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miércoles, 3 de junio de 2026

Con Fabian en Dahlem Dorf

Fabian Scheidler, filósofo alemán: "Israel no podría cometer sus crímenes sin el apoyo de EEUU y Alemania"




El escritor y filósofo alemán Fabian Scheidler, en una imagen cedida. WWW.FABIANSCHEIDLER.COM

 Gemma Casadevall    Berlín03 JUN 2026 

Occidente ha entrado en una "lógica de la guerra" permanente en la que incentiva los conflictos y genera nuevos enemigos internos o externos: esta es la tesis del escritor, dramaturgo y filósofo alemán Fabian Scheidler (Bochum, 1968). El estado de guerra y la lucha por un nuevo orden de paz es el título de su último libro, editado en España por Icaria. Sigue la línea emprendida por El fin de la megamáquina. Historia de una civilización en vías de colapso, pero se centra ahora en las falsas respuestas de Occidente a crisis como la del covid o las guerras en Ucrania y Gaza. Es especialmente crítico ante el apoyo incondicional de Alemania a Israel, sustentado en su responsabilidad histórica tras el Holocausto nazi, pero que ha convertido a su país en un apoyo al "genocidio" en Gaza.

No es fácil en Alemania mantener posiciones como la suya sin verse confrontado con acusaciones de antisemitismo.

En mi libro documento cómo el Gobierno alemán reaccionó a los ataques del 7 de octubre de 2023. Con un apoyo incondicional hacia Israel, a pesar de que pocos días después estuvo claro que Israel estaba vulnerando masivamente el derecho internacional. La entonces ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, justificó que se bombardearan hospitales y escuelas de Gaza porque supuestamente Hamás se escondía ahí. Ello va directamente contra la Convención de Ginebra, que obliga a proteger activamente a la población civil. Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch y demás grandes organizaciones humanitarias concluyeron que se estaba cometiendo un genocidio. Y, sin embargo, Alemania mantiene ese apoyo a Israel. Es un escándalo inmenso que precisamente Alemania apoye ahora otro genocidio.

El Ejecutivo actual ha matizado su posición. Bajo el canciller Friedrich Merz, en agosto de 2025 se dictó un embargo temporal de armas susceptibles de ser utilizadas en Gaza. También ha criticado la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania. ¿Teme el Gobierno de Merz quedar aislado?


Cuando viajan por el mundo, nuestro canciller y su ministro de Exteriores, Johann Wadephul, notan el viento en contra. Por eso han retrocedido retóricamente en su apoyo a Israel. Pero en lo material, en lo que concierne a ventas de armas y apoyo, la posición no ha cambiado. Israel no podría cometer sus crímenes sin sus aliados occidentales. Y, junto con Estados Unidos, Alemania es el principal apoyo de Israel. Para poner fin a ese genocidio hay que poner fin a la venta de armas a Israel.

En España hay un claro posicionamiento desde el Gobierno de Pedro Sánchez en favor de Palestina.

En Alemania la situación es muy distinta. Tenemos a un encargado especial del Gobierno contra el antisemitismo, Felix Klein. Desde su perspectiva, cualquier crítica a Israel implica antisemitismo. La Asociación Internacional de Investigadores del Genocidio, entre otros, califican las acciones de Israel como genocidio. Pero Klein tacha esta afirmación de antisemita.

Lo que es especialmente complejo en eventos internacionales. En la Berlinale se vivió una situación que rozó lo grotesco. Primero se criticó al festival por supuestamente "silenciar" lo que ocurre en Gaza para acabar pidiendo la dimisión de su directora, Tricia Tuttle, por posar junto a una bandera palestina. ¿Sufre Usted presiones parecidas?

Yo, afortunadamente, sigo con mi trabajo sin restricciones. Pero hay muchos casos de masivas restricciones no solo de la libertad de opinión, sino incluso de los derechos fundamentales. A petición del gobierno alemán, el Consejo Europeo ha bloqueado las cuentas del periodista crítico hacia Israel Hüseyun Dogru, a pesar de que no ha cometido ningún delito. No ha habido audiencia ni proceso, un hecho sin precedentes. O lo que le ocurrió a Francesca Albanese (Relatora de la ONU para los territorios palestinos), a la que se prohibió hablar en la Universidad Libre de Berlín por intervención del alcalde, Kai Wegner. La Universidad obedeció.



Fabian Scheidler, durante una conferencia. / GUENThER GIESE

¿Por qué es tan difícil diferenciar en Alemania la crítica a Israel del antisemitismo?


Hay dos razones. Una es la sumisión de la política alemana a Estados Unidos. Desde hace mucho no tenemos una política exterior independiente. La hubo bajo el canciller Willy Brandt (1969-1974) y, parcialmente, se mantuvo bajo Helmut Kohl (1982-1998). La otra razón es Israel y la falsa interpretación de cómo afrontar el pasado alemán. En mi opinión, la lección del Holocausto debería ser actuar frente a toda vulneración del derecho internacional, independientemente de quién la cometa o contra quién se dirija. Lo que vivimos es exactamente lo contrario. Un Gobierno alemán que apoya incondicionalmente a Israel, incluso cuando el Gobierno actual israelí tiene a reconocidos ultraderechistas. Pueden matar a decenas de miles de civiles y les seguimos apoyando. Esto, en mi opinión, es una absurda dislocación de las lecciones del Holocausto.

En su libro es especialmente crítico hacia Baerbock como ministra de Exteriores y califica a su partido, los Verdes, como el motor de la militarización alemana. ¿Habría sido distinta la reacción alemana tras el 7 de octubre con otro partido al frente de Exteriores?


No, tenemos un giro hacia el militarismo en casi todos los partidos. En La Izquierda ese giro es solo a medias, pero en el resto es total. En los Verdes es especialmente trágico por sus orígenes antimilitaristas. Hubo ya una ruptura con esa tradición con Joshka Fischer como ministro de Exteriores (1998-2005).

¿Le parece peligroso que la ultraderechista Alternativa para Alemania acabe siendo, como apuntan los sondeos, primera fuerza en el Parlamento o que incluso pase a sus manos el rearme, en el que tanto dinero invertimos?

Eso sería obviamente mucho peor. La AfD es un partido militarista, fue el primero que respaldó plenamente el objetivo de destinar un 5% del PIB al gasto en Defensa, aunque ahora prácticamente todos los partidos lo siguen. Hay un consenso en el ámbito político de Alemania en torno al militarismo.

miércoles, 8 de mayo de 2024

Weimar, cuna de casi todo

¿Fue nazi la Bauhaus? Una exposición en Weimar descubre a sus siniestros "colaboradores"



Varios detalles de la exposición sobre la Bauhaus y el nazismo, entre ellos la verja de un campo de concentración con la frase "Jedem das Seine", a cada uno lo suyo. / EPC
Gemma Casadevall

La Bauhaus, el movimiento artístico y arquitectónico alemán identificado con la vanguardia y la modernidad al que Adolf Hitler obligó al exilio o la deportación, tuvo también sus “colaboradores” e incluso cómplices entusiastas del nazismo. Una exposición que este miércoles se inaugura en Weimar, cuna de la escuela, revela los vínculos de ciertos alumnos que optaron por seguir en el Tercer Reich, mientras maestros como Josef Albers, Walter Gropius, László Moholy-Nagy y Ludwig Mies van der Rohe emigraban a Estados Unidos.

“El camino a seguir tras el desmantelamiento de la escuela, en 1933, no fue igual para todos. Está bien documentada la vida de quienes se exiliaron. También la de quienes fueron deportados y murieron en Auschwitz. Pero durante años se supo poco de quienes colaboraron o trabajaron en el diseño de las llamadas ‘bañeras’ del campo de concentración, en realidad crematorios”, a EL PERIÓDICO la profesora Anke Blümm, comisaria de la exposición “Bauhaus y el nacionalsocialismo”.

