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jueves, 12 de julio de 2018

Vergüenza alemana

Pena màxima per uns crims que avergonyeixen Merkel

jueves, 10 de noviembre de 2016

Cataclismo Donald


Berlín i l'ombra del mur

El 9 de novembre s'identifica a Alemanya amb el més bonic i el més monstruós de la seva història recent. D'una banda, és l'aniversari de la caiguda del mur que, entre el 1961 i el 1989, va partir Berlín. De l'altra, es recorda l'anomenada Nit dels Vidres Trencats, aquell mateix dia però del 1938. Cinc anys després de l'arribada al poder d'Adolf Hitler, les sinagogues van cremar a tot el país, com un preludi del programa d'extermini dels jueus.
Que justament un matí d'aquest 9 de novembre Berlín hagués de “reaccionar” a una victòria indesitjada pel conjunt de la classe política –tret de la nova ultradreta d'Alternativa per Alemanya (AfD)– semblava una mena de maledicció. El record de l'empenta del poble que va enderrocar la “franja de la mort” plantada per l'Alemanya comunista va quedar tacat per l'ombra d'aquest altre mur que Donald Trump vol aixecar a la frontera mexicana.
“A Europa s'estan tornant a construir murs, el populisme avança arreu del món i els resultats de les eleccions als EUA fan témer per la pau al món”, va dir Hildegung Neubert, activista pro drets humans, en un acte commemoratiu al monument aixecat al costat d'un dels fragments del mur en peu a la Bernauerstrasse de Berlín.
La dreta radical de AfD, formació emergent apuntalada en el vot de protesta contra l'arribada de refugiats, va felicitar a primera hora del matí Trump. La seva lider, Frauke Petry, va interpretar l'èxit del candidat republicà com un aperitiu de l'impuls que esperen tenir en les generals del 2017.
Des del govern, la primera a reaccionar va ser la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, de la Unió Cristianodemòcrata (CDU) d'Angela Merkel, que, fins i tot abans de fer-se oficial la victòria de l'aspirant republicà –i mentre Hillary Clinton desapareixia esperant el miracle d'un recompte–, admetia que se sentia “colpida” pel que pot representar el triomf de Trump en les relacions bilaterals. En termes semblants va parlar el ministre d'Afers Estrangers, el socialdemòcrata Frank-Walter Steinmeier, que va pronosticar un futur “difícil” per a l'eix transatlàntic, vist el caràcter “imprevisible” de Trump. El cap de la comissió d'Exteriors del Parlament, Norbert Rüttgen, de la CDU, parlava sense embuts de “desastre”.
Merkel va optar per l'advertència elegant, però ferma. Alemanya vol continuar en diàleg amb el seu gran aliat, però sobre el fonament dels valors compartits. Entre altres, el respecte a l'altre, sense discriminar per qüestions de raça, sexe, religió, inclinació sexual o política. I espera dels EUA una actitud responsable, d'acord amb la seva fortalesa econòmica i potencial militar.
La cancellera no ho té fàcil. La relació transatlàntica és el fonament de la política exterior des de temps fundacionals de la República Federal d'Alemanya (RFA), després de la derrota del nazisme i també en temps de la guerra freda i del mur berlinès.
La setmana vinent rebrà a Berlín Barack Obama, que va escollir Alemanya com a punt de trobada amb els principals líders europeus en la que serà, previsiblement, la seva última visita al Vell Continent encara com a president. A la cita s'hi espera el francès François Hollande, l'italià Matteo Renzi, la britànica Theresa May i l'espanyol Mariano Rajoy, que s'hi ha afegit a última hora. Havia de ser una mena de trobada de comiat amb l'amic americà que deixa el càrrec. Ara pot ser una mena de cimera oficiosa per redissenyar la relació amb la superpotència de l'OTAN, ara en mans de l'imprevisible Trump, com se l'anomena en termes més o menys diplomàtics.

viernes, 17 de junio de 2016

Justicia en silla de ruedas


Alemania muestra que el Holocausto no prescribe y condena a un nonagenario

Gemma Casadevall


Reinhold Hanning (2-R) arrives for another day of his trial in Detmold, Germany (29 April 2016)


