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viernes, 3 de octubre de 2025

35 añitos ya

Merz y Macron claman por el rearme europeo frente al 'eje de las autocracias'


Emmanuel Macron besa a Friedrich Merz (derecha) en el día de la reunificación alemana. / EFE
 Gemma Casadevall    Berlín03 OCT 2025 

La defensa de Europa frente al “eje de las autocracias”, en palabras de Friedrich Merz, y la advertencia contra falsos “nacionalismos o patriotismo basados en el odio al otro”, por parte de Emmanuel Macron, marcaron el 35 aniversario del Tratado de Unidad de Alemania. “Celebrar la unidad alemana es celebrar la unidad europea”, aseguró el líder francés, orador invitado al acto. Incidió a continuación en que "la seguridad europea está en juego” por la guerra híbrida, las campañas de desinformación o los drones procedentes de Rusia. “Tras 80 años en paz, Europa entró en una era de confrontación. Pero responde unida”, sentenció.
Mientras Macron incidía en la “fragilidad” a que se sienten expuestos los jóvenes o al azote de los populismos, Merz se centró en las amenazas “internas y externas” para la UE. Aludió asimismo a la polarización por el avance de la ultraderecha. La reunificación no se ha cerrado, ya que persisten “diferencias” entre el este y el oeste del país, admitió. La respuesta debe ser "avanzar hacia una nueva unidad”.
El Día de Unidad se celebró este año en el ‘land’ del Sarre, fronterizo con Francia, de acuerdo al turno rotatorio entre los 16 estados federados alemanes. Ello justificó la intervención de Macron, fervorosamente ovacionado por los asistentes. Pero no evitó que planeara la sensación de que s festeja el dominio del oeste sobre el este.

La espina de Merkel

“Yo estimo y valoro a Macron (…) Pero tal vez habría sido mejor invitar al 35 aniversario de la unidad a un representante del este de Alemania o del este de Europa”, dijo la excancillera Angela Merkel, en una entrevista con la televisión pública ZDF. Tocó así la fibra de muchos. Su llegada al poder, en 2005, marcó un hito por ser la primera persona crecida en el Este que alcanzaba la cancillería. En sus 16 años como cancillera coincidió, entre 2012 y 2017, con un exdisidente de la RDA, Joachim Gauck, como presidente del país. Merkel había entrado en política tras la caída del Muro, apadrinada por el ‘canciller de la reunificación’, Helmut Kohl. Gauck, pastor protestante, estuvo entre quienes se enfrentaron al régimen germano-oriental.
Lo cierto es que, 35 años después, hay un eclipse casi total de representantes del este en la plana mayor de la política alemana. La alusión de Merkel a Macron -con quien se llevó tan bien como con sus tres antecesores Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande- incluía dos mensajes: el eje franco-alemán está algo maltrecho y habría sido más oportuno invitar a un líder del Este.

La extinción de un país, una economía y una identidad

El 3 de octubre de 1990 dejó de existir la República Democrática Alemana (RDA) por la entrada en vigor del Tratado de Unidad. Su territorio y sus 16 millones de habitantes quedaron integrados en la República Federal de Alemania (RFA), tras una negociación rápida entre Kohl, la agónica RDA y las potencias que derrotaron al nazismo -Reino Unido, Estados Unidos, Unión Soviética y Francia-. No había pasado ni un año desde la caída del Muro de Berlín. Kohl venció la resistencia de Margareth Thatcher y del francés François Mitterrand, temerosos del surgimiento de una Gran Alemania. El soviético Mijail Gorbachov se comportó como el mejor aliado de Kohl.
Fue una transición modélica, por lo pacífica. Pero en su anhelo por acelerar el proceso, Kohl incurrió en lo que hoy se contempla como un error. Introdujo de la noche a la mañana el capitalismo en el marasmo económico de la RDA, que adoptó el marco occidental con una tasa de cambio del 1:1. En lugar de reflotar su tejido empresarial, adjudicó a una sociedad fiduciaria, la Treuhand, la privatización de 8.500 empresas. Casi la mitad acabaron finiquitadas y cerca de dos millones de ciudadanos pasaron al paro.
Del pleno empleo comunista se cayó a unos niveles de paro en el este que doblaban a los del oeste. Los abismos entre las jubilaciones y sueldos del este y el oeste han ido descendiendo con los años. Tras la hazaña política hay un coste de la reunificación estimado en unos dos billones de euros. El término ‘Ostalgie’, o ‘nostalgia del Este’ ha quedado acuñado como sinónimo de frustración de quienes se sienten ‘ciudadanos de segunda’ o echan de menos sus señas de identidad, desde objetos cotidianos o pepinillos en vinagre de su antigua marca favorita a, incluso, el himno de la RDA.
Los ‘paisajes florecientes’ prometidos por Kohl no se dieron en los primeros años. Ello favoreció al poscomunismo del Partido del Socialismo Democrático (PDS), reconvertido en La Izquierda tras su fusión de la disidencia socialdemócrata de Oskar Lafontaine. Fracasaron todos los intentos por arrinconarlos, desde Kohl a Merkel o Merz.
Mucho peor ha sido la irrupción como fuerza parlamentaria, en 2017, de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Su empuje se extiende por todo el país. Pero en el antiguo territorio comunista alcanza porcentajes que rondan el 40%. Solo un férreo cordón sanitario hace que, hasta ahora, la AfD no haya alcanzado el poder ni a escala regional.
El balance, sin embargo, no es tan lúgubre como podría parecer. Un 91 % de los alemanes considera 'correcta' la decisión de reunificar el país, según una encuesta de la ZDF. Un porcentaje que sube al 92 % en el oeste y queda en el 90 % en el este.

