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martes, 10 de marzo de 2026

El apagón de nunca acabar


Merz defiende que el adiós de Alemania a la energía nuclear es "irreversible"



El canciller alemán, Friedrich Merz. / CHRISTOPHE GATEAU / DPA / EUROPA PRESS
 Gemma Casadevall     Berlín10 MAR 2026 

Alemania, país que cerró sus últimas plantas nucleares en 2023, no se plantea un retorno a esa tecnología, por mucho que la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, califique de "error estratégico" su reducción en Europa. "Es irreversible", afirmó el canciller Friedrich Merz, pese a aclarar que personalmente comparte la posición de la jefa del Ejecutivo comunitario.

El apagón nuclear se consumó en Alemania tras una prórroga de unos pocos meses a las últimas plantas y pese a la crisis energética precipitada por la invasión rusa de Ucrania. No se puede revertir esa decisión, añadió el canciller, sino que hay que "mejorar nuestra política energética y interconectividad" a escala europea, añadió.

El abandono definitivo de esa fuente de energía está contemplado en el pacto de coalición suscrito entre el bloque conservador de Merz y sus socios socialdemócratas. Mientras el canciller respondía con estos argumentos al debate abierto en la cumbre de la Energía Nuclear en París, su ministro de Medio Ambiente, el socialdemócrata Carsten Schneider, expresaba su absoluta disconformidad con los planteamientos de Von der Leyen, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merz. La energía nuclear es "de alto riesgo", dijo. Pretender invertir en nuevos reactores saldría muy caro al contribuyente, añadió. La energía solar y la eólica son más baratas, impulsan la transición energética y no generan basura radioactiva, según Schneider.

El abandono de la energía nuclear en Alemania tuvo varias idas y venidas por cuestiones económicas y políticas. El primer plan para el cierre de las plantas atómicas se pactó en 2002 entre los consorcios del sector y la coalición roji-verde de Gerhard Schröder. La conservadora Angela Merkel alargó los plazos marcados por su antecesor en 2010, con los liberales como socios. Bajo el impacto de la catástrofe de la planta japonesa de Fukushima, la propia Merkel aceleró de nuevo el calendario de cierres. En abril de 2023, con el gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz con verdes y liberales como aliados, se desconectaron los tres últimos reactores.

domingo, 1 de marzo de 2026

Fratelli

"Merzoni", la sombra de un eje germano-italiano sobre la UE



Friedrich Merz y Giorgia Meloni, en Roma. / ROBERTO MONALDO / AP




 Gemma Casadevall    Berlín01 MAR 2026 



¿Se impondrá un "Merzoni" capaz de tomarle el relevo al eje franco-alemán? Por el término "Merzoni" se entiende una alianza entre el canciller alemán, Friedrich Merz, y la jefa del Gobierno italiano, Giorgia Meloni. La sintonía personal entre ambos se plasmó en la cumbre germano-italiana celebrada a principios de año en Roma, a la que siguió un documento conjunto preparatorio para la siguiente cumbre de la UE. Es esta una práctica que hasta ahora se reservaba al eje París-Berlín, con el propósito de acudir con posiciones consensuadas ante el resto de líderes.

Es sabido que Merz y Emmanuel Macron no acaban de conectar, pese a sus socorridos pronunciamientos sobre la solidez de su motor europeo. El eje quedó ya bastante maltrecho en los tres años al frente del Gobierno alemán del socialdemócrata Olaf Scholz. El conservador Merz no ha logrado darle nuevo ímpetu en el año transcurrido desde su victoria electoral, en febrero de 2025. El disenso en torno al caza europeo de sexta generación (FCAS, por sus siglas en inglés), en que están implicados Francia, Alemania y España, pesa sobre la relación bilateral. El proyecto arrancó en 2017, con Angela Merkel en el poder, e incluye, además del avión, un sistema de drones interconectados. El deseo del grupo armamentístico francés Dassault de hacerse con el control del 80% del proyecto -y no del 30 % inicialmente pactado- mantiene en suspenso este proyecto estrella para la defensa europea.

La base del eje franco-alemán es el Tratado del Elíseo, firmado en 1963 entre Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, puntal de la reconciliación entre dos países vecinos que llevaban siglos combatiéndose. Se mantuvo entre líderes a menudo de familias políticas distintas, con tándems como el que formaron el socialista François Mitterrand y el conservador Helmut Kohl. Legendarios fueron los que formó Angela Merkel con cuatro presidentes franceses -Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy, François Hollande y Macron- Cuesta creer que ese motor europeo pueda quedar desplazado por una alianza entre la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido fundado por Adenauer, y los Fratelli d’Italia de Meloni, un partido postfascista.

Al margen de referencias históricas, el actual canciller parece atraído por una Meloni que ha roto la dinámica de los gobiernos efímeros italianos. Lleva tres años y medio en el poder y los sondeos apuntan a su reelección para 2027. A Macron le queda previsiblemente un año y medio en la presidencia.

El frágil cortafuegos alemán

A los Fratelli de Meloni y la CDU de Merz les une el pragmatismo de sus respectivos líderes. "Merz juega con fuego", explica a EL PERIÓDICO Franco Delle Donne, analista político de la Universidad Libre de Berlín y autor del libro 'Epidemia Ultra' (Península), donde analiza las corrientes ultraderechistas europeas y del resto del mundo. Acercarse a Meloni es peligroso para la CDU. Supone "abrir la puerta a algo que no le conviene", explica. Sería normalizar la relación con un partido postfascista, lo que no concuerda con el propósito de sostener a escala nacional el "brandmauer", o cortafuegos en alemán. Este cordón sanitario ha mantenido aislada a Alternativa para Alemania (AfD), la segunda fuerza política en el país desde los comicios de 2025 y la corriente más radical de la ultraderecha europea.

Dejar que cuaje esa alianza no solo es peligroso para la política interna alemana. Además "abriría el camino a la cohesión entre los conservadores y los ultras en el Parlamento europeo", advierte Darío Azzellini, investigador de la Universidad de Duisburg-Essen. Se reforzaría la mano tendida a Meloni por la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y apuntalaría "el discurso antiinmigración y xenófobo" dentro del bloque comunitario, prosigue este investigador. Von der Leyen comparte con su compatriota Merz no solo la militancia en la CDU, sino también la cercanía personal hacia Meloni.

En juego está, añade Delle Donne, una "erosión del estado de Derecho" similar a la emprendida en Hungría por el ultranacionalista Víktor Orbán. En Italia se han producido ya cambios en el poder judicial para dar más peso al poder ejecutivo, por encima del legislativo. El discurso de Meloni se ha moderado desde que alcanzó el poder. Pero lo que cuenta "no son los discursos, sino las políticas" que aplica, explica el analista, sea en forma de una política migratoria aún más restrictiva, los ataques a los colectivos LGTBIQ+ o el no al aborto.