Detmold (Alemania), 17 jun (EFE).- La Justicia alemana quiso demostrar hoy que los crímenes del Holocausto no prescriben, incluso aunque no conste una participación directa en los asesinatos del nazismo, al condenar a cinco años de cárcel al miembro de las SS Reinhold Hanning, de 94 años. 
"Usted, señor Hanning, fue partícipe de la fábrica de la muerte que fue Auschwitz. No importa si estuvo o no junto a la rampa de la muerte donde se seleccionaba a quien iba a la cámara de gas. En los dos meses y medio que sirvió ahí tuvo que saber lo que ocurría ahí dentro", sentenció la juez Anke Grudda, tras dictar su condena. 
Auschwitz fue el mayor y más mortífero campo de exterminio nazi, donde fueron asesinados 1,1 millones de personas, "hombres, mujeres y niños", en su mayoría judíos, pero también homosexuales, gitanos y presos políticos, recordó la letrada. 
Nadie que sirviera ahí puede sostener no haber visto sus cámaras de gas -"aunque no las accionase"- o sus crematorios, ni tampoco no haber visto morir en ellos, o de hambre o enfermedad, a sus confinados, añadió. 
Fue una argumentación demoledora, de casi una hora de duración, leída en tono suave, pero firme, en que la juez de la Audiencia de Detmold (centro) insistió en que a Hanning no se le condenaba como parte de un colectivo, sino por su culpa individual en el Holocausto. 
A Hanning, con 23 años cuando entró a servir a Auschwitz, se le declaró así culpable de complicidad en la muerte de los 170.000 presos asesinados en ese campo de exterminio entre enero de 1943 y junio de 1943, el periodo en que trabajó ahí como guardia. 
Tal vez cuando llegó a ese lugar no sabía de la "solución final" orquestada por el Tercer Reich. Una vez dentro, no solo no pidió el traslado -como podría haber hecho, dijo la juez-, sino que fue ascendido repetidamente "en reconocimiento a su eficiencia". 
Hanning, en silla de ruedas, como durante las veinte vistas que ha durado su proceso, escuchó la sentencia aparentemente impertérrito. Esa fue su tónica de conducta siempre, con excepción de una vista, en abril, cuando reconoció su "vergüenza" por no haber intervenido ante el horror de lo que veía. 
La juez admitió como atenuantes su avanzada edad, el tiempo transcurrido desde los hechos -más de 70 años- y también el arrepentimiento demostrado ante los supervivientes y familiares de víctimas que formaban la acusación particular. 
"Sólo usted puede saber si era o no un arrepentimiento sincero", prosiguió Grudda, quien deseó al procesado "que al menos esta sentencia no le deje impasible". 
El proceso contra Hanning ha sido un exponente de justicia tardía, recordó también la juez, en un país que durante décadas "no quiso mirar de frente los crímenes del nazismo". 
Entre 1963 y 1965, la iniciativa de un fiscal, Fritz Bauer, hizo posibles los llamados procesos de Auschwitz, donde por primera vez la justicia alemana -y no la aliada, como en Nuremberg, tras la caída del nazismo- juzgaba a criminales nazis. 
Hubo que esperar hasta 2011, y tras el aparatoso proceso de extradición de EEUU del ucraniano John Demjanjuk, para que se sentara el siguiente precedente y se condenara a ese antiguo guardia voluntario por complicidad en 28.000 asesinatos de otro campo en la Polonia ocupada, el de Sobibor. 
"No creo que entre en la cárcel. Pero eso no importa. Estoy aliviado aunque sea una condena simbólica", comentaba a Efe Leon Schwarzbaum, superviviente de Auschwitz y parte de la acusación particular contra Hanning, de 95 años. 
Hanning dejó pasar la oportunidad de "explicar lo que hizo", reprochó Schwarzbaum, quien reconoció que habría querido escuchar de su boca "el reconocimiento de sus crímenes", no solo la vergüenza. 
Por parte del procesado, su abogado Andreas Scharmer dijo no tener decidido si presentará recurso: "hay que esperar a ver la sentencia por escrito para estudiarla con detenimiento", explicó. 
"No, no me ha sorprendido", dijo, para añadir que, a su parecer, la juez no había tenido coraje para una absolución, como pidió la defensa, y se había contentado con mantenerse algo por debajo de la solicitud de la Fiscalía, que había reclamado seis años de prisión. 
Fuera de la Audiencia, Bernadette Gottschalk, de origen húngaro y asistente al proceso entre el público de a pie, consideró que con este juicio "Alemania ha puesto fin a décadas de letargo judicial". 
"Escuchar a los testigos y supervivientes me ha ayudado a recuperar la huella de mis abuelos, muertos en el Holocausto", dijo. EFE 
gc/ja 
(vídeo) (foto) (audio)