Liderazgo europeo como asignatura pendiente

La Gran Alemania que temieron Thatcher o Mitterrand no apareció. La Alemania resultante de la unidad es la primera economía de la UE y también su mayor potencia demográfica. Impuso el dogma de la austeridad durante la crisis del euro bajo Merkel. Sin embargo, sigue moviéndose con timidez en política exterior o se limita a seguir las pautas de Washington.
La gran apuesta de Merz es el rearme, propulsado por el expansionismo de Vladímir Putin. Pero dos años consecutivos en recesión, más el estancamiento actual, lastran los planes de la coalición entre su bloque conservador y los socios socialdemócratas. El temor a que el rearme se pague con recortes sociales da brío a la AfD, un partido que, por una parte, representa el trumpismo y, por otra, la línea prorrusa o contraria a la ayuda a Ucrania.

miércoles, 7 de febrero de 2024

Sahra, el enigma perfecto

 

Fragmentació perillosa a Alemanya

viernes, 2 de febrero de 2024

Fauna alemana




El exjefe del espionaje sacude Alemania con la creación de un nuevo partido ultra




Hans Georg Maassen. / AFP / BERND VON JUTRCZENKA



Gemma Casadevall


Que el exjefe de los servicios secretos, Hans-Georg Maassen, deje la derecha moderada para anunciar la fundación de un nuevo partido ultra es, de por sí, causa de alarma. Si además era ya una figura altamente controvertida, a la que la Unión Cristianodemócrata (CDU) trató de expulsar, sin éxito, por su radicalismo, y que propugnaba el acercamiento a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), la cuestión adopta una dimensión mayor. A eso se suma que, hasta que fue cesado de su cargo, en 2018, tuvo acceso a los secretos oficiales y demás documentación confidencial. Y, finalmente, que miembros de su nuevo partido, la Unión de Valores, estuvieron presentes en la reunión de neonazis de Potsdam donde se abordó la expulsión de millones de extranjeros o ciudadanos de origen no alemán.


El departamento federal de Protección de la Constitución, o servicios secretos de Interior, tiene bajo observación a su antiguo jefe como extremista radical, según reveló la televisión pública ARD. Desde el gubernamental partido Los Verdes, socio en la coalición del socialdemócrata Olaf Scholz junto con los liberales, se ha pedido que se actúe contra Maassen. Recuerdan que su responsabilidad sobre esos secretos de Estado no expira por el hecho de haber dejado el cargo.

Maassen dirigió ese departamento entre 2012 y 2018, bajo órdenes de la entonces cancillera, Angela Merkel. Fue cesado en medio de fuertes tensiones en la gobernante gran coalición a raíz de su "cercanía" con la ultraderecha. A partir de ahí tomó peso la corriente interna creada unos años antes en el bloque conservador, la llamada Unión de Valores, surgida precisamente del sector contrario a la acogida de refugiados defendida por Merkel a raíz de la crisis migratoria de 2015.

Maassen ha sido en este tiempo la figura más relevante y líder de ese sector. Practicó la oposición interna a la línea de la CDU y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) de rechazar toda cooperación con la AfD. Hace una semana anunció que dejaba la CDU para crear su propio partido, cuyo nombre es precisamente el de Unión de Valores.
Nuevos partidos, debilitamiento de los establecidos

Todo eso ocurre en un momento de fragmentación del voto alemán. Hace apenas unas semanas se formalizó la escisión de la Izquierda capitaneada por Sahra Wagenknecht, que pese a su origen izquierdista defiende posiciones similares a la AfD en materia migratoria o contra el suministro de armas a Ucrania.

La AfD ocupa la segunda posición en intención de voto a escala nacional, tras el bloque conservador. Pero por primera vez en meses ya no está en curso ascendente, sino que ha perdido en una semana tres puntos. No está claro aún si esa evolución se debe a la fragmentación política o al estupor creado entre electores de la AfD no identificables como radicales por las revelaciones de la reunión de Potsdam. Desde que salió a la luz ese plan masivo de "reemigración" de millones de ciudadanos, se han producido en toda Alemania manifestaciones multitudinarias contra la AfD y llamando al país a "despertar" ante los propósitos del neonazismo.

Maassen ha defendido siempre la necesidad de "abrirse" al diálogo con la AfD y ahora no descarta darle respaldo político. Propugna, además, teorías conspiranoicas sobre una supuesta reducción de la población de raza blanca, presionada por la llegada de migrantes. Sus posiciones no son muy distantes de las mantenidas por el ala más radical de la AfD, cuyo cabecilla es su líder en el 'land' de Turingia, Björn Höcke. El próximo septiembre, Höcke podría alzarse vencedor en los comicios regionales que se celebrarán en su estado federado. Además de las movilizaciones en la calle, hay una campaña para pedir la inhabilitación política de Höcke, que en pocas semanas recogió 1,5 millones de firmas.

lunes, 8 de enero de 2024

El otro voto de protesta



Alianza Sahra Wagenknecht, el nuevo partido de la izquierda alemana que sacude el tablero político





Sahra Wagenknecht, durante la rueda de prensa en la que ha presentado su nuevo partido, este lunes en Berlín. /JOHN MACDOUGALL / AFP


Gemma Casadevall


Berlín 08 de enero del 2024. 17:31

Que un partido adopte como denominación el nombre de su líder --Sahra Wagenknecht-- es indicativo del grado de personalismo que lo genera. La exlíder del ala comunista dentro de La Izquierda alemana presentó este lunes la llamada Alianza Sahra Wagenknecht por la Sensatez y la Justicia (o BSW, por sus siglas en alemán), envuelta en un notable revuelo mediático y arropada por un economista independiente --el empresario iraní-alemán Shervin Haghsheno--, la exjefa del grupo parlamentario de La Izquierda, Amira Mohamed Ali, y el exalcalde socialdemócrata del populoso Düsseldorf, Thomas Geisel. "Nuestro programa no incorporará cuestiones como el lenguaje inclusivo de género u otras consignas dichas izquierdistas. A muchos ciudadanos eso no les dice nada", afirmó Wagenknecht. Su formación busca un electorado transversal, aunque se identifica como "izquierdista, entendiendo el término como la defensa de la justicia social", añadió.

