chernobyl y la doctora Merkel


LA VANGUARDIA                          INTERNACIONAL                                21-22 ABRIL 2011


Metamorfosis antinuclear de Merkel


Joana Serra


El repentino miedo europeo a la energía nuclear tiene en Angela Merkel el más claro exponente. Lo suyo ha sido una metamorfosis espectacular, inicialmente atribuida a un interés electoralista -el temido "efecto Fukushima" sobre los comicios de final de marzo en dos poderosos Länder, Baden-Württemberg y Renania Palatinado-, pero que no se ha mitigado tras la derrota de sus filas en las urnas.
Merkel, doctora en Ciencias Físicas y ministra de Medio Ambiente y Seguridad Nuclear en tiempos de Helmut Kohl, ha visto en Fukushima lo que aparentemente no detectó en Chernóbil: el riesgo de una hecatombe de efectos irreversibles, provocada por catástrofes naturales o de otra índole -un atentado o ataque cibernético, por ejemplo-. Dicho de otro modo, la incapacidad de dominar una tecnología que la arrogancia humana durante décadas calibró como controlable.
La canciller alemana ha pasado de apostar por las nucleares -y tachar de retrógrados a quienes siempre abogaron por el "Nein, Danke", los Verdes- a dictar una moratoria sobre su propia decisión de prolongar la vida de los 17 reactores al país. "Siempre fui una de defensora de la energía nuclear. Pero tras Fukushima está claro que hay que repensar el concepto energético y abandonarla cuanto antes", decía estos días, sin presión electoral inminente, pero a las puertas del aniversario de la sacudida de Chernóbil.
Merkel tenía 31 años ese abril de 1986. Vivía en el Berlín oriental y ese mismo año se doctoró en Ciencias Físicas. Llevaba cuatro años divorciada de su primer marido, Ulrich Merkel, un estudiante de Física de quien conserva el apellido, y convivía ya con el catedrático de Química Joachim Sauer, su esposo desde 1998.
Tanto entorno científico no le hizo recelar de los peligros de esa fuente de energía. Mientras en la República Federal de Alemania (RFA) se siguió con pavor el recorrido de la nube radioactiva, en la República Democrática Alemana (RFA) donde creció Merkel se impuso la censura a la catástrofe. 
Aún hoy, muchos de los ciudadanos de la RFA recuerdan claramente -o recrean a quien les escucha- dónde estaba el 1 de mayo de 1986 cuando cayó esa repentina y copiosa lluvia ácida. A la inversa, pocos ciudadanos RDA llegaron a tener conocimiento del fenómeno hasta, si acaso, mucho después.
La propia Merkel ha recordado en alguna entrevista que lo único que percibió como raro fueron los consejos del jefe de Estado, Erich Honecker, recomendando a la población que lavaran dos veces la ensalada.
Seis semanas después del accidente Kohl creó el ministerio de Medio Ambiente y Seguridad Nuclear, el departamento al frente del cual llegó Merkel en 1994.  Como ministra presidió la Conferencia del Clima de la ONU, en Berlín, en 1995, y visitó Chernóbil coincidiendo con el décimo aniversario de la catástrofe, para concluir que se había avanzado en seguridad.
Ni lo que estudió como científica ni lo que vio como ministra le hicieron posicionarse entre los escépticos frente a las nucleares como sí había hecho, por ejemplo, su antecesor en el ministerio, su correligionario Klaus Töpfer. A él, director del programa de Medio Ambiente de la ONU entre 1998 y 2006, puso Merkel ahora al frente de la Comisión Ética creada para "recomendar" a su gobierno el camino a seguir para el apagón acelerado. 
Un vuelco radical, en el que Merkel no está sola. De pronto desaparecieron del espectro parlamentario alemán los apóstoles de las nucleares. Repentinamente hay un consenso generalizado en llevar adelante el apagón acelerado.
Los grandes consorcio energéticos ven sacudidos estos días sus asambleas generales de accionistas con protestas de activistas nucleares, como ocurrió ayer a RWE y anteayer a EnBW, mientras un sector del accionariado reclama de sus cúpulas que inviertan en las renovables, puesto que ese es el futuro. El adiós a las nucleares parece sentenciado en Alemania y la pregunta es ahora cuándo se consumará y quién pagará la factura del vuelco energético.




Ni lo que estudió como científica ni lo que vio como ministra le hicieron posicionarse entre los escépticos frente a las nucleares como sí había hecho, por ejemplo, su antecesor en el ministerio, su correligionario Klaus Töpfer. A él, director del programa de Medio Ambiente de la ONU entre 1998 y 2006, puso Merkel ahora al frente de la Comisión Ética creada para "recomendar" a su gobierno el camino a seguir para el apagón acelerado. 
Un vuelco radical, en el que Merkel no está sola. De pronto desaparecieron del espectro parlamentario alemán los apóstoles de las nucleares. Repentinamente hay un consenso generalizado en llevar adelante el apagón acelerado.
Los grandes consorcio energéticos ven sacudidos estos días sus asambleas generales de accionistas con protestas de activistas nucleares, como ocurrió ayer a RWE y anteayer a EnBW, mientras un sector del accionariado reclama de sus cúpulas que inviertan en las renovables, puesto que ese es el futuro. El adiós a las nucleares parece sentenciado en Alemania y la pregunta es ahora cuándo se consumará y quién pagará la factura del vuelco energético.

