Mostrando entradas con la etiqueta ddr. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ddr. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de mayo de 2026

Haciendo Neukölln great again

Crónica desde Berlín: el Späti, donde arranca o termina toda fiesta berlinesa



Una mujer sale de un Späti en el barrio berlinés de Neukölln. / GEMMA CASADEVALL

 Gemma Casadevall   Berlín23 MAY 2026 

Ben y tres amigos, vecinos de la zona, se toman la primera cerveza de la tarde-noche berlinesa en la puerta de su Späti de cabecera, a 20 metros de la zona de botellón más arraigada de Berlín que es el Admiralsbrücke, en el barrio de Kreuzberg. "Para la tercera ya nos sentamos en la acera del puente a ver la caída del sol", dice Ben, de 18 años y con un mini job como cajero de un supermercado. Lleva en bolsillo 20 euros, el equivalente a unas 10 cervezas más algún snack a precio de Späti.

En el céntrico barrio de Mitte, Eulàlia, catalana de 24 años afincada en Berlín, se toma su cerveza y unas patatas de bolsa en otro quiosco parecido, pero con mesas y bancos, junto a dos visitantes de Barcelona. "Berghain o Sisyphos están por encima de nuestras posibilidades", dice Eulàlia, en alusión al templo del tecno berlinés y a otro de los clubs ahora en alza. Del Späti de Mitte se desplazarán luego al Mauerpark, o Parque del Muro, en el barrio de Prenzlauerberg. Ahí se sumarán a cualquiera de las fiestas espontáneas que se montan en el parque.

Harry, recién llegado de Hamburgo, entra con un ramo de flores en la mano en otro Späti, esta vez en Friedrichshain, a por tabaco y "alguna botella". Va camino de una fiesta de cumpleaños donde ya le avisaron de que temen "quedarse cortos con el alcohol".



Un grupo de amigos se toman unas cervezas en un Späti de Mitte. / GEMMA CASADEVALL

Camino a las macrofiestas o al cumple privado


El Späti, o quiosco para todo, es en Berlín el punto de encuentro para todo arranque o fin de fiesta. Así es todo el año, pero en mayo se generaliza al abrirse la ronda de las macrofiestas callejeras, sea con el tumultuoso Primero de Mayo, el puente de la Ascensión o el de Pentecostés y su multitudinario Carnaval de las Culturas. 

Los Späti son tiendas a veces minúsculas, otras en formato algo más grande, pero siempre abarrotadas de cajas de cervezas, refrescos, vinos y alcoholes baratos, más chucherías, bolsas de patatas chips y equivalentes o hasta algún bocadillo. No siguen ninguna norma estética. Su mobiliario dominante son enormes frigoríficos para todo lo que se toma frío, más estantes para el resto de la oferta. No están autorizados a montar terrazas. Pero muchos colocan en el exterior algún banco o cajas de cerveza a modo de asiento. Que sean feos, en algún caso desabridos, caóticos o intransitables no importa. Si algo no es disuasorio en Berlín son los entornos que en español se denominarían cutres.

Tanto Ben y sus amigos, como el grupo de Eulàlia o el hamburgués de cumpleaños probablemente terminarán sus fiestas de madrugada en otro Späti. Hay unos 1.200 en Berlín, tanto en los barrios noctámbulos como en los acomodados, los precarios o los del extrarradio. En su mayoría están regentados por inmigrantes. Unos cerrarán de madrugada, otros exhiben su cartel de open las 24 horas del día.

Todo empezó con el proletariado

El término Späti procede de Spätkauf, traducible por compra tardía. Así se llamaron los pequeños comercios que existieron en el sector comunista de Berlín a partir de los años 50. Surgieron como opción para quienes o bien entraban a trabajar antes de que abrieran el supermercado o salían cuando ya había cerrado. Hasta hace unas pocas décadas, los horarios comerciales en Alemania eran de una rigidez crispante. Sobre las cuatro o a más tardar las seis de la tarde no quedaba un comercio abierto. A los ciudadanos germano-orientales les quedaba el Späti. A los occidentales, la tienda de la Tanke, la gasolinera.

Las cervezas y otras bebidas alcohólicas son el producto estrella de los Späti de la capital alemana. / GEMMA CASADEVALL

Con la caída del Muro, en 1989, el Späti germano-oriental se multiplicó por toda la ciudad. De la cincuentena existente en tiempos comunistas se saltó al millar largo actual. Ya no hacen la función de refugio, puesto que en el Berlín actual hay algunos comercios o supermercados abiertos día y noche. Pero el Späti llegó para quedarse. Es parte de la vida berlinesa, apta para todos los públicos, desde familias con bebés a peregrinos en busca de su fiesta.

Acoso burocrático

"Por aquí pasa todo el mundo: jóvenes, viejos, alemanes, no alemanes. Se sientan, hablan, toman algo. Fuman, compran un caramelo. O no compran nada. Se trata de sentarse, hablar y no estar solo" , explica Alper Baba, presidente del Späti e.V, una organización creada en 2016 para defender los intereses de sus miembros. Baba lleva 10 años al frente de su propio quiosco. Lo denomina su negocio familiar. Abre a las ocho de la mañana para vender leche, café o bollos al recién levantado y cierra sobre la medianoche.

"El Späti nos da la vida y nos la quita. Pero el enemigo no son las horas que echamos aquí, sino la administración y los alquileres que suben y suben", dice. La gentrificación acecha, pero el gran obstáculo es sortear la prohibición dictada hace unos años para abrir en domingo. Son muchas las excepciones posibles esa normativa y unos cuantos los dueños que simplemente se la saltan. "Unos abren porque dicen que venden pan y las panaderías sí pueden vender en domingo. Otros, porque venden artículos para turistas, que también está permitido. Otros no pueden con el papeleo y simplemente se arriesgan a ser multados. Hay que vivir". 

¿Cumple Baba con la normativa alemana? "Claro. Casi siempre. Como todos", bromea. Desde su tienda, en el profundo Neukölln, prepara una consulta ciudadana sobre el cierre en domingo de un servicio esencial en la cultura berlinesa.

viernes, 3 de octubre de 2025

35 añitos ya

Merz y Macron claman por el rearme europeo frente al 'eje de las autocracias'


Emmanuel Macron besa a Friedrich Merz (derecha) en el día de la reunificación alemana. / EFE
 Gemma Casadevall    Berlín03 OCT 2025 

La defensa de Europa frente al “eje de las autocracias”, en palabras de Friedrich Merz, y la advertencia contra falsos “nacionalismos o patriotismo basados en el odio al otro”, por parte de Emmanuel Macron, marcaron el 35 aniversario del Tratado de Unidad de Alemania. “Celebrar la unidad alemana es celebrar la unidad europea”, aseguró el líder francés, orador invitado al acto. Incidió a continuación en que "la seguridad europea está en juego” por la guerra híbrida, las campañas de desinformación o los drones procedentes de Rusia. “Tras 80 años en paz, Europa entró en una era de confrontación. Pero responde unida”, sentenció.
Mientras Macron incidía en la “fragilidad” a que se sienten expuestos los jóvenes o al azote de los populismos, Merz se centró en las amenazas “internas y externas” para la UE. Aludió asimismo a la polarización por el avance de la ultraderecha. La reunificación no se ha cerrado, ya que persisten “diferencias” entre el este y el oeste del país, admitió. La respuesta debe ser "avanzar hacia una nueva unidad”.
El Día de Unidad se celebró este año en el ‘land’ del Sarre, fronterizo con Francia, de acuerdo al turno rotatorio entre los 16 estados federados alemanes. Ello justificó la intervención de Macron, fervorosamente ovacionado por los asistentes. Pero no evitó que planeara la sensación de que s festeja el dominio del oeste sobre el este.

La espina de Merkel

“Yo estimo y valoro a Macron (…) Pero tal vez habría sido mejor invitar al 35 aniversario de la unidad a un representante del este de Alemania o del este de Europa”, dijo la excancillera Angela Merkel, en una entrevista con la televisión pública ZDF. Tocó así la fibra de muchos. Su llegada al poder, en 2005, marcó un hito por ser la primera persona crecida en el Este que alcanzaba la cancillería. En sus 16 años como cancillera coincidió, entre 2012 y 2017, con un exdisidente de la RDA, Joachim Gauck, como presidente del país. Merkel había entrado en política tras la caída del Muro, apadrinada por el ‘canciller de la reunificación’, Helmut Kohl. Gauck, pastor protestante, estuvo entre quienes se enfrentaron al régimen germano-oriental.
Lo cierto es que, 35 años después, hay un eclipse casi total de representantes del este en la plana mayor de la política alemana. La alusión de Merkel a Macron -con quien se llevó tan bien como con sus tres antecesores Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande- incluía dos mensajes: el eje franco-alemán está algo maltrecho y habría sido más oportuno invitar a un líder del Este.

