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sábado, 19 de julio de 2025

De la Loveparade a Bayreuth o el inexplorado Wacken

Alemania, templo veraniego del tecno, Wagner y el 'heavy'



Festival tecno en Berlín, el pasado sábado. / Gemma Casadevall
 Gemma Casadevall, Berlín 20 JUL 2025 

¿Qué es más ‘cien por cien alemán’: la música tecno, la ópera de Wagner o el heavy metal? El calendario veraniego alemán da ocasión para buscar una respuesta a esa pregunta con pocas semanas de diferencia entre Berlín, Baviera y una aldea nórdica. El pasado sábado día 12, decenas de miles de acólitos bailaron de nuevo alrededor, delante, detrás o encaramados en alguno de los 35 potentes camiones difusores de música electrónica en la ‘Rave the Planet’, la sucesora de la ‘Loveparade’. El próximo día 25 se inaugura en Bayreuth, como ocurre desde hace casi siglo y medio, el Festival Richard Wagner, máximo exponente del culto al compositor. Y el primer fin de semana de agosto, una tranquila población llamada Wacken recibirá a la mayor concentración mundial de fanáticos del ‘heavy metal’. Son citas inexcusables para tres formas aparentemente opuestas de sumergirse en la ‘alemanidad’ pura, que atraen a casi tanto público internacional como anfitrión.
A la ‘Loveparade’, como a su fundador, el Dr. Motte, se les reconoce como señal de identidad del tecno surgido en Berlín, liberado del traumático corsé que fue el Muro. De esos orígenes hace ya suficientes años como para haber atravesado varias crisis. La exhibición de cuerpos danzantes y preferentemente semidesnudos, entre la Puerta de Brandeburgo y la Columna de la Victoria, se ha perpetuado incluso en ediciones lluviosas, como la de este año. En la lluvia se buscan explicaciones piadosas al bajón de afluencia: unos 100.000 asistentes, según la policía. Lejos de los 300.000 del año anterior y a distancia estratosférica del millón y medio de su año récord, 1999. De la pura evaluación visual se concluye que había muchos coetáneos de Matthias Roeingh, el nombre civil de Dr. Motte, de 65 años. Parte del personal más fiel al tecno rondaba esa edad, mientras que los más jóvenes simplemente ‘se movían’ a impactos de su música en un desfile gratuito y sin los habituales registros de bolsas y mochilas en sus accesos.
“El techno es diverso, inclusivo y libre”, reivindica el Dr. Motte. Cuenta con el respaldo en las autoridades berlinesas, que en 2024 solicitaron el reconocimiento del tecno como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Salieron así al auxilio de los clubes más emblemáticos aún en pié en Berlín. Algunos echaron el cierre tras el parón de la pandemia.
El origen del desfile data de julio de 1989, cuando Dr. Motte y sus amigos salieron de las catacumbas del club para bailar por el centro de Berlín tras una furgoneta. Siete años después su fiesta era multitudinaria y discurría por la Avenida 17 de Junio. Superó el millón de personas durante varios años. Pero luego empezó a desinflarse. Dr. Motte traspasó su sello y su desfile dejó de ser berlinés. En 2010 sobrevino la tragedia: 21 jóvenes murieron y centenares quedaron heridos, aprisionados en un único túnel de acceso al recinto previsto de Duisburg, una ciudad sin brillo de la Cuenca del Ruhr. Berlín recuperó la fiesta hace cuatro años de la mano del Dr. Motte y rebautizada como ‘Rave the planet’. Ya no es el desfile de seres danzantes perfectos. Pero sí una fiesta para gente sin complejos.

El templo de Wagner

A Katharina Wagner, biznieta de Richard Wagner y directora del festival de Bayreuth desde 2008, le corresponderá un año más recibir en el teatro sobre la Verde Colina de esa ciudad bávara a la procesión de wagnerianos de todo el mundo. La encabezará la plana mayor de la política de Baviera y se espera que asistael canciller Friedrich Merz, que seguirá así el ejemplo de Angela Merkel, asídua al tempo wagneriano desde antes incluso de su llegada al poder. Más remotos son los tiempos en que su palco lo ocupaba Luis II de Baviera, el Rey Loco y mecenas que posibilitó la construcción de un teatro ‘idóneo’ para las óperas del compositor. Sigue muy presente la etapa en que los descendientes de Richard Wagner pusieron Bayreuth a los pies de Adolf Hitler.



El festival de Bayreuth, el año pasado. / Gemma Casadevall / ™

Todo eso, además del mítico ‘foso’ sepultado para la orquesta, forma parte del universo bayreuthiano. La pieza para la apertura será los ‘Maestros Cantores de Nuremberg’. Para el estreno del nuevo ‘Anillo del Nibelungo’ habrá que esperar a 2026, con el 150 aniversario del festival. También en Bayreuth se habla de crisis. Las listas de espera de hasta diez años para conseguir una entrada se disiparon. Katharina ha incorporado alguna novedad. Pero su teatro sigue abriendo solo para las cuatro semanas del festival y se escucha solo el repertorio del bisabuelo. Es lugar de culto exclusivo, pero ajeno a los rigores de la etiqueta. Entre los rituales de la casa se incluye desprenderse en el entreacto del calzado cerrado y poner los pies en remojo en un estanque vecino.

El pueblo metálico


Los orígenes del heavy metal no son alemanes, sino enraizados en el ‘hardrock’ de Led Zeppellin o Deep Purple. Pero su actual meca está en un pueblo de 2.000 habitantes, Wacken, que desde 1990 presta las praderas donde habitualmente pastan sus vacas a los incondicionales de Iron Maiden, Motörhead, Judas Priest o, este año, Guns N’Roses. Hasta 85.000 visitantes contó en 2024 el W:O:A, las siglas del Wacken on Air. La convivencia entre locales y visitantes es ejemplar. Se recibe como a un amigo al público, principalmente moteros profusamente tatuados con sus caravanas, furgonetas, Harley Davidson. El visitante disfruta de sus 200 conciertos repartidos en cuatro jornadas sin importarle si hay pico de calor, tormentas eléctricas o si caen lluvias torrenciales hasta convertir en un barrizal su pradera. Es el festival más ácrata y singular del verano alemán. Se abre todos los años con el desfile de la banda de viento local,. A partir de ahí, se disfruta a la intemperie del ‘heavy’, sea poniéndose de barro hasta las cejas o arriesgándose a la insolación.

