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viernes, 9 de agosto de 2024

Daniel, Anne-Sophie y el diluvio



Berlín vibró bajo un Barenboim minimalista bajo la lluvia
Joana Serra

El maestro Daniel Barenboim ya no dirige de pie, sino sentado. Tampoco incluye a Richard Wagner en su programa. Y, encima, tenía ante sí a unos 12.000 asistentes, en buena parte empapados. Una hora antes del inicio de su concierto en la Waldbühne berlinesa, el Auditorio del Bosque, empezaron a caer rachas de lluvia, por momentos en cascada. Para los que no acudieron convenientemente equipados la mejor opción era adquirir uno de los impermeables de plástico -a 4 euros- en la entrada del recinto.

Pero el genio de Barenboim y la devoción que se le dispensa en Berlín se impusieron sobre los infortunios. El maestro argentino-israelí, director general honorífico de la Staatsoper Unter den Linden berlinesa, cumplió con su visita de todos los veranos a la Waldbühne, el popular auditorio al aire libre junto al Olympiastadion de la capital alemana. Le acompañaba otra virtuosa, la violinista alemana Anne-Sophie Mutter. Y tenía ante sí a los 78 músicos de la orquesta Divan Este-Oeste, llegados de Oriente Medio y otros lugares del mundo para la ocasión.

Las piezas elegidas estaban diseñadas para el lucimiento inicial de Mutter. La primera parte la ocupó el Concierto para Violín op. 77 de Johannes Brahms. Le siguió tras la pausa la Gran Sinfonía de Franz Schubert, ya sin la solista. Mutter, enfundada en uno de sus trajes característicos con escote palabra de honor, en tono fucsia, demostró una vez más sus dotes musicales e hipnóticas sobre el escenario. A sus 61 años, es aún la mujer hermosa que, en su adolescencia, encandiló a Herbert von Karajan. Tras la pausa, ya sin el panorama de paraguas extendidos e impermeables, porque cesó la lluvia e incluso amagó con aparecer un arco iris, el concierto era ya dominio absoluto de Barenboim y sus músicos.

A Barenboim (Buenos Aires, 1942) se le aplaudiría en Berlín aunque no pudiera tomar la batuta. Es una instancia moral y un ciudadano ilustre, virtuoso en lo musical y comprometido con la paz en Oriente Medio. No habló sobre el escenario, pero dejó su mensaje a través de una declaración suscrita por su orquesta y difundida en las dos pantallas gigantes: „Llamamos a los actores locales y a la comunidad internacional a romper la escalada de violencia con un alto el fuego duradero, el regreso de todos los rehenes y la liberación de quienes mantenidos ilegalmente prisioneros“. Este doble mensaje, en dirección a los israelíes retenidos por Hamás desde el 7 de octubre del año pasado y a los derechos de Palestina, cuadra con el compromiso vital reconocido en Barenboim, desde siempre, no solo bajo el impacto de la guerra en Gaza.

Que el maestro apenas puede ya dirigir, si no es sentado y ante un repertorio „sosegado“, es algo que en Berlín se tiene asumido. En 2022 saltaron las alarmas, tras la cancelación de varios conciertos, entre ellos el estreno de un „Anillo del Nibelungo“ de su adorado Wagner. El propio Barenboim confirmó poco después que sufría una afección neurológica grave. Se mantuvo aún formalmente al frente de la Staatsoper Unter den Linden, la ópera nacional berlinesa que dirigía desde 1992. Pero hace unos meses le relevó Christian Thielemann, el otro gran maestro del universo wagneriano.
La orquesta Divan Este-Oeste, fundada en 1999 por Barenboim y el intelectual palestino Edward Said, es uno de sus „proyectos del alma“. Nació con el propósito de agrupar a músicos Oriente Medio y ha encontrado su continuidad en la Academia Barenboim-Said, inaugurada en 2016 y que tiene su sede en un edificio vecino a la Staatsoper. Ahí está también la sala Pierre Boulez, diseñada por el arquitecto Frank Gehry, donde se forma a jóvenes árabes e israelíes. Su apertura como centro de un concepto de formación global, en que además de música se imparte filosofía e historia, es uno de los regalos que Barenboim ha dejado a Berlín, su ciudad de adopción.

