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domingo, 27 de julio de 2025

Joana vuelve a Bayreuth

Bayreuth convierte en un musical ‘light’ a los ‘Cantores’

Joana Serra

‘Los Maestros Cantores de Núrenberg’ es, en el conjunto de óperas de Richard Wagner, un raro ejemplo de pieza en que no se cruzan muertes crueles, dioses y héroes confrontados o dramáticos amores incentuosos. Es una pieza popular, poblada de personajes de carne y hueso, incluso un sencillo zapatero, Hans Sachs, además de dos músicos en disputa por ser reconocidos en el círculo de los ‘maestros’.
Tal vez esa sencillez fue lo que llevó a Adolf Hitler a verla como ópera perfecta para instrumentalizarla a favor de sus intereses -mostrar la maldad del judaísmo o la nobleza de su pueblo-. La convirtió en la pieza perfecta para esos años del Tercer Reich en que señoreó por la colina de Bayreuth, la ciudad de provincias bávara donde cada verano, el 25 de julio, abre el Festival Richard Wagner entre procesiones de wagnerianos de todo el mundo y desfile de la clase política alemana.

A punto de cumplirse los 150 años de la fundación del festival por el propio Wagner, en 1876, son muchas las versiones de los ‘Cantores’ que se han representado sobre la llamada Verde Colina. Épicas, irónicas o simplemente fieles reproductoras del original. Este año correspondió a un alemán, Matthias Davids, darle otra vuelta de tuerca a la pieza preferida por Hitler. Contaba con el italiano Daniele Fatti a la batuta. Y las voces de Georg Zeppenfeld, como el zapatero, Michael Nagy, el villano Beckmesser, Michael Spyres, su Walther von Stolzing, y Christina Nilsson, su Eva.
Pero probablemente para la historia del festival la imagen que primará para la posteridad es la de la enorme vaca inflable y voladora, con la que Davids corona su traca final: la competición entre el dogma o la innovación aplicada al canto, lo que adopta aires de festival de la canción o concurso televisivo en busca de la mejor voz. Es una explosión de color y personajes, desde duendes forestales a reinas de la belleza bávaras, además de un despliegue del siempre extraordinario coro de Bayreuth. El duelo por el trofeo acaba siendo lo de menos. Se imponen los colores, la vaca y la búsqueda de lo cómico.

El propósito de Davids, según sus explicaciones previas, es darle la vuelta a los ‘Cantores’, incluso hacer reir al público de Bayreuth, severísimo guardián de las esencias wagnerianas en lo que a la partitura se refiere. Pero al mismo tiempo muy acostumbrado ya a que se le tergiversen las puestas en escena. Lo consigue más o menos, a partir de una ópera que adopta formatos de musical pop. Al espléndido coro de Bayreuth, dirigido por Thomas Eitler-De Lint, se le puede pedir casi todo. Inclusive que dos de sus miembros se ‘disfracen’ de Angela Merkel, la excanciller cuya presencia en Bayreuth ha sido casi obligada incluso desde antes de alcanzar el poder. Ambas se marcarán unos pasos de baile junto a dos ‘falsos’ Thomas Gottschalk, un estridente presentador de shows televisivos alemán asimismo muy fiel al festival.

El problema es que un coro operístico, por espléndido que sea, no se mueve sobre el escenario como los danzantes de un musical. Davids les saca todo el partido posible. Pero no alcanza el nivel que se requeriría para convertir esa traca final en el festín cómico pretendido. El otro aspecto que perjudica al conjunto es el magnífico precedente marcado en 2017 en esa misma plaza por la versión de los ‘Cantores’ que estrenó Barrie Kosky. Su puesta en escena era un prodigio de ingenio y fina sátira. Trasladó a sus personajes a la biblioteca de los Wagner en la Wahnfried Haus, ahora convertida en casa-museo de la dinastía en Bayreuth. Y trasladó el concurso por la mejor voz de los procesos de Núremberg donde los aliados juzgaron a los jerarcas del Tercer Reich. Ese precedente, aún muy vivo en la memoria de Bayreuth, dejó muy alto el listón.

Los ‘Cantores’ de Davids y Gatti era el único estreno de la temporada. Y Bayreuth le dispensó una de sus ovaciones atronadoras, incluidas pataletas de ‘satisfacción’. Como suele ocurrir, se escucharon también algunos abucheos dirigidos al equipo responsable de la puesta en escena. El resto de la temporada estará ocupada por las reposiciones de ‘El Anillo del Nibelungo’ de Valentin Schwarz, con Simone Young a la batuta, el “Tristán” de Thorleifur Orn Arnarsson y Semzon Byschkow, el ‘Lohengrin’ de Yuval Sharon con Christian Thielemann y el ‘Parsifal’ de Jaz Scheib que dirige Pablo Heras-Casado. Son obras ya estrenadas en años anteriores, que en el caso del ‘Anillo’ recibieron en su momento sus abucheos. Han ido ganando adeptos desde entonces, incluso cuando algunas piezas no acaban de encajar -como las gafas de realidad virtual que Scheib incorporó al ‘Parsifal’ de Heras-Casado-. Al fin y al cabo, en Bayreuth lo que cuenta es la dirección musical. Heras-Casado, como el resto de maestros de la casa, es garantía de solidez por encima de las ocurrencias escénicas. A él correspondió el honor este año de dirigir el multitudinario concierto libre y gratuito que sirve de etapa previa a la inauguración de la temporada.

Las mayores emociones se reservan para el próximo año, el del 150 aniversario. La directora del festival y biznieta del compositor, Katharina Wagner, aspiraba a representar todas las piezas marcadas en vida por Richard Wagner para Bayreuth. Las dificultades presupuestarias obligan a recordar ambiciones. Pero habrá un nuevo ‘Anillo’ dirigido por Thielemann. Es el nombre máximo entre las batutas wagnerianas del momento y llegó a ser titular de Bayreuth hace unos años hasta que unas rencillas nunca aclaradas con Katharina terminaron con ese cargo. A la producción de la tetralogía se incorporarán elementos desarrollados por la Inteligencia Artificial (IA), algo que corresponde hacer a su director escénico, Marcus Lobbes. La otra sorpresa es el ‘Rienzi’, una pieza que Richard Wagner no incluyó en su repertorio para Bayreuth, pero que se representará excepcionalmente en 2026 con el pretexto del aniversario. Lo dirigirá Nathalie Stutzmann, otra directora ‘amiga’ de la casa.

Para los corrillos de Bayreuth, la presente temporada añadió otro estreno: el del actual canciller, Friedrich Merz, que por primera vez acudía al festival. En Alemania no es preceptiva la presencia de su líder en el tradicionalista festival bávaro. De hecho, durante décadas no asistió ninguno a la gala del estreno. La imagen de Hitler paseando por sus jardines pesaba demasiado en la memoria. Con Merkel cambiaron las cosas. Desde sus tiempos de líder en la oposición se convirtió en asistente leal a la casa. 
En sus 16 años en el poder no faltó casi nunca a la cita ni tampoco ha dejado de acudir, salvo excepciones, tras su retirada en 2021. Es una presencia querida en Bayreuth, a la que ahora Merz relegó en el palco a un segundo rango.
Ambos políticos pertenecen a la misma familia política conservadora, pero guardan distancias ideológicas y personales entre sí. De hecho, el derechista Merz quedó arrinconado y se apartó de la vanguardia política durante los casi 20 años en que la centrista Merkel dirigió su Unión Cristianodemócrata. Merz ocupa la cancillería desde el pasado mayo y se estrenó como asistente a Bayreuth. Merkel forma parte de la familia wagneriana, hasta el punto de colocarse alguna réplica de la veterana política como guiño a la asistencia en la traca final de los ‘Cantores.

Un neófito en el palco

 Una nit a l’òpera amb Merz i Merkel


Gemma C. Serra

Sem­pre hi ha una pri­mera vegada, també per a Fri­e­drich Merz. No hi ha cap obli­gació de pas­sar-se com a can­ce­ller pel fes­ti­val Ric­hard Wag­ner de Bay­reuth. Fins Angela Merkel, no hi havia el cos­tum de fer-ho. El tra­di­ci­o­na­lista tem­ple wag­nerià es rela­ci­o­nava amb Lluís II de Bavi­era, el rei boig i mece­nes de Ric­hard Wag­ner. O amb Adolf Hit­ler, a qui Wini­fred Wag­ner, la britànica que es va casar amb Sieg­fried Wag­ner, va donar tracte d’oncle, a més de posar el fes­ti­val als seus peus.

Merkel n’era visi­tant fidel quan estava a l’opo­sició, en els seus 16 anys en el poder i ara que s’ha reti­rat. Merz, el seu històric rival entre els con­ser­va­dors, s’ha espe­rat a fer-ho com a can­ce­ller. Van coin­ci­dir tots dos en la inau­gu­ració de la tem­po­rada, amb l’estrena d’Els mes­tres can­tai­res de Nurem­berg. A Merz li va cor­res­pon­dre el lloc d’honor. Merkel i el seu marit, Joac­him Sauer, hi van anar com el que són: dos jubi­lats que ado­ren Wag­ner.     

