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sábado, 14 de marzo de 2026

Querido filósofo


Adiós a Habermas, el último gran filósofo e instancia moral de Alemania



Muere el filósofo alemán Jürgen Habermas a los 96 años / SIMELA PANTZARTZI
 Gemma Casadevall     Berlín14 MAR 2026 

El filósofo y sociólogo Jürgen Habermas, el intelectual más influyente de Alemania, murió este sábado a los 96 años en Starnberg, la ciudad de Baviera a orillas del hermoso lago del mismo nombre. Ha sido un pensador de amplísimo recorrido, que abordó desde las revueltas estudiantiles del mayo del 68 a prácticamente todos los debates públicos abiertos en su país y el resto del mundo occidental, sean los atentados del 11 de septiembre contra EEUU o la influencia de las nuevas tecnologías en el comportamiento humano. Desarrolló conceptos como el democracia deliberativa y alertó contra el capitalismo desaforado.
A escala académica, probablemente sea el filósofo que más tesis doctorales ha generado, directa o indirectamente relacionadas con su 'Teoría de la acción comunicativa' y 'Conocimiento e Interés', sus obras más destacadas. A escala del hombre de la calle, ha sido lo que en Alemania se define como "pensador crítico", capaz de incidir en todo aquello que preocupa o sacude al mundo.
Ha ganado prácticamente todos los galardones existentes en su disciplina, incluido el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003 o el John J. Kluge de 2015, considerado el Nobel oficioso de Filosofía. Dos años antes, al recibir en su país la llamada Copa de la Sensatez o Premio Cívico de Kassel, alertó sobre la obligación de todo estado de derecho democrático de obrar con la máxima transparencia, incluido en el trabajo de los servicios secretos. Aludía con ello al escándalo desatado entonces por las labores de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad, la NSA en Estados Unidos.
Su capacidad de análisis y de intervenir en el ámbito público es comparable al que tuvieron en Alemania y hasta prácticamente su muerte los escritores Günter Grass y Hans Magnus Enzensberger, fallecidos en 2015 y 2022, respectivamente. La noticia de su muerte, confirmada por su editor de Suhrkamp, se produce en un momento en que en Alemania se percibe una sensación de "orfandad" en cuando a instancias morales. "Para todos nosotros, la fuerza intelectual y la liberalidad de Habermas eran insustituibles. Sus palabras eran a la vez un referente y un desafío. Echaremos de menos su voz", escribió el canciller Friedrich Merz, en un mensaje de condolencia.

Del Mayo del 68 al "fascismo izquierdista"

Nacido en 1929 en Düsseldorf, en el oeste de Alemania, a Habermas se le relaciona sobre todo con la última generación de la escuela de Frankfurt de Theodor W. Adorno, con quien trabajó a partir de 1956 en su emblemático Instituto de Investigaciones Sociológicas. Dos años antes se había doctorado en la Universidad de Bonn, por entonces la capital federal de Alemania.
A su época de Frankfurt se debe su papel como precursor de los movimientos estudiantiles que generaron las revueltas del Mayo de 1968. Se distanció del uso de la violencia e incluso habló de "fascismo izquierdista", lo que le valió críticas entre quienes habían sido sus correligionarios del círculo de Rudi Dutschke, el carismático líder de las revueltas víctima de un atentado en mayo del 68, cuyas secuelas le provocaron la muerte en 1979.

Analista de los traumas alemanes o de la IA

En los más de 50 libros que ha escrito se ha confrontado con los grandes traumas nacionales, desde el pasado nacionalsocialista alemán a la partición del país entre las cuatro potencias aliadas que derrotaron al Tercer Reich o su división en dos mitades -la occidental República Federal de Alemania (RFA) y la comunista República Democrática Alemana (RDA)-. Con la caída del Muro de Berlín, en 1989, y el fin de la Guerra Fría se confrontó con la idea de un capitalismo dominante y surgido de una euforia peligrosa, que debía ser domesticado. Pero consideró también que no hay un horizonte político fuera del capitalismo, lo que no gustó ni a defensores del marxismo tradicional ni a otras corrientes izquierdistas.
“En el terrorismo se manifiesta el fatal choque entre dos mundos”, escribió, a propósito de los atentados del 11 de septiembre de 2011. Que ha seguido pensando e incidiendo en todo aquello que sacude a sus contemporáneos lo demuestra su negativa en 2025 a que Google se apropiara de su nombre para denominar como “Máquina de Habermas” una herramienta de IA. “No se puede delegar la resolución de conflictos humanos en una máquina”, alertó.

sábado, 13 de septiembre de 2025

Relicario rojo

Crónica desde Berlín: la atracción fatal por lo soviético



Monumento al Ejército soviético en el Tiergarten. / Gemma Casadevall 

Gemma Casadevall, Berlín13 SEPT 2025 

A nada debería temerle más Berlín que al largo brazo de Moscú. Sea el que representó bajo la Unión Soviética Josef Stalin o el actual de Vladímir Putin. ¿Qué hacen entonces esos viejos tanques soviéticos y demás reliquias repartidas por la capital alemana?, se preguntará el visitante de hoy ante, por ejemplo, el colosal Monumento al Ejército Soviético. Comparte distrito nada menos que con el Parlamento y la sede de la Cancillería, además de la emblemática Puerta de Brandeburgo. Algo menos céntrico, pero más imponente es el cementerio para unos 7.000 soldados del Ejército Rojo del parque de Treptow. O, ya en la periferia, la batería de tanques soviéticos que rodean el lugar donde se firmó la Capitulación del Tercer Reich, en Karlshorst.
La explicación es obviamente histórica. Fue el Ejército Rojo el que entró en Berlín, tras una batalla que arrancó el 16 de abril de 1945 y culminó 15 días después, cuando se izó la bandera de la hoz y el martillo sobre el Reichstag, la sede del Parlamento. Fueron 80.000 los soldados soviéticos caídos en la ‘liberación’ de Berlín del nazismo. Una batalla que dejó 600.000 viviendas destruidas por los aliados y apenas 2,8 millones de ciudadanos, la mitad de los que tuvo Berlín antes de iniciarse la contienda. El término ‘liberación’ fue durante décadas controvertido. A los estragos de la guerra siguieron décadas de traumática división, primero entre alambradas y luego cimentada con la construcción del Muro, la llamada ‘Franja de la Muerte’ que entre agosto de 1961 y noviembre de 1989 separó sus sectores occidentales del comunista.


No hay motivos racionales para desear la presencia de tanques soviéticos, reliquias o símbolos de la hoz y el martillo en el Berlín actual. Pero ahí están, a disposición del turista o del ciudadano, invitando a reflexionar sobre el pasado o a hacerse el ‘selfie’ del día.