sábado, 17 de agosto de 2024

Love Parade reloaded

Berlín se reivindica como capital del techno con una rave multitudinaria



'Rave the Planet', la fiesta que sucede a la 'Love Parade' y pone a bailar a Berlín

Gemma Casadevall

"Defendamos la cultura techno", fue el mensaje inaugural del Dr. Motte, el DJ impulsor de la emblemática 'Loveparade', de nuevo encaramado en un 'float', como se denominan los camiones equipados con poderosa megafonía y difusores de la música electrónica por el corazón de Berlín. La gran fiesta del techno berlinés no atiende ya a la denominación de 'Loveparade', sino que ha sido rebautizada como 'Rave the Planet'. El listón de asistencia no está ya en el millón y medio de almas danzantes entre la Puerta de Brandeburgo y la Columna de la Victoria, la cifra mágica y probablemente más simbólica que real que alcanzó la fiesta a mediados de los 90. Para el 'Rave The Planet' de este sábado de agosto se esperaba a 300.000 asistentes. Una cifra bastante realista, teniendo en cuenta la extensión horaria prevista -de las 14.00 del mediodía a las 22.00- y el recorrido de 1,9 kilómetros, en doble dirección.

"El techno es inclusivo. No importa la edad, ni es preciso tener un cuerpo escultural ni tampoco estar especialmente dotado para la danza. Se trata de dejarse llevar. El amor es más fuerte", aseguraba a El Periódico Nico Pusch, uno de los DJ del 'float' número 12, llamado 'Climax and Pride'. 'Love is stronger', el amor es más fuerte, era el lema de la fiesta. Circulaban por ese recorrido un total de 30 de esos camiones, con 300 DJ, desde el del máximo líder, Dr. Motte, al último, denominado 'Kollective Obsessión'.

Acceder a uno de ellos y bailar con la multitud a tu pies costaba entre 100 y 150 euros. Disfrutar de la fiesta desde abajo, como la mayoría, es gratis. Con ese espíritu de fiesta multitudinaria, al aire libre y gratuita la creó Dr. Motte, o Matthias Roeing, su nombre civil. Su primera edición fue en 1989, unos meses antes de la caída del muro que dividió Berlín. Entonces atrajo a un centenar de fieles bailando tras una furgoneta con un par de altavoces. A partir de ahí empezó a crecer hasta llegar a su apogeo a finales de los 90, convertida en nueva seña de identidad del Berlín joven y liberado.

Dr. Motte, con 64 años, sigue siendo el líder indiscutible. Algunos de los cuerpos danzantes desplegados ante él son coetáneos o inclusos mayores, que comparten la fiesta que gente que podrían ser sus nietos. No importa la edad ni el atuendo. En el 'Rave the Planet' conviven estéticas heavy metall con peluches de colorines, cueros, mallas, tutús, corsés, bikinis o taparrabos y atuendos muy parecidos a los que desfilan en cualquier parada del Pride.
Decadencia, tragedia y revitalización

La 'Loveparade' original entró en decadencia a principios del 2000. El concepto parecía agotado. Se acumularon además los problemas por las toneladas de basura que dejaba cada edición en el gran pulmón verde por el que discurre, el Tiergarten. El Dr. Motte acabó vendiendo la marca 'Loveparade' a terceros. La fiesta dejó la capital para buscar otros escenarios. La estocada final sobrevino con la tragedia de la 'Loveparade' en 2010, en que la acogió la sobreendeudada ciudad de Duisburgo. 21 muchachos murieron asfixiados al desatarse el pánico entre la multitud, aprisionada en el único túnel previsto para acceder al recinto..

La 'Loveparade' quedó estigmatizada por la tragedia. Parecía además que el cultura del techno se había agotado y que no levantaría cabeza. El cerrojo por la restricciones de la pandemia puso a prueba la supervivencia de sus templos más emblemáticos, como las discotecas Tresor o Berghain.

No se cumplieron los malos augurios. El 'Rave the Planet' llegó este agosto a su tercera edición con el sello de 'manifestación política' -entendiendo por político el amor universal e inclusivo-. Ello la libera de las cargas de la recogida de basura y le facilita además apoyo institucional. Cuenta con el espaldarazo de las autoridades berlinesas, que principios de año reclamaron para la 'Technokultur' la inclusión en el patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO.

Mientras Berlín se revitaliza como capital del techno, Múnich se ha erigido este verano en feudo alemán del pop. Ahí se han concentrado las megaestrellas, desde Taylor Swift a Adele, que ofrece diez conciertos en un estadio construido especialmente para ella, o Coldplay. No hay nombre que se resista a la capital bávara. A Berlín, en cambio, parecen esquivarla a propósito los organizadores de este tipo de eventos.

Un factor equipara, sin embargo, a Múnich con Berlín: la pasión por concentrarse en fiestas al aire libre y gratuitas. Cada uno de los conciertos en la capital bávara de las superestrellas ha concentrado en sus inmediaciones a multitudes de hasta 50.000 asistentes. El lugar más frecuentado es la montaña vecina a su estadio olímpico, donde han tenido lugar los conciertos de esas superestrellas. Cada una de esas citas convierte la colina y sus praderas en un pícnic donde los fans cantan y bailan al son de las piezas de sus ídolos, más o menos audibles a distancia. Es otra forma de 'ser un Twiftie', en este caso sin entrada.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Paco Zapater y señora