L’escena final d’Els mes­tres va posar les coses a lloc: Merkel forma part de Bay­reuth; Merz n’és un con­vi­dat. El direc­tor escènic, l’ale­many Matt­hias Davids, va optar per una repre­sen­tació irònica que sem­bla un musi­cal pop. Queda lluny, però, de la intel·ligent sàtira estre­nada el 2017 per Bar­rie Kosky, que col·locava els can­tai­res davant els pro­ces­sos de Nurem­berg. Davids dis­po­sava de la batuta de l’italià Dani­ele Fatti i les veus de Georg Zep­pen­feld, Mic­hael Nagy, Mic­hael Spy­res i Chris­tina Nils­son.

Tot fun­ci­ona més o menys com sem­pre en el pri­mer i el segon acte, amb alguna ocurrència per mirar de fer riure. Però la com­pe­tició final per la millor veu esdevé una mena d’ama­nida mul­ti­co­lor entre este­re­o­tips bava­re­sos, rei­nes de la bellesa, per­so­nat­ges del bosc, dues rèpli­ques bes­so­nes de Merkel i una immensa vaca infla­ble sobre un esce­nari que recorda els fes­ti­val d’Euro­visió. El cor és excel·lent, però Davids no acon­se­gueix fer-lo ballar com una core­o­gra­fia pop.

Merz posava cara de con­tent. Merkel segu­ra­ment va riure amb les seves rèpli­ques. Tots dos tin­dran l’opor­tu­ni­tat de demos­trar la seva fide­li­tat a Bay­reuth l’any vinent. Es com­pli­ran 150 anys del fes­ti­val que Ric­hard Wag­ner va fun­dar el 1876 i que des del 2008 diri­geix la seva bes­neta, Kat­ha­rina Wag­ner. S’hi posarà en escena per pri­mer cop un Rienzi i hi haurà un Anell del Nibe­lung amb esce­no­gra­fia desen­vo­lu­pada per intel·ligència arti­fi­cial (IA) i diri­gida per Chris­tian Thi­e­le­mann, el màxim líder entre els wag­ne­ri­ans. Molts tre­mo­len ja amb el que pot gene­rar la IA, la dar­rera inno­vació que incor­pora Kat­ha­rina en el seu propòsit de per­pe­tuar el culte exclu­siu a Wag­ner però atreure’s nou públic.

A Bay­reuth, on abans hi havia llis­tes d’espera de deu anys per tenir entra­des, hi havia seients buits en la inau­gu­ració. Que­den entra­des per ven­dre per a finals d’agost. Res no és el que era, diuen alguns. Del silenci sepul­cral s’ha pas­sat a gent entrant i bus­cant el seu seient quan l’orques­tra ja ha ence­tat la feina. Un sacri­legi, per als més vete­rans.

viernes, 25 de julio de 2025

Bayreuth o cómo pasar la crónica a la luz del laptop, sin Iphone ni wlan

Bayreuth se ríe con los 'Cantores' de Wagner, la ópera idolatrada de Hitler



El Festival de Bayreuth con el estreno de Los Maestros Cantores de Núremberg, con dirección musical de Daniele Gatti. EFE/ Bayreuther Festspiele / Enrico / EFE

Gemma Casadevall, Bayreuth (Alemania) 25 JUL 2025

Unos ‘Maestros Cantores de Nuremberg’ que convierten en fiesta cómica, con aires de 'botellón' y festival de Eurovisión, la ópera de Richard Wagner en la que Adolf Hitler vio la victoria del ‘pueblo noble’ -el suyo- frente a usurpación ajena -la que atribuía a los judíos-: este es el concepto del alemán Matthias Davids, para una puesta en escena que se ríe de lo consabido. Fue el estreno que abrió la temporada del templo wagneriano de Bayreuth, con la sólida batuta del italiano Daniele Gatti y las voces de Georg Zeppenfeld, como el buen zapatero Hans Sachs, Michael Spyres, como Walther von Stolzing, y Michael Nagy, el del villano Beckmesser.
Su puesta en escena presenta a un héroe humilde, al que todo le viene cuesta arriba, confrontado un rival que, en realidad, es un patético cantante que ahuyenta con sus berridos al vecindario. Bayreuth agradeció con ovaciones la irreverencia de Davids, empeñado en convertir en ligera la ópera que instrumentalizó el Tercer Reich. El festín final fue un despliegue que incluía desde una inmensa vaca inflable de feria y clichés bávaros a concursos de belleza, personajes del bosque y hasta una réplica de la excanciller Angela Merkel, la más fiel visitante de Baureuth. Recibió una de esas ovaciones frenéticas que Bayreuth destina a sus héroes musicales, con algún abucheo a los responsables de la puesta en escena que trata de ser un musical pop, pero no acaba de lograrlo.
En el palco principal del teatro se sentó por primera vez el canciller Friedrich Merz. En segundo rango quedó Merkel, asidua a Bayreuth incluso desde antes de convertirse en canciller, y que sigue fiel al festival como su esposo, Joachim Sauer. Ambos políticos pertenecen a la familia conservadora, pero sus relaciones son distantes desde hace décadas. Raramente se da la ocasión de verlos compartiendo espacio. La presencia de la leal Merkel y el neófito Merz era la comidilla de los entreactos.



El canciller Friedrich Merz y su esposa Charlotte en la inauguración del Festival de Bayreuth. / Associated Press/LaPresse / LAP

Desactivando mitos hitlerianos

Los ‘Cantores’ fue la ópera preferida de Hitler, a cuyos pies puso Bayreuth la nuera del compositor, Winifred, una británica que adoraba al ‘Führer’. El antecesor de Davids en lo de ironizar sobre 'Los Cantores' fue, en 2017, justamente un judío, el australiano Barrie Kosky. A su cargo quedó entonces la pieza con la que Hitler recompensaba, vía invitaciones a la ópera, a sus oficiales y heridos de guerra.
Kosky puso el listón muy alto con una sátira inteligente y brillante, en que colocaba sus ‘Cantores’ en la biblioteca de Wagner, una reproducción fiel a la original de su casa-museo de Bayreuth. Ponía en escena a una lunática Cosina Wagner, al mecenas Luis II de Baviera, el Rey Loco, y también a los aliados que derrotaron al Tercer Reich. También él recibió algún abucheo aislado, algo habitual en Bayreuth, el festival fundado en 1876 por Wagner y donde se siguen representado la limitada selección de obras marcada en vida por el compositor.

La IA al servicio del 150 aniversario

No es fácil mantener durante 150 años el culto exclusivo a Wagner y a las pocas piezas definidas como ‘idóneas’ para un teatro que solo abre para una reducida temporada de cuatro semanas. La biznieta del compositor, Katharina Wagner, al frente del festival desde 2008, es la guardiana de un culto heredado de su padre, Wolfgang, aunque va incorporando innovaciones escénicas.

Angela Merkel y su marido Joachim Sauer en Bayreuth. / Karl-Josef Hildenbrand / AP

El próximo año se quería celebrar el siglo y medio del festival representando todas las piezas designadas por Wagner, más un ‘Rienzi’ hasta ahora fuera de ese estricto repertorio y con Nathalie Stutzmann a la batuta. El presupuesto no alcanza para todo, reconoció Katharina. Pero sí para ese 'Rienzi' insólito en Bayreuth. También para estrenar un ‘Anillo del Nibelungo’ que dirigirá el ‘Dios’ entre los maestros wagnerianos, Christian Thielemann, y que incorporará la Inteligencia Artificial (IA) en la escenografíade Marcus Lobbes.
El ‘Anillo’ con IA es la gran apuesta innovadora de un festival que ya incorporó hace tres años las gafas de realidad virtual para el ‘Parsifal’ dirigido por Pablo Heras-Casado. En Bayreuth se ha experimentado en lo escénico con casi todo, desde videoinstalaciones a representaciones que salen del teatro para prolongarse entre sus jardines.
La IA iba a llegar más pronto que tarde, a una plaza necesitada de reclutar público nuevo. Las legendarias listas de espera de diez años para adquirir una entrada se disiparon. También empezaron a aparecer butacas vacías, algo impensable hasta hace unos pocos años. Para el 2026 se han puesto a la venta paquetes de entradas rebajadas como oferta de lanzamiento.

