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martes, 5 de mayo de 2026

La Alemania "al límite" de Merz

La Alemania de Merz (año 1): la potencia donde no crece el PIB, sino la pobreza



El canciller Friedrich Merz en un vehículo blindado de ruedas Boxer HANNIBAL HANSCHKE / EFE
 Gemma Casadevall    Berlín05 MAY 2026 

Hace ahora un año, cuando Friedrich Merz alcanzó el poder que llevaba anhelando desde hacía dos décadas, sus objetivos se resumían en dos prioridades: reactivar la economía tras dos años en recesión y dotar al país del ejército convencional más poderoso de la Unión Europea (UE). Ambos factores, la contracción del PIB y la necesidad de poner al día las fuerzas armadas, remitían a la situación creada tras la guerra lanzada por Rusia sobre Ucrania en febrero de 2022. Alemania despertó, aún bajo el Gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz, a la realidad de su dependencia energética de Moscú y de unas fuerzas armadas castigadas por la austeridad.
Nada salió como esperaba Merz. El 6 de mayo de 2025, un día después de firmarse el pacto de coalición entre los conservadores y sus socios socialdemócratas, Merz se presentó ante el Parlamento federal (Bundestag) a por una investidura que parecía de trámite. En lugar de eso, y por primera vez en la historia, tuvo que recurrir a una segunda vuelta. En la primera ronda no alcanzó la mayoría de 316 votos, pese a que los diputados de su coalición suman 328 escaños.
Merz, apartado de la vanguardia política en los 16 años en que estuvo en el poder Angela Merkel, su rival interna entre los conservadores, se impuso en los comicios celebrados por anticipado el 23 de febrero de 2025, tras hundirse la coalición de Scholz con verdes y liberales. Negoció sin tropiezos su nueva alianza de Gobierno con el SPD, en que solo persistió un superviviente del Ejecutivo de Scholz: el ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius, impulsor del rearme alemán.

Cómo lanzar el rearme con la economía estancada


Un año después, el PIB alemán está prácticamente estancado y con un pronóstico de crecimiento mínimo del 0,5% para 2026. A los estragos de la crisis energética siguió el azote sobre la potencia exportadora alemana de los aranceles de Donald Trump y luego la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán, más el cierre del estrecho de Ormuz.
La coalición de Merz está inmersa en una dinámica de enfrentamientos a gritos --según los relatos coincidentes del semanario Der Spiegel y el tabloide Bild-- entre Merz y su ministro de Finanzas y líder socialdemócrata, Lars Klingbeil, o entre éste y la titular de Economía, la conservadora Katherina Reiche. Tras intensos forcejeos, Klingbeil ha presentado un proyecto presupuestario que prioriza Defensa. Pistorius dispondrá de 130.000 millones de euros, incluidos los 27.000 millones procedentes del fondo creado en 2025 para invertir en rearme. A las inversiones en Defensa se une el plan de saltar de los 180.000 soldados actuales a 450.000 efectivos en 2035.

Casi en paralelo, Merz anunció lo que calificó de "reforma histórica" de la sanidad pública, consistente en recortes de prestaciones y servicios para evitar que el déficit sanitario alcance los 16.000 millones de euros en 2027 o hasta 38.0000 millones de euros hasta 2030.

Un 20% de la población "al límite"


La economía se estanca, se dispara el gasto militar y crece lo que se define como ciudadanos "en riesgo de pobreza o exclusión social". Unos 17 millones de personas, casi un 20% de la población de Alemania, entran en esa definición, según datos de la Oficina Federal de Estadística (Destatis). Un porcentaje que "clama al cielo", según la periodista y moderadora Miriam Davoudvandi, autora del libro Das können wir uns nicht leisten (No podemos permitírnoslo), editado por Btb, donde repasa el día a día de personas que "viven al límite". La precariedad crece en el mundo laboral y en la calle, lo que se plasma en enormes bolsas de pobreza.
"Se identifica a Alemania como un país rico porque ese es el relato que se ha impuesto política y económicamente. Es el relato bajo el que hemos crecido", explica a EL PERIÓDICO Davoudvandi, envuelta en la promoción de un libro que describe las situaciones de quienes viven "en riesgo de pobreza". "No morimos de hambre, tenemos acceso a la escuela y hay un tejido social que cubre lo más esencial. Pero las secuelas de la pobreza nos acompañarán toda la vida", prosigue la autora, de madre rumana y padre iraní, llegada a Alemania con seis años.
La marginalidad es especialmente presente entre personas de origen extranjero, pero alcanza al resto de los ciudadanos, incluida la población laboralmente activa de ingresos bajos. Uno de cada cinco jubilados sigue trabajando tras su teórica retirada para redondear su pensión o recurre a los bancos de alimentos, cuando ya no pueden seguir en activo. "Hablamos de personas cuyos ingresos no alcanzan para cubrir lo básico, no digamos ya unas vacaciones aunque sea de una semana y sin salir del país", explica la autora, cuya biografía la sitúa entre quienes sí lograron el ascenso social.
El porcentaje de quienes viven en riesgo de pobreza sube al 20% entre jubilados y personas que viven solas, al 40% para quienes crecen en hogares con bajo nivel de estudios, para dispararse al 70% entre desempleados, según Destatis. Desde 2021 este cómputo de población sube año a año alrededor de un punto porcentual. Son existencias al límite, agravadas por cualquier alza de precios, como la ahora procedente de la crisis de Ormuz. "Es difícil que alguien como Merz, quien presume de millonario y pilota un jet privado, entienda estas situaciones. Su acción de gobierno consiste en recortar. Le diría que trabaje un día como obrero de la construcción", apunta Davoudvandi.

A la deriva

La coalición de CDU y SPD en Alemania cumple un año agrietada y con la ultraderecha pujando por el poder



El viceanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, y el canciller alemán, Friedrich Merz, durante una reunión en la cancillería. / CLEMENS BILAN / EFE

  Gemma Casadevall     Berlín05 MAY 2026

Alemania es país con amplio rodaje en cuanto a crisis de coaliciones. Ningún canciller federal ha gobernado en solitario desde tiempos fundacionales y la armonía entre socios ha sido más bien la excepción. Pero el precedente inmediato de la coalición del socialdemócrata Olaf Scholz con verdes y liberales, que se hundió sin haber cumplido los tres años, hace que en Alemania surja la pregunta de hasta cuándo aguantará la que ahora lidera el conservador Friedrich Merz.
Apenas un 15% de la población valora positivamente la gestión del canciller alemán, lo que le sitúa en un récord histórico a la baja, peor incluso que Scholz al final de su corta legislatura. La situación, en caso de nuevas elecciones generales, coloca ante un abismo tanto a los partidos establecidos como al conjunto de Europa. A la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) le pronostican los sondeos casi el 27% en intención de voto, tres puntos por encima del bloque conservador de Merz (CDU-CSU). A los socialdemócratas (SPD) del vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, se les estima un 13%, por detrás de los Verdes y en lucha por el cuarto puesto con La Izquierda. Mantener a la AfD políticamente aislada y lejos del poder seguiría siendo posible, pero ahora la ultraderecha tendría la posición de dominio como primera fuerza del Bundestag (Parlamento federal).
Es esta debilidad lo que aparentemente obliga a la coalición de Merz a seguir adelante. Pero también se recuerda en Alemania que la teoría de que no les queda otro remedio que resistir no preservó de su hundimiento en 2024 a la coalición de Scholz. Ya entonces se sabía que una ruptura solo podía favorecer al entonces opositor Merz. Ello no impidió a los liberales finiquitar la alianza, en una especie de suicidio político que ha convertido en extraparlamentario a un partido que había sustentado a 18 de los 25 gobiernos federales de la historia del país.

Cómo salir del atolladero

En medios alemanes se barajan distintos escenarios sobre cómo sacar de su crisis persistente a una coalición cuyos actores principales, canciller y vicecanciller, no son capaces de consensuar las reformas estructurales que implicarían más recortes en jubilaciones y prestaciones sociales, pero que según Merz precisa el país. Cada "concesión" que hace Klingbeil son varios puntos más en la caída en picado del Partido Socialdemócrata, del que es líder.
El diario Der Tagesspiegel, junto con el tabloide Bild, barajaban estos días cuatro escenarios: que Merz se someta a un voto de confianza vinculado a unas reformas estructurales; que lo haga ligado a la convocatoria de nuevas elecciones, una maniobra arriesgada ya que no tiene asegurado el apoyo cerrado de los 328 diputados que suma su coalición; que se convoque un voto de censura dicho constructivo, para que la cámara elija otro canciller; o que Merz opte por seguir al frente de un gobierno en minoría, algo inexplorado en Alemania salvo en periodos de transición hacia las siguientes elecciones.
Son opciones que parecen remotas. Pero que el mero hecho de que se evalúen, coincidiendo con el primer año de Merz en el poder, ilustran la situación de fragilidad política que atraviesa la primera economía de la UE.

domingo, 22 de marzo de 2026

La CDU salva los muebles, el SPD se hunde


La CDU de Merz gana las elecciones regionales y agrava la crisis de la socialdemocracia




Candidato de la CDU para las elecciones estatales de Renania-Palatinado, Gordon Schnieder (C), abraza a su hermano, el ministro alemán de Transporte Patrick Schnieder (I) / RONALD WITTEK | EFE

 Gemma Casadevall  Berlín22 MAR 2026 19:2

La Unión Cristianodemócrata (CDU) de Friedrich Merz ha ganado las elecciones regionales de Renania Palatinado, un "land” del suroeste de Alemania donde durante 35 años dominó el Partido Socialdemócrata (SPD). La victoria del partido del canciller alemán agrava la crisis de la socialdemocracia, su socio en el gobierno de Berlín, que cayó diez puntos respecto a las regionales de 2021.
Según las proyecciones de la televisión pública ZDF al cierre de los colegios, la CDU obtuvo 30,5 % de los votos, cuatro puntos más que el SPD. Los sondeos preelectorales vislumbraban un codo a codo entre ambas formaciones, con ligera ventaja conservadora.
La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se ha alzado con un 20 %, su mejor resultado en el oeste del país, que dobla además con creces sus anteriores resultados en ese "land". Hace quince días, en las regionales de Baden-Württemberg, el radicalismo derechista rozó ya el 19 %.
Tras las elecciones de este domingo, la única constelación posible en Renania-Palatinado es una coalición entre conservadores y socialdemócratas. La AfD está descartada como aliada por el resto del espectro parlamentario alemán. Los Verdes serán la cuarta fuerza de la cámara regional, con un 8,5 %.