Son, en realidad, tres muestras -”Batalla política en torno a Bauhaus, 1919-1933”, “Proscritos, confiscados, adaptados 1930/1937” y “Existencias vitales en la dictadura, 1933-1945”-, repartidas en tres edificios, Neues Museum, Bauhaus Museum y Schiller Museum. “En Weimar no hay un espacio suficiente para tanto material, así que decidimos repartirlos en tres”, argumenta Blümm. En total reúnen 450 piezas, muchas de ellas cedidas por museos europeos y de Estados Unidos, correspondientes a una escuela que revolucionó la arquitectura, el diseño y las artes plásticas.

A través de la realidad virtual se recrea la legendaria exposición sobre la escuela inaugurada en el MoMA de Nueva York de 1938. Pero también se reflexiona sobre aquello que se obvió hasta ahora, como es el colaboracionismo de sus alumnos con el nazismo.

“La mejor manera de hacerse una idea de la dimensión de lo que ocurrió está en la estadística. De los 1.400 alumnos que tuvo la escuela, hasta que la desmanteló el nazismo, 900 siguieron en Alemania. Y, de estos, 188 ingresaron como militantes en el partido nazi, el NSDAP”, prosigue la comisaria. Algunos lo harían por supervivencia o por creer que adaptarse era el único camino para evitar la inhabilitación profesional. “Nadie estaba obligado a ingresar en el partido”, advierte Blümm, quien recuerda que hubo quien, como el escultor Heinrich Basedow, había ingresado ya como militante en 1930.

“Hay muchas circunstancias distintas en ese grupo de los 900 que siguieron en el país”, concede la comisaria. Estarían quienes no emigraron porque su situación familiar o económica no se lo permitía o porque no tenían los contactos necesarios en Estados Unidos u otras partes del mundo. Pero también existieron los “fanáticos entusiastas” de Hitler y el movimiento de masas que arrastró al delirio colectivo. Y también alumnos como el austríaco Fritz Ertl, quien diseñó las falsas bañeras de Auschwitz, el campo de exterminio en que murieron varios de sus antiguos compañeros.

“Fue un grupo muy heterogéneo”, insiste Blüm, investigadora de la Fundación Klassik Weimar, quien ha compartido el comisariado de la exposición con la profesora Elizabeth Otto, de la Universidad de Buffalo (Estados Unidos, y con el profesor Patrick Rössler, de la Universidad de Erfurt (Alemania).

Sus trabajos arrancan de los estudios preliminares iniciados en 2009, durante el 90 aniversario de la Bauhaus, y ampliados en 2019, con su centenario. En Weimar se celebraron seminarios centrados en los vínculos con el nacionalsocialismo. La de ahora es la primera exposición que brinda la posibilidad de “entender esa otra perspectiva, menos favorecedora y más crítica”, en palabras de Blüm. Es decir, fuera del ámbito académico y abierta al visitante común.

Weimar, cuna de la escuela y ciudad amada por Hitler

La elección de Weimar no es causal. No solo por ser la ciudad donde se instaló la república de entreguerras de ese nombre, de 1919 a 1933 o por ser ahí donde Walter Gropius fundó su escuela Bauhaus. La fundación Klassik Weimar lleva a cabo una intensa labor para estudiar con perspectiva crítica el pasado de una ciudad que, recuerda Blüm, “fascinó a Hitler”, huésped habitual del mítico Hotel Elephant.

La situación actual preocupa a Blüm, habitante de Weimar. La ciudad pertenece al “Land” de Turingia, donde la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) podría convertirse en primera fuerza en laseleccioness regionales del próximo septiembre. Su líder es Björn Höcke, cabecilla de su ala más radical, al que actualmente se juzga por usar en público consignas nazis. “Es estremecedor”, resume la profesora, sobre la disposición de tantos electores a darle el voto a ese partido, en una ciudad y un “Land” donde sigue tan presente a dónde condujo el nazismo.

A la inauguración seguirá la apertura al público el jueves, día 8 de mayo, en que en Alemania se conmemora la Capitulación del Tercer Reich o Día de la Liberación del nazismo. También ese día se abre un nuevo museo sobre los 20 millones de trabajadores forzosos que tuvo el nazismo, adscrito al centro de documentación del que fue el campo de concentración de Buchenwald, en las afueras de Weimar.

miércoles, 18 de octubre de 2023

Desde la Buchmesse

El peso de la culpa silencia en Alemania el sufrimiento de Gaza



Gemma Casadevall


Mientras Olaf Scholz ratificaba este martes en Tel Aviv que el derecho a la defensa de Israel es "razón de Estado" para Alemania, en Frankfurt derivaba en escándalo la intervención del filósofo esloveno Slavoj Zizek en la Buchmesse, la Feria Internacional del Libro en esta ciudad. Había abierto su discurso denunciando "sin paliativos" la "barbarie terrorista de Hamás". Pero luego consideró que debía "analizarse" qué había generado el conflicto y cuál era la situación de los palestinos en Gaza. Aludió asimismo a que hasta entonces –es decir, en la casi hora y media de ceremonia ya transcurrida- los oradores habían expresado reiteradamente su solidaridad con Israel y condenado a Hamás, pero solo una persona había pronunciado en una ocasión la palabra "palestino". Fue Natasia Pirc Musar, presidenta de Eslovenia, país invitado este año a la Buchmesse.

Entre el auditorio se extendió el estupor, el nerviosismo y las protestas, mezcladas con aplausos. Algunos asistentes abandonaron la ceremonia -incluido el alcalde de Frankfurt, Mike Josef- y el comisionado del estado de Hesse contra el Antisemitismo, Uwe Becker, increpó al filósofo sobre el escenario. De poco le sirvió a Zizek negar que estuviera "relativizando" el terror de Hamás. Terminó a duras penas su discurso y fue apartado cortésmente, pero con determinación, del escenario por el presidente de la Buchmesse, Jürgen Boos.

Del apoyo de Scholz al traspiés de Von der Leyen


Cuesta imaginar qué hubiera pasado si a la ceremonia hubiera asistido, como estaba previsto, el canciller Scholz. El líder alemán canceló a última hora su visita a Frankfurt para acudir a Tel Aviv y expresar al primer ministro, Binyamín Netanhayu, su plena solidaridad. Se avanzó así al presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Las palabras del canciller socialdemócrata en Tel Aviv iban en dirección parecida a las pronunciadas unos días antes por la presidenta de la Comisión Europea (CE), la también alemana pero conservadora Ursula von der Leyen. A esta le vino luego el chaparrón de críticas de sus socios europeos, que le recordaron que no le corresponde marcar la línea de la política exterior comunitaria.

Que el derecho a la defensa de Israel es "razón de Estado" es un pilar inamovible para la clase política germana desde la fundación de la República Federal de Alemania (RFA), tras la Segunda Guerra Mundial. Responde al sentido de la responsabilidad del país del que partió el Holocausto y que bajo el nazismo asesinó a seis millones de judíos. Para la Alemania del presente es motivo de orgullo que, pese al horror, persista una comunidad judía en el país integrada por unos 100.000 miembros. Pero asiste con pánico no solo al aumento de ataques antisemitas o al auge de la ultraderecha, sino también todo lo que pueda percibirse como antisemitismo, incluidas las críticas a Netanyahu.

Scholz no solo se entrevistó en Tel Aviv con el líder israelí. También se reunió con familiares de alemanes secuestrados por Hamás. Son, en su mayoría, ciudadanos israelíes que tiene la doble nacionalidad germana por ser la de sus progenitores. Entre ellos se encuentra Shani Louk, la joven influencer a la que exhibieron como un trofeo de guerra sus captores.

El tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Scholz, junto con la oposición conservadora, emitieron entonces un comunicado conjunto condenando a Hamás. Se han prohibido las manifestaciones de "apoyo" a Palestina, por considerar que acaban degenerando en concentraciones para "festejar" a Hamás. El martes, mientras en Frankfurt se inauguraba la Buchmesse, en Berlín las fuerzas antidisturbios tenían que acordonar el monumento a las víctimas del Holocausto, donde se habían concentrado manifestantes propalestinos.

Seis millones de musulmanes

No es solo nerviosismo, sino pánico lo que se respira entre la clase política y fuerzas de seguridad de Alemania. En el país viven seis millones de musulmanes. Es muy alta la posibilidad de que la situación se crispe ante masacres como las del hospital de Gaza, independientemente de que se verifiquen o no responsabilidades.

Entre el enaltecimiento de Hamás y las expresiones de solidaridad hacia las víctimas palestinas puede haber abismos. Pero ni en los discursos políticos ni en los medios de comunicación hay apenas espacio para estos últimos, mientras se tiende a sobreactuar la solidaridad hacia Israel.

El silencio alemán en torno a los gazatíes había empezado a sentirse incluso antes de la apertura de la feria del libro, que este año cumple su 75 aniversario. De pronto se retiró de programa la entrega del galardón LiBeraturpreis a la escritora palestina Adania Shibli, autora de la novela 'Un detalle menor'. Su libro parte de una violación en grupo por parte de soldados israelíes a una joven palestina, a la que matan y entierran en el desierto. A la suspensión del premio siguió una carta de protesta contra esa decisión firmada por 600 escritores, entre ellos los premios Nobel Abdulrazak Gurnah, Annie Ernaux y Olga Tokarczuk.

domingo, 8 de octubre de 2023

Trofeo de guerra

Quién es Shani Louk, la joven alemana humillada por Hamás



Shani Louk, la joven alemana del festival en Israel que Hamás mató /@SHANUKKK

Gemma Casadevall


Hamás sorprendió a Israel en la madrugada de este pasado sábado con un ataque sorpresa desde la Franja de Gaza después de muchas semanas de tensión - y tiroteos- en la frontera. Cientos de muertos y más de mil heridos son la consecuencia de los más de 2.000 mísiles lanzados y del secuestro de civiles, entre los que se encontraba Shani Louk, una ciudadana alemana que había acudido a un festival de música por la paz.

La organización palestina yihadista difundió un vídeo del secuestro, en el que se observaba la humillación y la violencia a la que habían sometido a los civiles secuestrados. Exhibieron el cuerpo de Shani, una 'influencer' alemana como un trofeo de la barbarie. Aparecía tumbada, semidesnuda, rodeada de varios hombres armados, uno de los cuales escupe sobre ella. Su familia la pudo identificar por los tatuajes y las rastas que caracterizan a esta joven de 22 años.

La madre publicó, en su momento, un vídeo en redes sociales en el que pedía ayuda para encontrar a su hija. La familia se aferraba a la posibilidad de que Shani no estuvieramuerta, y que en el vídeo solamente estuviera inconsciente. "Nos enviaron un vídeo en el que se podía ver claramente a nuestra hija inconsciente en el coche con los palestinos y ellos conduciendo por la Franja de Gaza. Les pido que nos envíen cualquier ayuda o cualquier novedad. Muchas gracias", explica.

Este martes, la mujer ha anunciado que Shani habría sido hallada con vida, aunque con una lesión en la cabeza y que su estado es "crítico", según informa el periódico Tagesschau. Fuentes palestinas habrían informado a sus familiares que la joven se encuentra en un hospital de Gaza.

"Ahora tenemos pruebas de que Shani está viva, pero sufre una grave lesión en la cabeza y se encuentra en estado crítico. Cada minuto es crucial", ha dicho Ricarda Louk.

Son muchos los jóvenes desaparecidos que habían acudido al festival por la paz. Los soldados irrumpieron con armas y cohetes en el sur de Israel y secuestraron a decenas de ellos, a los que después exhibieron en el vídeo. Según medios

La difusión de las imágenes ha causado gran conmoción en Alemania. El canciller Olaf Scholz, en una comparecencia ante los medios, no mencionó el caso de la joven, pero condenó con toda rotundidad los secuestros de civiles, israelíes o de otras nacionalidades por parte de Hamas. "Nada, nada en absoluto puede justificar esa brutalidad", afirmó. Scholz advirtió asimismo que se actuará con toda contundencia contra cualquier manifestación de apoyo al terrorismo de Hamas, en alusión a algunas concentraciones que se han desarrollado en Berlín y otras partes del país, en algunas de las cuales se festejó a Hamas y se profirieron consignas antisemitas. La ministra de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock, recordó asimismo el compromiso de Alemania con el derecho del Estado de Israel a defenderse.
Temas

sábado, 28 de enero de 2017

Höcke, ese hombre



Alemanya veta la ultradreta en el Dia de l'Holocaust


viernes, 17 de junio de 2016

Justicia en silla de ruedas


Alemania muestra que el Holocausto no prescribe y condena a un nonagenario

Gemma Casadevall


Reinhold Hanning (2-R) arrives for another day of his trial in Detmold, Germany (29 April 2016)