Alemanya obre el procés per la tràgica Loveparade de 2010


Paco Zapater i la seva esposa, Núria Caminal, són molt més que la veu i els rostres dels familiars de les víctimes “estrangeres” de la Loveparade de Duisburg, la macrofesta techno on el 2010 van morir 21 nois de diferents nacionalitats i 652 més van quedar ferits. La seva lluita per no deixar tancar aquella catàstrofe sense un judici els ha convertit en símbol de la denúncia d’un seguit de negligències, administratives i organitzadores, que van precipitar el desastre, primer, i la batalla judicial contra la impunitat, després. El diari Süddeutsche Zeitung, periòdic de referència entre la premsa seriosa alemanya, va dedicar aquesta setmana la tercera pàgina al seu cas, com a exponent de la batalla d’un matrimoni de Tarragona contra uns fets que semblen impensables, en un país identificat amb l’eficiència i el rigor.
Ahir, en l’obertura del judici, eren també la presència més buscada per les càmeres desplaçades a Düsseldorf, on se celebra un procés amb 60 representants de l’acusació particular, inclosos els de les altres víctimes procedents d’Holanda, Xina, Itàlia, Austràlia, a més d’Alemanya.
Paco i Núria van perdre el 24 de juliol de 2010 la seva filla Clara, de 22 anys i estudiant a Alemanya amb el programa Erasmus. Ella i la seva amiga Marta Acosta, de la mateixa edat, van estar entre els qui no van sortir amb vida de la trampa mortal en què es va convertir el túnel d’accés i sortida d’una festa on els organitzadors, Lopavent, esperaven fins a mig milió de persones. Van morir d’asfíxia, mentre altres joves com elles buscaven desesperadament una sortida, entre trepitjades, empentes i atacs de pànic. La Loveparade els va arrencar la seva filla i el dolor continua. Però en comptes de resignar-se a la lentitud o ineficàcia judicial van passar a l’acció. Juntament amb Gabi Müller, una mare alemanya que havia perdut un fill, van mobilitzar-se per impedir que tot plegat quedés en un no res judicial, després que l’Audiència de Duisburg decidís el 2016 no aixecar acusació contra els presumptes responsables d’autoritzar, planificar i portar a terme una festa en un lloc inadequat. Van impulsar un recurs, junt amb altres familiars de víctimes o supervivents. Van aconseguir que prosperés. I finalment es van plantar a Düsseldorf, disposats a seguir el procés.
El dolor continua i es reflecteix a la cara de tots dos, com també els passa als Acosta. I és gran també la decepció per no veure asseguts com a acusats a qui són, als seus ulls, els màxims responsables –l’alcalde en aquell moment de Duisburg, Adolf Sauerland, i l’amo de Lopavent, Rainer Schaffer, a més del cap de la policia–. En comptes d’ells, s’ha processat sis empleats de l’Ajuntament i quatre de l’empresa organitzadora.

viernes, 8 de diciembre de 2017

De Duisburg a Düsseldorf


Alemania abre un tortuoso y tardío juicio por los muertos de la "Loveparade"

Gemma Casadevall

Düsseldorf (Alemania), 8 dic (EFE).- La Justicia alemana abrió hoy un proceso que se prevé tortuoso por la trágica "Loveparade" de 2010, la gran fiesta al aire libre en la que murieron 21 jóvenes, y que dejó más de 650 heridos, en medio de un cúmulo de presuntas negligencias y errores de organización. 

Bildergebnis für loveparade duisburg


Seis empleados de la administración de Duisburgo (oeste), donde se celebraba la fiesta, y cuatro de la empresa organizadora, Lopavent, se sentaron en el banquillo, confrontados a los sesenta representantes de la acusación particular, en su mayoría familiares de víctimas o supervivientes. 
El juicio, uno de los mayores de la historia reciente alemana, se abrió con 45 minutos de retraso y, tras la identificación de los implicados -los procesados, sus 32 abogados, más los de la acusación particular y los intérpretes a cuatro idiomas- se sucedieron las interrupciones por problemas técnicos o alegatos de la defensa. 
Tras seis horas de sucesivas pausas, el fiscal Uwe Mühlhoff empezó a leer su acusación, contenida en 23 páginas y con dos párrafos clave: los organizadores eran conscientes de que ponían vidas humanas en peligro y la ciudad no debería haberla autorizado. 
Frases determinantes, ante la estrategia dilatoria de la defensa, en un juicio en que el tiempo juega a favor de los acusados. 
"Si la defensa recurre a la táctica de las demoras prescribirán los cargos", comentó a Efe Paco Zapater, abogado español y padre de Clara Zapater, una de las víctimas, muerta junto con su amiga Marta Acosta, ambas de 22 años. 
Para las familias, señaló, ya es "suficientemente decepcionante" que entre los acusados no esté el jefe de Lopavent, Rainer Schaller. 
"Hemos tenido que superar muchas maniobras dilatorias, incluida la decisión de Duisburgo de no abrir juicio, en abril de 2016, a lo que siguió nuestro recurso", lamentó Gabi Müller, cuyo hijo murió atrapado en el túnel que servía de acceso y salida a la fiesta. 
La decisión de celebrar el juicio en la cercana ciudad de Düsseldorf se debe a razones logísticas y de aforo, lo que, según Gerhard Baum, abogado de un grupo de afectados, ha demorado también la apertura del proceso. 
A los diez acusados se les imputa homicidio por negligencia y lesiones graves por las 21 víctimas mortales -de edades entre 17 y 28 años y procedentes de Alemania, España, Holanda, Italia, China y Australia- y los 652 heridos en la fiesta. 
"Hay que probar una responsabilidad individual, no colectiva. A cada uno se le imputa su parte en una presunta cadena de errores o negligencias, en la planificación o en la organización", apuntó el portavoz de la Fiscalía, Matthias Breitenstein. 
El proceso comienza más de siete años después, tras recurrir la Fiscalía y los familiares la primera negativa a celebrarlo de la Audiencia de Duisburgo, que había escuchado las declaraciones de más de 3.000 testigos y acordó no abrir juicio alegando falta de solidez en el informe en el que se basaba la acusación fiscal, preparado por un experto británico. 
Al temor de que pueda llegarse tarde para una primera sentencia -en julio de 2020 se cumplirán diez años de la tragedia y prescribirían los cargos- se une la decepción por no tener entre los procesados ni a Schaller ni al entonces alcalde de la ciudad, Adolf Sauerland, ni el jefe de la Policía local. 
La Fiscalía ha preparado un pliego de acusación de 556 páginas y las actas de la investigación abarcan 117 archivadores, con un total de 53.000 páginas sobre la planificación y el discurrir de una fiesta a la que, cuando estalló el pánico, habían llegado entre 120.000 y 150.000 jóvenes, del medio millón que esperaban los organizadores. 
La rampa de acceso al recinto y el túnel que servía de entrada y salida a éste -de 400 metros de largo y dividido en dos tramos- no era suficiente para ese caudal humano, a lo que siguió un cruce de medidas contradictorias entre policía y organizadores. 
Algunas de las personas atrapadas pudieron ponerse a salvo encaramándose a una escalera de salida en medio del túnel. 
En ese punto colocaron los familiares y otros afectados el monumento en recuerdo a la tragedia, escrito en los distintos idiomas de quienes murieron el 24 de julio de 2010 en ese lugar. 
La "Loveparade" nació en 1989 en Berlín como gran fiesta del tecno y en los años siguientes superó el millón y medio de asistentes, impulsada por su estrella y pinchadiscos, el Dr. Motte. 
Después empezó a declinar y se trasladó, ya organizada por Lopavent, a otros lugares de Alemania, hasta parar en Duisburgo, una desangelada y endeudada ciudad de la cuenca del Ruhr de medio millón de habitantes. EFE gc/nl/emm