Segunda etapa del año electoral

Estos comicios regionales se planteaban como un "pulso fratricida" entre los conservadores de Merz y sus socios socialdemócratas. El resultado es un nuevo golpe para el SPD, el partido cuya presidencia comparten el ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, y la titular de Trabajo, Bärbel Bas. Hace quince días, en las regionales de Baden-Württemberg, los socialdemócratas se desplomaron al 5,5 % de los votos, apenas medio punto por encima listón mínimo para obtener escaños.
La CDU de Merz, por contra, se lava las heridas sufridas en los comicios de ese "land" sureño. Ahí se impusieron los Verdes, que revalidaron, aunque por un margen mínimo, el liderazgo que desde hace 15 años mantienen en Baden-Württemberg.
Merz, quien en mayo cumplirá su primer año como canciller, había abierto el año electoral llamando a sus filas a luchar por la victoria en las cinco regionales convocadas para este 2026. Renania Palatinado era la segunda etapa. Quedan por delante, ya en septiembre, dos comicios regionales en el este, donde a la AfD se le pronostica la primera posición con hasta un 40 % de los votos, y finalmente las elecciones en la ciudad-estado de Berlín, ahora gobernada por una coalición entre la CDU y el SPD.
Renania Palatinado, con cuatro millones de habitantes, es un "land" vecino a Baden-Württemberg. A diferencia de este, no se le identifica con prosperidad económica, sino con destrucción de empleo. El tema dominante de la campaña ha sido la violencia en sus escuelas y las bolsas de pobreza existentes en la región.
El caso de una escuela que acumula un centenar de denuncias por violencia contra sus docentes fue el caballo de batalla de la AfD. El primer ministro saliente, Alexander Schweitzer, que ha gobernado aliado con los verdes y los liberales, se ha visto confrontado con la pregunta de por qué el SPD no logra atajar el problema. Su rival conservador, Gordon Schnieder, se benefició del anhelo de ciudadano de un relevo en el poder.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Merz o el desgaste exprés

Alemania no levanta cabeza: un gobierno agrietado y una economía estancada



El canciller alemán, Friedrich Merz / CLEMENS BILAN / EFE
 Gemma Casadevall    Berlín09 NOV 2025 

Hace ahora un año y unos días, el 6 de noviembre, colapsó por sus disensos internos el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Olaf Scholz. Al hundimiento de lo que, por entonces, la oposición derechista calificó de "coalición fracasada" siguieron elecciones anticipadas y el ascenso al poder, el 6 de mayo, del líder conservador Friedrich Merz. Su caballo de batalla fue el compromiso de reactivar la economía de la primera potencia de la UE, tras dos años en recesión, y la conquista para Alemania de un liderazgo político global. Sintetizó ambos desafíos en un lema en inglés: "Germany is back".
Seis meses después de acceder a la Cancillería, su coalición entre conservadores y socialdemócratas sufre bajo el acoso de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). La primera posición en los sondeos va alternándose, semana a semana, entre la formación ultra y la derecha de Merz. La receta del canciller para hacerles frente va de la mano dura en materia migratoria a la búsqueda de remedios para los dos puntales económicos de Alemania, la automoción y el acero. Otros problemas más acuciantes para el ciudadano, como la vivienda, esperan en el banquillo. Los disensos entre los coaligados están en el orden del día tanto en lo económico como en lo político.

Un PIB que no remonta

El término "coalición fracasada" con que Merz acribilló al socialdemócrata Scholz se ceba ahora sobre su gobierno. Alemania abrió 2025 con un repunte del PIB del 0,3 %, para bajar al siguiente trimestre a una contracción del 0,2%. El tercer trimestre se ha saldado con el estancamiento y pronósticos de crecimiento mínimo al cierre del año. Los rostros de las malas noticias económicas son los del vicecanciller y titular de Finanzas, el líder socialdemócrata Lars Klingbeil, y la ministra de Economía, la conservadora Katherina Reiche, procedente del ámbito empresarial. Al primero se le achaca falta de experiencia en un departamento clave para un país con 83 millones de habitantes. A Reiche, que pretenda aplicar unos recortes sociales no asumibles por sus socios en una Alemania cuyo tejido social está ya muy precarizado.

La tenaza de los aranceles


Merz accedió al poder desde su condición de ex rival interno de Angela Merkel, de línea más centrista, y en un país cuyos sellos de identidad del poderío exportador, la automoción y el acero, estaban en crisis. Se le identificaba como un líder "amigo" de la gran industria. Pero la pasión de Donald Trump por los aranceles y la falta de respuesta frente la competencia más barata de China lastran su relanzamiento. Inició su mandato bajo el signo del apoyo empresarial, plasmado en una alianza con 60 empresas punteras y un plan de inversiones de 630.000 millones de euros en tres años. De ahí ha pasado a convocar sucesivas cumbres del sector de la automoción o del acero, que se cierran con promesas de alivios en la factura energética en los sectores que más consumen. Pero las soluciones globales, como el acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur, no dependen de Berlín, sino de París o de Bruselas. Así las cosas, una cada tres empresas planea recortar plantilla en 2026, según el Instituto Alemán de Economía (IW).

De la precariedad a la pobreza

El acceso a la vivienda es otro problema global, reconocido como tal por la UE, pero que para muchos alemanes, especialmente en Berlín, fue algo desconocido durante décadas. El precio de la vivienda se disparará y experimentará aumentos récord en 2027 tanto para los pisos en propiedad o viviendas unifamiliares como los alquileres, según los pronósticos del Instituto Económico Mundial (IfW). Se estima que seis millones de hogares están fuertemente tensionados por el precio de su vivienda. Casi trece millones temen, a corto o medio plazo, que no podrán hacer frente a esos costes. La precarización ha alcanzado asimismo a una franja de población que se consideró intocable, como son los jubilados. Uno de cada cuatro pensionistas sigue laboralmente activo, sea por decisión personal o porque no le alcanza con su jubilación. Merz ha activado una fórmula de jubilación activa que permitirá a quien trabaje por cuenta ajena cobrar hasta 2.000 euros mensuales exentos de impuestos adicionales.

El éxito se mide en deportaciones


Merz presenta como un éxito el retroceso de las peticiones de asilo a Alemania, que ha dejado de ser el primer destino de la inmigración hacia Europa. En el primer semestre del año se recibieron 86.000 solicitudes, un 50 % menos a escala interanual. El número de refugiados sigue siendo alto, 3,3 millones, sin contar el millón y medio de ucranianos llegados tras la invasión rusa. Aumentaron las deportaciones de asilados rechazados con delitos graves. Hasta septiembre se situaron en 17.800, frente a las 20.000 de todo 2024. El artífice de estos "éxitos" es el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). En la cuerda floja se ha colocado al ministro de Exteriores, Johann Wadephul, por cuestionar que Siria sea ya un país seguro. Viven en Alemania casi un millón de sirios, en su mayoría con más de siete años en el país. Apenas 4.000 han regresado voluntariamente a su país tras la caída de Bachar al Assad. El grupo de los potencialmente expulsables está en 10.700, de los cuales 980 están en espera de que se ejecute su expulsión. El hecho de que Wadephul cuestionara la operatividad de esas órdenes desató un alud de críticas sobre el ministro, el primer titular de Exteriores del partido de Merz desde los años 60.

domingo, 14 de septiembre de 2025

El rugido renano de la AfD

Coalición de Merz gana municipales renanas y los ultras triplican



Gemma Casadevall   Berlín14 SEPT 2025

El primer gran test en las urnas para el gobierno del canciller alemán, Friedrich Merz, se saldó con un toque de advertencia para su coalición entre conservadores y socialdemócratas, así como un fuerte impulso a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). La Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de Merz, pierde un punto, pero mantiene su posición de primera fuerza con un 33,3%, en las elecciones municipales celebradas este domingo en el populoso ‘land’ de Renania del Norte-Westfalia. Su socio de gobierno, el Partido Socialdemócrata (SPD), bajó dos puntos y cayó al 22,1% en una región que en el pasado fue un 'bastión rojo'. Pero sobre todo destacó el empuje de la AfD, que casi triplicó los resultados obtenidos en la región cinco años atrás y se alzó con un 14,5 %, según el escrutinio final difundido por la televisión pública regional WDR.
Se materializó así lo que auguraban los sondeos tanto para esas formaciones como para los Verdes, que se desplomaron seis puntos para situarse en el 13,5 % y perdieron su tercer puesto a favor de la AfD. La Izquierda, hasta ahora sin escaños, fue el único partido del lado izquierdista en ascenso, ya que se colocó sobre el 5,6 % % y tendrá representación en la cámara regional.
Las municipales renanas, el ‘land’ más poblado del país con 18 millones de habitantes y ciudades como Colonia, Düsseldorf, Duisburg y la antigua capital federal, Bonn, era la primera ocasión de medir fuerzas ante el elector tras las elecciones generales del pasado febrero que llevaron al poder a Merz. Su bloque conservador se alzó en los comicios nacionales del pasado febrero con la victoria por un 28,5 % de los votos, mientras que la AfD se convirtió en la segunda fuerza del país, con un 20,8 %. Los socialdemócratas quedaron humillados en el tercer puesto, con el 16,4 %.