jueves, 16 de junio de 2016

El mal ante sus ojos


Un exnazi de 94 años espera sentencia por complicidad en Auschwitz

Gemma Casadevall

Berlín, 16 jun (EFE).- Un exmiembro de las SS hitlerianas, el nonagenario Reinhold Hanning, escuchará mañana su sentencia tras ser juzgado por complicidad en la muerte de 170.000 presos de Auschwitz, el campo de exterminio nazi en el que el procesado sirvió como guardia con 23 años. 
La fiscalía pide para el acusado seis años de cárcel; su defensa, la absolución, con el argumento de que ni participó directamente en esos asesinatos ni torturó y tampoco estuvo en la "rampa de la muerte" o selección de los presos destinados a la cámara de gas. 
"Me avergüenzo de haber visto pasar tanto mal ante mis ojos sin haber intervenido", dijo el procesado en un momento del juicio celebrado en la Audiencia de Detmold (centro del país) cuando rompió su silencio, el pasado abril, para leer una nota pidiendo perdón a las víctimas. 
A las palabras de Hanning, de 94 años y en silla de ruedas, siguió una larga explicación de su abogado, según el cual, pese a haber sido consciente -como todo aquel que sirvió en Auschwitz- del horror de esa maquinaria de la muerte, no participó de ella. 


El juicio de Detmold, una ciudad de 73.028 habitantes del "Land" de Baja Sajonia, es un nuevo exponente de justicia tardía, en el que la acusación particular y representantes de los colectivos de víctimas aspiran a una condena simbólica. 
Una absolución sería algo "macabro e indignante", en palabras del vicepresidente ejecutivo del Comité de Víctimas de Auschwitz, Christoph Heubner, ya que se trata "muy probablemente del último" juicio que pueda llevarse a cabo contra un exmiembro de las SS. 
Por ello también el representante de la acusación particular Leon Schwarzbaum, superviviente del Holocausto, instó al procesado a explicar la realidad de Auschwitz, puesto que pronto no quedarán ni víctimas ni responsables de esos crímenes para contarlo. 
Frente a las aspiraciones de justicia reparadora, la defensa presentó el perfil del joven que fue Hanning, 73 años atrás, cuando fue destinado a Auschwitz, donde sirvió de enero de 1943 a junio de 1944. 
Nacido en diciembre de 1921, entró en las Juventudes Hitlerianas con 16 años; primero luchó en Francia y luego en Ucrania, hasta que resultó herido y se le inhabilitó para volver al frente. 
Se le envió a Auschwitz, donde a diferencia de otros campos nazis -según su abogado- solo una mínima parte de sus 4.000 guardias servían directamente en la rampa de la muerte. 
Se estima que en el más mortífero campo nazi fueron asesinados 1,1 millones de personas, en su mayoría judíos, pero también homosexuales, gitanos y comunistas, incluidos mujeres, niños o ancianos, fuera en las cámaras de gas, de hambre o de enfermedad. 
El cargo de complicidad en 170.000 muertes corresponde a las que se calcula tuvieron lugar en el periodo en que sirvió ahí. 
El juicio contra Hanning quedó visto para sentencia el pasado sábado, después de que el procesado desestimara hacer una última declaración sobre los crímenes que se le imputan. 
Su juicio se inscribe en la serie de procesos impulsados por Alemania a raíz del caso del ucraniano John Demjanjuk, al que se extraditó desde EEUU en 2009 y que fue juzgado por complicidad en 28.000 asesinatos en Sobibor, asimismo en la Polonia ocupada. 
Demjanjuk fue condenado en 2011 a cinco años de cárcel, tras un proceso interrumpido en varias ocasiones por el estado de salud del acusado, que asistió a las vistas en camilla o silla de ruedas y que se mantuvo en silencio durante los casi dos años que duró el juicio. 
Murió diez meses después de escuchar sentencia en un asilo de ancianos, pero su caso creo jurisprudencia y posibilitó la apertura de otros sumarios por complicidad en el Holocausto. 
Los juicios siguientes han estado marcados por dificultades parecidas. Algunos acabaron sobreseídos, pero otros sí se cerraron con sentencias simbólicas para procesados nonagenarios que, en su mayoría, aseguraron no haber explicado nunca lo que vivieron ni a su esposa, menos aún a sus hijos o nietos. 
El año pasado, otro antiguo miembro de las SS, el llamado contable de Auschwitz, Oskar Gröning, de 94 años, fue condenado a cuatro años de cárcel por complicidad en 300.000 casos de asesinato. 
A diferencia de Demjanjuk, Gröning y Hanning sí hablaron para pedir a su manera perdón a las víctimas y explicaron -con su propia voz o a través de sus abogados- la realidad de Auschwitz. EFE 
gc/nl/ah