La extinción de un país, una economía y una identidad

El 3 de octubre de 1990 dejó de existir la República Democrática Alemana (RDA) por la entrada en vigor del Tratado de Unidad. Su territorio y sus 16 millones de habitantes quedaron integrados en la República Federal de Alemania (RFA), tras una negociación rápida entre Kohl, la agónica RDA y las potencias que derrotaron al nazismo -Reino Unido, Estados Unidos, Unión Soviética y Francia-. No había pasado ni un año desde la caída del Muro de Berlín. Kohl venció la resistencia de Margareth Thatcher y del francés François Mitterrand, temerosos del surgimiento de una Gran Alemania. El soviético Mijail Gorbachov se comportó como el mejor aliado de Kohl.
Fue una transición modélica, por lo pacífica. Pero en su anhelo por acelerar el proceso, Kohl incurrió en lo que hoy se contempla como un error. Introdujo de la noche a la mañana el capitalismo en el marasmo económico de la RDA, que adoptó el marco occidental con una tasa de cambio del 1:1. En lugar de reflotar su tejido empresarial, adjudicó a una sociedad fiduciaria, la Treuhand, la privatización de 8.500 empresas. Casi la mitad acabaron finiquitadas y cerca de dos millones de ciudadanos pasaron al paro.
Del pleno empleo comunista se cayó a unos niveles de paro en el este que doblaban a los del oeste. Los abismos entre las jubilaciones y sueldos del este y el oeste han ido descendiendo con los años. Tras la hazaña política hay un coste de la reunificación estimado en unos dos billones de euros. El término ‘Ostalgie’, o ‘nostalgia del Este’ ha quedado acuñado como sinónimo de frustración de quienes se sienten ‘ciudadanos de segunda’ o echan de menos sus señas de identidad, desde objetos cotidianos o pepinillos en vinagre de su antigua marca favorita a, incluso, el himno de la RDA.
Los ‘paisajes florecientes’ prometidos por Kohl no se dieron en los primeros años. Ello favoreció al poscomunismo del Partido del Socialismo Democrático (PDS), reconvertido en La Izquierda tras su fusión de la disidencia socialdemócrata de Oskar Lafontaine. Fracasaron todos los intentos por arrinconarlos, desde Kohl a Merkel o Merz.
Mucho peor ha sido la irrupción como fuerza parlamentaria, en 2017, de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Su empuje se extiende por todo el país. Pero en el antiguo territorio comunista alcanza porcentajes que rondan el 40%. Solo un férreo cordón sanitario hace que, hasta ahora, la AfD no haya alcanzado el poder ni a escala regional.
El balance, sin embargo, no es tan lúgubre como podría parecer. Un 91 % de los alemanes considera 'correcta' la decisión de reunificar el país, según una encuesta de la ZDF. Un porcentaje que sube al 92 % en el oeste y queda en el 90 % en el este.

Liderazgo europeo como asignatura pendiente

La Gran Alemania que temieron Thatcher o Mitterrand no apareció. La Alemania resultante de la unidad es la primera economía de la UE y también su mayor potencia demográfica. Impuso el dogma de la austeridad durante la crisis del euro bajo Merkel. Sin embargo, sigue moviéndose con timidez en política exterior o se limita a seguir las pautas de Washington.
La gran apuesta de Merz es el rearme, propulsado por el expansionismo de Vladímir Putin. Pero dos años consecutivos en recesión, más el estancamiento actual, lastran los planes de la coalición entre su bloque conservador y los socios socialdemócratas. El temor a que el rearme se pague con recortes sociales da brío a la AfD, un partido que, por una parte, representa el trumpismo y, por otra, la línea prorrusa o contraria a la ayuda a Ucrania.

sábado, 1 de febrero de 2025

A los pies de Karl

Chemnitz, capital cultural bajo el cabezón de Marx



La cabeza de Marx / Gemma Casadevall



Gemma Casadevall
Chemnitz 01 FEB 2025 8:00

¿Se puede relanzar como capital cultural europea la que fue ciudad modélica del marxismo germano-oriental y ahora es bastión neonazi? ¿Y hacerlo sin caer en el siguiente estigma, el de capital del ‘woke’ institucional? Este es el desafío de Chemnitz, la ciudad del este alemán que bajo el régimen comunista se llamó Karl-Marx-Stadt y donde ahora la fuerza más votada es la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Su plataforma de lanzamiento es el título de ‘capital cultural europea’, que comparte con la eslovena-italiana Nova Gorica. Cuenta con un programa formado por 800 actos, conciertos, 'performances', exposiciones, fiestas en la calle o en sus clubes. También rinde culto a los tesoros almacenados por sus ciudadanos en su garaje-contenedor. Lo hace a través de una exposición fotográfica bautizada como ‘3000Garagen’, que se reparte por comercios de toda la ciudad y que recorre el polivalente microcosmos de unos contenedores donde el coche a menudo acaba desapareciendo entre objetos de todo tipo o se convierte en lugar donde merendar con los vecinos.

El sello de identidad indiscutible es el “Nischel”, como se apoda al ‘cabezón’ de Karl Marx, el busto de 7,1 metros de altura y 40 toneladas de peso que preside esta ciudad de provincias de Sajonia. “Marx es de todos. De los que celebramos aquí la capitalidad europea, de los que bailan fuera y de los que no celebran nada, pero nos abuchean”, comentaba el alcalde de Chemnitz, el socialdemócrata Sven Schulze, en el acto inaugural de su año. Que se sepa, el filósofo y autor de ‘El Capital’ nunca estuvo en Chemnitz. Pero las autoridades de la extinta Alemania comunista, o República Democrática Alemana (RDA), rebautizaron en 1953 la ciudad como Karl-Marx-Stadt y coronaron su centro urbano con la estatua. Ahí se quedó, cuando tras la reunificación alemana recuperó el nombre de Chemnitz.
Cien millones de euros

Es el punto obligado de visita de un programa que arrancó en el Palacio de la Ópera y siguió con un espectáculo luminotécnico a los pies del cabezón. Tiene un presupuesto de unos 100 millones de euros entre fondos públicos y patrocinadores. El propósito, además de divertirse, es llegar al ‘centro de la sociedad’, según sus organizadores, y dar visibilidad a proyectos relacionados con la integración y apoyo a las minorías, contra el racismo, la exclusión o la crisis climática.



Fiestas por la paz / Gemma Casadevall

El ‘Nischel’ apareció en la fiesta inaugural encorsetado entre vallas protectoras y un operativo policial formado por 1.500 agentes. Las calles adyacentes quedaron cortadas al tráfico y sus accesos se blindaron con bloques de hormigón. Se extremaron precauciones a raíz del ataque del pasado diciembre contra el mercadillo navideño de Magdeburgo, otra ciudad del este alemán, donde un psiquiatra saudí perturbado e islamófobo se lanzó con un SUV contra la multitud y dejó seis muertos y dos centenares de heridos.

Unas 80.000 visitantes desfilaron por una ciudad de 250.000 habitantes en su primer fin de semana de capitalidad. Acudió a Chemnitz el presidente del país, Frank Walter Steinmeier, y una amplia representación del gobierno alemán y del ‘Land” de Sajonia. Pero más allá del cordón policial en torno a los grandes actos se respiraba la realidad diaria de esa ciudad.

“No me llames neonazi, llámame nazi”, vociferaba un exaltado ultra, en medio de una manifestación convocada por el grupúsculo de extrema derecha Freie Sachsen, ‘Sajonia Libre’. Le jaleaban varios jóvenes como él, algunos con sudaderas de la marca ‘Thor Steinar’, proscrita en los estadios del este de país por aglutinar a 'hooligans' del espectro neonazi.

Manifestación de neonazis / Gemma Casadevall

Pantalla del desafío ultra

A la más radicalizada ultraderecha le queda corto el término neonazi. Van a los orígenes. Han normalizado el término ‘remigración’, hasta hace poco identificado con las deportaciones masivas en tiempos de Adolf Hitler y ahora parte de la campaña electoral de Alice Weidel, la candidata de la AfD a la cancillería. A pocas semanas de las elecciones generales del 23 de febrero, la AfD ocupa a escala nacional la segunda posición en los sondeos. El primer puesto le corresponde al líder del bloque conservador Friedrich Merz.
La AfD fue el partido más votado en Chemnitz en las elecciones europeas de 2024. A unos 200 metros del monumental cabezón de Karl Marx, una placa en el suelo recuerda una trágica madrugada de agosto de 2018. Todo empezó con una pelea por unos cigarrillos entre un cubano-alemán de 35 años, Daniel H., y un grupo de cuatro hombres, entre ellos un refugiado sirio y un iraquí. Daniel H. murió a cuchilladas.
Unas horas después circulaban por redes sociales mensajes llamando a ‘limpiar las calles’ de extranjeros. Hubo conatos de ‘cacerías humanas’ ultras sobre cualquier persona identificable como inmigrante. Las semanas siguientes, la estatua de Marx se convirtió en punto de confluencia entre manifestaciones de diverso signo y desfiles de los líderes más radicales de la AfD.
El año de capitalidad europea debe servir para liberar a Chemnitz de esos estigmas. Por el centro de la ciudad se escuchan músicas diversas, llamadas a la tolerancia y contra el racismo. Para la ultraderecha local, un despilfarro de fondos públicos al servicio de la ‘agenda woke’.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Pero qué les falta?

El radicalisme sorgit després del Mur


Una part del mur de Berlín original, al pont ferroviari de Liesen, Berlín HANNIBAL HANSCHKE / EFE.



