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domingo, 28 de diciembre de 2025

Delicias vienesas


Viena, la metrópoli de la vivienda sostenible: un modelo de arraigo histórico



Una calle comercial en el centro histórico de Viena. / HARALD DOSTAL / IMAGO / REUTERS

 Gemma Casadevall    Berlín28 DIC 2025 

¿Se puede presumir de ser una metrópoli y, a la vez, de tener el parque de viviendas más asequible de Europa? Eso viene haciendo Viena, una capital referente de una política de la vivienda orientada al ciudadano, en unos tiempos en que la escasez de pisos asequibles es el mayor quebradero de cabeza de los europeos. ¿Se puede extrapolar su modelo a otras ciudades semejantes? Difícilmente: la receta del éxito vienesa no se improvisa. Sus orígenes se sitúan en la caída del imperio austrohúngaro y a la apuesta persistente por la vivienda protegida de la socialdemocracia, la fuerza históricamente dominante de la llamada 'Viena Roja'.
Aproximadamente el 60% de los 1,9 millones de ciudadanos de Viena viven en pisos de propiedad municipal o subvencionados, con contratos indefinidos y transferibles a la siguiente generación, protegidos por un tope al precio del alquiler. Que el ayuntamiento sea el mayor propietario de las viviendas actúa de dique de contención en todo el mercado inmobiliario. A las 220.000 viviendas de propiedad municipal se suman otros 200.000 pisos de cooperativas o subsidiados, según cifras oficiales de 2023.

Pisos protegidos para todos

No hay que estar en situación de precariedad para solicitar uno de los pisos de propiedad pública, que además están repartidos por todos los distritos, desde el centro a un extrarradio que cuenta con un transporte público eficiente. La gran mayoría de los ciudadanos vieneses cumplen los requisitos para solicitarlos. Basta con ser europeo, tener un arraigo en la capital de al menos dos años y unos ingresos netos que no excedan a los 3.900 euros mensuales, en el caso de una persona sola, o del doble, para un núcleo familiar con cuatro personas. La oferta va de viviendas sencillas, a alquileres por debajo de los 500 euros mensuales, a pisos que en Barcelona o Madrid se considerarían de alto standing, de 100 metros cuadrados, pero por arriendos sobre los 1.200 euros.
Para entender por qué eso funciona así de bien en Viena, pero también por qué no es exportable a cualquiera otra ciudad social y políticamente comparable, hay que poner la mirada en la historia austriaca. Tras la Primera Guerra Mundial, con el derrumbe del imperio austrohúngaro, la Viena obrera era un panorama de chabolas y viviendas irregulares.
Las primeras elecciones libres a escala municipal, en mayo de 1919, dieron la mayoría absoluta al Partido Socialdemócrata. Arrancó ahí un b destinado a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, en lo que jugó un papel determinante la política de la vivienda. Hasta 1934 se construyeron 60.000 viviendas protegidas, así como centros de asistencia médica, servicios sociales, educacionales y culturales.
El concepto de la 'Viena Roja' se extendió a otros ámbitos de la vida ciudadana, desde el papel de la mujer o la organización del tiempo libre, al reparto de las tareas domésticas, como documentaba una reciente exposición del Museo de Historia de Viena. De la precariedad en que quedó Viena tras la I Guerra se saltó a conceptos pioneros también en urbanismo. Del chabolismo se pasó a la construcción de nuevos núcleos residenciales.
La gran revolución urbanística y arquitectónica quedó interrumpida con la anexión de Austria por el Tercer Reich nazi. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Viena volvió a ser socialdemócrata.

Surgen los puntos débiles

A la capital austríaca se la sigue considerando la meca de la vivienda asequible. Pero incluso en su historia exitosa aparecieron agujeros negros: los alquileres son asequibles, pero los gastos de mantenimiento del edificio y demás costes comunes son muy altos y van a cuenta exclusivamente del inquilino, que además debe asumir reparaciones y otros gastos adicionales.
Vivir de alquiler es relativamente barato en comparación con otras ciudades europeas. Sin embargo, dar el salto a la vivienda de propiedad está reservado a los ciudadanos de altos ingresos. En cinco años, y pese al tope al incremento de precios, los alquileres se dispararon con un incremento del 30%. Y no hay oferta para todos los recién llegados. La población aumenta cada año en unos 25.000 habitantes, mientras que el crecimiento del parque de viviendas se sitúa en unas 10.000.
A Viena la envidia cualquier berlinés o ciudadano de otra capital centroeuropea. Pero entre sus habitantes se manejan los mismos términos como sinónimo de desarrollo urbano negativo: gentrificación, especulación inmobiliaria y desplazamiento de los vecinos del centro hacia extrarradio, empujados por el alza de precios.
El malestar es creciente, aunque los problemas para acceder a una vivienda del vienés medio no sean comparables en su dimensión a los que sufren otros europeos. La ultraderecha FPÖ se erigió en la fuerza más votada en las elecciones generales de 2024, aunque finalmente se quedó fuera de la coalición de gobierno que lidera el conservador Christian Stocker. El alcalde de Viena sigue siendo un socialdemócrata, Michael Ludwig.

martes, 5 de agosto de 2025

Turistas somos todos


Diversitat d’espais culturals i lúdics contra massificació



Gemma C. Serra


En alguns bar­ris de Berlín hi ha pin­ta­des amb la frase “Tou­rist go home”, la mateixa amb què ciu­ta­dans d’arreu del món expres­sen el seu males­tar per la catifa ver­me­lla amb què es tracta el turista men­tre l’espe­cu­lació fa fora l’habi­tant local. És més aviat, però, una per­cepció sub­jec­tiva. S’iguala turisme mas­siu a gen­tri­fi­cació, tot i que a Berlín aquest fac­tor prové més aviat dels expats o resi­dents estran­gers d’ingres­sos alts que no de la gent de pas.

Berlín rep anu­al­ment 12,7 mili­ons de turis­tes, segons xifres del 2024, i regis­tra 30 mili­ons de per­noc­ta­ci­ons en hotels o simi­lars. La mit­jana d’ocu­pació és del 49% als mesos d’hivern i del 76% a l’estiu. L’expli­cació d’aquests nivells rela­ti­va­ment bai­xos no és ni el mal temps ni el fet de no tenir mar. Dues ciu­tats com­pa­ra­bles com Viena i Ams­ter­dam sí que són expo­nents d’over­tou­rism. La per­cepció de qui pas­seja pel cen­tre de la capi­tal austríaca o la ciu­tat neer­lan­desa és d’asfíxia enmig de colum­nes huma­nes que volen entrar al mateix museu o fer-se la mateixa foto davant el mateix monu­ment. Res d’això no passa a Berlín.

Viena i Ams­ter­dam patei­xen la satu­ració típica del turisme urbà, mal­grat tenir xifres infe­ri­ors a les ber­li­ne­ses: uns 15 mili­ons de per­noc­ta­ci­ons a la capi­tal austríaca, men­tre que a la ciu­tat neer­lan­desa n’hi va haver 21 mili­ons. La den­si­tat de població de totes tres ciu­tats és sem­blant –entre 3.800 i 4.000 habi­tants per quilòmetre qua­drat–, però hi ha una diferència essen­cial: Viena o Ams­ter­dam tenen grans extra­ra­dis però només tenen un cen­tre històric, men­tre que a Berlín aquest con­cepte con­ti­nua tan diver­si­fi­cat com quan la ciu­tat estava par­tida pel mur, per la Guerra Freda. Hi ha cen­tre històric, comer­cial o d’esbarjo tant a l’est com a l’oest. La mul­ti­pli­ci­tat és abso­luta quant a museus: n’hi ha 175, dels quals 17 són naci­o­nals. Estan gai­rebé tan repar­tits entre els 891 quilòmetres qua­drats del terme com ho estan altres punts d’atracció turística com són clubs i fes­ti­vals tecno, llacs o pis­ci­nes muni­ci­pals.

Les auto­ri­tats ho tenen més fàcil per evi­tar la con­gestió. A això s’hi suma que a Berlín es va collar aviat el negoci ama­gat dels llo­guers turístics. Pot­ser perquè hi ha una tra­dició molt arre­lada de pisos com­par­tits i es conei­xen els abu­sos que se’n pot gene­rar, es van limi­tar d’antuvi les alter­na­ti­ves a l’hotel per a gent de pas. No hi ha limi­tació per rello­gar habi­ta­ci­ons o pisos sen­cers per mesos, però sí per a esta­des cur­tes. Els habi­tat­ges regis­trats per a ús turístic no es poden ofe­rir més de 90 dies per any. No surt a compte tenir pisos buits i treure’n ren­di­ment només tres mesos.

Ams­ter­dam ha dei­xat enrere la fama de ciu­tat on es per­me­tia gai­rebé tot per implan­tar taxes al visi­tant, pro­hi­bir el turisme de bor­rat­xera o el sexual i cons­truir nous hotels. El temps màxim que es pot ofe­rir un llo­guer turístic és de 30 dies cada any.

lunes, 3 de marzo de 2025

La chistera austríaca

Christian Stocker, un canciller austríaco por accidente y tras apartar a los ultras



El nuevo canciller de Austria, Christian Stocker, este lunes tras tomar posesión del cargo. / MAX SLOVENCIK / EFE


Gemma Casadevall
Berlín03 MAR 2025 

El nuevo canciller austríaco podría haber sido el ultraderechista Herbert Kickl, ganador de las elecciones del pasado septiembre. O el excanciller y exlíder de los populares de ÖVP Karl Nehammer, en quien recayó el primer encargo para formar gobierno. O incluso su correligionario Alexander Schallenberg, titular de Exteriores y hasta este lunes canciller en funciones. Pero no será ninguno de estos tres políticos, conocidos dentro y fuera de las fronteras austriacas, sino otro conservador, Christian Stocker, quien este lunes juró el cargo ante el presidente del país, Alexander van der Bellen. Un apretón de manos, el juramento a viva voz y la doble firma en los documentos protocolarios pusieron fin a los cinco meses de indefinición política que siguieron a la victoria de la ultraderechista FPÖ de Kickl, con casi un 29 % de los votos, su récord histórico.
"Bien está lo que bien acaba... pero que acabe bien depende de todos ustedes", fue el mensaje que dejó el presidente al jefe del nuevo Gobierno, un tripartito entre ÖVP, socialdemócratas y liberales. Sus prioridades deben ser, según van der Bellen, asegurar la paz en Europa y en Austria "en momentos de nuevas amenazas globales", reactivar una economía ahora en recesión y lograr una "regulación sensata de la migración irregular" que garantice el derecho al asilo.
Han sido cinco meses de negociaciones a distintas bandas y dos fracasos lo que ha decantado el acceso al poder de este político de la familia conservadora europeísta, de 64 años, abogado de profesión, y no especialmente popular entre sus compatriotas. Básicamente, porque apenas tiene trayectoria a escala nacional, pese a llevar décadas en el ÖVP.