jueves, 2 de junio de 2016

Suma y sigue


El reconocimiento del genocidio armenio, otro escollo entre Berlín y Ankara

Gemma Casadevall

Berlín, 2 jun (EFE).- El Parlamento alemán aprobó hoy por practica unanimidad una resolución reconociendo como genocidio las matanzas de armenios durante el Imperio otomano, un texto que asume la responsabilidad compartida de Alemania en ello y que Turquía ha tratado de frenar hasta el último momento. 
Más de un siglo después del inicio de las expulsiones y persecuciones de esa minoría cristiana (abril de 1915), el Bundestag hace justicia, aunque sea testimonial, sobre las víctimas y admite su parte de culpa, en tanto que país entonces aliado de los otomanos. 
El texto, impulsado por Los Verdes y consensuado con la gran coalición de la canciller Angela Merkel, no difiere apenas de la declaración del presidente del país, el independiente Joachim Gauck, pronunciada en 2015 coincidiendo con el centenario de la masacre. 
Ya entonces desató protestas de Ankara -socio de la OTAN y lugar de origen de unos 3,5 millones de ciudadanos de Alemania-, por ser la primera vez que el Berlín oficial aplicaba el término "genocidio" a la muerte de entre 800.000 y 1,5 millones de armenios. 
Ahora la situación es hasta explosiva para Merkel, quien ha convertido a Turquía en aliado clave para paliar la crisis de los refugiados y afronta críticas de sus propias filas por una alianza que refuerza al autocrático presidente Recep Tayyip Erdogan. 
El líder islamista no dudó el martes en amenazar con que las relaciones entre Ankara y Berlín se verían "afectadas" si el Bundestag aprobaba la resolución indeseada por Turquía, que hasta niega el término "genocidio" aplicado al destino de los armenios. 
La advertencia de Erdogan -quien habló telefónicamente con la canciller- englobaba las relaciones diplomáticas, las económicas y las militares, en un exponente más de lo que se interpreta como un intento de extorsión a un Berlín atado de pies y manos por la necesidad de salvar el acuerdo UE-Turquía sobre refugiados. 
Desde que Merkel vio en Erdogan una tabla de salvación a las tensiones generadas por la llegada de un aluvión de refugiados al país, las provocaciones del presidente turco han ido a más, incluida la demanda contra un humorista alemán por un poema presuntamente injurioso. 
El visto bueno de la canciller a esa acción judicial precipitó las críticas a su presunto silencio cómplice, sea ante los ataques a la libertad de expresión o la represión que sufren los kurdos. 
"La resolución no pretende sentar en el banquillo de los acusados a Turquía", apuntó el secretario ejecutivo del grupo parlamentario conservador, Michael Grosse-Brömmer, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) que lidera Merkel. 
"Que eso sucediera hace más de cien años no es obstáculo para que se aborde ahora", defendió el ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, del co-gubernamental Partido Socialdemócrata (SPD). 
El jefe de la diplomacia pretendió legitimar así la resolución, pese a que, como recordaba estos días el líder de Los Verdes, Cem Özdemir, tanto él como la canciller trataron de "aparcarla" mientras fue posible. 
"A Merkel se la ve como la mujer más poderosa del mundo. Pero no puede impedir, afortunadamente, que sus diputados respalden la resolución", dijo Özdemir en un encuentro con medios extranjeros. 
La controvertida declaración es fruto de un largo estira y afloja en que el líder verde, hijo de inmigrantes turcos y musulmán -aunque poco practicante, suele reconocer-, tuvo que buscar al apoyo de las Iglesias católica y evangélica hasta hacerla prosperar. 
"En el centenario del genocidio, la intención de Merkel y Steinmeier era dar la mínima resonancia a nuestra iniciativa y hacer que desapareciera rápido de la escena", recordó Özdemir. 
El líder ecopacifista recurrió entonces al apoyo de miembros de la Conferencia Episcopal alemana y del Consejo Evangélico para que "ejercieran su influencia" sobre los diputados de la CDU y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU). 
"Hay que llamar las cosas por su nombre. Antes de las matanzas, una tercera parte de la población armenia era cristiana. Ahora apenas llega al uno por ciento. ¿A partir de cuántos muertos aplicamos la palabra 'genocidio' a una matanza?", reflexionaba Özdemir. 
El texto que Merkel y Steinmeier obstaculizaron con éxito, un año atrás, ha llegado así al Bundestag en el momento más inoportuno para Berlín, con un Erdogan reforzado y una canciller bajo presión. EFE 
gc/si/f