Gemma C. Serra - Berlín


Fa 35 anys, uns mesos abans de la cai­guda del Mur de Berlín, el crit del Wir sind das Volk –Nosal­tres som el poble– va encen­dre la flama d’una revolta pacífica, la dels ciu­ta­dans que havien per­dut la por a la repressió de l’Ale­ma­nya comu­nista. El crit havia nas­cut a Leip­zig, però es va esten­dre per tota la República Democràtica Ale­ma­nya (RDA) fins a arri­bar a la nit del 9 de novem­bre d’aquell 1989, la de la cai­guda del Mur.
Les imat­ges d’aque­lla nit de feli­ci­tat, llàgri­mes i abraçades entre des­co­ne­guts o dels joves enfi­lats al mur, ballant o bevent cer­ve­ses, van fer la volta al món. L’agònic règim comu­nista auto­rit­zava els ciu­ta­dans a pas­sar a l’altre cantó. Es va pre­ci­pi­tar una reu­ni­fi­cació acce­le­rada, diri­gida pel can­ce­ller Hel­mut Kohl i nego­ci­ada amb els ali­ats que el 1945 van der­ro­tar el nazisme –els EUA, el Regne Unit, França i la Unió Soviètica–. Onze mesos després, el 3 d’octu­bre de 1990, l’RDA dei­xava d’exis­tir i el seu ter­ri­tori que­dava inte­grat al de la República Fede­ral d’Ale­ma­nya.
L’ani­ver­sari d’aque­lla fita es pro­du­eix en un moment de gran incer­tesa política. L’enfon­sa­ment de la coa­lició d’Olaf Scholz entre soci­al­demòcra­tes, verds i libe­rals ha pre­ci­pi­tat la pers­pec­tiva d’elec­ci­ons anti­ci­pa­des. L’opo­sició con­ser­va­dora lidera els son­de­jos, amb un 34% d’intenció de vot. Però l’efer­vescència dels nous cor­rents extre­mis­tes com­plica els pronòstics sobre un futur govern. Els popu­lis­mes han arre­lat i els par­tits tra­di­ci­o­nals s’arron­sen. L’est ale­many és ara un pano­rama d’alta toxi­ci­tat, tant per a Scholz com per al líder de la dreta mode­rada, Fri­e­drich Merz.
El crit del Wir sind das Volk con­ti­nua als car­rers de Leip­zig, al land de Saxònia, i en altres ciu­tats grans o peti­tes de Turíngia, Bran­den­burg i de la resta de l’antic ter­ri­tori de la RDA. Però ja no surt del cor de ciu­ta­dans dema­nant refor­mes i democràcia, sinó de la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD). El radi­ca­lisme dretà és la pri­mera força a Turíngia i la segona en altres regi­ons de l’est. Extre­mis­tes neo­na­zis com Björn Höcke diuen repre­sen­tar el poble i tit­llen d’anti­de­mocràtic el cordó sani­tari que blo­queja la seva arri­bada al poder. La situ­ació no és exclu­siva de l’est ale­many. A Àustria, sense arrels polítiques en un règim comu­nista com­pa­ra­bles al que va ser l’RDA, també va esde­ve­nir pri­mera força en les últi­mes elec­ci­ons l’ultra­dretà FPÖ, lide­rat pel radi­cal Her­bert Kickl.
Però a Ale­ma­nya salta a la vista que la situ­ació és espe­cial a l’est. En el comi­cis regi­o­nals del setem­bre pas­sat, a més de l’efer­vescència de l’AfD es va pale­sar l’empenta de la nova esquerra popu­lista i pro­russa lide­rada per Sahra Wagenk­necht. Entre els radi­cals de dreta i els d’esquerra hau­rien sumat gai­rebé el 50% dels vots. Dit d’una altra manera, prop de la mei­tat dels elec­tors es va decan­tar per for­ma­ci­ons que tren­quen el con­sens a l’entorn d’Ucraïna, perquè recla­men la fi dels sub­mi­nis­tra­ments a Kíiv, i que pres­si­o­nen perquè es talli l’arri­bada d’immi­gració. La força d’aques­tes dues opci­ons extre­mis­tes coin­ci­deix amb una recerca a la des­es­pe­rada de fórmu­les per acce­le­rar les depor­ta­ci­ons de migrats irre­gu­lars per part del govern de Scholz.
Que l’AfD s’hagi apro­piat del Wir sind das Volk és una bufe­tada per a la dis­sidència d’ales­ho­res i els milers de ciu­ta­dans que es van sumar a aque­lla revo­lució pacífica. També ho és que el nou popu­lisme prorús hagi engo­lit l’Esquerra, el par­tit d’arrels post­co­mu­nis­tes del qual es va escin­dir fa un any Wagenk­necht.
Per enten­dre aquesta evo­lució va bé repas­sar el que van sig­ni­fi­car per a l’est els qua­tre can­ce­llers que ha tin­gut Ale­ma­nya des de la reu­ni­fi­cació. La pri­mera fase cor­res­pon al patri­arca con­ser­va­dor Hel­mut Kohl, motor del Trac­tat d’Uni­tat. Va repre­sen­tar l’eufòria ini­cial. En les pri­me­res elec­ci­ons de l’Ale­ma­nya reu­ni­fi­cada, el seu bloc con­ser­va­dor va treure a l’est per­cen­tat­ges del 45%, per damunt de la mit­jana naci­o­nal. Ales­ho­res, l’ene­mic decla­rat era el post­co­mu­nisme, arra­co­nat per la resta dels par­tits, però que resis­tia en bona part de l’est. No tot­hom havia encai­xat tan bé com Kohl l’absorció de l’RDA i l’extinció dels seus senyals d’iden­ti­tat.
El va suc­ceir el 1998 el soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder. Però l’enfron­ta­ment entre el can­ce­ller i el líder del seu Par­tit Soci­al­demòcrata, a més de minis­tre de Finan­ces, Oskar Lafon­taine, va pre­ci­pi­tar la rup­tura entre els dos galls del galli­ner. Lafon­taine va mar­xar empi­pat per unir-se al post­co­mu­nisme, que va acon­se­guir, així, con­so­li­dar-se també a l’oest. Els soci­al­demòcra­tes van entrar en un procés d’erosió, afe­blits pels qui, com Lafon­taine, con­si­de­ra­ven que havien traït els seus prin­ci­pis arros­se­gats pel cen­trista Schröder.
L’arri­bada al poder d’Angela Merkel, el 2005, no va cal­mar la frus­tració a l’est. S’havia acce­le­rat el procés de des­po­bla­ment dels joves en aquesta mei­tat del país, on no arre­la­ven els “pai­sat­ges flo­rits” que havia promès Kohl, els sous eren més bai­xos i els llocs més des­ta­cats, a escala empre­sa­rial, uni­ver­sitària o judi­cial, aca­ba­ven ocu­pats per gent pro­ce­dent de l’oest.
Merkel va mar­car una fita en acce­dir a la can­ce­lle­ria com pri­mera figura política cres­cuda a l’est. Però per molts dels seus con­ciu­ta­dans no repre­senta aquesta mei­tat del país, sinó l’occi­den­ta­lit­zada i atlan­tista CDU, el par­tit que va diri­gir durant divuit anys. Era la “noia de Kohl”. Sota el seu man­dat va irrom­pre en l’escena par­la­mentària l’AfD, el par­tit que es va nodrir de l’euro­es­cep­ti­cisme, pri­mer, i de les pro­tes­tes con­tra l’aco­llida de refu­gi­ats, després. El 2015, l’any en què Ale­ma­nya va rebre un milió de sol·lici­tants d’asil, va mar­car la mutació cap a la xenofòbia d’un par­tit que s’havia fun­dat com a con­trari als res­cats a la cri­sis de l’euro. Es va con­so­li­dar a tot Ale­ma­nya, però és a l’est on acon­se­gueix les seves victòries.
Merkel no va trans­me­tre una mena d’orgull de l’est. Al seu suc­ces­sor, el soci­al­demòcrata Olaf Scholz, li toca con­viure amb les dues fórmu­les d’extre­misme, el de l’AfD i el de Wagenk­necht. La nova esquerra popu­lista i pror­russa és la peça clau per for­mar majo­ries a les cam­bres regi­o­nals de l’est del país. Afers Estran­gers no entra en les com­petències dels governs regi­o­nals ale­manys. Però la mediàtica Wagenk­necht, esposa de Lafon­taine, acon­se­gueix que s’inter­pre­tin les seves recla­ma­ci­ons con­tra l’ajut a Ucraïna com una manera de mar­car l’agenda.

Cumpleaños medianito

35 años de la caída del Muro de Berlín: ¿está Europa inmersa en una nueva guerra fría?