Debilidad de la coalición


Si esa posición reflejaba ya la debilidad de los grandes partidos, ahora los sondeos a escala nacional sitúan a los conservadores de Merz en el 25 % y a los socialdemócratas en un 14 %. Una encuesta, la del instituto demoscópico Forsa, estima incluso que de celebrarse ahora elecciones generales, la AfD se alzaría con el primer puesto con un 26 %. Dos tercios de los alemanes están descontentos con la gestión del gobierno de Merz.
Renania del Norte-Westfalia, además ‘land’ más populoso de Alemania, es la región natal de Merz y su gobierno regional está liderado por la CDU, con los Verdes como socio. Para la socialdemocracia, los resultados de este domingo son un duro golpe, ya que en el pasado fue un bastión ‘rojo’ incuestionable. Al ‘land’ pertenece la cuenca del Ruhr, antigua zona minera, ahora desmantelada y donde crecen la precariedad y las bolsas de pobreza.
Los resultados de las municipales no se consideran extrapolables a un estado de ánimo nacional, ya que la elección de los alcaldes responde a dinámicas propias. Pero había una gran expectación ante estos comicios- Tanto Merz como el líder del SPD y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, entraron activamente en la campaña. Era el primer test directo ante el elector desde la formación de la coalición de Merz y el único que habrá en lo que queda de año.
Las encuestas son inclementes para la coalición de Merz no solo a escala nacional, sino sobre todo en lo que respecta a la mitad este del país. A la AfD se le estima hasta un 39 % de los votos en el ‘land’ de Sajonia-Anhalt, donde se celebrarán comicios regionales el próximo año. De materializarse este pronóstico, superaría el hito logrado en las regionales de hace un año en otro ‘land’ del este, Turingia, donde rozó el 33 %.

domingo, 13 de julio de 2025

Nubarrón veraniego

El presidente alemán alerta contra la 'politización de la justicia' ante el bloqueo a una jueza del TC



El canciller de Alemania, Friedrich Merz. / Kay Nietfeld/dpa

Gemma Casadevall
Berlín13 JUL 2025 19:39Actualizada 

“Un juez es un juez. No un representante de un partido político”, alertó el presidente alemán, Frank Walter Steinmeier, tras quedar bloqueada la elección de una jueza del Tribunal Constitucional propuesta por los socialdemócratas, por falta de acuerdo con el grupo conservador del canciller Friedrich Merz. Steinmeier consideró que con este bloqueo la coalición de Merz “se ha dañado a sí misma” y se ha evidenciado el peligro de una "politización” de la justicia y de su máxima instancia constitucional.

Steinmeier, originario del Partido Socialdemócrata aunque dejó en suspenso su militancia por la neutralidad inherente a su cargo, hizo estas declaraciones en una entrevista a la segunda cadena de la televisión pública, ZDF. Casi en paralelo, Merz admitía desde la primera cadena nacional, la ARD, que lo ocurrido en la votación "no es hermoso", aunque descartaba consecuencias en su coalición entre sus filas conservadoras y los socios socialdemócratas. “No es una crisis de gobierno ni una crisis de la democracia”, afirmó.

El detonante del conflicto, que estos días acapara los titulares en Alemania porque nunca se había dado esa situación en el país, fue el fracaso de la elección de la catedrática Frauke Brosius-Gersdorf para el TC. La votación quedó aplazada, al igual que la de otros dos jueces, ya que desde el grupo conservador se apreciaron rechazos hacia esta candidata.


El Constitucional alemán está integrado por 14 jueces, la mitad de los cuales son elegidos por la cámara baja, el Bundestag, y la otra mitad por la alta, o Bundesrat. Precisan el apoyo de dos tercios de la cámara, pero es una elección considerada de trámite.

El rechazo hacia Brosius-Gersdorf por parte de un grupo de diputados conservadores se atribuye a sus posiciones liberales respecto al aborto, entre otros asuntos. Asimismo, empezaron a difundirse informaciones sobre un presunto plagio en su tesis académica, lo que medios alemanes atribuyen a bulos para desprestigiarla.

Inicialmente, su candidatura había sido aceptada por el bloque conservador. Pero ante la votación surgieron los disensos, lo que es además un trastazo para el jefe del grupo parlamentario de Merz, Jens Spahn, ya que supuestamente no domina sus filas. Todo eso ocurre tres meses después de la elección de Merz como canciller, que rondó el fracaso por falta de votos procedentes de su propia coalición.

sábado, 28 de junio de 2025

Saskia y Olaf se despiden

El rearme y la 'sumisión' a Merz pasan factura a la socialdemocracia alemana



El canciller de Alemania, Friedrich Merz. / Kay Nietfeld/dpa
 Gemma Casadevall, Berlín28 JUN 2025

“Somos demasiado aburridos”, clamó el exministro del Trabajo, Hubertus Heil, ante el congreso federal del Partido Socialdemócrata alemán (SPD), marcado por la frustración tras su hundimiento en las últimas elecciones generales y su condición de ‘socio’ menor del canciller conservador Friedrich Merz. “Pero la respuesta no puede ser girar hacia el lado equivocado”, añadió, en alusión al ‘Manifiesto’ de su ala izquierdista, que pide el fin de la confrontación hacia Rusia.

Alemania y Europa no necesitan “un rearme incontrolado”, sino una “reactivación de la vía diplomática para asegurar la paz”, sostuvo el histórico del izquierdismo en el SPD, Ralf Stegner. Su ‘Manifiesto’, difundido hace dos semanas, ha levantado ampollas en el partido y contradice la línea del ministro de Defensa, Boris Pistorius, único socialdemócrata miembro del anterior gobierno de Olaf Scholz presente también en el de Merz. Vladímir Putin es “un invasor imperialista”, que “no quiere negociar”, respondió Pistorius a Stegner. Para el titular de Defensa, el Manifiesto es el reflejo de una postura “nostálgica” y una “pérdida de tiempo” frente a las necesidades de un rearme que, dice, no puede demorarse.

La posición de los contrarios al rearme es aparentemente minoritaria en el SPD. Pero lo cierto es que el congreso socialdemócrata pasó factura al copresidente del partido, actual ministro de Finanzas y vicecanciller, Lars Klingbeil. Fue reelegido con un 65 % de los votos, un porcentaje que evidencia el malestar ante un líder al que se identifica con el hundimiento electoral sufrido los comicios del pasado 23 de febrero: un 16,4 % obtuvo el SPD, que quedó en tercera posición, por detrás de la ultraderechista Alternativa para Alemania (SPD).

Klingbeil es el artífice del plan presupuestario que duplicará hasta 2029 la partida de defensa. Alemania subirá así al 3,5 % de su PIB anual su gasto en defensa, lo que sumado al 1,5 % en otras partidas de seguridad le coloca en la órbita del 5 % prometido por Merz en la pasada cumbre de la OTAN. “Vladímir Putin no es Mijail Gorbachov. Tenemos que hacer todo lo posible para protegernos de Putin”, aseveró.

“Basura sexista” contra el liderazgo femenino

El pobre resultado de Klingbeil contrasta con el 95 % de la nueva copresidenta del partido, Bärbel Bas, expresidenta del Parlamento y ahora ministra de Trabajo. Bas sucede en la fórmula de dirección bicéfala a la izquierdista Saskia Esken, quien deja su puesto tras el vapuleo público al que fue sometida durante la negociación de la alianza con Merz no solo por los conservadores, sino desde las propias filas socialdemócratas.

Bas lanzó una arenga en su discurso contra la “basura sexista” sufrida por su correligionaria desde el mismo SPD. Recordó que algo parecido le ocurrió a Andrea Nahles en los dos años en que presidió el partido, entre 2017 y 2019. Y se comprometió a luchar por la paridad de género en la política alemana, que lejos de avanzar está en retroceso -un 32,4 % de los escaños parlamentarios están ocupados por mujeres, una caída del 2,3 % respecto a la anterior legislatura-.

El congreso del SPD tuvo rango de despedida para el excanciller Olaf Scholz. Tras un discurso en que llamó a sus correligionarios a demostrar “que el partido más antiguo de Europa sigue siendo necesario”, Scholz recordó cómo en 2021 ascendió al poder contra todo pronóstico y señaló a Klingbeil como artífice de esa proeza.

Tras este espaldarazo personal a quien fue el alma de esa campaña electoral prodigiosa, subieron al escenario todos los exministros de la pasada legislatura. La más emotiva despedida la recibió, sin embargo, la ya expresidenta Esken. “Dirigir el partido en estos tiempos revueltos ha sido el mayor orgullo de mi vida”, aseguró. Agradeció luego a los Jusos, las juventudes del partido, la defensa de su “alma” izquierdista.

miércoles, 7 de mayo de 2025

Pistorius, el superviviente

Los seis ministros clave del nuevo Gobierno de Alemania para los objetivos de rearme, activación económica e inmigración



De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Katherina Reiche, Johann Wadephul, Alexander Dobrindt, Lars Klingbeil, Boris Pistorius y Bärbel Bas.


Gemma Casadevall

El líder conservador alemán Friedrich Merz se convirtió este martes, tras una accidentada votación, en nuevo canciller de la República Federal de Alemania (RFA) al frente de una coalición con los socialdemócratas. Será la quinta alianza de un gobierno nacional entre las dos formaciones que se han alternado el poder en la primera potencia europea. Repite el esquema de los ejecutivos que durante tres legislaturas lideró Angela Merkel, entonces de línea más centrista que el derechismo que ahora representa Merz.
A la Unión Cristianodemócrata (CDU) le corresponden siete ministerios, además de la cancillería, mientras que a su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) se le adjudican otros tres. Siete serán también los ministerios del Partido Socialdemócrata (SPD).
En la búsqueda de equilibrios, a la socialdemocracia le han correspondido tres ministerios clave: Finanzas, Defensa y Asuntos Sociales y Trabajo. Entre los adjudicados al bloque conservador destacan Exteriores, Economía e Interior.