"Alemania ha estado muy callada frente a la política errática de Donald Trump. Meloni es, entre los líderes de los grandes países europeos, la que más firme sintonía exhibe con el presidente estadounidense", advierte Azzellini. Merz respondió a la llamada de Dinamarca a reforzar la presencia militar en Groenlandia, ante a los propósitos de Trump de hacerse con la isla ártica, territorio autónomo danés. En cambio, ni siquiera el afán expansionista del líder de la Casa Blanca contra otro aliado de la OTAN han apartado a Meloni de su sumisión a Trump.

¿Resistirá el viejo efe franco-alemán?

Merz dejó claro en la pasada Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC) su fidelidad a la relación transatlántica. Es un pilar de la política alemana desde el fin de la II Guerra Mundial, pero abogó por reducir su relación de dependencia. "El orden mundial unipolar ha terminado y el liderazgo de EEUU está siendo desafiado (…) Nuestra tarea, como europeos y como alemanes, es reconocer esa realidad, reforzar Europa", afirmó ante la MSC. A la presente edición acudió como representante de EEUU su secretario de Estado, Marco Rubio. Su tono fue más moderado que el empleado un año atrás por el vicepresidente JD Vance, aunque los contenidos no han variado. Estados Unidos sigue contando con sus "mejores aliados", los europeos. Pero aspira a que estos compartan su rumbo en política migratoria, climática y social, dijo Rubio.

Merz exhibió en Múnich, una vez más, cohesión con Macron. Y confirmó que había entablado con el presidente francés "conversaciones sobre la disuasión nuclear europea", algo que, dijo, "ha llegado el momento de refundar".

Meloni y Merz comparten objetivos como la desburocratización, por ser un lastre para la actividad económica para dos países industrializados. También comparten la determinación de seguir apoyando a Ucrania y su compromiso inquebrantable con Israel, los que han llevado al extremo de esquivar tanto como han podido toda condena a la devastadora ofensiva en Gaza.
Disuasión nuclear

Pero si hay algo en lo que Roma no puede relevar a París es en la disuasión nuclear. Francia es la única potencia atómica de la UE desde que Reino Unido abandonó el bloque comunitario. Macron lleva desde 2020 ofreciendo a Alemania extender su "paraguas". Tanto la conservadora Angela Merkel como el socialdemócrata Olaf Scholz rehuyeron esa pretensión. Merz, en cambio, lo ve como relevante en el propósito de reducir su dependencia defensiva europea respecto a Estados Unidos.

Se estima que en territorio comunitario hay un centenar de bombas atómicas estadounidenses, parte de ellas en la base de Büchel, en el oeste de Alemania. Lo que actualmente se discute entre París y Berlín es cómo reforzar el brazo atómico europeo.

Macron esgrime su papel como única potencia atómica de la UE. Merz insiste en que su propósito es dotar a su país “del mayor ejército convencional de Europa”, pero descarta traspasar la línea roja del armamento nuclear propio.



















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miércoles, 25 de junio de 2025

Keir atómico

R. Unido dotará a sus fuerzas aéreas de capacidad nuclear con F-35A estadounidenses



El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer / Europa Press/Contacto/Beata Zawrzel
Gemma Casadevall   La Haya25 JUN 2025 

El Reino Unido, país comprometido con el objetivo de elevar al 5% del PIB el gasto en defensa, se dotará de 12 cazas F-35A susceptibles de llevar armamento nuclear, lo que supone el mayor refuerzo en su condición de potencia atómica "en décadas". El primer ministro británico, Keir Starmer, se avanzó al inicio de la primera sesión plenaria de la cumbre de la OTAN de La Haya y anunció, vía comunicado, esta decisión, que vincula a las necesidades defensivas crecientes precipitadas por la invasión rusa de Ucrania.
Los cazas quedarán estacionados en la base de las Fuerzas Aéreas británicas, las RAF, en Marham, Inglaterra. Los F-35A están capacitados para llevar tanto armamento nuclear como convencional. Será la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que este país europeo dota a sus fuerzas aéreas con armamento calificado de disuasión nuclear.
"En tiempos de incertidumbre, no se puede dar por sentada la paz y mi Gobierno invierte en seguridad", afirmó Starmer. En su comunicado, se insiste en que el Reino Unido sigue siendo un país comprometido con "el objetivo de un mundo sin armas nucleares" y con el Tratado de No Proliferación.
Cada uno de estos cazas costará unos 80 millones de dólares, o 70 millones de euros. Su adquisición se inscribe en el paquete ya anunciado para la compra de 138 F-35. La diferencia es que solo el modelo de F-35A es susceptible de llevar armas atómicas.

Rearme europeo

El Reino Unido y Francia son las dos únicas potencias con armamento atómico propio de la Europa occidental. Hasta ahora, por parte británica esta componente nuclear se reservaba a sus submarinos con el sistema Trident, de fabricación asimismo estadounidense.
En lo que compete a los cazas F-35A, Londres asegura que en su producción participarán empresas británicas, como BAE Systems, Rolls Royce y Honeywell, y que proporcionará unos 20.000 puestos de trabajo.
Starmer acude a la cumbre de la OTAN desde su posición de país comprometido con el objetivo de elevar el gasto en defensa al 5%, de acuerdo a los deseos del presidente estadounidense, Donald Trump. Desde su condición de líder de un país extracomunitario, Starmer ha formado una especie de terceto impulsor del rearme europeo junto con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz.

domingo, 23 de marzo de 2025

El "Nein, Danke" bajo Merz


Alemania y un apagón nuclear casi irreversible



Friedrich Merz. / Michael Kappeler/dpa
 Gemma Casadevall, Berlín23 MAR 2025

Alemania desconectó sus últimas tres plantas nucleares en abril de 2023. Nada apunta a que el apagón sea reversible. El previsiblemente próximo canciller, el conservador Friedrich Merz, sí incluyó en la campaña que le llevó a la victoria electoral un capítulo que abogaba por ‘replantearse’ el abandono de esa fuente de energía. La opción más realista es la energía atómica de cuarta o quinta generación, los llamados ‘Small Modular Reactors’ (SMR).

Pero el mismo Merz ha admitido como ‘improbable’ a medio plazo tanto dotarse de SMR como reactivar los reactores desconectados. Las últimas entre las 37 plantas atómicas que llegó a tener Alemania están esperando su desmantelamiento. Como el propio Merz reconoce, apagar o encender un reactor no es como darle al interruptor de la lamparita del escritorio. Es casi tan costoso como desmantelarlo y puede llevar años hacerlo.

Las trabas son técnicas y políticas. Merz negocia un pacto de gobierno con los socialdemócratas, cuyo programa electoral da por sellado el apagón. Son muchas las aristas a limar entre los futuros socios, especialmente en política social y migratoria. Merz no luchará por algo que incluso los consorcios energéticos dan por zanjado. Cada uno de los vaivenes o giros de prioridades de las sucesivas coaliciones ha generado costes millonarios e inversiones truncadas.

Tal vez sí plantee Merz es una moratoria para el desmantelamiento de las plantas ya inactivas. Hoy por hoy, su único aliado posible es la socialdemocracia, el partido del canciller saliente Olaf Scholz, convertido en tercera fuerza. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que quedó en segunda posición y que sí reclama el regreso a la energía nuclear, está descartada como aliada.