"Hay que actuar contra la inmigración incontrolada", apuntó por su parte Geisel, quien ha abandonado la socialdemocracia para unirse al BSW como candidato para las elecciones al Parlamento Europeo, su primera prueba ante las urnas. "No se trata de abolir el derecho de asilo, sino de ceñirlo a quienes necesitan protección porque son perseguidos", matizó Wagenknecht.
Espectro electoral

Desde que la jefa de la BSW abandonó el grupo parlamentario de La Izquierda junto con otros ocho diputados, a finales del año pasado, los analistas políticos tratan de evaluar el espectro electoral que puede alcanzar. Wagenknecht lideró durante décadas el ala comunista de la Izquierda, partido surgido de la fusión entre el postcomunismo del este de Alemania y una escisión del Partido Socialdemócrata (SPD) comandada por Oskar Lafontaine, con quien se casó en 2015. Pero sus posicionamientos migratorios y la mano dura frente al asilo la acercan a los planteamientos de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

Zarpazo a la AfD y estocada a La Izquierda

Los analistas consideran que el BSW puede reclutar electorado que actualmente da su voto a la derecha radical. Y también que el nuevo partido podría dar la estocada final a La Izquierda, partido que en los comicios generales de 2021 quedó en el 4,9%, por debajo del 5% mínimo para obtener escaños, aunque finalmente obtuvo grupo parlamentario gracias a varias victorias en sus bastiones del este.

"Se dice que somos una amenaza para la democracia, pero la verdadera amenaza es un gobierno como el actual", afirmó Wagenknecht, en alusión al tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz. Ni esas formaciones ni la oposición conservadora dan respuestas "sensatas" a la Alemania en recesión, que además se ha convertido en el "primer suministrador de armas de Ucrania", recordó la líder de la BSW, considerada más cercana a Moscú que a Kiev. Su recién nacido partido tiene asegurada cierta base financiera --1,5 millones de euros procedentes de donativos-- y busca nueva militancia, pero rehusará una "transferencia automática" de afiliados procedentes de la AfD, aseguró, aunque sin precisar cómo se materializará ese filtro.

Crispación política y radicalización de las protestas

El nuevo partido de Wagenknecht puede sacudir el tablero político alemán. La AfD es la segunda formación en intención de voto a escala nacional, con perspectivas de erigirse en primera fuerza en los tres estados del este donde el próximo septiembre se celebrarán comicios regionales. Su aparición se produce en un momento de debilidad económica en Alemania y recortes presupuestarios, precipitados por la austeridad defendida por los socios liberales de Scholz. Este lunes fue la primera jornada en la serie de movilizaciones masivas del campo alemán contra los recortes a las subvenciones al diésel que, según los agricultores, ponen en peligro su actividad. Toda esta semana se sucederán las protestas por todo el país, mientras que el lunes de la siguiente se espera que confluya en Berlín una gran concentración de tractoristas.

La crispación del campo va en aumento, lo que se ha traducido en conatos violentos atribuidos a ultraderechistas infiltrados. Hubo incluso un escrache al ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, cuando varios centenares de manifestantes trataron de asaltar el ferry en que viajaba tras pasar la Navidad en el norte de Alemania. El gremio de agricultores se distanció de inmediato de esas formas de protesta. Pero dejaron claro que seguirán con sus movilizaciones contra los recortes.




lunes, 6 de marzo de 2023

Oskar, el sepulturero

La Izquierda alemana, entre la agonía y la escisión




                                                                                                                                                Marina Ferrer

De “irresponsables” tachó este lunes el presidente de La Izquierda, Martin Schirdewan, las especulaciones sobre una escisión de un partido, el suyo, que si tiene escaños en el Bundestag (Parlamento federal) es gracias a los mandatos directos ganados en un par de distritos del este del país. La situación de La Izquierda, o Die Linke, es casi agónica desde las elecciones generales de 2021, en que obtuvo un 4,9 %. Es decir, por debajo del listón del 5 % mínimo para obtener escaños, salvo que se logre tres victorias de distrito, como fue el caso, uno de ellos por parte de su líder más histórico, Gregor Gysi.


La estocada final podría venir de Sahra Wagenknecht, figura del ala más cercana al comunismo, quien el viernes pasado anunció que no volverá a presentarse a unas elecciones con ese partido. Su renuncia podría verse incluso como un alivio para La Izquierda. Es un personaje identificado con la línea pro-rusa de la que la cúpula del partido trata de distanciarse. Algunos de sus postulados se acercan a los de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). No solo en lo que respecta a la actual “comprensión” hacia el presidente Vladímir Putin. También defendió posicionamientos propios del radicalismo xenófobo ultra en la crisis humanitaria de 2015, cuando Alemania recibió cerca de un millón de refugiados.