Retirada de Nehammer

Su ascenso se precipitó cuando el 5 de enero, tras meses de negociaciones, el líder de su partido y aún canciller Nehammer dimitió tras dar por insalvables los abismos entre conservadores, socialdemócratas y liberales. Es decir, los tres partidos a los que Van der Bellen había encargado en primer lugar coaligarse, visto que el FPÖ de Kickl estaba descartado como socio por el resto.
La retirada de Nehammer hizo que recayera en su segundo del partido, Stocker, la tarea de sentarse a negociar con Kickl un gobierno de liderazgo ultra, de acuerdo al nuevo encargo recibido del presidente del país. El FPÖ, partido fundado en los años 50 por exnazis, había formado parte de ejecutivos nacionales austríacos, pero como socio menor. Ahora se trataba de negociar por primera vez una coalición liderada por una ultraderecha determinada a cerrar las fronteras a la inmigración irregular, prorrusa trumpista.
Retirado Nehammer y con Stocker centrado en la negociación, la cancillería en funciones pasó al experimentado Schallenberg, quien ya advirtió de lo asumió con carácter temporal.

Stocker y Kickl acabaron rompiendo negociaciones ante la obstinación del líder del FPÖ de quedarse la cartera de Interior, clave para la política migratoria y los servicios secretos. Austria parecía abocada a nuevas elecciones. Pero Van der Bellen 'invitó' a buscar de nuevo un consenso. De pronto, las diferencias a las que se había referido Nehammer dejaron de ser insalvables. Y tres semanas después Stocker presentó un pacto de coalición que recortará gasto público y prestaciones. Su objetivo es rescatar a Austria de la recesión y frenar la inmigración irregular. Las dos recetas con la que se pretende contener el auge de la ultraderecha.

Mano dura en política migratoria

Stocker, el canciller por accidente, cumplirá 65 años en 15 días y, hasta la dimisión de Nehammer, se preparaba para su jubilación. Lleva 35 años en el partido en distintos cargos de rango municipal y tiene un aire de discreto funcionario que le sitúa en las antípodas del histriónico Kickl.
Se convirtió en secretario general de ÖVP en 2022. Su misión era calmar las aguas en un partido que arrastraba escándalos desde la etapa de liderazgo del exniño prodigio de la política europea, Sebastian Kurz.
Compartía con Nehammer su rechazo rotundo a negociar una coalición bajo el liderazgo de Kickl. La misma noche electoral repitió esa promesa. Pero, más allá de este compromiso político, defiende una política migratoria de mano dura no tan distinta de la del FPÖ. Aceptó negociar con Kickl casi por servir a su país. Finalmente se ha convertido en canciller y retenido así para el ÖVP la jefatura del Gobierno. Su vicecanciller es el líder socialdemócrata, Andreas Babler, a cuyo partido corresponde también el Ministerio de Finanzas. La líder liberal, Beate Meinl-Reisinger, es la nueva ministra de Exteriores de este socio de la UE militarmente neutral, ya que no está integrado en la OTAN.

jueves, 27 de febrero de 2025

Un tripartito que no ha muerto


Conservadores, socialdemócratas y liberales pactan gobierno en Austria y apartan a la ultraderecha



El presidente de Austria, Alexander van der Bellen (izquierda), junto a los líderes del partido liberal NEOS, Beate Meinl-Reisinger; el del ÖVP y futuro canciller, Christian Stocker, y el del SPÖ, Andreas Babler. / MAX SLOVENCIK / APA / DPA / EUROPA PRESS


Gemma Casadevall
Berlín 27 FEB 2025 

Austria ha dado un nuevo vuelco a su guión para la formación del próximo gobierno: finalmente el país será gobernado por un tripartito entre conservadores, socialdemócratas y liberales, una alianza que se había dado por fracasada hace unos meses. Se aislará con ello a la ultraderecha de Herbert Kickl, el partido que ganó las elecciones en septiembre pasado y al que el presidente, Alexander van der Bellen, llegó a encargar la formación del ejecutivo, pero acabó siendo descartado como socio por los conservadores. Se derrumbó así el propósito de Kickl de convertirse en el primer canciller austríaco del FPÖ, un partido fundado tras la Segunda Guerra Mundial por antiguos nazis, profundamente antieuropeo, antiasilo y con fuertes vínculos con el Kremlin.

Los líderes del Partido Popular (ÖVP), del socialdemócrata SPÖ y de los liberales NEOS comunicaron este jueves que han alcanzado un acuerdo de coalición. "Hemos trabajado contrarreloj hasta lograr un programa conjunto". Es un pacto de línea dura en cuanto a política migratoria, con restricciones para los refugiados, y también en materia fiscal. El año pasado, Austria registró un déficit del 4% del PIB y deberá ceñirse a la línea de la austeridad marcada por Bruselas.

El nuevo canciller será Christian Stocker, quien asumió el liderazgo del ÖVP tras renunciar a la jefatura del partido y del gobierno Karl Nehammer por "diferencias insalvables" con la negociación de socialdemócratas y liberales.

Ha sido un camino largo, de cinco meses, y más que enrevesado el que ha seguido Austria hasta llegar al pacto de coalición que colocará a un tripartito al frente del gobierno nacional, por primera vez en más de 70 años. Se espera ahora que los tres partidos sometan el pacto a su aprobación interna y que el Gobierno asuma sus funciones el lunes.

Las elecciones parlamentarias del pasado septiembre las ganó con casi un 30% el FPÖ de Kickl, partido integrado del bloque de los llamados Patriotas por Europa del que forma parte el húngaro Fidesz de Viktor Orbán y el español Vox, de Santiago Abascal.

Meses de negociaciones


Pese a esa victoria, y entendiendo que el partido ultraderechista había sido descartado en campaña como aliado por el resto de las formaciones parlamentarias, el presidente Van der Bellen le encargó en primer lugar a Nehammer negociar un tripartito. El aún canciller tiró la toalla tras meses negociando. Asumió las riendas del partido Stocker, un político con décadas de rodaje, aunque principalmente en puestos a escala local. Van der Bellen, originario de los Verdes, le pasó a continuación el encargo a Kickl para que negociara con los conservadores.

El líder ultraderechista creía alcanzado su objetivo de convertirse en el "canciller del pueblo", el término de reminiscencias hitlerianas adoptado en su campaña. Pero se le fue la mano en sus exigencias. Impuso como condición innegociable que se adjudicara a su partido la cartera de Interior. Este ministerio es clave para el control de las fronteras, la política migratoria y los servicios secretos. Finalmente Stocker consideró impracticable una coalición dirigida por el FPÖ.

Kickl había sido titular de ese departamento entre 2017 y 2019, bajo la coalición liderada por los conservadores. Reestructuró el servicio de inteligencia y levantó temores entre otros países aliados, que dejaron de compartir información con Viena.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Kickl pinchó

La ultraderecha fracasa en su intento de liderar un gobierno



El líder ultra austriaco, Herbert Kickl, en una imagen de archivo. / MAX SLOVENCIK / EFE

Gemma Casadevall, Berlín 12 FEB 2025 

El ultraderechista austríaco Herbert Kickl ha fracasado en su intento de acceder al poder al frente de una coalición con la derecha moderada del ÖVP. Cinco semanas después de recibir del presidente, Alexander van der Bellen, el encargo de formar un nuevo gobierno, el secretario general del FPÖ, Christian Hafenecker, calificó este miércoles de "insalvables" los abismos entre su partido y los conservadores. Apuntó así a la convocatoria de nuevas elecciones, decisión que compete a van der Bellen. En una breve comparecencia, el veterano presidente, originario de los Verdes, anunció una ronda de consultas antes de decidirse sobre si convocar de nuevo comicios, apuntar a un gobierno en minoría, un equipo de tecnócratas o una posible nueva alianza no explorada.
Los medios austríacos llevaban días barajando una posible ruptura ante la obstinación de Kickl por adjudicar a su partido el Ministerio del Interior. Este departamento es clave para el control de las fronteras, de la política migratoria y de los servicios secretos, lo que a juicio del ÖVP es un peligro para la seguridad del país. El FPÖ defiende además una línea "hostil a la Unión Europea", lo que convierte en impracticable una coalición, según el líder de los conservadores, Christian Stocker.
En Austria se ha recordado estos días la etapa en que Kickl fue titular de Interior, entre 2017 y 2019, entonces como socio menor del ÖVP. Reestructuró el servicio de inteligencia, lo que levantó temores entre otros países aliados, que dejaron de compartir información con Viena. Kickl mantiene vínculos muy estrechos tanto con Moscú como con otras ultraderechas europeas prorrusas.
A la obstinación de Kickl por dominar Interior, se sumó que también pretendía impulsar políticas fiscales proteccionistas desde Finanzas. El FPÖ es un partido profundamente euroescéptico, lo que contravenía la línea de la derecha moderada.

Regresa la incertidumbre


Con la ruptura de negociaciones regresa Austria a la incertidumbre en que quedó tras los comicios nacionales celebrados en septiembre del pasado año. El partido de Kickl quedó en primera posición, con casi un 30% de los votos, pero el resto de los partidos le rechazaban como socio.
El presidente Van der Bellen encargó en primer lugar la formación del gobierno al entonces canciller en funciones, Karl Nehammer, para que abriera negociaciones con los socialdemócratas y los liberales. El intento de un tripartito sin los ultras fracasó, lo que devolvió la pelota a Kickl. Nehammer, quien durante la campaña había descartado toda cooperación con la ultraderecha, presentó la dimisión como jefe del gobierno y del partido. Abrió así la puerta al ÖVP, ahora dirigida por Stocker, a negociar con los ultras, lo que ha terminado en fracaso.

lunes, 6 de enero de 2025

Claves vienesas


¿Qué está pasando en Austria? ¿Por qué ha fracasado el cordón sanitario contra la ultraderecha y qué escenarios se abren ahora?