Vicecancillería y Finanzas: Lars Klingbeil (SPD)


Klingbeil, de 47 años y copresidente del SPD desde 2021, fue el estratega que hace tres años y medio llevó a la victoria electoral a Olaf Scholz. Asumirá Finanzas, ministerio clave para gestionar las arcas públicas del Estado, y lo hará con una Alemania que, por fin, se ha desprendido del dogma de la austeridad para autorizar el gasto prácticamente ilimitado en Defensa e inversiones de hasta 100.000 millones de euros en la puesta al día de las infraestructuras del país.

Economía: Katherina Reiche (CDU)

Reichelt, de 51 años y de la Unión Cristianodemócrata (CDU), es la apuesta de Merz para relanzar la economía alemana, tras dos años en recesión y ante los pronósticos que auguran seguirá en la zona del estancamiento en el presente año. Su designación fue recibida con aplausos desde el ámbito económico, al que pertenece, puesto que entrará en el Gobierno desde la posición de jefa de la filial del gigante energético E.ON Westerenergie.

Asuntos Exteriores: Johann Wadephul

Wadephul, de 62 años, será el primer titular de Exteriores de la CDU desde hace seis décadas. Este ministerio ha correspondido tradicionalmente al socio menor, una práctica que ahora se rompe como un reflejo de la voluntad de Merz de llevar directamente su política exterior. Entre sus desafíos está buscar un equilibrio con EEUU, el gran aliado del que Alemania ya no puede fiarse, sea por el apoyo expreso de Donald Trump a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) o por sus amenazantes aranceles.

Defensa: Boris Pistorius

Pistorius, de 65 años y socialdemócrata, repite en el cargo tras haber tratado en la anterior legislatura de dar credibilidad al compromiso de Scholz con la 'Zeitenwende' --cambio de era-- en Defensa. A la invasión de Ucrania respondió Scholz con compromisos de solidaridad con Kiev, aunque lastrados por su lentitud en la toma de decisiones. Pistorius deberá plasmar en la realidad esa voluntad. Entre sus incógnitas inmediatas está si da luz verde a los misiles de largo alcance Taurus a Ucrania y si secundará la coalición de voluntarios del francés Emmanuel Macron y el británico Keir Starmer.

Interior: Alexander Dobrindt

Dobrindt, de 54 años y de la CSU bávara, de línea más derechista que su partido matriz, la CDU, le corresponderá llevar a la práctica la promesa de Merz de aplicar desde el primer día de su mandato medidas destinadas a una reducción drástica de la inmigración irregular. Algo que implicará las devoluciones en caliente en la frontera alemana. Polonia ya ha expresado su protesta ante este propósito que, según Varsovia, no puede aplicarse unilateralmente. La línea dura migratoria es parte de la estrategia de Merz para recuperar electorado perdido en dirección a la AfD.

Trabajo: Bärbel Bas


Bas, de 57 años y socialdemócrata, accede al ministerio de Asuntos Sociales y Trabajo tras haber sido en la anterior legislatura presidenta del Parlamento. Se caracterizó desde ese puesto por sus esfuerzos por mantener a raya a la AfD y neutralizar, sin caer en partidismos, sus arengas incendiarias. Ahora deberá luchar por llevar adelante la promesa socialdemócrata de elevar el salario mínimo interprofesional a 15 euros por hora trabajada --de los 12,85 euros actuales-- y evitar que el gasto en defensa o en inversiones implique recortes en el tejido social alemán.

martes, 6 de mayo de 2025

A por otra jornada histórica

 Alemanya busca el camí enmig del caos global

Sí, estem sor­pre­sos. El pre­si­dent [Donald] Trump està mos­trant unes reac­ci­ons impre­vi­si­bles i una hos­ti­li­tat cap a Europa que mai no ens hauríem ima­gi­nat. De [Vladímir] Putin coneixíem prou bé l’agres­si­vi­tat, però encara no sabem fins on arri­barà o si és insa­ci­a­ble”, adme­tia recent­ment Johann Wadep­hul, fins ara vice­pre­si­dent del bloc con­ser­va­dor del Par­la­ment ale­many i, a par­tir d’ara, minis­tre d’Afers Estran­gers. Prendrà pos­sessió del càrrec després que, en la sessió d’avui mateix, s’hagi con­su­mat l’elecció par­la­mentària de Fri­e­drich Merz com a nou can­ce­ller, amb els soci­al­demòcra­tes com a socis de coa­lició.

Wadep­hul feia aques­tes refle­xi­ons davant d’un grup de peri­o­dis­tes en una sessió par­la­mentària recent. En aquells moments, con­ser­va­dors i soci­al­demòcra­tes encara aca­ba­ven de polir el pacte de coa­lició que final­ment es va sig­nar dilluns pas­sat. Però el seu nom ja sonava com a titu­lar d’Afers Estran­gers. Serà el pri­mer cop en 60 anys que aquest minis­teri queda en mans d’un repre­sen­tant de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU), el par­tit de Merz. Fins ara, el lloc s’assig­nava al soci menor de coa­lició. És clar que Merz, repre­sen­tant dels cor­rents més dre­tans del seu par­tit, vol por­tar direc­ta­ment les rela­ci­ons inter­na­ci­o­nals, en un moment en què Ale­ma­nya està con­fron­tada a un nou desor­dre mun­dial, domi­nat per les pro­vo­ca­ci­ons dels EUA i Rússia.

Wadep­hul, cons­ci­ent del paper com a cap de la diplomàcia ale­ma­nya, expres­sava encara la seva con­fiança en la nego­ci­ació amb els EUA, tant pel que fa als aran­zels de Trump com a la pers­pec­tiva que la Casa Blanca deixi Europa fora en la cerca d’un acord que aturi la guerra d’Ucraïna. Berlín no vol donar per tren­cat el fil transatlàntic que, des de la fi de la Segona Guerra Mun­dial, l’ha lli­gat amb Was­hing­ton. Sí que es per­ce­ben com irre­cu­pe­ra­bles a mitjà ter­mini els vin­cles amb Mos­cou. La línia de diàleg amb Rússia mar­cada en temps dels can­ce­llers Sch­midt, Kohl, Schröder i Merkel ha que­dat tallada. Olaf Scholz, ja excan­ce­ller, va mar­car el camí cap al rear­ma­ment tot just ence­tada la invasió d’Ucraïna. A Merz li cor­res­pondrà acti­var-lo, amb la des­pesa de Defensa alli­be­rada de limi­ta­ci­ons pres­su­postàries. Ale­ma­nya no només ha enter­rat el dogma de l’aus­te­ri­tat, sinó també la uto­pia de man­te­nir-se com a potència econòmica però poc mili­ta­rit­zada.

“Mai en tota la història de la República Fede­ral d’Ale­ma­nya la classe política no s’havia sen­tit tan aban­do­nada”, expli­cava a un grup de cor­res­pon­sals el direc­tor de la Soci­e­tat Ale­ma­nya de Política Exte­rior (DGAP), Tho­mas Kleine-Brock­hoff. Des de la der­rota del nazisme, l’Ale­ma­nya occi­den­tal s’havia sen­tit tute­lada pel germà gran transatlàntic, els Estats Units. L’altra mei­tat, l’ori­en­tal, va que­dar inte­grada en l’òrbita dels satèl·lits soviètics. Entre aquell any zero del 1945 i la guerra freda va que­dar clar, a ulls de l’Ale­ma­nya dita lliure, que els EUA serien l’aliat indis­cu­ti­ble. L’Ale­ma­nya del mira­cle es recons­truïa amb l’ajut del pla Mars­hall; la de l’est que­dava sot­mesa a la tena­lla de Mos­cou. Els gai­rebé 19 mili­ons d’habi­tants de la República Democràtica Ale­ma­nya (RDA) van pas­sar de la dic­ta­dura nazi a la comu­nista.

Ofen­siva soviètica i Nurem­berg
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La reu­ni­fi­cació ale­ma­nya, el 1990, va ser fruit de la nego­ci­ació a sis ban­des –els qua­tre ali­ats que van vèncer el nazisme més les dues Ale­ma­nyes–, en uns moments en què Mos­cou vivia el miratge de la peres­troika de Mikhaïl Gor­bat­xov. La nova Ale­ma­nya resul­tant va con­ti­nuar con­fi­ant ple­na­ment en l’eix transatlàntic, fins i tot en el pri­mer man­dat de Trump.

De cop, l’esquema de les ali­an­ces inqüesti­o­na­bles s’ha enfon­sat. Scholz va tren­car el fil amb Mos­cou arran de la invasió d’Ucraïna. Merz inten­tarà recon­duir la situ­ació amb els EUA. La seva línia política, molt més dre­tana que la d’Angela Merkel, pot ser que li faci­liti les coses amb Trump.

Si Merz acon­se­guirà o no sal­var la relació amb els EUA és una de les pre­gun­tes que es cre­uen en l’ani­ver­sari de la der­rota del nazisme. La capi­tu­lació del Ter­cer Reich es va sig­nar la nit del 8 de maig del 1945 a Karl­horst, una residència als afo­res de Berlín. Hit­ler s’havia suïcidat el 30 de maig al seu búnquer amb la seva dona, Eva Braun. A la mort del Führer hi va seguir una set­mana agònica. L’ordre del dic­ta­dor era no ren­dir-se. Qual­se­vol que sortís amb la ban­dera blanca podia morir afu­se­llat.

Les tro­pes soviètiques havien arri­bat als afo­res de la capi­tal del Reich el 16 d’abril. En aquells quinze dar­rers dies fins a la cai­guda de Berlín, el 2 de maig, es cal­cula que van morir encara uns 170.000 sol­dats. Els ali­ats occi­den­tals –els EUA, França i el Regne Unit– havien tras­pas­sat el Rin i van sig­nar un pri­mer docu­ment de capi­tu­lació el dia 7, a Reims. L’endemà, es va for­ma­lit­zar a Karls­horst la ren­dició incon­di­ci­o­nal en presència dels caps de l’exèrcit de terra, el de mar i el de l’aire de la Wehr­macht, l’exèrcit ale­many, i els cor­res­po­nents dels qua­tre ali­ats. Karl­horst, ara un museu més aviat dis­cret, va bullir d’acti­vi­tat aquell dia. Els repre­sen­tants dels EUA, França i el Regne Unit aca­ba­ven d’ater­rar a Tem­pel­hof, l’històric aero­port ber­linès. Els de la Unió Soviètica se sen­tien com a casa. Per part de l’Ale­ma­nya nazi, va sig­nar la ren­dició el coman­dant suprem de l’exèrcit de terra, Wil­helm Kei­tel. Qua­tre dies després, Kei­tel rebia tracte de pre­so­ner de guerra pels ali­ats. Va aca­bar con­dem­nat a mort i exe­cu­tat en els judi­cis de Nurem­berg, l’octu­bre del 1946.