A Recep no le va a gustar


El genocidi aliè


viernes, 24 de julio de 2015

Histórico y virtual


El Museo Wagner, espejo de lo grandioso y lo terrible de Alemania

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 24 jul (EFE).- El Museo Richard Wagner de Bayreuth reabre sus puertas, coincidiendo con el inicio de la temporada operística en esa localidad de Baviera, como un lugar único para explorar la vida del compositor y las relaciones de sus herederos con el nazismo.
Tras cinco años cerrada por reformas, hoy se mostró de nuevo la Casa Wahnfried, la villa a la que se trasladó a vivir el músico a sus 60 años con su esposa Cosima, construida en 1872 gracias al mecenazgo de Luis II de Baviera, el rey Loco, y por donde pasaron tanto sus descendientes como invitados especiales, incluido Adolf Hitler.
"La confrontación con figuras y obras ambivalentes forman parte de nuestra cultura y de nuestra tradición", indicó la ministra alemana de Cultura, Monika Grütters, durante la presentación hoy a los medios, previa a su reapertura oficial el domingo.
La víspera se habrá estrenado "Tristán e Isolda", la producción que abre la temporada operística en Bayreuth, cuya dirección escénica corre a cargo de Katharina Wagner, biznieta del compositor y actual directora del tradicionalista festival bávaro.
No se trata de instalar en la ciudad una especie de 'Disneylandia' para wagnerianos", afirmó el director del museo, Sven Friedrich, ante esa versión amplificada de lo que desde 1970 era una superficie expositora dedicada a los Wagner en sus múltiples facetas, tanto a través de su fondo permanente, como en las exposiciones temporales.
Friedrich y las responsables de los contenidos, la historiadora Verena Naegele y la musicóloga Sibylle Enrismann, no plantean la Casa Wahnfried como un parque temático para los fanáticos de Wagner que, entre julio y agosto, acuden al festival de Bayreuth.
Es cierto que, tras unas obras de ampliación que han costado 20 millones de euros, se esperan hasta 50.000 visitantes anuales al museo, lo que abundará en el interés turístico de esta ciudad de provincias de 72.900 habitantes.
Pero el gran desafío para el museo es profundizar en la vida, obra y significado de un compositor en el que confluyen lo más grandioso y terrible de la historia alemana.
Es decir, una producción operística que levanta pasiones -y rechazos-, conviviendo con el furibundo antisemitismo que expresó en su manifiesto "El judaísmo en la música" y que convirtió a Richard Wagner (1813-1883), décadas después de su muerte, en el compositor idolatrado por el nazismo.
El nuevo Museo Wagner consta de tres partes diferenciadas: la dedicada a la vida del compositor y su descendientes, algunos de ellos de personalidad tan convulsa como la del músico; otra, sobre la historia del festival de ópera; y una tercera, específicamente centrada en las relaciones de sus sucesores con el nazismo.
La Casa Wahnfried exhibe varios de los pianos originales en los que compuso Wagner y recorre la figura de algunas de las mujeres que marcaron casi tanto como él el apellido de la casa.
La primera protagonista femenina es, obviamente, Cosima, hija de Franz Liszt, segunda esposa de Richard y, ya viuda, directora del festival de Bayreuth que había fundado en vida el compositor.
Le sigue Winifred, la británica que se casó con su hijo Siegfried y que, ferviente seguidora de Hitler hasta más allá de lo ideológico, puso Bayreuth a los pies del Tercer Reich.
A los hijos de ésta, Wolfgang y Wieland, les correspondió refundar el festival tras la caída del nazismo, en su primera fase bajo tutelaje de los aliados, mientras ella seguía viviendo en la casa Wahnfried, rodeada de sus devocionarios hitlerianos.
Los factores biográficos del núcleo central se ensamblan así con los capítulos dedicados al nazismo en los espacios adyacentes, especialmente la que fue la casa de Siegfried y donde se alojó, en sus visitas a Bayreuth, el "Führer" de Winifred.



De la Wahnfried original no quedó nada -fue arrasada por una bomba en 1945 y se reconstruyó más o menos fielmente en los sesenta-. Pero ahí están sus muebles, partituras, cartas, fotos y atrezzos.
El conjunto es un recorrido que va de lo histórico a la leyenda, entre objetos originales y reconstrucciones, más escenografías célebres de su universo operístico, con especial protagonismo para la tetralogía del "Anillo del Nibelungo" y algún "Tristán", la pieza que mañana estrenará en una nueva versión su biznieta Katharina. EFE
gc/nl/cr
(foto)