El presidente de Austria, Alexander van der Bellen, saluda al líder del FPÖ, Herbert Kickl, este lunes en Viena. / HEINZ-PETER BADER / AP

Gemma Casadevall
Berlín 06 ENE 2025 15:55 

El giro en la política austríaca, cuya derecha moderada ha pasado de descartar toda colaboración con los ultras a estar disponibles para una coalición liderada por el radical Herbert Kickl, ha sacudido no solo el país alpino, sino que tendrá consecuencias en el resto de Europa. Austria había impuesto el cortafuegos al ultra FPÖ, pese a que ya había sido socio menor de gobierno en etapas pasadas, ante la posibilidad de que alcanzara por primera vez la jefatura del Ejecutivo. El cordón sanitario se rompió por falta de consenso entre conservadores, socialdemócratas y liberales en un país próspero, pero sacudido por la debilidad económica tras dos años en recesión.

En materia de asilo, las posiciones entre el FPÖ y los conservadores del ÖVP no son tan distantes o al menos no insalvables. Pero sí hay abismos en lo que respecta a Europa y a Moscú. El partido de Kickl es profundamente euroescéptico y mantienen posturas opuestas también en seguridad y defensa. De conquistar la Cancillería, quedará reforzado el bloque del trumpismo y de los aliados de Vladímir Putin dentro de la UE. La posibilidad de que alcance la Cancillería dará alas también a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), en segunda posición en intención de voto para las elecciones generales del próximo 23 de febrero en el país germano.

Refuerzo para el bloque prorruso de Orbán


Incluso sin el FPÖ en el Gobierno, Austria ha estado ralentizando desde el inicio de la invasión de Ucrania las sanciones europeas contra Moscú. El país alpino, no integrado en la OTAN, tampoco redujo hasta ahora su dependencia del gas ruso ni hubo un distanciamiento respecto a Moscú por parte de sus sucesivos gobiernos, desde la anexión de Crimea en 2014. El acceso de la ultraderecha austriaca a la jefatura del Gobierno en Viena reforzará el bloque prorruso capitaneado por el húngaro Viktor Orbán. Herbert Kickl impulsó desde el primer momento la creación del grupo en la Eurocámara de los llamados Patriotas por Europa, integrado por otros poderosos aliados del Kremlin, desde Orbán al neerlandés Geert Wilders y la francesa Marine Le Pen, además del español Vox, de Santiago Abascal.


¿De ministro del Interior defenestrado a canciller?


Herbert Kickl, el líder del FPÖ austríaco, logró en las elecciones del 29 de septiembre el mejor resultado jamás alcanzado por ese partido. Pese a ser la fuerza más votada no recibió en primer lugar el encargo de formar gobierno porque el presidente, Alexander van der Bellen, argumentó que no tenía aliados posibles para alcanzar una mayoría estable. Muchos austríacos recordaron entonces las malas relaciones entre ambos. En mayo de 2019, el propio Van der Bellen le destituyó siendo ministro del Interior del entonces canciller conservador Sebastian Kurz. Fue a raíz del llamado 'escándalo Ibiza' por un vídeo en que el líder del FPÖ, Hans-Christian Strache, aparecía aceptando favores electorales de una falsa sobrina de un oligarca ruso. A Kickl se le consideró responsable de la parte 'financiera' de esa operación. Antes que eso había desatado ya varias tormentas con propuestas como encerrar preventivamente a todo peticionario de asilo potencialmente peligroso.

¿Puede darse una solución de compromiso a lo Wilders?

En caso de los conservadores bloqueen a Kickl como canciller, podría optarse por el camino seguido en los Países Bajos, cuando el líder del ultraderechista Partido de la Libertad (PVV), Geert Wilders, llevó a los suyos a la victoria en las elecciones de 2023. Los socios potenciales centristas que precisaba el PVV bloquearon a Wilders como primer ministro. Tras largas negociaciones, Wilders se hizo a un lado y dejó la jefatura del Gobierno al tecnócrata y exjefe de los servicios secretos Dick Schoof. El resultado es una coalición dominada por la ultraderecha, practicante de la más dura línea antiasilo y con Wilders al volante, aunque desde la retaguardia. Eso sí, los socios de coalición han mitigado la línea prorrusa de Wilders, que en campaña prometió cortar el apoyo a Ucrania, lo que finalmente no ocurrió.

Nuevas elecciones, si no hay acuerdo


Que Kickl reciba el encargo de formar gobierno no implica que vaya a lograrlo. El precedente más claro lo brindó la semana pasada el canciller en funciones, el conservador Karl Nehammer, que tras largas negociaciones entre su ÖPV, los socialdemócratas y los liberales tiró la toalla y anunció la dimisión como canciller y líder de los populares. Los liberales habían dado por rotas las negociaciones, a lo que siguió el reconocimiento de que tampoco había acuerdo en bilateral con los socialdemócratas. De fracasar ahora la búsqueda de una alianza entre el FPÖ y los conservadores, la opción más sólida sería convocar nuevos comicios. Es una vía peligrosa: los sondeos pronostican que, de ir de nuevo a las urnas, el FPÖ se disparará al 35% o 37%, mientras que los populares y socialdemócratas de hundirán al 20%.

Efectos colaterales en Alemania

"Austria es un ejemplo de lo que no debe ocurrir. Si los partidos del centro no son capaces de aliarse y lograr compromisos, quien sale ganando son los radicales", advirtió el vicecanciller alemán, ministro de Economía y candidato de los Verdes en las elecciones generales del próximo febrero, Robert Habeck. Su toque de alerta se dirige tanto a la insistencia de los conservadores en descartar a los ecologistas como socio en un futuro gobierno federal como a la posibilidad de que el bloque derechista de Friedrich Merz se desentienda del cordón sanitario contra la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

Merz tiene las mejores opciones para ser el próximo canciller, ya que ocupa la primera posición en intención de voto, con un 32%, frente al 20% de los ultras. El bloque conservador de Merz rechaza como aliada a la AfD, que está asimismo aislada del resto de la familia radical europea por su extremismo. Pero una hipotética llegada al poder del FPÖ dará aún más brío a su candidata, Alice Weidel, que cuenta además con el apoyo de Elon Musk y capitaliza como victoria propia cualquier adiós a un cortafuegos, sobre todo en Europa.

Momentum Kickl

La ultraderecha recibe el encargo de formar gobierno en Austria



La ultraderecha recibe el encargo de formar gobierno y aspira por primera vez a ocupar la Cancillería

Gemma Casadevall, Berlín 06 ENE 2025 13:22 


El líder de la ultraderecha austríaca, Herbert Kickl, recibió este lunes finalmente el encargo de formar un gobierno, presumiblemente con la derecha moderada como socio menor. De materializarse, ello colocará al más arraigado entre los partidos de ese espectro radical de Europa por primera vez al frente de un Ejecutivo federal del país alpino.
"La decisión no me ha sido fácil", admitió el presidente del país, Alexander van der Bellen, al anunciar su decisión. Pero la falta de acuerdo para una coalición entre conservadores, socialdemócratas y liberales, bajo el aún canciller en funciones, Karl Nehammer, y la "nueva situación" creada por la retirada del rechazo tácito a cooperar con la ultraderecha por parte de los populares determinó al presidente a dar ese paso. Austria precisa "un gobierno estable", capaz de dar respuesta a los desafíos económicos el país, añadió Van der Bellen, originario del partido los Verdes, aunque formalmente independiente. "Me encargaré, de acuerdo a mis competencias, de que se cumplan los principios y fundamentos de nuestra Constitución", aseguró Van der Bellen, tras aludir tanto a las reglas europeas, como al conflicto de Ucrania, lo que puede interpretarse como una advertencia al FPÖ de Kickl, partido alineado con el bloque de las ultraderechas prorrusas europeas.
La intervención del presidente se produjo tras un fin de semana convulso, en que el conservador Nehammer, anunció su doble dimisión como canciller y como líder de los populares del ÖVP. Han transcurrido más de tres meses de las elecciones generales que dieron a los radicales del FPÖ el puesto de partido más votado, con un 29% de los votos. Van der Bellen recibió este lunes a Kickl con protocolario apretón de manos y se encerró más de una hora con él en su despacho en busca de una solución a la crisis política de su país.

Renuncia al cortafuegos conservador

Nehammer había tirado el sábado la toalla tras fracasar sus negociaciones de coalición con socialdemócratas y liberales. En su lugar al frente del ÖVP se ha colocado interinamente el secretario general del partido, Christian Stocker. En los medios austríacos y redes sociales circulaba desde el domingo un vídeo de Stocker, en la noche electoral del pasado septiembre, sosteniendo que su partido "no respalda ni respaldará al FPÖ" de Kickl. Es decir, la misma consigna que mantuvo Nehammer en campaña. Por entonces, y a la luz de los resultados, se daba por seguro que los conservadores lograrían una alianza que dejara fuera del poder a los ultraderechistas.
Van der Bellen se decantó en primer lugar por Nehammer, a quien encargó en octubre negociar una coalición de gobierno, amparado en su convicción de que podía verse respaldado por una mayoría. Alegó además razones de seguridad, por los vínculos del FPÖ con Moscú, así como las dudas que plantearía ese partido en cuanto al respeto a la debida separación de poderes.
Enero se abrió para los austríacos con una crisis política inesperada. Stocker pasó del rechazo cerrado a toda cooperación con el FPÖ a declarar que, de recibir Kickl el encargo de formar gobierno, el ÖVP acudiría a las conversaciones de coalición. Un giro drástico que, además de ponerle en evidencia, desató las manifestaciones de protesta en el centro de Viena de centenares de austriacos clamando contra un Kickl en la cancillería.
El FPÖ es uno de los partidos de la ultraderecha más arraigados de Europa, cuya figura más destacada fue el carismático Jörg Haider, y que ha formado parte de varios gobiernos como socio menor. Ahora le correspondería el puesto de la Cancillería. De lograr su propósito, reforzará a los defensores de la línea dura en materia migratoria y al bloque de los prorrusos. Austria, en tanto que país no integrado en la OTAN, defiende una teórica neutralidad respecto a Rusia, pero tiene a la práctica fuertes lazos con el Kremlin.