El gran picnic de Heras-Casado

La apertura del festival tuvo su etapa prólogo con un concierto al aire libre y gratuito en los jardines junto al teatro. Es el regalo de la casa implantado hace unos años por Katharina a esa ciudad de provincias bávara, que cada 25 de julio recibe a wagnerianos de todo el mundo. Correspondió a Heras-Casado dirigirlo y lo hizo, de acuerdo a lo habitual, con un repertorio ‘tutti frutti’ que iba de George Gershwin a Verdi, Beethoven, Mahler, Strauss y, por supuesto, Wagner.
También el auditorio es multifacético: acuden ciudadanos de Bayreuth de toda condición, preferentemente en bicicleta o a pie, cargando sus sillas plegables en mil formatos o sentándose sobre el césped. Unos se traen la bolsa de cacahuetes y una cerveza; otros bocadillos o ensalada de patatas; los más exquisitos acuden con una selección de canapés, vino o champán. Se mezclan con ellos algunos visitantes internacionales. Y se convierte la pradera en un picnic que va más allá del amor a lo wagneriano.

sábado, 19 de julio de 2025

De la Loveparade a Bayreuth o el inexplorado Wacken

Alemania, templo veraniego del tecno, Wagner y el 'heavy'



Festival tecno en Berlín, el pasado sábado. / Gemma Casadevall
 Gemma Casadevall, Berlín 20 JUL 2025 

¿Qué es más ‘cien por cien alemán’: la música tecno, la ópera de Wagner o el heavy metal? El calendario veraniego alemán da ocasión para buscar una respuesta a esa pregunta con pocas semanas de diferencia entre Berlín, Baviera y una aldea nórdica. El pasado sábado día 12, decenas de miles de acólitos bailaron de nuevo alrededor, delante, detrás o encaramados en alguno de los 35 potentes camiones difusores de música electrónica en la ‘Rave the Planet’, la sucesora de la ‘Loveparade’. El próximo día 25 se inaugura en Bayreuth, como ocurre desde hace casi siglo y medio, el Festival Richard Wagner, máximo exponente del culto al compositor. Y el primer fin de semana de agosto, una tranquila población llamada Wacken recibirá a la mayor concentración mundial de fanáticos del ‘heavy metal’. Son citas inexcusables para tres formas aparentemente opuestas de sumergirse en la ‘alemanidad’ pura, que atraen a casi tanto público internacional como anfitrión.
A la ‘Loveparade’, como a su fundador, el Dr. Motte, se les reconoce como señal de identidad del tecno surgido en Berlín, liberado del traumático corsé que fue el Muro. De esos orígenes hace ya suficientes años como para haber atravesado varias crisis. La exhibición de cuerpos danzantes y preferentemente semidesnudos, entre la Puerta de Brandeburgo y la Columna de la Victoria, se ha perpetuado incluso en ediciones lluviosas, como la de este año. En la lluvia se buscan explicaciones piadosas al bajón de afluencia: unos 100.000 asistentes, según la policía. Lejos de los 300.000 del año anterior y a distancia estratosférica del millón y medio de su año récord, 1999. De la pura evaluación visual se concluye que había muchos coetáneos de Matthias Roeingh, el nombre civil de Dr. Motte, de 65 años. Parte del personal más fiel al tecno rondaba esa edad, mientras que los más jóvenes simplemente ‘se movían’ a impactos de su música en un desfile gratuito y sin los habituales registros de bolsas y mochilas en sus accesos.
“El techno es diverso, inclusivo y libre”, reivindica el Dr. Motte. Cuenta con el respaldo en las autoridades berlinesas, que en 2024 solicitaron el reconocimiento del tecno como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Salieron así al auxilio de los clubes más emblemáticos aún en pié en Berlín. Algunos echaron el cierre tras el parón de la pandemia.
El origen del desfile data de julio de 1989, cuando Dr. Motte y sus amigos salieron de las catacumbas del club para bailar por el centro de Berlín tras una furgoneta. Siete años después su fiesta era multitudinaria y discurría por la Avenida 17 de Junio. Superó el millón de personas durante varios años. Pero luego empezó a desinflarse. Dr. Motte traspasó su sello y su desfile dejó de ser berlinés. En 2010 sobrevino la tragedia: 21 jóvenes murieron y centenares quedaron heridos, aprisionados en un único túnel de acceso al recinto previsto de Duisburg, una ciudad sin brillo de la Cuenca del Ruhr. Berlín recuperó la fiesta hace cuatro años de la mano del Dr. Motte y rebautizada como ‘Rave the planet’. Ya no es el desfile de seres danzantes perfectos. Pero sí una fiesta para gente sin complejos.

El templo de Wagner

A Katharina Wagner, biznieta de Richard Wagner y directora del festival de Bayreuth desde 2008, le corresponderá un año más recibir en el teatro sobre la Verde Colina de esa ciudad bávara a la procesión de wagnerianos de todo el mundo. La encabezará la plana mayor de la política de Baviera y se espera que asistael canciller Friedrich Merz, que seguirá así el ejemplo de Angela Merkel, asídua al tempo wagneriano desde antes incluso de su llegada al poder. Más remotos son los tiempos en que su palco lo ocupaba Luis II de Baviera, el Rey Loco y mecenas que posibilitó la construcción de un teatro ‘idóneo’ para las óperas del compositor. Sigue muy presente la etapa en que los descendientes de Richard Wagner pusieron Bayreuth a los pies de Adolf Hitler.



El festival de Bayreuth, el año pasado. / Gemma Casadevall / ™

Todo eso, además del mítico ‘foso’ sepultado para la orquesta, forma parte del universo bayreuthiano. La pieza para la apertura será los ‘Maestros Cantores de Nuremberg’. Para el estreno del nuevo ‘Anillo del Nibelungo’ habrá que esperar a 2026, con el 150 aniversario del festival. También en Bayreuth se habla de crisis. Las listas de espera de hasta diez años para conseguir una entrada se disiparon. Katharina ha incorporado alguna novedad. Pero su teatro sigue abriendo solo para las cuatro semanas del festival y se escucha solo el repertorio del bisabuelo. Es lugar de culto exclusivo, pero ajeno a los rigores de la etiqueta. Entre los rituales de la casa se incluye desprenderse en el entreacto del calzado cerrado y poner los pies en remojo en un estanque vecino.

El pueblo metálico


Los orígenes del heavy metal no son alemanes, sino enraizados en el ‘hardrock’ de Led Zeppellin o Deep Purple. Pero su actual meca está en un pueblo de 2.000 habitantes, Wacken, que desde 1990 presta las praderas donde habitualmente pastan sus vacas a los incondicionales de Iron Maiden, Motörhead, Judas Priest o, este año, Guns N’Roses. Hasta 85.000 visitantes contó en 2024 el W:O:A, las siglas del Wacken on Air. La convivencia entre locales y visitantes es ejemplar. Se recibe como a un amigo al público, principalmente moteros profusamente tatuados con sus caravanas, furgonetas, Harley Davidson. El visitante disfruta de sus 200 conciertos repartidos en cuatro jornadas sin importarle si hay pico de calor, tormentas eléctricas o si caen lluvias torrenciales hasta convertir en un barrizal su pradera. Es el festival más ácrata y singular del verano alemán. Se abre todos los años con el desfile de la banda de viento local,. A partir de ahí, se disfruta a la intemperie del ‘heavy’, sea poniéndose de barro hasta las cejas o arriesgándose a la insolación.

viernes, 26 de julio de 2024

Baviera invita

Bychkov brilla en Bayreuth para un 'Tristán' plano



Representación de 'Tristán e Isolda' en el Festival de Bayreuth / Enrico Nawrath / Bayreuther Festspiele
Gemma Casadevall, Bayreuth  

El maestro ruso-estadounidense Semyon Bychkov rescató al 'Tristán e Isolda' algo a la deriva que inauguró el Festival Richard Wagner de Bayreuth. El exigente público wagneriano repartió sus ovaciones entre la batuta y el dúo de voces formado por Andreas Schager y Camilla Nylund, mientras castigaba con abucheos a la producción. La recreación del drama del amor eterno, pero proscrito, obra del islandés Thorleifur Örn Arnarsson, con el dramaturgo suizo Andri Hardmeier formando tándem, resultó escenográficamente nula y estática, impropia de un festival más acostumbrado a sorprender que a aburrir.

Arnarsson presenta a su Tristán como un individuo deprimido y lastrado por el pasado, como el propio director explicó ante el estreno. El austríaco Schager parecía casi al borde de sus capacidades en su canto ante la muerte, lo mismo que la soprano finlandesa Nylund. Al dúo se le reconoció el esfuerzo por compensar con sus voces el minimalismo de la pieza de Arnarsson. Christa Mayer, en el papel de Brandane, y Olafur Sigurdarson, en el de Kurwenal, se ganaron asimismo las ovaciones del templo operístico que es Bayreuth, consagrado en exclusiva a ese compositor desde su fundación, hace casi siglo y medio.

Pero el gran triunfador fue sin duda Bychkov, nacido en San Petersburgo, emigrado a Estados Unidos y titular de la Filarmónica Checa. La suya es una de las cuatro batutas elegidas para este año por la directora del festival, Katharina Wagner. Es una edición con dominio femenino, con tres directoras invitadas -la francesa Nathalie Stutzman para 'Tannhäuser', la ucraniana Oksana Lyniv para el 'Holandés Errante' y la australiana Simone Young para 'El anillo del Nibelungo'-. Completa la temporada Pablo Herás-Casado, con 'Parsifal'. Al maestro español se le espera en Bayreuth para siguiente gran desafío: dirigir la tetralogía del 'Anillo' programada para 2028.

Hostilidades entre Berlín y Baviera


Que Katharina Wagner haya optado por tres mujeres este año es extraordinario para un festival del calibre de Bayreuth. La presente edición es de transición ante el 150 aniversario del festival, en 2026. El ambiente está enrarecido por las tensiones entre el gobierno de Berlín y el de Baviera, patrocinadores públicos del festival. La ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, ha apremiado a Bayreuth a "abrirse" a otros compositores. A la ministra del canciller Olaf Scholz se la recibió en la puerta del teatro con abucheos. Ya en la recepción tras el estreno, el primer ministro bávaro, Markus Söder, le lanzó unas cuantas pullas, al afirmar que "desde Berlín no van a dictarnos lo que hay que hacer en Baviera". El político conservador fue aclamado, en una recepción donde Baviera exhibió una generosidad, en términos de comida y bebida, inaudita para la capital alemana.