Wagenknecht impulsó en febrero una “Marcha por la Paz” convocada junto con Alice Schwarzer, icono del feminismo histórico alemán y ahora decantada hacia un ultraconservadurismo. La iniciativa congregó a decenas de miles de personas ante la Puerta de Brandeburgo, entre ciudadanos “comunes” contrarios a los suministros de armas a Ucrania y algunas banderas pro-rusas. En la marcha se mezclaron varias columnas de ultraderechistas, mientras la cúpula de La Izquierda rechazaba todo vínculo con la convocatoria.


Wagenknecht, de 53 años, y Schwarzer, de 79, no estaban solas ante el escenario. La convocatoria significó también la reaparición pública de Oskar Lafontaine, asimismo de 79 años y fundador de La Izquierda junto con Gysi en 2005.


Era más que una señal de alarma para el partido. Lafontaine dejó formalmente su militancia en marzo del año pasado, unas semanas después del inicio de la invasión rusa. Lo hizo en desacuerdo con la línea hacia Moscú del partido. "Al fundar La Izquierda quise ofrecer una alternativa frente a la política de inseguridad y desequilibrios sociales. La actual Izquierda ha renunciado a esos objetivos", afirmó entonces Lafontaine. Die Linke, la Izquierda, había abandonado los ideales de desarme y pacifismo con que nació, dijo, al no rechazar con la contundencia debida la línea de rearme del canciller Olaf Scholz.

La ruptura con su partido es el segundo desgarro político protagonizado por Lafontaine. El primero lo provocó en 1999 con su doble dimisión como presidente del Partido Socialdemócrata (SPD) y ministro de Finanzas, unos pocos meses después de llegar al poder Gerhard Schröder al frente de una coalición roji-verde.


Lafontaine se llevó consigo a la disidencia socialdemócrata en lo que se consideró un ajuste de cuentas político, pero con cierto componente testosterónico, entre el centrismo de Schröder y las esencias más izquierdistas del SPD. Acabó fusionándose con el post-comunista Partido del Socialismo Democrático (PDS) de Gysi, una formación arrinconada por el resto del espectro parlamentario alemán de entonces y etiquetada de heredera del régimen del muro de Berlín.


Juntos consolidaron La Izquierda, que poco a poco se ganó puestos como socio de coalición del SPD en el este del país, incluida Berlín, e incluso logró colocar a uno de los suyos, Bodo Ramelow, al frente del gobierno regional de Turingia, en el este. A Wagenknecht, casada con Lafontaine en 2014, la invitó hace unos días a ingresar en la AfD el cabecilla de su ala más radical, Björn Höcke, líder precisamente de Turingia.

sábado, 4 de marzo de 2023

A doble página

 Revifa el ‘made in Germany’


Quan el febrer del 2022 el can­ce­ller Olaf Scholz va anun­ciar l’ano­me­nat Zeitwende –canvi d’era– en la política de defensa ale­ma­nya, més d’un es va fre­gar els ulls. Ale­ma­nya s’havia com­por­tat des la fi de la Segona Guerra Mun­dial com un país poruc –o pru­dent-- quant a defensa, admi­nis­trat per les qua­tre potències ven­ce­do­res sobre el nazisme –els EUA, França, el Regne Unit i la Unió Soviètica–. Amb la reu­ni­fi­cació pac­tada amb aquests ali­ats, el 1990 es va donar per aca­bada la guerra freda i la por a una con­fron­tació dins el seu ter­ri­tori entre el bloc occi­den­tal i el soviètic. Va enfi­lar cap a la des­mi­li­ta­rit­zació, les reta­lla­des en defensa i el pas a l’exèrcit pro­fes­si­o­nal: dels 460.000 sol­dats que tenia el 1991, es va bai­xar als 183.000 actu­als.

Part del vis­ti­plau dels ali­ats a una nova Ale­ma­nya unida venia del com­promís més o menys explícit per part del país uni­fi­cat de man­te­nir la dis­creció en matèria de defensa, a canvi de ser una potència econòmica i demogràfica. Era i és un país sense arse­nal nuclear propi, però amb la base dels EUA més gran d’Europa al seu ter­ri­tori, a Rams­tein.

Des­mar­catge de Merkel


La Zeitwende de Scholz no altera aquest esquema, pel que fa al domini econòmic. Però implica un gir dràstic res­pecte a la des­pesa en defensa. Amb Angela Merkel al poder, Ale­ma­nya havia impa­ci­en­tat tant el demòcrata Obama com el repu­blicà Trump amb el seva aus­te­ri­tat defen­siva, molt per sota de l’objec­tiu del 2% mar­cat per l’OTAN

De cop, amb el dis­curs del Zeitwende al Bun­des­tag, Scholz va aban­do­nar la timi­desa defen­siva. D’una banda, perquè anun­ci­ava un paquet d’inver­si­ons de 100.000 mili­ons d’euros per posar al dia el seu exèrcit. De l’altra, perquè liqui­dava la norma de no lliu­rar arma­ment a regi­ons en con­flicte. Scholz garan­tia tot el suport huma­ni­tari, finan­cer i arma­mentístic a Ucraïna, com a país víctima d’una guerra d’agressió.

El canvi d’era no ha estat tan dinàmic com hau­ria vol­gut el pre­si­dent ucraïnès, Volodímir Zelenski. La pri­mera par­tida de sub­mi­nis­tra­ments ale­many sem­blava un acu­dit dolent: 5.000 cas­cos de sol­dat, va pro­me­tre la lla­vors minis­tra de Defensa, Chris­tine Lam­brecht.