lunes, 18 de abril de 2011

Son las cosas de Pekín

LA VANGUARDIA                             INTERNACIONAL                                 18 ABRIL 2011


Las 1.001 silenciosas sillas en Alemania, por Ai Weiwei



Joana Serra




Alemania se pobló de sillas reclamando la libertad de Ai Weiwei, el artista chino detenido en Pekín cuando se disponía a volar hacia Hong-Kong, el 3 de abril. No sólo en Berlín, Múnich y Hamburgo, sino también en ciudades de provincias, como Minden, artistas, intelectuales y activistas secundaron la iniciativa global lanzada vía Facebook y que Alemania adoptó como propia.
"1.001 sillas para Ai Weiwei", se bautizó la convocatoria, en alusión a acción que presentó en la Documenta de 2007. "Fairytale", se llamaba y consistía en trasladar a "vivir" a 1.001 chinos a Kassel, uno para una de las sillas de la dinastía Qiang expuestas ahí durante los cien días de vida de la feria.
Alemania asume como propia la causa de Ai, no sólo por fervor hacia el activista, sino por varias coincidencias que han colocado a Angela Merkel en una compleja situación. Cuatro días antes de desaparecer detenido, presuntamente por delitos fiscales, Ai explicó a un medio alemán su intención de abrir un estudio en Berlín. Una cuestión interpretada como su intención de trasladar ahí su domicilio, a lo que siguió un desmentido matizando que sería sólo un estudio. 
Segunda coincidencia: su detención se produjo poco después de la pomposa inauguración en el Museo Nacional de Pekín, por el ministro de Exteriores Guido Westerwelle, de una exposición patrocinada por cuatro grandes museos públicos alemanes. La muestra, "El arte de la ilustración", se había presentado en Alemania como una crítica, aunque subliminal, contra la censura.

Desde entonces, Westerwelle ha transmitido casi a diario mensajes de apremio a Pekín que van más allá del ritual diplomático. Según "Der Spiegel", la propia Merkel ha intervenido ante la cúpula china.
Ai es una celebridad internacional con amplio eco en Alemania. Un año atrás llenó la fachada de la Haus der Kunst de Múnich con 9.000 mochilas de colores, en alusión a los miles de niños muertos al derrumbarse sus escuelas por el terremoto de Sichuan, en 2008. Fue también en la capital bávara donde se le operó del cráneo, tras la paliza que le propinó la policía china para tratar de acallar sus denuncias.
Y mientras la alta diplomacia se mueve, el ámbito museístico duda. Tanto el presidente del Instituto Goethe, Klaus Dieter Lehmann, como el de la Fundación del Patrimonio Prusiano, Hermann Parzinger, se niegan a cerrar la muestra de Pekín. "Soy partidario de llevar la cultura ahí donde las circunstancias no son las más fáciles", afirma Lehmann. Retirar la muestra podría ser más doloroso, en las relaciones bilaterales que todos los lamentos de Westerwelle.

sábado, 16 de abril de 2011

Negociando con los Länder

LA VANGUARDIA                  I N T E R N A C I O N A L                  SÁBADO, 16 ABRIL 2011


El efecto Fukushima obliga a la canciller a buscar un acuerdo con los länder

Joana Serra, servicio especial El vuelco en los planes nucleares de la canciller Angela Merkel, decidida bajo el impacto de Fukushima a desconectar cuanto antes los reactores de su país, incluye la paz obligada con los "Länder". Cinco meses y medio después de aprobar la prolongación de la vida de las centrales nucleares sin pasar por el voto del Bundesrat -la cámara de representación territorial- Merkel pre-anunció ayer un consenso con los "Länder", aún por concretar, para acelerar el apagón atómico. 
"Todos nosotros queremos abandonar lo antes posible la energía nuclear", afirmó, tras reunirse con los líderes de los 16 "Länder" alemanes en Cancillería. "Por supuesto hay diferencias a superar acerca de cómo se llevará a término ese cambio en la política energética. Pero la voluntad de hacerlo es plenamente compartida", añadió.
Por “todos nosotros” entiende la canciller no sólo su gobierno y quienes, dentro de él, defendieron hasta hace semanas la energía atómica, sino también los “Länder” liderados por la Unión Cristianodemócrata (CDU) que ella preside, igualmente partidarios de prolongar la vida de las centrales hasta que estalló Fukushima.


La canciller quiere cerrar las nucleares, y quiere hacerlo lo antes posible. Para ello precisa imperiosamente el visto bueno de los "Länder", puesto que sus filas no tienen la mayoría en el Bundesrat.  De acuerdo con sus planes, el calendario de desconexión será aprobado por su gobierno el 6 de junio, entrará inmediatamente después en el trámite parlamentario y será sometido el 17 de junio al voto de la Cámara Alta, feudo de los “Länder”. 
Los términos y plazos del nuevo calendario para el apagón nuclear se desconocen -Merkel sostiene que esa cuestión no se ha abordado aún, ni siquiera a puerta cerrada-. Todo dependerá, afirma, de los informes que presenten, en paralelo, la comisión técnica creada para revisar la seguridad de las plantas, así como la otra, bautizada de comisión ética, que estudia la viabilidad y desarrollo de alternativas a la era nuclear.
Ambos gremios fueron formados a instancias de Merkel inmediatamente después de la primera alarma del Fukushima, el 11 de marzo, tras ordenar la desconexión inmediata de los siete reactores más viejos del país y dictar la moratoria de tres meses a la ley por la que su gobierno había prolongado unos meses atrás la vida a las centrales.
Al frente de la comisión ética colocó a Klaus Töpfer, ministro de Medio Ambiente en tiempos de Helmut Kohl y entre 1998 y 2006 director ejecutivo del programa de Medio Ambiente de la ONU. Töpfer es desde siempre, incluido en tiempos de Kohl, un escéptico respecto a la energía nuclear. Se da por hecho cuál será su recomendación a Merkel: cerrar lo antes posible. 
Todo apunta a que Alemania asistirá así una paradoja. La misma coalición de centroderecha que pretendía prolongar la vida de las centrales acabará cerrándolas antes de lo que inicialmente había previsto su antecesor, Gerhard Schröder, al frente de su alianza socialdemócrata-verde.
Schröder, tras un largo pulso con la industria, logró en 2000 el consenso con los consorcios energéticos
para desconectar la última de las centrales, a más tardar, en 2021. Merkel, que mantuvo a regañadientes ese calendario en su primera legislatura, en coalición con socialdemócratas, lo echó por tierra tras lograr la reelección y formar alianza con el Partido Liberal (FDP).
El actual gobierno vendió así, en noviembre de 2010, como una "revolución" su nueva ley energética, que prolongaba el periodo de existencia de las centrales entre 8 y 14 años. E introducía, además, una tasa a cargar sobre la industria, a cambio de la explotación adicional de sus reactores y los beneficios que eso le comportaría.
Todo eso fue antes de Fukushima. Alemania no tiene que temer un terremoto ni un tsunami, pero la catástrofe en un país altamente industrializado y con estándares de seguridad altos, en materia atómica,
impiden seguir adelante con esos planes, defiende Merkel.