La ministra no acudió a lo que hubiera sido el siguiente rapapolvo, tras los abucheos a pie de teatro. Su ministerio informó luego del acuerdo entre su gobierno y el Söder para aportar, a medias, 170 millones de euros a la segunda fase del saneamiento del teatro construido por orden de Richard Wagner en Bayreuth, gracias al mecenazgo de Luis II de Baviera, e inaugurado en 1876.

Un Tristán todo tristesse


„Tristán“ abre entre ovaciones y abucheos un Bayreuth escindido entre tradicionalismo y renovación
Joana Serra
La temporada del Festival Richard Wagner de Bayreuth se abrió el jueves con un „Tristán e Isolda“ que cosechó ovaciones para sus voces y su batuta, pero que repartió abucheos sin comtemplaciones para el concepto escénico del islandés Thorleifur Örn Arnarsson. El público wagneriano se rindió sin escisiones al duo protagonista, formado por el austríaco Andreas Schager y la finlandesa Camilla Nylund. Más vigorosos aún fueron los aplausos al maestro Semyon Bychkov, originario de Rusia pero con nacionalidad estadounidense, que llevó al éxtasis a los presentes con una interpretación fiel y precisa de la música del genio alemán.


Las iras, en forma de abucheos casi unánimes, se dirigieron al concepto escénico desarrollado por el director islandés, apoyado en el dramaturgo suizo Andri Hardmeier. El público de Bayreuth está acostumbrado a apuestas ambiciosas, incluso controvertidas, como el „Anillo del Nibelungo“ en formato de serial „Netflix“ que se repondrá en los próximos días, obra de Valentin Schwarz. O, más aún, el creativo y divertido „Tannhäuser“ de Tobias Kratzer, que se exhibe esta temporada por última vez en el festival bávaro, y que da la vuelta al mito para trastocarlo en un irónico desfile entre „drags queen“. En lugar de eso, el „Tristán“ estrenado este jueves es un espectáculo estático y sin brillo, donde el amot trágico entre Tristán e Isolda con alguna „licencia“ argumental. Salen ganando las voces, que pueden concentrarse en lo suyo; pero no hay tensión dramático, sino inmovilismo.
Örn Arnarsson, director afianzado entre escenarios alemanes, avanzó en los días previos a la apertura que se había inspirado en su Islandia natal y que su propósito era presentar una versión interna del desarrollo anímico de Tristán, al que relaciona con la palabra „tristeza“. El resultado fue demasiado frío para el espectador que acude a Bayreuth en busca de prodigios escénicos, además de voces y batutas magistrales, lo que en ese festival se da por consabido.
La temporada del evento bávaro se inauguró con malestar de trasfondo por unas declaraciones de la ministra de Cultura, la ecologista Claudia Roth, instando a sus responsables a renovarse y abrir el repertorio a otros compositores. Eso se consideró como un ataque frontal a la directora del festival y biznieta del genio fundacional, Katharina Wagner. Está al frente de la tradicionalista empresa desde 2008, cuando se retiró su padre tras más de medio siglo en su dirección, Wolfgang Wagner. Tras una primera fase de dirección bicéfala con su hermanastra Eva Pasquier-Wagner, asumió en solitario toda la responsabilidad del festival y creó la figura del director musical titular, un honor que recayó en Christian Thielemann. La relación entre directora y maestro fue compleja, hasta rozar la ruptura pública. Thielemann lleva dos años sin aparecer por Bayreuth, lo que duele especialmente por ser la mejor batuta alemana para Wagner. Pero ahora Katharina anunció su regreso, como director invitado, el próximo año.
Lo que considera la ministra Roth como necesario para revitalizar el festival no es la designación de batutas prestigiosas, sino que deje de programarse únicamente a Wagner, como viene haciéndose desde que el compositor inauguró el primer festival, en 1876.
Baviera ha encajado estas reclamaciones como una blasfemia y un intrusismo comandado desde Berlín, lo que en el próspero „Land“ del sur alemán siempre significa hostilidad. Que la titular de Cultura sea originaria de Baviera no la libra de las críticas. Roth fue abucheada a su llegada para la gala inaugural, pese a ser visitante asidua al festival desde mucho antes de convertirse en miembro del gobierno del canciller Olaf Scholz, en 2021.
El triunfo de Katharina Wagner en esta temporada o lo que apuntala su consideración de que se puede innovar sin renunciar al culto a su bisabuelo, es el hecho de que tres de los cinco maestros programados este año son mujeres. A la francesa Nathalie Stutzman, que dirigirá el „Tannhäuser“, y la ucraniana Oksana Lyniv, al frente del „Holandés Errante“, se une la incorporación de la australiana Simone Young, a la que se ha confiado „El anillo del Nibelungo“-.
Por parte masculina, junto al aclamado Bychkov, titular de la Filarmónica de la República Checa, vuelve esta temporada a Bayreuth el español Pablo Herás-Casado al frente de la reposición del „Parsifal“ con que abrió la temporada el año pasado. Katharina Wagner ha anunciado además que Herás-Casado asumirá además el desafío de dirigir en su festival, para la edición de 2028, el nuevo „Anillo“, lo que es sin duda el siguiente gran acontecimiento en el universo de los „devotos“ wagnerianos de Bayreuth.

jueves, 25 de julio de 2024

Picnic wagneriano

El wagneriano festival de Bayreuth se renueva con un „Tristán“ y tres batutas femeninas
Joana Serra
El festival de ópera de Bayreuth, la ciudad de Baviera donde Richard Wagner instaló el teatro considerado ideal para sus óperas, abre su temporada este jueves con el estreno de un nuevo „Tristán e Isolda“, al que sucederán en los días siguientes tres batutas femeninas: la de la ucraniana Oksana Lyniv, al frente de la reposición de „El holandés errante“, la de la francesa Nathalie Stutzmann, con la del „Tannhäuser“ y la de la australiana Simone Young, la primera mujer que dirigirá en el tempo wagneriano la trabajosa tetralogía de „El anillo del Nibelungo“.
El „Tristán“ inaugural, único estreno de esta temporada, estará dirigido por el ruso Semyon Byschkov, con dirección escénica del islandés Örn Arnarsson. Recreará así el drama romántico, con el experimentado Andreas Schager, una de las voces consagradas del festival wagneriano, y la finlandesa Camilla Nylund en los papeles protagonistas.
Completa el programa de la temporada el „Parsifal“ que estrenó el año anterior el maestro Pablo Heras-Casado, a quien se espera en cuatro años de nuevo en esa ciudad bávara para colocarse al frente del siguiente „Anillo“.
Los cinco directores mencionados pertenecen a la generación más actual de batutas reconocidas como „wagnerianas“, que se han ido incorporando temporada tras temporada a la nómina de la casa bajo la gestión de la directora del elitista festival, Katharina Wagner.
Que coincidan este año tres mujeres en la dirección de la orquesta, instalada en el legendario y profundo „foso“ de Bayreuth que da al teatro una acústica irrepetible, forma parte del proceso de renovación marcado por Katharina desde que tomó las riendas del festival. Eso fue en 2008, cuando su padre, Wolfgang Wagner, aceptó finalmente retirarse, tras más de medio siglo al frente del certamen. Fue una sucesión compleja, enrerada en un culebrón de otros aspirantes asimismo pertenecientes a la dinastía. En una primera fase compartió las responsabilidades con su hermanastra Eva Pasquier-Wagner. Pero desde 2015 es Katharina su única directora artística.
El presente año se considera un poco de transición o preparatorio para el gran acontecimiento que se espera sea el 150 aniversario del festival, en 2026. Hay fuertes tensiones entre los distintos estamentos políticos que subvencionan el festival. Por un lado, el „Land“ de Baviera, su principal patrocinador, que apuesta por la vía tradicionalista. Por el otro lado, el gobierno central de Berlín, cuya ministra de Cultura, Claudia Roth, asidua al festival y miembro de los Verdes, presiona para que se rompa el veto a otros compositores. Desde la fundación del Festival Richard Wagner, en 1876, en el certamen solo se representan un número determinado de piezas del genio fundacional. Ello ha convertido esa ciudad de Baviera en lugar de peregrinación de wagnerianos de todo el mundo. Pero también ha hecho que su festival acabe pareciendo una mera repetición de esquemas, en contraposición a la competencia directa que representa el festival de Salzburg, mucho más arriesgado e innovador. A ello se suma que las últimas escenificaciones de la tetralogía cumbre, el „Anillo“, no hayan convencido ni a su público más ortodoxo ni a los que adoradores de innovaciones.
La tetralogía wagneriana actualmente en programa, con dirección escénica del austríaco Valentin Schwarz, ha generado desde su estreno hace dos temporadas atronadores abucheos y bufidos. Es una versión en formato „Netflix“ que no convenció y para el que solo hubo aplausos a la parte musical, como fue el caso en 2022 para la dirección musical a cargo de Cornelius Meister. Lo mismo le ocurrió al anterior „Anillo“, dirigido por el berlinés Frank Castorf, cosechador de pataletas desaprobatorias y silbidos. A Simone Young le corresponderá salvar al menos la parte musical. Tiene a su favor su reputación como reconocida batuta wagneriana.

