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sábado, 23 de mayo de 2026

Haciendo Neukölln great again

Crónica desde Berlín: el Späti, donde arranca o termina toda fiesta berlinesa



Una mujer sale de un Späti en el barrio berlinés de Neukölln. / GEMMA CASADEVALL

 Gemma Casadevall   Berlín23 MAY 2026 

Ben y tres amigos, vecinos de la zona, se toman la primera cerveza de la tarde-noche berlinesa en la puerta de su Späti de cabecera, a 20 metros de la zona de botellón más arraigada de Berlín que es el Admiralsbrücke, en el barrio de Kreuzberg. "Para la tercera ya nos sentamos en la acera del puente a ver la caída del sol", dice Ben, de 18 años y con un mini job como cajero de un supermercado. Lleva en bolsillo 20 euros, el equivalente a unas 10 cervezas más algún snack a precio de Späti.

En el céntrico barrio de Mitte, Eulàlia, catalana de 24 años afincada en Berlín, se toma su cerveza y unas patatas de bolsa en otro quiosco parecido, pero con mesas y bancos, junto a dos visitantes de Barcelona. "Berghain o Sisyphos están por encima de nuestras posibilidades", dice Eulàlia, en alusión al templo del tecno berlinés y a otro de los clubs ahora en alza. Del Späti de Mitte se desplazarán luego al Mauerpark, o Parque del Muro, en el barrio de Prenzlauerberg. Ahí se sumarán a cualquiera de las fiestas espontáneas que se montan en el parque.

Harry, recién llegado de Hamburgo, entra con un ramo de flores en la mano en otro Späti, esta vez en Friedrichshain, a por tabaco y "alguna botella". Va camino de una fiesta de cumpleaños donde ya le avisaron de que temen "quedarse cortos con el alcohol".



Un grupo de amigos se toman unas cervezas en un Späti de Mitte. / GEMMA CASADEVALL

Camino a las macrofiestas o al cumple privado


El Späti, o quiosco para todo, es en Berlín el punto de encuentro para todo arranque o fin de fiesta. Así es todo el año, pero en mayo se generaliza al abrirse la ronda de las macrofiestas callejeras, sea con el tumultuoso Primero de Mayo, el puente de la Ascensión o el de Pentecostés y su multitudinario Carnaval de las Culturas. 

Los Späti son tiendas a veces minúsculas, otras en formato algo más grande, pero siempre abarrotadas de cajas de cervezas, refrescos, vinos y alcoholes baratos, más chucherías, bolsas de patatas chips y equivalentes o hasta algún bocadillo. No siguen ninguna norma estética. Su mobiliario dominante son enormes frigoríficos para todo lo que se toma frío, más estantes para el resto de la oferta. No están autorizados a montar terrazas. Pero muchos colocan en el exterior algún banco o cajas de cerveza a modo de asiento. Que sean feos, en algún caso desabridos, caóticos o intransitables no importa. Si algo no es disuasorio en Berlín son los entornos que en español se denominarían cutres.

Tanto Ben y sus amigos, como el grupo de Eulàlia o el hamburgués de cumpleaños probablemente terminarán sus fiestas de madrugada en otro Späti. Hay unos 1.200 en Berlín, tanto en los barrios noctámbulos como en los acomodados, los precarios o los del extrarradio. En su mayoría están regentados por inmigrantes. Unos cerrarán de madrugada, otros exhiben su cartel de open las 24 horas del día.

Todo empezó con el proletariado

El término Späti procede de Spätkauf, traducible por compra tardía. Así se llamaron los pequeños comercios que existieron en el sector comunista de Berlín a partir de los años 50. Surgieron como opción para quienes o bien entraban a trabajar antes de que abrieran el supermercado o salían cuando ya había cerrado. Hasta hace unas pocas décadas, los horarios comerciales en Alemania eran de una rigidez crispante. Sobre las cuatro o a más tardar las seis de la tarde no quedaba un comercio abierto. A los ciudadanos germano-orientales les quedaba el Späti. A los occidentales, la tienda de la Tanke, la gasolinera.

Las cervezas y otras bebidas alcohólicas son el producto estrella de los Späti de la capital alemana. / GEMMA CASADEVALL

Con la caída del Muro, en 1989, el Späti germano-oriental se multiplicó por toda la ciudad. De la cincuentena existente en tiempos comunistas se saltó al millar largo actual. Ya no hacen la función de refugio, puesto que en el Berlín actual hay algunos comercios o supermercados abiertos día y noche. Pero el Späti llegó para quedarse. Es parte de la vida berlinesa, apta para todos los públicos, desde familias con bebés a peregrinos en busca de su fiesta.

Acoso burocrático

"Por aquí pasa todo el mundo: jóvenes, viejos, alemanes, no alemanes. Se sientan, hablan, toman algo. Fuman, compran un caramelo. O no compran nada. Se trata de sentarse, hablar y no estar solo" , explica Alper Baba, presidente del Späti e.V, una organización creada en 2016 para defender los intereses de sus miembros. Baba lleva 10 años al frente de su propio quiosco. Lo denomina su negocio familiar. Abre a las ocho de la mañana para vender leche, café o bollos al recién levantado y cierra sobre la medianoche.

"El Späti nos da la vida y nos la quita. Pero el enemigo no son las horas que echamos aquí, sino la administración y los alquileres que suben y suben", dice. La gentrificación acecha, pero el gran obstáculo es sortear la prohibición dictada hace unos años para abrir en domingo. Son muchas las excepciones posibles esa normativa y unos cuantos los dueños que simplemente se la saltan. "Unos abren porque dicen que venden pan y las panaderías sí pueden vender en domingo. Otros, porque venden artículos para turistas, que también está permitido. Otros no pueden con el papeleo y simplemente se arriesgan a ser multados. Hay que vivir". 

¿Cumple Baba con la normativa alemana? "Claro. Casi siempre. Como todos", bromea. Desde su tienda, en el profundo Neukölln, prepara una consulta ciudadana sobre el cierre en domingo de un servicio esencial en la cultura berlinesa.

martes, 30 de diciembre de 2025

Andamios patrimoniales

Berlín se exhibe 'en obras': del Pérgamo al futuro Museo Moderno



Detalle del relieve escultórico Telephosfries,/ HANNIBAL HANSCHKE / EFE

 Gemma Casadevall    Berlín30 DIC 2025 12:00

"Estamos ante un hito. Todo brillará con una luz nueva", aseguraba el ministro alemán de Cultura, Wolfgang Weimer, ante decenas de cámaras y equipos de televisión, alemanes o internacionales, ansiosos por captar el hito anunciado: el Altar de Pérgamo, la joya del museo más visitado de Berlín -mientras estuvo abierto- aparece ahora entre andamios, con su escalinata recubierta de cartones y telas protectoras, mientras los frisos, esculturas, mosaicos y relieves, convenientemente señalizados, reposan repartidos por el suelo de la inmensa sala, a la espera de ser restituidos a su lugar original.
Weimer, titular de Cultura del gobierno de Friedrich Merz, acudió a la cita con la prensa acompañado por la presidenta de la Fundación del Patrimonio Prusiano, Marion Ackermann, cuya institución gestiona 21 museos públicos de la capital alemana, más archivos, bibliotecas, colecciones culturales y proyectos de investigación. No se trataba en esta ocasión de inaugurar una exposición o reabrir el Pérgamo. Simplemente se presentaba a los medios, a modo de ‘visita de obras’, el estado intermedio de una restauración cuyos primeros resultados se ofrecerán al público en la primavera de 2027. Corresponderá a esta fase tanto el Altar de Pérgamo como una cúpula de la Alhambra de Granada. Para poder acceder el Pérgamo al completo hay que esperar bastante más: será en el año 2037, tras unas obras presupuestadas en 1.200 millones de euros.


Andamios en el Gran Altar de Pérgamo / HANNIBAL HANSCHKE / EFE

Es mucho el esfuerzo que se reclama tanto del berlinés como del visitante a la capital alemana. El Pérgamo es la pieza más destacada de la Isla de los Museos, el corazón del tejido museístico clásico, y cerró sus puertas en octubre de 2023. Su famoso Altar había quedado clausurado incluso nueve años antes, en 2014. Tal vez la intención de Weimer y de Ackermann, ambos en sus respectivos cargos desde hace seis meses, es calmar la impaciencia, enviando señales de cómo van las cosas en ese interior, ahora cerrado por obras.