Detmold (Alemania), 17 jun (EFE).- La Justicia alemana quiso demostrar hoy que los crímenes del Holocausto no prescriben, incluso aunque no conste una participación directa en los asesinatos del nazismo, al condenar a cinco años de cárcel al miembro de las SS Reinhold Hanning, de 94 años. 
"Usted, señor Hanning, fue partícipe de la fábrica de la muerte que fue Auschwitz. No importa si estuvo o no junto a la rampa de la muerte donde se seleccionaba a quien iba a la cámara de gas. En los dos meses y medio que sirvió ahí tuvo que saber lo que ocurría ahí dentro", sentenció la juez Anke Grudda, tras dictar su condena. 
Auschwitz fue el mayor y más mortífero campo de exterminio nazi, donde fueron asesinados 1,1 millones de personas, "hombres, mujeres y niños", en su mayoría judíos, pero también homosexuales, gitanos y presos políticos, recordó la letrada. 
Nadie que sirviera ahí puede sostener no haber visto sus cámaras de gas -"aunque no las accionase"- o sus crematorios, ni tampoco no haber visto morir en ellos, o de hambre o enfermedad, a sus confinados, añadió. 
Fue una argumentación demoledora, de casi una hora de duración, leída en tono suave, pero firme, en que la juez de la Audiencia de Detmold (centro) insistió en que a Hanning no se le condenaba como parte de un colectivo, sino por su culpa individual en el Holocausto. 
A Hanning, con 23 años cuando entró a servir a Auschwitz, se le declaró así culpable de complicidad en la muerte de los 170.000 presos asesinados en ese campo de exterminio entre enero de 1943 y junio de 1943, el periodo en que trabajó ahí como guardia. 
Tal vez cuando llegó a ese lugar no sabía de la "solución final" orquestada por el Tercer Reich. Una vez dentro, no solo no pidió el traslado -como podría haber hecho, dijo la juez-, sino que fue ascendido repetidamente "en reconocimiento a su eficiencia". 
Hanning, en silla de ruedas, como durante las veinte vistas que ha durado su proceso, escuchó la sentencia aparentemente impertérrito. Esa fue su tónica de conducta siempre, con excepción de una vista, en abril, cuando reconoció su "vergüenza" por no haber intervenido ante el horror de lo que veía. 
La juez admitió como atenuantes su avanzada edad, el tiempo transcurrido desde los hechos -más de 70 años- y también el arrepentimiento demostrado ante los supervivientes y familiares de víctimas que formaban la acusación particular. 
"Sólo usted puede saber si era o no un arrepentimiento sincero", prosiguió Grudda, quien deseó al procesado "que al menos esta sentencia no le deje impasible". 
El proceso contra Hanning ha sido un exponente de justicia tardía, recordó también la juez, en un país que durante décadas "no quiso mirar de frente los crímenes del nazismo". 
Entre 1963 y 1965, la iniciativa de un fiscal, Fritz Bauer, hizo posibles los llamados procesos de Auschwitz, donde por primera vez la justicia alemana -y no la aliada, como en Nuremberg, tras la caída del nazismo- juzgaba a criminales nazis. 
Hubo que esperar hasta 2011, y tras el aparatoso proceso de extradición de EEUU del ucraniano John Demjanjuk, para que se sentara el siguiente precedente y se condenara a ese antiguo guardia voluntario por complicidad en 28.000 asesinatos de otro campo en la Polonia ocupada, el de Sobibor. 
"No creo que entre en la cárcel. Pero eso no importa. Estoy aliviado aunque sea una condena simbólica", comentaba a Efe Leon Schwarzbaum, superviviente de Auschwitz y parte de la acusación particular contra Hanning, de 95 años. 
Hanning dejó pasar la oportunidad de "explicar lo que hizo", reprochó Schwarzbaum, quien reconoció que habría querido escuchar de su boca "el reconocimiento de sus crímenes", no solo la vergüenza. 
Por parte del procesado, su abogado Andreas Scharmer dijo no tener decidido si presentará recurso: "hay que esperar a ver la sentencia por escrito para estudiarla con detenimiento", explicó. 
"No, no me ha sorprendido", dijo, para añadir que, a su parecer, la juez no había tenido coraje para una absolución, como pidió la defensa, y se había contentado con mantenerse algo por debajo de la solicitud de la Fiscalía, que había reclamado seis años de prisión. 
Fuera de la Audiencia, Bernadette Gottschalk, de origen húngaro y asistente al proceso entre el público de a pie, consideró que con este juicio "Alemania ha puesto fin a décadas de letargo judicial". 
"Escuchar a los testigos y supervivientes me ha ayudado a recuperar la huella de mis abuelos, muertos en el Holocausto", dijo. EFE 
gc/ja 
(vídeo) (foto) (audio)

jueves, 16 de junio de 2016

El mal ante sus ojos


Un exnazi de 94 años espera sentencia por complicidad en Auschwitz

Gemma Casadevall

Berlín, 16 jun (EFE).- Un exmiembro de las SS hitlerianas, el nonagenario Reinhold Hanning, escuchará mañana su sentencia tras ser juzgado por complicidad en la muerte de 170.000 presos de Auschwitz, el campo de exterminio nazi en el que el procesado sirvió como guardia con 23 años. 
La fiscalía pide para el acusado seis años de cárcel; su defensa, la absolución, con el argumento de que ni participó directamente en esos asesinatos ni torturó y tampoco estuvo en la "rampa de la muerte" o selección de los presos destinados a la cámara de gas. 
"Me avergüenzo de haber visto pasar tanto mal ante mis ojos sin haber intervenido", dijo el procesado en un momento del juicio celebrado en la Audiencia de Detmold (centro del país) cuando rompió su silencio, el pasado abril, para leer una nota pidiendo perdón a las víctimas. 
A las palabras de Hanning, de 94 años y en silla de ruedas, siguió una larga explicación de su abogado, según el cual, pese a haber sido consciente -como todo aquel que sirvió en Auschwitz- del horror de esa maquinaria de la muerte, no participó de ella. 


El juicio de Detmold, una ciudad de 73.028 habitantes del "Land" de Baja Sajonia, es un nuevo exponente de justicia tardía, en el que la acusación particular y representantes de los colectivos de víctimas aspiran a una condena simbólica. 
Una absolución sería algo "macabro e indignante", en palabras del vicepresidente ejecutivo del Comité de Víctimas de Auschwitz, Christoph Heubner, ya que se trata "muy probablemente del último" juicio que pueda llevarse a cabo contra un exmiembro de las SS. 
Por ello también el representante de la acusación particular Leon Schwarzbaum, superviviente del Holocausto, instó al procesado a explicar la realidad de Auschwitz, puesto que pronto no quedarán ni víctimas ni responsables de esos crímenes para contarlo. 
Frente a las aspiraciones de justicia reparadora, la defensa presentó el perfil del joven que fue Hanning, 73 años atrás, cuando fue destinado a Auschwitz, donde sirvió de enero de 1943 a junio de 1944. 
Nacido en diciembre de 1921, entró en las Juventudes Hitlerianas con 16 años; primero luchó en Francia y luego en Ucrania, hasta que resultó herido y se le inhabilitó para volver al frente. 
Se le envió a Auschwitz, donde a diferencia de otros campos nazis -según su abogado- solo una mínima parte de sus 4.000 guardias servían directamente en la rampa de la muerte. 
Se estima que en el más mortífero campo nazi fueron asesinados 1,1 millones de personas, en su mayoría judíos, pero también homosexuales, gitanos y comunistas, incluidos mujeres, niños o ancianos, fuera en las cámaras de gas, de hambre o de enfermedad. 
El cargo de complicidad en 170.000 muertes corresponde a las que se calcula tuvieron lugar en el periodo en que sirvió ahí. 
El juicio contra Hanning quedó visto para sentencia el pasado sábado, después de que el procesado desestimara hacer una última declaración sobre los crímenes que se le imputan. 
Su juicio se inscribe en la serie de procesos impulsados por Alemania a raíz del caso del ucraniano John Demjanjuk, al que se extraditó desde EEUU en 2009 y que fue juzgado por complicidad en 28.000 asesinatos en Sobibor, asimismo en la Polonia ocupada. 
Demjanjuk fue condenado en 2011 a cinco años de cárcel, tras un proceso interrumpido en varias ocasiones por el estado de salud del acusado, que asistió a las vistas en camilla o silla de ruedas y que se mantuvo en silencio durante los casi dos años que duró el juicio. 
Murió diez meses después de escuchar sentencia en un asilo de ancianos, pero su caso creo jurisprudencia y posibilitó la apertura de otros sumarios por complicidad en el Holocausto. 
Los juicios siguientes han estado marcados por dificultades parecidas. Algunos acabaron sobreseídos, pero otros sí se cerraron con sentencias simbólicas para procesados nonagenarios que, en su mayoría, aseguraron no haber explicado nunca lo que vivieron ni a su esposa, menos aún a sus hijos o nietos. 
El año pasado, otro antiguo miembro de las SS, el llamado contable de Auschwitz, Oskar Gröning, de 94 años, fue condenado a cuatro años de cárcel por complicidad en 300.000 casos de asesinato. 
A diferencia de Demjanjuk, Gröning y Hanning sí hablaron para pedir a su manera perdón a las víctimas y explicaron -con su propia voz o a través de sus abogados- la realidad de Auschwitz. EFE 
gc/nl/ah