A modo de aperitivo popular, Katharina Wagner y su equipo incluyeron de nuevo un concierto previo a la gala inaugural del jueves con „Tristán“. Se incluye en la serie de conciertos al aire libre que convierten los jardines de la „Verde Colina“, como se conocen los alrededores el teatro, en un gran picnic colectivo, abierto a ciudadanos y visitantes, sentados en sillas plegables acarreadas desde casa o directamente sobre el césped. La batuta del concierto previo es para la francesa Stutzmann y el repertorio no es estrictamente wagneriano, sino extendido a Bach, Verdi y hasta compositores contemporáneos. Es una especie de regalo de los Wagner a la ciudad que, desde este 25 de julio hasta finales de agosto, rendirá culto a su genio más universal. 

miércoles, 24 de julio de 2024

Claudia Roth y sus ocurrencias


Bayreuth o el inquebrantable culto a Wagner: la polémica por si el festival se debe abrir a otros compositores marca el arranque de la cita




La excanciller alemana, Angela Merkel, y su marido, Joachim Sauer, que por primera vez en décadas no estarán en Bayreuth, a su llegada al festival en 2022. / CLEMENS BILAN / EFE

Gemma Casadevall
Bayreuth 24 JUL 2024 

"En Berlín no han entendido que a Bayreuth se viene a escuchar a Wagner y solo a Wagner", es la respuesta que desde el gobierno de Baviera se da a la "ocurrencia" de la ministra de Cultura del Ejecutivo de Olaf Scholz, la verde Claudia Roth, para "abrir" su festival de ópera a "otros compositores". El encargado de responder a la ministra es su colega bávaro, Markus Blume, de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), ante cita más imprescindible del calendario wagneriano europeo: la apertura este jueves del Festival Richard Wagner sobre la Verde Colina de Bayreuth, la ciudad de provincias donde el genio ordenó construir su teatro. El mejor lugar del mundo para representar desde el 'Tristán' al 'Anillo del Nibelungo', 'Parsifal', 'Tannhäuser' o 'El holandés errante'.

Así viene siendo desde 1876, su primera temporada. El esquema es rígido: se abre el 25 de julio y se cierra el 28 de agosto, con un total de 30 galas y, en general, un solo estreno. En este año, el honor de la apertura corresponde al nuevo 'Tristán e Isolda', con la batuta del ruso Semyon Byschkov y dirección escénica del islandés Örn Arnarsson.

Que Roth levantara polémica ante la inauguración no es, en realidad, tan extraño en Bayreuth. Las controversias o líos sucesorios suelen alimentar los corrillos en los entreactos. Roth, nacida en Baviera y asidua al certamen desde mucho antes de convertirse en ministra, en 2021, debía ser consciente de ello al proponer saltarse el veto histórico a cualquier compositor que no sea el fundador. Fue una semana antes de la inauguración y mencionó como ejemplo innovador a 'Hansel y Gretel', la ópera de Engelbert Humperdinck sobre el cuento infantil de los hermanos Grimm.

Katharina Wagner, innovaciones sin transgredir las normas


Que habría una respuesta bávara recordando los ancestros era un riesgo calculado. Roth, en realidad, no está tan alejada de los propósitos de la directora del festival y biznieta del compositor, Katharina Wagner. Desde que en 2008 asumió la dirección de manos de su padre, Wolfgang Wagner, ha incorporado ciclos como las óperas adaptadas al público infantil -o 'Wagner para niños'-. También la costumbre de ofrecer un concierto al aire libre y gratuito, con repertorios donde sí se llega a escuchar a otros autores, como Verdi y Liszt. Su objetivo es abrir el festival a público joven o no estrictamente wagneriano. Bajo la dirección de Katharina se incorporaron nuevos maestros. Especialmente notable ha sido la llegada de mujeres a la batuta. Primero se incorporó al programa la ucraniana Oksana Lyniv, al frente de 'El holandés errante'; se le unió la francesa Nathalie Stutzmann, con la 'Tannhäuer'. Este año serán tres las batutas femeninas, puesto que se les suma la australiana Simone Young para la tetralogía del 'Anillo'. Katharina Wagner ha incorporado asimismo a su nómina al español Pablo Heras-Casado, que en 2023 abrió el festival con su 'Parsifal' y al que se espera en 2028 al frente de un nuevo 'Anillo'.

Pero todo esto no basta, a juicio de Roth. La ministra quiere romper el veto a otros compositores y considera que, a más tardar, eso debe ocurrir ante el 150 aniversario del festival, en 2026. En medio hay otra cita importante a escala interna: la renovación del contrato de Katharina Wagner, el próximo año. La biznieta del compositor asumió las riendas del festival primero de forma colegiada con su hermana, por parte paterna, Eva Pasquier-Wagner. Fue una solución salomónica tras una larga guerra sucesoria entre distintos descendientes del compositor. En 2015 se convirtió en señora en solitario de la empresa familiar. Con ello se abrió una etapa a caballo entre el tradicionalismo heredado de Wolfgang Wagner, refundador del festival tras los la II Guerra Mundial, y las innovaciones milimétricas. Bajo Katharina se creó la figura del director titular, Christian Thielemann, ausente de la casa desde hace dos temporadas pero cuyo regreso se anuncia para el próximo año.

Un festival ritualizado, pero sin etiqueta estricta

Que Bayreuth vive y se nutre de rituales salta a la vista a cualquier visitante, asiduo o primerizo. Desde el "baño de pies" en un estanque vecino que se regalan damas y caballeros, en los entreactos de una hora de reloj, a la merienda rústica en una cantina a los pies de la colina, desde donde se escuchan los avisos del inicio del siguiente acto. Cada apertura de temporada coincide con alguna exposición temporal en el museo de la Haus Wahnfried, la casa en que vivió Richard y donde residió en sus visitas a la ciudad Adolf Hitler. Reconocer los años de sumisión al Tercer Reich de los herederos -y especialmente de la nuera de Richard, la británica Winifred Wagner, adoradora del Führer- forma parte de los rituales de la casa.

Bayreuth es un festival tan elitista como provinciano, donde casi nada está mal visto. Antes del estreno del jueves, la Verde Colina vibra con su concierto-merienda al aire libre, que repasará musicalmente las ciudades por las que discurrió la vida del genio: de Leipzig a Dresde, pasando por Múnich, París y obviamente Bayreuth. Los más asiduos echarán de menos a la excanciller Angela Merkel y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, wagnerianos apasionados, que por primera vez en décadas no acudirán este año a su cita con el festival.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Disco solicitado


Deutsche Grammophon, el Rolls Royce de los sellos discográficos, cumple 125 años con aires de cambio





Joana Mallwitz dirigiendo a la Konzerthausorchester de Berlin en el concierto de aniversario. /STEFAN HÖDERATH

Gemma Casadevall

Berlín07 de diciembre del 2023. 17:13

“Nada cambia, pero todo es distinto. No era fácil trasladar el virtuosismo al 'streaming'. Resolvemos el desafío desde la fidelidad a nuestra filosofía fundacional: aunar el talento musical y la mejor tecnología”, apuntaba el presidente de Deutsche Grammophon (DG), Clemens Trautmann, en la recepción del 125 aniversario de su sello. “Se trata de ofrecer exquisitez musical con la máxima innovación tecnológica”, según Frank Briegmann, director de Universal Music Group en Europa, el gigante al que pertenece el histórico sello alemán.

Ambos, Trautmann y Briegmann, ejercieron de anfitriones en la recepción previa al concierto aniversario de este 6 de diciembre, fecha oficial del cumpleaños de Deutsche Grammophon. Fue en el Konzerthaus de la capital alemana, sede del sello alemán, bajo la batuta de Joana Mallwitz, de 36 años y directora titular de la casa. De acuerdo a la filosofía renovada de DG, se globalizó la gala a través de su instrumento más mimado, el aplicativo Stage+. Por esa misma vía se reproducirá en días sucesivos. Le seguirán otros conciertos de aniversario programados en distintos continentes. El próximo sábado, en Filadelfia, con la violinista española María Dueñas, y el día 15 en Seúl, dirigido por el islandés Víkingur Ólafsson

“Nuestra sede está en la capital alemana, pero el mercado es global. Y en el ámbito clásico tenemos claro que el streaming es irrenunciable”, proseguía Trautmann. Deutsche Grammophon y su sello amarillo fueron durante décadas presencia inexcusable entre los estantes de cualquier hogar más o menos adicto a la música, en formato disco o luego CD. Se estrenó en Spotify y otras plataformas hace unos años. Pero con el 125 aniversario ha extendido ese dominio como fórmula de futuro para una marca que presume de ser “el Rolls Royce de los sellos discográficos” -en palabras de Briegmann- y abierta a “músicos que van más allá de lo clásico” en un mercado en que “las fronteras de los géneros se diluyen”.

Mallwitz y el inevitable paralelismo con Blanchett

A Joana Mallwitz (Hildesheim, 1986) se la presentó el pasado junio como la primera mujer que se coloca como directora titular de la histórica orquesta del Konzerthaus berlinés. Desde entonces se la compara insistentemente con la tiránica directora ficticia que interpreta Cate Blanchett en “Tár”. De poco ha servido que haya explicado que no ha visto esa película: sobre el escenario, su complexión física y gestos la condenan al inevitable paralelismo con ese personaje de Blanchett. Alta, esbelta y rubia, se convierte ante la orquesta en una especie de diosa hipnótica, que mima con instinto maternal a cada uno de sus músicos.