Despedirse por una década y media del Pérgamo fue un shock para muchos berlineses. Que fuera a prolongarse catorce años o tal vez más -teniendo en cuenta que las obras en Berlín tienden a eternizarse y los retrasos son la norma- dejó una sensación de extrañeza. Se explicó que era preciso sanear cimientos, estructuras, soportes y cubierta para garantizar su preservación. Son muchos los retos derivados de su restauración. La Isla de los Museos está sobre el río que cruza la ciudad, el Spree. Se asienta sobre un cráter que fue reforzado con bloques de madera para la construcción de los primeros edificios, en el siglo XVIII. A esos elementos históricos se sumaron en las últimas décadas espectaculares edificios, como la Galería James Simon del arquitecto británico David Chipperfield, que obligó a reforzar el suelo con 1.200 pilares de acero. El hito de la restauración a que alude el ministro es, sobre todo, un desafío a la ingeniería.
Un pabellón gris junto al puro Bauhaus

La espera hasta el reencuentro con el Altar de Pérgamo, en 2027, será relativamente corta. Dos años después se prevé la inauguración de un museo de nuevo cuño, cuya construcción ha atraído ya a miles de visitantes. Es el llamado 'Berlin Modern', emplazado entre el gran exponente de la línea pura Bauhaus que es la Neue Nationalgalerie, la Philharmonie y la Pinacoteca.

Inicialmente iba a inaugurarse en 2028. Aquí hay ya un retraso reconocido: será en 2029. También han reconocido las autoridades museísticas que el presupuesto de 200 millones inicialmente contemplado se disparará a 507 millones. Por ahora.


Obras en el Museo Moderno, este diciembre en Berlín. / G. C.

Las obras avanzan y se organizó recientemente un gran fin de semana de puertas abiertas, que se estima aprovecharon 9.000 ciudadanos para visitar las obras. El edificio, de los arquitectos suizos Herzog & de Meuron, cumple con todos los requisitos de construcción respetuosa con el medio ambiente y se ajusta con rigor el precepto de la eficiencia energética. Pero ello no le ha evitado duras críticas desde los medios berlineses, que califican el edificio de mastodóntico. Se critica su acceso, que semeja una superficie comercial tipo ‘Aldi’ . Se dice, además, que con sus proporciones tapona la vecina Neue Nationalgalerie, a la Philarmonie, la histórica Iglesia de San Mateo, reconstruída tras la II Guerra Mundial, o la Pinacoteca.

Que un equipo de arquitectos de hoy se haya atrevido a superar en altura del Nationalgalerie de Mies van der Rohe ha sido recibido como una afrenta al genio del Bauhaus. La Philharmonie, obra de Hans Scharoun, no queda opacada. Pero su vecino le resta visibilidad a la esplanada que la envuelve.

Al ministro Weimer, como a la presidenta de los museos, Marion Ackermann, les correspondió argumentar que el edificio resultante necesita esas dimensiones para albergar como se merecen obras de Otto Dix, Andy Warhol, Rebecca Horn y Anselm Kiefer, entre otros, que ahora duermen almacenadas en fondos museísticos.

Weimer y Ackermann piden paciencia a los visitantes. Una vez terminado, será no solo un museo, sino también un lugar de encuentro, con sus cafés y sus jardines interiores, aseguran.

martes, 16 de septiembre de 2025

A quién quitarle su zona verde

 De l'antic 'oasi' a la búsqueda desesperada de pis a la capital d'Alemanya

GEMMA C. SERRA

Qui va arri­bar a Berlín a l’última dècada del segle pas­sat va caure en un oasi immo­bi­li­ari. Només calia posar un anunci a un diari local i tot seguit triar entre les ofer­tes que rebia. Qui ho fa ara viu un mal­son com­pa­ra­ble als de París, Lon­dres i Bar­ce­lona. El preu de l’habi­tatge s’ha enfi­lat i no hi ha oferta. Es for­men cues llarguíssi­mes per visi­tar qual­se­vol pis. Només qui pot per­me­tre’s un mit­jan­cer s’esca­po­leix del càsting.

Què ha pas­sat? Amb la cai­guda del mur, el 1989, Berlín va dei­xar de ser la ciu­tat màrtir de la guerra freda per esde­ve­nir la capi­tal del país més poblat d’Europa. Es va pro­duir el gran tras­llat de fun­ci­o­na­ris, Par­la­ment i govern, en paral·lel a la gran remo­de­lació de la ciu­tat.

A l’inici del mil·lenni, Berlín era ja una ciu­tat sobre­en­deu­tada. L’ales­ho­res alcalde, el soci­al­demòcrata Klaus Wowe­reit, va con­ver­tir la frase de “Berlín és pobre, però sexy” en un senyal d’iden­ti­tat. Va pri­va­tit­zar 65.000 habi­tat­ges per 405 mili­ons d’euros. A canvi, dues immo­biliàries es van fer càrrec d’un deute públic de 1.500 mili­ons. Després de la gran ope­ració pri­va­tit­za­dora, Berlín es va que­dar amb 75.000 habi­tat­ges soci­als.

La capi­tal ale­ma­nya pateix una espe­cu­lació immo­biliària sem­blant a les d’Ham­burg, Múnic i Frank­furt. L’habi­tatge és la pri­mera pre­o­cu­pació ciu­ta­dana a tot el país. El soci­al­demòcrata Olaf Scholz va arri­bar a la can­ce­lle­ria el 2021 amb el com­promís de cons­truir cada any 400.000 pisos, una quarta part dels quals havia de ser habi­tatge social. Va dei­xar el poder lluny de l’objec­tiu. Per al seu suc­ces­sor, el con­ser­va­dor Fri­e­drich Merz, la pri­o­ri­tat és ara el rear­ma­ment. 

La cerca de solu­ci­ons no és fàcil en un país que, des del 2015, ha rebut 3,1 mili­ons de refu­gi­ats, sense comp­tar els 1,5 mili­ons d’ucraïnesos. L’actual alcalde, el con­ser­va­dor Kai Weg­ner, vol “replan­te­jar” el futur de l’antic aero­port de Tem­pel­hof. Ocupa 335 hectàrees de nucli urbà i, des que va que­dar fora de ser­vei, el 2008, és un espai lliure per a l’ús ciu­tadà, sigui per fer volar estels, bere­nar, fer esport o pas­se­jar. 


Per al veïnat de Kreuz­berg, Neukölln i Tem­pel­hof, les bar­ri­a­des que l’envol­ten, sacri­fi­car aquesta zona verda per cons­truir blocs de pisos en un anell al vol­tant de l’àrea cen­tral és un sacri­legi. Tem­pel­hof és part de la història de Berlín. Va ser el punt d’ater­ratge del pont aeri aliat que va sal­var el sec­tor occi­den­tal del blo­queig soviètic, entre el 1948 i el 1949. Hi ha hagut dues con­sul­tes ciu­ta­da­nes sobre la pos­si­bi­li­tat d’edi­fi­car-hi habi­tatge. I la res­posta va ser dei­xar Tem­pel­hof com està. 


Una altra opció és sacri­fi­car els horts urbans. Hi ha 900 àrees des­ti­na­des a aquest ús, o un total de 70.000 par­cel·les llo­ga­des, cadas­cuna amb la seva bar­ra­queta, però sense cèdula d’habi­ta­bi­li­tat. Són horts d’ús par­ti­cu­lar que bene­fi­cien tot­hom. For­men part del pulmó verd ber­linès.

martes, 5 de agosto de 2025

Turistas somos todos


Diversitat d’espais culturals i lúdics contra massificació



Gemma C. Serra


En alguns bar­ris de Berlín hi ha pin­ta­des amb la frase “Tou­rist go home”, la mateixa amb què ciu­ta­dans d’arreu del món expres­sen el seu males­tar per la catifa ver­me­lla amb què es tracta el turista men­tre l’espe­cu­lació fa fora l’habi­tant local. És més aviat, però, una per­cepció sub­jec­tiva. S’iguala turisme mas­siu a gen­tri­fi­cació, tot i que a Berlín aquest fac­tor prové més aviat dels expats o resi­dents estran­gers d’ingres­sos alts que no de la gent de pas.

Berlín rep anu­al­ment 12,7 mili­ons de turis­tes, segons xifres del 2024, i regis­tra 30 mili­ons de per­noc­ta­ci­ons en hotels o simi­lars. La mit­jana d’ocu­pació és del 49% als mesos d’hivern i del 76% a l’estiu. L’expli­cació d’aquests nivells rela­ti­va­ment bai­xos no és ni el mal temps ni el fet de no tenir mar. Dues ciu­tats com­pa­ra­bles com Viena i Ams­ter­dam sí que són expo­nents d’over­tou­rism. La per­cepció de qui pas­seja pel cen­tre de la capi­tal austríaca o la ciu­tat neer­lan­desa és d’asfíxia enmig de colum­nes huma­nes que volen entrar al mateix museu o fer-se la mateixa foto davant el mateix monu­ment. Res d’això no passa a Berlín.