El canciller Helmut Kohl y el primer ministro de la entonces RDA Hans Modrow frente a la Puerta de Brandenburgo, durante una ceremonia tras la caída del Muro. / ARCHIVO / AP
Gemma Casadevall

Este 9 de noviembre, el alcalde Kai Wegner ha encabezado el desfile institucional a la Bernauer Strasse para recordar la noche más hermosa del Berlín reciente en un ambiente enrarecido por más inquietudes que certezas. Se llega al 35 aniversario de la caída del Muro en un momento de fuerte tensión política. No solo por el hundimiento de la coalición de Olaf Scholz y la perspectiva de elecciones anticipadas, sino porque además el antiguo territorio de la Alemania comunista está ahora bajo el dominio de la ultraderecha más radical de Europa.
El recuerdo de la noche mágica en que los berlineses pudieron, por fin, pasar andando y sin visado al otro lado, sin miedo a recibir un disparo de la policía fronteriza comunista, nunca fue un festejo fácil para Alemania. Son varias las efemérides que confluyen en esa fecha y no todas son hermosas. A otro 9 de noviembre, el de 1938, se le conoce como la Noche de los Cristales Rotos. Miles de sinagogas y comercios judíos fueron devastados; al día siguiente empezaron las deportaciones a campos de concentración nazis. La coincidencia de ambos aniversarios impide grandes festejos. Pero se solía incidir en que la caída del Muro marcó tanto el fin de la traumática división ciudadana como de la Guerra Fría. Al menos, eso se creyó.

Desigualdades y frustración

El 9 de noviembre es en Berlín una jornada de obligada visita institucional a la Bernauer Strasse. Es una de las calles que quedó partida por el muro levantado por el régimen comunista el 13 de agosto de 1961. El propósito era frenar el flujo de ciudadanos que se marchaban con lo puesto al Berlín libre, los sectores francés, estadounidense o británico. Ahí está el centro de documentación sobre la vida berlinesa en los 28 años y meses que estuvo en pie la llamada "Franja de la Muerte".
A la caída del muro siguió una reunificación exprés, negociada por el canciller Helmut Kohl con las potencias aliadas que derrotaron al nazismo y otros socios europeos. El territorio de la República Democrática Alemana (RDA) quedó absorbido por el de la República Federal de Alemania (RFA). Desaparecieron los órganos de poder comunistas, pero también muchas señas de identidad de sus ciudadanos. Del "paisaje floreciente" prometido por Kohl para el este se pasó al desempleo, las desigualdades y la frustración. Tres décadas y media después, Alternativa para Alemania (AfD), a la que rechazan por su radicalismo el resto de ultraderechistas europeos, es primera fuerza en parte del este. La socialdemocracia de Scholz, verdes y liberales quedaron reducidos a mínimos en las urnas. En el bloque conservador (CDU/CSU) de Friedrich Merz, primera fuerza en los sondeos para las generales, son muchas las voces que reclaman el fin del cortafuegos contra la AfD.

El flanco báltico y nórdico levanta sus muros

Helmut Kohl selló el Tratado de Unidad entre las dos Alemanias en octubre de 1990. Un año después se desintegraba la Unión Soviética. La caída del Muro arrastró la del Telón de Acero, se dijo entonces. Exrepúblicas soviéticas como Estonia, Lituania y Letonia ingresaron en los años siguientes no solo en la Unión Europea, sino también en la OTAN, lo que Moscú encajó como una afrenta. Otros países comunitarios con provechosos vínculos con Rusia, como Finlandia, prefirieron la neutralidad militar.
En 2021, un año antes del arranque de la invasión rusa de Ucrania, los bálticos, junto a Polonia, denunciaron una guerra híbrida dirigida desde el Kremlin. Advertían que se empujaba desde Bielorrusia a miles de refugiados hacia su territorio con propósitos "desestabilizadores". Polonia y los bálticos veían ratificados así sus temores, históricos o del presente. Empezaron a blindar fronteras y levantar vallas de protección. En 2022, con el estallido de la guerra de agresión rusa sobre Ucrania, Finlandia y Suecia abandonaron la neutralidad para pedir el ingreso por la vía rápida en la OTAN. De temor a una guerra híbrida se pasó al de ser el siguiente plato, tras Ucrania, del insaciable Putin. En el concepto de guerra híbrida entraban también ciberataques y campañas de desinformación rusa.

El atlantismo europeo cede terreno al trumpismo

Mientras nórdicos, bálticos y polacos refuerzan o cierran sus fronteras, países del este de lo que fue la órbita de influencia soviética se han decantado por la vía prorrusa. Son lo que en Alemania se denomina 'Putinversteher', los que dicen entender la postura del líder del Kremlin. El término se aplica tanto a la ultraderecha alemana prorrusa o la izquierda radical de Sahra Wagenknech como a los socios europeos que de pronto abogan por el fin de la ayuda a Ucrania. Se erigen en estandartes de un nuevo pacifismo, mientras socavan a escala interna la independencia del poder judicial, puntal de las democracias liberales. Sus máximos representantes son el líder húngaro, Víktor Orbán, por parte del ultranacionalismo, o el eslovaco Robert Fico, por el de una izquierda populista asimismo prorrusa. La victoria de Donald Trump les da alas. Y su influencia en la UE es creciente, con una Alemania con un gobierno agónico y una Francia donde Emmanuel Macron depende del voto de la ultraderechista Marine Le Pen.

domingo, 20 de octubre de 2024

Otro entierro


La Izquierda se plantea sobrevivir a través de tres 'veteranos'



Bodo Ramelow. / EP
Gemma Casadevall    Berlín 20 OCT 2024 

La Izquierda alemana, herida de muerte tras la escisión del nuevo populismo izquierdista de Sahra Wagenknecht, buscará su supervivencia a través de tres 'veteranos', entre ellos el fundador de ese partido de raíces postcomunistas, Gregor Gysi.
"Hagamos que estos tres tipos viejos, camaradas, entren en campaña con todas sus fuerzas para lograr un mandato directo", animó Gysi a los delegados de su partido, reunidos en Halle (este alemán), en un congreso destinado a mostrar cohesión.
El mismo Gysi definió esta estrategia como 'Acción Rizos de Plata', en alusión a las canas que, en política, representa junto con Bodo Ramelow, jefe del gobierno en el 'land' de Turingia, y el exjefe del grupo parlamentario en el Bundestag (Cámara baja), Dietmar Bartsch.
Su plan consiste en que cada uno de ellos luche por la victoria en un distrito fuerte del este alemán. Lograrían, de conseguirlo, la representación parlamentaria que no obtendrán si, como apuntan los sondeos, quedan por debajo del listón de 5 % en las elecciones generales de 2025. Esa fue la fórmula con que La Izquierda -Die Linke, en alemán- se alzó como grupo parlamentario en el Bundestag tras la reunificación. Por entonces solo conseguía buenos porcentajes en el territorio de la extinta Alemania comunista, mientras que en el resto del país quedaba en resultados pírricos. Estaba estigmatizado como heredero del régimen germano-oriental y arrinconado por el resto del espectro parlamentario. A punto de cumplirse los 35 años de la caída del Muro, su situación es agónica.
Gysi fue el artífice de su reactivación, pero pasó a la retaguardia tras sufrir varios infartos aunque siempre acaba resurgiendo cuando se le necesita. Bartsch representa el ala moderada que con los años arraigó también en el oeste del país. Ramelow es el único líder de La Izquierda que ha logrado colocarse al frente de un gobierno regional, el de Turingia, el ‚land‘ donde el pasado septiembre se impuso como primera fuerza la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
El congreso de la Izquierda se cerró este domingo tras la renovación de su cúpula. Fueron elegidos como nuevos presidentes la periodista Ines Schwerdtner y el exdiputado del Bundestag Jan van Aken, dos rostros renovadores pero prácticamente desconocidos para el ciudadano. Sustituyen al tándem formado por Martin Schirdewan y Janine Wissler, que tampoco lograron relanzar el partido.
La Izquierda quedó ya muy debilitada en las generales de 2021, cuando obtuvo apenas un 4,9%. Ya entonces salvó su presencia en el Bundestag con varios mandatos directos. A esa vulnerabilidad se sumaron sus vaivenes respecto a Rusia. Su cúpula condenó la guerra de agresión sobre Ucrania, pero le sobrevino la escisión capitaneada por Wagenknecht, considerada prorrusa y contraria a los suministros de armas a Kiev. La salida de la mediática Wagenknecht fue una estocada para La Izquierda. No solo por el ímpetu de esta líder, sino porque también rompió con el partido su esposo, Oskar Lafontaine, quien en 1999 abandonó el Partido Socialdemócrata (SPD) para acabar uniéndose a Gysi.
El desgarro ha precipitado la caída en picado de La Izquierda. En Turingia aún defendió posiciones gracias a la popularidad de Ramelow, que sigue como primer ministro en funciones mientras la conservadora CDU negocia una mayoría parlamentaria que deje fuera a los ultras. En Sajonia cayó a formación extraparlamentaria, por primera vez en un ‚land‘ del este alemán. Los sondeos apuntan a que en los comicios generales de septiembre de 2025 se hundirá en el 3%.
Wagenknecht ha logrado en tiempo récord convertirse en indispensable para lograr mayorías sin romper el cordón sanitario contra los ultras. Sus posiciones respecto a Ucrania y la OTAN le colocan en las antípodas tanto de la CDU, primer partido en intención de voto, como de los socialdemócratas de Olaf Scholz. En política migratoria defiende posiciones similares a las de la ultraderecha. En las generales de 2025 se le pronostica un 9%.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Jaleo en el patio de la escuela


Una convulsa sesión constitutiva del Parlamento de Turingia evidencia los límites de la gobernabilidad bajo el dominio ultra



El lider de AfD en Turingia, Björn Höcke, durante la sesión constitutiva del Parlamento de Turingia. / MARTIN SCHUTT / AP


Gemma Casadevall
Erfurt 26 SEPT 2024 17:16 

Interrupciones, victimismo ultra, desconocimiento deliberado de los procedimientos democráticos, tumultos y abandonos del hemiciclo: la sesión constituyente del Parlamento de Erfurt, la capital del 'land' de Turingia, evidenció los límites de la gobernabilidad a que se enfrenta el país, con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) como fuerza dominante ya a escala regional.