Su concierto aniversario fue de corte clásico, con Brahms a Beethoven y Mahler. Contó con la violinista coreana Bomsori Kim, el celista austríaco Kian Soltani, los pianistas Rafal Blechacz y Bruce Liu, además del barítono André Schuen. Todos ellos, como la propia Mallwitz, representantes de la generación de músicos jóvenes e impecablemente atractivos, también en lo físico. Muy en la línea de lo que representaron en la historia de la casa nombres como Anne Sophie-Mutter, estandarte aún hoy del sexy unido al virtuosismo, como lo fueron Herbert von Karajan o Leonard Bernstein.




Joana Mallwitz y Dr. Clemens Trautmann, el presidente de Deutsche Grammophon. /STEFAN HÖDERATH

Todo empezó con el gramófono


La partida de nacimiento de Deutsche Grammophon data de un día de San Nicolás, 6 de diciembre, de 1898. Ese día, Emil Berliner y su hermano Josef registraron en Hannover el sello discográfico que revolucionó desde Alemania la cultura musical clásica. A Emil Berliner, nacido en Hannover en 1851 y de origen judío, se le considera el inventor de la técnica perfeccionada del gramófono. Su primer “disco” se desarrolló entre su taller de la fábrica familiar y una estancia en Estados Unidos, donde emigró para evitar el reclutamiento militar prusiano. Perfeccionó ahí el sonógrafo de Thomas Alva Edison modificando el ángulo de la aguja y lo patentó de nuevo en Alemania en 1887 como gramófono. Dos años empezó la producción de sus primeros discos.

Su palanca al éxito la brindó un primer contrato: con el tenor italiano Enrico Caruso, en 1902. Cuatro años después tenía en su fábrica de Hannover 200 presadoras para la producción de discos; en 1913 sacó su primera grabación íntegra de un concierto, la Quinta Sinfonía de Beehoven, con Arthur Nikisch al frente de la Filarmónica de Berlín.




Bruce Liu; Andrè Schuen; Kian Soltani; Rafał Blechacz; Bomsori Kim y la directora de orquesta Joana Mallwitz, anoche en Berlín. /STEFAN HÖDERATHNoticias relacionadas

Fue una empresa de titularidades múltiples entre Alemania, Canadá y Reino Unido, lo que tras la Primera Guerra Mundial le costó la incautación de activos. Pero el auténtico zarpazo de la historia lo precipitó el ascenso al poder de Adolf Hitler, en 1933, y su posterior campaña de “arización” del tejido cultural alemán. Los músicos, compositores y creadores de origen judío quedaron proscritos. La producción de Deutsche Grammophon se hundió. Pasó tras la Capitulación nazi a tutela aliada, conoció a sucesivos propietarios e inversores, hasta que en la década de los 50 el alemán Ernst von Siemens lo redirigió hacia el éxito.

Se consolidó como sello que aúna a los grandes del circuito clásico con las técnicas de ingeniería de sonido más avanzadas y la publicación de discos icónicos bajo su emblemático sello amarillo. Hace aproximadamente un año lanzó la plataforma Stage+, ofrece listas de reproducciones casi infinitas, documentación y archivo,tiene su canal en Amazon Music y su galería de Google Arts & Culture. En lo que respecta a Alemania, un 80% de su facturación procede aún del segmento discográfico, frente al 20 % de la oferta digital. En Estados Unidos el porcentaje tiende a invertirse: un 60 % pertenece ya al territorio digital. Esa es la tendencia a escala global. Pero el viejo gramófono del taller de Berliner permanece como señal de identidad incuestionable.

viernes, 25 de agosto de 2023

Gemma se reestrena

 Butacas vacías y caída de mecenas: Bayreuth, ante los primeros síntomas de agotamiento


Probablemente Bayreuth sea, junto a Wacken, “lo más alemán” que ofrece en cuanto a festival el verano europeo. A Bayreuth, en Baviera, acude todos los años la elite wagneriana desde casi siglo y medio, del 25 de julio a finales de agosto. A Wacken, un idílico pueblecito del norte, se viaja en la primera semana de agosto a por el heavy metal puro. Son dos festivales de rituales diamentralmente opuestos -cierta etiqueta en el operístico; tatuajes, chalecos de cuero y demás estética heavy, en Wacken-. Pero son de algún modo identificables como representantes de la “alemanidad pura”, base del atractivo que les convierte en lugar de peregrinación anual para wagnerianos o heavys de todo el mundo.



Ambos festivales, el de ópera como el metálico, se vieron sacudidos este 2023 por tormentas torrenciales. En Wacken, una cuarta parte de sus 85.000 fieles se quedaron sin poder acceder al recinto, convertido en un barrizal. Los que lo lograron se pusieron de barro hasta las cejas. Pese a las dificultades, las entradas para 2024 se agotaron a las dos horas de abrirse su venta.

Butacas vacías

Al de Bayreuth llegó todo el mundo a su butaca… pero alguno se encontró con la sorpresa de que la de al lado estaba vacía. Que siguieran a la venta las entradas online para las sesiones del “Anillo del Nibelungo” llenó los comentarios de sus entreactos –de una hora de reloj, otra tradición de la casa-. Que esa siguiera siendo la situación hasta el cierre de la temporada, este 28 de agosto, causaba ya algo más que extrañeza. Hasta hace una década, Bayreuth presumía de unas listas de espera de hasta 15 años cada una de las casi 2.000 butacas del viejo teatro construido en 1872. Su temporada es corta y absolutamente codiciada. Con el paso a la venta online se aligeró un poco el suplicio de la espera. Pero seguían agotándose todos los contingentes.



La gerencia aumentó el precio de las entradas cerca de un 6 % --el nivel de la inflación media de 2022, explicó el festival-. Sigue siendo, sin embargo, más asequible que otros equivalentes –como Salzburg--, con localidades que van de los 350 a 210 euros, según categorías y piezas.
Wagner en 'formato Netflix'

Katharina Wagner, biznieta del compositor y directora del festival desde 2008 –primero en dirección colegiada con su hermanastra Eva Wagner-Pasquier y desde 2015 en solitario--, diseñó la temporada que ahora termina bajo el signo de la renovación. La abrió el “Parsifal” dirigido por Pablo Heras-Casado, el primer español que dirigía en el mítico foso de Bayreuth, después de que Plácido Domingo lo hiciera para la “Valquiria” en 2018.

Domingo escuchó algunos abucheos, mientras que Heras-Casado triunfó pese a que el concepto escénico de “Parsifal” fue todo lo contrario a exitoso. La ocurrencia de su artífice, Jay Scheid, de colocar a parte del público gafas de realidad aumentada –AR-- no gustó ni a los que las llevaban –uno de cada cinco-- ni a los que se quedaron sin ellas. Los primeros, porque la realidad virtual se convirtió en un estorbo; los segundos, por la sospecha de que tal vez se perdían algo. Al final no estaba claro si el privilegio consistía en disponer de las gafas AR o lo contrario.

Renovadores versus ortodoxos


Heras-Casado fue uno de los cinco maestros al frente de la orquesta de Bayreuth en esta temporada, todos ellos representantes de una generación de renovadores wagnerianos. Por primera vez en un cuarto de siglo no dirigía en la casa Christian Thielemann. La francesa Nathalie Stutzmann debutaba como el español en Bayreuth y se llevó una ovación de las que hacen historia al frente de “Tannhäuser”; el finlandés Pietari Inkinen brilló con el “Anillo”; la ucraniana Oksana Lyniv lo hizo con el “Holandés errante” y el alemán Markus Porschner con “Tristán e Isolda”.

La elección de los cinco maestros, entre ellos dos mujeres, fue un acierto. Katharina cumplió con el desafío de la renovación sin sacrificar la señal de identidad de festival, que es el culto en exclusiva a Wagner. Como viene siendo desde que el compositor levantó en esa ciudad de provincias bávara el teatro para sus óperas, financiado por el Rey Loco, Luis II de Baviera
.


¿Por qué entonces esas butacas vacías? Los huecos aquejaron sobre todo al “Anillo”, la producción en 'formato Netflix' de Valentin Schwarz que en su estreno en 2022 pasado desató atronadores abucheos. Este año las reacciones, aunque adversas, fueron menos virulentas. Las entradas online se ofrecían incluso por separado para cada una de las piezas de la tetralogía, sin necesidad de adquirir el paquete de cuatro, una blasfemia para la ortodoxia wagneriana.

El presupuesto se tambalea

Sobre Bayreuth planea la pregunta de si se agotó la fórmula de insistir únicamente en el repertorio de siempre. Katharina Wagner tiene pendiente la renovación de su contrato, que expira en 2025. Un año después se conmemorarán los 150 años de existencia del festival. Todo apuntaría a la continuidad. Pero las estructuras financieras cambiaron. Y también las sumisiones. Hasta ahora, el 'Land' de Baviera, junto con el Estado federal y la Sociedad de los Amigos de Bayreuth –que agrupa a mecenas-- tenía cada uno un 29 % de participación en el festival, lo que suponía una aportación de 3 millones de euros cada uno. El resto era competencia de la ciudad de Bayreuth.