No habían transcurrido ni seis meses desde el suicidio en su búnker de Adolf Hitler, el 30 de abril de 1945, o la firma de la Capitulación en Karlshorst, el 8 de mayo siguiente, cuando Berlín vivió un primer gran desfile de las tropas aliadas -Estados Unidos, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética-. Fue el 7 de septiembre, con la ya excapital del Reich repartida entre las cuatro potencias vencedoras. Dos meses más tarde, el 11 de noviembre, otra parada militar dio por inaugurada en la avenida que atraviesa el Tiergarten y hasta la Puerta de Brandeburgo el gran monumento a uno de esos cuatro ejércitos, el soviético. Que quedase emplazado en lo que fue el sector británico no impidió que fuera custodiado por soldados soviéticos. Durante la Guerra Fría re retiró esa custodia y se acordonó. Pero tras la reunificación germana quedó inmerso en el circuito turístico berlinés.

Cementerio de los soldados soviéticos en el parque Treptow / Gemma Casadevall

Lo preside la estatua de un soldado sobre su pedestal, con el brazo tendido en homenaje a los caídos en la batalla. “Gloria eterna a los héroes caídos en la lucha contra el fascismo alemán y por la libertad de la Unión Soviética”, reza el texto original, en ruso. Flanquean el conjunto dos blindados T-34/76, en servicio en la batalla de Berlín.
Lo que para algunos alemanes de hoy es una afrenta tiene garantizado ese espacio privilegiado en virtud del acuerdo suscrito entre Berlín y Moscú en diciembre de 1992, dos años después de la entrada en vigor del Tratado de Unidad alemán. La República Federal de Alemania (RFA) quedaba obligada a la protección y mantenimiento tanto de ese monumento, tanques e inscripciones como del conjunto de cementerios a soldados soviéticos caídos en la lucha contra el nazismo. Se estima que en toda Alemania hay unos 640.000 tumbas de ciudadanos soviéticos.

Treptow, el corazón de un silencioso parque

Menos céntrico, pero más impactante es el cementerio a los soldados soviéticos emplazado en el corazón de otro parque, el de Treptow. Ahí no hubo restricciones a las visitas. Quedó en el sector comunista y el régimen de la República Democrática Alemana (RDA) rindió año a año homenaje a los 7.000 soldados que se estima quedaron ahí enterrados, en representación de sus 80.000 caídos en Berlín. En cada aniversario de la Capitulación, el cementerio recibía procesiones institucionales o de veteranos en homenaje a sus héroes.
La imponente estatua de otro soldado ‘rojo’ de varias toneladas de peso, con un niño en brazos y atravesando con su espada una cruz gamada nazi, ejerce una atracción irrefrenable para la foto de recuerdo. Es un lugar hermoso, que arranca con otra estatua a la ‘Madre Patria” que llora a sus hijos muertos y discurre entre piezas de mármol supuestamente incautadas de lo que fue la cancillería de Hitler e inscripciones con frases de Stalin. El lugar invita al respeto incluso a quienes no sienten amor por lo soviético.
Fue construido entre 1946 y 1946, año fundacional de la RDA. Tras la reunificación fue escenario del desfile de retirada de las tropas rusas, presidido por el entonces canciller Helmut Kohl y el presidente ruso, Boris Yeltsin. Los tiempos han cambiado. Alemania y la Rusia actual ya no pueden rendir homenaje conjunto a sus muertos. Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, cada aniversario de la Capitulación nazi coloca a Treptow bajo vigilancia policial, ante amagos de provocadores desfiles de nacionalistas rusos afines a Putin.

Las baterías blindadas del extrarradio


Museo de la capitulación, en Karlshorst. / Gemma Casadevall

El auténtico ‘festín’ para los amantes de las reliquias militares está en Karlshorst, la villa del extrarradio donde la agónica Alemania nazi firmó su capitulación incondicional el 8 de mayo de 1945. Se recuerda en su interior el discurrir de la batalla por Berlín y los frentes que derrumbaron al nazismo: por el sur, entraban las tropas ucranianas del mariscal Ivan Konev, mientras por el noreste avanzaban las bielorrusas de Georgij Schukov. La partición de Alemania se había decidido ya en febrero en la Conferencia de Yalta. Quedaba a la gestión aliada el destino de unos 15 millones de prisioneros de guerra y soldados alemanes, más siete millones de ‘displaced persons’, supervivientes de campos de concentración y trabajadores forzosos del nazismo. Su destino, bajo tutela de los aliados occidentales o de los soviéticos, fue muy distinto.
Los documentos históricos y fotografías no llaman tanto la atención al visitante como la batería de tanques y blindados repartidos por el jardín que envuelve esa villa. Los efectivos, así como la descripción de cada uno de ellos, radio de operatividad y demás detalles, en ruso, son parte del legado museístico.

sábado, 13 de abril de 2024

De Lichterfelde a la eternidad

El ingenio de un hijo de granjeros originó el primer tranvía eléctrico del mundo

Se cumplen dos décadas del regreso del tranvía a Barcelona, y con motivo de este aniversario EL PERIÓDICO ha desplegado contenidos informativos en torno al impacto del emblemático transporte.




El primer tranvía eléctrico del mundo, en una imagen de 1881 en el barrio de Lichterfelde de Berlín. / SIEMENS HISTORICAL INSTITUTE
  Gemma Casadevall 

Probablemente, si Werner von Siemens viviera hoy, no tendría tiempo para inventar. Los dividendos y demás quebraderos de cabeza propios de un gigante industrial le absorberían demasiado tiempo, considera su biógrafo, Johannes Bahr. Pero el pionero, inventor y empresario alemán, nacido en diciembre de 1816 en un hogar de granjeros sin recursos con 14 hermanos, encontró la manera de estudiar alistándose en el Ejército prusiano para ingresar en la Academia de Artilleros. Experimentó sin miedo al fracaso y, ya con 30 años, fundó la Siemens & Halske junto a un socio, Johann Georg Halske. Era una compañía telegráfica con un taller mínimo de Berlín y un equipo de 10 personas, origen del gigante industrial Siemens.
De ahí surgió en 1866 la patente de la dinamo como sistema para generar electricidad de forma eficaz. También ahí se desarrolló el telégrafo de aguja a partir de una caja de puros y cuatro piezas más. La casa de los Siemens fue el primer domicilio privado con energía eléctrica. De los prodigios de tanto talento inventor surgió el que se considera primer tranvía eléctrico urbano.
Presentó su sensación, un prototipo que inicialmente tomaba la electricidad de los raíles, en la Exposición Industrial Mundial de Berlín de 1879. Empezaron a llegarle encargos de distintas partes del mundo alrededor de un sistema que finiquitaría los equivalentes con tracción animal --caballos-- o a vapor. A Werner von Siemens no le interesaba el éxito de un tramo experimental, sino revolucionar la movilidad urbana. Quería trasladar su idea al centro de Berlín con una red de tranvías. Pero las autoridades de entonces recelaron ante las molestias que podría acarrear al ciudadano, tanto durante las obras de construcción como por el trazado de esas vías cruzando la ciudad.