Però a poc a poc Ale­ma­nya es va anar posant les piles. L’any 2022 es va tan­car amb el segon millor balanç per a la indústria d’arma­ment del país: Ale­ma­nya va expor­tar arreu del món 8.350 mili­ons d’euros en mate­rial bèl·lic. Més d’una quarta part d’aquest total –2.240 mili­ons d’euros– van anar des­ti­nats a Ucraïna. En for­ma­ven part 30 blin­dats lleu­gers del tipus Gepard i 14 obu­sos, cinc llançamíssils i dues bate­ries del sis­tema de defensa antiaèria Iris-T. Un 47,5% d’aquest volum expor­tat era mate­rial de guerra i la resta, logístic. El per­cen­tatge més alt en deu anys.

Can­ce­ller sota pressió


Tot això pas­sava encara el 2022, quan Scholz con­ti­nu­ava sota for­tes pres­si­o­nes dels ali­ats occi­den­tals, prin­ci­pal­ment de Polònia i els bàltics, i se li retreia len­ti­tud en els sub­mi­nis­tra­ments.

El punt màxim es va pro­duir a prin­ci­pis de 2023, les set­ma­nes en què des de totes ban­des, i espe­ci­al­ment des de Polònia, es cri­ti­cava Scholz perquè no donava llum verd als Leo­pard2, els tancs que Zelenski neces­sita per recu­pe­rar el ter­ri­tori con­que­rit per Rússia. No només no acce­dia a enviar-ne dels del seu exèrcit –en té uns 350, segons Defensa--, sinó que, al damunt, no auto­rit­zava els seus ali­ats de l’OTAN a posar-ne de pro­pis a dis­po­sició d’Ucraïna. Els Leo­pard són de fabri­cació ale­ma­nya i, per tant, es neces­sita el seu permís per lliu­rar-los a un ter­cer.

Quan Scholz hi va donar llum verd, mig món par­lava dels Leo­pard2 –que Ale­ma­nya fabrica des dels anys vui­tanta– com si fos­sin la clau per gua­nyar la guerra. El can­ce­ller en va posar a dis­po­sició d’Ucraïna 14, que més tard s’han con­ver­tit en 18. Molts dels ali­ats que tant pres­si­o­na­ven es van ama­gar una estona, fins que van començar a mate­ri­a­lit­zar-se ofer­tes amb comp­ta­go­tes.

Catorze més per part polo­nesa; deu per part espa­nyola, com va pro­me­tre el pre­si­dent del govern, Pedro Sánchez, en la seva visita a Zelenski un dia abans de l’ani­ver­sari de l’inici de la invasió.

Els vells Leo­pard2 són el nou segell made in Ger­many o garan­tia de soli­desa, mobi­li­tat i eficiència. La millor publi­ci­tat pos­si­ble per al seu fabri­cant, Krauss Maf­fei Weg­mann. Ucraïna encara no té asse­gu­rada la xifra dels 88 tancs –o un batalló– que es con­si­de­rava necessària per a una pri­mera ton­gada. Però men­tres­tant Ale­ma­nya ha començat a posar al dia més d’un cen­te­nar dels encara més vells, els Leo­pard1, dels magat­zems d’aquests fabri­cants per lliu­rar-los entre aquest any i el vinent a Ucraïna. El full de coman­des no para de créixer.

El “no a la guerra” ja no és verd

Tam­poc la llista que el Minis­teri de Defensa actu­a­litza cada set­mana amb el mate­rial sub­mi­nis­trat o com­promès en ferm a Ucraïna. Hi ha 500 míssils anti­a­e­ris Fin­ger, bate­ries de defensa Patriot, 40 tancs lleu­gers Mar­der, 300.000 peces de munició per als Gepard, 156.000 gra­na­des de mà, 22 mili­ons de bales d’arti­lle­ria i 90 sen­sors per detec­tar drons. Els cas­cos de l’exmi­nis­tra Lam­brecht han que­dat engo­lits en una llista amb més de 150 cate­go­ries.

El titu­lar de Defensa és ara Boris Pis­to­rius, que ha donat dina­misme a aques­tes par­ti­des i al paquet de 100.000 mili­ons d’euros anun­ciat per Scholz per moder­nit­zar el seu exèrcit. Els pri­mers 30.000 mili­ons es començaran a tra­duir en coman­des aquest any, segons Pis­to­rius.

Rhein­me­tall, l’empresa més gran del sec­tor a Ale­ma­nya, amb 29.500 tre­ba­lla­dors, espera rebre aquest 2023 tant noves coman­des inter­nes com d’altres països de l’OTAN. Hecker & Hoch ha començat a ampliar plan­ti­lla, segons expli­cava el seu pre­si­dent, Jens Bodo Koch, a l’agència ale­ma­nya de notícies Dpa. La Bun­deswehr (exèrcit ale­many) es que­darà sense els Leo­pard2 per entre­nar els seus sol­dats quan lliuri els 18 pro­me­sos a Ucraïna. Del 350 que teòrica­ment té el seu exèrcit, només n’hi ha uns vint de pre­pa­rats per entrar en ser­vei. “En Defensa, reno­var les existències no és com anar al super­mer­cat”, deia en una visita a la tropa Pis­to­rius. Les noves coman­des neces­si­ten al seu temps. Però el made in Ger­many arma­mentístic ale­many bull d’acti­vi­tat.

Que tot això passi amb un tri­par­tit al govern entre soci­al­demòcra­tes, verds i libe­rals pot sem­blar con­tra­dic­tori. La minis­tra d’Afers Estran­gers, Anna­lena Baer­bock, i el d’Eco­no­mia, Robert Habeck, tots dos dels Verds, han estat el motor del lliu­ra­ment d’armes a Ucraïna en els moments en què Scholz s’enca­llava.