A finales del año pasado, los mecenas anunciaron que reducían su parte. Baviera respondió subiendo la suya al 37 %, lo mismo que el Estado federal. Mientras que para el gobierno bávaro no hay dudas debe seguir a cargo “de un Wagner”, para la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, es el momento de cuestionarse esa sumisión. “Hay que mostrar valor e introducir cambios en las estructuras históricas de Bayreuth”, afirmó recientemente.

Que una ministra del gobierno federal trate de dictar las normas al tradicionalista festival sería una afrenta en otros tiempos. Pero Roth es tan bávara como Bayreuth. Los orígenes musicales de la ministra ecologista están más cerca del heavy que de la ópera -fue manager y novia de un miembro de una iconoclasta banda rock llamada Ton Steine Scherben-. Pero es asidua a Bayreuth desde mucho antes de entrar en el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Olaf Scholz. Se puede permitir incidir en el debate. No es la más ilustre wagneriana del ámbito político alemán. Esta categoría está reservada a Angela Merkel, quien acudió al festival siendo la jefa de la oposición conservadora, en sus 16 años como canciller y tras retirarse del poder. Pero a Roth se la considera parte de la familia.

Su frase se interpretaba como el pre-anuncio de otra guerra de sucesión. Bayreuth ha estado siempre dirigido por algún descendiente de Wagner o cónyuge de éstos –como Winifred Wagner, esposa de Siegfried Wagner, británica y adoradora de Adolf Hitler--. Katharina protagonizó un duro pulso con sucesivos parientes por la sucesión de Wolfgang Wagner, su padre. Tiene ahora por delante la pugna por renovar, o no, su contrato.

sábado, 29 de julio de 2023

El Tannhäuser definitivo


 Katharina Wagner revitaliza la nómina de Bayreuth, de Heras-Casado a Stutzmann

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 29 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner ha revitalizado su nómina de maestros con dos debutantes en Bayreuth, Pablo Heras-Casado y Nathalie Stutzmann, exponente de la renovación imprimida a la empresa familiar bajo la directora y biznieta del compositor, Katharina Wagner.

La presente temporada era la primera en un cuarto de siglo sin la batuta de Christian Thielemann, quien ascendió a director titular de Bayreuth tras colocarse al frente del festival la heredera de los Wagner, en 2008.

Thielemann dejó el puesto la pasada temporada y en la "verde colina" se temía cierto vacío ante la apuesta de Katharina por directores más jóvenes, con experiencia wagneriana probada, pero sin el sello de "consagrados" en Bayreuth.

No se cumplieron esos pronósticos. El español Heras-Casado escuchó bravos el pasado martes con "Parsifal", la última ópera que compuso Wagner. Era el primer español que dirigía una gala inaugural en los casi 150 años de historia del festival.

El "Tannhäuser" dirigido por la francesa Stutzmann escuchó este viernes 20 minutos de frenéticas ovaciones, en una de esas raras ocasiones en Bayreuth en que todo fueron aplausos. Para la batuta, para las voces -Klaus Florian Vogt, Elisabeth Teige y Ekaterina Gubanova- ni la producción. 

Stutzmann es la segunda mujer que dirige en Bayreuth, tras la incorporación en 2021 de la ucraniana Oksaka Lyniv, quien esta temporada vuelve con su "Holandés Errante".

El "Tannhäuser" creado por Tobias Kratzer y estrenado en 2019 es una de las mejores producciones que se han visto en Bayreuth en años, plagada de genialidades escénicas, divertida, intensa y hasta oportuna, con inclusión de drones y tributo al colectivo LGTBI.

A Heras-Casado le tocó lidiar en su "Parsifal" con la puesta en escena concebida por el estadounidense Jay Scheid. La incorporación de lo virtual a través de las gafas de Realidad Ampliada -AR- fue recibida más como un estorbo que como una aportación, además del enojo previo surgido del hecho de que solo había ejemplares para 330 butacas, del total de cerca de 2.000 asistentes.

En Bayreuth, lo que en una temporada no encaja tiene su segunda oportunidad a la siguiente. Este es el caso del "Anillo del Nibelungo" estrenado en 2022 por Valentin Schwarz, con Cornelius Meister a la batuta, que entonces desató tempestades de abucheos.

Las dos primeras piezas de la tetralogía representadas hasta este sábado marcaron la reconciliación con Bayreuth. Tanto "El Oro del Rin" como "La Valquíria", fueron recibidos con aplausos, a la espera de lo que ocurra en las siguientes funciones con "Sigfrido" y "El crepúsculo de los dioses". 

Schwarz ha ajustado unas cuantas tuercas a la versión de la tetralogía, planteada como un serial tipo "Netflix". La batuta la lleva ahora el finlandés Pietari Inkinen.


La media de edad entre los cinco maestros de la temporada -a Heras-Casado, Stutzmann, Lyniv y Inkinen se le suma el alemán Markus Porschner con el "Tristán e Isolda"- está sobre los 48 años. Todos ellos representan la revitalización del universo wagneriano, con permiso de los consagrados.

Algo de renovación se percibió también en el desfile de visitantes para la apertura de la temporada en esta ciudad de provincias bávara donde Wagner construyó el teatro ideal para sus óperas. 

La ex-canciller Angela Merkel y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, siguen teniendo rango de amigos de la casa. Ambos acudían a Bayreuth antes incluso del acceso al poder de la política, que siguió visitándolo en sus 16 años en la Cancillería y continúa haciéndolo tras su retirada.

Pero ahora la atención mediática -y el palco junto al primer ministro bávaro, Markus Söder- fue para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. No era su primer año en Bayreuth, ya que estuvo ahí en 2018, siendo ministra de Defensa de Merkel y cuando aún se barajaba como posible sucesora de la líder alemana. EFE

gc

(foto)


martes, 25 de julio de 2023

Pablo y las malditas gafas AR


Heras-Casado triunfa en Bayreuth con un "Parsifal" acosado por lo virtual

 Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El director español Pablo Heras-Casado triunfó este martes en el Festival de Ópera de Bayreuth con un "Parsifal" que introdujo en el templo wagneriano la realidad virtual, elemento que dejó sensación de acoso, hasta que finalmente se impuso la música sobre lo discordante. 

El maestro granadino, primer director español invitado que se coloca ante la orquesta para la apertura del festival, escuchó bravos del estricto público de la "verde colina"; las voces de Andreas Schager -Parsifal-, Elina Garanca -Kundry- y Derek Welton -Amfortas- cosecharon las más cerradas ovaciones. 

Menos fortuna tuvo el equipo escénico liderado por el estadounidense Jay Scheid, artífice de la introducción en Bayreuth de la virtualidad a través de las gafas de realidad aumentada -AR- que recibieron unos 330 de los alrededor de 2.000 asistentes a la gala. 

Lo que teóricamente era un privilegio -es decir, estar entre los que sí percibieron las gafas- acabó siendo perturbador. Sobre la sobria escenografía diseñada por Scheid irrumpen a través de esas gafas todo tipo de elementos volantes, desde estrellas a flores, mariposas, calaveras, basura plástica o chatarra electrónica, según el estado de ánimo o momento a definir del poema épico wagneriano.

Mientras sobre el escenario discurre una producción más o menos convencional, sin alardes innovadores, a través de las AR se suceden incendios u otras formas de destrucción alternados con momentos de placidez, en torno a la búsqueda del Santo Grial. 

Especialmente el primer acto resultó decepcionante en su escenografía y, aunque mejoró a partir del segundo, fueron bastantes los usuarios de las AR que optaron por utilizarlas solo a ratos, mientras que quienes no disponían de estas tuvieron que conformarse con la parquedad escénica. 

Por razones técnicas y presupuestarias, el festival wagneriano había adquirido solo las mencionadas 330 unidades, lo que de por sí implicaba dejar a una mayoría fuera del ingenio técnico que tantos comentarios previos había acaparado.  

Las gafas AR eran apenas un "complemento", había comentado Heras-Casado a EFE, en un encuentro previo al estreno. Como todo el mundo sabe, añadió el maestro, desde los técnicos a los artistas, en Bayreuth lo único primordial es la música de Wagner. 

Había expectación en torno al debut de Heras-Casado (Granada, 1977) en el templo wagneriano. El director, una de cuyas peculiaridades es que no usa la batuta, sino que dirige con sus manos, es el primer español que dirige una nueva producción en los más de 150 años de historia del festival.  

"Parsifal", estrenada en 1882, es la última de las óperas compuestas por Wagner y la única concebida expresamente para ser representada en Bayreuth.  

Las entradas para cada una de las funciones de esta pieza estaban agotadas, algo que no ocurre, por ejemplo, con el "Anillo del Nibelungo" de Valentin Schwarz, que el año pasado en su estreno desató una tormenta de duras críticas y abucheos con su interpretación en formato "Netflix" de la tetralogía. 

En la apertura de la presente temporada hubo también tormenta, pero meteorológica. Justo con la llegada de los invitados al teatro, encabezados por el primer ministro de Baviera, Markus Söder, cayó un aguacero, entre despliegue de truenos y relámpagos sobre la verde colina. 

Junto a Söder asistían a la apertura la plana mayor de la clase política bávara, algunos ministros del Gobierno de Olaf Scholz, así como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la excanciller Angela Merkel, asidua al festival desde hace más de veinte años. 