La factura del vuelco nuclear

La canciller busca la paz con los “Länder” para evitar daños mayores, mientras su ministro de Economía, el liberal Rainer Brüderle, cuantificaba en 2.000 millones de euros al año la factura del apagón acelerado. La cifra es intimidatoria, pero por debajo de los 3.000 millones de euros anuales estimados por el rotativo “Süddeustche Zeitung”. Merkel, por su parte, recriminó sin miramientos a su indiscreto ministro. No pueden darse cifras mientras no esté fijado el calendario, dijo Merkel,   bajo la mirada escéptica de Brüderle.

viernes, 15 de abril de 2011

Rasmussen pide más aviones

LA VANGUARDIA                  INTERNACIONAL                      VIERNES, 15 ABRIL 2011     


La OTAN pone en evidencia en Berlín su desunión ante la campaña libia 

Joana Serra, Servicio especial

Presionar sobre Muamar en Gadafi y, en paralelo, exhibir disgregación interna no parece el camino más sensato para dar credibilidad al pretendido ultimátum. Eso es, sin embargo, lo que ayer hizo la OTAN, desde Berlín, en la apertura de una reunión de sus ministros de Asuntos Exteriores bautizada como "oficiosa" de la que, pese a todo, debía salir un mensaje contundente.
La escenografía habría sido propicia -Angela Merkel recibiendo en su Cancillería a Hillary Clinton-, de no ser que ni la canciller responde ahora a la imagen de dama de hierro con que se la identificó y, encima, la secretaria de Estado de EEUU tampoco acudía liderando una iniciativa internacional, sino acompañándola. Washington cedió el papel rector a Europa frente a Libia y a esa función quedó sujeta Clinton, puesto que lo contrario habría significado agrietar aún más una OTAN con síntomas de requebrajamiento.
A Anders Fogh Rasmussen, el secretario general de la Alianza, le correspondió abrir la ronda, ayer, redoblando la promesa de no cejar hasta que Gadafi retire a sus tropas hasta los cuarteles. También será él quien deberá cerrar la reunión este viernes, tras una serie de reuniones a puerta cerrada donde probablemente se escuchen aún más mensajes disonantes que lo que trasciende al exterior.
Rasmussen hizo lo que pudo. Presionó ante los socios más reacios a contribuir con más efectivos, al admitir que no dispone de los aviones que precisaría para proteger como es debido a la población civil. Y se comprometió, aparentemente también en el nombre de esos socios que no están dispuestos a nada -o casi nada-, a mantener la operación el tiempo que sea preciso en defensa de esa población y hasta que caiga el dictador.
Con ello siguió las reclamaciones de Londres y París, cuyos titulares de Exteriores -Alain Juppé y Wiliam Hague- esperan de sus teóricos aliados más compromiso. Especialmente delicada era la posición del alemán Guido Westerwelle, anfitrión de una cita que se produce en su momento de máxima debilidad política.
A escala doméstica, porque acaba de sentenciarse su degradación del cargo de vicecanciller y su renuncia al liderazgo del Partido Liberal, en plena crisis interna. A escala internacional, porque cada vez que habla de Libia evidencia su propia ambigüedad.
Westerwelle dejará la presidencia de los liberales y la vicecancillería en mayo, tras año y medio de ser el rostro de todos los disensos en la coalición de Merkel. Por si ello fuera poco, es también la imagen de una Alemania de pronto poco fiable, que deja en la estacada a sus aliados entre críticas y extrañeza, incluso, de los estandartes del ecopacifismo alemán, los Verdes. Un anfitrión que poco podía aportar, en suma, a la necesidad de revestir con algo de credibilidad el ultimátum a Gadafi.
La OTAN precisa refuerzos para atacar las posiciones terrestres del dictador libio y forzarlas, como se pretende, a retirarse a sus cuarteles, en lugar recuperar posiciones conquistadas por los rebeldes.
Necesita más aviones, según ha admitido el general estadounidense James Stavridis, ya que los 200 oficialmente ofrecidos por los aliados no bastan.
Este es el objetivo más o menos declarado de la reunión de Berlín, ansiosa de lanzar una señal más concreta que una foto de familia bajo la fría y lluviosa Puerta de Brandeburgo.
Italia parece proclive a ceder en la dirección de Rasmussen, España no tiene intención de reforzar su presencia -como declaró Trinidad Jiménez, quien no estará ya hoy en la reunión de cierre- y Alemania sigue con su lenguaje ambivalente.
"La confianza no se ha roto. Un problema serio habría sido si Guido Westerwelle hubiera dicho que Gadafi debe mantenerse en el poder", declaraba, no se sabe si irónicamente, Juppé, tratando de quitar hierro a las disonancias en el eje París-Berlín.
Alemania se abstuvo ante la ONU a la hora de votar la resolución contra Gadafi, luego insistió en que no entrará en misiones de combate y, como para aliviar el enfado de sus socios, matizó finalmente su disposición a contribuir en acciones humanitarias.
Merkel, contagiada de la debilidad de su socio liberal, no ha salido bien parada de las ambigüedades ante sus aliados. No logró dar a su encuentro con Clinton el aplomo que se le atribuye, a lo que se sumó que la secretaria de Estado, por encima de sus palabras de firmeza, tampoco prometió un aporte de efectivos.
Londres y París apremian, mientras desde la cúpula militar de la OTAN, se recuerda que no se podrá mantener el ritmo actual de acoso si no hay tal refuerzo.
Hasta ahora, de la cita en Berlín emanó un comunicado suscrito por los socios insistiendo en que a Gadafi no le asiste la menor legitimidad. Mientras tanto, desde Sania, en China, los emergentes BRIC -Brasil, Rusia, India y China- criticaban el uso de la fuerza militar contra Gadafi.