Habeck ocupa la posició de vice­can­ce­ller en la coa­lició i, com a titu­lar d’Eco­no­mia, és qui auto­ritza for­mal­ment les expor­ta­ci­ons d’armes. Tant ell com Baer­bock havien defen­sat, ja des dels seus temps a l’opo­sició, la línia més dura envers Mos­cou. “La pau no és sub­missió”, sosté la minis­tra. A Ale­ma­nya, les mar­xes del “No a la guerra” no les con­voca l’eco­pa­ci­fisme, sinó un duet con­tra natura: la líder del sec­tor comu­nista de l’Esquerra, Sahra Wagenk­necht, i la figura més des­ta­cada del femi­nisme històric ale­many, Alice Schwar­zer.

Pri­mer van publi­car un mani­fest en què dema­na­ven l’atu­rada del sub­mi­nis­tra­ment d’armes a Ucraïna que va pro­vo­car el rebuig de tot l’espec­tre par­la­men­tari, menys de la ultra­dreta Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD). La cúpula de L’Esquerra es va dis­tan­ciar de les mar­xes de Wagenk­necht, on hi ha més presència dels radi­cals de dre­tes que del par­tit ideològica­ment més pro­per al comu­nisme.

Més que una anècdota


La coa­lició atípica entre aques­tes dues dones podria sem­blar una mera anècdota. Wagenk­necht defensa posi­ci­ons sem­blants a les de l’AfD en qüesti­ons com ara l’aco­llida de refu­gi­ats, men­tre que a Schwar­zer se la iden­ti­fica de fa temps amb posi­ci­ons molt con­ser­va­do­res.El cas és, però, que la pri­mera d’aques­tes mar­xes, el 25 de febrer, va aple­gar davant la Porta de Bran­den­burg de Berlín dese­nes de milers de segui­dors, entre ban­de­res pro Vladímir Putin i d’altres iden­ti­fi­ca­bles com del paci­fisme històric ale­many. El líder de l’ala més radi­cal de l’AfD, Björn Höcke, ja ha con­vi­dat Wagenk­necht a ingres­sar al seu par­tit.

viernes, 3 de marzo de 2023

Chau Giffey

Berlín despedirá al tripartito de izquierdas tras el corto mandato de la alcaldesa

Marina Ferrer


La socialdemócrata Franziska Giffey se convirtió en 2021 en la primera alcaldesa de la ciudad-estado de Berlín. Pero el suyo ha sido un mandato efímero, marcado por el caos logístico que se generó en esos comicios y que derivó en la anulación de los resultados.

Fue preciso convocar de nuevo a las urnas a los 2,8 millones de electores de la capital alemana, por decisión del Tribunal Constitucional. Unas semanas después de la repetición de los comicios, Giffey ha renunciado a tratar de seguir al frente de su tripartito con Verdes y La Izquierda. Se decantó por una gran coalición liderada por la Unión Cristianodemócrata (CDU), cuyo candidato, Kai Wegner, anunció este jueves el inicio formal de las negociaciones.

El partido conservador ganó los comicios del pasado 12 de febrero al alzarse con un 28 % de los votos. El Partido Socialdemócrata (SPD) de Giffey cayó a su peor resultado histórico en la capital alemana, con un 18,4 %, el mismo porcentaje que los Verdes. A ese empate se sumó el hecho de que la alcaldesa debía su segundo puesto a apenas 53 votos, los que le separaban de Bettina Jarach, la líder de los Verdes y su compañera de la coalición saliente.

La situación podía haber sido incluso peor para Giffey. Wegner, presumiblemente el nuevo alcalde, tenía ante sí la posibilidad de elegir al partido de Jarach como socio, con el que mantuvo algunos contactos de sondeo entre elogios mutuos al espíritu constructivo.

Giffey, ministra de la Familia en la cuarta legislatura de la conservadora Angela Merkel y representante del ala más centrista del SPD, optó por abrazar la gran coalición. Perderá el puesto de alcaldesa, pero asegura para su partido la posición de socio de Gobierno. Quedan fuera los Verdes y la Izquierda, partido en lucha por su supervivencia, ya que a escala federal está en la cuerda floja del 5 %, el mínimo para obtener escaños.

El “Land” de Berlín ha estado gobernado durante más de veinte años por alcaldes socialdemócratas. En rigor, a Giffey no se la podía responsabilizar del caos que obligó a repetir los comicios de 2021. Era la candidata del partido, sin cargos en la ciudad-estado, y su propósito era suceder a su correligionario Michael Müller.

Sin embargo, se la identifica con una mala gestión aparentemente endémica del “Land”, cuyo más reciente exponente fue la incapacidad para organizar unas elecciones en la capital de la primera potencia europea.

lunes, 13 de febrero de 2023

Giffey, la alcaldesa efímera

Berlín castiga els socialdemòcrates de Scholz

Berlín va tor­nar ahir a les urnes, un any i mig després d’unes elec­ci­ons regi­o­nals, muni­ci­pals i gene­rals que van aca­bar en caos enmig d’un munt de pro­ble­mes logístics. El Tri­bu­nal Cons­ti­tu­ci­o­nal va deci­dir que calia repe­tir-les per les irre­gu­la­ri­tats detec­ta­des en uns dos-cents col·legis elec­to­rals. I el vot de càstig va ser per als soci­al­demòcra­tes del can­ce­ller Olaf Scholz. No és que la culpa del des­ga­vell fos de l’alcal­dessa, la soci­al­demòcrata Fran­ziska Gif­fey, que ales­ho­res va pujar al càrrec. Però és clar que el ciu­tadà ber­linès no con­fia ja en el par­tit que ha lide­rat tots els governs de la capi­tal des del 2001.