Perfil bajo

El propio Kickl, quien en los últimos meses había mantenido un perfil bajo, dijo anoche en un mensaje en Facebook que su partido es "el único factor estable" en la política del país centroeuropeo.
Además, afirmó que su partido no es responsable de la pérdida de tiempo y las condiciones caóticas que se suceden ahora tras el fracaso del tripartito.
La "primera obligación" es ahora con la propia población de Austria, dijo Kickl, quien promueve una política de mano dura con la inmigración.
"Me atengo a lo que siempre he dicho: primero el pueblo y luego el canciller", concluyó el líder del FPÖ.

domingo, 5 de enero de 2025

Próxima estación, Van der Bellen


El presidente austríaco tanteará con la ultraderecha la formación del nuevo Gobierno



Un hombre pasea a su hijo frente a la sede del Partido Popular de Austria (OVP) en Viena. / AP / HEINZ PETER BADER
 Gemma Casadevall
Berlín 05 ENE 2025 

El presidente austríaco, Alexander van der Bellen, ha abierto la puerta a un Ejecutivo liderado por el partido ultraderechista y prorruso FPÖ, con cuyo líder Herbert Kickl se reunirá este lunes en busca de una solución que permita "un Gobierno estable".

Las voces de rechazo entre los conservadores del ÖVP a entrar en un gobierno con el FPÖ "han disminuido sensiblemente", explicó el presidente en una breve comparecencia ante los medios. "La democracia consiste en buscar soluciones y compromisos", añadió van der Bellern, originario de los Verdes, aunque formalmente independiente.

La declaración del jefe del Estado, cuyas competencias incluyen el encargo de la formación de un Gobierno, sigue al anuncio de dimisión del sábado del canciller en funciones y líder de los populares austríacos, Karl Nehammer. Su decisión se produjo tras fracasar las negociaciones para un Gobierno de coalición entre su partido conservador, los socialdemócratas y los liberales del partido Neos, que habría dejado fuera del poder a la ultraderecha de Kickl.

La jefatura interina del ÖVP ha sido asumida por su secretario general, Christian Stocker. La semana próxima se espera que se designe a un canciller en funciones que sustituya hasta la elección del siguiente jefe de gobierno a Nehammer, quien accedió al cargo 2021.

El FPÖ fue el partido más votado en las elecciones generales del pasado 29 de septiembre al obtener cerca del 29 % de los votos. El resto del espectro parlamentario austríaco, incluido Nehammer, descartó en campaña toda cooperación con este partido, representante de la ultraderecha europea más arraigada. Bajo el liderazgo de Kickl, ha sumado a su discurso xenófobo una línea claramente prorrusa y contraria a la ayuda a Ucrania, lo que le hermana al primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Vista la falta previsible de aliados, el presidente van del Bellen encargó la formación de gobierno a Nehammer, cuyo partido había quedado en segunda posición tres puntos por debajo. El aún canciller entabló así negociaciones con los socialdemócratas y los liberales con el objetivo de lograr una mayoría parlamentaria sólida.

El FPÖ tiene anteriores experiencias como socio menor de gobiernos federales, la última de las cuales bajo el conservador Sebastian Kurz en el puesto de canciller. De recibir formalmente el encargo y prosperar las negociaciones, previsiblemente con los populares, la ultraderecha podría acceder por primera vez a la cancillería federal austríaca. Por lo pronto, el líder interino de los populares Stocker ha declarado que, en caso de ser invitado a ello, no rehusará una negociación con el partido de Kickl.

sábado, 4 de enero de 2025

Finde vienés

Nehammer dimite tras fracasar el intento de aislar a los ultras



El jefe del Gobierno de Austria, el conservador Karl Nehammer, anuncia su dimisión
 Gemma Casadevall
Berlín 04 ENE 2025 21:28 Actualizada 05 ENE 2025 11:37

El conservador Karl Nehammer anunció este sábado su dimisión como canciller de Austria, cargo que ocupaba en funciones desde las elecciones del pasado 29 de septiembre, tras dar por fracasados sus intentos por formar una coalición sin contar con la ultraderecha. Nehammer dejará además el liderazgo del Partido Popular (ÖVP), lo que ha desatado las especulaciones en medios austriacos y alemanes sobre un regreso del ex canciller y exlíder de esa formación, Sebastian Kurz.
"Ponemos fin a las negociaciones con el SPÖ (Partido Socialdemócrata) y no las continuaremos", dijo Nehammer en un mensaje difundido en las redes sociales, antes de anunciar su intención de abandonar los cargos que ocupa desde diciembre de 2021.
La decisión de Nehammer se ha precipitado después de que el partido liberal Neos abandonara el viernes las negociaciones para formar un tripartito junto con conservadores y socialdemócratas, por considerar insalvables las diferencias entre sus potenciales socios en materia económica.
El propósito de Nehammer era formar una alianza con un respaldo suficiente en la cámara, para dejar fuera del poder al ultraderechista FPÖ, el partido que lidera Herbert Kickl y que fue la fuerza más votada en las legislativas celebradas hace tres meses. Esta formación, la más arraigada entre la derecha radical europea, obtuvo entonces sobre el 29 % de los votos. Los conservadores de Nehammer quedaron unos tres puntos por debajo.
Teóricamente, Nehammer podía haber optado por tratar de seguir en el cargo al frente de una coalición con la socialdemocracia, ya que entre las dos formaciones suman 93 escaños del total de 184 puestos de la cámara. Pero sería una mayoría precaria en un parlamento muy polarizado.
El presidente del país, Alexander van der Bellen, optó tras los comicios generales por encargar la formación del nuevo gobierno a Nehammer. El jefe del Estado, originario de los Verdes, consideró entonces que el líder conservador tenía las mejores opciones para lograr una coalición con la suficiente mayoría, ya que el resto del espectro parlamentario descarta al FPÖ como aliado.

Entre la perspectiva de las urnas y el retorno de Kurz

El futuro político de Austria queda así en la incertidumbre. No se descarta la convocatoria de nuevas elecciones, que en caso de celebrarse podrían dar un nuevo impulso a la derecha radical de Kickl. Los sondeos apuntan a un despegue del FPÖ hasta el 35%, en caso de ir de nuevo a las urnas. A los conservadores del ÖVP y a los socialdemócratas se les augura un voto de castigo que les dejaría en un 20%.
El sensacionalista diario alemán 'Bild' especulaba ya el viernes con un posible regreso de Sebastian Kurz a la escena política. Los rumores se extendieron este sábado a medios austriacos, tras el anuncio de dimisión de Nehammer. Kurz fue canciller en dos etapas, entre diciembre de 2017 y mayo de 2019 y luego desde 2020 hasta 2021. En la primera etapa gobernó en coalición con la ultraderechista FPÖ.
Esa coalición se hundió arrastrada por el llamado 'caso Ibiza'. Con ese nombre se conoce el escándalo que estalló con la difusión en 2019 de un video grabado en 2017 en una villa en la isla balear. Aparecía ahí el entonces líder del FPÖ y vicecanciller Heinz-Christian Strache, a quien una mujer que decía ser sobrina de un oligarca ruso le ofrecía donaciones al partido a cambio de contratas públicas. Se destapó una trama de corrupción y un proceso por encubrimiento contra Kurz, el exniño prodigio de la política austriaca.

viernes, 3 de enero de 2025

Socavón austríaco

Fracasa el intento del tripartito austríaco de aislar a la ultraderecha



El canciller de Austria, Karl Nehammer (archivo) / Europa Press/Contacto/Andreas Stroh - Archivo
Gemma Casadevall Berlín 03 ENE 2025

Los intentos del canciller en funciones austríaco, el conservador Karl Nehammer, para formar una coalición con los socialdemócratas y los liberales que aleje del poder a la ultraderechista FPÔ han fracasado hasta ahora, lo que deja en el aire el futuro político del país alpino. El partido liberal Neos dio por rotas las negociaciones, por diferencias a su juicio 'insalvables' en materia económica.
Nehammer había recibido el encargo del presidente del país, Alexander van der Bellen, para negociar con sus aliados potenciales una coalición respaldada por una mayoría parlamentaria sólida. Descartó con ello el jefe del Estado austríaco a la ultraderechista FPÖ, pese a que fue la fuerza más votada en las elecciones celebradas el pasado 29 de septiembre.
Van der Bellen, originario de los Verdes, argumentó para ello que el partido de la derecha extrema, que obtuvo en 28,8 % de los votos en los comicios, estaba descartado como socio por el resto de las formaciones del espectro parlamentario.
Los conservadores de Nehammer quedaron en segundo lugar en los comicios nacionales con un 26,3% de los votos, seguido de los socialdemócratas, con un 21,1%. Entre estos dos partidos suman una mayoría precaria, puesto que tienen 93 diputados del total de 184 escaños de la Cámara.
Nehammer, quien en la anterior legislatura gobernó con los Verdes, buscaba ahora una coalición con un mayor respaldo para hacer frente al auge de la ultraderecha en un Parlamento políticamente muy fragmentado.
Tres meses después de los comicios, los sondeos apuntan a que, de celebrarse nuevas elecciones, tanto los conservadores del canciller como los socialdemócratas obtendrían entre el 20% y el 21%, mientas que el FPÖ del radical Herbert Kickl se dispararía al 35% o 37% de los votos.

viernes, 22 de noviembre de 2024

El eje Budapest-Tel Aviv

Orbán invita a Netanyahu y le garantiza que no aplicará la orden de detención del TPI



El primer ministro de Hungría, Viktor Orban, saluda a su homólogo israelí, Binyamín Netanyahu, durante una visita a Israel en 2018. / DEBBIE HILL / EFE
Gemma Casadevall

La voracidad del líder húngaro, Viktor Orbán, para crear divisiones en el bloque comunitario ya ha encontrado el siguiente desafío: la orden de arresto emitida por el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya contra el primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, y su exministro de Defensa Yoav Gallant por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad. Lejos de respaldar la posición del alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, quien ha afirmado que la orden debe ser "respetada y aplicada", el primer ministro de Hungría anunció este viernes que invitará a su homólogo israelí a Budapest en "protesta" por la decisión del TPI.
"No tenemos otra opción que desafiar esa decisión", afirmó Orbán este viernes a la radio pública de su país. Para materializar ese desafío, invitará a Netanyahu a Hungría, donde "la orden de arresto no tendrá efecto".
El pronunciamiento de Orbán se produce cuando Hungría detenta aún la presidencia de turno del Consejo Europeo, que se inició en julio con otros dos desafíos: su visita a Moscú para reunirse con Vladímir Putin y su encuentro posterior con Donald Trump en Estados Unidos, a meses de los comicios en ese país. Orbán es el más poderoso aliado del presidente ruso en el bloque comunitario y representante del trumpismo europeo. Ha venido brindando, asimismo, un apoyo incondicional a Netanyahu.
Los intentos por aislarle políticamente en el conjunto europeo han fracasado. Su peso en la UE crece y ha sido el impulsor de un grupo en la Eurocámara entre formaciones ultraderechistas o ultranacionalistas, los llamados Patriotas para Europa. Forman parte del grupo 13 partidos europeos, con líderes como la francesa Marine Le Pen, el neerlandés Geert Wilders, el austriaco Herbert Kickl y el español Santiago Abascal, quien fue elegido presidente de la agrupación el pasado fin de semana.