jueves, 12 de marzo de 2015

El pasado que no nos abandona


Las reclamaciones griegas a Alemania, algo más que una provocación de Syriza

Gemma Casadevall

Berlín, 12 mar (EFE).- El Gobierno de Angela Merkel reaccionó a la reclamación griega de reparaciones de guerra afirmando que el capítulo está cerrado y apremiando a Atenas a centrarse en sus problemas del presente, pero las exigencias pesan sobre Berlín desde mucho antes de la llegada al poder de Syriza. 
"Alemania es muy consciente de su responsabilidad histórica hacia las víctimas del nazismo. Pero el apartado de las reparaciones está jurídica y políticamente cerrado", afirmó el portavoz del Gobierno, Steffen Seibert, horas después de que el Parlamento griego aprobara crear una comisión para plantear sus exigencias. 
La frase del portavoz tenía un aire ritual, idéntico al repetido en las últimas semanas desde la primera reclamación del primer ministro Alexis Tsipras, en cuanto asumió el cargo, y ahora respaldada de forma unánime por la cámara ateniense. 
Hay que dejar de lado los "debates emocionales" y mirar hacia adelante, añadió el portavoz alemán de Finanzas, Martin Jäger, en alusión a las negociaciones iniciadas el 11 de marzo en Bruselas para desbloquear el último tramo del rescate griego, mientras Seibert declinaba comentar la amenaza de Atenas de expropiar bienes alemanes en Grecia. 
El tono de Tsipras hacia Berlín puede ser distinto, pero sus reclamaciones e incluso los potenciales objetos a expropiar -el Instituto Goethe o el Colegio Alemán- no lo son. 
Gobiernos más afines a Berlín, como el del conservador Andonis Samarás, ya las presentaron, también a escala internacional, y la respuesta fue similar a la de Seibert: Alemania ya cumplió con las víctimas del nazismo en virtud de sucesivos acuerdos, desde los años 50 a la actualidad. 
El portavoz de la Cancillería ha repetido una y otra vez su explicación oficial, mientras los periodistas, alemanes y extranjeros, no se conformaban con lo rutinario y preguntaban por qué no se aborda esa cuestión aunque sea tardíamente, como se hizo con los esclavos del nazismo, cuyas indemnizaciones quedaron fijadas en 2000. 
Desde la postguerra y hasta 2013 Alemania ha pagado -según datos del ministerio de Finanzas- 71.000 millones de euros a países que sufrieron la ocupación nazi, al Estado de Israel, a los trabajadores forzosos que el nazismo entregó a su empresariado "amigo" o en concepto de rentas a los confinados en los guetos y otros colectivos. 
Cuando Berlín afirma que ya "cumplió" con Grecia, se remite a los Acuerdos de Londres de 1953 -y sucesivos apéndices siguientes o compromisos globales- con un total de doce países occidentales. 
A Grecia, uno de los países más duramente castigados por la ocupación nazi, le correspondieron 115 millones de marcos (alrededor de 58 millones de euros), mientras que las reparaciones propiamente dichas quedaron en suspenso a la espera de un tratado de paz formal que no se firmó nunca. 
Tras la capitulación del Tercer Reich, Alemania quedó dividida y ocupada por las cuatro potencias aliadas vencedoras: Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia. 
En lugar de un acuerdo de paz, en 1990 se suscribió el llamado "Tratado 2 + 4" entre las dos Alemanias y las cuatro potencias aludidas, que posibilitó la reunificación alemana, a lo que siguió la llamada Carta de París con los restantes aliados. 
Grecia se limitó a "tomar en consideración" los términos consensuados, sin llegar ni a presentar alegación ni a suscribirlos, lo que ha generado las sucesivas reclamaciones de Atenas, que hasta ahora nunca prosperaron o toparon con el "no" de Berlín. 
La más fundamentada reclamación griega se centra en el crédito que el Tercer Reich forzó a Atenas a concederle durante la ocupación, de 476 millones de marcos del Reich, y cuyo valor actual estima Grecia en entre 7.000 y 11.000 millones de euros. 
A ese crédito se suman las reparaciones por las masacres nazis -como los centenares de civiles ejecutados por la Wehrmacht en 1944 en Dístomo, a 200 kilómetros de Atenas- y los estragos causados en las infraestructuras, que algunos calculan en 162.000 millones de euros, aproximadamente la mitad de la deuda helena actual. 
Este segundo aspecto tiene pocos visos de prosperar, mientras que el relativo al crédito forzado podría tener más perspectivas de éxito traducido en unos 3.500 millones de euros, según las estimaciones a la baja expresadas por el Gobierno alemán, en respuesta a una interpelación grupo parlamentario La Izquierda del año pasado. EFE 
gc/nl/psh/gd