Un adiós en zigzag

El camino hasta el apagón de 2023 fue largo y convulso. El primer tramo se marcó en 2002. El entonces canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, al frente de una coalición con los Verdes, pactó con la industria el cierre progresivo de todas las plantas del país hasta 2022. Su sucesora, Angela Merkel, desbarató el plan en dos rondas. En 2009, impulsada por sus socios liberales, decidió prolongar la vida de las más centrales más modernas; cuatro años después, bajo la conmoción de la catástrofe nuclear de Fukushima, la misma Merkel recuperó la agenda acelerada. A Scholz, con el verde Habeck como vicecanciller, le correspondía echar el cierre.

A punto estuvo de sufrir un último revés en su tramo final. La crisis energética precipitada por la invasión de Ucrania desencadenó las presiones sobre el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Scholz para replantearse el abandono. Los liberales insistían en la necesidad de ‘diversificar’ las fuentes de energía y no renunciar a la atómica.

Los ecologistas se cuadraron. El histórico lema verde del ‘Atomkraft? Nein, Danke!’ –‘¿Energía atómica? No, gracias’- no iba a sufrir más demoras. Hubo un duro pulso entre el ministro de Energía y vicecanciller, el verde Robert Habeck, y el titular de Finanzas, el liberal Christian Lindner. Scholz lo saldó con una prórroga de unos pocos meses. Habeck intensificó en ese lapso la búsqueda de recambios, en un país fuertemente dependiente de los suministros rusos, interrumpidos primero por las sanciones a Moscú e impracticables luego por los sabotajes que inutilizaron el gasoducto Nord Stream.

Encima, media Europa se abrazaba a la energía atómica. No solo Francia, que la consideran irrenunciable. También en Suecia y Finlandia, así como en Polonia y resto del este y centro europeo se extendió un renacido amor por las nucleares.

El papel del carbón en la transición verde

Alemania no se bajó del ‘Nein, Danke’. En el año del apagón, las centrales atómicas solo proporcionaban el 6,4% del total del consumo eléctrico alemán. Pero sus defensores reclamaban su mantenimiento como ‘reserva’. La batalla por las nucleares fue uno de los muchos capítulos en la confrontación entre Habeck y Lindner en la fallida legislatura de Scholz. Habeck tuvo que ralentizar el desarrollo de las renovables en aras de la disciplina presupuestaria. Y, más grave aún, tuvo que bendecir la activación de explotaciones de carbón para garantizar el suministro energético. Pero, paso a paso, Alemania ha avanzado hacia el objetivo marcado para las renovables.

En los 16 años con Merkel en el poder, las renovables parecían atascadas. Su porcentaje en el conjunto del consumo eléctrico de Alemania no subía del 35%. En 2021, el primer año de Scholz en la cancillería, se llegó al 42%. Para 2024 se alcanzó el 61%. El objetivo es situarse en el 80% para 2030. De este porcentaje alcanzado, un 32,5% es energía eólica; un 13,8%, fotovoltaica; un 6,5%, biogás; un 4,7% es energía hidráulica y un 3%, otros. El resto de consumo se realiza a través de energías convencionales: 22,5% carbón, 14,9% gas y 3,2% otros, según las cifras de 2024 de Destatis, la Oficina Federal de Estadística.

Merz tal vez no replantee el apagón. Pero sí deberá buscar una solución para la 300.000 metros cúbicos de basura radioactiva que ha generado la energía atómica en sus seis décadas de uso civil en Alemania. Entre los flecos que dejaron las sucesivas coaliciones de gobierno está la construcción de un cementerio nuclear definitivo donde trasladar los residuos almacenados en depósitos provisionales. La decisión debe adoptarse en la legislatura que ahora empieza. El féretro nuclear deberá estar listo para 2050.

martes, 10 de octubre de 2023

Esto no lo arregla ni un Franzbrötchen



Macron y Scholz buscan un consenso energético para restablecer su maltrecho eje





Emmanuel Macron y Olaf Scholz, este martes, durante su encuentro en Hamburgo. /GREGOR FISCHER / POOL / EFE

Gemma Casadevall

Los líderes de Alemania y de Francia, Olaf Scholz y Emmanuel Macron, escenificaron desde Hamburgo el restablecimiento del eje franco-alemán, motor tradicional europeo, tras meses de disenso más o menos abierto en materia energética.

"Nos proponemos tener hacia finales de mes un acuerdo que es necesario y con el que estamos comprometidos", afirmó el presidente francés, tras explicar Scholz que los equipos de ambos gobiernos están trabajando juntos en esa dirección. En la búsqueda de ese acuerdo se han concentrado los esfuerzos de las consultas intergubernamentales abiertas el lunes por los ejecutivos de ambos países, con asistencia de sus respectivos ministros y líderes.

La consonancia entre Francia y Alemania es el puntal de toda solución europea, señaló el canciller. Para el diseño del mercado energético europeo es "fundamental" que ambos países "actúen aunados", señaló por su parte el presidente francés.


Las buenas intenciones expresas de ambos líderes centraron una comparecencia ante los medios, marcada por los ataques de Hamás y las declaraciones de apoyo incondicional a Israel -apuntalados en una declaración conjunta con Estados Unidos, Italia y Reino Unido suscrita tras una videoconferencia la noche anterior-.

Disenso sobre las nucleares

Sin embargo, las preguntas de los medios se dirigieron preferentemente al disenso público y prolongado en el eje París-Berlín, cuyo exponente más flagrante fue el aplazamiento hace unos meses de las consultas intergubernamentales, ahora recuperadas.

Francia ha dejado claro que no se apartará de su apuesta por las nucleares, puntal energético del país, mientras que Alemania -que en plena crisis energética selló su abandono de esa fuente de energía- cuestiona que pueda reconocérsele el mismo rango que a las renovables en el objetivo compartido de la descarbonización.

Hamburgo, patria política de Scholz, fue el escenario elegido para anunciar esos avances que, según ambos líderes, "están al alcance de la mano". Había cierto compromiso de repartir sonrisas y mostrar cordialidad, incluida degustación del típico 'Franzbrötchen' hamburgués, un bollo de mantequilla, azúcar y canela que recuerda lejanamente al croissant francés.

No hubo la cercanía espontánea que caracterizaba los encuentros bilaterales en tiempos de la cancillera Angela Merkel. Tampoco se esperaba, puesto que no encajan en el talante de Scholz, lo que suele atribuirse al carácter frío y más o menos reconocible como propio de todo hamburgués.

Alerta contra la ultraderecha

La otra cuestión sobre la cita de Hamburgo, en este caso reservada a la política alemana, fue el ascenso de la ultraderecha confirmado el pasado fin de semana con las elecciones regionales en Baviera y en Hesse, dos estados federados del sur y el oeste del país, respectivamente. Los pronósticos apuntaban en ambos 'Länder' a un rotundo triunfo conservador -que lideraban ya los respectivos gobiernos- y un revés para el tripartito de Scholz entre socialdemócratas, liberales y verdes.