Cuestionamientos políticos, jurídicos o prácticos a la implementación de la orden

Para Orbán, la decisión de La Haya es "descarada y política", que lleva al "descrédito del derecho internacional". Teóricamente, la orden de arresto es vinculante para los 124 estados suscriptores del tribunal, entre los que no se cuenta Estados Unidos, por ejemplo. Hungría suscribió el Estatuto de Roma base sobre la que se creó el TPI, y lo ratificó dos años más tarde. Sin embargo, Budapest sostiene que no está obligado a aplicar las decisiones de La Haya.
La decisión del TPI ha sido criticada por otros países europeos, como Austria. El ministro de Exteriores de este país, el conservador Alexander Schallenberg, considera que la orden atenta contra la credibilidad del TPI. En Austria están negociando la formación del nuevo gobierno los conservadores del canciller Karl Nehammer, junto con socialdemócratas y liberales. Esta constelación dejaría fuera a los ultraderechistas de Kickl, primera fuerza en las elecciones generales celebradas el pasado octubre.
Alemania, país que practica el compromiso incondicional hacia Israel por su responsabilidad histórica tras el Holocausto nazi, garantizó el pasado mayo que, de emitirse esa orden, iba a cumplirse a rajatabla si Netanyahu visitaba el país. En un comunicado emitido este viernes, el portavoz del Gobierno de Olaf Scholz, Steffen Hebestreit, insistió en el apoyo total de Alemania al TPI. Pero además de las "razones históricas" para su apoyo al tribunal, menciona el portavoz la "responsabilidad" hacia Israel. Y deja en el aire la implementación. "Estudiaremos las medidas a adoptar, en el caso de que se produzca una estancia del primer ministro o el exministro de Defensa a Alemania". Por lo pronto, no se vislumbra que ello vaya a ocurrir, señaló el portavoz, en una comparecencia ante los medios, ante el alud de preguntas generado por su ambiguo comunicado.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Fiestorro ultra

Viktor Orbán, Geert Wilders, Alice Weidel... el trumpismo ultra europeo festeja a su ídolo


El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, este martes durante una visita a Kirguistán. / IGOR KOVALENKO / EFE
Gemma Casadevall

El trumpismo europeo representado por el primer ministro húngaro, Víktor Orbán, y el líder ultra neerlandés, Geert Wilders, festeja ya el regreso del republicano a la Casa Blanca, lo mismo que la radical Alternativa para Alemania (AfD), la segunda fuerza en intención de voto en la primera potencia europea, en medio de la debilidad de la coalición del canciller Olaf Scholz.

"Es el mayor regreso político de la historia de EEUU. Felicitaciones al presidente Trump", escribió el ultranacionalista Orbán en su cuenta en la red social X. A su juicio, esa victoria es "muy necesaria para el mundo". "Felicidades América. Nunca dejes de luchar y de ganar elecciones", escribió por su parte Wilders, cuya formación, el ultraderechista Partido por la Libertad (PVV) es la fuerza dominante en el Gobierno neerlandés.

Las felicitaciones procedentes del ámbito ultraderechista se extendieron por supuesto a AfD, segunda fuerza en intención de voto, solo superada por el bloque conservador del democristiano Friedrich Merz. Tanto la presidenta del partido, Alice Weidel, como el líder de su ala más radicalizada, Björn Höcke, mandaron sus mensajes de apoyo a través de sus cuentas en X, la red de Elon Musk. Aprovecharon para recordar, a escala alemana, que el Gobierno de Scholz es una "coalición de perdedores" en los sondeos. Ese es el término también que el radical austríaco Herbert Kickl, ganador de las últimas elecciones en el país alpino, aplica a la alianza que el canciller Nehammer negocia con los socialdemócratas para evitar el acceso al poder de los ultras.

Cumbre en Budapest


A escala europea, la victoria de Trump tendrá su plataforma en la doble cumbre que se abre este jueves en Budapest, la de la Comunidad Política Europea y del Consejo Europeo informal. El anfitrión es nada menos que Orbán. De antemano había anunciado el primer ministro húngaro su propósito de descorchar "varias" botellas de champán en caso de victoria del republicano. Su frase se podía interpretar como uno de sus desafíos a la línea dominante entre los 27 y sobre todo a su máxima enemiga, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen.

Que Orbán sea el anfitrión del encuentro entre los líderes se debe a que Hungría ejerce el semestre de presidencia de turno del Consejo, un periodo que arrancó en julio con varias andanadas intempestivas del primer ministro húngaro. Por su cuenta viajó Orbán al encuentro de Vladímir Putin, en Moscú, y luego visitó a Trump en su residencia de Mar-a-Lago. La presidencia de turno semestral no implica representar a la UE, menos aún en política exterior. Pero su mediática gira le daba a esos encuentros cierto rango de "emisario" europeo ante el previsible cambio de rumbo en dirección a Ucrania que, ya por entonces, se estimaba supondría una victoria de Trump.

Kamala Harris habría representado la calma y la continuidad en el apoyo a Kiev y en las relaciones transatlánticas, mientras que Trump es la ruptura de esa línea, además de la implantación de unos aranceles al intercambio comercial.

miércoles, 30 de octubre de 2024

Razones para preocuparse

Orbán y el club trumpista europeo que no pone velas por Kamala Harris



El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, y el candidato republicano a las elecciones de EEUU, Donald Trump, en la residencia del expresidente en Florida. / ZOLTAN FISCHER / EFE
Gemma Casadevall

Cualquiera que siga la campaña de Estados Unidos por los medios de referencia de las principales capitales de la UE pensará que toda Europa respirará aliviada si Kamala Harris alcanza la Casa Blanca. Sobre todo teniendo en cuenta que Alemania ya no tiene una líder como Angela Merkel, capaz de neutralizar a Donald Trump, como la mostraba una emblemática foto de una cumbre del G7, en pie y confrontada al entonces presidente. A la potencia europea la dirige ahora un canciller debilitado y al frente de una coalición agónica, Olaf Scholz.
¿Toda Europa quiere a Harris o esa unanimidad es ficticia? Hay un trumpismo creciente, que se mueve preferentemente entre los radicalismos derechistas. Ganan posiciones en las urnas, están liderando o formando parte de gobiernos y, como Trump, no basan sus éxitos en la discreción, sino en la estridencia.
El más consolidado trumpista entre los líderes europeos es el húngaro Víktor Orbán, en el poder ya cuando Trump fue elegido para su primer mandato. Ha anunciado sin rodeos que descorchará varias botellas de champán si regresa a la Casa Blanca. A Orbán le ha tratado de autócrata y corrupto desde la Eurocámara la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. Pero si algo no está es políticamente aislado, en su posición de amigo declarado del candidato republicano.

La presidencia rotatoria como escaparate

El ultranacionalista Orbán tiene una excelente pantalla. Su país ejerce la presidencia de turno del Consejo Europeo y está arropado por otros líderes tanto o más trumpistas. El Gobierno de Países Bajos está encabezado por el Partido de la Libertad (PVV) del ultraderechista Geert Wilders, el llamado "Trump neerlandés" por afinidad política y hasta similitud física, debido a su tupé leonado. Wilders no ocupa el puesto de primer ministro, pero maneja desde fuera al Ejecutivo. En Austria se impuso hace unas semanas como fuerza más votada otra ultraderecha, el FPÖ de Herbert Kickl. En Eslovaquia gobierna el populismo prorruso dicho de izquierdas de Robert Fico, que comparte con Orbán, Wilders y Kickl su rechazo al apoyo a Kiev. Otras ultraderechas que forman parte o apoyan a sus gobiernos, como en Finlandia y Suecia, respaldan en cambio a Ucrania, de acuerdo al consenso reinante en el báltico contra Moscú.
El tablero político de la Unión Europea y de la Eurocámara tiene poco que ver con que el dejó Merkel. Desde el Partido Popular Europeo (PPE) del alemán Manfred Weber, en el que está integrado la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Von der Leyen, se están respaldando postulados de la ultraderecha. Los Patriotas por Europa, el grupo de la Eurocámara del que forman parte Orbán, Kickl y la Agrupación Nacional de la francesa Marine Le Pen apoyan asimismo mociones impulsadas por la derecha más radical y teóricamente aislada, como Alternativa para Alemania (AfD).

El champán en la nevera

"Make Europe great again" ("Hagamos Europa grande otra vez"), fue el lema elegido por Orbán para el semestre de presidencia húngara, a modo de guiño al que llevó a Trump hasta la Casa Blanca. Nadie pone en duda que descorchará el champán si gana Trump, al que visitó en su residencia durante la última cumbre de la OTAN en Washington.
Un regreso de Trump sería un zarpazo a la ya poco unitaria política exterior de la UE y al apoyo aliado a Ucrania, lo que en definitiva sería un regalo para Vladímir Putin, el otro gran amigo al que Orbán ha visitado durante su ambigua presidencia europea; un puesto que, en rigor, no implica una represención a escala comunitaria.
La UE nunca ha logrado unificar su politica exterior, como se ha demostrado tanto con la invasión de Ucrania como en la guerra de Gaza. Los 27 defienden intereses demasiado divergentes. Pero Orbán tal vez tendrá ocasión de descorchar ante sus socios de la UE la anunciada botella de champán la próxima semana, si las urnas dan la victoria a Trump. Podría ser el 7 de noviembre si ya hay resultados, dos días después de las elecciones, con el líder húngaro como anfitrión del Consejo Europeo convocado en Budapest.

martes, 22 de octubre de 2024

Palabra de presidente


El presidente austríaco descarta a la ultraderecha, vencedora en las elecciones, para formar gobierno



El presidente austríaco, Alexander Van der Bellen, este martes en rueda de prensa. / MAX SLOVENCIK / DPA / EUROPA PRESS
 Gemma Casadevall

"El pueblo somos todos (...) Y para gobernar se necesita representar al menos al 50 % de los votos, no al 30 %. A Herbert Kickl le rechazan como aliado el resto de los partidos". Con estas palabras, el presidente austríaco, Alexander van der Bellen, justificó este martes el rechazo a encargar la formación del Gobierno al líder de la ultraderechista FPÖ, la fuerza más votada en las elecciones parlamentarias del 29 de septiembre, con casi un 29%.