La victòria va ser per a Kai Weg­ner, de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU), que va obte­nir el 28% dels vots –deu punts més que el 2021, segons les pro­jec­ci­ons de vot de les vuit del ves­pre–, men­tre que el Par­tit Soci­al­demòcrata (SPD) es va ensor­rar a un 18,2% –uns tres punts per sota d’ales­ho­res.

Gif­fey, a més, ha que­dat una o dues dècimes per sota dels Verds de Bet­tina Jarasch. Matemàtica­ment, és pos­si­ble una ree­dició del tri­par­tit actual entre soci­al­demòcra­tes, els Verds i l’Esquerra –amb un 12,8 %. Però pot­ser no sota lide­ratge de Gif­fey, sinó de l’eco­lo­gista Jarasch.

Ahir al ves­pre, els per­cen­tat­ges eren encara massa volàtils perquè ningú no cantés victòria. Weg­ner neces­sita un soci, que tant poden ser els verds com els soci­al­demòcra­tes. Però, si Jarasch té una opció per donar l’alcal­dia de la capi­tal als Verds, ho inten­tarà.

Men­tres­tant, la història de les elec­ci­ons caòtiques del 2021 con­ti­nua aver­go­nyint els ber­li­ne­sos. En temps de l’alcalde soci­al­demòcrata Klaus Wowe­reit, que va gover­nar entre el 2001 i el 2014, encara feia certa gràcia la seva frase apli­cada a l’estat de Berlín “pobre, però sexy”. Ales­ho­res, encara es podia jugar amb la imatge de capi­tal dife­rent, alter­na­tiva i sense pre­ten­si­ons. Ara, a la fama de ciu­tat bruta, inse­gura i amb una pre­ca­ri­e­tat crei­xent, s’hi ha afe­git la inca­pa­ci­tat d’orga­nit­zar unes elec­ci­ons, per increïble que sem­bli en la capi­tal d’una potència euro­pea.

martes, 28 de septiembre de 2021

Los tres podios de Olaf


Alemanya busca canceller per a l’era post-Merkel



Res en el ros­tre o les parau­les d’Olaf Scholz indi­cava eufòria, mal­grat que el seu Par­tit Soci­al­demòcrata (SPD) va ser final­ment el més votat –i amb un marge més digne del que sem­blava– i mal­grat que, a més de les elec­ci­ons gene­rals, s’havia apun­tat la victòria en la lluita per l’alcal­dia de la ciu­tat estat i capi­tal, Berlín, i també al land de Meck­len­burg-Pomerània Occi­den­tal, les altres dues con­vo­catòries a les urnes de diu­menge.

La Willy-Brandt-Haus, la seu del par­tit, era plena a ves­sar d’equips de tele­visió, premsa escrita i “aplau­di­dors” en repre­sen­tació de la militància. Però Scholz, amb fama d’avor­rit i sense que sem­bli que això el pre­o­cupi, es va limi­tar a insis­tir en la seva volun­tat de ser el següent can­ce­ller, i el propòsit és acon­se­guir-ho amb Els Verds i els libe­rals com a socis.

L’endemà de les elec­ci­ons es va escam­par el rumor que el seu rival con­ser­va­dor, Armin Lasc­het, es des­di­ria de la seva pre­tensió de ser ell el can­ce­ller. L’avan­tatge de l’SPD no és insu­pe­ra­ble –25,7% per als de Scholz ver­sus 24,1% per als de Lasc­het–. La situ­ació psi­cològica sí que és, però, molt dife­rent. Els soci­al­demòcra­tes han tren­cat la tendència a la baixa i tor­nen a gua­nyar elec­ci­ons.

Els con­ser­va­dors han cai­gut a mínims històrics, fet que no es pot atri­buir només a una mala gestió o imatge de Lasc­het. Aquest rècord a la baixa a escala fede­ral va pre­ce­dit dels que va regis­trar al març en els comi­cis regi­o­nals de Renània-Pala­ti­nat i Baden-Württem­berg, a l’oest i al sud del país. Scholz és el favo­rit. Però pre­ci­sa­ment la feblesa en què ha que­dat Lasc­het és el que porta aquest líder tren­cat a pre­sen­tar resistència. Des de Bavi­era es van sen­tir ahir les pri­me­res veus que dema­na­ven el cap de Lasc­het. La Unió Soci­al­cris­ti­ana bava­resa (CSU), el par­tit ager­ma­nat de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU) de Lasc­het, es tor­nava a com­por­tar com un rival.

Però el can­di­dat con­ser­va­dor no es va fer enrere. Men­tre no aban­doni la lluita per la can­ce­lle­ria, con­ti­nua dem­peus. I Lasc­het acos­tuma a sor­tir-se amb la seva, com va demos­trar en impo­sar-se al bavarès Markus Söder en la lluita per la desig­nació com a can­di­dat. Els par­tits grans, cada cop més petits, recla­men aquesta mena de dret natu­ral a ser el següent can­ce­ller.

Des dels petits, cada cop més enva­len­tits, ja es tre­ba­lla pen­sant en la futura con­dició de socis de govern. Els Verds, amb un 14,8%, el seu màxim històric, i el Par­tit Libe­ral (FDP), esta­bi­lit­zat en un 11,5%, volen començar a par­lar entre ells per mirar amb qui els interessa anar. Una situ­ació inversa a la tra­di­ci­o­nal, en què són els ano­me­nats majo­ri­ta­ris els que van a bus­car els ali­ats que neces­si­ten.