"El electorado ha depositado en nosotros una tarea. Y nos corresponde trasladarla a su próximo gobierno", afirmó Jürgen Treutler, de la AfD, a quien correspondió el discurso de apertura por ser el diputado de más edad, con 73 años. Treutler representa al distrito de Sonneberg, donde en 2023 la AfD logró su primera victoria a escala comarcal. Insistía en dar a su intervención tono de arenga partidaria, pese a que a la presidencia de edad se le atribuye neutralidad.

A las protestas del resto de los partidos respondía con nuevas interrupciones, hasta seis en unas cinco horas, para acabar reclamando la conservadora CDU la intervención del Tribunal Constitucional y darse por suspendida la sesión hasta el sábado. En los accesos del Parlamento, un grupo de manifestantes anti-AfD seguía entre carcajadas la sesión, que transmitía un canal regional, bajo la mirada divertida de algún agente del cordón policial.

Para la ultraderecha, el muro de contención es, en palabras de Treutler, un "desprecio al voto del pueblo". La derecha radical obtuvo en los comicios del 1 de septiembre un 32,8%, liderada por el extremista, Björn Höcke. Logró por primera vez la posición de fuerza más votada en unas regionales.

"Buscan el caos, no se ciñen a los protocolos de actuación previstos en democracia, sino que quieren convertir cada minuto en un show", lamentaba en una de las pausas el primer ministro en funciones, el izquierdista Bodo Ramelow. "De nuestro proceder en Turingia depende la operatividad democrática a escala nacional", comentó su aún ministro del Interior, el socialdemócrata Georg Meier. La AfD representa, entre la extrema derecha europea, su versión más radical, recordó Meier.

La sesión constitutiva reflejó hasta en lo físico la debilidad de los partidos establecidos. Höcke acaparó, como suele hacerlo, toda la atención mediática en cuanto entró en el hemiciclo, donde la AfD tiene 32 escaños del total de 88 de la Cámara. Los partidos de la coalición de Olaf Scholz ocupan apenas seis puestos. Corresponden a los diputados del Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller, ya que sus socios verdes y liberales quedaron fuera. Entre la AfD y la nueva izquierda prorrusa de Sahra Wagenknecht (BSW) suman 47 escaños. La BSW descarta una alianza con la AfD, pero ha dejado claro que no bloqueará sistemáticamente sus propuestas.

Los conservadores de la CDU, segunda fuerza tras la AfD, negocian con Wagenknecht una mayoría que deje fuera a la extrema derecha. Teóricamente, la CDU no puede recurrir a la Izquierda de Ramelow, ya que varias resoluciones del partido excluyen toda alianza con ese partido de raíces postcomunistas.

Crisis en el tablero parlamentario conocido

Las recientes elecciones regionales en el este alemán, en Turingia, Sajonia y Brandeburgo, han dado una patada al tablero político. El SPD de Olaf Scholz salvó la cara al defender su primera posición en Brandeburgo. Pero se ha precipitado la agonía de La Izquierda, los Verdes y los liberales del FDP.

La Izquierda conserva escaños en Turingia gracias a la popularidad de Ramelow, el único representante de ese partido que ha alcanzado el liderazgo de un gobierno de un 'land' alemán. En Sajonia, el izquierdismo clásico retuvo escaños por algunas victorias de distrito. Pero en Brandeburgo quedó apeado de la Cámara, lo que es la primera vez que le ocurre en el antiguo territorio germano-oriental. Su debilitamiento se debe al ímpetu del partido Wagenknecht, surgido como escisión de La Izquierda.

El FDP, el partido del ministro de Finanzas Christian Lindner, tuvo siempre sus problemas en el este, por identificársele como el partido de los intereses del ámbito económico o los sueldos altos y tener escaso arraigo en ese territorio. Ahora quedó a niveles residuales y se respira nerviosismo. Se habla de un posible abandono de la coalición de canciller Scholz, tal vez en noviembre, por los persistentes disensos en materia presupuestaria.

Los Verdes quedaron fuera tanto de Turingia como de Brandeburgo. Ha sido el primer partido en mostrar reacciones desde la cúpula. El miércoles anunciaron su dimisión sus dos copresidentes Ricarda Lang y Omir Nouripour. A esos anuncios ha seguido el adiós de los líderes de sus Juventudes, por desacuerdo con su ministro más destacado, el de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, quien aspira a ser el candidato verdes las generales previstas para 2025. Se le imputa haber perdido toda conexión con el voto joven, lo que fue una señal de identidad del ecopacifismo alemán.

La AfD es el nuevo reclutador del voto joven, con porcentajes que van del 32% al 35% entre los votantes menores de 24 años.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Canciller agónico


La victoria mínima socialdemócrata en Brandeburgo no aleja el riesgo de un "otoño caliente" para Scholz



El canciller alemán, Olaf Scholz, este lunes en Nueva York. / MICHAEL KAPPELER / DPA / EUROPA PRESS


Gemma Casadevall
Berlín 23 SEPT 2024 

"Las elecciones han demostrado que vale la pena luchar (...) y con este espíritu de lucha iremos a las elecciones del próximo otoño", zanjó este lunes el canciller alemán, Olaf Scholz, desde Nueva York, en un aparte de la Asamblea General de la ONU preguntado por los comicios del domingo en el 'land' de Brandeburgo, que se saldaron con victoria para su Partido Socialdemócrata (SPD). Pese a que la socialdemocracia alemana salvó así la tercera y última prueba en las urnas a escala regional, tras los descalabros anteriores, en Alemania persisten los rumores sobre un fin prematuro del Ejecutivo de Scholz, precipitado por la impopularidad de su coalición de gobierno y la debilidad extrema de uno de sus socios, el Partido Liberal (FDP)

"Vivimos tiempos difíciles", añadió, en alusión tanto a Ucrania como a la economía alemana. En esa situación, "no hay que dejar oportunidad alguna al populismo derechista", continuó, sino mostrar "cohesión".

La intervención de Scholz, que estuvo totalmente ausente en la campaña de Brandeburgo pese a tener allí su domicilio privado, seguía a las insinuaciones desde el FDP, socios del tripartito junto a los Verdes, de un "otoño caliente". Se han sucedido asimismo las especulaciones sobre una renuncia de Scholz a presentarse a la reelección en las generales previstas para el año próximo, para dejar paso a un candidato con más opciones --probablemente, su ministro de Defensa, Boris Pistorius--. Pero desde la central del SPD se ratificó este mismo lunes que Scholz es el "candidato natural". La declaración, formulada por el presidente del partido, Lars Kingbeil, coincidió con la designación del líder derechista Friedrich Merz como candidato del bloque conservador integrado por la CDU y su hermanada CSU bávara.

Hay unanimidad en que la victoria del SPD en Brandeburgo se debió al poder de movilización del primer ministro del 'land', Dietmar Woidke. Al estilo del francés Emmanuel Macron, Woidke convirtió los comicios en un plebiscito sobre la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD): votarle a él era la única vía para impedir que la extrema derecha se alzase con otro triunfo, tras haber sido tres semanas atrás el partido más votado en Turingia. El SPD obtuvo un 30,8%, frente al 29,2% de los ultras. Rompió así la mala racha del partido de Scholz, que tanto en Turingia como en las elecciones de principios de septiembre de la vecina Sajonia quedaron a mínimos, lo mismo que le había ocurrido en las pasadas elecciones europeas.

Scholz se dio un respiro. Pero no así sus socios, Verdes y los liberales del FDP, que han quedado fuera de otra Cámara regional. Los ecologistas cayeron a un 4,2%, víctimas del voto útil en favor de Woidke. Mucho peor fue la situación del FDP, reducido a niveles de partido marginal, con un 0,8% de votos. En Sajonia y Turingia sufrió golpes similares.

Nerviosismo liberal

"No creo que la coalición semáforo aguante hasta Navidad", se permitió decir el vicepresidente del Bundestag (Parlamento) y número dos de los liberales, Wolfgang Kubicki. Por coalición semáforo se entiende el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales, de acuerdo a los colores identificativos de esos partidos. Kubicki nunca ha sido partidario de esa constelación y, además, es un reconocido practicante del catastrofismo político, amigo de pronosticar rupturas inminentes. En este caso, su opinión parece refrendada por la opinión de sus compatriotas: según un sondeo reciente, apenas un 3% de los ciudadanos respalda la actual coalición de gobierno. El SPD ocupa la tercera posición en intención de voto, con un 15%, algo menos de la mitad de lo que se estima para el conservador Merz y entre uno o dos puntos por debajo de la AfD. A los Verdes se les sitúa en el 10%, mientras que al FDP se les ve por debajo del 5%, el mínimo para tener escaños. Es un partido que durante décadas ejerció de bisagra en coaliciones y que aparentemente está ahora condenado a la irrelevancia política.