Werner von Siemens. / EL PERIÓDICO

La movilidad urbana nacida del extrarradio


El visionario inventor encontró su viabilidad en un barrio menos céntrico, por entonces casi en el extrarradio berlinés. Se le autorizó a plantar sus vías en un tramo de apenas 2,5 kilómetros desde la estación de Gross-Lichterfelde hasta el cuartel de cadetes a orillas del canal de Treptow. Por entonces Siemens & Halske era ya cosa de un solo patrón --Werner--. De los 10 empleados pasó a dar trabajo a más de 300 y se adjudicaba contratos como la red telegráfica rusa o la instalación del telégrafo entre Europa a la India. El tranvía del extrarradio tal vez tuvo un impacto económico menor frente a estas expansiones internacionales. Pero en cuestión de tres meses desde su entrada en servicio, el 12 de mayo de 1881, había transportado a 12.000 pasajeros.
Era un sistema eficiente y al servicio del trabajador, que unía Lichterfelde con otros barrios mal comunicados, como Steglitz y Mariendorf. El tranvía salía 12 veces al día entre las 6 de la mañana y las 11 de noche. Era gratis para los cadetes prusianos, en sus vagones se sentaban hasta 20 personas y cada ticket costaba, en su inicio, entre 10 y 20 pfennig (el precio de un bocadillo). Eran trayectos de unos 20 minutos, a una velocidad de 20 kilómetros por hora.
Berlín presume aún de tener una de las mejores y más antiguas redes de tranvía del mundo. Curiosamente, parte del trazado no sobrevivió a la traumática división que supuso la partición de la ciudad en cuatro sectores --uno por cada aliado vencedor: EEUU, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética-- tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y la capitulación nazi. Berlín quedó encorsetado por el muro construido por el régimen comunista. Todo el sistema del transporte urbano --tranvías, metro elevado o subterráneo y autobuses-- quedó tan partido como la existencia de los berlineses.
La red de tranvías sobrevivió en el sector oriental, mientras que en el llamado "Berlín libre" se desmantelaron sus vías para sustituir el servicio por autobuses. Hoy día, más de 30 años después de la caída del muro, el tranvía pervive principalmente en sus versiones modernas, cómodas y ecológicas en lo que fue el sector este, con epicentro en la Alexanderplatz.

sábado, 16 de marzo de 2024

Pletórico Teufelsberg

Crónica desde Berlín: Los peregrinos de la Montaña del Diablo



La antigua torre de observación de EEUU que corona el Teufelsberg / GEMMA CASADEVALL
Gemma Casadevall

Que el punto más alto de Berlín sea la montaña donde se acumularon las ruinas dejadas por los bombardeos aliados de la segunda guerra mundial dice mucho de la historia de una ciudad. El Teufelsberg, o Montaña del Diablo, tiene 120 metros de altura. Su origen son las 7.000 toneladas de escombros que a diario transportaron unos 800 camiones a ese lugar, a partir de 1950 y durante 22 años más. Nada en su apariencia actual da mayores pistas sobre ese pasado: al desescombro de la capital siguió la tarea de convertirlo en lo que es, una montaña. Se plantaron medio millón de árboles o arbustos hasta transformarlo en el bosque actual, vecino al gran pulmón forestal de 22 kilómetros cuadrados que es Grunewald.

En su cima, sobre unos 26 millones de metros cúbicos de escombros -un tercio del total de Berlín en la llamada Hora Cero alemana- hay otro legado fantasmal, esta vez a la vista y heredado de la guerra fría: la torre de observación y las cúpulas destinadas al espionaje que instaló ahí uno de los ejércitos ocupantes, el de los Estados Unidos. La montaña artificial de Teufelsberg era el punto idóneo para controlar los movimientos del enemigo, la República Democrática Alemana (RDA) o la Alemania comunista, satélite del poder soviético.

El mejor selfi sobre Berlín

Las ruinas acumuladas tras los bombardeos aliados quedaron sepultadas por el bosque. Ese habría sido también el emplazamiento de la Facultad de Técnicas Militares que planificó el Tercer Reich, parte del megaproyecto arquitectónico Germania que Adolf Hitler no logró llevar adelante. Pero ahí siguen la vieja torre de observación de dominio estadounidense y otros globos, restos de las enormes cúpulas o antena. Destartalados y coronando el Teufelsberg, como un guiño al visitante de una capital que exhibe sin pudor las cicatrices de su historia.


Cuadran con la peculiar pasión berlinesa por lo destartalado o lo anárquico, sean estructuras resquebrajadas por las guerras o simplemente patas arriba tras años en desuso. El ejército de Estados Unidos se retiró de la capital tras la reunificación alemana, en 1990, lo mismo que las restantes potencias aliadas que en 1945 derrotaron al Tercer Reich hitleriano-Francia, Reino Unido y la Unión Soviética-. El complejo destinado a espiar al enemigo, en el que llegaron a trabajar 1.500 efectivos estadounidenses y británicos, quedó desarticulado en 1992. Algunos de sus viejos aparatos siguen ahí, a la vista del visitante, entre ellos amasijos de cables roídos por el tiempo. Son un buen plató para hacerse un selfi, aunque el espacio preferencial sea sin duda la terraza superior. Desde ahí se tienen las mejores vistas sobre la ciudad y colinas vecinas, una de las cuales sirve de plataforma a parapentes y otras formas de vuelo sin motor.



La cima del Teufelsberg es un paraíso para los selfis / GEMMA CASADEVALL
Paisaje de grafitis

Durante las casi dos décadas siguientes al adiós de los espías americanos o británicos el Teufelsberg quedó a merced del visitante. La hipotética valla de protección circundante era casi una invitación a colarse por cualquier agujero. A partir de 2010 se empezó a transformar en lo que ahora es: un paisaje de grafitis obra de artistas callejeros de todo el mundo, entre escaleras y plataformas metálicas que llevan a la terraza superior, además de tenderetes ambulantes de comida donde merendar y exposiciones temporales. Es decir, sin echar a perder la estética de lo destartalado. El lugar ha conocido sucesivos proyectos de inversores privados, incluido uno mucho menos improvisado o rudimentario que el actual. Pero cayó derribado por el impacto medioambiental que habría comportado.

La visita ya no es gratuita -10 euros para los adultos, 5 para los menores de 18 años, gratis para los niños de hasta 8 años-. Una vez dentro del recinto, ahora mejor vallado, no hay otra restricción horaria que la de abandonarlo cuando anochece, salvo que haya algún espectáculo o performance puntual. La mayor atracción es la vieja torre de espionaje, pero además hay una superficie de 48.000 metros cuadrados distribuidos en cinco plantas plagadas de grafiti.

La Montaña del Diablo es un punto de peregrinaje consolidado para familias enteras, además de grafiteros y turistas más o menos dispuestos a salirse de los circuitos más socorridos. Quien ya visitó una vez la vieja torre y sus terrazas puede ahorrarse la entrada y dedicarse a pasear por el bosque que la envuelve, acercarse al lago -el Teufelssee- o a al taller-escuela de agricultura biológica, con café y bar pastelero incluido. Quien, pese a conocer el lugar, sigue disfrutando de la atracción berlinesa por el desarreglo puede subirse andando -son 30 minutos de paseo más o menos cómodo, salvo la cuesta final- desde la estación del metro de Grunewald, en bicicleta o dejando el coche en el último punto habilitado para aparcarlo, a unos 200 metros de la cima y por una carretera serpenteante.