Heras-Casado, cuya primera experiencia con Wagner fue con "El holandés errante" estrenado en el Teatro Real de Madrid en 2016, es uno de los nombres innovadores incorporados al festival por su directora, la biznieta del compositor Katharina Wagner.  

Le seguirán en los próximos días Nathalie Stutzmann, quien debuta en el festival bávaro con "Tannhäuser", la ucraniana Oksana Lyniv, quien repone "El holandés errante", y el finlandés Pietari Inkinen, al frente del "Anillo" de Schwarz. 

Es la primera temporada desde hace 25 años sin el alemán Christian Thielemann, a quien Katharina Wagner convirtió en director titular de Bayreuth, pero que el año pasado dejó la verde colina wagneriana. EFE 

gc/szg 



Donde Plácido, seis años después


Heras-Casado, ante el foso mística y con las gafas AR como "complemento" (entrevista)

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El director español Pablo Heras-Casado abre la temporada del Festival de Ópera de Bayreuth desde el "foso místico" del teatro construido por designio de Richard Wagner y con un "Parsifal" que incorpora la realidad virtual como "complemento".

     "Es una prueba de fuego por la que sabía que tenía que pasar, en un lugar muy particular en el que tienes que reinventarte. Hasta que no estás aquí no tienes la clave", explicó a EFE el maestro, ante la apertura esta noche del festival.

Heras-Casado (Granada, 1977) se ha preparado a consciencia para el momento. Es el primer español que inaugura una temporada del templo wagneriano, en la ciudad bávara donde el compositor levantó su teatro. 

El único precedente fue Plácido Domingo, quien dirigió en 2018 una reposición de "La Valquiria", a modo de invitado especial. 

"He estado en el foso oyendo a otros colegas para conocerlo y tener una sensación previa. Pero hasta que no diriges desde aquí no sabes lo que es", admite, en relación al foso de la orquesta en las entrañas del teatro. 

La experiencia es "mágica", ya que se consigue una "acústica imposible e increíble". "Me gusta muchísimo este hábitat", concluye, para recalcar que "Parsifal" fue la única ópera compuesta por Wagner para ser interpretada precisamente ahí.

"Pierre Boulez decía que cómo puede ser que hoy día no se reproduzca esa técnica", recuerda respecto al francés, quién en 1976 puso en escena el legendario "Anillo del Nibelungo" con Patrice Chéreau en Bayreuth. "Pero también está bien que sea el único lugar donde se preserva esa magia", añade.

La génesis de "Parsifal", última ópera de Wagner estrenada en 1882, fue larga. "Lo tuvo en mente mucho tiempo hasta que empezó su composición", recuerda Heras-Casado. 

Su dificultad específica consiste en que contiene "muchas texturas, en tiempos muy pausados, dentro de una pieza muy extensa, muy mística y con un tapiz sonoro de infinitos colores".

El maestro llega a Bayreuth invitado por la directora y biznieta del compositor, Katharina Wagner, a raíz de su trabajo en el Teatro Real de Madrid, donde estrenó el "Anillo" en cuatro años, uno para cada pieza.

Comparte temporada con dos batutas femeninas, la de la francesa Nathalie Stutzmann, quien debuta en Bayreuth con "Tannhäuser", y la ucraniana Oksana Lyniv, quien repone "El holandés errante".

Los tres, junto con Pietari Inkinen, al frente del "Anillo" de Valentin Schwarz estrenado el año pasado, representan una generación renovadora en ese festival.

"Con todos los respetos hacia (Christian) Thielemann, el festival y Wagner son mucho más que cualquier nombre", argumenta Heras-Casado en relación a la ausencia del director alemán, quien fue titular de Bayreuth hasta el año pasado. 

"Todo festival tiene en algún momento que mirar hacia delante", añade, para alabar el talante de Katharina Wagner, quien en su gestión ha tenido que "vencer muchas resistencias", incluido "el peso de la tradición".

El "Parsifal" es su nueva incursión en Wagner, tras el "Holandés Errante" estrenado en 2016 en el Real de Madrid -"mi cuna wagneriana", dice- y el "Anillo" que dirigió ahí desde 2018.  

Aplica al poema épico que Wagner situó en el norte medieval de España los aires de su Granada natal. "Cada artista, cuando se relaciona con otro entorno, lleva inconcientemente parte de su vida, en cada gesto, en cada aproximación", explica.

Su incorporación no podía ser otra que la Alhambra, "el fabuloso palacio" que tiene enfrente de su casa granadina. Es su referente, por mucho que actualmente su existencia discurra entre Berlín, Viena, Roma, Bayreuth y otros escenarios.

El otro elemento de la producción, obra del estadounidense Jay Scheib, son las gafas de realidad aumentada -AR-, que el festival pone a disposición de 330 de las 2.000 entradas por cada función y que extienden lo que ocurre en escena con imágenes virtuales.

"Son un complemento y una apuesta del festival. Está bien abrirse a nuevas tecnologías, con talante progresista e innovador", argumenta Heras-Casado. 

Las gafas AR son el elemento más comentado ante la apertura, aunque "como todos sabemos, desde los artistas y técnicos a Katharina Wagner, aquí todo gira en torno a la música de Wagner", concluye. EFE

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Wagner para todos



Bayreuth se vuelca en "Parsifal", sea popular o elitista

 Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth se vuelca en "Parsifal", tanto en la apertura de su elitista temporada como en conciertos al aire libre y gratuitos, en su ciclo para el público infantil o un elemento acaparador de comentarios: las gafas de realidad virtual aumentada AR.

     Al director español Pablo Heras-Casado le corresponde el honor de inaugurar la temporada con el "Parsifal" ideado por el estadounidense Jay Scheid, que incorpora esa realidad virtual complementaria y también algunas complejidades técnicas.

Los 330 privilegiados cuya entrada incluye las AR deben pasar antes por los mostradores donde se adapta cada ejemplar a sus características -sea correctivo óptico, para quien precisa gafas, o forma de la nariz, para asegurar un asentamiento óptimo del aparato.

Los restantes entre los 2.200 asistentes que verán la función sin esas gafas no deben considerarse "espectadores de segunda", explicó a EFE Heras-Casado, previo al estreno. Como todo el mundo sabe, desde los técnicos a los artistas, en Bayreuth lo único primordial es la música de Wagner; la AR es apenas un complemento.

La expectación ante el estreno es alta, también en lo musical. Heras Casado (Granada, 1977) es el primer español que dirige una nueva producción en los más de 150 años de historia del festival. "Parsifal", estrenada en 1882, es la última de las óperas compuestas por Wagner y la única concebida expresamente para ser representada en Bayreuth, recordó a EFE el maestro español. 

Las entradas para cada una de las funciones de esta pieza están agotadas, algo que no ocurre, por ejemplo, con la reposición del "Anillo del Nibelungo" de Valentin Schwarz. La gerencia del festival incrementó este año el precio de las entradas en un 6 % -más o menos el nivel de la inflación-, pero tal vez éste no sea el único factor disuasorio para la tetralogía, sino las duras críticas y los abucheos que cosechó el año pasado en su estreno Schwarz con su ciclo en formato "Netflix".

Previo a la inauguración de la temporada, que de acuerdo a la tradición de la casa tiene lugar el 25 de julio, hubo un concierto al aire libre, en las praderas y jardines que envuelven el teatro construido en la verde colina de Bayreuth entre 1872 y 1876, de acuerdo a las instrucciones del genial compositor y con el mecenazgo del rey Luis II de Baviera, el llamado "Rey Loco".

También ahí el protagonista fue "Parsifal", con Markus Poschner a la batuta, aunque en este caso se limitó a la apertura de la ópera. Siguió el concierto con un programa popular que combinó George Gerschwin, Aerosmith, piezas de Verdi y de Strauss, entre centenares de asistentes sentados en la hierba a modo de picnic o en sillas plegables acarreadas desde casa. 

La fórmula de conciertos al aire libre es una de las novedades implantadas por la biznieta del compositor y directora del festival desde 2008, Katharina Wagner, primero con su hermanastra Eva Wagner-Pasquier y desde  2015 en solitario. También lo es el ciclo de óperas adaptadas al público infantil -niños entre 8 y 12 años-, que este año programa un "Parsifal" dirigido por Azis Sadikovic.

La ecuación entre el tradicionalismo de un festival volcado en exclusiva al culto a Wagner y la necesidad de innovar es el sello de identidad de Katharina. Junto a la incorporación de ingenios técnicos, como las gafas AR, su búsqueda se plasma en la incorporación de nuevos nombres a su elenco.

Heras-Casado, quien sitúa su cuna wagneriana en el Teatro Real de Madrid, donde dirigió "El holandés errante" en 2014 y luego "El Anillo", a partir de 2018, es una de esas bazas innovadoras. Le acompañará Nathalie Stutzmann, quien debuta en Bayreuth con "Tannhäuser", la ucraniana Oksana Lyniv, quien repone "El holandés errante", y el finlandés Pietari Inkinen, al frente del "Anillo" de Schwarz.

Es la primera temporada desde hace 25 años sin el alemán Christian Thielemann, a quien Katharina Wagner convirtió en director titular de Bayreuth, pero que el año pasado dejó la verde colina wagneriana. EFE

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