El juicio, un dolor necesario para los familiares de las víctimas                       Gemma Casadevall

Düsseldorf (Alemania), 8 dic (EFE).- Las familias de las víctimas de la "Loveparade", la fiesta tecno en la que murieron 21 jóvenes aplastados entre la multitud, acudieron hoy a la apertura del juicio por la tragedia conscientes de que revivirán un dolor nunca superable y de la necesidad de enjuiciar a sus responsables. 
"Lo peor fue venir entonces a identificar el cuerpo de mi hija. El desgarro sigue, pero ahora acudo con la entereza de quien sabe que hace lo correcto", dice a Efe Paco Zapater, abogado de Tarragona y padre de Clara, una estudiante de 22 años que murió en esa fiesta el 24 de julio de 2010, en Duisburgo (oeste de Alemania). 

Bildergebnis für loveparade zapater

Su hija y su amiga Marta Acosta, de la misma edad y también en Alemania con un programa Erasmus, murieron "asfixiadas entre la multitud, porque no había salida en esa ratonera", sostiene Nuria Caminal, esposa del abogado y, como él, impulsora del proceso. 
En los siete años transcurridos desde ese día, el marido se ha acostumbrado a atender a los medios con una sonrisa tranquila, mientras que a su mujer se le escapan inevitablemente las lágrimas, de dolor y también de rabia. 
"Nunca debieron autorizar esa fiesta ahí. La codicia del organizador y la petulancia del alcalde desencadenaron la tragedia", apunta Gabi Müller, madre de otro muchacho muerto ese día que junto con los Zapater "removió cielo y tierra" -en palabras de Nuria- para impedir que se archivase el caso. 
Las familias Acosta, Zapater y Müller forman parte de la acusación particular que recurrió la decisión de la Audiencia de Duisburgo de 2016 de no abrir proceso y hoy tuvieron por primera vez ante sí a los diez encausados: seis empleados de la administración local y cuatro de la empresa organizadora del festival, Lopavent. 
"Me he plantado ante ellos, les he mirado a la cara. Cuando vengan como testigos los culpables de verdad también estaré aquí", asegura Nuria Caminal, decepcionada como Müller porque no estén entre los acusados el jefe de Lopavent, Rainer Schaffer, el entonces alcalde Adolf Sauerland y el jefe de la policía local. 
La madre de Clara admite que no tendrá valor para asistir a las vistas en que se mostrarán de nuevo las imágenes de una tragedia en la que, además de las 21 víctimas mortales quedaron heridas 652 personas, y por las que se acusa de homicidio negligente y lesiones físicas a los diez procesados. 
"He visto esos vídeos y fotos muchas veces. Pero no sé si lo soportaría aquí", dice ante el inicio de un juicio, trasladado a Düsseldorf por razones de aforo. 
Hasta 2018 se han programado 111 vistas, pero el final del proceso es incierto. Los Zapater temen que pueda alargarse hasta prescribir, en julio de 2020, los cargos contra los acusados. 
"El amor no acaba nunca, pero la justicia prescribe", lamenta. La primera parte de esa frase es la que quedó inscrita en el monumento en recuerdo de las víctimas, en el lugar de la tragedia, que el matrimonio visita todos los años en el aniversario de la tragedia. 
Las imágenes de lo ocurrido en el túnel de 400 metros de largo que debía servir de acceso y salida al recinto para hasta medio millón de jóvenes siguen siendo "un hachazo en el corazón", afirma la madre de Clara Zapater. 
Que al final no acudiera la cifra ansiada por los organizadores, sino aproximadamente unos 150.000 jóvenes evitó "que hoy no seamos muchos más los que lloramos a nuestros hijos", dice, mientras su esposo, sin perder la sonrisa, pero con los ojos enrojecidos, posa un brazo sobre sus hombros. 
"Queremos tres cosas: que se juzgue a los responsables, que se aclare cómo ocurrió y que no vuelvan a haber tragedias como ésta, en ningún país del mundo", dice el abogado. 
Que el juicio se celebre siete años después, que nadie asumiera voluntariamente responsabilidades políticas -el alcalde acabó dimitiendo tras un referéndum ciudadano en que una abrumadora mayoría pidió su cese- es algo que no extraña ya al matrimonio de Tarragona. 
"Cuando Clara nos dijo que se venía a Alemania con el Erasmus nos quedamos tranquilos. Pensábamos que éste es un país donde las cosas funcionan bien", asegura el padre. La tragedia y la "ineficacia judicial" posterior le mostraron "una Alemania que creía imposible", asegura. EFE gc/nl/emm

jueves, 7 de diciembre de 2017

Regreso al túnel


Alemania abre juicio por la "Loveparade", la trágica fiesta con 21 jóvenes muertos