Viena i Ams­ter­dam patei­xen la satu­ració típica del turisme urbà, mal­grat tenir xifres infe­ri­ors a les ber­li­ne­ses: uns 15 mili­ons de per­noc­ta­ci­ons a la capi­tal austríaca, men­tre que a la ciu­tat neer­lan­desa n’hi va haver 21 mili­ons. La den­si­tat de població de totes tres ciu­tats és sem­blant –entre 3.800 i 4.000 habi­tants per quilòmetre qua­drat–, però hi ha una diferència essen­cial: Viena o Ams­ter­dam tenen grans extra­ra­dis però només tenen un cen­tre històric, men­tre que a Berlín aquest con­cepte con­ti­nua tan diver­si­fi­cat com quan la ciu­tat estava par­tida pel mur, per la Guerra Freda. Hi ha cen­tre històric, comer­cial o d’esbarjo tant a l’est com a l’oest. La mul­ti­pli­ci­tat és abso­luta quant a museus: n’hi ha 175, dels quals 17 són naci­o­nals. Estan gai­rebé tan repar­tits entre els 891 quilòmetres qua­drats del terme com ho estan altres punts d’atracció turística com són clubs i fes­ti­vals tecno, llacs o pis­ci­nes muni­ci­pals.

Les auto­ri­tats ho tenen més fàcil per evi­tar la con­gestió. A això s’hi suma que a Berlín es va collar aviat el negoci ama­gat dels llo­guers turístics. Pot­ser perquè hi ha una tra­dició molt arre­lada de pisos com­par­tits i es conei­xen els abu­sos que se’n pot gene­rar, es van limi­tar d’antuvi les alter­na­ti­ves a l’hotel per a gent de pas. No hi ha limi­tació per rello­gar habi­ta­ci­ons o pisos sen­cers per mesos, però sí per a esta­des cur­tes. Els habi­tat­ges regis­trats per a ús turístic no es poden ofe­rir més de 90 dies per any. No surt a compte tenir pisos buits i treure’n ren­di­ment només tres mesos.

Ams­ter­dam ha dei­xat enrere la fama de ciu­tat on es per­me­tia gai­rebé tot per implan­tar taxes al visi­tant, pro­hi­bir el turisme de bor­rat­xera o el sexual i cons­truir nous hotels. El temps màxim que es pot ofe­rir un llo­guer turístic és de 30 dies cada any.

domingo, 8 de diciembre de 2024

De mercadillos y lucecitas


Crónica desde Berlín: El 'glühwein', el brebaje al que sucumbe cualquier 'Grinch'




Comida en el mercadillo navideño de Gendarmenmarkt, en Berlín. / Gemma Casadevall
Gemma Casadevall

"No sé, no le veo la gracia a que me vengan de frente cinco policías acolchados, me pidan la documentación y luego me hurguen hasta el fondo del bolsillo, incluido el del trasero. Encima el 'glühwein' no me gusta“. Tim, de 26 años y mecánico de automóviles, trata de disuadir a su acompañante de ingresar en uno de los 60 mercadillos navideños de Berlín, el de Gendarmenmarkt. Este año no está emplazado en el lugar al que debe su nombre, porque esa plaza está en obras, sino en vecindad con la Staatsoper Unter den Linden, la ópera nacional clásica de Berlín. Como en todos los grandes eventos públicos, rige la prohibición de portar cuchillos o navajas. La alarma por los crecientes ataques con arma blanca, sean atentados yihadistas o simples broncas, ha llevado al Gobierno alemán a vetarlo de la vía pública, lo que implica el despliegue de patrullas policiales en busca de infractores.

El acceso al mercadillo no es gratuito. Hay que pasar por caja y pagar dos euros. Un argumento más en contra para gente como Tim. Seres malhumorados identificables como un 'Grinch‘, el personaje que detesta la Navidad por el mercantilismo que la envuelve.

Los mercadillos, en cualquiera de sus variantes, son un exponente del consumismo, especialmente en lo que concierne al 'glühwein', el vino caliente con canela y otras especias, sinónimo de Navidad alemana. Entre cinco y seis euros cuesta una tacita del brebaje dulzón, para el que no suelen utilizarse vinos de calidad. Más o menos lo mismo que ocurre con la sangría.

El de Gendanmenmarkt, en el corazón monumental clásico de Berlín, no es uno más en la lista de los 60 mercadillos de la capital alemana. Los dos euros por la entrada disuaden a muchos, que se desplazan a los de libre acceso, sea en Alexanderplatz, a 500 metros, o en la Breitscheidplatz, al otro extremo de la ciudad. Los hay en todos los barrios de la capital alemana, grandes o pequeños, incluidos en los de alto porcentaje de población multiétnica y no necesariamente cristiana, como Neukölln.

A cambio de los dos euros de entrada, en el de Gendarmenmarkt se va a encontrar algo más que 'glühwein‘: vinos de calidad, cócteles, puestos de champán francés, cuidada gastronomía en vecindad con populares puestos de salchichas, regalos navideños y figurantes disfrazados de personajes relacionados con la Navidad. Ni rastro de las patrullas policiales que dice temer Tim, pese a que los telediarios locales y nacionales informan de estas medidas adicionales de seguridad. Tim, el 'Grinch‘ berlinés, se decide finalmente por el vino de especias caliente e invita a su acompañante. Serán 11 euros, más otros dos que le restituyen cuando devuelvan su copa. La mitad de lo que cuesta un cóctel en uno de los 'lounge' cerrados.

Más madera escandinava y menos lucecitas

Los mercadillos clásicos, sean el de Gendarmenmark o del palacio de Charlottenburg, son un despliegue de estrellas doradas e iluminación navideña. Es decir, destellos dorados "falsamente navideños", como diría un 'Grinch‘. El de Charlottenburg alterna los puestos de comidas y bebidas con artesanía de calidad, lejos del socorrido recuerdo navideño.

Ambiente en el mercadillo de 'Lucía', en Berlín. / Gemma Casadevall

Quien no comulgue con tanto destello tiene la Kulturbrauerei, junto a la zona de copas del barrio de Prenzlauer Berg. Ahí se respira sobriedad escandinava. Se trata de un mercadillo llamado simplemente 'Lucía', más bien laico, de ambiente nórdico, orientado a Oslo, Helsinki o Estocolmo, con más salmón que salchichas y barracones de madera coronados por ciervos, sin artificios. El público también es distinto al del centro: son grupos de turistas más jóvenes, habitantes de ese noctámbulo distrito y parejas jóvenes con hijos. La afluencia en fin de semana es máxima, hasta el punto de que llegan a producirse tapones. Pero tampoco ahí hay más que una discreta presencia de vehículos policiales en las inmediaciones del mercadillo.

El puro 'kitch' de un mercadillo traumático

Hasta hace unos años, el 'Weihnachtsmarkt' o mercadillo por excelencia de Berlín era el de la Breitenscheidplatz, en el centro comercial de su antiguo sector occidental. El atentado yihadista cometido unos días antes de la Navidad de 2016 por el tunecino Anis Amri cambió esa perspectiva. Doce personas murieron y unas 70 resultaron heridas, al irrumpir en el recinto el yihadista con un camión artículado de gran tonelaje, robado a punta de pistola a un transportista polaco. Amri había ingresado en el país como refugiado, la policía alemana estaba avisada de su radicalización, pero una serie de negligencias o errores propiciaron el ataque.

El mercadillo de la Breitenscheidplatz está ahora fortificado entre vallas de protección y bloques de hormigón, pero sigue siendo de libre acceso. Tampoco ahí se realizan registros de bolsos o mochilas en la entrada, aunque la presencia policial es abultada.

El mercadillo navideño de Breitscheidplatz, en Berlín. / Gemma Casadevall

Es el más popular y también el más deliberadamente 'kitch' en lo que a destellos dorados y luces multicolores se refiere. Pero el 'glühwein' tampoco baja de los cinco euros. Tras la visita a varios mercadillos, de lo elitista a lo nórdico, no parece ya tan descabellada la idea del 'all inclusive' que presenta el del Oberbaumbrücke, el llamado 'puente de los espías' de la Guerra Fría. Ahora ya no se le conoce por intercambios de agentes entre el sector comunista y el occidental, sino como zona de copas. A su mercadillo se accede tras pagar 29 euros, que dan derecho a toda la bebida y comida que se pueda consumir. Hay una tarifa superior, 65 euros, con mesa reservada.