El espectáculo arriba es cambiante. Cada visita permite contemplar nuevos grafitis, puesto que ahí siguen trabajando con sus sprays o a mano genios del arte callejero. En fines de semana con performances puntuales -como el que siguió al 8 de marzo, con los tres días del llamado Power of Female Art Festival- se puede coincidir en las alturas con hasta un millar de peregrinos, de toda edad y condición, entre grupos, familias, parejas o individuos solitarios. En días laborables se está prácticamente solo. Del formato peregrino se pasa al de ermitaño.

martes, 10 de enero de 2023

Namíbia, como punto de arranque

 

Esborrant el colonialisme

domingo, 8 de mayo de 2022

Impronunciable Befreiung

Scholz, del nunca más al nazismo a la condena al "falseamiento infame" de Putin 

Gemma Casadevall

Berlín, 8 may (EFE).- El canciller alemán, Olaf Scholz, recordó hoy la Capitulación del Tercer Reich como el día de la "liberación" tras el régimen nazi que provocó 60 millones de muertos y pidió aplicar el "nunca más" de ese 8 de mayo de 1945 al "falseamiento infame de la historia" promovido por Vladímir Putin.
"Apoyamos a Ucrania contra el agresor", afirmó Scholz, en un mensaje televisado en ocasión del 77 aniversario de la Capitulación, firmada la noche del 8 al 9 de mayo de 1945. Ucrania necesita "la máxima solidaridad", continuó, para advertir que "el miedo no debe paralizarnos".
Alemania no adoptará "decisiones en solitario", afirmó, sino que toda decisión será adoptada "en acuerdo estrecho con nuestros aliados europeos y transatlánticos"; y la capacidad defensiva del país no quedará mermada, sino reforzada, añadió, en alusión a los 100.000 millones de euros acordados por su Gobierno para poner al día a su Ejército.
"La lección del 8 de mayo es que no debe haber otra guerra mundial. Mucho menos entre potencias nucleares", aseveró, en un mensaje en que pronunció hasta cuatro veces el "Nie wieder" -"nunca más"-, a la guerra, al genocidio ni a la dictadura y que terminó con esa misma frase, a modo de "legado" del aniversario.
Con su mensaje a sus compatriotas dejó claro Scholz que éste no era un aniversario más de la Capitulación del Tercer Reich. Europa vuelve a estar en guerra, esta vez entre dos países que en la II Guerra combatieron juntos al nazismo, recordó.

DEL SUEÑO DE LA PAZ A LA PESADILLA EN EUROPA

El mensaje del canciller estuvo precedido por un discurso del presidente del país, Frank Walter Steinmeier, que acusó a Putin de haber roto la paz europea para implantar "la pesadilla" de una "guerra brutal e ilegítima", desde su posición de "potencia atómica".
"El sueño de una casa común europea y en paz se rompió", afirmó Steinmeier en un acto de la Confederación de Sindicatos Alemanes (DGB) y en un aniversario que, efectivamente, no podía ser como anteriores conmemoraciones, ya que la Ucrania actual pesaba sobre cualquier recuerdo.
Por su parte, la presidenta del Parlamento (Bundestag), la asimismo socialdemócrata Bärbel Bas, viajó a Kiev en su calidad de segunda máxima representante del país -tras Steinmeier-.

Bas se convirtió así en la primera figura de alto rango del país que visitaba Ucrania desde el inicio de la invasión rusa, el 24 de febrero pasado. Su viaje siguió a la conversación mantenida el pasado jueves entre Steinmeier y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, tras semanas de tensiones entre Berlín y Kiev.
El punto álgido de esos disensos fue el desaire al presidente alemán, quien vio frustrado su propósito de viajar con sus homológos polaco y bálticos a Kiev, al serle trasladado que no era bienvenido ahí. La afrenta diplomática se produjo en abril, pero la tormenta bilateral viene de mucho antes.
A Steinmeier se le identifica con la línea tibia -o hasta cómplice, para Kiev- frente a Moscú mantenida por sucesivos gobiernos alemanes. Fue ministro de la Cancillería bajo su correligionario, el socialdemócrata Gerhard Schröder, y luego titular de Exteriores durante dos legislaturas de la conservadora Angela Merkel. 

TENSIÓN ANTE LOS MONUMENTOS AL EJERCITO ROJO

Junto a los actos oficiales, había hasta 50 convocatorias coincidiendo con el aniversario entre el domingo y el lunes, en que se esperan marchas organizadas por grupos prorrusos y ultraderechistas.

Uno de los puntos de concentración habituales en todo 8 de mayo es el monumento al ejército soviético del Tiergarten, en las inmediaciones de la Puerta de Brandeburgo, así como el parque de Treptow, en el antiguo sector comunista, donde se rinde homenaje a los 80.000 soldados soviéticos caídos en la batalla de Berlín, unos 7.000 de los cuales están enterrados en ese lugar.
La policía berlinesa había prohibido en unos quince puntos de la capital la exhibición de banderas rusas y ucranianas para evitar confrontaciones. El embajador ucraniano, Andrij Melnyk, quien prácticamente a diario critica en público a Scholz, fue recibido entre abucheos al acudir al monumento del Tiergarten para depositar una corona de flores a los caídos ucranianos.
Para el lunes se ha preparado un dispositivo policial especial, ya que se ha anunciado una marcha desde los dos tanques "T.34" del monumento del Tiergarten a la imponente estatua de Treptow, de 30 metros de alto, de un soldado soviético aplastando con su espada una cruz gamada.
La Capitulación se firmó por parte de Alemania la noche del 8 al 9 de mayo, en Karlshorst, en las afueras de Berlín. El 30 de abril, Adolf Hitler se había suicidado en su búnker y dos días después un soldado del ejército soviético, el primero entre los aliados que entró en la capital, colgó su bandera sobre el Reichstag. EFE gc/ie    (radio) (foto)

sábado, 29 de mayo de 2021

El precedente herero

 

Berlín reconeix el genocidi colonial 100 anys després

Cent anys després que les tro­pes de l’empe­ra­dor Gui­llem II mates­sin 65.000 here­ros i 10.000 names –un 80% del total d’aques­tes dues ètnies–, Ale­ma­nya va reconèixer per fi el terme geno­cidi per a una acció de càstig ori­en­tada al seu exter­mini.

Va ser entre el 1904 i el 1908, en res­posta a la revolta d’aques­tes pobla­ci­ons con­tra el poder colo­nial ale­many sobre Namíbia. Hi van morir mas­sa­crats guer­rers, però també dones i nens, als seus pobles o envi­ats a morir de set al desert.

Per arri­bar a aquest reco­nei­xe­ment de culpa han cal­gut cinc anys de nego­ci­a­ci­ons més o menys dis­cre­tes entre Ale­ma­nya i Namíbia, envol­ta­des per un parell de rellis­ca­des diplomàtiques de Berlín.