Gemma Casadevall


Duisburgo (Alemania), 7 dic (EFE).- La Audiencia de Duisburgo, en el oeste de Alemania, abre mañana viernes el juicio por la trágica "Loveparade" de 2010, la gran fiesta tecno en la que murieron 21 jóvenes aplastados por la multitud, entre ellos dos españolas, cuyas familias reclaman aún justicia. 
"Son casi siete años de lucha. Este viernes se abre el juicio. Pero no están entre los acusados los dos grandes responsables de tanto dolor: el alcalde, Adolf Sauerland, y el organizador de la fiesta, Rainer Schaller", explica a Efe Paco Zapater, abogado de Tarragona y padre de una de las víctimas, Clara. 
Su hija, de 22 años y en Alemania con el programa Erasmus, murió el 24 de julio de 2010 junto a su amiga Marta Acosta y 19 jóvenes de otras nacionalidades: Alemania, Holanda, Italia, China y Australia. 
El matrimonio Zapater, Paco y Nuria, forman parte de la acusación particular en uno de los mayores juicios de la historia reciente alemana que, por razones de aforo, no tendrá lugar en Duisburgo, sino en el pabellón de congresos de Düsseldorf, capital del populoso "Land" de Renania del Norte-Westfalia. 
En lugar del alcalde -que dimitió en 2012, después de que los ciudadanos de Duisburgo se pronunciaran a favor de su cese en un referéndum- o del jefe de la empresa organizadora Lopavent, se sentarán en el banquillo seis representantes de la administración municipal y cuatro de la citada compañía. 
Se les imputa homicidio negligente en 21 casos y lesiones por los 620 heridos en la macrofiesta, a la que se preveía la asistencia de hasta 450.000 jóvenes y en la que en el momento de la tragedia participaban 150.000. 
Muchos jóvenes quedaron atrapados en un único túnel que debía servir, a la vez, de vía de acceso y de salida al festival, una tragedia que, a juicio del informe del forense Jürgen Gerlach, habría sido aún mayor si se llegan a cumplir las expectativas de asistencia de Lopavent. 
Según ese informe, el espacio previsto estaba preparado para recibir a unos 50.000 asistentes, no para el casi medio millón ansiado. 
"La alcaldía autorizó celebrar la 'Loveparade' en esa ratonera", denuncia Zapater, quien prevé asistir al menos a las cuatro primeras vistas de un juicio para el que hay programadas 111 sesiones. 
Zapater, como los Acosta, la alemana Gabi Müller -quien perdió a su hijo- o el chino Hannui Huang -cuya esposa murió en la fiesta-, reactivaron el proceso cuando parecía que no iba a tener lugar. 
En abril de 2016, tras años de investigaciones, de haberse tomado declaración a 3.409 testigos y revisado más de mil horas de imágenes de las cámaras de vigilancia o los teléfonos móviles de asistentes, la Audiencia de Duisburg desestimó la apertura del juicio. 
La fiscalía había apuntalado su acusación en un informe de un experto británico, que se tachó de poco fundamentado. 
La fiscalía y la acusación particular -60 afectados, representados por 35 abogados- presentaron recurso en Düsseldorf, donde a principios de 2017 se falló a favor de los demandantes. 
El proceso se celebrará por razones logísticas en la capital del "Land", en una sala con capacidad para 500 personas, entre acusados y defensas, familiares u otros afectados, ciudadanos y medios. 
"Hemos visto esas imágenes, esos vídeos centenares de veces. Cada vez es un hachazo que nos rompe el alma. Va a ser muy duro. Pero hemos luchado mucho por estar aquí. Lo importante es que no se demore todo, porque en 2020 los cargos prescriben", explica Zapater. 
Las imágenes de la tragedia siguen vivas para los familiares, quienes en estos años han trabado "relaciones de amistad". 
"Ellos nos han visitado a nosotros, en España. Nosotros viajamos al menos una vez al año aquí. Compartimos lágrimas, a veces nos divertimos juntos, a pesar de la frontera del idioma", explica. 
Entre sus iniciativas conjuntas estuvo una recogida de 362.160 firmas para lograr la reapertura de las investigaciones, tras la decisión de Duisburgo de rechazar la acusación. 
"Soy abogado. Sé que una decisión judicial no puede derivarse de recoger firmas. Pero también sé que la Justicia no puede permanecer ajena al sentir del ciudadano", afirma el jurista y padre de una muchacha a la que dejó partir para estudiar en Münster -"una ciudad de un país que creíamos seguro, donde las cosas funcionan bien"-. 
Además de compartir esfuerzos frente a la Justicia, los Zapater y otros familiares se encuentran todos los años, el 24 de julio, ante el monumento de acero, en forma de escalera, colocado en el lugar de la tragedia y donde se lee la frase "El amor nunca acaba" en varios idiomas, incluidos el español y el catalán. EFE gc/nl/si

domingo, 24 de julio de 2016

El túnel de Duisburg


362.000 firmas piden justicia para las víctimas de la Loveparade, seis años después


Gemma Casadevall

Duisburg (Alemania), 24 jul (EFE).- Los familiares de los 21 jóvenes muertos hoy hace seis años en la Loveparade de Duisburgo (oeste de alemania) han recogido 362.160 firmas para pedir justicia para las víctimas, a los que han recordado en una ceremonia marcada por el dolor y la rabia. 
"Estar aquí es sentir de nuevo el hachazo en el pecho que recibimos cuando nos dijeron que Clara había muerto en una fiesta a la que ni sabíamos que había acudido", explicó a Efe Paco Zapater, padre de una de las dos españolas de 22 años muertas ese día. 
Este abogado de Tarragona y su esposa Nuria, así como Faustino Acosta y su mujer, Agustina -los padres de Marta, de Cambrils, en esa misma provincia española-, acudieron un año más al lugar donde perdieron a sus hijas, el 24 de julio de 2010. 
"Este año es incluso peor. Hasta ahora creímos que responderían ante la justicia alemana los responsables de la tragedia. En marzo supimos que no habrá tal juicio", cuenta, a su lado, su mujer. 
La Audiencia de Duisburgo rechazó la acusación de la Fiscalía contra diez presuntos responsables de la organización, lo que impulsó a las familias a recoger firmas exigiendo un proceso. 
"La iniciativa partió de Gabi (Müller), la madre de un muchacho alemán que, como nuestras hijas, murió aprisionado en la ratonera de ese túnel", prosigue la madre de Clara Zapater, en alusión al acceso al recinto para la macrofiesta donde se originó la tragedia.
Entre todas las familias de las víctimas se reunieron las firmas, que entregarán en la Audiencia Territorial de Düsseldorf para pedir que se atienda al recurso contra la decisión del pasado marzo. 
Esto será mañana. Este domingo, los Zapater y las restantes familias se reencontraron en Duisburgo, algunas de ellas llegadas de lugares remotos -hubo víctimas de Australia, China, Italia y Holanda, además de las alemanas y las dos españolas-. 