La oferta berlinesa es más que variada. A escala alemana, se llega a lo sobredimensionado: hay 3.500 repartidos por todo el país, desde los históricos de Dresde y Heidelberg a los más recientes. La cifra anual de visitantes se sitúa sobre los 160 millones.

viernes, 9 de agosto de 2024

Daniel, Anne-Sophie y el diluvio



Berlín vibró bajo un Barenboim minimalista bajo la lluvia
Joana Serra

El maestro Daniel Barenboim ya no dirige de pie, sino sentado. Tampoco incluye a Richard Wagner en su programa. Y, encima, tenía ante sí a unos 12.000 asistentes, en buena parte empapados. Una hora antes del inicio de su concierto en la Waldbühne berlinesa, el Auditorio del Bosque, empezaron a caer rachas de lluvia, por momentos en cascada. Para los que no acudieron convenientemente equipados la mejor opción era adquirir uno de los impermeables de plástico -a 4 euros- en la entrada del recinto.

Pero el genio de Barenboim y la devoción que se le dispensa en Berlín se impusieron sobre los infortunios. El maestro argentino-israelí, director general honorífico de la Staatsoper Unter den Linden berlinesa, cumplió con su visita de todos los veranos a la Waldbühne, el popular auditorio al aire libre junto al Olympiastadion de la capital alemana. Le acompañaba otra virtuosa, la violinista alemana Anne-Sophie Mutter. Y tenía ante sí a los 78 músicos de la orquesta Divan Este-Oeste, llegados de Oriente Medio y otros lugares del mundo para la ocasión.

Las piezas elegidas estaban diseñadas para el lucimiento inicial de Mutter. La primera parte la ocupó el Concierto para Violín op. 77 de Johannes Brahms. Le siguió tras la pausa la Gran Sinfonía de Franz Schubert, ya sin la solista. Mutter, enfundada en uno de sus trajes característicos con escote palabra de honor, en tono fucsia, demostró una vez más sus dotes musicales e hipnóticas sobre el escenario. A sus 61 años, es aún la mujer hermosa que, en su adolescencia, encandiló a Herbert von Karajan. Tras la pausa, ya sin el panorama de paraguas extendidos e impermeables, porque cesó la lluvia e incluso amagó con aparecer un arco iris, el concierto era ya dominio absoluto de Barenboim y sus músicos.

A Barenboim (Buenos Aires, 1942) se le aplaudiría en Berlín aunque no pudiera tomar la batuta. Es una instancia moral y un ciudadano ilustre, virtuoso en lo musical y comprometido con la paz en Oriente Medio. No habló sobre el escenario, pero dejó su mensaje a través de una declaración suscrita por su orquesta y difundida en las dos pantallas gigantes: „Llamamos a los actores locales y a la comunidad internacional a romper la escalada de violencia con un alto el fuego duradero, el regreso de todos los rehenes y la liberación de quienes mantenidos ilegalmente prisioneros“. Este doble mensaje, en dirección a los israelíes retenidos por Hamás desde el 7 de octubre del año pasado y a los derechos de Palestina, cuadra con el compromiso vital reconocido en Barenboim, desde siempre, no solo bajo el impacto de la guerra en Gaza.

Que el maestro apenas puede ya dirigir, si no es sentado y ante un repertorio „sosegado“, es algo que en Berlín se tiene asumido. En 2022 saltaron las alarmas, tras la cancelación de varios conciertos, entre ellos el estreno de un „Anillo del Nibelungo“ de su adorado Wagner. El propio Barenboim confirmó poco después que sufría una afección neurológica grave. Se mantuvo aún formalmente al frente de la Staatsoper Unter den Linden, la ópera nacional berlinesa que dirigía desde 1992. Pero hace unos meses le relevó Christian Thielemann, el otro gran maestro del universo wagneriano.
La orquesta Divan Este-Oeste, fundada en 1999 por Barenboim y el intelectual palestino Edward Said, es uno de sus „proyectos del alma“. Nació con el propósito de agrupar a músicos Oriente Medio y ha encontrado su continuidad en la Academia Barenboim-Said, inaugurada en 2016 y que tiene su sede en un edificio vecino a la Staatsoper. Ahí está también la sala Pierre Boulez, diseñada por el arquitecto Frank Gehry, donde se forma a jóvenes árabes e israelíes. Su apertura como centro de un concepto de formación global, en que además de música se imparte filosofía e historia, es uno de los regalos que Barenboim ha dejado a Berlín, su ciudad de adopción.

Este virtuoso, que con siete años dio su primer concierto en Buenos Aires, parece determinado a demostrar que no abandonará el escenario mientras las fuerzas le acompañen. Al centro de la Waldbühne le llevó casi de la mano, a pasos cortos, Anne-Sophie Mutter. Al final del concierto, se anunciaba su siguiente cita para la Waldbühne, en agosto del año 2025 y con el pianista Lang Lang. Las entradas ya están a la venta, como lo están las que ofrecerá en otoño en su sala Pierre Boulez con los músicos de su Academia. Por si quedaban dudas, hubo incluso un bis al cierre del concierto, con un „Scherzo“ de Felix Mendelssohn Bartholdy.

sábado, 27 de julio de 2024

A falta de techno, Thielemann

Berlín se vuelca en el „rave“, señal de identidad al aire libre

Joana Serra


Miles de berlineses y visitantes sentados en el suelo o en sillas plegables, disfrutando el concierto dirigido por Christian Thielemann en la gran esplanada junto a la Staatsoper Unter den Linden. O grupos de jóvenes bailando en cualquier calle peatonal, junto al canal o a orillas del río Spree, armados con un equipo musical mínimo. Como cada año, Berlín sale en pos de la música al aire libre, y gratuita, incluso si el verano discurre de diluvio en diluvio, como en este 2024. Lo hace tanto para escuchar la „Alpensinfonie“ de Richard Strauss y la apertura del „Tannhäuser“ wagneriano, como para bailar techno entre amigos.
Son distintas formas de expresar la pasión por la música al aire libre. Salvo que llueva, los márgenes del Spree se convierten en pista de baile improvisada para aficionados al tango y el parque ciudadano que es el antiguo aeropuerto de Tempelhof acoge parejas danzantes al son del rock-and-roll.
Los clásicos arrastran a un público de toda edad, condición y nacionalidad, máxime si quien dirige es el maestro Thielemann, el sucesor de Daniel Barenboim al frente de la ópera nacional del antiguo sector este. El concierto gratuito, de la serie „Oper für alle“ -“Ópera para todos“-, concentra cada verano a unas 20.000 personas en formato de pícnic multitudinario sobre la céntrica Bebelplatz, con la Universidad Humboldt al fondo.
Cada uno celebra el reencuentro estival con la música al aire libre a su manera. Pero destaca entre tan variado panorama la resurrección del techno, un movimiento al que algunos dieron prematuramente por agónico y que tendrá su gran cita en agosto con el „Rave the Planet“.
La música electrónica parecía que no levantaría ya cabeza desde que las restricciones por la pandemia obligaron a cerrar durante meses sus templos más emblemáticos -como las discotecas Tresor o Berghain-. Pero la determinación de las autoridades berlinesas de inscribir la „Technokultur“ como patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO ha revitalizado el fenómeno musical e imán turístico que es la música electrónica.
Se vuelve así a la senda marcada en los 90, cuando el techno alemán se erigió en emblema del Berlín joven, liberado del traumático muro que encorsetó durante décadas el sector occidental de la ciudad partida. Creció en las catacumbas de las discotecas y otros locales más o menos legalizados. Y alcanzó proporciones multitudinarias en cuanto escapó al aire libre, para ofrecer lo que durante años fue la mayor fiesta del tecno del mundo: la Loveparede. La caravana del amor y su desfile de enormes camiones-caravana equipados con atronadora megafonía alcanzó a finales de los 90 la cifra mágica -y, como suele ocurrir, nunca verificada- del millón de cuerpos danzantes. Berlín había encontrado su nueva identidad en un evento que atrajo a los mejores DJ del mundo y al que se accedía gratuitamente. El factor negativo es que dejaba tras de si toneladas de basura y protestas de grupos ecologistas o vecinos por el impacto en la flora y la fauna del Tiergarten, el espléndido pulmón verde por cuyos alrededores transcurría.
La Loveparade tuvo sus años de gloria. Luego entró en decadencia y se trasladó a provincias. Su estocada fue la tragedia en que derivó la edición de 2010, cuando 21 muchachos murieron aprisionados al desatarse el pánico en el único acceso a su recinto, en la deficitaria ciudad de Duisburgo.
Más de una década después de la catástrofe, Berlín recuperó el espíritu de la Loveparade. Lo hizo a través de un sucesor de dimensiones menos descomunales: el „Rave The Planet“, la fiesta en la calle que el año pasado recibió a 200.000 visitantes.
La capital alemana retumbó de nuevo bajo el impacto de la música electrónica, en un evento con apoyo institucional. La recogida de basura no es únicamente cuestión de los organizadores, sino de los servicios municipales. Está registrada como „manifestación política y cultural“, lo que le brinda cobertura en cuanto a seguridad.
Este año no tendrá lugar en julio, el mes que menos riesgo de lluvia, sino el 17 de agosto. La razón de este desplazamiento a la segunda quincena de un mes en que en Berlín empieza a olerse el otoño es que en el mes anterior la „Avenida del 17 de Junio“ estuvo ocupada por la „zona del aficionado“ de la Eurocopa.
Durante las cuatro semanas del torneo, la gran arteria ciudadana que atraviesa el Tiergarten fue un paisaje de pantallas gigantes y puestos de comida para la afición en el tramo que va de la Columna de la Victoria hasta la emblemática la Puerta de Brandeburgo. Pasaron por ahí millones de seres asimismo ansiosos de fiesta, con el fútbol como astro rey y también un amplio programa musical, en las jornadas sin partido. También ahí se sufrieron algunas intermitencias debidas al gran enemigo de todo evento al aire libre: la lluvia, en ocasiones en forma de tormentas torrenciales. La Roja conquistó el espacio con su fútbol alegre, joven y vencedor; a la sensacional victoria de los de Lamine Yamal, Dani Olmo, Nico Williams, Marc Cucurella y Mikel Oyarzábal seguirá en unas semanas el gran „rave“ berlinés.