El resto de las formaciones lo rehúsan por las dudas que plantea en cuanto al respeto al Estado de derecho y la separación de poderes, por sus posiciones antieuropeas y porque su cercanía a Vladímir Putin afecta a la seguridad nacional, afirmó el presidente. Consideran que la cooperación con otros servicios secretos aliados quedaría "sensiblemente limitada" en caso de que Kickl accediera a la cancillería, concluyó Van der Bellen.

"Encargo la formación del gobierno al líder de la segunda fuerza, Karl Nehammer, al que he pedido que inicie de inmediato negociaciones con los socialdemócratas", prosiguió el presidente. El ÖPV del canciller Nehammer obtuvo un 26% de los votos, lo que implicó una caída de más de 11 puntos, mientras que la ultraderecha de Kickl se disparó 12 puntos por encima de sus resultados anteriores. Los socialdemócratas quedaron en tercera posición con un 21%. Los posibles futuros coaligados sumarán 92 escaños, uno por encima de la mayoría.

Van der Bellen, originario de los Verdes pero formalmente independiente, avanzó la noche electoral que solo encargaría la formación de gobierno a quien tuviera el respaldo de una mayoría parlamentaria. Kickl también advirtió entonces que hacerlo a favor de Nehammer sería favorecer una "coalición de los perdedores". El presidente austríaco emplazó a todas las formaciones a negociar entre ellas en busca de la mayoría e inició asimismo consultas con todos los líderes. El resultado es el encargo a Nehammer, a dos días de la sesión constituyente del nuevo Parlamento nacional, donde por primera vez el FPÖ tendrá mayor grupo parlamentario.

Posiciones inamovibles

Las posiciones de unos y otros en estas semanas han sido inamovibles. Nehammer ha ratificado que no entrará en un gobierno liderado por Kickl, lo mismo que socialdemócratas, verdes y liberales de NEOS. El líder ultraderechista ha calificado este cortafuegos de "antidemocrático", pero tampoco ha presentado la opción de hacerse a un lado en busca de un consenso. No ha seguido ahí el precedente marcado en Países Bajos por Geert Wilders, líder del ultraderechista Partido de la Libertad (PVV), la fuerza más votada en los comicios celebrados hace un año. Ante el rechazo de sus virtuales aliados, Wilders renunció a cualquier puesto en el Gobierno, pero a cambio su partido se ha convertido en la fuerza dominante del Ejecutivo que dirige el independiente Dick Schoof.

El FPÖ de Kickl logró su victoria con una campaña basada en su propósito de hacer de Austria una "fortaleza" contra la inmigración irregular y de suspender el derecho al asilo. Es un partido prorruso, euroescéptico y xenófobo, que comparte grupo parlamentario en la Eurocámara con el ultranacionalista húngaro Viktor Orbán, el mejor aliado de Putin dentro de la Unión Europea (UE).

domingo, 13 de octubre de 2024

Hooligans sin fronteras

Del balcánico Belgrado a la próspera Suiza: la 'tolerancia cero' contra los ultras como utopía



Hinchas del Young Boys suizo encienden bengalas en el Olímpic Lluís Companys durante su último enfrentamiento de Champions con el Barça. / Reuters

Gemma Casadevall
Berlín 13 OCT 2024 

Violencia, racismo, homofobia, sexismo y pirotecnia: todo eso hermana a las corrientes ultras del centro y este europeo. Desde sus exponentes más virulentos, como los Partizanos de Belgrado o las Brigadas del Cárpato húngaras, a sus equivalentes suizos. Todos parecen inmunes al principio de la tolerancia cero proclamada desde el poder político. Especialmente compleja es la situación en los países donde la extrema derecha lidera o forma parte de sus gobiernos. Mientras el ultranacionalista partido Ley y Justicia (PiS) gobernó en Polonia, hubo condescendencia hacia los temibles 'hooligans' del Legia Varsovia. Se les consideraba depositarios de un patriotismo acorde con las corrientes identitarias. Pero tras la llegada al poder del europeísta y liberal Donald Tusk, hace un año, no se ha observado una disminución del fenómeno en los estadios. Sus estructuras están demasiado arraigadas y se extienden por todo el país, desde Gdansk, en el norte, a Cracovia o Poznan, en el centro. Jugar a ser un 'hooligan' es normal para cualquier niño, reconocía Tusk.

En Hungría, dominio del ultranacionalista Viktor Orbán, nada detiene tampoco a las vistosas columnas de 'carpatianos'. El discurso xenófobo del hombre fuerte del país encaja en su línea. Lo mismo ocurre con las arengas homófobas, ya que desde el poder se practica el acoso a los colectivos LGTBI.

Alemania, con unos 10.000 aficionados fichados como violentos, de los cuales 4.000 corresponden a la categoría de '"extremistas" también en lo político, el reparto de virulencia no siempre se corresponde con las regiones de mayor implantación de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Tampoco se produce en las zonas social y económicamente más desfavorecidas. La estadística sitúa en la 'pole position' de las multas por violencia, pirotecnia, consignas anticonstitucionales, actitud antideportiva o racismo a la afición del FC Colonia, que pagó hasta 640.000 euros en sanciones la temporada 2023/24. Siguen a los seguidores de esta ciudad del oeste alemán los del club de la capital financiera y banquera, el Eintracht Fránkfurt, con 575.000 euros. En los puestos siguientes están Wolfsburgo y Hamburgo. Solo en la quinta posición aparece el Hansa Rostock, el primero en este ránking perteneciente al este de Alemania, donde la ultraderechista AfD logra posiciones de fuerza más votada.

Desde la cúpula de la AfD se ha echado leña al fuego, con comentarios reclamando una selección nacional más "blanca". Los internacionales con raíces turcas o de otras procedencias, como Antonio Rüdiger o el ahora retirado capitán Ilkay Gündogan, ven sistemáticamente cuestionada su 'alemanidad' desde este espectro.

Pero la violencia no es exclusiva de la primera división de la Bundesliga o de su selección nacional. Desde la Federación de Fútbol de Alemania (DFB) se viene alertando de su incremento exponencial en las ligas regionales y en el fútbol juvenil. Un exponente extremo de esos casos se dio, sin embargo, en Suiza, cuya autoridades suspendieron a principios de este año un centenar de partidos juveniles e infantiles por agresiones contra árbitros.

La 'caja de herramientas' o medidas contra la hinchada violenta existen en toda Europa, recordó entonces la ministra de Finanzas del país helvético, Karin Keller-Sutter, tras el enésimo enfrentamiento en su territorio de 'hooligans' suizos y serbios. Pero da una 'connivencia‘ entre autoridades, funcionarios del fútbol y clubes para que no se apliquen, lamentó la política. La única respuesta posible a la violencia en los estadios, insistió, es la tolerancia cero.

martes, 1 de octubre de 2024

Van der Bellen, palabra de presidente

Àustria, triomf ultra o cordó sanitari?

Diu­menge al ves­pre, a les cinc i mig minut de la tarda, la tele­visió pública austríaca anun­ci­ava un “ter­ratrèmol polític”. Aca­ba­ven de tan­car els col·legis elec­to­rals i, en rea­li­tat, el que es va veure a con­ti­nu­ació no era cap sor­presa: l’ultra­dretà, xenòfob i euro­escèptic Par­tit de la Lli­ber­tat (FPÖ) esca­lava a la pri­mera posició fins a vore­jar el 29%, tal com havien pro­nos­ti­cat els son­de­jos unes set­ma­nes enrere. No s’havia produït la “recu­pe­ració” que algu­nes enques­tes havien apun­tat en la recta final de la cam­pa­nya a favor del con­ser­va­dor ÖVP, el Par­tit Popu­lar del can­ce­ller Karl Neham­mer. La dreta mode­rada que­dava en un 26,3%. La sor­presa, de fet, hau­ria estat que Neham­mer, que governa en coa­lició amb els Verds, hagués defen­sat el pri­mer lloc.

Quin era, doncs, el ter­ratrèmol? D’una banda, que el més històric entre els par­tits ultres euro­peus i el més arre­lat en el nazisme esde­vingués, per pri­mer cop, la força més votada en unes elec­ci­ons al Par­la­ment naci­o­nal. De l’altra, que superés el rècord de qui en va ser la figura més repre­sen­ta­tiva, Jörg Hai­der, l’ideòleg que el va nor­ma­lit­zar fins a adqui­rir la cate­go­ria de soci de govern, ni que fos com a “germà petit”. El rècord en suports de Hai­der va que­dar en el 26%, el 1999. L’FPÖ té acu­mu­la­des tres experiències com a soci en exe­cu­tius naci­o­nals, l’última de les quals va ser en la coa­lició del con­ser­va­dor Sebas­tian Kurz, que es enfon­sar el 2019.

El ter­ratrèmol ve de la pos­si­bi­li­tat que aquest par­tit que ha fet cam­pa­nya al país natal d’Adolf Hit­ler amb con­cep­tes adop­tats del nazisme, com ara la “remi­gració” o expulsió dels ciu­ta­dans d’ori­gen estran­ger, i que exhi­beix teo­ries cons­pi­ra­noi­ques, com ara que l’arri­bada de més refu­gi­ats aca­barà amb la majo­ria “blanca”, pugui arri­bar al poder. És a dir, que el seu líder actual, el radi­ca­lit­zat Her­bert Kickl, acon­se­gueixi ser el “can­ce­ller del poble”, un altre terme adop­tat del nazisme, perquè així s’ano­me­nava Hit­ler. La seva victòria, que amb els resul­tats finals va ser d’un 28,8 %, li dona 56 escons al Par­la­ment austríac. Per a una majo­ria par­la­mentària en neces­sita 92. I cap altre par­tit no està dis­po­sat a aliar-se amb un “can­ce­ller del poble” ano­me­nat Kickl.