Devo­lució

El pri­mer pas cap a l’acord va ser, el 2017, la devo­lució de 27 res­tes mor­tals de vícti­mes afri­ca­nes que els homes de Gui­llem II van robar i endur-se a Ale­ma­nya per fer inves­ti­ga­ci­ons raci­als o d’altra mena i que van aca­bar emma­gat­ze­ma­des en col·lec­ci­ons antro­pològiques. Abans de fer efec­tiva aquesta res­ti­tució simbòlica, el govern de Namíbia va haver de veure com una dele­gació d’alt nivell del seu país era rebuda per fun­ci­o­na­ris de ter­cera fila a Berlín.

Era evi­dent que Berlín volia tan­car el tema de la manera més dis­creta pos­si­ble, dins la con­si­de­ració que Ale­ma­nya havia tin­gut un paper menys relle­vant que altres grans poders colo­ni­als, com França o Angla­terra. Però la inter­venció de dipu­tats de dife­rents par­tits polítics, al govern i a l’opo­sició, va por­tar-lo al Bun­des­tag (Par­la­ment fede­ral). L’any 2019 es va fer ser­vir per pri­mera vegada, en forma de reso­lució par­la­mentària, el terme geno­cidi.

Res­ti­tució

A par­tir d’aquí es va entrar de ple en el prin­ci­pal obs­ta­cle, des del punt de vista ale­many, a un acord bila­te­ral: l’ús de la paraula res­ti­tució. El terme remet, des de la pers­pec­tiva actual, a les com­pen­sa­ci­ons econòmiques paga­des per Ale­ma­nya a col·lec­tius o països vícti­mes del nazisme. Berlín rebut­java apli­car-lo a aque­lla ope­ració d’exter­mini, tot i ser con­si­de­rada un preàmbul de les grans nete­ges ètni­ques del segle XX, per por d’entrar en una dinàmica de recla­ma­ci­ons col·lec­ti­ves o indi­vi­du­als infi­ni­tes.

Final­ment, l’acord inclou el paga­ment de 1.100 mili­ons d’euros, no com a com­pen­sa­ci­ons indi­vi­du­als als pobles afec­tats o des­cen­dents de les vícti­mes, sinó en forma de pro­jec­tes de desen­vo­lu­pa­ment per a aquest país africà.

Per al minis­tre d’Afers Estran­gers, el soci­al­demòcrata Heiko Maas, l’acord és un “gran èxit”, que pro­mou la recon­ci­li­ació entre Ale­ma­nya i Namíbia “sobre el capítol més negre de la nos­tra història comuna”. L’Estat ale­many ha reco­ne­gut així “la seva res­pon­sa­bi­li­tat històrica” sobre les vícti­mes d’un geno­cidi que va mar­car les pau­tes dels que vin­drien després.

El següent pas serà dema­nar perdó for­mal­ment a Namíbia i els des­cen­dents de les vícti­mes. Es pre­veu que sigui el pre­si­dent Frank-Wal­ter Stein­me­ier qui ho faci, en un viatge ofi­cial a aquest país encara per con­cre­tar.


Steinmeier, el consens post-Merkel

L’encarregat de segellar el reconeixement d’aquest genocidi serà Frank-Walter Steinmeier, el president que va arribar al càrrec el 2017 com a representant del consens polític. Exministre d’Afers Estrangers d’Angela Merkel i socialdemòcrata, va ser clau perquè arribés a formar-se l’actual gran coalició. El candidat del seu partit era Martin Schulz, que va enfonsar els socialdemòcrates en el pitjor resultat històric i volia passar a l’oposició. La ultradreta acabava d’entrar al Parlament com a tercera força. Steinmeier va convèncer Schulz que no hi havia cap altra sortida per a l’estabilitat del país que una altra coalició liderada per Merkel. Ahir, Steinmeier va anunciar que buscarà un segon mandat el 2022. “Són temps moguts i vull acompanyar-los en el camí cap a la postpandèmia”, va dir. L’elecció presidencial és a càrrec de l’Assemblea Federal, formada pels diputats del Bundestag i els representants designats pels lands. Es reunirà al febrer, sis mesos després de les generals del setembre, que marcaran el comiat de Merkel.