martes, 16 de octubre de 2007

Una gran apuesta con un error estético


G. C. Serra
Frankfurt. Servicio especial

Los medios periodísticos alemanes
despidieron con buena nota,
incluso excelente, la presentación
de la cultura catalana en Frankfurt,
usando calificativos que van
de
muy profesional a moderna y
ambiciosa
la ausencia de escritores en castellano.
“Ningún otro invitado de
honor en los últimos años ha presentado
una escenificación tan
perfecta en la feria”, escribía Thomas
Maiser, de la agencia DPA.
La profesionalidad de que se ha
hecho gala en esa presentación
evidenció dos cosas: “En primer
lugar, que Catalunya es una gran
región cultural; en segundo, que
al menos igual de grande es en tanto
que país de planificadores y organizadores”,
escribe, algo irónicamente
Kersten Knipp, de
Zürcher Zeitung
como seres “simpáticos,
chistosos, rápidos y capaces de
trasladar el eslogan de ‘cultura catalana,
singular y universal’”.
Tales elogios no esconden, sin
embargo, las críticas derivadas de
la exclusión de autores en castellano.
Los medios alemanes han criticado
en su gran mayoría esa decisión
política. El izquierdista
Tageszeitung
su ronda de ataques en la apertura
hablando de
, pese al error estético deNeue.Yañade: se comportaronDie, por ejemplo, abrióschönheitsfehler
–error estético o lunar–.

jueves, 11 de octubre de 2007

Redescubriendo a los clásicos



El “Tirant”, el héroe de Fránkfurt


G.C. Serra

Los grandes medios alemanes coincidieron en su elección: el “Tirant lo Blanc” es el libro que la Feria de Fránkfurt necesitaba para “justificar” la presencia de la cultura catalana como invitada de honor. Es decir, para demostrar que no se trata de un fenómeno más o menos coyuntural o una tendencia moderna, sino de una literatura que arranca de clásicos medievales, exponentes de una riqueza cultural y, encima, atractivos para el lector de hoy. La edición en alemán del libro de Joanot Martorell, junto a las traducciones de la obra poética de Salvador Espriu y varios títulos de Josep Pla, centran los comentarios de los suplementos literarios, volcados en la tarea de “re-descubrir” a los clásicos catalanes.
Süddeustche Zeitung” convirtió al “Tirant” en la portada de su suplemento, con motivo de la aparición de los tres volúmenes del libro de Martorell en alemán. “El mejor libro del mundo”, según lo califica el otro gran libro de referencia, “Frankfurter Allgemeine Zeitung”, que saluda con un “por fin” la edición lanzada puntualmente para la Feria por la editorial Fischer, obra del ensayista y traductor Fritz Vogelgsang.
Los elogios al libro de Martorell no se limitan a los medios dichos más serios del país. El izquierdista “Die Tageszeitung”, órgano del ecopacifismo verde alemán, rompe una lanza por el “humor especial” plasmado en ese libro “aventurero, rico y variado”. “Algo así como Hollywood hace 500 años”, apunta el diario, sólo que “en el mejor estilo” de cine, palomitas de maiz incluidas.
El clásico entre los clásicos catalanes está omnipresente en los suplementos de la Buchmesse, que animan además a “re-descubrir” a Pla, de quien se han presentado en la Feria las traducciones al alemán de “Quadern Gris” –Suhrkamp-, “Carrer estret” –Amman- y “Cala Galiota” –Berenberg-. “El cielo sobre Cataluña”, titula en “Frankfunter Rundschau” Fritz Rudolf Fries su artículo sobre Pla, donde invita a asomarse a la “sonrisa del clásico”. Espriu, asimismo traducido por Vogelgsang para Amman, es el tercer puntal en el trío de grandes autores catalanes, al que “Frankfurter Rundschau” califica de “clásico solitario”. La aparición de la obra poética de Espriu en alemán fue asimismo el libro elegido por el semanario “Die Zeit” para presentar la cultura catalana.
Fischer escogió un momento doblemente oportuno para lanzar su “Tirant”. No sólo por la presencia de la cultura catalana en la Feria, sino porque los libros de caballerías son hoy más leídos que nunca, más que en la Edad Media o en el Renacimiento, escribe en “Süddeutsche Zeitung” Thomas Steinfeld. Se trata de un libro que demuestra hasta qué punto lo medieval vive en el mundo moderno, que cautiva por su contenido sólido, su riqueza lingistica y un argumento apasionante.
La historia del “Caballero Blanco” aparece “en el momento adecuado” en Alemania, añade Steinfeld, quien destaca la “ardua labor” de traducción iniciada en los 80 por Vogelgsang, con el primer tomo, completada ahora con la edición el segundo y tercero.
Su lectura, advierte, puede ser asimismo tarea árdua –y el precio, para nada popular puesto que se presenta en edición de lujo a 78 euros ahora, que subirá a 98 euros a partir de marzo. Pero su presencia justifica, para Steinfeld, que la cultura catalana sea la invitada de honor de Fránkfurt, ya que “no hay tanta literatura catalana actual como para defender esa condición”.
Martorell abandera la presencia catalana en el “Süddeutsche” y ocupa espacios destacados en otros suplementos, complementados con títulos como “Solitud”, de Víctor Català, “L’ou de la serp”, d’Eugeni Xammar, y “Cien historias” de Quim Monzó. Menos favorecedoras, en cambio, son dos críticas también de “Süddeutsche Zeitung” a “Canciones de amor en Lolitas Club”, de Juan Marsé, y “La elección de Mauricio”, de Eduardo Mendoza. Paradójicamente, dos importantes autores en castellano a los que algunos medios han “echado de menos” por no estar entre los invitados de Fránkfurt.
Que se haya traducido al alemán “La elección de Mauricio” sólo se explica, según la crítica de Maike Albath, en el hecho de que todas las editoriales querían sus títulos procedentes de Cataluna. Respecto al de Marsé, hubiera sido mejor que el autor se hubiese limitado a lo que fue su idea inicial: escribir un guión de cine.
Fuera de ese par de críticas poco favorecedoras, parece claro que en lo que concierne a los suplementos la fuerza del “Tirant” y los clásicos catalanes se ha impuesto sobre la polémica alrededor de presuntas exclusiones en el pabellón catalán, al menos en los suplementos literarios. El izquierdista “Die Tageszeitung” insistía el martes, día de la inauguración, en el término “separatismo lingüístico” para incidir en la cuestión. “1.200 autores escriben en catalán, el Instituto Ramon Llull ha invitado a 120 autores, más que nunca hizo otro país invitado. Juan Goytisolo, uno de los escritores catalanes más conocidos, no fue invitado por escribir en castellano”, apuntaba ese diario. “Berliner Zeitung” abundaba ayer en lo mismo con un artículo titulado “Una entre dos lenguas”, como también hacía otro diario berlinés, “Die Tageszeitung”. El mismo “Süddeustche Zeitung”, en sus páginas de información general, incidía hoy en la cuestión, con una vistosa segunda página dominada por una gran fotografía de la quema de fotos del rey Juan Carlos, como transfondo a la problemática del “separatismo” catalán y extrapolándolo a la cuestión de la cultura “invitado”.
En general la polémica se ha visto reflejada en las páginas de información, a menudo escrita por los corresponsales de los medios en Madrid, no a los suplementos literarios centrados en las novedades del mercado alemán.
Y una curiosidad: los grandes o medianos rotativos no son los únicos en referirse al invitado de honor en Fránkfurt. La cultura catalana viaja este mes en tren por todo el país, a través de “Mobil”, la revista gratuita de la Deutsche Bahn –los ferrocarriles alemanes- que le dedica un amplio reportaje. Junto al panorama general a su literatura, se apunta que las Publicacions de la Abadia de Montserrat es la editorial más antigua del mundo y que dos alemanes, Johann Rosembach y Johannes Luschner, llevaron la primera imprenta al monasterio. También se traza un recorrido por autores actuales, como Jordi Puntí, Ada Castells o Monzó.
Una lectura que vendrá bien en estos días a los viajeros en tren, ante el panorama de huelgas intermitentes anunciadas a partir de mañana por el sindicato de maquinistas de la Deutsche Bahn, que obliga a los pasajeros a armarse de paciencia y, a ser posible, de libros.