jueves, 16 de julio de 2015

Auschwitz no prescribe


Condemnen l'home que va portar els comptes de l'extermini a Auschwitz


Es pot ser el responsable de comissar béns, diners i equipatge de centenars de milers de deportats a Auschwitz, sense ser còmplice del que passava al més mortífer camp d'extermini nazi? Es pot considerar que no val la pena enviar a la presó un home de 94 anys, que entra al tribunal amb caminador i que probablement no sobreviurà a cap condemna?
El jutge Frank Kompisch, de l'Audiència de Lüneburg, al nord d'Alemanya, no va dubtar a declarar Oskar Gröning culpable de complicitat en les morts dels 300.000 jueus que, en uns quants mesos del 1944, van arribar deportats a Auschwitz i immediatament van morir a les cambres de gas, perquè no eren aptes per a ser emprats com treballadors forçosos per a la indústria “amiga” del nazisme.
Es va cloure així, amb una sentència merament simbòlica –la fiscalia ha d'avaluar ara si està en condicions d'ingressar a la presó–, un judici de menys de quatre mesos de durada que ha servit, si més no, per ensorrar teories negacionistes.
Gröning, l'home que va ingressar el 1941 a les SS voluntàriament, amb 20 anys, i va entrar a servir a Auschwitz dos anys després, no s'ha estat des que va arrencar el procés de demanar perdó a les seves víctimes. Ha detallat davant el grup dels supervivents o familiars en què consistia el seu treball i com funcionava la maquinària de la mort. I ha reviscut des dels experiments humans a què Josef Mengele sotmetia els seus presos fins a les operacions de selecció davant l'anomenada rampa de la mort.
“Vostè volia pertànyer a la tropa de les SS. Vostè va participar i va ser còmplice d'aquella maquinària”, li va dir, en argumentar la seva sentència, el jutge Kompisch. “Auschwitz va ser concebut íntegrament com a maquinària d'extermini. Qualsevol que hi contribuïa en formava part”, hi va afegir.
El penediment de Gröning o el seu esperit cooperador davant la justícia, 70 anys després de la fi del nazisme, no el van salvar de ser declarat culpable. La probabilitat que, per edat o malaltia, acabi no ingressant a la presó posa sobre la taula la pregunta de per què se'l processava ara i no vint, trenta o seixanta anys enrere.
Gröning no va fugir després de la derrota del Tercer Reich. Va passar una temporada en un camp d'internament britànic i després va refer la seva vida, com tants altres, en el seu cas de nou com a comptable, en una fàbrica alemanya. L'any 1977 se li va obrir sumari, però a mitjan vuitanta el seu cas es va tancar. Uns anys enrere fins i tot va parlar obertament de la seva feina a Auschwitz davant la BBC.
L'aixeta dels processaments per complicitat en els crims de guerra nazis la va obrir, el 2011, el judici contra l'ucraïnès John Demjanjuk. Va ser un judici molt diferent, marcat pel silenci obstinat d'aquest processat, que va concloure amb una altra condemna simbòlica –cinc anys– i la mort del processat, poc després, en un asil.
El cas de l'ucraïnès que de la situació de presoner dels nazis va passar a la de guarda voluntari d'altres confinats al camp de Sobibor va crear jurisprudència. A partir de la seva condemna ja es podien obrir amb perspectiva d'èxit judicis per complicitat, no per implicació directa, en les morts de l'Holocaust.
Ahir, tant la comunitat jueva d'Alemanya com el centre Simon Wiesenthal de Jerusalem elogiaven la sentència, no només pel seu caire de testimoni contra el negacionisme, sinó també per fidelitat al fonament de la justícia segons el qual l'assassinat no prescriu.

miércoles, 15 de julio de 2015

Condenado en taca-taca


Alemania condena al "contable de Auschwitz"

Gemma Casadevall




Berlín, 15 jul (EFE).- Alemania condenó hoy al llamado "contable de Auschwitz", el ex miembro de las SS hitlerianas Oskar Gröning, de 94 años, a cuatro años de cárcel por complicidad en la muerte de 300.000 judíos, una sentencia simbólica tras un proceso exponente de la justicia tardía contra los crímenes del nazismo.
La condena emitida por la Audiencia de Lüneburg (norte de Alemania) superó la petición de la fiscalía -tres años y medio de cárcel-. Es probable que el procesado no llegue a ingresar en prisión, en atención a su precario estado de salud, cuestión ésta que corresponde evaluar a la fiscalía.
La defensa había solicitado la absolución de Gröning, quien a lo largo del juicio admitió su "complicidad moral" en las muertes de Auschwitz, pidió perdón a los supervivientes y familiares de las víctimas y lamentó no haber actuado en consecuencia ante unos crímenes de los que fue perfectamente consciente.
Gröning había ingresado con veinte años en las Waffen-SS, en 1941, y dos años después empezó a servir en Auschwitz, donde asumió el cometido de incautarse del dinero, el equipaje y demás pertenencias de los deportados que llegaban al más mortífero campo de exterminio del nazismo, en la Polonia ocupada.
Contribuyó desde esa posición a financiar al III Reich, ya que se encargaba de las transferencias de esos bienes a Berlín, y fue cómplice del exterminio nazi, cuya aplicación discurría ante sus ojos.
En tres ocasiones se le destinó a trabajar junto a la llamada rampa de la muerte, pero según su testimonio no participó en la selección de presos a los que se destinaba a trabajos forzosos o los que iban directamente a la cámara de gas, por no ser aptos para el trabajo.
La acusación se centró en su papel en la llamada "Operación Hungría", de mediados de 1944, cuando llegaron a Auschwitz alrededor de 450.000 judíos, de los cuales unos 300.000 murieron asesinados.
A diferencia de otros exponentes de justicia tardía por crímenes del nazismo -el más inmediato, el del ucraniano John Demjanjuk, condenado en 2011 a cinco años de cárcel- Gröning cooperó en el juicio con amplias declaraciones sobre el día a día de Auschwitz y su papel en la burocratizada maquinaria de exterminio.
Su relato estuvo acompañado por testimonios de los supervivientes que siguieron el juicio, tanto relativos a los experimentos humanos del médico Josef Mengele o a cómo se llevaban a cabo las operaciones de selección, gaseado e incineración de las víctimas.
Si Demjanjuk asistió a su largo juicio en silencio, postrado en una camilla, Gröning acudió auxiliado de un andador, en un proceso dificultado por varias interrupciones por enfermedad del acusado y marcado por la confrontación entre el acusado y la reacción de los supervivientes o familiares de las víctimas.
En la apertura del juicio, en abril, pidió perdón a las víctimas, a lo que siguió el gesto de una testigo, Eva Kor, de 81 años, que tendió la mano al procesado, lo que desató las protestas de algunos representantes de la acusación particular.
A Gröning, quien tras la caída del nazismo pasó por un campo de internamiento británico y luego volvió a la vida civil como contable en una fábrica de vidrio, se le había abierto sumario en 1977, pero quedó sobreseído en 1988.
Llevar ahora Gröning ante un tribunal, 70 años después del fin de la II Guerra Mundial, fue posible gracias al instruido contra Demjanjuk, quien murió pocos meses después de escuchar sentencia en una residencia de ancianos.
Con su condena se creó jurisprudencia para juzgar por crímenes de guerra no solo a quienes intervinieron directamente en éstos, sino también a los cómplices de la maquinaria nazi, lo que abrió la puerta a acusaciones formales contra casos similares.
Varios de esos procesos contra "cómplices de Auschwitz" quedaron sobreseídos, por no estar en condiciones los imputados de asistir a un juicio, o se cerraron con sentencias simbólicas contra otros nonagenarios.
Desde Jerusalén, el centro Simon Wiesenthal, instituido en memoria del caza-nazis austríaco, se elogió la sentencia, por considerar que "animará" a las autoridades alemanas a llevar adelante otros casos similares, por encima de las dificultades que lleva implícita la ejecución de la justicia tardía. EFE
gc/jpm/tcr
(foto) (radio)

sábado, 9 de mayo de 2015

Los Nachwölfen, fake or no fake


Los moteros rusos burlaron el bloqueo y recordaron a sus caídos en Berlín



Gemma Casadevall

Berlín, 9 may (EFE).- Una representación de "Lobos nocturnos", el club de moteros ruso afín al Kremlin, salpicó hoy el 70 aniversario de la Capitulación del Tercer Reich en Berlín, tras sortear el veto alemán a su provocadora "Ruta de la Victoria" y recordar desde la capital germana a los soviéticos caídos en la lucha contra nazismo. 
Fueron menos de una docena los "auténticos" moteros rusos que alcanzaron el objetivo -el cementerio de Treptow y el monumento al Ejército Rojo, en el corazón de Berlín-, pero bastantes más los simpatizantes -serbios, alemanes, austríacos y checos- que se les unieron en ruta. 
Las autoridades alemanas, como las polacas, trataron de impedir la marcha, tachada de provocación, e incluso interceptaron a dos de sus cabecillas que, en lugar de llegar por carretera, lo hicieron en avión, por el aeropuerto berlinés de Schönefeld. 
Pero finalmente los "Lobos nocturnos", el club fundado en 1989, liderado por Alexandr Zaldostánov, alias "El Cirujano", y cercano al presidente Vladímir Putin, se personaron en Berlín en formato "light" para depositar flores donde reposan los que consideran sus abuelos. 