Se cumplieron con creces tanto los pronósticos negativos para el canciller como la victoria conservadora y, finalmente, el auge de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que ascendió a segunda fuerza en Hesse, con un 18%, su máximo en el oeste del país, mientras que en Baviera superó el 14%. "Los votos a un partido ultraderechista en Alemania son preocupantes. No hay duda alguna de cuáles son sus propósitos y de que sus posiciones no son acordes con la libertad, la democracia y la justicia social", sentenció Scholz. Tampoco con los principios de la UE o con la seguridad de Alemania, añadió el canciller, quien considera necesario "defender a la democracia" del empuje de estas formaciones. Macron y Scholz coincidieron en señalar la necesidad de combatir la inmigración ilegal, cuyas cifras ascendentes dan alas al discurso ultraderechista. "Alemania sigue recibiendo cifras récord de peticionarios de asilo. Demasiadas para el país", zanjó Scholz.

sábado, 10 de junio de 2023

La caldera de Habeck

 Les set plagues d’Els Verds


“A Espa­nya patei­xen sequera extrema, al Canadà hi ha uns incen­dis fores­tals esfereïdors i la tem­pe­ra­tura del mar és massa alta: el canvi climàtic és entre nosal­tres i ha arri­bat amb tota la fúria”, sosté Katrin Göring-Eckardt, històrica d’Els Verds ale­manys i vice­pre­si­denta pel seu par­tit al Bun­des­tag, el Par­la­ment fede­ral.

“Estar car­re­gats de raó o haver estat els pri­mers a aler­tar d’una crisi glo­bal com la climàtica no dona vots. Vivim un moment en què tri­om­fen les res­pos­tes apa­rent­ment fàcils a pro­ble­mes que no ho són. I això és exac­ta­ment el que mai no han repre­sen­tat Els Verds”, asse­nyala per la seva banda Flo­rian Schikowski, his­to­ri­a­dor del Cen­tre d’Inves­ti­ga­ci­ons Leib­niz, de Pots­dam.

Tant Göring-Eckardt com l’his­to­ri­a­dor seran els prin­ci­pals ora­dors d’un debat com­me­mo­ra­tiu dels 30 anys de la fusió entre Els Verds –el com­ba­tiu par­tit eco­lo­gista nas­cut el 1980 entorn de figu­res com Petra Kelly– i el Bündnis 90, o Aliança 90, l’equi­va­lent sor­git a l’Ale­ma­nya comu­nista i con­so­li­dat amb la cai­guda del mur ber­linès. Hau­ria de ser un motiu de cele­bració. Però Els Verds no estan per a fes­tes, sinó en una de les seves fases de reflexió tor­tu­rant.

De motor del tri­par­tit amb el soci­al­demòcrata Olaf Scholz i el Par­tit Libe­ral (FDP) com a ter­cer soci han pas­sat a la cai­guda lliure en els son­de­jos. Fa apro­xi­ma­da­ment un any lide­ra­ven les enques­tes d’intenció de vot, men­tre que ara estan per sota, no només de l’opo­sició con­ser­va­dora –que seria la força més votada, si hi hagués ara elec­ci­ons gene­rals– sinó també de la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per a Ale­ma­nya (AfD), en segon lloc i empa­tada amb els soci­al­demòcra­tes de Scholz.

No és el pri­mer cop que topen amb la rea­li­tat de la gestió de govern. La seva ante­rior –i única– experiència va ser com a ali­ats del soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder (1998-2005). Una experiència que va aca­bar abrup­ta­ment, amb l’avançament elec­to­ral pre­ci­pi­tat per un can­ce­ller des­gas­tat en només set anys. Eren els temps en què el pragmàtic Joschka Fisc­her, com a minis­tre d’Afers Estran­gers, es va haver d’enfron­tar a la indig­nació interna, entre altres coses, per haver beneït la pri­mera inter­venció de l’exèrcit ale­many en una missió de l’OTAN, el 1999, a Kosova.

Són mol­tes les raons d’aquesta nova crisi i mol­tes les con­tra­dic­ci­ons inter­nes acu­mu­la­des, algu­nes amb cate­go­ria de traïció a les essències del par­tit i victòria del rea­lisme. A la llista de mesu­res con­si­de­ra­des asse­nya­des però que afec­ten els interes­sos i recur­sos de mili­ons d’ale­manys –com ara la subs­ti­tució de la cale­facció de gas o petroli per les equi­va­lents d’ener­gies reno­va­bles– s’han afe­git un seguit de nome­na­ments d’amics o parents al Minis­teri d’Eco­no­mia i Pro­tecció del Clima.

Robert Habeck, el seu titu­lar i vice­can­ce­ller de Scholz, ha pas­sat de ser el polític més ben valo­rat del país a ser l’objec­tiu pri­o­ri­tari de les por­ta­des més viru­len­tes de Bild, el diari sen­sa­ci­o­na­lista que segueix una línia sem­blant a la de l’AfD. “A Els Verds no se’ls per­dona res. No hi ha com­passió amb un par­tit que es diu la veu de la consciència”, explica el politòleg Hajo Funke, de la Uni­ver­si­tat Lliure de Berlín i expert en la ultra­dreta. “És més fàcil fer caure en el descrèdit una figura del «par­tit de les pro­hi­bi­ci­ons» que un radi­cal de l’AfD”, hi afe­geix.

El “par­tit de les pro­hi­bi­ci­ons” tant Bild com la ultra­dreta ente­nen que són Els Verds, mal­grat que fins ara no han acon­se­guit fer rea­li­tat un dels cavalls de bata­lla, la implan­tació d’un límit de velo­ci­tat a les auto­pis­tes ale­ma­nyes, mal­grat que la majo­ria dels ciu­ta­dans hi donen suport.

Els Verds no estan en el millor moment i l’acte dels 30 anys de la fusió amb els com­panys de l’Est, pro­gra­mat per la Fun­dació Hein­rich Böll per al dia 14 que ve, serà més aviat un motiu per recor­dar “les mol­tes cri­sis que hem pas­sat”, reco­neix Göring-Eckardt.

La vice­pre­si­denta del Bun­des­tag, nas­cuda a l’Est comu­nista fa 57 anys, repre­senta el sec­tor con­ser­va­dor del par­tit i té forts vin­cles amb l’Església –va ser mem­bre del sínode de l’Església evangèlica ale­ma­nya entre el 2009 i el 2013.

Va ser una de les par­tidàries de la incor­po­ració d’Ucraïna a la Unió Euro­pea (UE) des d’abans de l’inici de la invasió russa, i també, dins del par­tit, una de les defen­so­res dels sub­mi­nis­tra­ments d’armes a Kíiv. És aquesta la línia domi­nant entre un par­tit nas­cut com a paci­fista, com­par­tida tant per Habeck com per la minis­tra d’Afers Estran­gers, Anna­lena Baer­bock.