Visi­tar la vila de Karl­horst ser­veix per pren­dre consciència del paper de l’exèrcit soviètic en el que ara es coneix a Ale­ma­nya com a Dia de l’Alli­be­ra­ment, no de la Capi­tu­lació. Del 60 mili­ons de morts que va dei­xar la guerra enge­gada per Hit­ler, 27 eren ciu­ta­dans de la Unió Soviètica. Els car­tells i expli­ca­ci­ons dins el museu i fora, on s’exhi­bei­xen uns quants tancs soviètics, són en ale­many, rus i, en ter­cer lloc, més petit, anglès. Per arri­bar a la bar­ri­ada perifèrica del museu, a l’antic sec­tor comu­nista, es passa per Trep­tow, on hi ha l’impres­si­o­nant monu­ment als sol­dats soviètics. La imatge domi­nant és una monu­men­tal escul­tura de 30 metres d’alçada, la del sol­dat amb una cri­a­tura en braços i una espasa que tra­vessa una creu gam­mada. És la peça prin­ci­pal del que en rea­li­tat és un cemen­tiri per a 8.000 sol­dats soviètics cai­guts en la dar­rera fase de la bata­lla de Berlín.

En temps de la divisió ale­ma­nya, Trep­tow rebia, cada ani­ver­sari de la capi­tu­lació, la visita de milers de ciu­ta­dans. La tra­dició es manté, però els últims anys hi ha hagut ten­si­ons entre grups de vete­rans rus­sos i ucraïnesos. Aquest any, s’ha exclòs la repre­sen­tació diplomàtica tant de Rússia com de Bie­lorússia de l’acte cen­tral de dijous al Par­la­ment. Es tem que Putin, des de Mos­cou, ins­tru­men­ta­litzi la der­rota del nazisme per glo­ri­fi­car el seu exèrcit.

Merz arriba al poder en un moment de con­fusió glo­bal. Els EUA han dei­xat de ser l’aliat de capçalera. De Rússia ja no se’n fiava ningú, però ara, al damunt, Mos­cou té el suport de par­tits teòrica­ment con­tra­na­tura repar­tits per tot Europa. Són les ultra­dre­tes pro­rus­ses, algu­nes en el poder, com ara l’hon­garès Fidesz de Víktor Orban. D’altres, com ara Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD), que no paren de créixer fins i tot en un país on es pen­sava que s’havien fet bé els deu­res quant a memòria històrica.

No hi ha dub­tes sobre la seva peri­llo­si­tat. Els ser­veis secrets de l’Inte­rior van dei­xar clar en l’informe pre­sen­tat fa uns dies que és un par­tit sota “obser­vació” pel seu extre­misme. Teòrica­ment, això podria impul­sar una demanda d’il·lega­lit­zació davant del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­ci­o­nal. La cúpula d’AfD ha reac­ci­o­nat, com acos­tuma a fer, denun­ci­ant un setge anti­de­mocràtic. I aquest aliat que ja no es com­porta com a tal, els EUA, qua­li­fica de “tira­nia” l’informe con­tra el par­tit que, en plena cam­pa­nya elec­to­ral, va tenir el suport de Trump.

Merz haurà d’esforçar-se per apro­par-se a Emma­nuel Macron i reac­ti­var el tra­di­ci­o­nal eix franco-ale­many. Amb el Regne Unit fora de la Unió Euro­pea, l’única potència atòmica que hi ha al bloc comu­ni­tari és França. S’obre aquí la següent incògnita: què pas­sarà si aquest parai­gua euro­peu atòmic passa a mans del lepe­nisme en les pro­pe­res pre­si­den­ci­als fran­ce­ses? Són mol­tes les incer­te­ses en aquest nou desor­dre mun­dial. Sigui com sigui, el man­dat de Merz, sense experiència de govern, arrenca amb el com­promís de res­ca­tar Ale­ma­nya de l’actual paràlisi i d’assu­mir un nou paper a Europa, 80 anys després de la der­rota del nazisme.

Impecable Zapfenstreich y convulsa investidura

Merz se convierte en canciller de Alemania tras una accidentada elección que rozó el fracaso



Merz pierde contra pronóstico la primera votación para salir elegido canciller de Alemania

 Gemma Casadevall


El líder conservador alemán, Friedrich Merz, logró este martes convertirse en nuevo canciller de la República Federal de Alemania (RFA), tras una votación en el Parlamento en la que rozó el fracaso al quedar en una primera vuelta por debajo de la mayoría requerida. Por primera vez en la historia de la RFA, fue necesario recurrir a una segunda vuelta, donde sí obtuvo el respaldo que precisaba: 325 votos, por encima de la mayoría de 316. En lugar del liderazgo fuerte que espera imprimir desde el arranque de su mandato, en su elección se plasmaron las fragilidades de la alianza de gobierno entre la Unión Cristianodemócrata (CDU), la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller saliente, Olaf Scholz, cuyo pacto se había sellado la víspera. Esta alianza nació de la voluntad compartida de mantener aislada a la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) y, a la vez, sustentarse en una mayoría suficiente para afrontar las tres grandes prioridades de Merz: el rearme, la reactivación económica y el endurecimiento de la política migratoria. Con su lema "Alemania ha vuelto", Merz se propone marcar pautas a escala europea e iniciar sus reformas en Alemania desde el minuto cero de su elección.

"Buenos días a todos", fue el simple saludo de apertura de la presidenta del Parlamento, la conservadora Julia Klöckner, cuando todo parecía apuntar a una sesión sin sobresaltos. Sin preámbulos, pasó casi inmediatamente a la votación de los diputados. Merz precisaba 316 votos para ser elegido en la primera vuelta y entre conservadores y socialdemócratas suman 328. Obtuvo 310 votos, de los 621 emitidos, lo que obligó a ir a una segunda vuelta. A la lectura del resultado siguió un silencio sepulcral en el hemiciclo. La cara de Klöckner reflejaba su nerviosismo y desconcierto. Se retiraron durante horas los grupos parlamentarios para consensuar cuándo se produciría esa segunda vuelta, lo que debía ocurrir en un plazo máximo de 14 días. Finalmente el jefe del grupo parlamentario conservador, Jens Spahn, informó de que la sesión se retomaba esa misma tarde. Los opositores Verdes y la Izquierda respaldaron esa opción, lo que les agradecieron las filas conservadoras. La segunda ronda fue una especie de 'fumata blanca' para Merz.

Un revés inédito

Su fracaso en la primera vuelta es más que un lamparón. Los nueve anteriores cancilleres federales precisaron solo de una ronda de votación. Destacaron, además, las ausencias de algunos diputados --630 componen la Cámara--. Se frustró así lo que habría sido elección impecable, a tono con lo que fue el proceso de formación de su alianza de gobierno. Han transcurrido 72 días desde las elecciones generales, frente al récord de 171 días que precisó Angela Merkel en su última legislatura. Los comicios del 23 de febrero dieron una clara victoria al bloque conservador de Merz, con ocho puntos de ventaja sobre la AfD y 12 sobre el SPD. Esa correlación de fuerzas se había movido ya a favor del radicalismo derechista, al que ahora los sondeos colocan empatado o incluso superando a los conservadores de Merz.

La formación de la alianza con los socialdemócratas discurrió sin indiscreciones ni filtraciones perturbadoras a los medios. Al SPD le correspondieron finalmente siete ministerios, entre ellos Finanzas y Defensa; es el mismo número que los de la CDU de Merz, aunque a estos se le añaden los tres de la CSU bávara, su partido hermano a escala regional.

Será un equipo marcado por rostros nuevos o incluso sin experiencia de gobierno, como es el caso de Merz y de su vicecanciller y ministro de Finanzas, el socialdemócrata Lars Klingbeil. Hay únicamente un superviviente del gobierno anterior, Boris Pistorius, quien repite como ministro de Defensa. Parece que esa inexperiencia les pasó factura, ya que la votación parlamentaria evidenció una falta de control sobre sus filas. Merz había ya errado el cálculo en cuanto al respaldo de sus propias filas, al no conseguir su apoyo cerrado al proyecto de ley recientemente presentado desde la oposición en materia migratoria.


La sombra de Merkel


El fracaso de la primera votación es otro revés en la carrera de obstáculos que marca la biografía de Merz. El líder conservador llevaba ya casi una decada y media apartado de las estructuras de su partido. El ascenso a la jefatura de la CDU de Merkel, en el 2000, y la llegada de esta al poder, en 2005, derivaron en un arrinconamiento político para Merz, representante de la línea más derechista, frente al centrismo de su poderosa rival interna. Se convirtió en líder de la CDU en diciembre de 2021, tras la retirada de Merkel, y fue designado candidato del bloque conservador con Scholz ya en el poder.

Merkel acudió esta vez a la tribuna de invitados del Bundestag, dentro del proceso de reconciliación entre ambos políticos. Solo asistió a la primera vuelta, la fallida para Merz. Luego se ausentó por razones de agenda, según explicaron fuentes de su oficina. Las distancias entre ambos políticos no son un secreto en Alemania. La propia Merkel no dudó en criticar a Merz cuando le pareció "imprudente" que éste no rehuyera el apoyo de la AfD en una reciente votación parlamentaria sobre política migratoria.