sábado, 21 de noviembre de 2020

El presidente del Bundestag, el ossi del SPD, la feminista





Merkel, quince años después de su primer, y doble, hito histórico

Gemma Casadevall


Berlín, 21 nov (EFE).- El 22 de noviembre de 2005, Angela Merkel hizo historia como primera mujer y ciudadana del este que alcanzaba la Cancillería alemana. Quince años después es la política mejor valorada por sus compatriotas, aunque no siempre se la identifique con esos dos hitos ni con el conservadurismo clásico de su partido.
La última página del liderazgo de Merkel está por escribir; ha dejado claro que dejará el poder cuando termine esta legislatura -es decir, en un año-. Pero su gestión en la crisis del coronavirus la ha revalidado y se disipó el término de la "Merkeldämmerung" -crepúsculo de Merkel- que planeaba sobre su fase final en el poder.
El día de 2005 en que fue elegida canciller por 397 votos del total de 611 del Bundestag (Parlamento) se colocó al frente de su primera gran coalición. Tres testigos de su asunción al cargo -el presidente del Bundestag, su vicepresidente y un icono del feminismo alemán- analizan el ayer y el hoy de la líder de referencia.
A VUELTAS CON EL CONSERVADURISMO
Para Norbert Lammert, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y presidente del Bundestag entre 2005 y 2017, con la elección de Merkel se abrió un "proceso innovador para la historia alemana".
"En 2005 no habría apostado fuerte, de hecho nunca lo hago, a que permanecería en el poder 16 años como Helmut Kohl. Pero sí estaba seguro de que no sería una Cancillería de transición. Su largo periodo en el poder no me sorprende. O por lo menos no mucho", explica Lammert a Efe.
Merkel llevaba cinco años en la presidencia de la CDU, a la que llegó tras llamar al partido a "emanciparse" de Kohl, hundido en un escándalo de cuentas secretas del partido bajo su liderazgo.
La nueva líder asumió la tarea de renovar el partido desde una posición más centrista que sus grandes patriarcas -Konrad Adenauer y Kohl-, tachada incluso de "socialdemocratizante" por algunos.
"Hay un interesante estudio de la Fundación Konrad Adenauer, que compara las expectativas de los afiliados a la CDU y las de sus electores. Ahí se confirma nuestra hipótesis de trabajo, según la cual las expectativas medias de nuestros militantes son harto distintas de las de nuestros electores", apunta Lammert, actual presidente de dicha Fundación.
"Algo de lo que nuestros militantes echan de menos en Angela Merkel es al mismo tiempo la razón por la que nuestros electores la votan. Si Angela Merkel, como presidenta del partido, se hubiera posicionado como esperaban muchos de sus militantes, posiblemente la CDU no habría logrado sus éxitos electorales", pronostica Lammert.
Las cifras de Destatis -Oficina Federal de Estadística- muestran la muy delgada línea entre el éxito y el fracaso electoral. Del 35,2 % con que Merkel llegó al poder en 2005 bajó al 33,8 % en 2009, se disparó al 41,5 % en 2013 y cayó al 32,9 % en 2017.
Frente a esa debilidad en su última elección, los sondeos colocan ahora a Merkel en la cumbre de la valoración de sus compatriotas. Un 86 % considera que "hace un buen trabajo", según la infografía de Destatis en ocasión de sus 15 años en el poder.
"Si Helmut Kohl, como hizo Angela Merkel, hubiera dicho un año antes de la elecciones de 1998 bueno, esto se acabó", se habría ganado muchas simpatías", opina Lammert. A Kohl le apartó del poder su derrota frente al socialdemócrata Gerhard Schröder; Merkel se retirará imbatida. "Cuanto más cercano está el anunciado fin de su mandato, mayor es el respeto hacia su liderazgo político y hasta aparecen quienes meditan sobre si no sería bueno que siquiera".
LA CIUDADANA DEL ESTE SIN IDENTIDAD GERMANO-ORIENTAL
"Perdone, pero el primer alemán del este al frente de un órgano constitucional de alto rango fui yo", protesta el socialdemócrata Wolfgang Thierse, presidente del Bundestag entre 1998 y 2005. Hace quince años era vicepresidente de la cámara, mientras Merkel se colocaba en el poder frente de su primera gran coalición, con el Partido Socialdemócrata (SPD) como socio.
No había razón entonces, en lo personal, para sentirse "orgulloso" de que una ciudadana del este llegase a la Cancillería, afirma Thierse a Efe. Las elecciones del 18 de septiembre habían infligido al SPD de Schröder "una gran derrota", admite.
"Una mayoría de los alemanes del este nunca ha sentido que Merkel les representara", afirma este veterano, quien se despidió del Bundestag en 2013, tras 28 años en ejercicio.
Merkel, crecida en una pequeña parroquia del este del país, no entró en política hasta 1990, año en que se selló la extinción de la República Democrática Alemana (RDA). Ascendió en la CDU, afirma Thierse, a base de "ignorar" su identidad como ciudadana del este y "presentarse como una política tan poco germano-oriental como fuera posible", en un partido volcado al mundo occidental.
"No recuerdo ni una sola encuesta de entonces en que, a la pregunta de qué figura política les representaba, la respuesta mayoritaria fuera la señora Merkel", argumenta alguien a quien, dentro y fuera del SPD, sí se identificó como germano-oriental.
Una parte de los ciudadanos del este "la detesta aún", prosigue Thierse. Desde sus inicios, Merkel se ha visto perseguida por los abucheos en el este. Primero, desde las filas del postcomunista Partido del Socialismo Democrático (PDS); desde 2015, por la mucho más ruidosa ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
Si a Merkel se le reconocen ahora sus méritos no es por un factor identificador que nunca funcionó, explica Thierse. Se le reconoce "como una política pragmática, sólida y de fiar", las bases de su credibilidad como líder, admite este socialdemócrata.
EL FACTOR DE GÉNERO
"Ese día estaba en el Reichstag, fue realmente emocionante. 86 años después de que las mujeres alemanas alcanzaran el derecho de voto, por fin teníamos una mujer en la cúpula", afirma Alice Schwarzer, directora de la revista "Emma" e histórica del feminismo, cuyo último libro -"Lebenswerk"- dedica un capítulo a Merkel.
"Merkel es un símbolo con su estilo propio de persona discreta, concentrada en lo que cuenta y descuidada", opina; alguien que ha "manejado ya muchas crisis", aunque, en su opinión no ha sabido resolver lo que denomina "el islam político", sino que ha dejado prevalecer el precepto de la libertad religiosa.
La sumisión de la mujer en los sectores reaccionarios del mundo musulmán centra ahora la campaña de Schwarzer, militante a favor de la prohibición de la burka y demás velos integrales.
No es el único reproche que, desde el feminismo, se le ha hecho a Merkel. La misma infografía de Destatis destaca cómo sus 15 años en el poder no han revertido en una paridad de género.
La brecha salarial en Alemania se sitúa en un 20 %, apenas un 15 % de los puestos de mando en las juntas directivas en las empresas están a cargo de mujeres; un 31,2 % de los escaños del Bundestag están ocupados por diputados -en 2005 era un 31,8%-.
Schwarzer valora, sin embargo, el aval que para el feminismo es Merkel. Alguien que, partiendo de una posición de desventaja en política -mujer, del este, doctora en Física- logró "desembarazarse de sus enemigos", principalmente masculinos. EFE
gc/jam/amg
Recursos de archivo en www.lafototeca.com: 1851305, 1851244, 1856278 y otros.


domingo, 4 de octubre de 2020

Unidad en tiempos de distancing

 Trenta anys d’unitat complexa

Angela Merkel, la dona cres­cuda a l’Ale­ma­nya comu­nista, ara líder de referència en un món trau­ma­tit­zat per la pandèmia; un país on encara són pre­sents les diferències entre l’est i l’oest, trenta anys després de reu­ni­fi­car-se: aques­tes eren les dues pers­pec­ti­ves que coin­ci­dien ahir, en el 30è ani­ver­sari del dia que la República Democràtica Ale­ma­nya (RDA) va des­a­parèixer, per inte­grar-se el seu ter­ri­tori a la República Fede­ral d’Ale­ma­nya (RFA) occi­den­tal. Nai­xia així l’Ale­ma­nya actual, amb 83 mili­ons d’habi­tants, el país de més pes dins la Unió Euro­pea (UE).

Ho va cele­brar amb una cerimònia sense con­vi­dats inter­na­ci­o­nals i amb la plana major de la política ale­ma­nya asse­guda en un audi­tori de Pots­dam, als afo­res de Berlín. Com a qual­se­vol acte en espais tan­cats, hi havia més seients buits que ocu­pats, per raons del dis­tan­ci­a­ment social.

“Ens hau­ria agra­dat cele­brar aquest dia d’una altra manera”, deia el pre­si­dent del país, Frank-Wal­ter Stein­me­ier. No només es refe­ria als impe­ra­tius del dis­tan­ci­a­ment, sinó a tot allò que encara queda per fer en un procés d’uni­fi­cació que va arren­car de la revo­lució pacífica a l’est, fins a ender­ro­car el mur de Berlín.

El Trac­tat d’Uni­tat va entrar en vigor el 3 d’octu­bre del 1990, quan no feia ni un any de la nit heroica ber­li­nesa del 9 de novem­bre del 1989. L’ales­ho­res can­ce­ller Hel­mut Kohl va afa­nyar-se a nego­ciar amb les potències ali­a­des que s’havien repar­tit el país després de der­ro­tar el nazisme –Unió Soviètica, Regne Unit, França i els Estats Units–. Va enge­gar un procés de reu­ni­fi­cació exprés, inclo­ent-hi un govern de tran­sició a la RDA. Merkel, doc­tora en ciències físiques, tot just s’estre­nava en política, dins la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU) de Kohl.