“El 24 de febrer ens vam des­per­tar en un altre món”, va dir Baer­bock res­pecte a aquell matí del 2022 quan dels “indi­cis” d’una agressió immi­nent es va pas­sar a la seva mate­ri­a­lit­zació. Aquell matí va des­fer­mar-se sobre els ucraïnesos una tragèdia que encara con­ti­nua. La guerra tor­nava a Europa. A Ale­ma­nya feia tres mesos que havia assu­mit el poder un govern jove, lide­rat per Scholz i amb Els Verds i els libe­rals com a socis. La pri­o­ri­tat del tri­par­tit havia de ser enge­gar la tran­sició cap a una ener­gia verda que els suc­ces­sius governs d’Angela Merkel –el dar­rer dels quals, amb Scholz com a titu­lar de Finan­ces– havia dei­xat apar­cada.

A Habeck li va cor­res­pon­dre inde­pen­dit­zar Ale­ma­nya en un temps rècord dels sub­mi­nis­tra­ments de gas, petroli i carbó rus­sos, sense con­dem­nar el ciu­tadà a pelar-se de fred a l’hivern. Va haver-hi gas per a tot­hom, però molt més car. I a canvi d’inver­tir en ter­mi­nals de gas natu­ral liquat (GNL), de bus­car recan­vis amb països indi­ge­ri­bles, inclòs Qatar, o de recórrer a subs­ti­tuts com el carbó.

Apa­gada nuclear endar­re­rida

Habeck va encai­xar, a més, un ajor­na­ment de tres mesos en l’apa­gada nuclear, una qüestió exis­ten­cial per a Els Verds impul­sada en temps de Schröder. A l’abril, van apa­gar-se final­ment les tres últi­mes plan­tes atòmiques. Però imme­di­a­ta­ment va caure sobre Habeck un altre xàfec: el pro­jecte de llei que pro­hi­birà ins­tal·lar noves cal­de­res de gas o petroli a par­tir del 2024. Es tracta d’una peça del pla per a la subs­ti­tució de la cale­facció d’ener­gia fòssil, d’acord amb el pla de la Comissió Euro­pea, que ha posat en peu de guerra pro­pi­e­ta­ris i llo­ga­ters. Sobre­tot la gent més gran, que tem veure’s obli­gada a una forta inversió, si la vella cal­dera diu prou.

Els libe­rals han blo­que­jat el pro­jecte de Habeck. El minis­tre arros­sega un via­cru­cis per­so­nal, entre els atacs de Bild o AfD i els dels socis libe­rals. I, a més, és l’encar­re­gat de ges­ti­o­nar l’ano­me­nada recessió tècnica. La pri­mera eco­no­mia de la zona euro va tan­car el 2022 amb una con­tracció del seu pro­ducte inte­rior brut (PIB), una situ­ació que s’ha repe­tit en el pri­mer tri­mes­tre d’aquest 2023.

A totes aques­tes pla­gues se suma ara la de la reforma de l’asil euro­pea, quan els popu­lis­mes dre­tans lide­ren o apun­ta­len cada cop més governs, des d’Itàlia fins a Suècia o Finlàndia.

“Jo tam­poc no com­par­teixo alguns plan­te­ja­ments. Però vivim en una Europa molt hete­rogènia i hem de tan­car una assig­na­tura pen­dent, com és una política d’asil comuna euro­pea”, deia la minis­tra Baer­bock enmig de la revolta interna gene­rada pel propòsit de regu­lar les sol·lici­tuds d’asil a les fron­te­res exte­ri­ors de la UE. És a dir, de no dei­xar entrar al bloc qui no tin­gui pers­pec­ti­ves reals de poder que­dar-s’hi.

Carta de rebuig

Uns dos-cents càrrecs d’Els Verds han expres­sat per carta a la cúpula del par­tit el rebuig a aquesta política d’asil. Un cop més sor­geix la pre­gunta de si petarà el par­tit de Petra Kelly, Joschka Fisc­her o d’Anna­lena Baer­bock i Robert Habeck o si encai­xarà una altra dosi de rea­lisme, o de traïció a les essències, com a soci de govern.

miércoles, 19 de abril de 2023

Ende gut

 Alemanya completa el "nein, danke" atòmic



El símbol de l’“Atomk­raft? Nein, Danke!” –“Ener­gia atòmica? No, gràcies”– que va mobi­lit­zar suc­ces­si­ves gene­ra­ci­ons de la família eco­lo­gista euro­pea, no només l’ale­ma­nya, va arri­bar dis­sabte a l’objec­tiu mar­cat: la des­con­nexió de les tres últi­mes plan­tes que que­den en un país, que des dels anys sei­xanta ha tin­gut 37 reac­tors, inclo­sos els dos que va ins­tal·lar al seu ter­ri­tori la República Democràtica Ale­ma­nya (RDA), l’Ale­ma­nya comu­nista. Ha estat un camí llarg i amb unes quan­tes sotra­ga­des, que acaba en un moment en què bona part d’Europa aposta per l’ener­gia nuclear.Els fran­ce­sos la defen­sen com a irre­nun­ci­a­ble i argu­men­ten, fins i tot, que sense aquesta font no es com­pli­ran els objec­tius de reducció de les emis­si­ons de CO2. Val a dir, però, que el grau de dependència nuclear fran­cesa no és com­pa­ra­ble amb la dels ale­manys: França té 19 cen­trals i 56 reac­tors, que pro­por­ci­o­nen un 80 % del con­sum elèctric del país; les tres últi­mes plan­tes ale­ma­nyes només en pro­por­ci­o­na­ven el 2022 un 6,4 %. Per a França, l’ener­gia atòmica és una mena de senyal d’iden­ti­tat i garan­tia d’inde­pendència energètica.

Dependència de Rússia


Ale­ma­nya, fins a la invasió d’Ucraïna, tenia una relació de dependència del gas que rebia de Rússia. A la guerra d’agressió de Mos­cou sobre Kíiv Berlín hi va res­pon­dre amb una reducció dràstica d’aquesta dependència. No ho va fer només per con­vicció, sinó forçat per la decisió del govern de Mos­cou de tan­car els sub­mi­nis­tra­ment que envi­ava pel gaso­ducte Nord-Stream que, al damunt, va que­dar inu­ti­lit­zat pels sabo­tat­ges d’auto­ria no acla­rida.

Berlín podria haver seguit la dinàmica d’altres socis, com Suècia, que han fet marxa enrere en el seu adeu a l’ener­gia atòmica. També Finlàndia està en ple “retro­ba­ment” amb les cen­trals nucle­ars, en les seves ver­si­ons més segu­res i tècni­ca­ment per­fec­ci­o­na­des. Els dos països nòrdics no han de témer els pro­ble­mes deri­vats de la sequera que l’estiu pas­sat va obli­gar els fran­ce­sos a dei­xar en sus­pens la mei­tat de les seves cen­trals, amb els rius secs i sense pos­si­bi­li­tats de pro­ce­dir a la refri­ge­ració dels seus reac­tors. Polònia, per la seva banda, es pre­para per ingres­sar al grup dels països amb cen­trals atòmiques.