El propósito proclamado por Merz era ponerse inmediatamente en marcha. De acuerdo a la línea de sus predecesores, este miércoles viajará ya a Francia para reunirse con Emmanuel Macron, tras lo que seguirá ese mismo día a Polonia para entrevistarse ya como canciller con el primer ministro Donald Tusk. El jueves asistirá como canciller al 80 aniversario de la Capitulación del Tercer Reich.

El respeto a Scholz

El tropiezo de la primera votación era totalmente inesperado por los medios y por el estamento político. La víspera de la sesión parlamentaria, el aún canciller Olaf Scholz tuvo una despedida solemne con la ‘Zapfenstreich’ o toque de retreta, la ceremonia militar con que el ejército despide en Alemania a los presidentes, cancilleres y ministros de Defensa. Es un desfile nocturno a la luz de las antorchas que portan los soldados, en el Bendlerblock, sede del ministerio de defensa y también centro de documentación y homenaje a la resistencia contra Adolf Hitler.

Como es tradición, cada homenajeado elige varias piezas en la selección musical que interpreta la banda militar. Merkel escogió para su despedida del poder la música de la ex reina del punk alemán Nina Hagen, entre otras. Scholz se despidió entre el 'In my life' de The Beatles y 'Respect' de Aretha Franklin.

Respeto fue el término elegido para la campaña que le llevó al poder en 2021. Ese era también el sentimiento general de los presentes en la ceremonia, la plana mayor de la política alemana y de todos los órganos constitucionales, además del propio Merz.

El discurso de despedida se lo dispensó Boris Pistorius, que seguirá como ministro de Defensa. Pistorius recordó ahí cómo la legislatura de Scholz quedó marcada por el impacto, tres meses después de su llegada al poder, de la invasión de Ucrania por Rusia.

Además del respeto de su correligionario o de la canción de Franklin, a Scholz le despidió una cerrada ovación de todos los presentes en su toque de retreta. Esta ceremonia, que hasta hace pocos años topó con cierto repudio por su resonancias militaristas, se ha consolidado como una forma aceptada y bella de despedir a los cargos políticos tras el ejercicio del poder.  

domingo, 4 de mayo de 2025

Nunca es tarde


Merz, el regreso a Alemania de la derecha no 'merkeliana'




El líder de la CDU, Friedrich Merz, tras su discurso en el comité federal del partido del pasado lunes. / HANNIBAL HANSCHKE / EFE


Gemma Casadevall

Friedrich Merz, de 69 años y líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) tras la retirada de Angela Merkel, alcanzará este martes el puesto que lleva anhelando desde hace más de 20 años: la cancillería alemana. Será el décimo canciller en la historia de la República Federal de Alemania (RFA) y el sexto del bloque conservador, que integran su partido y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). Pero será también el primer jefe de un gobierno federal alemán que lidia con la pérdida de confianza respecto al gran aliado hasta ahora incondicional, Estados Unidos. La hostilidad hacia Europa de Donald Trump ha abierto una grieta en el eje transatlántico que hace poco parecía impensable. Mucho menos aún puede contar con Rusia. La guerra de agresión contra Ucrania aniquiló la línea del 'appaesement', o apaciguamiento, que practicó Merkel. Sí se espera de Merz que recomponga el eje franco-alemán, maltrecho por la falta de química entre Emmanuel Macron y Olaf Scholz, el frío canciller socialdemócrata que le traspasará el poder. También se espera una revitalización de las relaciones con el Reino Unido, pese a las barreras dejadas el Brexit.

Merz asumirá el cargo a dos días del 80 aniversario de la capitulación del Tercer Reich, con una Alemania inmersa en ese nudo de relaciones complejas o rotas, en el caso de Moscú, con las cuatro potencias aliadas que derrotaron al nazismo. Completa el panorama adverso la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), convertida en segunda fuerza a escala nacional, lo que ha echado por tierra la ilusión de que el país del partió el Holocausto se había blindado debidamente contra el neonazismo.

Nada está saliendo como probablemente imaginó Merz cuando en diciembre de 2021, tras varios tanteos, tomó por fin las riendas de la CDU. El socialdemócrata Scholz había ganado unos meses antes las elecciones, impulsado por su perfil de continuador de Merkel, pese a ser de familias políticas rivales. La jubilación política de Merkel permitió a Merz regresar a la vanguardia tras 12 años apartado de las estructuras del partido y como representante del ala más derechista y menos 'merkeliana'.

El arrinconamiento de Merkel

Ni Merz ni Merkel han tratado de disimular nunca sus diferencias. La CDU/CSU ganó las elecciones del pasado 23 de febrero prometiendo cerrar fronteras a la inmigración irregular y reconociendo como "error" la acogida de refugiados que defendió Merkel durante la gran crisis migratoria de 2015. Merz quiere revertir lo que califica de llegada descontrolada de inmigrantes y, en su camino hacia el poder, rompió un tabú al dejarse respaldar por la AfD en una moción parlamentaria para endurecer la política migratoria. Merkel, que no suele incidir en la política diaria, criticó sin tapujos ese voto cómplice.

Paradójicamente, Merz dirigirá ahora una coalición con los socialdemócratas, la constelación con la que Merkel gobernó en tres de sus cuatro legislaturas. No hay otra alianza posible que le dé la mayoría parlamentaria sin romper el cordón sanitario sobre la ultraderecha.

Merz llega a la cancillería sin experiencia de gobierno ni siquiera a escala regional, lo que en Alemania es inusual, y sin que se le reconozcan dotes para el consenso, el sello de identidad de Merkel. Se propone activar el rearme y sobre todo la economía, tras dos años en recesión y con 2025 apuntando al estancamiento. Tendrá que buscar consensos entre su ideario liberal, la defensa de las privatizaciones o los recortes y el contrapeso representado por su vicecanciller y ministro de Finanzas, el presidente de los socialdemócratas, Lars Klingbeil.

Pedigrí conservador

La línea divisoria entre su derechismo y el centrismo de Merkel está clara. Pero nadie le cuestiona a Merz su arraigo en la CDU, partido al que llegó décadas antes de que lo hiciera Merkel. Nacido en 1955 en Brilon, en el populoso 'land' de Renania del Norte-Westfalia, ingresó en las juventudes de la CDU en 1972. Empezó a despuntar como brillante rejuvenecedor de la línea del canciller Helmut Kohl y se convirtió en eurodiputado en 1989. De la Eurocámara pasó Merz en 1994 al Parlamento federal. Pero tras estallar el escándalo de las cuentas secretas de la 'era Kohl' se produjo el primer choque con Merkel, quien había ingresado unos pocos años antes como joven promesa procedente del este del país y había alcanzado ya la jefatura del partido tras llamar a "emanciparse" del patriarca.

El pulso entre ambos tuvo dos picos: primero, en 2002, cuando una conjura entre varios barones del partido y otros machos alfa forzaron a Merkel a renunciar a ser la candidata del bloque en las elecciones generales. La designación recayó en el bávaro Edmund Stoiber, que perdió ante Gerhard Schröder. Merkel reclamó luego el puesto de líder de la oposición parlamentaria, lo que Merz encajó de mala gana. Unos años después, con Merkel ya en la cancillería al frente de su primera gran coalición con los socialdemócratas, Merz se retiró como diputado para pasar a la empresa pública.

Cómo convertirse en millonario

A esta etapa debe Merz el otro rasgo esencial de su biografía: el de millonario y orgulloso propietario del jet privado que gusta pilotar. Su paso por sucesivos consejos de administración incluye el cargo de presidente en Alemania del fondo de inversión BlackRock. Ello hace que muchos de sus compatriotas le identifiquen con la voracidad neoliberal. Otros consideran que tales conocimientos le dan ventaja para relanzar la economía o para buscar afinidades con Trump, con quien comparte la afición al golf.

El próximo martes, cuando asuma su cargo, tendrá en la tribuna de invitados a Merkel. Pese a no haber asistido a ningún congreso de a CDU desde su retirada, la excancillera parece dispuesta ahora a buscar el reencuentro con su partido.

La otra mujer que, en lo privado, marca la biografía de Merz es su esposa, Charlotte. Llevan casados 44 años, tienen tres hijos y siguen mostrándose como un matrimonio bien conjuntado, inclusive cuando saltan a la pista de baile.

domingo, 27 de abril de 2025

En capilla

Compás de espera: los 4 dilemas de la CDU y el SPD



Friedrich Merz. / Michael Kappeler/dpa

 Gemma Casadevall

El líder de los conservadores alemanes, Friedrich Merz, espera obtener entre el lunes y el miércoles la luz verde definitiva al pacto de Gobierno que le convertirá en el nuevo canciller de la República Federal de Alemania (RFA). Necesita para ello la ratificación tanto de la Unión Cristianodemócrata (CDU), su partido, como de los socialdemócratas del canciller saliente, Olaf Scholz.
Será, de materializarse, la quinta alianza entre los dos partidos que se han alternado el poder en Alemania desde la fundación de la RFA. La CDU debe dar luz verde este lunes, en un congreso de formato reducido, a un pacto cuyos puntos fuertes son el rearme, la reactivación económica y la línea dura migratoria. Las bases del Partido Socialdemócrata (SPD) tienen hasta la medianoche del miércoles para darle o no su respaldo, en una consulta entre sus 358.000 militantes. La futura alianza confronta a ambos bandos dilemas, en medio de la erosión precipitada por el auge de una ultraderecha que, según los sondeos, podría ser la primera fuerza, de convocarse nuevas elecciones. A continuación, los principales desafíos.

¿Dinamizará Merz el motor alemán y europeo?

La Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), hermanada a la CDU, no se anduvo con rodeos y ratificó sin debates el pacto de coalición al día siguiente de anunciarse el acuerdo entre los partidos implicados. Pero Merz necesita exhibir cohesión y liderazgo en la CDU. Han discurrido seis meses desde el hundimiento de la coalición de Scholz con verdes y liberales y dos desde las elecciones que ganó la CDU/CSU con ocho puntos de ventaja sobre la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
De esa situación se ha pasado al empate en los sondeos, con tendencia alcista para los ultras. Una parte del bloque conservador anima a 'normalizar' las relaciones con la AfD como oposición parlamentaria. Merz se propone dar un giro más derechista a su partido y recuperar base electoral absorbida por los ultras. Se presenta como el líder que Alemania y Europa necesitan frente a la deriva de EEUU con Donald Trump. Si nada se tuerce, se someterá a la elección parlamentaria como canciller el 6 de mayo. Sus primeros pasos, inmediatamente después, se orientarán hacia la restauración del eje franco-alemán, maltrecho por la falta de química entre Emmanuel Macron y Scholz. Polonia, su otro gran vecino europeo, será su siguiente objetivo.

¿Cómo organizar el rearme alemán sin olvidarse de Ucrania?


Antes aún de tener listo su pacto de coalición, Merz había dado marcha atrás en una de sus promesas en campaña y accedió a liberar el gasto en defensa del sacrosanto freno a la deuda. Con ello se pretende poner al día al Ejército de un país que durante décadas mimó su poderío económico pero se comportó con timidez en lo militar. Scholz había dado un primer paso en 2022, recién iniciada la invasión rusa de Ucrania, con la llamada ‘Zeitenwende’ -tiempos de cambio-.
Se creó un fondo especial de 100.000 millones de euros en Defensa. Alemania se convirtió en el primer contribuyente europeo a la ayuda militar a Ucrania, incluidos sus sistemas de defensa ‘Patriot’. Pero el Ejército propio sigue en mantillas. "Alemania necesita tantos ‘Taunus’ como sea posible. Y los necesitamos para nosotros", afirmó hace unos días el líder de la CSU bávara, Markus Söder, en alusión a los misiles balísticos con capacidad de alcanzar objetivos a 500 kilómetros. Scholz se negó a suministrar este armamento a Kiev, ante el temor de que eso convirtiera a Alemania en parte del conflicto. Merz, quien reprochó a Scholz esta actitud, no aclara ahora si como canciller dará luz verde a su entrega a Ucrania.

¿Se encamina la socialdemocracia a su enésima crisis?


El Partido Socialdemócrata (SPD) entrará previsiblemente en su siguiente coalición bajo liderazgo conservador, la quinta tras una fugaz experiencia entre 1966 y 1969 y las tres de la ‘era Angela Merkel', degradado a tercera fuerza parlamentaria. Se mantendrá así como partido con responsabilidad de Gobierno, tras los tres años de legislatura fallida de Scholz con los verdes y los liberales. Esta posición no le garantiza precisamente una regeneración. Del 40 % de los votos que obtuvo en 1998, en la primera victoria de Gerhard Schröder, había caído al 34 % en 2005 con el ascenso de Merkel al poder para bajar luego al 23 % y al 20 % en las legislaturas siguientes. Scholz accedió a la cancillería con un 25 %.
Pero en las elecciones del 23 de febrero cayó a su mínimo histórico, un 16,4 %. La crisis del SPD no se mide únicamente en su caída de votos, sino también por su búsqueda desesperada de remedios en la cúpula: desde 2002, con Schröder en el poder, el SPD ha conocido diez relevos en su presidencia. Scholz se retirará como canciller para pasar a diputado raso. El hombre fuerte del SPD actual no es ninguno de los dos co-presidentes, Lars Kingbeil y Saskia Esken, sino el ministro de Defensa, Boris Pistorius, quien previsiblemente repetirá en el cargo.

¿Salvará el SPD su sello en lo laboral y social?


La línea dura en materia migratoria será un hueso difícil de roer para muchos socialdemócratas, aunque hay consenso en cuanto a la voluntad de reducir la inmigración irregular. Pero desde las filas conservadores se empezaron ya a matizar los objetivos pactados en cuanto al aumento del salario mínimo interprofesional -de los 12,8 euros actuales por hora trabajada a los 15 euros-, así como a mejoras en las jubilaciones y ayudas a la familia. Es decir, los caballos de batalla del SPD y los aspectos en los que quieren defender su sello para actuar de dique de contención frente a los temidos recordes en una Alemania que, según todos los pronósticos, seguirá sin levantar cabeza. La primera economía europea cerró 2024 en recesión, por segundo año consecutivo. Y para 2025 se espera un crecimiento nulo -0,0 % del PIB, según últimos los pronósticos del agónico Gobierno saliente de Scholz. La culpa ahora ya no es la crisis energética, sino los aranceles de Donald Trump.

martes, 15 de abril de 2025

La hora de las bases


El SPD suplica a sus bases el apoyo a un ambiguo pacto de gobierno con la CDU de Merz




El canciller alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, en un acto del partido. / MARIJAN MURAT / DPA / AP



Gemma Casadevall


¿Cómo convencer a una joven llegada a Alemania como refugiada de que dé su voto a un pacto de coalición que acelerará las expulsiones? O a un antibelicista de que dé al visto bueno al gasto ilimitado en defensa. O a un militante de base a que asuma la "normalización" de la ultraderecha. Dilemas como estos planean sobre la consulta abierta este martes entre los casi 360.000 militantes del Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller saliente, Olaf Scholz. De ellos depende la ratificación del pacto para una coalición liderada por el derechista Friedrich Merz.

"Si no sale adelante, iremos a nuevas elecciones", argumenta la copresidenta del SPD, Saskia Esken, cuyo puesto se ve en la cuerda floja por representar al ala más izquierdista del partido. "Tenemos que actuar con responsabilidad hacia el país", apunta el otro copresidente, Lars Klingbeil, quien supuestamente será el vicecanciller y titular de Finanzas en esa coalición.

El arranque de la consulta, que se prolongará hasta el día 29, estuvo precedida por una conferencia híbrida, presencial y virtual, con la presencia de Esken, Klingbeil, el ministro de Defensa, Boris Pistorius, y otros rostros de peso en el SPD. Scholz, quien sigue como canciller en funciones, se mantiene al margen del debate. Tras la elección de su sucesor pasará a ser diputado raso por su distrito de Potsdam

El tono de la cúpula es de súplica. Las posturas de los militantes presentes en la sala, expresadas desde sedes de distrito o a través del chat no son tranquilizadoras. Hibba Kauser, una joven de origen paquistaní crecida en un albergue para refugiados, ve imposible dar su voto a un acuerdo que, dice, "atenta" contra sus "principios". Coincide con el rechazo cerrado al pacto de los Jusos, las Juventudes del SPD. A punto estuvo de ser devuelta a su país, con tres años, de no haberlo evitado un abogado materialmente en el último minuto. Sostiene que el pacto parece "inspirado" en Alternativa para Alemania (AfD), segunda fuerza nacional desde las elecciones del pasado 23 de febrero. No solo porque pone el acento en la aceleración de las deportaciones, sino porque alargará los plazos para adquirir la nacionalidad alemana. Por no hablar, recuerda, del anhelo de Merz de hacer revocable la adquisición de la doble nacionalidad. Algo que hasta ahora solo se contempla para casos extremos como terrorismo.

Rearme y normalización de la ultraderecha

Las intervenciones reflejan las dudas acerca del rearme, cuyo máximo impulsor ha sido en la pasada legislatura Pistorius, el ministro más popular de Scholz. El respaldo a Ucrania no se rebate. Pero despierta recelos la carta blanca que se da al gasto en defensa. O el objetivo de reimplantar un servicio militar teóricamente voluntario, sin que quede claro cómo se motivará a los jóvenes a apuntarse, cuando el peligro a una guerra dejó de ser algo abstracto.
Todo pacto de coalición es un documento "de intenciones", explica Klingbeil. "No se asumirán gastos imposibles", insiste, desde su posición de posible titular de Finanzas.

Pero las ambigüedades no emanan únicamente del pacto. El propio Merz se ha dedicado en los últimos días a relativizar muchos apartados. No está claro cuándo aumentará a 15 euros por hora el salario mínimo interprofesional, la gran promesa del SPD. Tampoco en qué quedará la "normalización" de la AfD. Merz ha insistido en que con él se mantendrá el cordón sanitario en torno a ese partido. Pero un miembro de la cúpula de su Unión Cristianodemócrata (CDU) y eterno aspirante a presidirla, Jens Spahn, predica que debe darse a la ultraderecha el mismo trato que al resto de la oposición. "Es intolerable equiparlos con los Verdes, que han sido socios sensatos de gobierno, o a La Izquierda, que salvaron la democracia en el este", opina Johan, desde la oficina del distrito berlinés de Tempelhof-Schöneberg. Alude así a los ecologistas, aliados del SPD tanto con Gerhard Schröder en la cancillería como con Scholz, y también a La Izquierda, determinante para dejar a la AfD aislada incluso en sus bastiones.

Últimos pasos hasta el relevo en el poder


Klingbeil enumera entre los logros de la negociación del pacto que al SPD se le adjudiquen siete ministerios. Es decir, uno más que en la última gran coalición con Angela Merkel y pese a su debilidad, tras haberse hundido en los últimos comicios al mínimo histórico del 16,4% de los votos.

La baza principal para lograr el apoyo de las bases es la perspectiva de otras elecciones anticipadas. Según los expertos, solo favorecerían a la AfD, actualmente casi empatada en los sondeos con el bloque conservador.

Hasta ahora, las consultas a un pacto de coalición siempre obtuvieron el respaldo de las bases de la SPD, incluso cuando hubo rechazo de los Jusos. Pero Merz representa una línea más derechista y compleja de aceptar que el centrismo de Merkel.