Como cada año, la ceremonia se celebró junto a la rampa por la que los jóvenes aprisionados trataron de huir de la trampa en que se había convertido el túnel, único acceso al recinto previsto para una fiesta multitudinaria, al quedar taponada su salida. 
El monumento de acero, en forma de escalera, que se colocó en ese lugar el pasado año quedó completado este domingo por unas placas de cerámica, encargadas por las familias españolas en un taller de Madrid, con las fotografías de las víctimas. 
Fue una ceremonia silenciosa, reservada a las familias, tras la cual se abrió el lugar a los ciudadanos para que depositaran flores, velas encendidas y otros recordatorios. 
"No tengo palabras para decir lo que siento. Frustración, indignación, hasta ira", comentó a Efe Saskia, una alemana de 25 años, asistente a la fiesta hace seis años atrás, que no estuvo entre los más de 600 heridos ni perdió a nadie ese día, pero que como los padres de Clara y Marta no entiende que no se haga justicia. 
La Audiencia de Duisburgo rechazó abrir juicio por considerar inconsistentes las pruebas presentadas por la acusación y entre críticas al informe elaborado por el experto británico Keit Still.
La decisión de no abrir juicio contra los diez acusados -seis empleados de la administración local de Duisburgo y cuatro responsables de la empresa organizadora- por homicidio imprudente y lesiones fue un golpe para las familias, también para Saskia. 
La Fiscalía de Duisburgo, que está trabajando en una nueva formulación de la demanda, había presentado su acusación en 2014, tras más de tres años y medio de investigaciones, y argumentaba que hubo fallos tanto de planificación como en las medidas de seguridad. 
A su juicio, los responsables debían haber sabido que la estrechez de las vías de entrada al lugar eran insuficientes para dar entrada a los 445.000 asistentes previstos, por lo que el evento nunca debería haber sido autorizado. 
Duisburgo acogía ese año por primera vez la macrofiesta del tecno, nacida en Berlín más de una década atrás y que, tras haber alcanzado cifras récord de hasta un millón de cuerpos danzantes en la capital alemana, había entrado en cierta decadencia. 
El entonces alcalde, Adolf Sauerland, vio en la fiesta una oportunidad de atraer visitantes a Duisburgo, una de tantas ciudades de la cuenca del Ruhr, antiguo corazón minero de Alemania, sin demasiados atractivos y más que endeudada. 
La idea terminó en catástrofe, entre acusaciones por el cúmulo de negligencias de la organización. 
Sauerland se negó a dimitir, pero dejó el cargo en 2012 tras un referéndum en que una amplia mayoría de sus conciudadanos se pronunciaron por su cese por su responsabilidad en la tragedia. EFE 
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sábado, 31 de julio de 2010

Kraft, un punto de realidad en medio de la gran chapuza

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Alemania recuerda en un funeral a las vícitmas de la Loveparade

Gemma Casadevall

Berlín, 31 jul (EFE).- Los habitantes de Duisburgo y la plana mayor de la política alemana recordaron hoy en un funeral a las 21 víctimas de la "Loveparade", una semana después de la tragedia precipitada por un caos organizativo que ha sumido a Alemania en el dolor y la indignación.
La primera ministra del "Land" de Renania del Norte-Westfalia, Hannelore Kraft, instó, desde la Iglesia evangélica del Salvador, a actuar "con sentido del deber" en el esclarecimiento de una tragedia en la que murieron 21 "personas jóvenes, llenas de vida".
"Tenemos un deber hacia quienes perdieron a los suyos", dijo Kraft, para recordar que entre esas víctimas había jóvenes "llegados de Italia, Holanda, Bosnia, China y España", en alusión a los ocho extranjeros muertos en la multitudinaria fiesta "tecno", entre ellos las españolas Clara Zapater y Marta Acosta.
Todos acudieron a Duisburgo a "divertirse en una "Loveparade" que se convirtió en una "danza de muerte", en palabras del presidente del Consejo de la Iglesia evangélica, Nikolas Schneider, que ofició el funeral junto al obispo católico Franz Josef Overbeck.
Kraft fue la única representante del estamento político que habló en el oficio, al que asistieron la canciller, Angela Merkel, varios miembros de su Gobierno, el presidente del país, Christian Wulff, y otros representantes de las más altas instituciones políticas.
La primera ministra renana, del Partido Socialdemócrata (SPD) y en el cargo desde hace apenas quince días, habló con la voz entrecortada, desde su posición de líder de ese "Land" y ciudadana, pero también madre, puesto que su hijo, Jan, de 17 años, había acudido a la más multitudinaria fiesta "tecno" del mundo.
Ella misma estuvo entre los miles de familiares que durante horas esperaron angustiadas noticias de los suyos, a los que sabían entre los asistentes a la fiesta y a los que buscaban en medio del caos, en su caso para descubrir aliviada que no había sufrido daños.
Fue una ceremonia sobria y emotiva, acompañada por la música de "La Pasión según San Mateo", de Johannes Sebastian Bach, interpretada desde el órgano del templo, junto a cuyo altar quedaron 21 velas, que depositaron y encendieron miembros del cuerpo sanitario, bomberos, policías y asistentes parroquiales que el día de la tragedia atendieron a las víctimas.
Debido a la dimensión del templo, con capacidad para sólo unas 500 personas, la ceremonia fue transmitida en directo desde otras 14 iglesias de la ciudad y el estadio de fútbol de Duisburgo, sobre cuyo césped se extendió una gran cruz.
Las dos cadenas nacionales de la televisión pública, ARD y ZDF, más la regional y los canales de información privados transmitieron el acto, una semana después de una tragedia que provocó, además, 511 heridos, 25 de los cuales siguen hospitalizados.
"Nos asaltan imágenes terribles de jóvenes luchando por su vida, desesperadamente, personal sanitario y policías exhaustos, también necesitados hoy de todo nuestro apoyo. Y también rostros adultos, que rehuían petrificados su responsabilidad", dijo Schneider, máximo responsable de la Iglesia evangélica, mayoritaria en el país.
A la ceremonia religiosa no acudieron, por razones de seguridad, las dos personas sobre la que se han cernido estos días todas las críticas: el alcalde, Adolf Sauerland, y el organizador, Rainer Schaller, al que apuntan como responsable directo de lo ocurrido los informes provisionales de la policía y la fiscalía.
Sauerland, de la Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU) de Merkel, se ha negado hasta ahora a dimitir, pese a las presiones de su propio partido para que asuma las consecuencias.
El alcalde se parapetó estos días en su versión de que no firmó la autorización de la fiesta, pero tanto desde la CDU como de su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) se ha recordado que eso no le exime de la responsabilidad política y moral.
En los medios se ha apuntado a que él se obstinó en que Duisburgo acogiera el festival, desoyendo las advertencias en contra del estamento policial y los bomberos, por considerar que ello daría proyección internacional a la ciudad.
Contra Sauerland se inició un proceso de destitución a solicitud de La Izquierda y el Partido Liberal (FDP), pero el alcalde se aferra al cargo, según los medios, para defender su pensión.
Tras el oficio, miles de ciudadanos marcharon hasta el lugar de la tragedia, el túnel de acceso al recinto, convertido ahora en un mar de velas encendidas, flores, mensajes, pancartas reclamando responsabilidades y banderas de las nacionalidades de todas las víctimas, incluida la española. EFE
gc/ig/cla