martes, 19 de diciembre de 2023

A por el tercer voto

Berlín irá de nuevo a las urnas por el caos electoral en los comicios de 2021



Cola en un colegio electoral de Berlín durante los comicios del 26 de septiembre de 2021. /ODD ANDERSEN / AFP

Gemma Casadevall

Los electores de uno de cada cinco distritos electorales de Berlín deberán volver a las urnas por los fallos revelados en la celebración de las elecciones generales de 2021. Será la tercera vez que los ciudadanos afectados serán convocados a votar, después de que la justicia ordenara ya hace un año la repetición de los comicios regionales que se habían celebrado en paralelo en esa misma jornada, aunque en ese caso la sentencia afectó a la totalidad de los electores de Berlín.

Los distritos afectados son 455, aproximadamente uno de cada cinco del total, según la sentencia del Tribunal Constitucional. Los nuevos comicios se celebrarán el 11 de febrero próximo, es decir, superada ya más de la mitad de la presente legislatura. Se considera una medida más bien simbólica y que previsiblemente no afectará el reparto de los escaños del Bundestag (Parlamento) ni, por tanto, la mayoría en que se sustenta la coalición de gobierno del canciller Olaf Scholz, integrada por socialdemócratas, verdes y liberales.

Incide, sin embargo, en la sensación de caos administrativo que se vive en la capital de la primera economía de la zona euro. En la jornada electoral del 26 de septiembre de 2021 confluyeron los comicios generales, los regionales de la ciudad-estado y un referéndum sobre la posible expropiación de grandes inmobiliarias ante la escasez de vivienda y la creciente especulación. En ese mismo día discurría por la ciudad una maratón, lo que dificultó la movilidad de algunos barrios. En algunos distritos la situación generó en caos, ya que faltaron papeletas, no estaban ordenadas como se corresponde y se originaron largas colas. En los casos más críticos se suspendió durante unas horas la votación y finalmente hubo de postergar el horario para el cierre de las urnas, de modo que sus electores seguían votando mientras las televisiones públicas y otros medios difundían ya las primeras proyecciones de voto.

Cambio en la alcaldía


En lo que respecta a las regionales, se celebraron nuevas elecciones en febrero del año pasado en todos los distritos. Los nuevos resultados sí afectaron la correlación de fuerzas de la Cámara regional, de modo que la recién electa alcaldesa, la socialdemócrata Franziska Giffey, quedó relegada a la segunda posición. El conservador Kai Wegner alcanzó así la alcaldía, mientras que Giffey se convirtió en socia menor de coalición.

No se contempla que la nueva votación relativa a las generales altere el reparto de escaños. El bloque de la oposición conservadora había pedido la repetición del voto en al menos 1.000 distritos. Esta posibilidad o la alternativa de una repetición total hubiera podido perjudicar a La Izquierda, partido que en 2021 quedó por debajo del listón mínimo del 5% necesario para tener representación, pero que consiguió de todos modos escaños gracias a sus tres victorias por mayoría en otros tantos distritos.

sábado, 11 de diciembre de 2021

El gran Lars

La socialdemocracia exhibe su dominio con Scholz y sus otros artífices

Gemma Casadevall



Berlín, 11 dic (EFE).- El Partido Socialdemócrata (SPD) alemán exhibió hoy su nueva posición de fuerza dominante en la primera potencia europea, cohesionado en torno al canciller, Olaf Scholz, y con la incorporación a la presidencia del artífice de su éxito electoral, Lars Klingbeil.
"Algunos no contaban con un éxito para los socialdemócratas. Pero el nuestro no es un caso único en Europa. Tenemos jefes del gobierno socialdemócrata en Finlandia, en Dinamarca, en Portugal, España... y ahora un canciller alemán", afirmó Scholz ante el congreso federal del SPD.
"Eso es lo que cambia Europa, la socialdemocracia vuelve a estar ahí", añadió. El arranque de su gobierno se produce "en un momento difícil" por la pandemia, admitió, para asegurar que su coalición con verdes y liberales "responderá al objetivo común de modernizar" el país, "de acuerdo al mandato del ciudadano".
Fue el primer mensaje de Scholz al partido tras su investidura como canciller, el miércoles, y seguía a la elección como copresidente de Klingbeil, que obtuvo el 86 % de los votos. El nuevo líder compartirá la cúpula bicéfala con la izquierdista Saskia Esken, quien fue ratificada en su puesto con un 76 % de apoyo.
"Estábamos contra la pared, pero nunca nos dimos por vencidos", había recordado Klingbeil al pedir el apoyo de los delegados, en un congreso de formato híbrido por imperativo de la pandemia.
Aludía así a la situación del partido hace un año, en que los sondeos apuntaban a un derrumbe electoral y a que Scholz quedaría en tercera posición, tras conservadores y verdes.
 
DINÁMICA CONTRA PRONÓSTICO

A Klingbeil se le considera el arquitecto del éxito de Scholz, quien en las pasadas elecciones generales logró para el SPD la posición de fuerza más votada, con un 25,7 %, mientras el bloque conservador de Angela Merkel, liderado por Armin Laschet, se hundió en su mínimo en unos comicios nacionales, con un 24,1 %.
De 43 años y secretario general del SPD desde 2017, Klingbeil ha dinamizado el SPD y conectado con la militancia más joven desde las redes sociales, con mensajes más provocadores y directos que los habituales entre la cúpula.
Para el puesto de secretario general fue elegido, con un 77 %, Kevin Kühnert, exlíder de las juventudes del partido -los Jusos-. Desde esa posición lideró la oposición frontal a la antigua gran coalición y puso las cosas difíciles a la dirección, pero ahora se le considera el renovador que precisa el SPD.
Klingbeil releva a Norbert Walter-Borjans, de 69 años, que en 2019 ascendió a la jefatura junto con Esken representando el ala izquierdista del SPD. Se impusieron a ocho rivales, incluido Scholz, que contaba con el apoyo del aparato.
A Scholz se le identificaba entonces con la caída de militancia experimentada desde 2005 y acelerada tras sucesivas ediciones de la gran coalición de Merkel. También con la línea del excanciller Gerhard Schröder, cuyo duro plan de recortes colocó al partido al borde del desgarro interno.
Esken y Walter-Borjans optaron en 2020 por proponer candidato a la Cancillería a Scholz, vicecanciller y titular de Finanzas con Merkel, por considerarlo el más indicado para captar los votos del centro.
Walter-Borjans renunció hace unas semanas a seguir en el cargo, del que se despidió hoy festejando el resurgimiento del partido. Lo hizo recordando el Nobel de la Paz recibido en 1971 por Willy Brandt, el primero de los cuatro cancilleres federales socialdemócratas del país -junto a Helmut Schmidt, Schröder y Scholz-.
Klingbeil y Esken tienen el cometido de cohesionar al SPD, un partido que en la última década y media ha vivido diez relevos en su cúpula, salpicados por zancadillas internas.