A primera hora de la mañana lo hicieron en Treptow, el parque en el extremo este de la ciudad donde un inmenso monumento recuerda a los soviéticos caídos en Berlín y bajo el cual yacen unos 5.000 de esos soldados. 
Ahí habían acudido miles de ciudadanos, algunos veteranos con sus uniformes y medalleros, más familias que se acercaron a pasar el sábado al parque. 
También estaba el embajador ruso, Vladímir Grinin, quien había apremiado a las autoridades alemanas a levantar el veto a la marcha y quien hoy recordó que la victoria del Ejército Rojo fue "importante, para nosotros y para todos". 
Tras Treptow, los "Lobos" se desplazaron al monumento central de la Avenida 17 de Junio, junto a la Puerta de Brandeburgo y en vecindad con el Reichstag, la sede del Parlamento alemán en la que el Ejército Soviético colgó la bandera de la hoz y el martillo el 2 de mayo de 1945, seis días antes de la 
capitulación nazi. 

Repitieron ahí los moteros su ofrenda floral, entre los cerca de 10.000 asistentes a un acto convocado por el escritor Götz Aly y que contó con la asistencia de Matthias Platzeck, ex primer ministro del "Land" de Brandeburgo y director del Foro de Diálogo Germano-Ruso. 
Platzeck, del Partido Socialdemócrata, recordó que Berlín debió su liberación al Ejército Rojo, desde la tribuna en que una banda musical llamada "Capilla Bolchevique" animaba la fiesta. 
El reconocimiento a los soviéticos no se da por descontado en Alemania, por mucho que se recuerde a los millones de soldados muertos por los nazis. En la memoria colectiva persiste el recuerdo de los saqueos y violaciones que siguieron a su entrada en Berlín, más la traumática división de la ciudad por el Muro. 
"Es un día hermoso. Festejamos con alegría el fin del fascismo con nuestros hermanos, rusos y alemanes", comentó a Efe Nancy Larenas Ojeda, chilena residente en Berlín, con una gran pancarta del Partido Comunista de Chile, junto al monumento al Ejército Rojo. 
Se daba por hecho que los "Lobos" estarían ahí desde que el viernes alcanzaron el Museo Germano-Ruso de Karlshorst, el lugar del extrarradio donde la noche del 8 al 9 de mayo el general alemán Wilhelm Keitel firmó la capitulación incondicional del Tercer Reich. 
La "Ruta de la Victoria" sorteó muchas fronteras hasta llegar a Karlshorst y a Treptow, pero el monumento junto a la Puerta de Brandeburgo estaba protegido por un fuerte operativo policial. 
Al final se optó por hacer la vista gorda, lo mismo que ocurrió en Karlshorst, donde el director del museo, Jörg Moré, les dejó entrar en medio de la conmemoración institucional del aniversario. 
Posaron sobre los históricos tanques soviéticos repartidos por el jardín del museo, aunque se les impidió colgar su bandera. 
La columna de moteros completó así la ruta de 6.000 kilómetros iniciada en Moscú el 25 de abril, que atravesó Bielorrusia, Polonia, República Checa, Eslovaquia y Austria hasta entrar en Baviera, donde visitaron el antiguo campo de concentración nazi de Dachau. EFE 
gc/si 
(foto) (vídeo)

miércoles, 29 de abril de 2015

Karlshorst, la historia se frima en el extrarradio


Del suicidio de Hitler a la capitulación: una rendición por capítulos

Gemma Casadevall

Berlín, 29 abr (EFE).- Entre el suicidio de Adolf Hitler, del que mañana se cumplen 70 años, y la capitulación del Tercer Reich, el 8 de mayo de 1945, la Alemania nazi vivió una suerte de rendición por capítulos, que arrancó en el búnker del "führer" y se consumó en el extrarradio de Berlín, bajo mando soviético. 

"No había nada que negociar, fue una rendición incondicional. Pero esta sala se llenó esa noche de representantes de las cuatro potencias, más lo que quedaba del mando nazi, más mucha prensa", recuerda Margot Blank, subdirectora del Museo Germano-Ruso de Karlshorst, lugar donde se suscribió la capitulación. 



Fue una ceremonia breve, pero "todos tenían en su mesa su botella de vodka, de coñac o de champaña", ya que "realmente había algo que celebrar; de pronto acababan doce años de nazismo y seis años de guerra", resume Blank en un encuentro con medios extranjeros. 

El museo de Karlshorst, un tranquilo barrio periférico, muestra en las vitrinas los facsímiles de esa rendición, que firmó, por parte alemana, el mariscal general Wilhelm Keitel. 
La Sala de la Capitulación conserva el mobiliario de entonces, presidido por las banderas de las cuatro potencias vencedoras -la Unión Soviética, EEUU, Francia y el Reino Unido- y jarras de agua -no de alcohol- repartidas sobre sus mesas. 
No es de los museos más visitados de Berlín, ni siquiera ante el 70 aniversario de la capitulación, que entró en vigor a las 23.01 del 8 de mayo, según la hora local de Berlín, o al día siguiente, para el horario moscovita. 
Está apartado de los circuitos turísticos más comunes, al igual que el resto de sitios históricos que recuerdan la victoria del Ejército Rojo, como el parque de Treptow, un inmenso mausoleo en memoria de los 30.000 soldados soviéticos caídos en Berlín. 
Ahí se consumó, sin embargo, la rendición del Reich, días después de que el Ejército Rojo entrara en Berlín y Hitler siguiera encerrado en su búnker, sin asumir la derrota y forzando a los suyos a verter hasta la última gota de sangre. 
Berlín había pasado meses bajo los bombardeos estadounidenses y británicos -el más devastador, el 3 de febrero- y el 21 de abril las tropas del general soviético Nikolai Berzarin habían alcanzado los límites de la ciudad, desde el este. 
La capitulación personal del "führer" se plasmó el 29 de abril, la noche en que se casó con Eva Braun, escribió un doble testamento -el privado y el político- y decidió suicidarse, al día siguiente, como también hicieron Joseph Goebbels y su esposa, Magda, tras envenenar a sus seis hijos. 
Dejó al mando de un Reich agónico a Karl Dönitz, quien, por no entregarse directamente al poder soviético, negoció a la desesperada una rendición parcial con los aliados occidentales. 
El presidente estadounidense, Dwight D. Eisenhower, vio en ello un intento de minar la alianza vencedora y exigió una capitulación total e incondicional a Dönitz, como quería el líder de la URSS, Iosif Stalin. 
Hasta el acto de Karlshorst hubo varias rendiciones parciales: el comandante Helmuth Weiding firmó la capitulación de Berlín el 2 de mayo, tres días después de que las tropas soviéticas colocaran la bandera de la hoz y el martillo en el Reichstag en ruinas. 
El 4 de mayo, en Lüneburg (centro de Alemania) se firmó otra rendición entre el mariscal británico Bernhardt Montgomery y el almirante alemán Hans Georg von Friedeburg; y siguió el 7 de mayo la de Reims, donde Dönitz envió a su general Alfred Jodl a negociar con los estadounidenses. 
Stalin no iba a aceptar una capitulación que no fuera en su dominio y el lugar elegido fue Karlshorst, donde el mariscal soviético Gueorgui Zhúkov había establecido su cuartel general, en el mismo lugar en el que la Wehrmacht hitleriana tuvo su academia militar y casino. 
Había realmente algo que celebrar, rememora Blank en su museo, en recuerdo de la noche en que oficialmente terminó una Guerra Mundial en la que murieron 50 millones de personas. 
No todos los alemanes lo percibieron como una liberación, ni esa noche ni las semanas siguientes. Acabaron los bombardeos, pero se abrió una fase imprecisa de saqueos y humillaciones.
Unas 860.000 mujeres o niñas fueron violadas por los aliados -la mayoría, en el sector soviético, pero también en el estadounidense-, según datos del reciente libro "Als die Soldaten kamen" ("Cuando llegaron los soldados"), de la historiadora Miriam Gebhardt. EFE 
gc/nl/ja 
(vídeo)