domingo, 25 de julio de 2010

Impasible el ademán

Merkel acudió a la cita ritual del Bayreuth renovado de Neuenfels


Gemma Casadevall Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- La apertura del Festival de Opera Richard Wagner de Bayreuth congregó hoy sobre la Verde Colina de la ciudad bávara el desfile habitual de la plana mayor de la política alemana, con la canciller Angela Merkel a la cabeza, para el estreno del renovador "Lohengrin" de Hans Neuenfels.
De acuerdo a la tradición, la inauguración de la temporada en el templo wagneriano desplegó en esa ciudad de provincias a Merkel y seis de sus ministros -entre ellos, el de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, aristócrata bávaro, y el de Exteriores, Guido Westerwelle-, así como a la plana mayor local.
La canciller es habitual de todas las aperturas del festival desde sus tiempos en la oposición y este año no falló a la cita, junto a su esposo Joachim Sauer -ambos, fanáticos de la ópera-, por mucho que no pase por su mejor momento de popularidad o tal vez por afán de mostrar normalidad justo en esos tiempos.
A diferencia de otras ocasiones, su paso ante el portalón del teatro quedó algo eclipsado por la coincidencia de otra estrella algo más mediática ahora mismo -el popular presentador y showman de la televisión alemana Thomas Gottschalk- y los gritos de "Angie, Angie" -como se la conoce en su país- fueron algo tímidos.
Centenares de ciudadanos se habían agolpado, como todos los años, en las vallas junto al teatro a la espera de ver pasar a los famosos, encaramados algunos en escaleras portátiles y en el ambiente festivo habitual de las aperturas de Bayreuth.
Dentro del teatro, las expectativas estaban centradas no en los políticos, sino en la escenografía de Neuenfels para "Lohengrin", único estreno de esa temporada.
El director berlinés, de 69 años y con fama de transgresor, llegaba a Bayreuth con dos escenificaciones de Wagner a sus espaldas -"Tannhaeuser" y "Los Maestros Cantores de Núremberg"-, aunque nunca estrenó en el festival bávaro.
Su "Lohengrin" reposa sobre un dúo protagonista nuevo en la casa -Jonas Kaufmann y Annette Dasch, de 40 y 34 años- y con otro debutante a la batuta, Andris Nelsons, de 31 años.
El director había avanzado que se trataba de una escenografía renovadora y, al cierre del primer acto, los comentarios no los centraban ni la soprano ni el tenor o la orquesta, sino el coro: un ejército de solistas disfrazados de ratas, con lamparillas rojas a modo de ojos, diseñados por Reinhard von der Thanen.
Algunos acogieron la ocurrencia con risas, otros con gestos de malhumor. Acabado el primer acto, el selecto público de Bayreuth se dividió entre los abucheos y los aplausos.
La obra de Neuenfels es el único estreno en esta temporada de Bayreuth, cuyo programa completarán las reposiciones del "Anillo", de Christian Thieleman y Tankred Dorst; el "Parsifal", de Danielle Gatti y Stefan Herheim; y "Los maestros cantores de Nuremberg", dirigido por la propia Katharina Wagner -directora del festival-, con Sebastian Weigle a la batuta.
La temporada tendrá algo de debut también para el dúo de codirectoras del festival, Katharina y Eva Wagner-Pasquier, ambas hijas de quien durante más de medio siglo fue director y alma de Bayreuth, Wolfgang Wagner.
El patriarca murió el pasado marzo, con 90 años y en su casa de Bayreuth. Con ello se cerró y llegó también el momento de la verdad para las dos descendientes de Wagner.
Ambas ejercieron de directoras del festival en 2009, al jubilarse su padre, pero, hasta ahora, de alguna manera la sombra del patriarca seguía dominando la Verde Colina. EFE
gc/ibr
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Una mano en Bayreuth, la otra en Duisburg

Bayreuth abucheó a Neuenfels con su "Lohengrin" entre ratas de colorines


Gemma Casadevall Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El Festival de Opera Richard Wagner de Baureuth se abrió con abucheos para Hans Neuenfels y su "Lohengrin", una escenografía que convierte al Caballero del Cisne en un cazador de ratas de laboratorio, transmutadas en diferentes formas y colores.
Neuenfels se revalidó como director irreverente en su debut en el templo wagneriano, mientras otros dos neófitos en ese festival, Jonas Kaufmann y Annette Dasch, eran aclamados como dos impecables Lohengrin y Elsa, con sobradas dosis de juventud y voz.
El coro de ratas de colorines -negras, blancas y rosa-, en diseño de Reinhard von der Thanen, fue acogido con sonrisas por un sector del público y visible malhumor por el resto, que se transformó finalmente en atronador abucheo para el director.
En su afán trasgresor, Neuenfels va de ocurrencia en ocurrencia con su peculiar coro, en formato de perfecto roedor con lamparillas rojas a modo de ojos; en smoking los ratones o en coloridos trajes de fiesta sus novias, las ratas. Acosados por auxiliares de laboratorio dispuestos a experimentar con ellos o como séquito de boda.
 