LA ALCALDÍA BERLINESA Y LA PRESIDENCIA

El SPD, además de la Cancillería, forma parte de los gobiernos regionales en diez de los 16 "Länder" de Alemania. Antes de que termine el año se prevé la elección de la socialdemócrata Franziska Giffey como primera alcaldesa para la ciudad-estado de Berlín.
Ya en febrero, el SPD confía en ver reelegido como presidente a Frank-Walter Steinmeier, quien fue ministro de Exteriores en la primera legislatura de Merkel y candidato socialdemócrata a la Cancillería en 2009. EFE gc/psh

viernes, 13 de agosto de 2021

La memoria como ritual

 Un matí traumàtic



“Hi ha països que ama­guen el pit­jor de la seva història. Ale­ma­nya ho mos­tra. Als ciu­ta­dans o a qui ens visi­ten. El que vol dir, de vega­des, el perill d’esde­ve­nir un punt d’atracció o curi­o­si­tat turística”, explica la his­to­ri­a­dora Irm­gard Zündorf, del Leib­niz Zen­trum d’Inves­ti­gació Històrica de Pots­dam, ciu­tat veïna a Berlín i capi­tal del land de Bran­den­burg. En l’ano­me­nat pont de Glei­nicke, entre el dis­tricte ber­linès de Wann­see i Pots­dam, s’espera avui la visita del can­di­dat a la can­ce­lle­ria ale­ma­nya, Armin Lasc­het. És un dels punts emblemàtics en aquest 13 d’agost, 60è ani­ver­sari de la cons­trucció del mur que, fins al 9 de novem­bre de 1989, va repre­sen­tar la traumàtica divisió de la capi­tal ale­ma­nya per l’ano­me­nada “franja de la mort”. Van ser 10.680 dies en què inten­tar fugir a l’altre cos­tat, l’occi­den­tal, es podia pagar amb la vida.


El pont de Glei­nicke va ser un dels punts on es va plas­mar la guerra freda o con­fron­tació política entre el bloc occi­den­tal i els països de l’òrbita soviètica. Allà van tenir lloc uns quants inter­can­vis d’espies entre els dos can­tons. Ara, fora de l’agenda política en el dia de l’ani­ver­sari, és un punt de visita turística de la regió i també un dels esce­na­ris ori­gi­nals esco­llits pel direc­tor Ste­ven Spi­el­berg per a la seva pel·lícula El pont dels espies (2015), sobre l’inter­canvi entre l’agent nord-ame­ricà Fran­cis Gary Powers i el soviètic Rudolf Abel.


Zündorf, com el seu col·lega Gero Neu­ge­ba­uer, de la Uni­ver­si­tat Lliure de Berlín, no veu del tot mala­ment aques­tes mane­res de difon­dre la història recent ale­ma­nya. “És ine­vi­ta­ble una certa tri­vi­a­lit­zació. Però si es fa amb el res­pecte degut, és una manera de tre­ba­llar i con­tri­buir a superar les feri­des de la història”, explica Neu­ge­ba­uer.


El pont dels espies rebrà la visita de Lasc­het, el can­di­dat “natu­ral” a suc­ceir Angela Merkel en les elec­ci­ons gene­rals del pròxim 26 de setem­bre, en tant que líder de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata de la can­ce­llera. Al cor de Berlín, el pre­si­dent del país, el soci­al­demòcrata Frank-Wal­ter Stein­me­ier, par­larà en l’acte cen­tral de la Ber­na­uers­trasse, el car­rer que millor repre­senta el pati­ment dels ciu­ta­dans que, de la nit al dia, van tro­bar-se que vivien en una ciu­tat par­tida.
La cons­trucció del mur va enxam­par de ple aquest car­rer, de manera que algu­nes façanes dona­ven a la part occi­den­tal, o l’ano­me­nat Berlín lliure, i la resta de l’edi­fici era a l’ori­en­tal. Va ser el lloc triat per dese­nes de ber­li­ne­sos per fugir a l’altre cantó als pri­mers temps del mur, fins que les auto­ri­tats de l’Ale­ma­nya comu­nista en van tapar amb ciment les fines­tres per on sal­ta­ven els que volien fugir del règim.

El pont dels espies o la Ber­na­uers­trasse, on ara hi ha el cen­tre de docu­men­tació sobre el mur, són expo­nents d’aquest trac­ta­ment divul­ga­dor i res­pectuós de la història. El Check­point Char­lie, antic pas fron­te­rer entre el sec­tor ori­en­tal i l’ocu­pat pels Estats Units, és una mena de fira de sou­ve­nirs i un dels punts més visi­tats pels turis­tes a la capi­tal ale­ma­nya.

El pas­sat més traumàtic és, alhora, una mena de senyal d’iden­ti­tat que atrau el visi­tant. El mur va estar dem­peus gai­rebé trenta-dos anys. És a dir, des d’aquell matí d’agost del 1961 en què els ciu­ta­dans van veure com de la divisió poli­cial entre les qua­tre potències ali­a­des –França, el Regne Unit, els EUA i la Unió Soviètica– es pas­sava a un mur, i fins que aquest va caure, el novem­bre del 1989.

En les set­ma­nes i mesos següents, es va aixe­car el que després s’ano­me­na­ria “franja de la mort”. No eren només dels qua­ranta-qua­tre quilòmetres que tra­ves­sa­ven la ciu­tat, sinó també els 122 que van encer­clar el sec­tor occi­den­tal. La vida ber­li­nesa va discórrer en aque­lla situ­ació anòmala fins al 8 de novem­bre de 1989, la nit de la cai­guda del mur. Almenys cent qua­ranta per­so­nes hi van morir en inten­tar sal­tar al “Berlín lliure”; però 5.075 van acon­se­guir pas­sar al cantó occi­den­tal. Algu­nes d’aques­tes fugi­des, prin­ci­pal­ment les més ago­sa­ra­des, són part del museu pri­vat i botiga de sou­ve­nirs del Check­point Char­lie.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Jens, el aguafiestas