“Nosal­tres som al poder per resol­dre els pro­ble­mes, no per sos­te­nir-los”, és el mis­satge de Neham­mer. La ultra­dreta xenòfoba, com tots els popu­lis­mes de dre­tes o esquer­res, recull elec­to­rat amb solu­ci­ons apa­rent­ment fàcils a pro­ble­mes com­ple­xos. Expul­sar població estran­gera, tan­car les por­tes a l’asil o esde­ve­nir un nou aliat del rus Vladímir Putin dins la Unió Euro­pea no resol­dria els pro­ble­mes de l’Àustria actual, segons el bloc de les for­ces democràtiques. Ni el par­tit del can­ce­ller, ni els soci­al­demòcra­tes, els Verds o els libe­rals de Neos, les altres for­ma­ci­ons que es repar­ti­ran els escons par­la­men­ta­ris, volen un Kickl al poder.

Neham­mer té les claus de la majo­ria amb una nova aliança amb els soci­al­demòcra­tes, tot i que tin­dria només un escó per damunt dels 92. O pot recórrer a un tri­par­tit amb els eco­lo­gis­tes o els libe­rals. L’encàrrec per for­mar un nou govern ha de pro­ce­dir del pre­si­dent del país, Ale­xan­der van der Bellen, un pro­gres­sista de 80 anys, ori­gi­nari dels Verds, ara inde­pen­dent. La mateixa nit elec­to­ral ja va recor­dar que no encar­re­garà la for­mació de govern a cap par­tit que no sigui capaç de reu­nir una majo­ria. També hi va afe­gir que el futur cap del govern ha de res­pec­tar regles democràtiques com la sepa­ració de poders o els drets de les mino­ries i els fona­ments de la UE. Unes decla­ra­ci­ons que es podien inter­pre­tar com un rebuig de facto de Kickl o com una invi­tació als altres a bus­car una coa­lició que eviti entre­gar la can­ce­lle­ria a l’FPÖ.

Her­bert Kickl no només té el terme esco­llit per a ell, com a “can­ce­ller del poble”, també ha triat el que dedi­carà a una coa­lició que l’exclo­gui: la d’aliança dels per­de­dors. El seu par­tit ha pujat dotze punts res­pecte a les elec­ci­ons naci­o­nals del 2019. Els con­ser­va­dors de Neham­mer n’han per­dut onze.

De moment, i al marge de les deno­mi­na­ci­ons que triï Kickl per des­qua­li­fi­car els rivals, tot apunta a un altre cordó sani­tari. Més o menys el mateix que passa a Ale­ma­nya. Tres elec­ci­ons en aquest mes de setem­bre a l’est han donat molta empenta a la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD). A Turíngia va ser la força més votada, per pri­mer cop en unes elec­ci­ons a un par­la­ment regi­o­nal. A Saxònia i Bran­den­burg va que­dar segona. La res­posta de la resta dels par­tits, sigui la con­ser­va­dora Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU) o els soci­al­demòcra­tes d’Olaf Scholz, és nego­ciar coa­li­ci­ons inex­plo­ra­des, però capa­ces d’esqui­var l’AfD, un par­tit tan neo­nazi que ni la resta dels ultres euro­peus el volen com a “ager­ma­nat”. La CDU, el par­tit que va diri­gir Angela Merkel i que ara lidera el dretà Fri­e­drich Merz, es plan­teja tren­car esque­mes i nego­ciar amb l’esquerra popu­lista de Sahra Wagenk­necht. És un par­tit qua­li­fi­cat d’“aliat” de Putin, a més de repre­sen­tar l’esquerra radi­cal. Per a la CDU, però, una mena de pec­cata minuta, si es com­para amb la toxi­ci­tat de l’AfD.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Claves

¿Qué ha pasado en Austria? ¿Podrá gobernar la ultraderecha? 




Los ultras de Austria ganan por primera vez pero no tienen aliados para gobernar / Lisa Leutner / REUTERS / VÍDEO: EFE
Gemma Casadevall    Viena 30 SEPT 2024 

Austria vivió el domingo un terremoto político, al alcanzar el ultranacionalista, xenófobo, prorruso y euroescéptico Partido Liberal (FPÖ) el 28,8 %, dos puntos por encima del máximo en unas elecciones nacionales alcanzado en 1999 por su más histórico líder, Jörg Haider. Será por primera vez la fuerza más votada en el nuevo Parlamento, posición que ha alcanzado bajo el liderazgo de extremista Herbert Kickl, quien ha prometido cerrar fronteras y suspender el asilo.

Pese a su triunfo, es improbable Kickl pueda ser el 'canciller del pueblo', término empleado por Adolf Hitler y con el que se identifica el líder ultraderechista. El país alpino tiene ante sí una difícil búsqueda de la gobernabilidad, ya que el FPÖ no tiene con quien coaligarse. En el caso de acceder al poder el FPÖ, Europa vería reforzado el frente de gobiernos anti-inmigración y aliados de Vladímir Putin, ahora comandados por el húngaro Viktor Orbán.

¿Qué opciones tiene Nehammer para seguir como canciller?


El FPÖ subió más de 12 puntos respecto a las anteriores elecciones nacionales. En cambio, el ÖVP o Partido Popular del canciller Karl Nehammer cayó más de 11 puntos respecto a 2019 hasta quedar en un 26,3 %. Puede coaligarse con los socialdemócratas, en tercera posición con un 21,2 %, aunque eso le daría una vulnerable ventaja de apenas un escaño sobre los 92 necesarios para la mayoría absoluta.
También podría optar por un tripartito con los liberales de Neos, formación europeista que ya ha expresado su disponibilidad a coaligarse. O con los Verdes, sus socios en la última legislatura, con los que no siempre se ha llevado bien. En cualquier caso, la tradición austríaca es que sea la fuerza más votada la que intente en primer lugar forjar una mayoría. Es decir, el FPÖ de Kickl. El líder ultra tiene ya su definición para materializarse una alianza entre sus enemigos: sería la ‚coalición de los perdedores‘ en las urnas.

¿Puede renunciar Kickl a cambio del ascenso ultra al poder?

Kickl, hasta hace unos pocos años un ideólogo a la sombra del FPÖ, es a la vez la figura clave del resurgir electoral de su partido y su principal obstáculo para consumar su ascenso al poder. En Austria no ha habido cordón sanitario en torno al FPÖ mientras su papel se limitó al de ser un socio menor. Formó parte de tres gobiernos nacionales, incluido el último que lideró el conservador Sebastian Kurz, que acabó hundido en escándalos de corrupción.
Pero el propio Nehammer ha dejado claro, como el resto de las formaciones parlamentarias, que no entrará en un gobierno liderado por Kickl. Existe la posibilidad teórica de que éste se hiciera a un lado, de acuerdo al modelo del neerlandés Geert Wilders, quien maneja desde fuera la coalición entre su ultraderechista PVV y partidos centristas. En Viena se considera improbable Kickl que acceda a ello, ya que saca mayor rendimiento del papel de ‚víctima‘ del cortafuegos calificado por su partido de antidemocrático.

¿Qué papel puede desempeñar el jefe del Estado?


El presidente del país, Alexander van der Bellen, originario de los Verdes aunque formalmente independiente, dejó claro la misma noche electoral que no encargará la formación del gobierno a ningún partido que no sea capaz de juntar la mayoría precisa de 92 escaños. El FPÖ tendrá 56 en la cámara. También aseguró que el próximo jefe del Ejecutivo debe ceñirse a los fundamentos constitucionales de una democracia liberal, como es el respeto a la separación de poderes, a la independencia de los medios, a los derechos de las minorías y a la pertenencia a la UE.
Algo que aparentemente descarta al euroescéptico y xenófobo FPÖ. Ello no equivale estrictamente a un veto presidencial, aunque la Constitución austríaca le da potestad para hacerlo. Más bien se interpreta como una llamada a las fuerzas democráticas a buscar una mayoría que esquive al FPÖ. Van der Bellen, de 80 años y en el cargo desde 2017, dijo también que iniciará consultas con todos los partidos antes de proceder al encargo del nuevo gobierno.

¿Ampliará el Kremlin su círculo de influencia en la UE?

Que sea improbable el acceso al poder de Kickl no significa que se pueda descartar. Y, en caso de lograrlo, sería otro paso hacia la extensión del círculo de aliados europeos de Vladímir Putin, tras la Hungría de Orbán, los Países Bajos de Wilders o la Eslovaquia de Robert Fico. Los lazos de Austria con el Kremlin van de lo anecdótico o hasta cursi a la dependencia del gas ruso. En lo primero entra la imagen de 2018 de la entonces ministra de Exteriores del FPÖ, Karin Kneissl, en traje de novia, bailando un vals e inclinándose ante Putin, invitado a su boda.
Al margen de estas 'cercanías', Viena ha ralentizado las sanciones de la UE por la guerra de Ucrania, amparada en su teórica neutralidad ya que no está integrada en la OTAN. No ha reducido su dependencia energética de Moscú, sino que sigue importando más del 80 % de su gas de Rusia. Son lazos cultivados desde hace décadas, mantenidos por sucesivos gobiernos y que previsiblemente perdurarán al menos otra década y media, por los contratos vigentes con Gazprom. No hubo un distanciamiento entre Viena y Moscú tras la anexión de Crimea de 2014. Putin eligió Viena para su primer viaje a Occidente tras anexionarse la península y fue recibido con honores. Dos años largos después de la invasión de Ucrania, Viena mantiene su ambivalente neutralidad.

El ratón rugió

Kickl, el 'patriota' que quiere conducir a Austria a sus raíces ultras



Herbert Kickl, el 'patriota' que quiere conducir a Austria a sus raíces ultras / Christian Bruna/ AP
  Gemma Casadevall, Viena 29 SEPT 2024

Herbert Kickl, durante décadas una especie de cerebro a la sombra del ultranacionalismo austriaco, acaba de colocar por primera vez al Partido Liberal (FPÖ) en la cúpula del poder en Austria. Completa así la vía iniciada en 1986 por el carismático Jörg Haider y que, tras sucesivas etapas como socio en Ejecutivos conservadores, tiene firmes opciones a ocupar la jefatura de su Gobierno.