“Semàfor” o “Jamaica”

La pri­mera opció, des del punt de vista matemàtic, és l’ano­me­nada coa­lició “semàfor” –ver­mell, groc i verd–, els colors iden­ti­fi­ca­tius de l’SPD, l’FDP i els eco­lo­gis­tes. La segona seria la bate­jada com a “Jamaica” –negre, groc i verd–, els colors de la ban­dera d’aquest país i de la CDU-CSU, libe­rals i eco­lo­gis­tes. Tot­hom sap que, si tot falla, queda la “groko” –Grosse Koa­li­tion, ‘gran coa­lició’–. Però ningú no en vol ni sen­tir a par­lar. De moment.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Poniendo orden

Alemania reestructura su tablero político mientras busca el nuevo canciller

Gemma Casadevall





Berlín, 27 sep (EFE).- El resultado electoral en Alemania ha alterado el tablero del país de mayor peso político y demográfico de Europa, al que compete ahora reflexionar sobre su liderazgo tras el periodo bajo el signo del consenso de una Angela Merkel en retirada.
El puntal de la política exterior alemana sigue siendo la fidelidad "a una Europa fuerte" y las "buenas relaciones transatlánticas", indicó hoy el socialdemócrata, Olaf Scholz, sin cantar aún victoria.
Su Partido Socialdemócrata (SPD) fue la fuerza más votada, con un 25,7 %, y además subió 5,2 puntos respecto a 2017. Pero su ventaja es en términos porcentuales discreta, ya que el bloque conservador CDU-CSU de Armin Laschet se quedó en el 24,1 %.
Mientras Scholz lidera un partido en repentino ascenso, a Laschet le ocurre lo contrario. Su bloque cayó 8,9 puntos respecto a 2017, hasta quedar en un porcentaje inimaginable en la formación de Konrad Adenauer, Helmut Kohl o Merkel.
Ni de Scholz ni de Laschet se esperan giros respecto a las líneas maestras de la política exterior marcadas desde Adenauer. Pero si algo más de visión o ambición, tras el liderazgo de pasos cortos y consenso de Merkel.
 
UN SPD QUE SALE DE MÍNIMOS

Scholz representa el ascenso tras dos décadas de ir de un récord a la baja al siguiente. El candidato y aspirante a canciller evita todo signo triunfalista, inclusive en este día después de una noche electoral que empezó en empate y acabó en despegue.
Ello responde no solo a su carácter -se le suele tachar de aburrido-, sino a la prudencia tal vez adquirida en sus cuatro años de vicecanciller junto a la cautelosa Merkel.
El SPD podía festejar este lunes su resultado en las generales, además de su victoria en las regionales celebradas también ayer en Berlín y en el "Land" de Mecklenburgo-Antepomerania (este).
Scholz podría convertirse en el noveno canciller de la República Federal de Alemania (RFA); Berlín tendrá su primera alcaldesa, la socialdemócrata Franziska Giffey, y en el "land" del este fue reelegida con un 40 % su correligionaria Manuela Schweig. Pero el cambio de registro hacia la euforia aún deberá esperar.

HORAS AMARGAS CONSERVADORAS

Laschet arrastró a su partido al peor resultado de su historia. Pero no todo puede atribuirse a la designación como candidato de un líder poco convincente.
De la sucesión ordenada que quiso organizar Merkel al anunciar su retirada, en 2018, se pasó un primer fracaso de la "elegida" -la leal Annegret Kramp-Karrenbauer, incapaz de ejercer como líder- y luego a una pelea de gallos entre sus alas centrista y derechista.
La CSU bávara pasó de dudar de Laschet a aparentar que cerraba filas en torno al candidato. Merkel, de querer mantenerse neutral a entrar en el último momento en campaña para evitar el hundimiento.
El año electoral alemán había empezado mal para la CDU en los "Länder" de Renania Palatinado y Baden-Württemberg. Laschet llevaba apenas dos meses al frente de la CDU.

VERDES Y LIBERALES, NI TAN LEJOS

El día después amaneció con Scholz y Laschet disputándose la cancillería y los Verdes y el Partido Liberal (FDP) convertidos en piezas claves de ambos para lograrlo. De rivales, en tanto que respectivos aliados "naturales" del SPD o la CDU/CSU, pasaron a buscar caminos de acercamiento por cuenta propia.
Los Verdes sacaron su máximo histórico -un 14,8-, pero por debajo de las expectativas de marzo, cuando los sondeos colocaron a Annalena Baerbock rumbo a la Cancillería.
Baerbock y el copresidente del partido, Robert Habeck, representan a la línea pragmática de los verdes. La ausencia del ala más izquierdista facilitará el diálogo con el partido apodado "de los sueldos altos", por su cercanía con el mundo empresarial.

LA ULTRADERECHA, ESTANCADA Y PELIGROSA

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) quedó en un 10,3 %, dos puntos menos que en 2017, cuando se convirtieron en la primera fuerza de su espectro con escaños en el Bundestag.
Están descartados como socios en cualquier coalición. Pero sigue siendo un partido efervescente en el este del país, en dos de cuyos estados -Turingia y Sajonia- defendieron su posición de primera fuerza, por encima del 20 %.

LA IZQUIERDA, SALVADA IN EXTREMIS

El único partido que aceptó de forma totalmente sincera su derrota fue La Izquierda, que se habría quedado fuera del Parlamento con un 4,9, de no ser por las tres victorias de distritos que le dan acceso a la cámara incluso quedando por debajo del mínimo del 5 %.
"Es un golpe muy duro. Hubo factores externos, pero tenemos que replantearnos el futuro", afirmó Janine Wissler, candidata y líder del partido.
Por "factores externos" se refería a la campaña desde la CDU/CSU contra un hipotético tripartito con SPD y Verdes, ya que Scholz no descartó lo que para los conservadores era "un peligroso componente postcomunista" al frente a la primera potencia europa. EFE
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