martes, 9 de octubre de 2007

La hora de los escritores



Los medios alemanes presentan a los autores catalanes, entre el descubrimiento y la polémica sobre las „ausencias“


G.C. Serra

Los grandes semanarios alemanes, „Die Zeit“ y „Der Spiegel“, pasaron de puntillas sobre ausencia de autores en castellano y se centraron en presentar algunos nombres de la cultura catalana, una „gran desconocida“, en palabras del director de la Feria de Fránkfurt, Jürgen Boos. Jaume Cabré, Salvador Espriu, Víctor Català y Maria Barbal son algunos de esos nombres a los que estas publicaciones dedican amplias recenciones y críticas en sus especiales sobre la Feria.
Paralelamente, otros medios, como la televisión pública, abundaban estos días en lo que denominan el „separatismo linguístico“, abanderado a su juicio por el máximo líder de un independentismo revanchista: Josep Lluís Carod-Rovira, vicepresidente de la Generalitat.
Doce páginas dedica el suplemento de „Die Zeit“, el más serio entre los semanarios alemanes, presenta a una selección entre la cincuentena de nuevas traducciones del catalán a ese idioma que se presentan en Fránfkurt. Arranca con Espriu, sigue con un artículo de Julià Guillamon sobre la perspectiva europea de la cultura catalana y se extiende luego al „Solitud“ de Català –„un satisfactorio redescubrimiento de 1905“-, tres títulos de Josep Pla –„extraordinario autor de diarios“-, „Pedra de Tartera“ de Barbal –„un clásico enorme“-, el „Pandora en Congo“ de Albert Sánchez Piñol –„inteligente juego de engaños“-, „Bearn“ de Llorenç Villalonga y „Quanta, quanta guerra“, de Mercè Rodoreda. „Der Spiegel“, por su parte, presenta al Cabré de „Les veus de Pamano“ como un „excelente autor“, capaz de describir „desde distintos niveles de narración“ el trauma de la guerra civil española.
En las antípodas de este panorama se situó „Aspekte“, el programa cultural de la ZDF, segunda cadena de la televisión pública. Emitido desde Valencia –„no todo va a ser Barcelona“, en palabras de su moderador, Wolfgang Herler- y centrado en la cultura catalana en tanto que invitada de honor de la Feria, abrió con un reportaje en que saltaba de la horchata, la paella y la Copa América de Vela a Ferran Adrià, para ofrecer luego unas pinceladas de Miró, Dalí y Pau Casals. El espacio propiamente literario se dedicó en exclusiva a Carles Porta y „Tor“, la novela de corte periodístico sobre el crimen nunca aclarado en las profundidades de los Pirineos. Un aperitivo al que siguió el reportaje central, centrado en el „nacionalismo lingüístico“. De la Barcelona moderna y vanguardista se saltó a Carod-Rovira –incluir a autores en castellano habría sido „como si Alemania, país invitado, hubiese tenido que incluir a autores alemanes que escriben en turco“, decía-. De ahí, a imágenes de la dictadura franquista, la batalla del Ebro y la Cataluña de hoy, donde en la Universidad se enseña „casi exclusivamente en catalán“, „para indignación de algunos padres“. Sigue Juan Marsé, exponente de los que quedaron fuera de la Feria, quien compara ese „error“ con el de los „fascistas de Franco“ que quisieron imponer una lengua. „En pocas palabras: quien escribe en español se convierte en Cataluña en un Kanake“, concluye el reportaje, utilizando el término despectivo en alemán para extranjero.
Menos ecuánime aún fue el artículo publicado la semana anterior por el diario „Kölner Stadt Anzeiger“, firmado por Ralph Schulze y titulado „No somos España“, en que se traza un paralelismo entre los jóvenes independendistas que queman carteles del rey Juan Carlos y el „afán de provocación con que se presenta el invitado de honor a la Feria del Libro“. También Schulze repasa la represión durante el franquismo, como explicación al conjunto y junto a otros lugares comunes. Finalmente, se detiene en el „secuestro“ denunciado por el presidente del gremio de Editores, Antoni Comas, para recordar que un tercio de las editoriales españolas están en Cataluña y que la gran mayoría de libros que se escriben y exportan a Latinoamérica y EEUU son en castellano.
La cultura catalana no es tan „desconocida“ como decía Boos –ahí quedan los éxitos de ventas de Quim Monzó o, la pasada primavera, de Barbal-, pero sí ha causado desconcierto la ausencia de autores como Carlos Ruiz Zafón, Eduardo Mendoza o el propio Marsé. La Alemania actual es muy sensible a todo cuanto suene a separatismos o nacionalismos y la problemática saltó al seminario internacional „Für ein offenes Europa. Europäische Gesellschaften auf dem Weg zu neuen Identitäten“ –„Por una Europa abierta. Sociedades europeas en camino hacia nuevas identidades“-, en Fránkfurt. Dos ex-presidentes de la Generalitat, Jordi Pujol i Pasqual Maragall, defendieron ahí la posición del invitado de honor de la Feria, mientras intelectuales, mayoritamente alemanes, hablaban de provincianismo.
La cuestión planea sobre la invitada de honor y ha merecido críticas no sólo de corrillos o algunos medios, sino también de personalidades de los ambientes literarios como Sigrid Löffler, la gran dama de la crítica, quien ha descalificado lo que considera una „exclusión“. Por no hablar del propio Boos, que ha admitido que hubiera „preferido“ que ver en su Feria a los grandes nombres de escritores catalanes, como Mendoza o Ruiz Zafón.
Desde el „Süddeustche Zeitung“, Merten Worthmann trataba ayer de poner las cosas en su sitio. El catalán es una „lengua rescatada“, una lengua que ha sobrevivido a los intentos de represión. „Se puede debatir acerca de si llegó el momento de dar por terminado el proceso de rehabilitación o no“, escribía. También de preguntarse si, en el camino de esa reconstrucción, no se ha „animado“ en exceso la producción editorial con un sistema de subvenciones que ha cuidado más la cantidad que la calidad. Y también si este sistema no ha acabado provocando cierta „desconfianza“ hacia la joven literatura catalana, seguía Worthman. Sería, en definitiva, „una amarga ironía“, que la creciente literatura moderna catalana solo pudiese existir mientras sea el „nacionalismo superviviente“ el que marque las pautas.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Del lago Constanza a Xiva de Morella