Este virtuoso, que con siete años dio su primer concierto en Buenos Aires, parece determinado a demostrar que no abandonará el escenario mientras las fuerzas le acompañen. Al centro de la Waldbühne le llevó casi de la mano, a pasos cortos, Anne-Sophie Mutter. Al final del concierto, se anunciaba su siguiente cita para la Waldbühne, en agosto del año 2025 y con el pianista Lang Lang. Las entradas ya están a la venta, como lo están las que ofrecerá en otoño en su sala Pierre Boulez con los músicos de su Academia. Por si quedaban dudas, hubo incluso un bis al cierre del concierto, con un „Scherzo“ de Felix Mendelssohn Bartholdy.

sábado, 27 de julio de 2024

A falta de techno, Thielemann

Berlín se vuelca en el „rave“, señal de identidad al aire libre

Joana Serra


Miles de berlineses y visitantes sentados en el suelo o en sillas plegables, disfrutando el concierto dirigido por Christian Thielemann en la gran esplanada junto a la Staatsoper Unter den Linden. O grupos de jóvenes bailando en cualquier calle peatonal, junto al canal o a orillas del río Spree, armados con un equipo musical mínimo. Como cada año, Berlín sale en pos de la música al aire libre, y gratuita, incluso si el verano discurre de diluvio en diluvio, como en este 2024. Lo hace tanto para escuchar la „Alpensinfonie“ de Richard Strauss y la apertura del „Tannhäuser“ wagneriano, como para bailar techno entre amigos.
Son distintas formas de expresar la pasión por la música al aire libre. Salvo que llueva, los márgenes del Spree se convierten en pista de baile improvisada para aficionados al tango y el parque ciudadano que es el antiguo aeropuerto de Tempelhof acoge parejas danzantes al son del rock-and-roll.
Los clásicos arrastran a un público de toda edad, condición y nacionalidad, máxime si quien dirige es el maestro Thielemann, el sucesor de Daniel Barenboim al frente de la ópera nacional del antiguo sector este. El concierto gratuito, de la serie „Oper für alle“ -“Ópera para todos“-, concentra cada verano a unas 20.000 personas en formato de pícnic multitudinario sobre la céntrica Bebelplatz, con la Universidad Humboldt al fondo.
Cada uno celebra el reencuentro estival con la música al aire libre a su manera. Pero destaca entre tan variado panorama la resurrección del techno, un movimiento al que algunos dieron prematuramente por agónico y que tendrá su gran cita en agosto con el „Rave the Planet“.
La música electrónica parecía que no levantaría ya cabeza desde que las restricciones por la pandemia obligaron a cerrar durante meses sus templos más emblemáticos -como las discotecas Tresor o Berghain-. Pero la determinación de las autoridades berlinesas de inscribir la „Technokultur“ como patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO ha revitalizado el fenómeno musical e imán turístico que es la música electrónica.
Se vuelve así a la senda marcada en los 90, cuando el techno alemán se erigió en emblema del Berlín joven, liberado del traumático muro que encorsetó durante décadas el sector occidental de la ciudad partida. Creció en las catacumbas de las discotecas y otros locales más o menos legalizados. Y alcanzó proporciones multitudinarias en cuanto escapó al aire libre, para ofrecer lo que durante años fue la mayor fiesta del tecno del mundo: la Loveparede. La caravana del amor y su desfile de enormes camiones-caravana equipados con atronadora megafonía alcanzó a finales de los 90 la cifra mágica -y, como suele ocurrir, nunca verificada- del millón de cuerpos danzantes. Berlín había encontrado su nueva identidad en un evento que atrajo a los mejores DJ del mundo y al que se accedía gratuitamente. El factor negativo es que dejaba tras de si toneladas de basura y protestas de grupos ecologistas o vecinos por el impacto en la flora y la fauna del Tiergarten, el espléndido pulmón verde por cuyos alrededores transcurría.
La Loveparade tuvo sus años de gloria. Luego entró en decadencia y se trasladó a provincias. Su estocada fue la tragedia en que derivó la edición de 2010, cuando 21 muchachos murieron aprisionados al desatarse el pánico en el único acceso a su recinto, en la deficitaria ciudad de Duisburgo.
Más de una década después de la catástrofe, Berlín recuperó el espíritu de la Loveparade. Lo hizo a través de un sucesor de dimensiones menos descomunales: el „Rave The Planet“, la fiesta en la calle que el año pasado recibió a 200.000 visitantes.
La capital alemana retumbó de nuevo bajo el impacto de la música electrónica, en un evento con apoyo institucional. La recogida de basura no es únicamente cuestión de los organizadores, sino de los servicios municipales. Está registrada como „manifestación política y cultural“, lo que le brinda cobertura en cuanto a seguridad.
Este año no tendrá lugar en julio, el mes que menos riesgo de lluvia, sino el 17 de agosto. La razón de este desplazamiento a la segunda quincena de un mes en que en Berlín empieza a olerse el otoño es que en el mes anterior la „Avenida del 17 de Junio“ estuvo ocupada por la „zona del aficionado“ de la Eurocopa.
Durante las cuatro semanas del torneo, la gran arteria ciudadana que atraviesa el Tiergarten fue un paisaje de pantallas gigantes y puestos de comida para la afición en el tramo que va de la Columna de la Victoria hasta la emblemática la Puerta de Brandeburgo. Pasaron por ahí millones de seres asimismo ansiosos de fiesta, con el fútbol como astro rey y también un amplio programa musical, en las jornadas sin partido. También ahí se sufrieron algunas intermitencias debidas al gran enemigo de todo evento al aire libre: la lluvia, en ocasiones en forma de tormentas torrenciales. La Roja conquistó el espacio con su fútbol alegre, joven y vencedor; a la sensacional victoria de los de Lamine Yamal, Dani Olmo, Nico Williams, Marc Cucurella y Mikel Oyarzábal seguirá en unas semanas el gran „rave“ berlinés.