El comiat ale­many a l’ener­gia nuclear és un adeu con­tra cor­rent. Pro­ba­ble­ment una altra cons­tel·lació de govern dife­rent de l’actual –el tri­par­tit del soci­al­demòcrata Olaf Scholz amb els verds i els libe­rals– hau­ria fet que Ale­ma­nya també s’ho replan­tegés. La presència dels verds en la coa­lició ha fet que es man­tingués l’essència del calen­dari amb una única pròrroga de tres mesos i mig, adop­tada per decisió per­so­nal de Scholz, sense comp­tar amb els socis, la tar­dor pas­sada. En aquells moments, hi havia una tensió extrema entre el minis­tre d’Eco­no­mia i Pro­tecció del Clima, el verd Robert Habeck, i el de Finan­ces, el libe­ral Chris­tian Lind­ner. El pri­mer defen­sava man­te­nir el 31 de desem­bre de 2022 com a data per a l’apa­gada de les últi­mes tres cen­trals nucle­ars. El libe­ral insis­tia, com l’opo­sició con­ser­va­dora, que s’havien de dei­xar ni que fos en situ­ació de reserva. Aler­tava que es podien pro­duir pro­ble­mes de sub­mi­nis­tra­ment en un hivern sense gas rus per escal­far el país més poblat de la Unió Euro­pea (UE), amb més de 82 mili­ons d’habi­tants.

Decisió de Scholz

Olaf Scholz va actuar en soli­tari i va anun­ciar la pròrroga fins al 15 d’abril. Habeck ho va aca­tar, men­tre Lind­ner con­ti­nu­ava remu­gant –com encara fa– que quin mal hi ha a dei­xar tres cen­trals de reserva.

Pels Verds, la defensa del calen­dari de l’apa­gada era més que una qüestió de tos­su­de­ria. El par­tit eco­lo­gista ha hagut d’encai­xar mol­tes renúncies durant aquest any i escaig de crisi energètica. Habeck ha hagut de bus­car alter­na­ti­ves cares al gas pro­ce­dent de Rússia i, un pecat encara més greu per al seu par­tit, ha hagut de tor­nar a acti­var explo­ta­ci­ons de carbó per garan­tir el sub­mi­nis­tra­ment d’ener­gia a tot el país. És a dir, Ale­ma­nya con­ti­nua inver­tint en ener­gia fòssil i alta­ment con­ta­mi­nant, en espera del ple desen­vo­lu­pa­ment de les reno­va­bles.

Reno­va­bles enca­lla­des

En els setze anys al poder d’Angela Merkel, les reno­va­bles no aca­ba­ven d’enge­gar –esta­ven enca­lla­des en un 35 % del total del con­sum elèctric–. Amb Scholz a la can­ce­lle­ria ale­ma­nya, i Habeck com a vice­can­ce­ller, es va arri­bar al 42% –el 2021– i es va con­ti­nuar pujant al 46,5% -–el 2022–. L’objec­tiu del tri­par­tit és que les reno­va­bles arri­bin al 80% d’aquí a l’any 2030.

Ter­mini assu­mi­ble

La pròrroga dels tres mesos i mig era un preu assu­mi­ble pels verds ale­manys. El pla per a l’adeu a aquesta font d’ener­gia ha estat objecte d’unes quan­tes vari­a­ci­ons des que, el 2002, l’ales­ho­res govern del soci­aldèmocrata Ger­hard Schröder amb els verds pac­tes­sin amb la indústria el tan­ca­ment pro­gres­siu de totes les cen­trals. L’última s’havia de des­con­nec­tar el 2022. Amb el govern de la demo­cris­ti­ana Angela Merkel van venir dues vari­a­ci­ons en dos anys de diferència. El 2009, en for­mar coa­lició amb els libe­rals, la can­ce­llera va deci­dir per­llon­gar la vida de les cen­trals més moder­nes –n’hi havia dis­set en actiu–. Qua­tre dies després de la catàstrofe nuclear de Fukus­hima se’n va des­dir per recu­pe­rar el pla ori­gi­nal. De cop va que­dar palès que una catàstrofe de con­seqüències incon­tro­la­bles no només pot pas­sar en llocs com Txernòbil el 1986 sinó també en un país alta­ment tec­ni­fi­cat com el Japó, el 2011.

Hipo­teca gene­ra­ci­o­nal

Les cen­trals nucle­ars han gene­rat ener­gia durant una sei­xan­tena d’anys, però dei­xen una hipo­teca per a 30.000 gene­ra­ci­ons, argu­menta una altra minis­tra verda de Scholz, la de Medi Ambi­ent, Steffi Lemke. Els resi­dus atòmics han de que­dar enter­rats durant un període d’un milió d’anys, segons la nor­ma­tiva vigent. I Ale­ma­nya no té un cemen­tiri defi­ni­tiu. Entre els resi­dus acu­mu­lats fins ara per les cen­trals ja des­con­nec­ta­des i els pro­ce­dents de les tres últi­mes hi ha uns 300.000 metres cúbics de dei­xa­lla alta­ment radi­o­ac­tiva.

La qüestió d’on enter­rar-los és una gran assig­na­tura pen­dent. El dipòsit tem­po­ral de Gor­le­ben, al cen­tre del país, ha estat esce­nari de bata­lles cam­pals entre mani­fes­tants i poli­cia sem­pre que s’hi han trans­por­tat con­te­ni­dors de resi­dus pro­ces­sats a França o el Regne Unit.

L’àmbit polític ale­many està com­promès a deci­dir-ne un destí final abans de l’any 2030 i de tenir-lo a punt per rebre les dei­xa­lles el 2050. El “Nein, Danke!” serà motiu de cele­bració en el movi­ment anti­nu­clear ale­many. Però queda per resol­dre la bata­lla per les dei­xa­lles atòmiques.

viernes, 14 de abril de 2023

Na, endlich


La razón o la sinrazón del apagón nuclear “contracorriente”


Marina Ferrer


“Este sábado se apagan los tres últimos reactores. Es la victoria de 50 años de lucha. Y que no nos vengan con dejarlos en reserva: un reactor no se apaga o enciende dándole al interruptor, es un proceso mucho más complicado. Los 60 años de uso de esa energía dejan una hipoteca de basura atómica para las próximas 30.000 generaciones”. Helge Bauer, del colectivo “Ausgestrahlt. Gemeinsam gegen Atomenergie” --”Radioactivado. Juntos contra la energía atómica”--, resume así para El Periódico sus sensaciones y también temores ante el apagón final, este 15 de abril. Sensación de victoria, por un lado. Y temor ante las voces que una moratoria para una fuente de energía que están reactivando países avanzados como Suecia. Su alusión a las 30.000 generaciones remite al millón de años que deben quedar enterrados los residuos dejados por las 37 centrales atómicas que ha tenido Alemania en los 62 años de uso civil de esa fuente de energía.

“El apagón nuclear ahora es una cabezonería de los Verdes. Han preferido reactivar explotaciones de carbón, una energía fósil que hace inviable el cumplimiento del objetivo de reducción de emisiones de CO2. El apagón no es sensato, mientras no se consiga un desarrollo suficiente de las energías renovables. El 15 de abril es un día negro en la lucha contra el cambio climático”. El exministro de Sanidad, Jens Spahn, eterno aspirante a liderar a los conservadores alemanes, sintetizaba así estos días ante medios alemanes o extranjeros el parecer de quienes, habiendo compartido en otros tiempos el objetivo del apagón, consideran que es éste el peor momento posible para consumarlo.