lunes, 27 de abril de 2015

Aprendiendo a pronunciar Völkermord


Alemania empieza a revisar su papel en los genocidios, incluido el armenio


Gemma Casadevall

Berlín, 27 abr (EFE).- A punto de conmemorarse el 70 aniversario del fin del nazismo, Alemania empezó a revisar su responsabilidad en los genocidios del siglo XX, no ya en lo que concierne al Holocausto judío, sino al sufrido por los armenios bajo el Imperio otomano. 
El Parlamento federal (Bundestag) abordó el pasado viernes en primera lectura la resolución que reconoce el genocidio armenio, un día después de que el presidente del país, Joachim Gauck, avanzara en el uso de ese término y abordara, además, la parte de culpa alemana en la planificación de esas deportaciones. 
Ni la canciller Angela Merkel ni su ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, ni ningún otro miembro de su Gobierno intervinieron en un debate con perfiles históricos, envuelto en el reto que llevaba implícita la postura presidencial, tanto hacia Ankara como hacia las propias filas de Merkel. 
El desafío había cobrado forma desde el momento en que Gauck aceptó asistir al oficio ecuménico, celebrado en la noche del jueves en la catedral de Berlín, organizado por las principales iglesias cristianas en ocasión del "centenario del genocidio a los armenios, arameos, asirios y griegos", como rezaba la invitación. 




La asistencia al acto implicaba, de facto, la aceptación de ese término y su anuncio precipitó un cruce de llamadas entre Cancillería, Exteriores y Presidencia, según la edición digital de "Der Spiegel". 
En paralelo, los grupos parlamentarios gubernamentales -conservadores y socialdemócratas- consensuaron a toda prisa una tímida declaración reconociendo el genocidio armenio. 
Gauck asistió, habló de genocidio y, además, se refirió a los "militares alemanes que planificaron y en parte llevaron a cabo las deportaciones", en las que murieron hasta 1,5 millones de armenios, además de decenas de miles de arameos, asirios y griegos. 
La diplomacia del Imperio alemán "ignoró" las matanzas de su aliado otomano, prosiguió, en unas deportaciones que ahora se ven como el precedente de los planes de exterminio masivo nazi. 
Gauck aludió a la orden de 1939 de Adolf Hitler, antes de la invasión de Polonia, de "enviar a la muerte sin piedad a hombres, mujeres y niños polacos", la línea extendida por el Tercer Reich en todo su ámbito hasta su capitulación, el 8 de mayo de 1945. 
El presidente alemán incluyó en su discurso esa frase consensuada a toda prisa entre los diputados gubernamentales, cuya aprobación por el Bundestag deberá materializarse en las próximas semanas. 
"El destino de los armenios es parte de la historia de exterminios masivos, limpiezas étnicas y deportaciones que marcaron tan terriblemente el siglo XX", era la frase que se escuchó en primera lectura en el debate del Bundestag. 
El portavoz gubernamental, Steffen Seibert rehusó comentar la declaración de Gauck, con el argumento de que no es cometido del Gobierno opinar sobre lo que dice el presidente. 
Las filas opositoras -Verdes y La Izquierda- tacharon por su lado de insuficiente la propuesta de resolución consensuada y apremiaron a incorporar la responsabilidad alemana en el texto final. 
La cautela gubernamental se enmarca en lo que ha sido su línea tradicional hacia Turquía, socio de la OTAN y lugar de origen de 3,5 millones de sus ciudadanos, la mayor comunidad inmigrante de Alemania. 
Más allá de lo que pueda implicar en las relaciones entre Berlín y Ankara, representantes de la comunidad germano-turca han advertido de que las palabras de Gauck han herido a su colectivo y aseguraron que un 80 % de sus miembros rechazan hablar de genocidio armenio. 
Los medios -de "Der Spiegel" a "Süddeutsche Zeitung"- elogiaron el discurso del presidente, al que una analista de la televisión pública ARD, Monika Wagener, encontró un pero: Alemania no se comporta mejor que Turquía en lo que respecta a sus genocidios en la era colonial. 
Wagener aludía a la asignatura pendiente de las matanzas infligidas a las etnias herero y nama en Namibia, entre 1904 y 1907, bajo Guillermo II, que Berlín no reconoce como genocidio. EFE 
gc/psh/cml