Kubicki no es el único representante del FDP que ve nubarrones. Su secretario general, Bijan Djir-Sarai, aseguró en una tertulia postelectoral que se avecina un "otoño decisivo". El líder Lindner recordó que su partido había tenido ya históricamente sus problemas para entrar en parlamentos regionales del este. Pero dejó claro que la batalla definitiva será la aprobación de los presupuestos, prevista para noviembre, y que confronta su apuesta por la austeridad con la línea del ministro de Economía, el verde Robert Habeck.

Son múltiples los comentarios en los medios cuestionando si el FDP no optará por la desconexión de la impopular coalición para intentar regenerarse en la oposición. Las generales están convocadas para septiembre del 2025. Un abandono de la coalición podría derivar en elecciones anticipadas, algo que en Alemania tiene un precedente no tan remoto. Fue en 2005, cuando el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder provocó el adelanto electoral. Su poder estaba desgastado por una sucesión de derrotas a escala regional, la última de las cuales en un 'land' emblemático para su partido, Renania del Norte-Westfalia. Schröder se sometió a un voto de confianza con intención deliberada de perderlo, como ocurrió. Pero a esa jugada le siguió la derrota ante las urnas frente a la entonces líder de la oposición conservadora, Angela Merkel.

domingo, 22 de septiembre de 2024

Salvador Woidke

La socialdemocracia de Scholz defiende su bastión de Brandeburgo pese al ímpetu ultra



El primer ministro de Brandeburgo y candidato del Partido Socialdemócrata (SPD) de Alemania, Dietmar Woidke, habla ante principal de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Jan Redmann.

Gemma Casadevall, Potsdam 22 SEPT 2024 

El Partido Socialdemócrata (SPD) del canciller, Olaf Scholz, defendió su posición de primera fuerza en el 'land' de Brandeburgo, pese al ímpetu que la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) evidenciado, de nuevo, en el este alemán. Según cifras oficiales, escrutadas el 100 % de las mesas, el SPD obtuvo un 30,9 % %, frente al 29,2 % de la extrema derecha. En tercera posición se situó la izquierda populista y prorrusa de Sahra Wagenknecht (BSW), con un 13,4 %, seguida de la derecha moderada de la CDU, con un 12 %. Los verdes, socios de gobierno de Scholz, están en el 4,1 %, por debajo del 5 % mínimo para obtener escaños, mientras que los liberales, el tercer aliado del canciller, obtuvieron resultados marginales por debajo del 1 %.

La cámara nueva regional quedará reducida así a cuatro grupos parlamentarios, los correspondientes al SPD y la CDU, más los extremistas AfD y BSW. La Izquierda clásica, de la que se escindió Wagenknecht, se queda por primera vez sin escaños en un 'land' que fue territorio germano-oriental o comunista.

Las regionales de Brandeburgo eran la prueba de fuego para la socialdemocracia del canciller, el partido que ha gobernado en ese ‚land‘ que rodea Berlín en los últimos 34 años, es decir, desde la reunificación alemana. Su defensa de la primera posición se considera un mérito personal de Dietmar Woidke, el primer ministro regional desde hace 11 años, quien anunció en campaña que, de ganar la AfD, se retiraría. Esta determinación ha movilizado a electorado no esencialmente socialdemócrata, cuya prioridad era impedir el ascenso de la AfD. La participación superó el 74 %, un aumento de 14 puntos sobre las anteriores regionales. "Estoy satisfecho, sí. Pero vemos unos movimientos preocupantes entre las formaciones extremistas", afirmó Woidke desde el Parlamento del 'land', un político experimentado y cauteloso, de 62 años, tras lograr para su partido un despegue de casi 5 puntos respecto a las regionales de 2019. Rompe con ello la racha a la baja del SPD, que acumulaba seis derrotas consecutivas, a escala regional y en las europeas. "Es amargo para la CDU. Ha habido una fuerte polarización, por miedo a otro éxito de la AfD y una movilización que ha perjudicado a otras formaciones," comentaba a EL PERIODICO Jan Redmann, candidato regional de la CDU, que cayó casi cuatro puntos respecto a las anteriores regionales.

Con aspecto abatido, el fundador de la AfD y presidente honorario del partido, Alexander Gauland, reconocía en un aparte ante los medios que los suyos se quedaron "algo por debajo" de sus objetivos. Su candidato, Hans Christoph Bernd, representante del ala más cercana al neonazismo, no repitió el triunfo logrado por los suyos a principios de septiembre en Turingia, donde quedaron en primer lugar. Es, sin embargo, la fuerza más votada entre los jóvenes, con un 32 % estimado entre la franja de votantes hasta los 24 años.

Alivio para el 'ausente' canciller


A Scholz, quien tiene su domicilio familiar de Potsdam, la capital del 'land', no se le ha visto en toda la campaña de estas regionales y no se le puede atribuir la victoria. Pero Woidke ha ‚salvado‘ para el SPD la posición de primera fuerza, lo que es un alivio para la debilitada coalición del canciller, pese a la erosión de electorado que sufren verdes y liberales.

En medios alemanes se venía hablando desde hace semanas de una probable ruptura prematura del debilitado tripartito de Scholz, tal vez el próximo noviembre, por los desacuerdos persistentes en materia presupuestaria. De ser así, podrían precipitarse elecciones anticipadas a principios de año o entrada la primavera. También se ha barajado una posible renuncia Scholz como candidato a la reelección para dejar la lucha por la cancillería en las elecciones convocadas para septiembre de 2025 a manos de su ministro de Defensa, Boris Pistorius, mucho más popular y vigoroso que el actual canciller.

Los comicios de Brandeburgo seguían a los celebrados el primer domingo de septiembre asimismo en el este de Alemania. La AfD se alzó ahí como primera fuerza en Turingia dirigidos por su líder más radical, Björn Höcke, mientras que en la vecina Sajonia quedó en segunda posición. En ambos estados federados, el SPD quedó a mínimos y corresponderá a la derecha moderada de la CDU negociar coaliciones incluso con Wagenknecht, pese a los abismos ideológicos y a su línea prorrusa, a cambio de salvar el cordón sanitario en torno a la AfD. Está por ver si se consigue cerrar esas brechas y a cambio de qué compromisos.

Aires de precampaña para las próximas generales

Para el líder de la CDU, Friedrich Merz, la carrera a la cancillería ya ha comenzado. Los resultados de su partido en Brandeburgo son los peores en décadas, pero este bajón se atribuye parcialmente a la movilización a favor de Woidke. Este lunes, Merz será designado formalmente como candidato de la CDU y su hermanada CSU bávara para las generales previstas, salvo adelanto, para el 28 de septiembre de 2025. A diferencia de Scholz, Merz sí ha estado muy presente en Brandeburgo e incluso participó en su miting de cierre, en Potsdam. Ahí ratificó ante sus seguidores su línea dura en materia migratoria, lo que en el caso de la CDU incluye las devoluciones en caliente en las fronteras alemanas. Las medidas de urgencia establecidas por el gobierno de Scholz, consistentes en controles aleatorios en todas las fronteras del país, no son suficientes para Merz.

Asimismo cada vez más concentrado en su futuro parece el ministro de Economía y vicecanciller, el verde Robert Habeck, en quien se da por hecho que corresponderá ejercer de candidato en las generales. Su colega de Exteriores, Annalena Baerbock, anunció ya que no será ella quien lo intente de nuevo, después de haberlo hecho en 2021. Los Verdes están de capa caída en los sondeos, arrastrados por la mala sintonía en la coalición de Scholz y por la persistente confrontación pública entre Habeck y el titular de Finanzas, el liberal Christian Lindner.

La emergente AfD ha llegado a calificar a los Verdes de „peligro para la democracia“, por su rechazo a las restricciones al asilo. El derechista Merz, muy alejado de la línea centrista que representó Angela Merkel entre la familia conservadora, considera que Habeck es el peor ministro de Economía que ha tenido nunca Alemania.

sábado, 21 de septiembre de 2024

Das boot ist voll

 Brandenburg, prova de foc de Scholz

domingo, 8 de septiembre de 2024

El este y sus caprichos en las urnas, de 1989 a 2024




El 'nuevo' este de Alemania, entre la extrema derecha y el populismo de izquierda



Los resultados finales confirman los augurios de una complicada formación de gobiernos en este alemán.


Gemma Casadevall
Berlín 08 SEPT 2024 

Que el este alemán no es territorio propicio para el centrismo lo demuestra el mapa político de ciudades como Templin, en el 'land' de Brandeburgo, el lugar donde creció su ciudadana más ilustre, Angela Merkel. En las pasadas elecciones europeas, el partido más votado fue la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), con un 32,8%, mientras que la conservadora CDU, el partido de la ex canciller, obtuvo un 17,5%. En Brandeburgo se celebrarán elecciones regionales el próximo día 22 y ahí se pronostica el primer puesto para la AfD, como ocurrió en Turingia, donde los ultras rozaron el 33% liderados por el radical, Björn Höcke.