La hoja de ruta hasta la elección de Merz como canciller está milimetrada. El 28 de abril, la CDU debe ratificar el pacto en un congreso. Al día siguiente se cierra la votación entre las bases del SPD, que necesita una participación del 20% para ser vinculante. El 6 de mayo, Merz se someterá al voto del Parlamento. Salvo contratiempos, el 8 de mayo asistirá como canciller al 80 aniversario del Día de la Liberación o de la Capitulación del III Reich.

viernes, 11 de abril de 2025

La pequeña gran coalición

 Merz o com frenar el trumpisme

El nou govern d’Ale­ma­nya ha de fer front, no només a una política aran­zelària agres­siva i veri­nosa per a una potència expor­ta­dora, sinó també a la impre­vi­si­bi­li­tat d’unes mesu­res dràsti­ques que s’acti­ven o es desac­ti­ven d’un dia per l’altre”, adver­tia Tors­ten Sch­midt, cap de l’Ins­ti­tut Leib­niz d’Inves­ti­ga­ci­ons Econòmiques, RWI, l’endemà que els con­ser­va­dors de Fri­e­drich Merz i els soci­al­demòcra­tes del can­ce­ller en fun­ci­ons Olaf Scholz pre­sen­tes­sin el seu pacte de coa­lició. El mis­satge del cap del RWI es produïa en la com­pa­rei­xença con­junta dels prin­ci­pals ins­ti­tuts ale­manys, on es va pre­sen­tar una nova cor­recció a la baixa dels pronòstics per a l’evo­lució del PIB ale­many. La pri­mera eco­no­mia euro­pea acu­mula dos anys seguits en recessió i, segons els ins­ti­tuts, en el millor dels casos tindrà un crei­xe­ment mínim aquest 2025: un 0,1%, en comp­tes del 0,8% que cal­cu­la­ven a la tar­dor.

El pro­tec­ci­o­nisme radi­cal de Donald Trump és el gran ene­mic per a la pri­o­ri­tat decla­rada del futur govern de Merz, la reac­ti­vació econòmica. A l’altra forma de trum­pisme, les ultra­dre­tes euro­pees ali­a­des de l’his­triònic pre­si­dent dels Estats Units, se la vol man­te­nir aïllada i com­ba­tre cor­re­gint allò que, segons Merz, ali­menta la frus­tració de molts ciu­ta­dans. Ale­ma­nya ha de dei­xar de ser el país pre­fe­rent d’aco­llida d’una migració irre­gu­lar des­con­tro­lada, segons el pre­vi­si­ble nou can­ce­ller d’Ale­ma­nya. Per raons de segu­re­tat i pels cos­tos que, diu Merz, gene­ren a l’Estat.

Sis set­ma­nes després de la victòria elec­to­ral de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata i la seva ager­ma­nada Unió Soci­al­cris­ti­ana de Bavi­era (CDU/CSU), Merz va poder pre­sen­tar aquest dime­cres un pacte de govern amb els soci­al­demòcra­tes. El pri­mer que salta a la vista és que no se l’hau­ria d’ano­me­nar “gran coa­lició”. Aquest era el terme amb què es van conèixer fins ara les ali­an­ces entre els par­tits dits majo­ri­ta­ris. El pro­blema, però, és que ja no ho són. La nova coa­lició no la for­ma­ran el pri­mer i el segon grup del Par­la­ment. La segona força par­la­mentària és, des dels comi­cis del 23 de febrer, la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD), on s’agru­pen tant el neo­na­zisme com el trum­pisme ale­many. En aques­tes sis set­ma­nes, i men­tre Merz nego­ci­ava la coa­lició, els son­de­jos han situat els ultres en línia ascen­dent i pràcti­ca­ment empa­tats amb la CDU-CSU. Els soci­al­demòcra­tes con­ti­nuen enfon­sats al ter­cer lloc.

El pacte de Merz busca un equi­li­bri entre els socis, que en rea­li­tat són tres. La CDU tindrà set minis­tres, la CSU bava­resa n’assu­mirà tres y els soci­al­demòcra­tes set més. A l’agres­siva política aran­zelària de Trump vol res­pon­dre el futur can­ce­ller amb la con­signa del Ger­many is back (“Ale­ma­nya ha tor­nat”) com va res­pon­dre a una pre­gunta en anglès en pre­sen­tar el seu pacte. No va acla­rir, però, com s’ho farà, en aquest con­text d’incer­te­ses glo­bals que, com diuen els experts, són el gran ene­mic per pla­ni­fi­car estratègies i inver­si­ons. Merz, que podria ser ele­git can­ce­ller pel Par­la­ment els pròxims 6 o 7 de maig, té al seu favor un ins­tru­ment nou: l’esmena cons­ti­tu­ci­o­nal que va pros­pe­rar fa unes set­ma­nes i que va alli­be­rar del fre al deute la des­pesa en defensa, a més d’un fons de mig bilió d’euros per a infra­es­truc­tu­res. Això impli­carà unes pos­si­bi­li­tats d’endeu­ta­ment pràcti­ca­ment il·limi­ta­des per al rear­ma­ment i ajud a Ucraïna, la lluita con­tra els cibe­ra­tacs i l’espi­o­natge. També per­metrà la posada al dia d’unes infra­es­truc­tu­res esmorteïdes i l’impuls a la digi­ta­lit­zació, l’altra assig­na­tura pen­dent d’Ale­ma­nya.

Els soci­al­demòcra­tes assu­mi­ran Defensa i Finan­ces. També els cor­res­pondrà Tre­ball, des d’on pen­sen llui­tar con­tra las reta­lla­des soci­als i per una rebaixa fis­cal als ingres­sos bai­xos i mit­jans.

L’altra peça fona­men­tal en l’engra­natge és Inte­rior, però cor­res­pondrà a la CSU bava­resa. A aquest minis­teri per­tany el con­trol de les fron­te­res i la immi­gració irre­gu­lar. Merz va gua­nyar les elec­ci­ons amb pro­pos­tes de línia dura, com les devo­lu­ci­ons en calent. També ha promès acce­le­rar les expul­si­ons a ter­cers països dits segurs o als seus llocs d’ori­gen, en el cas d’afga­ne­sos o siri­ans. El pacte pre­veu la supressió o res­tricció a casos excep­ci­o­nals del rea­gru­pa­ment fami­liar per a refu­gi­ats que per­ce­ben pro­tecció sub­sidiària –és a dir, els qui han estat rebut­jats, però no poden ser expul­sats per raons huma­nitàries–. I també una reducció dels sub­si­dis als refu­gi­ats que no mos­trin “moti­vació” per tre­ba­llar.

És un canvi de para­digma res­pecte a l’ano­me­nada “cul­tura d’aco­llida” que va repre­sen­tar Angela Merkel davant suc­ces­si­ves cri­sis migratòries i mal­grat les pres­si­ons del seu bloc con­ser­va­dor perquè tanqués fron­te­res. L’excan­ce­llera, ene­miga interna de Merz, con­si­dera ara “cor­recte” el propòsit de retor­nar els immi­grants irre­gu­lars al país per on hagin ingres­sat a Ale­ma­nya. Sem­pre que, adver­teix, es faci d’acord amb “els veïns euro­peus” afec­tats.

miércoles, 9 de abril de 2025

Casi canciller

Conservadores y socialdemócratas cierran el pacto que convertirá a Merz en canciller



El líder de la CDU y probable nuevo canciller alemán, Friedrich Merz. / CLEMENS BILAN / EFE
 Gemma Casadevall

El bloque conservador de Friedrich Merz, el previsible nuevo canciller de Alemania, confirmó este miércoles que ha alcanzado un pacto de gobierno con los socialdemócratas, seis semanas después de las elecciones nacionales del pasado 23 de febrero. Los términos del acuerdo serán presentados por los líderes de los tres partidos implicados, la Unión Cristianodemócrata de Merz y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU) de Markus Söder, más el Partido Socialdemócrata (SPD) de Lars Kingbeil.
La última ronda negociadora ha sido maratoniana. El acuerdo se había dado casi por cerrado a última hora del martes. Sin embargo, al filo de la medianoche se despidieron las delegaciones respectivas sin anunciar nada para emplazarse a una nueva ronda, este donde limar los "detalles".
Merz tardará aún algunas semanas en ser elegido canciller por el Bundestag (Parlamento alemán). El pacto debe ser ratificado por cada uno de los partidos, lo que en el caso de los socialdemócratas implica someterlo a una votación entre las bases. La CDU lo hará en un congreso que podría tener lugar a finales de abril, mientras que la CSU bávara debe determinar aún la fórmula de validación.
No es un proceso demasiado largo, desde la perspectiva alemana. En otras ocasiones, entre unos comicios nacionales y la elección parlamentaria han pasado tres o hasta seis meses, como ocurrió con Angela Merkel en su última legislatura en gran coalición. No hay vacío de poder, se explica, porque el anterior gobierno sigue en funciones. Pero nada ahora mismo es como siempre. Hay gran nerviosismo entre el ámbito económico, que reclama un plan de acción ante los previsibles estragos que causarán los aranceles de Donald Trump en una potencia exportadora como Alemania. La primera economía europea cerró 2024 en recesión, por segundo año consecutivo. Este 2025 puede ser de nuevo dramático, según avanzan algunos medios a la espera de que los grandes institutos económicos del país actualicen sus pronósticos coyunturales.

Rearme e inmigración

Tampoco pueden esperar otros asuntos apremiantes para el conjunto de Europa, como son el rearme o la política migratoria. Merz logró la aprobación por el Parlamento saliente de una enmienda constitucional para liberar defensa de las restricciones del freno a la deuda y también para activar un paquete de medio billón de euros destinado a las infraestructuras alemanas. Pero habrá que esperar hasta que se traduzcan en proyectos de ley y superen el trámite parlamentario.
A todo esto, a la CDU/CSU le saltaron las alertas procedentes de la demoscopia. A Merz le reprochan desde sus filas haber traicionado su promesa de respetar el freno a la deuda. Las urnas le dieron el 23 de febrero casi 10 puntos de ventaja sobre la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Ahora la impaciencia por ese tiempo muerto de transición o la decepción por las teóricas concesiones a los socialdemócratas le sitúan empatado en los sondeos con la derecha radical. El SPD quedó debilitado al caer a la tercera posición en los comicios nacionales, pero Merz les necesita sí o sí para asegurarse una mayoría parlamentaria y, a la vez, mantener el cordón sanitario sobre los ultras.