Aus eigener Kraft“

Gemma Casadevall

Su nombre aparece en letra menuda en algún lugar de las páginas interiores y su reto es „desaparecer“ en la misión de trasladar la literatura catalana a un mercado potencial de 82 millones de lectores, el alemán. Que su presencia no estorbe, traicione ni malverse el original. Son traductores, hispanistas y catalanófilos como Fritz Vogelsang, Angelika Maass o Eberhard Geisler, entre los históricos, o Kirsten Brandt, Monica Lübcke, Theres Moser, Alex Schönberger o Heike Nottebaum, por citar algunos nombres. De las primeras traducciones al alemán, del XVI al XVII, al cómputo de unas 50 nuevas edicions de autores catalanes en alemán que se presentan en la Feria de Fránkfurt han pasado unos siglos y muchos más avatares históricos. Para bastantes de esos profesionales la tarea no empezó con el tradicional contrato de un editor. Fue una iniciativa aus eigener Kraft, por fuerza propia, surgida de la facinación por difundir esa piedra preciosa descubierta en una lengua comparativamente minoritaria.






Suplemento "Culturas", La Vanguardia, "Ante el reto de Fránkfurt", octubre de 2007

Heike, la primeriza


La rudeza piranaica de Barbal desde el lago Constanza

Gemma Casadevall

Heike Nottebaum (Bochum, Alemania, 1961) se sabe una primeriza en el microcosmos de los traductores. En nómina tiene un sólo libro, „Pedra de Tartera“, de Maria Barbal, publicado por una editorial modesta berlinesa, Transit –„Wie ein Stein im Geröll“-. „Una pequeña maravilla“, dice, que la pasada primavera se convirtió en aperitivo del impulso que Frankfurt debe dar a los autores catalanes. Durante unas diez semanas, esta novela de algo más de cien páginas estuvo en la lista de los veinte títulos más vendidos de „Der Spiegel“.
„Como tantas cosas de la vida, empezó por una serie de coincidencias, amistades“, explica, desde su casa en Constanza y junto a su esposo y tándem en la aventura, Pere Joan Tous. Un mallorquín llegado a Alemania en 1973 –„un día después del atentado contra Carrera Blanco“, recuerda- y entretanto profesor de Literaturas Románicas, especialidad Hispánicas, en la Universidad de esa ciudad.
Licenciada en Bochum y profesora de literatura española, su relación con el catalán es a través de su esposo y colega, con quien preparó un seminario sobre el antisemitismo español, luego convertido en el libro „El olivo y la espada“. El contrato para trasladar al alemán el mundo pirenaico de Barbal le vino también, indirectamente, a través de él.
„Cossima, su hija, hacía unas prácticas en Transit y me dijo que buscaban algo nuevo, fuera de lo común. Yo había leído a Barbal, quería traducirla, había buscado un editor. Sin éxito. Empecé a traducirla, mandé unos capítulos y les gustó“.
Una „feroz recomendación“, en palabras de Heike en el programa „Lesen!“ –„Lean“- de Elke Heidenreich, en la televisión pública alemana, fue su catapulta. „Algo así como lo que pasó con el libro de Zafón (Carlos Ruiz), que se convirtió en éxito gracias a Joschka Fischer…“.
„Pedra de Tartera“ no alcanzó el carácter de best-seller de „La sombra del viento“ y Heidenreich no tiene el magnetismo del entonces ministro alemán de Exteriores, durante años el político más popular del país. Pero el libro de Barbal, con edición y prólogo de Tous, fue el pequeño milagro editorial de la temporada. „Necesitaba ese arranque. Si no, un libro así desaparece“, resume Tous.
Nottebaum empleó en su traducción un año. „Aparentemente es un mundo muy lejano, luego ves que no lo es tanto. Refleja los grandes temas de la humanidad. Amor, vida, muerte“. El gran reto era trasladar el dialecto del Pallars que usa Barbal al alemán. „No busqué equivalencias. Lo importante era dar con el tono, transferir la voz narrativa de Conxa, esa mujer tan sencilla del Pallars, tan poco acostumbrada a verbalizar sus sentimientos“.
Nottebaum se confiesa novata y reconoce que su catalán es „pasivo“ –no se lanza a hablarlo ni en familia, en Mallorca-. También admite lo que otros traductores rechazan: cuando todo falla recurre a la versión en castellano o francés –„aunque sea para decir: no, eso no lo veo así“-. Está trabajando en otro Barbal, „País íntim“ que le llevará otro año. „Yo necesito mi tiempo“, defiende.
 