El procés exprés va obli­dar-se del fac­tor de la iden­ti­tat de l’est. A l’eufòria de la cai­guda del mur i la festa mul­ti­tu­dinària del 3 d’octu­bre del 1990 va seguir la rea­li­tat del des­man­te­lla­ment econòmic: l’est va pas­sar de l’ocu­pació plena comu­nista a nivells d’atur que dobla­ven els de l’oest. El des­po­bla­ment –mal endèmic en aque­lla mei­tat del país des d’abans de la Segona Guerra Mun­dial– va accen­tuar-se. En deu anys, l’est va per­dre tres mili­ons d’habi­tants; trenta anys després encara no s’ha acon­se­guit una equi­pa­ració de sous i pen­si­ons –a l’est es gua­nya un 85% menys que a l’oest–. La ràbia i la frus­tració han empès la ultra­dreta –a les elec­ci­ons gene­rals del 2017, Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD) treia a l’antic ter­ri­tori comu­nista un 22%, gai­rebé el doble de la mit­jana naci­o­nal del 12,6%.

Ale­ma­nya és país ben dotat per a l’autocrítica. La per­sistència de les diferències és pre­sent a tot dis­curs polític. Sigui el de Stein­me­ier a l’acte ins­ti­tu­ci­o­nal o en decla­ra­ci­ons de Merkel d’aquests dies. Però també és evi­dent que l’Ale­ma­nya actual té raons per “estar orgu­llosa” d’aquest dia, deia Stein­me­ier. Encara que sigui perquè, enmig de la pandèmia, va optar per una cele­bració domèstica, sense com­ple­xos ni esca­ra­falls, en un acte que va aca­bar amb un himne inter­pre­tat per una orques­tra regi­o­nal –la de Bran­den­burg–, amb una vio­li­nista jove com a solista i la classe política fede­ral, regi­o­nal i local repar­tida entre dese­nes de cadi­res bui­des.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Identidad bajo el mal del asbesto

 



30 años del cierre del Palast der Republik, la metáfora de la Alemania comunista

Gemma Casadevall


Berlín, 18 sep (EFE).- El "Palast der Republik", la "Cámara del Pueblo" de la República Democrática Alemana (RDA), echó el cierre hace ahora treinta años, sin esperar la entrada en vigor del Tratado de Unidad y como símbolo de un régimen llamado a la extinción.
"En la 'Cámara del Pueblo' no se asistía a debates democráticos porque en la RDA no existían. Pero sí marcó nuestra identidad", dice a Efe Sören Marotz, comisario de la exposición temporal de lo que fue el "Palast", abierta este viernes en el Museo de la RDA.
"Probablemente no hay otro lugar en Berlín que ilustre tan bien lo que significó para muchos el fin de la RDA: el alivio o la victoria, en lo político; la nostalgia, en lo personal", añade Stefan Wolle, director del museo berlinés.
El "Palast" cerró el 19 de septiembre de 1990, recuerda uno de los paneles informativos. Unas semanas antes, el 31 de agosto, habían firmado el Tratado de Unidad el ministro del Interior de la República Federal de Alemania (RFA), Wolfgang Schauble, y el secretario de Estado de la RDA, Günther Krause, representante del Gobierno de transición germano-oriental.
Aún no había entrado en vigor -lo hizo el 3 de octubre siguiente- pero se optó por dictar el cierre del "Palast", aquejado del mal del amianto.

"Fueron muchos quienes vieron en esa decisión las prisas por finiquitar un edificio que había sido un lugar de encuentro para los germano-orientales", prosigue Wolle.
La "Cámara del Pueblo" no funcionó como parlamento democrático porque la RDA no lo era. Pero en el gran salón y otros espacios del 'Palast' se celebraban hasta un centenar de actos públicos. Desde conciertos de estrellas del mundo occidental como la alemana Katja Epstein al estadounidense Carlos Santana.
"Yo era un niño, no creo que me gustara la música clásica. Pero recuerdo haber asistido en sus salones al primer concierto con orquesta de mi vida", explica Marotz.
Al "Palast der Republik" le apodaban los ciudadanos del Berlín este la "tienda de lámparas de Erich" (Honecker), por las inmensas lámparas que adornaban los salones del jefe del Estado y del partido único.
Había sido construido en los años 70 sobre una parte del solar donde estuvo el Palacio Imperial de los Hohenzollern, dañado por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y demolido en la década de los 50 por las autoridades de la RDA.
Pero, además de objeto de prestigio para el régimen, fue señal de identidad y de cierto orgullo ciudadano, con sus trece restaurantes y bares, abiertos al público.
Al cierre decidido en septiembre de 1990 siguió un largo debate sobre su destino. El saneamiento se estimaba costoso; la opción ganadora fue la demolición, una orden que formalizó el Bundestag (Parlamento federal) en 2006.
En medio vivió aún un periodo de cierta gloria, en 2004, cuando un colectivo de adoradores de la reliquia -no necesariamente del antiguo sector este berlinés- convirtieron el destartalado edificio en instalación artística, con piscina incluida.
Ni la "ostalgie" -juego de palabras entre "Ost", este, y "nostalgia- ni el amor por el kitsch de ese colectivo evitaron la operación de desmontaje, pieza a pieza, de un edificio de 180 metros de largo por 32 de alto. Hasta desmantelarse el último bloque pasaron aún tres años. El coste de la operación fue de 32 millones de euros.


EL REGRESO DE LOS HOHENZOLLERN

El Museo de la RDA, privado y orientado esencialmente al turista, al que se pretende recrear la vida pública y privada en tiempos de la RDA, queda a unos 200 metros del gran solar que ocupó el Palast.
Ahí espera aún a ser inaugurado, a finales de este año, el llamado Foro Humboldt, un complejo arquitectónico diseñado por el italiano Franco Stella y presupuestado en medio billón de euros, cuya fachada es una reconstrucción del Palacio Imperial de los Hohenzollern.
Su construcción estuvo precedida por el siguiente -y también largo- debate en torno a la oportunidad de llevar adelante un proyecto de tales dimensiones, en una ciudad no precisamente pobre en monumentos. EFE
gc/jam/acm
(foto) (vídeo)


martes, 1 de septiembre de 2020

Picnic ultra

 

Vergonya per l’assalt al Reichstag

“La gran majo­ria dels 83 mili­ons d’habi­tants d’Ale­ma­nya tenen un com­por­ta­ment res­pon­sa­ble i seguei­xen la norma de la distància social. Fins i tot la majo­ria dels que pro­tes­ten con­tra les res­tric­ci­ons no són ultra­dre­tans. Però això no mini­mitza la gra­ve­tat de les imat­ges de dis­sabte”, deia ahir el por­ta­veu d’Angela Merkel, Stef­fen Sei­bert. Les imat­ges d’uns 200 radi­cals davant del Bun­des­tag, la seu del Par­la­ment, amb ban­de­res de l’antic Reich i símbols nazis, aver­go­nyei­xen Ale­ma­nya. Si els 38.000 que van sor­tir dis­sabte a la marxa pel cor de Berlín con­tra les res­tric­ci­ons per la pandèmia ja eren difícils de pair, els 200 que van sal­tar les tan­ques de l’edi­fici par­la­men­tari, pro­te­git per només tres agents, tenien cate­go­ria d’escàndol polític i poli­cial.