viernes, 23 de enero de 2015

De estación en estación



De Wannsee al fin de Auschwitz: el exterminio planificado y su plasmación


Gemma Casadevall
Bild in Originalgröße anzeigenBerlín, 23 ene (EFE).- Entre la Conferencia de Wannsee que tramó la "solución final" y la liberación del campo nazi de Auschwitz, el 27 de enero de 1945, discurrieron tres años en que el Tercer Reich ejecutó un genocidio sin precedentes, orquestado con mentalidad burocrática y orientado al exterminio de once millones de judíos.
"Es imposible calibrar qué nos horroriza más: los planes trazados por el nazismo o cómo los plasmaron en la realidad", apuntaba esta semana la ministra alemana de Cultura, Monika Grütters, en el 73 aniversario de la Conferencia de Wannsee, y ante la próxima conmemoración de la entrada las tropas soviéticas en Auschwitz, hace 70 años.
"Hay que desarrollar una cultura del recuerdo efectiva. Quién sabe dónde estaremos los poquitos supervivientes que quedamos en el siguiente aniversario", advertía el exministro de Exteriores polaco y expreso de Auschwitz, Wladislaw Bartozewski.
Ambos, la ministra del gobierno alemán y el exdiplomático polaco, de 93 años, reflexionaron en voz alta desde la sensación de irrealidad que sigue envolviendo al Holocausto, por lo monstruoso, por encima de los testimonios gráficos y humanos que lo avalan.
En Wannsee, el idílico lago de las afueras de Berlín, se reunieron quince altos funcionarios nazis que trazaron la "solución final" para los once millones de judíos que, según sus cálculos, debían exterminar hasta lograr el objetivo de un Tercer Reich victorioso y ario.
La cita fue el 20 de enero de 1942, en el número 56-58 de una calle junto al lago, y estuvo convocada por el jefe de Seguridad, Reinhard Heydrich, con asistencia de los secretarios de Estado de los principales ministerios y de Adolf Eichmann, en formato de "desayuno y reunión de trabajo".
Adolf Hitler llevaba casi nueve años en el poder y el Holocausto era ya una realidad plasmada en masacres en el Báltico, Bielorrusia y Ucrania, con deportaciones de judíos alemanes y del resto de Europa al centenar de campos de concentración, como Auschwitz.
Pero la maquinaria nazi quería optimizar la coordinación de todos los estamentos de su aparato y el resultado fue un plan trazado en términos burocráticos y prácticos, como si el exterminio fuera algo meramente administrativo que requería, ante todo, eficiencia.
Se detalló así un organigrama de las deportaciones, cómo se dirigiría a los judíos a campos de exterminio o de trabajo y cómo se seleccionaría a quienes debían trabajar como esclavos para la industria colaboradora y a quienes irían a la eliminación inmediata.
Auschwitz funcionaba ya a pleno rendimiento y el exterminio judío era objetivo del dictador, aunque su firma no quedó estampada en las actas de la reunión, tal vez por tratarse de un asunto considerado burocrático.
La villa de Wannsee es desde 1992 un museo donde se conservan las actas de la reunión, mientras que en Auschwitz se documenta la existencia de los centenares de barracones de un complejo que ocupó 40 kilómetros cuadrados, entre el campamento base y el vecino Birkenau.
En Wannsee se exponen los planes de exterminio de los once millones de judíos, cerca del doble de los que murieron hasta la Capitulación del Tercer Reich -el 8 de mayo de 1945-.
Sólo en Auschwitz fueron asesinadas 1,1 millones de personas, en su gran mayoría judíos.
Auschwitz es "sinónimo del horror porque los humanos necesitamos comprimir algo que nos sobrepasa en símbolos. De otro modo nos perdemos en la irrealidad, entre términos y cifras", comentaba en el mismo foro Gesine Schwan, politóloga y expresidenta de la Universidad germano-polaca de Viadrina.
"Muchas cifras, sí. Auschwitz sintetiza una tragedia humana colectiva. Pero, en realidad, cada uno de los que estuvimos ahí pasamos nuestro propio Auschwitz", explicaba Bartozewski.
El último libro del exministro polaco lleva por título justamente "Mein Auschwitz" -"Mi Auschwitz"- y relata la experiencia de ese joven católico que estuvo preso en ese campo, entre 1941 y 1942.
Cuando salió se enroló en una organización de la resistencia que salvó la vida a miles de judíos.
"La gran lección que aprendí: no dejarse arrastrar por la brutalidad, seguir siendo persona. Por eso es importante que no se borren las huellas. Para cuando hayamos desaparecido las personas". reivindicó. EFE
gc/nl/cat