La gran dama



Rodoreda, en pijama y entre dinosaurios

Gemma Casadevall

 
En su casa de Romanyà sólo había una cama, pero me preparó un gran sofá. Nos pusimos a mirar la tele. Era una película de dinosaurios. Me dijo: ponte la camisa de dormir y te traigo algo de fruta. Acabamos riéndonos como bobas, en pijama, entre dinosaurios, volcanes y terremotos“. Angelika Maass (Sonneberg, Alemania, 1952) recuerda su noche con Mercé Rodoreda en un paisaje distinto del lugar donde la autora escribió sus últimas obras. Orquídeas, una sala de estar forrada de estaterías blancas –„sólo de Goethe tengo 12 metros de estantería“, dice- y una espléndida vista sobre el lago dominan su entorno en Kilchberg, en las afueras de Zúrich.
Hasta hace cinco años vivía como una estudiante, en un piso del centro. Un palacio sin calefacción, pero con un gran terrado para mis flores“, cuenta. Tiene en sus manos las galeradas de „Quanta, quanta guerra“ –„Weil Krieg ist“-. Uno de los libros de Rodoreda que Suhrkamp ha preparado para Frankfurt. „Por supuesto iré encantada. Si encuentro quien me cuide al gato“.
Doctorada en 1981 con una tesis sobre Azorín, Maass acumula premios por sus traducciones de Rodoreda –„Viatges i Flors“, „Mirall trencat“, „La meva Cristina“, „Aloma“, „La mort i la primavera“, todas en Suhrkamp-, el más reciente el Batista i Roca de 2004. Es la gran dama de la traducción, una afición vocacional en ella, paralela a sus actividades como redactora de cultura del diario „Landbote“ –Winterthur-, poeta, conferenciante y prolonguista.
Su relación con el catalán empezó a finales de los 70 con Antoni Pous, poeta, colaborador de otro entusiasta hispanista, Johannes Hösle, y traductor de Walter Benjamin y Paul Celan. Pous impartía entonces clases de catalán en Tubingia, sur de Alemania.
A una amiga mía le gustaba Pous, quería traérselo a Zúrich, pero necesitaba cómplices para completar el mínimo de estudiantes necesarios para una hora semanal de catalán“. Ella estudiaba entonces Hispanísticas no quería hacer francés antiguo y aceptó. Se formó el „grupito exótico“ de „una docena de estudiantes fascinados, todos y todas, por Pous“, cuenta. Cada clase de catalán, los miércoles por la tarde, acababa en cena. Un día cayó en sus manos „Mirall trencat“. „Me entusiasmé y sentí que yo tenía que hacer llegar ese libro al lector en alemán“.
Terminada su carrera entre Zúrich y Madrid, donde completó asignaturas de literatura castellana, catalana, alemana y persa, además de filosofía, fue en busca de un editor. Había visto que Suhrkamp tenía en catálogo „La plaça del Diamant“ y escribió a Siegfried Unseld. „Le preguntaba si tenía intención de traducir otros libros de Rodoreda y le decía que a Rodoreda debía traducirla una mujer. O sea, yo. Qué osadía, entonces“. La primera respuesta fue un cortés no. Unas semanas después le llegó un gran sobre con un manuscrito, „Viatges i flors“.
Por entonces no había aún un diccionario catalán-alemán, había muchas palabras que no entendía y escribí a Rodoreda. Me contestó: haz lo que te dé la gana. Algunas palabras están mal escritas, otras son nombres de plantas de aquí“. Así lo hizo. „Viatges i flors“ apareció en Suhrkamp en 1981 como „Reise ins Land der verlorenen Mädchen“ –“Viaje al país de las muchachas perdidas“-. Luego vino el resto y también la visita a la autora. „Era una mujer adusta. Primero me habló en francés. Quería mantener las distancias, el catalán era algo demasiado íntimo para compartir conmigo“. Del francés se pasó luego al catalán y los dinosaurios desataron las risas en Romanyà.