El alcalde de Templin, el izquierdista Detlef Tabbert, dice sentirse orgulloso de Merkel, pese a que la CDU excluye desde tiempos de Helmut Kohl a La Izquierda como aliado, por representar el postcomunismo. El título de 'ciudadana ilustre' le fue concedido a Merkel en 2019 casi como deferencia a su madre, Herlind Kasner, quien hasta los 90 años ejerció como maestra de inglés en Templin. El alcalde se pasó ahora, tras 16 años de militancia La Izquierda, al nuevo populismo izquierdista de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW).

"La volatilidad del voto es extrema en el este. Y se va, además, a los extremos“, explica a El PERIÓDICO Hajo Funke, politólogo berlinés y autor de varios libros sobre la AfD. La CDU dominó el mapa político en los años siguientes a la caída del Muro, pero ahora Turingia, Sajonia y Brandeburgo se tiñen de azul, el color identificativo de la AfD, mientras crece la influencia de Wagenknecht.

Del negro de Kohl a los puntos rojos postcomunistas


Las primeras elecciones de la Alemania reunificada, en 1990, dieron la victoria a la CDU del entonces canciller Helmut Kohl con porcentajes del 45% en Turingia, dos puntos por encima de la media del país. Se había materializado en tiempo récord la extinción de la comunista República Democrática Alemana (RDA) y la socialdemocracia occidental ocupaba el segundo lugar. Pero aparecían aquí y allá los primeros puntos rojos, correspondientes al postcomunista PDS, el heredero político de la RDA. El resto del espectro parlamentario, de la CDU a socialdemócratas, liberales y verdes, recibieron al PDS a regañadientes como un 'cuerpo extraño' en el Parlamento federal (Bundestag). Se les quiso aislar políticamente. Pero empezó reflejarse que no todo el mundo digería bien la 'reunificación exprés' de Kohl y la extinción de la RDA. De ese postcomunismo procede Wagenknecht.

La Izquierda toma carrerilla

Entre 1999 y 2004 quedó claro que la euforia reunificadora había sido fugaz. Los 'paisajes florecientes' que había prometido Kohl para el este eran páramos con un desempleo que doblaba al del oeste del país. El este se vaciaba de población más joven a niveles similares a los registrados desde la posguerra y hasta que, en 1961, el régimen germano-oriental construyó un muro contra la sangría demográfica. La CDU seguía siendo la primera fuerza, pero La Izquierda, como se llamó a la fusión del postcomunismo la disidencia socialdemócrata de Oskar Lafontaine, era la segunda fuerza. La socialdemocracia se empequeñecía, mientras que verdes y liberales seguían sin encontrar a su electorado en el este.

Ruge la ultraderecha

"La irrupción de la ultraderecha desbarató el mapa", resume Funke. La población de la RDA había pasado de una dictadura, la nazi, a la siguiente, la comunista, recuerda su colega, Matthias Quent, perteneciente a la generación más joven de politólogos del este. La falta de una 'formación en democracia' en quienes solo habían conocido totalitarismos hizo mella en la 'transmisión de valores' a sus hijos o nietos. Pese a la inmensa inyección de inversiones en el este y el lento pero existente proceso de equiparación de sueldos y jubilaciones con respecto al oeste, se mantiene la percepción de que los del este son 'ciudadanos de segunda'. De espectacular, o desastroso, se puede calificar la evolución del mapa político de Turingia entre las regionales de 2014, 2019 y 2024: hace diez años, persistía cierto equilibrio entre la CDU y la Izquierda; en 2019 irrumpe la AfD; en 2024 el mapa queda a merced de los ultras.

El 'brandmauer’ alemán y el recuerdo del Muro

"El cortafuegos no es democrático. No pueden aislar a quien llega a primera fuerza de acuerdo a las reglas democráticas. Será su cárcel", comentaba en la noche electoral de Turingia el diputado de la AfD en el Bundestag Stephan Brandner. El significado de la palabra alemana 'brandmauer‘ --'muro contra incendios'-- tiene connotaciones negativas para el este, a juicio del político de la CDU, Sven Eppinger. Recuerda al traumático muro que partió Berlín y que sigue presente en algunas cabezas. "No se puede mantener en pie un cordón sanitario que ya no existe en la calle, en la familia o el trabajo", sentencia este político. "La llegada de la AfD a posiciones de poder dará alas al revisionismo del Holocausto", advertía desde la televisión pública MDR Hans Christian Wagner, el director del museo del antiguo campo de concentración nazi de Buchenwald, amenazado por la AfD de Turingia.

La burbuja de Weimar

Sacar conclusiones con la comparación estricta en el conjunto del este y el oeste no es correcto, según el politólogo Quent. La AfD y el partido de Wagenknecht no solo prosperan en el este. En las europeas la AfD quedó en un segundo lugar a escala nacional, mientras que Wagenknecht, que se estrenaba en las urnas, se disparó a un 6,2%. Para Quent, la comparación debe establecerse entre distritos con niveles de educación y poder adquisitivo semejantes. "Las constelaciones no son tan distintas entre dos ciudades universitarias como Weimar, en el este, o Heidelberg, en el sur", afirma. Weimar es una de las pocas 'burbujas' que siguen en poder de la CDU en Turingia. Se la identifica con la república de entreguerras que derribó Adolf Hitler, así como la ciudad de los clásicos Goethe y Schiller y del movimiento vanguardista Bauhaus. "Hay que pasar a la resistencia activa", afirma Ralf, activista de Aufstehen gegen Rassismus o Levantamiento contra el Racismo.

Los 'megáfonos' de Putin en Tiktok


Que la AfD haya sido en Turingia la fuerza más votada entre los electores de entre 18 y 24 años, con un 38%, obedece a que es la fuerza más activa en redes sociales. Su líder en Turingia, el radical Björn Höcke, es omnipresente en Tiktok y X, seguido por Wagenknecht. Desde ahí alcanzan a nuevos votantes del este más desfavorecido. "Han sabido movilizar no solo el voto antimigración, sino también contra los suministros de armas a Ucrania", recuerda Quent. A ambos extremismos, derechista e izquierdista, se les identifica como 'megáfonos de Vladímir Putin'. "La AfD no sería posible sin los influencers derechistas y sus multiplicadores, un espectro que amplifica cualquier intervención de sus líderes, sean mensajes o videos“, afirma al semanario 'Der Spiegel' Roland Verwiebe, responsable de un estudio de la Universidad de Potsdam, capital de Brandeburgo.

martes, 3 de septiembre de 2024

Tarde de toros en el Landtag

 

L’Est normalitza els ultres

lunes, 2 de septiembre de 2024

Las horas contadas de la política migratoria

Alemania mantiene el veto a la ultraderecha pese a su triunfo 


Reacciones del partido político de derechas AfD a los resultados de las elecciones estatales en Turingia y Sajonia / Filip Singer
 Gemma Casadevall

El ímpetu de la ultraderecha no romperá el cortafuegos político impuesto sobre Alternativa para Alemania (AfD), pero sí acentuará las prisas por endurecer la política migratoria. "Hablaremos con todas las fuerzas democráticas, menos con la AfD", afirmó el jefe de la conservadora CDU, Friedrich Merz, al día siguiente de los comicios regionales que dieron a los radicales el primer puesto en Turingia y el segundo en Sajonia.
El mensaje de la derecha moderada hacia el debilitado Gobierno de Olaf Scholz quedó asimismo claro: o se aviene a "devolver a la frontera", en palabras de Merz, a la migración irregular que sigue llegando a Alemania, o no podrá contar con su apoyo para resolver una cuestión acuciante, en la calle y en el espectro político.
La advertencia, en dirección a Scholz, se produce cuando desde el Ejecutivo se han acelerado ya algunas medidas para agilizar las deportaciones y recortar las ayudas a refugiados rechazados. El impacto del atentado yihadista de finales de agosto en Solingen, con tres muertos acuchillados por un 'soldado' sirio de Estado Islámico (EI), hizo que la semana pasada empezaran a verse resultados. Los tres socios de gobierno, socialdemócratas, verdes y liberales, presentaron a tres días de los comicios un paquete de medidas para endurecer la política migratoria y las leyes de armas. Les siguió el viernes la reanudación de las deportaciones a Afganistán, interrumpidas desde el regreso de los talibanes al poder

304.000 refugiados

"No es suficiente. Por cada cinco refugiados que se expulsa entran en el país otros cien", argumentó Merz. Hay en Alemania unos 304.000 refugiados que teóricamente deberían abandonar el país, según cifras recientes de Interior. De ellos, un 80% seguirá en Alemania en régimen de 'tolerados', frente a los 56.000 que deberían acabar expulsados. Actualmente viven en el país más de un millón y medio de refugiados, principalmente de Siria y Afganistán y llegados desde la crisis migratoria de 2015, además de otro millón y medio de ucranianos.
La CDU apremia al gobierno a detener las llegadas, lo que a su parecer debe hacerse ya en la frontera porque, afirma Merz, "el sistema de Dublin no funciona". Alude así la fórmula del bloque comunitario según la cual su acogida corresponde al país por dónde ingresa el migrante en la UE. Merz ha emplazado a Scholz a actuar en consecuencia y advertido de que, si no está dispuesto a llevarlo adelante, no tiene sentido seguir hablando. Esta semana deben iniciarse unas consultas entre el tripartido de Scholz y la primera fuerza de la oposición para abordar la cuestión migratoria. Si Scholz rechaza sus propuestas "será la primera y última reunión", advierte Merz.