Les mar­xes dels anti­mas­ca­re­tes es repro­du­ei­xen a Ale­ma­nya des de fa set­ma­nes. Agru­pen ciu­ta­dans des­con­tents amb les res­tric­ci­ons, cons­pi­ra­noics, anti­va­cu­nes i segui­dors de cor­rents esotèrics. Les seves pro­tes­tes adop­ten for­mat de grans pícnics, entre con­sig­nes hos­tils a Merkel i “denúncies” con­tra la seva dic­ta­dura, en un país on l’ús de la mas­ca­reta no és obli­ga­tori al car­rer i on no s’ha con­fi­nat la població. Tenen garan­tit el dret a la mani­fes­tació, asse­gura Merkel, cada cop que surt la qüestió. Però és un mal­de­cap per als res­pon­sa­bles de la segu­re­tat pública, ja que òbvi­a­ment el seu objec­tiu és exhi­bir-se sense mas­ca­reta i com més ple­gats, millor.

Sei­bert pot asse­gu­rar que no repre­sen­ten la majo­ria amb l’argu­ment dels son­de­jos: un 60% dels ciu­ta­dans estan d’acord amb les mesu­res adop­ta­des con­tra la pandèmia, un 28% cre­uen que hau­rien de ser més estric­tes i només un 10% les tro­ben exa­ge­ra­des, segons un son­deig de la tele­visió pública ZDF. Només un par­tit, la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per a Ale­ma­nya (AfD), actu­al­ment amb un 9% d’intenció de vot, dona suport als anti­mas­ca­re­tes.

Però els radi­cals van apun­tar-se l’impacte mediàtic amb el mínim esforç. Els 200 del Reichs­tag eren una branca dels 2.000 ultra­dre­tans que una mica abans s’havien mani­fes­tat davant l’ambai­xada russa. Radi­cals no inte­grats ni a l’AfD ni a cap par­tit. El seu nucli dur són els ano­me­nats Reich­bur­ger (‘ciu­ta­dans del Reich’). No reco­nei­xen l’Ale­ma­nya d’avui ni les seves fron­te­res actu­als, tam­poc les lleis del Bun­des­tag. Una mino­ria amb uns 19.000 mili­tants, segons els ser­veis secrets d’Inte­rior.

Dis­sabte van apun­tar-se un gol mediàtic, en uns minuts d’assalt òbvi­a­ment simbòlic, davant l’edi­fici històric que va ocu­par Adolf Hit­ler i que ara és el cor democràtic i par­la­men­tari de l’Ale­ma­nya actual.

sábado, 9 de mayo de 2020

Siguiente toque de alerta

La derrota del nazisme

 La plana major de la política alemanya recorda els 75 anys de la capitulació del Tercer Reich com un alliberament



El 8 de maig de 1945 va ser “la fi de la dic­ta­dura nazi”, de les “nits de bom­bar­de­jos i morts” i d’uns “crims sense pre­ce­dents”, va dir ahir el pre­si­dent ale­many, Frank-Wal­ter Stein­me­ier, acom­pa­nyat de la can­ce­llera Angela Merkel i el pre­si­dent del Par­la­ment, Wolf­gang Schäuble. En lloc de l’acte mul­ti­tu­di­nari pre­vist, a la Porta de Bran­den­burg, el 75è ani­ver­sari va tenir un for­mat solemne i silenciós a l’ano­me­nada Neue Wache de Berlín, el monu­ment a totes les vícti­mes del nazisme i les dic­ta­du­res. La pandèmia de coro­na­vi­rus va obli­gar a can­viar-ne el for­mat, enmig de les res­tric­ci­ons dels con­tac­tes soci­als.


El mis­satge, però, es va sen­tir fort i clar. Des de fa set­ma­nes pen­gen a la capi­tal ale­ma­nya els car­tells d’una expo­sició vir­tual sobre els 75 anys de la capi­tu­lació del Ter­cer Reich. “Tot va començar amb una elecció”, recorda el car­tell, al·lusiu a l’arri­bada al poder d’Adolf Hit­ler, el 1933. El seu par­tit naci­o­nal­so­ci­a­lista havia tret un 33% en les elec­ci­ons cele­bra­des unes mesos abans. Una coa­lició de for­ma­ci­ons con­ser­va­do­res va donar-li la majo­ria. Hit­ler, a qui alguns d’aquells líders con­si­de­ra­ven que podien mani­pu­lar, va ser pro­cla­mat can­ce­ller del Reich. En qüestió de mesos va posar fi, pas a pas, al par­la­men­ta­risme, va enviar els adver­sa­ris polítics a la presó o a l’exili i va acti­var el seu pro­grama d’exter­mini. El 1939 va arren­car la Segona Guerra Mun­dial, men­tre en paral·lel envi­ava als camps d’exter­mini nazis jueus, gita­nos, homo­se­xu­als i tots aquells que con­si­de­rava “sers infe­ri­ors”.


El 8 de maig de 1945 va aca­bar per a Europa una guerra que, arreu del món, va dei­xar sei­xanta mili­ons de morts. Hit­ler s’havia suïcidat una set­mana enrere al seu búnquer. El país va que­dar repar­tit entre les potències ali­a­des.


“Apro­fi­tem el silenci per recor­dar totes les vícti­mes del nazisme, pen­sem en la sig­ni­fi­cació del 8 de maig”, va dir Stein­me­ier, en el dis­curs transmès per tele­visió. Ale­ma­nya va tri­gar molt de temps a reconèixer aque­lla der­rota com un “alli­be­ra­ment”. El pri­mer alt repre­sen­tant que va gosar pro­nun­ciar aquest terme va ser Ric­hard von Weizsäcker, el 1985. Era un terme difícil d’assu­mir. Abans de suïcidar-se, Hit­ler havia orde­nat als seus com­pa­tri­o­tes resis­tir “fins a l’última gota” de la seva sang. Ale­ma­nya estava devas­tada pels bom­bar­de­jos; l’entrada dels sol­dats ali­ats va anar acom­pa­nyada de vio­la­ci­ons mas­si­ves de dones, segons han recons­truït his­to­ri­a­dors actu­als.

“Va ser un camí llarg i dolorós”, va adme­tre Stein­me­ier. Això no sig­ni­fica, però, que l’Ale­ma­nya d’avui pugui obli­dar la seva res­pon­sa­bi­li­tat històrica. “La memòria no és cap ver­go­nya; sí que ho és, però, el nega­ci­o­nisme”, va dir el pre­si­dent, en una clara referència a la ultra­dreta actual, que rebutja encara el terme “alli­be­ra­ment” per al dia en què es recorda una der­rota.