La profesional


Del Hitler que vió Xammar a la inmensidad de Jaume Cabré

Gemma Casadevall

Kirsten Brandt (Friedberg, Alemania, 1963) recuerda desde su oficina en Offenbach, junto a Frankfurt, los tiempos nada remotos en que „vendía“ autores catalanes en la Feria del Libro. “Te presentabas, decías, mira qué libro, represento a Quaderns Crema y además soy traductora del catalán. Ni caso.“. Ahora tiene sobre la mesa cinco títulos –Josep Pla, Carme Riera, Emili Rosales, Jaume Cabré y Eugeni Xammar-, cinco traducciones hechas en los últimos dos años y a punto para el gran escaparate del mundo editorial.
„El que me hace más ilusión es Xammar. Es mi apuesta personal. Llevaba años buscándole un editor, tratando de convencerles de que es un libro que tienen que leer los alemanes. Y aquí está incluida la entrevista que hizo con Pla a Hitler de 1923. Impresionante, pone los pelos de punta. En la primera frase te das cuenta del delirio nazi. Está todo ahí“, explica.
Xammar era entonces corresponsal de medios españoles en Alemania. En „L’ou de la serp“ estan contenidas las crónicas que ahora se publican en alemán –„Das Schlangenei“, Berenberg. Brandt ha tenido que  „retraducir al alemán la voz de Hitler captada por Xammar“.
De otro escritor y periodista, Josep Pla, tiene traducido „El carrer estret“ –„Enge Straße, Amman-. „Es un caso muy distinto, no se trata ya de hechos reales, sino de puro lenguaje, como siempre es Pla, en novela o fuera de ella“.
Cinco autores, en cinco editoriales distintas sintetiza para ella el „boom“ de las traducciones  al alemán disparado en Frankfurt. Completan la lista „L’estiu de l’anglès“, de Carme Riera  –„Der englische Sommer“, Ullstein- „un libro ligero, con el que me divertí y me desangrasé mucho“; „La ciutat invisible“, de Emili Rosales –„Tiepolo und die Unsichtbare Stadt“, Piper–donde „lo más complejo fue trasladar su tono histórico, marcar la dualidad del lenguaje entre los siglos XVIII y XIX-. Y, finalmente „Les veus del Panamo“, de Jaume Cabré –„Die Stimmen des Flusses“, Insel.
„Tienen que estar muy convencidos de que va a funcionar para lanzarse con un libro de 700 páginas, como si fuera un Günter Grass“, explica. Traducir esa novela „inmensa, no sólo en número de páginas“, fue agotador, hasta un punto que „no llegué a calibrar“. „Es una novela sinfónica, con muchas voces, que deben trasladarse diferenciadas al alemán“.
Brandt vive de su oficio de traductora. Su primera opción fue el portugués y para ello se fue a Lisboa, en 1989. „Estaba en una cena, con estudiantes chinos y de repente me enteré que había caído el Muro de Berlín. No podía creerlo, no entendía nada… Y esa noche conocí a Jordi, un catalán, a quien le conté que necesitaba un billete para volver a casa. Me dijo: voy contigo“.
Jordi no le dijo sólo eso. También le explicó que lo mejor era estudiar primero catalán, porque el español ya lo aprendería solo. „Tenía razón, aunque tan fácil no fue. El español no vino, sino que lo estudié en la Escuela de Idiomas“.
Con Jordi pasaron cuatro años en Hamburgo, siguieron otros siete en Barcelona y el regreso a Alemania, a Offenbach, donde además de la oficina tiene a Jordi y a sus hijos, Anna, de cuatro años, y Marc, de tres.
„Vamos a ver qué nos dejará esta Feria. Como dice mi colega Petra Zickmann, sólo con los encargos que hemos rechazado estos dos años, por falta de tiempo, habríamos vivido otros tres… Veremos si se mantendrá un ritmo o si tendremos que recurrir a otro idioma. En 2010 el país invitado es Argentina…“. 

Fritz, punto y aparte

Depredador por amor a la poesía

Gemma Casadevall

Soy como un depredador. Traduzco para apropiarme de lo que me fascina, lo descifro y lo hago mío“. Fritz Vogelgsang (Stuttgart, 1930) se plantea desde su balcón de Xiva de Morella (Castellón) traducir ahora a Ausias March, recién editados sus tres tomos del „Tirant lo Blanc“ y otros tres de la obra poética de Salvador Espriu. Le gusta sentarse en su balcón para dar descanso a sus retinas „agotadas de lírica“ y para controlar a los cuervos que anidan en los acantilados de un pueblo „de menos de 20 habitantes estables“, dice. Ahí relee a Ausias, consciente de que le faltará tiempo para culminar su propósito. „El Tirant me llevó tres años, Espriu ni lo sé…“
Xiva de Morella es su paisaje de elección –reside medio año ahí, el resto en Markgröningen, entre la Selva Negra y Stuttgart -, como lo son cada uno de los poetas que ha traducido del español, del catalán o incluso el japonés. Iba para maestro, pero lo dejó ya en los años 50, más tarde dejó asimismo su puesto de redactor, en Stuttgart, para convertirse en lector de editoriales y traductor.
Empecé a traducir fascinado por la gran lírica española que encontré en la Biblioteca Nacional de Madrid. He ido aprendiendo el idioma de aquellos poetas de quienes quería apropiarme“. Una poco común trayectoria profesional, que le llevó a aprender japonés –„en clases privadísimas, unos cuantos años“- hasta que llegó a traducir a Ogai Mori. Modestamente admite que su relación con ese idioma fue „episódica“. El catalán en cambio se convirtió en algo de por vida, ya que al leer a Espriu le vino la „necesidad“ de descrifrar „el catalán más maravilloso que existe“.
La nómina de autores de cuya fuerza poética se ha apropiado impacta. Arranca en 1953 de Pedro Salinas, luego vinieron Juan Ramón Jiménez, Gustavo Adolfo Béquer, Octavio Paz, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Antonio Machado, Luis de Góngora y Fernando de Rojas. Entre las distinciones recibidas está el Premio Nacional de la Traducción de Autores Españoles, en 1984, y el Premi de Literatura Catalana de la Generalitat, en 1985.
Espriu le hizo acreedor de ese galardón con un tomo que incluía „El caminant i el mur“, „Final del laberint“ y „La pell de brau“, para Piper. Cinco años después, en 1990 se editó en alemán su primer tomo del „Tirant“. Ahora, diecisiete años más tarde, sigue la versión completa de la obra de Joanot Martorell, en tres tomos de Fischer Verlag de lujo „como no los hay en ninguna edición catalana“. A riesgo de dejarse la retina, completó asimismo sus tres tomos de la obra poética de Espriu, editada por Ammann.
Individualista, autodidacta y „paleolítico radical“, se define Vogelgsang, quien por no querer no quiere ni que se grabe la conversación –„el bolígrafo basta“-. Escribe a mano lo que traduce, pasa luego a máquina los textos –„tacho del contratos la palabra ‚entrega a disquette’ y pongo ‚mecanografiado’“- y, para desesperación de sus editores en la casa donde vive, duerme y escribe tampoco hay teléfono. „Tenemos uno en la casa vieja de Xiva, la primera que compramos cuando descubrimos este lugar. A veces vamos a ver qué hay en el contestador“, explica Gudrum, su esposa desde 1959, con la que tiene cinco hijos, entre ellos Tillman, alfarero y uno de los veinte habitantes fijos de Xiva, a ocho kilómetros de enrevesada carretera hasta Morella.
Dar con él no es fácil, porque cuando está enfrascado en el trabajo no se deja interrumpir. Pero cuando se consigue compensa la dificultad inicial con una amabilidad que desborda. Su regalo al visitante es recitar en catalán y luego en su alemán de depredador de poemas sus versos preferidos de Espriu, con la voz profunda de un Günter Grass de la traducción.
Dice que no le gusta ser fotografiado. Pero si se le toca la fibra asegurándole que es fotogénico posa cortesmente en su balcón con vistas a los cuervos.