Los disfraces son geniales, la mímica funciona y ni los más reacios al juego podían esconder, en algún momento, cierta ternura por los animalitos.
Pero aunque el ratón se vista de smoking y la rata de seda, roedores se quedan. Y a Bayreuth se va, preferiblemente, a vibrar por Wagner y las pasiones que crucifican a sus héroes.
En medio de tanta ocurrencia, costaba concentrarse en el tormentos de la poderosa Elsa, interpretada por Dasch -una lección de dominio, con 34 años y debutando ante un público exigente- y el Lohengrin de Kaufmann -el segundo acierto del estreno-.
Neuenfels había advertido que acudía a Bayreuth para romper esquemas, mostrar individuos y no la quintaesencia del nacionalismo alemán atribuida a Wagner. Pero de eso a mostrar a cisnes desplumados como pollos en el mercado o algún que otro engendro final -que no se debe revelar- hay un trecho, al menos en Bayreuth.
Triunfaron sus solistas y también el coro, por calidad interpretativa, pero ni Neuenfels ni Andris Nelsons -a la batuta, otro debutante- lograron convencer.
Bayreuth abrió con aire de pataleta programada, puesto que lo contrario habría sido decepcionar a quienes esperan justamente eso de Neuenfels.
Se trataba de la primera temporada con las hermanas Katharina y Eva Wagner-Pasquier, ya camino a la emancipación de la sombra del patriarca Wolfgang Wagner, nieto del compositor y director del festival durante más de medio siglo, fallecido en marzo a los 90 años.
Las dos hijas del patriarca habían asumido la dirección, de facto, en la temporada anterior, pero se consideró una especie de transición a la espera del auténtico cambio generacional.
La expectación por el debut de Neuenfels era grande, aunque cualquier inauguración de temporada en Bayreuth, el único gran festival del mundo volcado exclusivamente en el culto a Wagner, tiene de por sí rango de acontecimiento, incluso sin estrenos.
La apertura congregó sobre la Verde Colina de la ciudad bávara a la plana mayor de la política alemana, con la canciller, Angela Merkel, a la cabeza y hasta seis de sus ministros, entre ellos el de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, aristócrata bávaro, y el de Exteriores, Guido Westerwelle.
Allí estuvieron asimismo según el ritual, la cúpula de la política local, como el primer ministro de Baviera, Horst Seehofer.
Como todos los años, centenares de ciudadanos se agolparon junto a las vallas ante el teatro fundado por Richard Wagner, a la espera de ver pasar a los famosos, encaramados algunos en escaleras portátiles y con el ambiente festivo propio de Bayreuth.
La obra de Neuenfels será el único estreno en esta temporada de Bayreuth, cuyo programa completarán las reposiciones del "Anillo", de Christian Thieleman y Tankred Dorst; el "Parsifal", de Danielle Gatti y Stefan Herheim; y "Los maestros cantores de Nuremberg", dirigido por la propia Katharina Wagner, directora del festival, con Sebastian Weigle a la batuta. EFE
gc/af

sábado, 24 de julio de 2010

El peregrinaje anual


Neuenfels debuta en Bayreuth con "Lohengrin" y pensando en llevar su "Anillo"




Gemma Casadevall Berlín, 24 jul (EFE).- El director alemán Hans Neuenfels abrirá mañana el Festival de Opera de Bayreuth con "Lohengrin", su debut en esa difícil plaza, y pensando ya en llevar al templo wagneriano su propio "Anillo del Nibelungo", la compleja tetralogía de Richard Wagner.
De considerar el festival bávaro, fundado por Wagner en 1876, como algo reaccionario, ha pasado Neuenfels a "sentirse a gusto y divertirse" en la casa, afirma el director en declaraciones hoy al diario "Die Welt", hasta el punto que "no rechazaría" una eventual oferta para escenificar su "Anillo".
El director berlinés, de 69 años y fama de transgresor, llega a Bayreuth con dos escenificaciones de Wagner a sus espaldas -"Tannhaeuser" y "Los Maestros Cantores de Núremberg"-, aunque nunca estrenó en el festival bávaro.
Para este domingo espera el veredicto del más elitista club wagneriano del mundo, con un "Lohengrin" que reposa sobre un dúo protagonista nuevo en la casa -Jonas Kaufmann y Annette Dasch, de 40 y 34 años- y con otro debutante a la batuta, Andris Nelsons, de 31 años.
Su "Lohengrin", una de las piezas favoritas de Wagner y también del público del festival, será "renovador", en palabras del director a ese medio, y tal vez la puerta de acceso al "Anillo" que se estrenará en Bayreuth en 2013, para el que no hay definido aún el equipo al que se confiará la tarea.
La obra de Neuenfels es el único estreno en esta temporada de Bayreuth, cuyo programa completarán las reposiciones del "Anillo", de Christian Thieleman y Tankred Dorst; el "Parsifal", de Danielle Gatti y Stefan Herheim; y "Los maestros cantores de Nuremberg", dirigido por la propia Katharina Wagner, con Sebastian Weigle a la batuta.
La inauguración, mañana, desplegará sobre la Verde Colina el habitual desfile de políticos de primer rango, encabezados por la canciller Angela Merkel y varios ministros de su gabinete -desde el de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, al de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, aristócrata bávaro-.
Merkel y Westerwelle, ambos entusiastas de Wagner y sobre todo de Bayreuth, eran ya asiduos del festival en sus tiempos en la oposición.
La lista de habituales del ámbito político en el certamen va más allá de ideologías o correlaciones de poder y abarca todo el espectro parlamentario, con protagonismo especial para la clase política local y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU).
Bayreuth reeditará su fama de festival a la vez elitista, pero popular, con su característica mezcla de exquisitez y provincianismo. Las praderas que rodean el teatro de Wagner se poblarán de picnics improvisados sobre la hierba, mientras otros optan por cenar en su restaurante de lujo durante los entreactos, de una hora de duración, también de acuerdo a la costumbre.
La temporada tendrá algo de debut también para el dúo de co-directoras del festival, Katharina y Eva Wagner-Pasquier, ambas hijas de quien durante más de medio siglo fue director y alma de Bayreuth, Wolfgang Wagner, quien murió en marzo pasado.
El patriarca murió el pasado marzo, con 90 años y en su casa de Bayreuth. Con ello se cerró una era en la casa y llegó también el momento de la verdad para las dos descendientes de Wagner.
Ambas se habían estrenado, de facto, como directoras de la casa en 2009, al jubilarse su padre, pero de alguna manera la sombra del patriarca seguía percibiéndose sobre la Verde Colina.
Este año, finalmente, llegó el momento de la emancipación real de las dos biznietas del compositor, a las que corresponderá definir si optaron por la renovación real o por perpetuar los esquemas y sello inequívoco de la casa. EFE
gc/me