Su aspecto tranquilo y talante aparentemente poco mediático le situarían en las antípodas del vibrante Haider. Quiere ser el 'canciller del pueblo', término que remite a tiempos de Adolf Hitler. Las urnas le han dado 28,8% de los votos, con el 98 % escrutado, unos 11 puntos más que el Partido Popular (ÖVP) del canciller Karl Nehammer. Como líder del partido, Kickl saboreó ya un primer éxito en las pasadas elecciones europeas, ya que fue la fuerza más votada.

Ha logrado en unos cuatro años, desde el derrumbe de la última coalición entre ÖVP y FPÖ que lideró Sebastian Kurz, revitalizar un partido que exhibe sin tapujos su retórica xenófoba, negacionista del cambio climático y antivacunas, tan enemigo del asilo como del colectivo LGTBI.

Lo hace desde el corazón de una democracia europea avanzada y en un país próspero al que se diría no le falta nada, pero que pronto asiste sorprendido a la recesión económica y la inflación. Es una sociedad en la que ha cuajado la consigna del 'Austria primero' y el anhelo de cerrar fronteras. Son los dos paradigmas que personifican ahora Kickl, aunque en realidad siempre estuvieron muy presentes en el país alpino. Su ideario respecto a los extranjeros no difiere mucho del neonazismo, pero lo ofrece envuelto en retórica moderna y una supuesta defensa de las libertades individuales europeas frente a ‚invasiones‘ foráneas.

Bastión: redes sociales

El fuerte de Kickl, de 55 años, no está en los mítines o en los debates entre candidatos. Ha aprendido, en cambio, a manejarse con soltura en redes sociales o el canal FPÖ-TV. Sus intervenciones y mensajes más destacados alcanzan en las plataformas de su partido una audiencia estimada 200.000 seguidores, en un país con 6,3 millones de electores. Es un efecto multiplicador que difícilmente lograría con actos convencionales de campaña.

Nada le garantiza el ascenso al poder, ni siquiera la primera posición. Su rival directo es el conservador Nehammer, su único socio posible por el rechazo del resto de formaciones, aunque en campaña el canciller ha descartado que pueda asociarse a un gobierno si su líder es Kickl.

El FPÖ tiene, en cambio, el apoyo de los Identitarios austriacos, un recalcitrante movimiento etno-nacionalista que propugna la llamada 'remigración', para referirse a la expulsión de millones de extranjeros en aras de la homogeneidad étnica. Forma familia política con los Patriotas por Europa, el grupo de la Eurocámara encabezado por el ultranacionalista húngaro Víktor Orbán, con la francesa Marine Le Pen y el español Santiago Abascal, líder de Vox, entre sus miembros.

El cargo por el que se dio a conocer fue el de ministro de Interior de la coalición de Sebastian Kurz. Esta alianza acabó llevándose por delante el escándalo del "caso Ibiza", desatado a raíz de un vídeo en que aparecía el entonces vicecanciller y líder del FPÖ, Hans-Christian Strache, en camiseta y entre copas de alcohol aceptando, a cambio de contratas públicas, apoyos electorales de una mujer que se hacía pasar por sobrina de un oligarca ruso. Desvelado por el semanario alemán 'Der Spiegel' en 2019, las imágenes se remontaban a 2017 y afectaban a donativos en campaña y al gobierno.

La encerrona precipitó investigaciones y dimisiones en cascada. El FPÖ se hundió a mínimos. Tomó las riendas su segundo tras Strache, Norbert Hofer. Pero el ganador de la partida fue Kickl, quien tras una batalla interna pasó a asumir su liderazgo.

Este hijo de una familia de clase trabajadora, que cursó estudios universitarios pero no llegó a completarlos, se puso así al frente del partido en que ingresó en 1995 y en el fue escalando posiciones discretamente. El FPÖ había sido fundado por nazis austríacos, diez años después de la Capitulación del Tercer Reich y en el país natal de Adolf Hitler. Para muchos ciudadanos, su figura de referencia seguía siendo Haider, muerto en 2008 al estrellarse en su coche, al filo de la medianoche y bajo los efectos del alcohol.

El partido había logrado bajo ese líder entrar en su primer gobierno, pero luego se enredó en trifulcas internas. Parecía haberse reencontrado con su electorado bajo Strache, hasta que la grabación en la villa alquilada ibicenca volvió a hundirle.

Kickl es el rostro actualizado de un partido que, para la familia ultraderechista europea, representó la primera resistencia frente al boicot impuesto desde la Unión Europea en la década de los 80, en un intento por aislarlo. Ahora su apuesta no es ya ser aceptado como socio, sino liderar el siguiente gobierno de Viena. Se sumaría así al cada vez más extenso bloque de los prorrusos en la UE, como Orbán, aunque desde su condición de país neutral y no integrado en la OTAN.

domingo, 29 de septiembre de 2024

Si Haider levantara la cabeza


Austria da la victoria por primera vez a la ultraderecha prorrusa y antiasilo



Los ultras de Austria ganan por primera vez pero no tienen aliados para gobernar

Los ultras de Austria ganan por primera vez pero no tienen aliados para gobernar / Lisa Leutner / REUTERS / VÍDEO: EFE


Gemma Casadevall
Viena (Enviada especial) 29 SEPT 2024 

Austria dio la posición de primera fuerza al ultranacionalista FPÖ de Herbert Kickl y dejó al conservador Partido Popular (ÖVP) del canciller Karl Nehammer relegado al segundo puesto. El partido de Kickl, el radical que aspira a convertirse en el "canciller del pueblo", al frente de una formación que pretende "remigrar" a millones de extranjeros y suspender el asilo, obtuvo un 28,8%, según las proyecciones con el 99 % del voto real. Ello supone para ese partido prorruso, xenófobo y euroescéptico, un aumento de doce puntos respecto a 2019 y supera el récord del partido obtenido en 1999 por su líder histórico, el carismático Jörg Haider.

A la derecha moderada de Nehammer se le estima un 26,3 %, una caída de once puntos; los socialdemócratas tendrían un 21,1 %. Los Verdes, actuales socios de gobierno del ÖVP, cayeron a un 8,3 %, un punto por debajo de los liberales Neos, que pasan al tercer puesto. Teóricamente, una alianza entre conservadores y socialdemócrata, calificada por Kickl de 'coalición de perdedores', tendría la mayoría suficiente, aunque con solo un escaño de ventaja. Nehammer tendría, además, la opción de un tripartito, sea con los ecologistas o con los liberales.

"Es un resultado amargo. Y felicito al vencedor", afirmó el canciller conservador, en un aparte ante los medios en la sede del Parlamento nacional, sin revelar si negociará una coalición o de qué signo.

Estas proyecciones del voto real ratifican el ímpetu de Kickl. Sin embargo, no significa que pueda alzarse el "canciller del pueblo", su objetivo proclamado en campaña, ya que el resto del especto parlamentario le rechaza como líder del próximo gobierno. El término "canciller del pueblo" remite a tiempos del Tercer Reich y tiene resonancias nazis para Austria, el país natal de Adolf Hitler. Sus planes de 'remigración', compartidos con el movimiento etnoracista de los Identitarios, se fundamenta en teorías de la conspiración según las cuales la población de origen extranjero podría superar a la austríaca.

El FPÖ de Kickl ocupó durante meses la primera posición en los sondeos, aunque había perdido fuelle en las últimas semanas. La gestión del canciller Nehammer en las inundaciones que han asolado parte del país alpino, unido a la condición de partido negacionista del cambio climático de la que hace alarde Kickl, fortalecieron algo a los conservadores del ÖVP. Ambos partidos llegaron prácticamente empatados a la jornada electoral, en un país con unos 6,3 millones de ciudadanos con derecho a voto.
La advertencia del presidente van der Bellen

Pese a haber alcanzado la primera posición, se ve bastante difícil que Kickl pueda dirigir el próximo gobierno. El FPÖ se ha radicalizado bajo el liderazgo de Kickl. El resto de los partidos rechazan cooperar a una formación de discurso radicalmente xenófobo, que ha prometido cerrar las fronteras y suspender el derecho al asilo, negacionista del cambio climático y antivacunas. En último extremo, se barajaba incluso la posibilidad de que el presidente del país, Alexander van der Bellen, originario de los Verdes aunque formalmente independiente, rechazara encargarle la formación del gobierno. Kickl se revuelve contra esta posibilidad y advierte que "sería antidemocrático sacrificar el voto de millones de ciudadanos por los deseos de un presidente".

Mientras el presidente dirigía este mensaje a los ciudados, ante el Parlamento se concentraron centenares de manifestantes, al grito de 'Nazis raus' -'Nazis fuera'-.

Los ultras más arraigados de Europa


El partido de Kickl es, entre la familia de los ultras europeos, el más antiguo y el más arraigado. Fue fundado en 1955 por un grupo de recalcitrantes nazis, Empezó a normalizar su presencia en la política austriaca hacia la década de los 80 del siglo pasado, liderados por Haider. Ha acumulado experiencia como socio menor, ya que formó parte de tres Ejecutivos nacionales y está muy asentado también a escala regional. Nunca, hasta este domingo, consiguió la primera posición en unas elecciones al Parlamento nacional, aunque sí ya fue el partido más votado en los comicios europos del pasado junio.

Hace casi 25 años, el conjunto de la Unión Europea (UE) optó por boicotear al gobierno de Viena por la presencia del FPÖ en el Ejecutivo. Esta fase está plenamente superada en una Europa que ha enterrado el aislamiento a los ultras y donde varios partidos de la órbita del FPÖ lideran gobiernos, como es el caso de Hungría, con Víktor Orbán, o de Italia, con Giorgia Meloni.

La última vez que el FPÖ formó parte de un gobierno fue bajo el canciller del conservador Sebastian Kurz, entre 2017 y 2019. La coalición se hundió en medio del llamado 'caso Ibiza'. Con ese nombre se conoce el escándalo que estalló con la difusión en 2019 de un video grabado en 2017 en una villa en la isla balear. Aparecía ahí el entonces líder del FPÖ y vicecanciller Heinz-Christian Strache, a quien una mujer que decía ser sobrina de un oligarca ruso le ofrecía donaciones al partido a cambio de contratas públicas. Strache, que aparentemente accedía, según el comprometedor video, cayó. Se destapó una trama de corrupción que arrastró consigo a Kurz, el exniño prodigio de la política austríaca.