Alemania vuelve a los niveles de contagio de abril y renuncia a alegrías en masa

Gemma Casadevall 





Berlín, 19 sep (EFE).- Alemania ha vuelto a los niveles de contagio del pasado abril, aunque las autoridades consideran que la situación está bajo control, mientras la mayoría de sus ciudadanos se resignan a renunciar por tiempo indefinido a las alegrías en masa.
En las últimas 24 horas se confirmaron 2.297 nuevas infecciones, el nivel máximo desde mediados de abril, según los datos actualizados la pasada madrugada por el Instituto Robert Koch (RKI).
El cómputo de infecciones desde el inicio de la pandemia, en el país de más peso demográfico de la Unión Europea (UE), se sitúa en las 270.000 -de los cuales 239.800 son pacientes recuperados-, con 9.384 víctimas mortales, seis de las cuales en las últimas 24 horas.
"Nuestro sistema sanitario puede afrontar esta situación", apuntó, a través de su cuenta en twitter, el ministro de Sanidad, Jens Spahn. En Alemania, país donde ni en los momentos más álgidos hubo confinamiento de la población, no se contemplan restricciones a la vida pública y económica como ocurrió entre marzo y abril. Pero sí a la adopción de medidas puntuales, de ámbito regional o local.
El repunte es continuado, pero se está lejos del pico de marzo, con más de 6.000 contagios diarios. A mediados de abril se empezó a bajar, para situarse entre mayo y junio en 300 o 350 diarios.
En julio empezó a notarse el repunte; a mediados de agosto se llegó a los 2.000, coincidiendo con el regreso de las vacaciones.
El factor de reproducción "R" está en ascenso, pero aún en niveles asumibles -1,16 hoy, frente al 1,07 del día anterior. Un valor de 1 implica que un infectado contagia de media a otra persona.
LEY SECA EN LA OKTOBERFEST Y BUNDESLIGA DESDE CASA
Especialmente afectada por la pandemia está Baviera (sur), con 16 millones de habitantes y un cómputo de 64.395 infecciones y 2.648 fallecidos desde el inicio de la pandemia. Sus autoridades, que en marzo aplicaron las restricciones más severas del país, adoptaron ahora medidas especiales, aunque sin plantearse nuevos cierres.
En Múnich se impuso la ley seca en toda la Theresienwiese, el recinto donde tradicionalmente se celebra la Oktoberfest, la más popular fiesta de la cerveza del mundo, que habría arrancado este sábado, pero cuya celebración se canceló hace ya meses.
En lugar del multitudinario encuentro, las autoridades han llamado a tomarse la cerveza en casa o alguna de las terrazas que sí están abiertas, pero con aforos reducidos y las debidas medidas.
A las 12.00, hora en que todos los años el alcalde de la ciudad abre el primer barril al grito de "O'zapft is!" -"¡Abierto está!, en dialecto bávaro-, la Theresienwiese estaba prácticamente vacío, salvo algunos picnics, grupos de muniqueses en trajes regionales y policías patrullando.
En Múnich se superó ayer, por primera vez, la marca de las 50 infecciones por 100.000 habitantes en una semana, el nivel a partir del cual el RKI recomienda tomar medidas especiales.
La temporada de la Bundesliga se abrió este viernes con una muestra de autoridad del Bayern Múnich -8:0 frente al Schalke-, pero el graderío vacío. Las autoridades habían revocado casi "in extremis" su decisión de permitir el acceso a 7.500 espectadores.
En Renania del Norte-Westfalia, el "Land" más poblado del país y el que más infecciones ha verificado hasta ahora -un total 64.692-, se decidió asimismo hoy a cancelar las celebraciones del próximo carnaval, el más multitudinario y arraigado del país.
UN CINTURÓN DE REGIONES DE RIESGO
El RKI no es sólo competente en la materia de actualizar la estadística de contagios, sino que también establece las llamadas "regiones de riesgo", a las que el Ministerio de Exteriores desaconseja de forma general los viajes no esenciales.
En marzo, Exteriores recomendaba no viajar a ninguna parte del mundo. En julio se abrió el turismo a toda la UE y conjunto del espacio Schengen, mientras quedaba una lista de zonas de riesgo con unos 130 países o regiones extracomunitarios.
En agosto, la UE volvió a la lista al incluirse un primer país, Luxemburgo. Le siguieron poco después varias comunidades autónomas españolas (ahora está incluida toda España), regiones de Rumanía, Bulgaria y territorios de ultramar franceses.
Con la entrada en septiembre la situación en el conjunto de Europa se ha agravado. Ingresaron en la lista amplias zonas de Francia, Bélgica, Holanda, República Checa y Austria -incluidas sus respectivas capitales-, así como de Suiza.
Entre sus vecinos directos, sólo siguen fuera de la lista Dinamarca -cuyo gobierno dictó el viernes nuevas restricciones para todo el país- y Polonia -que este sábado reportó 1.002 contagios, el máximo diario en el país desde el inicio de la pandemia-. EFE
gc/dm
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viernes, 29 de mayo de 2020

Tanto, tanto sufrimiento






Berlín, la capital atípica que desescala a su ritmo

Gemma Casadevall

Berlín, 29 may (EFE).- La desescalada general que vive Alemania adopta un ritmo propio en Berlín, con menos casos de COVID-19 que otras zonas del país, pero que avanza hacia nueva normalidad sin la total reapertura que reclaman otros "Länder" del este.
El distrito gubernamental y la sede de la Cancillería parecen adormecidos, sin el trajín habitual de las visitas de Estado y una agenda más nutrida de conferencias virtuales que citas presenciales, por parte de la canciller Angela Merkel y el resto de su gobierno.
En el resto de la capital alemana, con 3,7 millones de habitantes, la actividad es prácticamente la habitual, con tendencia a ir a más, ya que el Senado berlinés decidió la entrada en una nueva fase de reapertura de la vida pública.
El derecho a manifestarse o a reunirse al aire libre se podrá ejercer sin mayores restricciones a partir del domingo y desaparece la limitación a un máximo de 100 participantes. Lo mismo ocurrirá con los oficios religiosos a cielo abierto, aunque para actos a puerta cerrada se mantiene el límite de 200 asistentes.
Se abrió la perspectiva de volver al cine y al teatro, aunque con aforo limitado a 150 personas -ampliables a 200, en quince días-. Salas como el mítico Berliner Ensemble de Bertolt Brecht y Helen Weibel desmantelaron su patio de butacas para garantizar la distancia mínima de 1,5 metros entre quienes se sienten ahí.
Solo hay asientos juntos para dos personas, lo que deja un aspecto desolador. Es, sin embargo, un alivio para el espectador y, sobre todo, para artistas, dramaturgos y gestores culturales.
Por las calles berlinesas apenas se aprecian diferencias respecto a la "normalidad" anterior a la pandemia. Las escuelas funcionan aún a medio gas -para desesperación de quienes compaginan la vida familiar con la laboral-. Pero la vida comercial regresó, hoteles y museos reabrieron y la gastronomía funciona -aunque también bajo normas de distanciamiento entre mesas-.
Desde esta semana funcionan cinco piscinas municipales -aunque ninguna cubierta-, a las que se accede previa reserva online; el usuario se encontrará todo tipo de normas de uso estrictas, pero razonables. Seguirán cerrados, eso sí, los clubes y discotecas -esencia, para algunos, del tejido berlinés-.
Nada es exactamente cómo fue, pero se le parece. Incluye algunas ventajas -las piscinas no están a rebosar, como solía ocurrir- y se ensancharon algunos carriles para bicicleta para facilitar que también ahí se cumpla con la norma del distanciamiento.

EL CAOS BAJO CONTROL

Berlín, con reputación de caótica para el alemán de regiones más disciplinadas, no sería lo mismo sin la mezcla de indisciplina y orden que caracteriza a esta capital atípica y sin tejido industrial. No se ajusta a la norma, pero todo parece funcionar.
En cualquier zona verde de la ciudad se practica el picnic -algo que antes solo ocurría en los barrios dichos alternativos o noctámbulos, como Kreuzberg o Prenzlauerberg-. Semanas de cierre de bares y restaurantes favorecieron la extensión de esta opción, que ahora no será fácil de erradicar especialmente entre los jóvenes.
La diferencia esencial está entre "el dentro y el fuera", explicó el responsable de Interior del gobierno regional, el socialdemócrata Andreas Geisel. Fuera, en espacios libres, se permite casi todo -el deporte al aire libre o paseos nunca estuvo restringido-. Dentro, sean gimnasios o teatros, rige el estricto distanciamiento.

UN TRIPARTITO IZQUIERDISTA EN LÍNEA CON MERKEL

El tripartito entre socialdemócratas, verdes e izquierda que gobierna la ciudad-estado, bajo el alcalde-gobernador Michael Müller, ha optado por una vía intermedia entre la prudencia de la canciller y la liberalización a la que aspira el "Land" de Turingia, en el este, gobernado por el izquierdista Bodo Ramelow.
La línea de Ramelow -único líder regional de La Izquierda- está siendo muy cuestionada por "Länder" como la conservadora Baviera, el más afectado por la pandemia -con 46.809 contagios, de los 180.458 verificados en todo el país por el Instituto Robert Koch (RKI).
Berlín, con 6.738 contagios, ha tenido menos problemas que Baviera: 196 víctimas mortales -frente a los 2.441 muertos que en el próspero "Land" del sur, entre los 8.450 de toda Alemania-. Se ciñe las recomendaciones del virólogo Christian Drosen, como hace Merkel.
La pandemia precipitará el fin del aeropuerto de Tegel, en funcionamiento desde 1948. Su cierre iba coincidir con la apertura del nuevo aeropuerto de Berlín, que tras nueve años de retrasos parece que se inaugurará el próximo octubre. Pero como el tráfico aéreo sigue agónico se ha decidido cerrar Tegel ya el 15 de junio, para dejar únicamente activo el de Schönefeld, en el este berlinés.
El cierre de Tegel provoca cierta nostalgia en el ciudadano, que pese a reconocerlo obsoleto le ve las ventajas de un aeropuerto pequeño. Otros sueñan con ver sus pistas convertidas en inmenso parque para el ocio ciudadano, como ocurrió con el viejo aeropuerto de Tempelhof desde que dejó de operar, en 2008.EFE
gc/ig
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jueves, 8 de diciembre de 2016

El mundo en construcción


Barenboim abre en su exilio berlinés su Akademie para jóvenes de Oriente Medio

Gemma Casadevall


Berlín, 8 dic (EFE).- El director argentino-israelí Daniel Barenboim inauguró hoy su Akademie musical para jóvenes árabes e israelíes de Berlín, nacida de la Orquesta Divan Oriente Occidente y que el maestro defiende como un proyecto humanista y musical.
"Somos algo así como un proyecto en el exilio. Lo ideal habría sido abrir esta escuela en Damasco u otro lugar de Oriente Medio. Pero ahí no sería posible ofrecer condiciones de igualdad a estos músicos", afirmó Barenboim en la presentación ante los medios, previa a la ceremonia formal.
Su idea generadora es la mencionada orquesta, fundada en 1999 en la ciudad de Weimar (este de Alemania) por él mismo y el fallecido crítico literario palestino Edward Said, también bajo la idea de ofrecer formación musical y apostar, a la vez, por el pensamiento y el diálogo entre culturas y religiones.