lunes, 20 de mayo de 2024

Las rave de nunca acabar

Los festivales en el extranjero: entre la 'rave' urbana de Berlín y la lluvia aguafiestas de Londres


Electric Zoo, la gran cita neoyorquina con la música electrónica, no ha anunciado todavía su cartel para 2024 entre rumores de cancelación tras una edición de 2023 sumida en el caos. / EPC


Gemma Casadevall, Lucas Font, Idoya Noain

Berlín, Londres, Nueva York 20 

Ahora que Barcelona empieza a replantearse el encaje de sus festivales en la ciudad, echamos un vistazo a cómo se vive la música en directo en otras urbes como Berlín, Londres o Nueva York.


Berlín, entre el declive del tecno y una 'rave' de 200.000 almas bailando

¿Inscribir al tecno berlinés en la lista de la UNESCO le da vigor o más bien aires de respiración asistida? La pregunta planea sobre la escena berlinesa desde que el pasado marzo, el gobierno alemán y las autoridades de la capital aunaron fuerzas para inscribir su 'Technokultur' como patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO. Sus locales más legendarios, como Berghain y Tresor, atraen a adeptos de todo el mundo -tres millones de visitantes anuales-. Pero la Clubcomission lleva años reclamando ayudas públicas y alertando de que ese imán turístico agoniza. Aparentemente, sufre las secuelas del cierre obligado por la pandemia.