Una CDU reforzada en las urnas

El líder de la oposición conservadora se presentó el día siguiente de los comicios en Sajonia y Turingia como vencedor. En Turingia, donde la AfD quedó primera con un 32,8 %, porque corresponderá a la CDU, con un 23,6%, tratar de formar gobierno con el resto de las fuerzas democráticas. En Sajonia, porque la CDU quedó en un primer lugar con un 31,9 %, un punto y medio por encima de la AfD.
En la búsqueda de aliados topa la CDU con una resolución vigente en el partido desde 2017, según la cual se descarta a la Izquierda como socio, por considerarla heredera del comunismo germano-oriental. Está por ver cómo resolverá la CDU o sus barones regionales esa cuestión a la de por sí compleja formación multicolor de un gobierno estable.

Un cordón sanitario inexistente en lo diario

"Lo único que está claro es nadie hablaba anoche de romper el cortafuegos frente a la ultraderecha. Eso es positivo en lo político, no se podía dar por consabido. Pero en la sociedad ese cortafuegos ya no existe y eso no se puede obviar", comentaba en una reunión con periodistas el politólogo Torsten Faas. No se puede "ignorar" a un 32,8% de los votantes, con los que se convive en el ámbito familiar, laboral, en la calle o la consulta médica, apunta. Las opiniones entre quienes no votan a la AfD están divididas entre quienes rechazan categóricamente a ese partido, por sus vínculos con el neonazismo, y quienes consideran "normalizada" su presencia en la vida diaria.
"La política migratoria ha dominado la campaña. La percepción general es que Alemania ha extralimitado su capacidad para absorver tanta migración, que está saturada", apuntó por otro lado la asimismo politóloga Julia Reuschenbach. Sin embargo, a juicio de esta experta de la televisión pública ARD, sería un "mensaje peligroso" hacerle el juego a la ultraderecha y asumir sus recetas. "Haga lo que haga la coalición de Scholz o cualquier futuro gobierno, nunca le parecerá suficiente a la AfD", apunta. "La política migratoria es una cuestión muy compleja, para la que no sirven las propuestas falsamente simples de los populismos", según Reuschenbach.
Mientras Scholz llamaba a las fuerzas democráticas a la cohesión para aislar al extremismo derechista, desde Berlín la cúpula de la AfD calificaba de „antidemocrático“ el cortafuegos. Los rostros de los dos presidentes del partido ultraderechista, Alice Weidel y Tino Chrupalla, eran más serios que eufóricos, el día después de una victoria que marca un hito para los suyos, pero que le deja en la condición de ‚proscrito‘. Su líder en Turingia, Björn Höcke, había sido el gran protagonista de la noche electoral. Pero al día siguiente no apareció por Berlín para celebrar su triunfo con los suyos. Logró el mejor resultado para su partido y desde su posición de cabecilla del ala más extremista. Sin embargo, no consiguió el mandato directo para la nueva cámara regional, ya la victoria en su distrito fue para la CDU.

Las claves


¿Por qué ha ganado Alternativa para Alemania en Turingia? ¿Podrá gobernar? ¿Cómo afecta al Gobierno de Scholz?



Bjoern Hoecke / Wolfgang Rattay / REUTERS



Gemma Casadevall
Berlín 02 SEPT 2024 

El este alemán rugió y dio varios mazazos a los partidos establecidos, especialmente a la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz. A la victoria de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en Turingia, donde alcanzó la posición de primera fuerza, o su segundo puesto en Sajonia, se sumó la irrupción del nuevo populismo izquierdista que lidera Sahra Wagenknecht, a cuya puerta deberá llamar la derecha moderada de la CDU para poder gobernar. Wagenknecht deja así herida de muerte a La Izquierda, el partido que durante años aglutinó el voto de protesta en el territorio de la antigua Alemania comunista y al que ahora dio la espalda su votante, probablemente porque lo considera 'domesticado' por los partidos establecidos.

¿Por qué ganó la ultraderecha?


Los resultados de los comicios regionales de este domingo no difieren mucho de los alcanzados por la AfD en las pasadas elecciones europeas: en Turingia se disparó el domingo al 32,8 %, frente del 30,7 % de las europeas de junio, mientras que en Sajonia obtuvo un 30,6 %, tras el 31,8 % de los comicios a la Eurocámara. El voto ultra estaba ahí, esperando el momento para lanzarse y ganar su primer ‚Land‘. Es un voto transversal, que alcanza todos los estratos sociales y que puede ir a más, de mantenerse la tendencia. Su máximo eco lo encuentra entre los votantes entre 18 y 24 años, con un 38% en Turingia. Entre los mayores de 70 años baja al 19 %, según las estimaciones de la televisión pública ARD. En la franja entre 16 y 18 años, sin derecho a voto en estos comicios, está en un 48%.

¿Podrá gobernar el radical Höcke?


Al líder de la AfD en Turingia, Björn Höcke, no se le veía realmente exultante la noche electoral, pese a que las urnas le dieron dos puntos más de lo pronosticado. El resto del espectro parlamentario le descarta como socio, como hace también izquierda de Wagenknecht. Höcke representa el ala más radical de un partido al que excluyen, por su extremismo, las dos grandes familias de la derecha populista europea, Conservadores y Reformistas, el grupo de la italiana Giorgia Meloni, y los Patriotas para Europa del húngaro Viktor Orbán y la francesa Marine Le Pen. La figura de Höcke le sirve a la AfD para captar votos, pero no para avanzar hacia el poder. Lo tendría más fácil su correligionario de Sajonia, Jörg Urban, menos estridente. Pero ahí la primera fuerza fue la CDU. Encima, tras el recuento de votos la AfD perdió un escaño y con ello la minoría de bloqueo, necesaria para vetar ciertas leyes y designaciones.

¿Aguantará la coalición de gobierno de Scholz?

La noche electoral fue agria para el Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz, que ya estaba en mínimos en ambos estados del este. Mucho peor fue la situación para sus socios Verdes, que solo tendrán escaños en Sajonia, y sobre todo para los liberales, que quedaron fuera de ambas con resultados propios de una formación marginal, sobre el 1,5 %. „Todas las fuerzas democráticas están llamadas a posibilitar un gobierno sin el extremismo derechista“, afirmó Scholz, a la agencia de noticias Reuters. Las próximas elecciones generales están convocadas para el 28 de septiembre de 2025. Scholz empezó ya a aplicar su receta para tratar de aguantar ese año: agilizar las expulsiones de migrantes irregulares, recortar los subsidios a los solicitantes de asilo rechazados y endurecer su política migratoria. Es decir, aquello que viene reclamando todo el espectro parlamentario, de derecha a izquierda, incluidos sus socios. Es una coalición en tiempo de descuento, a la que desde los verdes se ha calificado de 'transición'.

¿Es la derecha moderada la vencedora de los comicios?

Por lo pronto, la CDU tiene las mejores cartas no solo para mantenerse al frente del gobierno regional de Sajonia, sino también para ganar el liderazgo del de Turingia, cuyo jefe de gobierno fue en las dos últimas legislaturas el izquierdista Bodo Ramelow. Con ello reforzará sus posiciones a escala de los poderes regionales y, además, mejora sus perspectivas de cara a las generales de 2025. En las pasadas europeas se coronó como primera fuerza con un 30 %, casi el doble que su perseguidora, la AfD,. Tiene además la siguiente oportunidad de revalidarse como 'salvadora' en nombre de la democracia en las regionales de Brandeburgo, que se celebran el 22 de septiembre. Los sondeos sitúan a la AfD en un 24 %, cuatro puntos por encima tanto de la CDU como del SPD, que actualmente lidera el gobierno regional de ese ‚Land‘ que rodea Berlín.

¿Peligra el apoyo a Ucrania por el ímpetu prorruso?

El este alemán dio un baño de realidad al gobierno de Scholz y a la oposición conservadora en lo que se refiere a Ucrania. La AfD y el partido de Wagencknecht tienen posiciones similares en política migratoria, aunque el populismo izquierdista se aparta de las posiciones radicales como los planes de ‚remigración‘ ultraderechistas. Donde sí hay coincidencia entre ambos extremismos políticos es en el rechazo al apoyo militar a Kiev. Se dicen ‚pacifistas‘ y reclaman el fin de los suministros de armas a Ucrania. Alemania es el segundo contribuyente internacional a Kiev, tras EEUU. La entrada de Wagenknecht en un gobierno regional o en los dos no debería afectar la política exterior de Berlín. Pero sí es una llamada de atención, siendo que esos dos partidos, AfD y Wagenknecht, que dicen enarbolar el ‚no a la guerra‘ y el ‚sí a negociar‘ con Moscú sumaron casi el 50 % en Turingia y un 42 % en Sajonia.