miércoles, 24 de octubre de 2012

Gitanos, homenajeados y proscritos


Gemma Casadevall

Berlín, 24 oct (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, rindió hoy homenaje a los gitanos, una minoría diezmada por el Tercer Reich y castigada por la marginalidad en la Europa actual, al inaugurar el monumento en Berlín al medio millón de víctimas asesinadas por el aparato de extermino nazi.
Casi 70 años después del fin de la II Guerra Mundial y tres décadas después de que Alemania reconociera, bajo el gobierno del Helmut Schmidt, el genocidio de los gitanos, Merkel inauguró el memorial a un colectivo de víctimas hasta ahora olvidado.
"El genocidio nazi es una advertencia para el presente", advirtió la canciller, quien recordó que la dictadura surgió de la llegada al Reichstag, por la vía electoral, de Adolf Hitler y que se deben combatir "los totalitarismos" desde todos los estratos sociales, antes de que accedan al poder.
Los gitanos siguen siendo víctimas de la marginación y el racismo en la Europa de hoy, fue el mensaje tanto de Merkel como del resto de oradores, desde el alcalde-gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, hasta el presidente del Consejo Central de los Sinti y Roma, Romani Rose.
Se trata de un racismo que no procede "únicamente" de la ultraderecha -recordó Rose-, sino que está anclado "en el corazón de la sociedad".
El centro del monumento es una flor sobre un triángulo en medio de un estanque silencioso, que día a día se renovará como un "símbolo contra el olvido", en palabras del artífice del memorial, el artista israelí Dani Karavan.berlin immigration roma-und-sinti denkmal
Las alusiones al genocidio protagonizado por el aparato nazi y la discriminación a que sigue sometido el colectivo dominaron la ceremonia, más allá de los discursos de sus oradores.
"¿Y qué pasa con las expulsiones? Ellos también son gitanos que quieren seguir en el país", gritó una voz entre los invitados, tras el discurso de la canciller, en alusión a los peticionarios de asilo procedentes de los Balcanes y rechazados por la Alemania actual.
La denuncia quedó en una voz solitaria, mientras Merkel y la plana mayor de la política alemana, incluido el presidente Joachim Gauck, procedía a dar por inaugurado el estanque de Karavan.
El monumento a los gitanos asesinados por los nazis "cierra el círculo de los reconocimientos a los colectivos de víctimas del Tercer Reich", había recordado el alcalde-gobernador berlinés, Wowereit.
El conceptual estanque silencioso, rodeado de un mosaico de piedras naturales blancas y encorsetado por paneles traslúcidos donde se documenta, a ambos lados, la historia del genocidio, está emplazado a pocos metros de distancia del Reichstag.
Es el histórico edificio donde en enero de 1933 Hitler fue proclamado canciller del Reich y que ahora es la sede del Parlamento de la República Federal de Alemania, RFA.
En sus inmediaciones está el gran solar de 1.900 metros cuadrados donde 2.711 bloques de hormigón recuerdan a los seis millones de judíos asesinados y, asimismo en el Tiergarten, el monumento a los miles de homosexuales exterminados por los nazis.
A estos colectivos, más a las víctimas del programa de eutanasia nazi, se refirieron Merkel y otros oradores, lo que remitió al hecho de que los gitanos son los últimos en tener su memorial en Berlín.
La inauguración del monumento, hoy, es resultado de más de 20 años de empeño personal de Romani Rose y otros miembros del colectivo, con apoyos de personalidades como el director de cine Wim Wenders y el escritor Günter Grass.
"Los nazis quisieron exterminarlos porque les 'ensuciaban' el Tercer Reich. Luego quedaron como víctimas de segunda categoría frente a otras situaciones, como la de los judíos", comentó a Efe Waclav Dlugoborski, antiguo preso polaco y superviviente de Auschwitz.
El homenaje tardío fue un intento por reparar el olvido de décadas, prosiguió este exconfinado del campo de concentración nazi, uno de los invitados entre el millar de gitanos llegados de toda Europa.
"No lograron el objetivo de exterminarnos a todos, pero no hay ni una familia entre todos los sinti y roma de esta parte de Europa que no haya perdido a muchos de los suyos en Auschwitz y otros campos", recordó Zoni Weisz, superviviente del genocidio.
A Weisz correspondió la parte más emotiva de la ceremonia, al relatar cómo se salvó in extremis de la deportación, siendo un niño de siete años, probablemente gracias a la resistencia, mientras el resto de su familia desapareció en un tren en dirección a Auschwitz. EFE
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