"No es un proyecto político. Es un proyecto humanista y musical", afirmó el maestro y pianista, descartando con contundencia la etiqueta de "apuesta por la paz", pese a admitir que, "lógicamente", sí pretende acercar a través de la música a jóvenes que, en sus lugares de origen, difícilmente tendrían oportunidad de conocerse.
La Akademie, que lleva su nombre y el de Said, formará en el corazón de la capital alemana a jóvenes israelíes -"lo que de dice mucho a favor de la cultura de la reconciliación de este país", dijo Barenboim.
Ha quedado instalada en un edificio vecino a la Staatsoper Unter den Linden -la ópera de la que es director artístico desde 1992, actualmente en obras de rehabilitación, por lo que su programa se desarrolla en el Schiller Theater, al otro lado de la ciudad.
Ahí estudia ya la primera promoción de jóvenes músicos -"en realidad llevamos ya dos meses funcionando, aunque hoy sea la inauguración formal", indicó.
En su interior alberga la sala Pierre Boulez, con 680 butacas y diseñada desinteresamente por el arquitecto Frank Gehry.
El propósito de Barenboim es ofrecer formación a 90 estudiantes israelíes y palestinos, "entendiendo por ello tanto jóvenes de los territorios ocupados como los que viven en la diáspora, sea en Siria, Irak o Turquía, sin descartar a los europeos", asegura.
En su concepto educacional entra no sólo la instrucción musical o instrumental, sino también la filosofía, el pensamiento y el humanismo, "porque sin ellos es imposible entender la música".
"En la Divan encontré amistad y una familia. Entendí que podía tener amigos israelíes", explicó Yamen Saadi, violinista de Nazaret, que estudió en el conservatorio de esa ciudad palestina con nueve años y que a los diez le pidió ya a Barenboim ingresar en su orquesta.
Saadi es uno de los integrantes de la primera promoción de la Akademie berlinesa, donde la profesora de filosofía Roni Mann, formada en la Universidad de Harvard, dirige el apartado de Humanidades.
"Todos, docentes y alumnos, compartimos la idea de Barenboim de que el aprendizaje y el ejercicio musical es una forma de extender horizontes", explicó Mann.
La orquesta Divan, cuya sede está en Sevilla, llegó a la edad adulta en 2007, según su director, ya que a partir de entonces empezó a actuar en grandes escenarios internacionales, no como "proyecto a apoyar por solidaridad", sino por altura musical propia.
La Akademie acoge este 2016 su primera promoción, tras lograr Barenboim los recursos necesarios entre la financiación pública de Berlín y donantes de todo el mundo.
La capital alemana y ciudad-estado ha prestado por 99 años el edificio donde ha quedado albergada, mientras que las arcas del Estado federal alemán aportaron 21,4 millones de euros.
Los restantes 31,1 millones de euros proceden de contribuciones diversas, sea de personalidades del ámbito político, financiero o simples entusiastas de las ideas de Barenboim.
Entre los "participantes activos" en el proyecto está el expresidente italiano Giorgio Napolitano, quien a sus 91 años no pudo asistir a la inauguración de la Akademie por razones de salud, pero que envió su mensaje solidario a la apertura de una institución que, para él, es "una contribución a la paz" en Oriente Medio. EFE

gc

miércoles, 28 de marzo de 2012

Guggenheim??? Néee, Danke!

Gemma Casadevall

Berlín, 28 mar (EFE).- La Fundación Guggenheim de Nueva York no acaba de recalar en Berlín donde, además de estar a punto de cerrar el museo abierto en 1997, tropieza con la oposición ciudadana para exponer su laboratorio de ideas "BMW Guggenheim Lab".
Un total de 17 iniciativas cívicas se han unido para hacer frente común contra lo que consideran una "escenificación anómala" con el mero objetivo de actuar como "pantalla publicitaria" para el consorcio automotriz BMW y la poderosa fundación neoyorquina.

Auf dieser Brachfläche in Berlin-Kreuzberg war das Guggenheim-Projekt geplant (Quelle: dpa)

La plataforma, presente en internet como "Leute am Teute" (Gente de la Teutoburger Platz), pretende que Guggenheim desista de llevar su laboratorio al Prenzlauer Berg, el barrio de la modernidad berlinesa, después de que ya renunciara a hacerlo en el multiétnico de Kreuzberg.
El mero anuncio de que el laboratorio se proponía ir a Kreuzberg, escenario usual de batallas campales durante el llamado Primero de Mayo Revolucionario, desencadenó la semana pasada los primeros escarceos entre policía y opositores al proyecto.
Por el barrio empezaron a verse panfletos y carteles con la frase "BMW? Neeee..." -traducible por "¿BMW? Noooo..."-, junto a imágenes de coches de alta gama ardiendo, características de los disturbios del barrio en las fechas "revolucionarias".
La fundación Guggenheim se apresuró a buscar una alternativa más tranquila y recaló en Prenzlauer Berg, barrio del antiguo sector este convertido tras la reunificación en bastión de la bohemia-chic.
El alcalde-gobernador de Berlín, el socialdemócrata Klaus Wowereit, trata por todos los medios de salvar para la capital alemana un proyecto considerado un "objeto de prestigio", además de un imán turístico, en aquiescencia con las autoridades del distrito.
La ciudadanía lo ve distinto, muy en la tradición berlinesa de oponerse a todo o casi todo que suene a imposición, también en el terreno cultural, o a producto patrocinado por el gran capital.
Las negociaciones entre las autoridades de Prenzlauer Berg y la fundación no están cerradas y el alcalde berlinés trata de mediar en el asunto combinando el respaldo tácito a las autoridades del distrito con un intercambio de cartas a Nueva York, garantizando su total apoyo.
Para Wowereit, una renuncia de los Guggenheim a trasladar su laboratorio a Berlín sería un segundo lamparón relacionado con la prestigiosa fundación y la capital alemana.
El museo Guggenheim de Berlín, uno de los seis de la fundación con ese apellido en Nueva York, Bilbao, Venecia y en el futuro Abu Dabi y quizás Helsinki, anunció en enero su cierre para finales de este año, de común acuerdo con el Deutsche Bank, su socio en la capital alemana.
Berlín perderá así uno de los referentes de su oferta artística, instalado desde 1997 en la céntrica Unter den Linden, la avenida que discurre desde la Puerta de Brandeburgo a la Alexanderplatz, que desde su apertura han visitado 1,8 millones de personas.
El cierre fue decidido por la fundación y el Deutsche Bank, el primer banco de Alemania, al vencer el contrato entre ambos socios.
Para Wowereit, el paso por Berlín del "BMW Guggenheim Lab" era algo así como un regalo de consolación previo a la despedida.
El "Lab" de Guggenheim es un proyecto co-financiado por BMW, concebido como foro de diálogo entre artistas, arquitectos, diseñadores e ingenieros, que se estrenó el año pasado en Nueva York y que discurrirá por nueve capitales en los próximos seis años.
Berlín fue elegida como segunda estación para el proyecto, para el periodo de mayo a junio próximo, a lo que seguirá Bombay (India).
La Cámara del Comercio y la Industria Alemana (IHK) hizo causa común con Guggenheim y BMW, advirtiendo que una retirada será una "señal fatal", disuasoria para potenciales inversores en Berlín.
Prenzlauer Berg es más tranquilo que Kreuzberg y el lugar sugerido como alternativa, un centro multisusos llamado Pfefferberg, es un recinto cerrado, menos asequible a la acción de alborotadores.
De fracasar también ese destino se han ofrecido ya varias opciones en barrios vecinos, como Pankow, ansioso de captar parte de la oferta chic de Prenzlauer Berg.
Los criterios de las autoridades del distrito parecen no coincidir con la ciudadanía, a tenor de la lista de firmantes de "Leute am Teute", desde asociaciones de vecinos a cafés y la organización religiosa laica "Kirche von Unten" -"Iglesia desde Abajo"-. EFE
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