Para Bauer, que se declara “activista antinuclear, desde que tengo uso de razón”, el término seguridad no es aplicable a ninguna central atómica. En caso de accidente, la catástrofe “escapa a todo control”. Se remite no solo a Chernobyl, la central ucraniana bajo estándares soviéticos cuya explosión en 1986 desató todas las alarmas. Japón, un país altamente tecnificado, vivió su propia catástrofe en 2011, en Fukushima. “Europa está ahora en guerra y nadie puede desconocer la vulnerabilidad de otra central ucraniana, Zaporiyia, ocupada por los rusos”, prosigue el activista.


Diversificación desnuclearizada

“La seguridad energética no puede darse por garantizada. Los Verdes insisten en el término diversificación, tras el periodo de la dependencia energética rusa que afortunadamente hemos dejado atrás. Pero rechazan el uso de una energía limpia y prefieren dotar a Alemania de una terminal de GNL tras otra, además de seguir explotando el carbón”, añade Spahn. El exministro intentó repetidamente alcanzar la jefatura de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido que Angela Merkel dirigió durante 18 años, para ver como finalmente se alzó con el puesto su líder actual, Friedrich Merz, representante como él mismo del ala más derechista del partido.

El activista Bauer recuerda que la energía atómica proporcionaba en esa fase final apenas un 6 % del consumo eléctrico del país. Y que la propia Alemania exportó electricidad a Francia el año pasado, en medio de la sequía que paralizó la mitad de las centrales atómicas francesas. Reprocha a los Verdes, el partido del ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, sus “concesiones” en el último tramo hacia el apagón -o incluso traiciones, en opinión del activismo climático más radical--. Los Verdes, socios del canciller socialdemócrata Olaf Scholz, han incurrido en sucesivas contradicciones internas. En parte, obligados por el tercer socio, el Partido Liberal (FDP) del ministro de Finanzas, Christian Lindner; pero en parte, como representantes de la vía pragmática del ecologismo. Frente a las críticas a la reactivación de explotaciones carboníferas en reserva, mantienen el calendario de adiós al carbón para 2030 --o, a más tardar 2038--. Prometen a avanzar en el desarrollo de las renovables, que en 2022 proporcionaban un 46 % del consumo y para 2030 deben llegar al 80 %, según los objetivos reconocidos por el tripartito de Scholz.

Malos tiempos para el apagón


Que el apagón nuclear se produce en un mal momento se refleja en la opinión pública. Si durante décadas hubo consenso sobre el adiós a esa fuente de energía, ahora un 59 % de la población se pronuncia en contra del apagón, según un sondeo de la televisión pública ARD. Los precios disparados de la factura eléctrica son la principal preocupación de los ciudadanos.

En 2002, cuando el gobierno del socialdemócrata Gerhard Schröder, con los Verdes como aliados, pactó con la industria el apagón nuclear progresivo, la gran familia ecologista europea celebró como un hito la decisión política de la primera economía europea. Ahora Alemania va contra corriente. No solo respecto al vecino francés, con 19 plantas o 56 reactores. Si no también respecto a Suecia, cuyo gobierno de centro-derecho revirtió el calendario del adiós para plantear la construcción de nuevas centrales. Finlandia planifica asimismo con la energía atómica como para cumplir con los objetivos climáticos. Y Polonia tiene en programa construir sus primeras plantas.

“Ir contra corriente no es estar equivocado”, sostiene el activista Bauer. La desconexión este sábado de las tres últimas centrales no es el fin de su lucha. Alemania tiene aún que decidir qué hace con los 120.000 metros cúbicos de residuos atómicos, de alta o media radioctividad, que sumados a los de las últimas plantas desactivadas o los materiales de las que están en proceso desmantelamiento suponen 300.000 metros cúbicos. Hasta 2030 tiene que decidir dónde construye su cementerio definitivo. Otra gran asignatura pendiente de sucesivos gobiernos.


Fechas clave hasta el adiós a la energía nuclear:


1961 Entra en servicio en Baviera la primera central nuclear de la República Federal de Alemania (RFA). En paralelo la República Democrática Alemana (RDA) construye la primera en su territorio.

1975 Surgen las primeras protestas en el sur del país, que se extenderán al resto de la RFA.

1986 La explosión del cuarto reactor de Chernobyl, en Ucrania, convierte en masivas las protestas antinucleares. Las autoridades de la RFA ordenan mediciones de la nube tóxica que alcanza su territorio, mientras las de RDA sentencian que no hay peligro para la salud de la población.

1990 Con la reunificación alemana y la absorción del territorio de la RDA en el de la RFA se sella el fin de las plantas atómicas en la Alemania comunista, consideradas inseguras.

2002 El gobierno roji-verde de Gerhard Schröder pacta con la industria el cierre progresivo de las centrales atómicas. Las últimas deberán desconectarse en 2022.

2010 La canciller conservadora Angela Merkel decide con sus socios liberales ampliar los plazos de actividad de las centrales más modernas, aunque mantiene el objetivo del cierre.

2011 Bajo la conmoción de la catástrofe de Fushima, Merkel ordena el cierre en tres meses de las centrales más antiguas y recupera la fecha del 2022 para el apagón definitivo.

2022 En medio de la crisis energética precipitada por la guerra en Ucrania, el canciller socialdemócrata Olaf Scholz decide una prórroga de tres meses y medio para la desconexión de las tres últimas plantas, inicialmente prevista para el 31 de diciembre.


2023 El 15 de abril se desconectan las tres últimas plantas: Isar 2, en Baviera (sur), Neckar 2 en Baden Württemberg (sur) y Emsland en Baja Sajonia (centro).

lunes, 10 de abril de 2023

El "nein" verde



Los Verdes alemanes celebran como “irreversible” el inminente apagón nuclear

Marina Ferrer


Los Verdes alemanes dan por garantizado el suministro energético tras el apagón nuclear, que se consumará el próximo sábado con tres meses y medio de retraso sobre lo previsto, pero que será irreversible, según el ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck. “La construcción de nuevas centrales han devenido fracasos económicos. Sea en Francia, en Reino Unido o en Finlandia”, aseguró el ministro, en declaraciones al grupo mediático “Funke”.

A Habeck, de los Verdes y con rango de vicecanciller en el gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz, le correspondió encajar el aplazamiento hasta el próximo 15 de abril de la desconexión de las últimas tres plantas. Fue difícil, para el representante de un partido identificado desde tiempos fundacionales con el lema “Atomkraft? Nein, Danke!” -”¿Energía nuclear? No, gracias!”. Han sido varios los cambios de calendario vividos desde que en 2002, bajo la coalición del socialdemócrata Gerhard Schröder con los verdes, se pactó con la industria energética el adiós a la energía nuclear. Entonces se decidió que la última planta se desconectaría el 2022. Pero en 2009, la coalición entre la conservadora Angela Merkel y los liberales aprobó plazos más largos; la propia Merkel se desdijo de ese plan para volver a 2022 como fecha para el adiós, bajo el impacto de la catástrofe de Fukushima. La entonces canciller, doctora de Ciencias Físicas, reconoció de pronto que la energía nuclear no es segura, ni siquiera en un país como Japón y con los parámetros más estrictos de seguridad. Los Verdes venían sosteniéndolo desde hacía décadas.