domingo, 26 de abril de 2015

Genocidios, de ayer y de siempre


L'horror que no prescriu

Que l'assassinat no prescriu és una màxima judicial que, a Alemanya, permet que a exnazis de més de noranta anys, com ara el comptable d'Auschwitz, Oskar Gröning, se'ls obrin ara judicis, com ara el que se celebra des de dimarts a Lüneburg, la ciutat on feia dècades que vivia tranquil·lament, com un veí més. El càrrec d'assassinat admet, des de fa un parell d'anys, el de “complicitat”, en el cas de Gröning en les morts de 300.000 deportats, dels prop de 425.000 que van arribar d'Hongria al camp d'extermini, el 1944. Ja no cal demostrar una participació directa en aquells assassinats. N'hi ha prou amb haver format part de la maquinària de l'horror. Estava encarregat de confiscar l'equipatge, els diners i els objectes de valor dels qui hi arribaven i eren enviats directament a la cambra de gas, perquè no eren aptes per ser utilitzats fins a la mort com a esclaus de la indústria còmplice del Tercer Reich. Contribuïa, doncs, al finançament de l'aparell nazi, diu la fiscalia.
El mateix Gröning, de 93 anys, no intenta defugir aquesta màxima judicial, ni tampoc el terme “complicitat”. Es tracta d'un judici que, per raons d'edat, tant la seva com les dels supervivents que actuen com a testimonis, està destinat a acabar en una condemna simbòlica, com la pena de cinc anys de presó contra l'ucraïnès John Demjanjuk, el 2011, per complicitat en els prop de 28.000 jueus morts a Sobibor. Demjanjuk mai no va ni obrir la boca en el seu judici –Gröning, en canvi, declara amb pèls i senyals–. L'ucraïnès va morir, uns mesos després d'escoltar la sentència, no a la presó, sinó en un geriàtric alemany on se'l va traslladar per raons d'edat.Ni l'assassinat ni la complicitat en assassinat no prescriuen, com tampoc no ho hauria de fer la responsabilitat de l'Alemanya d'avui en els crims del nazisme. Des dels anys seixanta, la República Federal d'Alemanya (RFA) va començar a mirar d'arreglar els comptes pendents pel genocidi amb els països agredits –ocupats, enemics de guerra o d'origen dels milions de deportats als camps nazis, a més de l'aleshores inexistent Estat d'Israel. En les dècades següents, va tancar pactes semblants amb diferents col·lectius de víctimes, no només jueves. El darrer va ser el pagament als antics treballadors forçosos, a mitges amb les indústries hereves de les col·laboradores amb el nazisme, el 2005. Més de 71.000 milions d'euros ha pagat des d'aleshores de fons públics la RFA en concepte de compensacions pels crims del Tercer Reich –segons el Ministeri de Finances–, en diferents conceptes i acords, a països o a col·lectius. És un compte obert, perquè hi entren pensions a víctimes que continuen sortint d'aquests fons.
El govern d'Angela Merkel insisteix que les indemnitzacions a països víctima és un capítol jurídicament tancat. Grècia, en canvi, no ho veu així, i recorda que d'aquest munt que s'ha pagat a tants altres estats, a Atenes li van correspondre amb prou feines 54 milions d'euros, als anys seixanta, malgrat haver estat un dels territoris més devastats per l'ocupació. Calcula que se li deurien 278.000 milions d'euros d'avui, inclòs el crèdit forçat que el Tercer Reich els va arrencar com a “despeses d'ocupació”.La justícia alemanya no va trobar la manera d'aplicar el terme complicitat en les dècades anteriors, quan els processats i els testimonis no eren vellets com Gröning. Potser ha trigat massa a esgotar aquest camí, però ara té en llista uns 30 antics nazis que es podria jutjar, en situació semblant a la de l'excomptable.El que passi amb el deute que reclama Grècia és difícil d'avaluar, sobretot si Atenes i Berlín no aconsegueixen deslligar-lo del terme Grèxit(sortida de l'euro).
L'horror no prescriu, el genocidi, tampoc i la llista de possibles nous capítols és llarga. El president alemany, Joachim Gauck, va reconèixer com a tal, dijous, per primer cop, el genocidi d'1,5 milions d'armenis en l'imperi Otomà –aliat del seu país en la Primera Guerra Mundial. Va ser una declaració valenta, que fa deixar fora de joc el govern d'Angela Merkel –que encara no s'ha decidit a fer aquest pas– perquè va admetre la “responsabilitat” del seu país en uns crims que Turquia no admet i la planificació dels quals va implicar soldats alemanys, com va recordar Gauck.
Segons l'analista de la televisió pública ARD Monika Wagener, Alemanya tampoc no té els comptes nets pel que fa als genocidis comesos en temps colonials a l'Àfrica. L'exemple més clar, els de les ètnies herero i nama, a Namíbia, entre el 1904 i el 1907, que es considera precedent d'altres “neteges ètniques”. Al capdavall, l'horror, en forma d'assassinat individual o col·lectiu, com ara el genocidi planificat, no prescriuen.


Fins a l'última gota


Exposició a la porta de Brandenburg de Berlín amb imatges sobre la Segona Guerra Mundial en el mateix indret que a les fotografies Foto: REUTERS / F. BENSCH.
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Costa de reconèixer al Berlín d'avui les imatges que reprodueixen, aquests dies, en exposicions com ara la del cèntric Museu d'Història d'Alemanya, l'estat de la capital del Reich dels últims dies d'abril, principis de maig, quan, finalment, va caure el règim responsable de milions de morts. Entre 50 i 80 milions, segons si els càlculs s'estenen o no a la guerra del Pacífic. Costa de creure, també, que tant d'horror, de morts sota els bombardejos, caiguts al front o assassinats en camps de concentració, acabés de cop, el 8 de maig, amb la firma de la capitulació incondicional, continguda en un parell de folis i conservada a la vitrina d'un altre museu, l'Alemany-Rus. El Führer havia tornat a Berlín –procedent del que havia estat el seu quarter general, a Adlerhorst, a l'oest del país– el 16 de gener d'aquell 1945. Teòricament, volia dirigir des del cor del Reich la batalla que havia d'evitar la desfeta de la seva Wehrmacht a mans dels aliats.
Per a part de la cúpula hitleriana i, evidentment, els mateixos aliats –els Estats Units, la Unió Soviètica, el Regne Unit i l'Estat francès–, la guerra estava sentenciada. Setmana a setmana, els aliats havien anat alliberant el que havien estat els camps d'extermini, com ara el d'Auschwitz, a la Polònia ocupada, el 27 de gener, o els de Bergen Belsen, Sachsenhausen, Buchenwald... Les peces del règim queien i descobrien l'horror, mentre, en paral·lel, queien sobre Berlín els bombardejos aliats.
Amb el retorn de Hitler es va desfermar l'infern sobre Berlín. El 3 de febrer, la capital va rebre l'atac aeri més contundent, amb més de 2.000 bombes americanes i britàniques, mentre els edificis del nucli urbà d'una ciutat amb tres milions d'habitants es fonien com terrossos de sucre.
Les setmanes següents es van intensificar els bombardejos, mentre, des de l'est, l'exèrcit roig soviètic avançava cap a la capital. A mitjan abril, dues unitats soviètiques –una d'ucraïnesa i l'altra bielorussa– havien creuat el riu Oder, a l'actual frontera amb Polònia. El 21, l'endemà del dia en què Hitler havia fet 56 anys, les tropes del general Nikolai Bersarin van arribar als límits de la ciutat. El diari del partit nazi,Volkischer Beobachter (‘L'observador del poble') transmetia encara les ordres del Führer de lluitar fins a l'última gota de sang.
El mateix 30 d'abril en què Hitler i la seva companya, Eva Braun –amb qui es va casar un dia abans–, a més de Joseph i Magda Goebbels se suïcidaven –aquests dos, després d'haver assassinat els seus sis fills enverinant-los–, l'exèrcit soviètic penjava la seva bandera damunt el Reichtag, tan en ruïnes com la resta de la ciutat.
Berlín havia caigut. Acabava el malson dels bombardejos i començava el de l'entrada d'unes tropes que, sobretot per a les dones, no eren precisament alliberadores.
Una setmana després, el 8 de maig, se signava la capitulació incondicional en el que havia estat un casino per als soldats hitlerians i que ara és el Museu Alemany-Rus a Karlshorst, una barriada a l'extrem est de la ciutat. “Sembla mentida que, després de sis anys de guerra i destrucció, tot acabés d'una manera tan senzilla, en aquesta mateixa casa”, explicava aquests dies Jorg Morré, director del museu, que rep uns 50.000 visitants l'any atrets per la sala on es va signar la capitulació –fidelment conservada, segons Morré– i pel plec de folis en alemany, rus i anglès, de la rendició acceptada per l'últim cap del Reich, Karl Dönitz, i ratificada pel seu general, Wilhelm Keitel.
“Sembla mentida, aquesta pau d'ara”, diu Morré, mentre el museu rep algun visitant més del comú en aquests dies, propers al 70è aniversari del final del nazisme.

Des de Moscou en moto

El museu té previst una festa el 8 de maig, que podria ser menys tranquil·la del que voldrien. Els anomenats Llops de la Nit russos, un grup de motoristes afins a Vladímir Putin, volen recordar la “victòria” a la seva manera: sortint de Moscou amb moto en direcció Berlín, travessant òbviament Polònia, per arribar el 9 de maig –dia en què va entrar en vigor la Capitulació– a la Porta de Brandenburg i, d'allà, anar al tranquil Karlshorst.

Darrera actualització ( Diumenge, 26 d'abril del 2015 02:00 )