“Los riesgos de la energía atómica son incontrolables”, aseguró hace unas semanas Steffi Lemke, ministra de Medioambiente y representante de los Verdes, como Habeck. Alemania dejará atrás esta fuente de energía formalmente el próximo sábado, tras un último movimiento en la agenda prevista derivado de la crisis energética precipitada por la invasión de Ucrania. En otoño pasado, Scholz hizo uso de sus competencias especiales para decidir sin consensuarlo con sus socios que la desconexión no sería el 31 de diciembre de 2022, sino el 15 de abril siguiente. Fue una solución de compromiso. Los Verdes rechazaban la prórroga mientras que el tercer socio, los liberales, planteaban alargar la vida de las centrales al menos hasta 2024.

La desconexión final representará un triunfo para el ecologismo alemán, aunque Lemke ha advertido de la siguiente asignatura pendiente: de acuerdo con la ley alemana para el tratamiento de los residuos, la basura radioactiva dejada por las 35 plantas atómicas que ha tenido el país debe conservarse bajo tierra y con las máximas garantías de seguridad por un millón de años. Son unos 300.000 metros cúbicos, entre las que duermen en depósitos provisionales y las que siguen en las centrales ya apagadas. El gobierno y el Parlamento están emplazados a decidir hasta 2030 dónde se construye el cementerio definitivo. El debate se promete tan complejo como lo han sido todos los que han envuelto el apagón nuclear alemán.

Por lo pronto Habeck asegura que la seguridad energética está asegurada. Alemania ha roto a ritmo acelerado con la dependencia energética de Rusia. Tiene los depósitos de gas a los niveles precisos para esta época del año y conseguido asimismo en tiempo récord las terminales de GNL de las que no disponía hasta 2022 para la transición a la energía verde. El objetivo, recuerda Habeck, es que para 2030 un 80 % del consumo proceda de las renovables. El reverso de la medalla es que, a medio plazo, la factura energética seguirá siendo cara, admite el ministro.

lunes, 3 de enero de 2022

Nein, danke

 



Alemania entra en el irreversible apagón nuclear
Joana Serra
Alemania entró en 2022 bajo el síndrome del próximo -e irreversible- apagón nuclear y la evidencia de que, a la espera del desarrollo de las renovables, sigue supeditada al carbón. Según los planes del tripartito del canciller Olaf Scholz, las renovables representarán para el 2030 el 80 % de la matriz eléctrica alemana.  
Quedan ocho años hasta ese objetivo, a lo que se suma que sigue en suspenso la licencia alemana para que fluya el gas ruso a través de Nord-Stream II. Es decir, el gasoducto ya terminado que, según la ministra de Exteriores alemana, la verde Annalena Baerbock, no puede entrar "por el momento" en servicio por razones de seguridad y por no adaptarse a la regulación europea.
Tres de las seis últimas centrales nucleares alemanas quedaron desactivadas el 31 de diciembre; las restantes lo harán en lo que queda de año, de acuerdo a la hoja de ruta marcada en 2011, en la segunda legislatura de Angela Merkel.
Hay que recordar que esa decisión se adoptó bajo el impacto de la catástrofe de Fukushima. La propia Merkel había ralentizado el apagón en el inicio de ése, su segundo mandato, entonces con los liberales como aliados.
Tras la sacudida de la planta atómica japonesa, la canciller recuperó y aceleró un acuerdo "heredado" de su antecesor, el socialdemócrata Gerhard Schröder. Al llegar éste al poder, en 1998, con los Verdes como aliados, incluyó en su pacto de coalición el adiós gradual la energía atómica.
Tres años más tarde, en 2001, el objetivo quedó plasmado en el pacto con la industria energética. Se contemplaba entonces un horizonte de hasta 32 años para el cierre de la última central.
Merkel asumió esa hoja de ruta al convertirse en canciller con los socialdemócratas como aliados, en 2005; luego alargó los plazos en su segundo mandato con los liberales, para terminar acortándolos de nuevo tras la catástrofe de Fukushima.
El trayecto en zigzag del apagón afectó la transición hacia las renovables. Cuando Schröder y los verdes pactaron su adiós atómico, esa fuente suministraba un 30 % del total del consumo energético alemán, mientras que el 52 % provenía del carbón y el 8 % de las renovables.
Ahora la energía atómica representa el 12,5 %, mientras que las renovables rondan el 50 %. Se ha invertido el reparto. Pero sigue sin ser suficiente para garantizar el suministro, habida cuenta que, además del apagón nuclear, se acordó el adiós al carbón.
Los planes del último gobierno de Merkel establecieron la fecha del 2038 como plazo para el adiós al carbón. El actual tripartito se propone acelerarlo, lo que precisará inversiones de miles de millones en la "revolución industrial" hacia una energía verde.
El desarrollo de las renovables, principalmente energía eólica o solar, debe cambiarle la cara a Alemania. Es uno de los puntales del pacto suscrito por el socialdemócrata Olaf Scholz con los Verdes y con los liberales -el partido identificado con los intereses del ámbito económico-.
Responder al reto corresponde en primera línea a los Verdes, de nuevo socio de un gobierno federal tras los 16 años en el poder de Merkel, sea en gran coalición o alianza con los liberales.
Vuelven a las funciones gubernamentales en un momento decisivo. De acuerdo a la hoja de ruta, el 31 de diciembre salieron de la red la central de Grohnde (centro), la de Brockdorf (norte) y Grundremmingen (suroeste). Para cuando termine 2022 lo habrán hecho las de Neckarshaim 2, Isar 2 y Gundremingen C (sur).
Alemania será la primera potencia europea sin energía atómica, una fuente irrenunciable para Francia, mientras que Finlandia ha activado su quinto reactor nuclear, el más potente de Europa.
París defiende que es una energía imprescindible para cumplir los objetivos de reducción de emisiones. Berlín, que no suele contrariar a su socio en casi nada, recuerda el lastre inextinguible que dejan sus residuos y el alto riesgo que entrañan su transporte y plantas.
"El abandono de la energía atómica es irreversible", afirmó estos días la ministra de Medioambiente, la verde Steffi Lemke. Su correligionario, el vicecanciller y superministro de Economía y el Clima, Robert Habeck, admitía por otro lado que Alemania de momento no podrá cumplir los objetivos de reducción de emisiones -como también admitió en su momento Merkel-.
El problema no es tanto el reducto del 6 % que depende aún de las últimas centrales atómicas, sino que las renovables no han obtenido el desarrollo necesario para substituir al carbón. Al superministro Habeck, líder de los Verdes, le corresponde buscar remedios. De antemano ha advertido no ocurrirá en dos o tres años, sino que se precisarán al menos dos legislaturas.