La edición de 2021 de 'Rave The Planet', en su cita con el mes de julio en Berlín. / CHRISTIAN MANG

Su gran plataforma fue la caída del Muro, en 1989. El tecno se erigió en señal de identidad de un Berlín liberado de corsés y de traumáticas divisiones. En los 90 escaló a la categoría de mayor fiesta del mundo su Loveparade, con la cifra mágica del millón de cuerpos danzantes al sol. Luego emigró a provincias y derivó en 2010 en la tragedia de Duisburg, cuando 21 jóvenes murieron aprisionados en el desbordado acceso al recinto. Hace dos años, renació con el nombre de Rave The Planet y una cifra más realista: 200.000 asistentes. Algunos berlineses siguen quejándose de los estragos que deja a su paso por el Tiergarten, el pulmón verde de la ciudad.

El Berghain no es ya la meca del tecno. La revista especializada 'DJ Mag' le da la pole position al ibicenco Hïi y deja al club berlinés en el puesto 13. El local mejor colocado de Alemania, con el quinto puesto, está en Colonia y se llama Bootshaus.

Los festivales callejeros se reparten por toda la capital desde mayo. El fin de semana de Pentecostés circula por el barrio de Kreuzberg el multitudinario Karneval der Kulturen. En el antiguo aeropuerto de Tempelhof, convertido en gran parque para cualquier actividad, se suceden los conciertos y fiestas. Para agosto se espera al próximo Rave The Planet. Pero el más incombustible evento de Alemania no se celebra en Berlín, sino en un pueblecido en dirección a Dinamarca llamado Wacken. Ahí se concentran desde hace un cuarto de siglo decenas de miles de fans del heavy metal. El Wacken Open Air no tiene el sello de la UNESCO. Hoy por hoy, no conoce rival. Ni en Alemania ni en el resto del planeta. Gemma Casadevall / Berlín
El festival más importante de Alemania, Wacken Open Air y dedicado al heavy metal, se celebra en el pequeño pueblo de Wacken, en Schleswig-Holstein, de menos de 2.000 habitantes. / THILO SCHMUELGEN


Londres: cancelaciones por la lluvia y escasez de cabezas de cartel

Londres sigue atrayendo a una gran cantidad de público a sus festivales de música al aire libre. Eventos como el Wide Awake (con una asistencia de cerca de 25.000 personas diarias), el All Points East (50.000 personas) y el Mighty Hoopla (30.000 personas diarias) siguen celebrándose en la capital británica y se han posicionado entre los más influyentes en el panorama de la música electrónica, el pop y el indie.

Pero la celebración de festivales en las grandes ciudades del Reino Unido no ha estado exenta de polémica. Algunas asociaciones vecinales y de protección de los parques públicos han mostrado su rechazo a este tipo de eventos en verano, ya que limita el acceso al resto de habitantes. Una de sus reclamaciones es que se celebren fuera de las vacaciones escolares para que no afecte al uso que hacen los niños. El Brexit, las pérdidas de los promotores durante la pandemia y la mala situación económica de algunos municipios, sin embargo, han llevado a la celebración de más festivales en áreas urbanas.

Más allá de las quejas de algunas asociaciones vecinales, los organizadores se enfrentan a los problemas derivados de las inclemencias climáticas –el último año ha sido especialmente lluvioso en el Reino Unido y ha obligado a cancelar el We Are FSTVL en Londres– y a la dificultad para encontrar artistas de talla mundial como cabezas de cartel, cada vez más centrados en sus propias giras, que pueden ser mucho más rentables a nivel económico. Lucas Font / Londres


Nueva York, lejos de ser un epicentro festivalero

El gran festival de música en la ciudad de Nueva York es el Governors ball, una cita que debutó con una sola jornada en el 2011 y ha evolucionado hasta reunir a lo largo de tres días a más de 100.000 personas.

De su ubicación original, la isla frente a la estatua de la Libertad que le da nombre, el festival ha pasado por distintas localizaciones alcanzar el año pasado el que apunta a quedar como su hogar: Flushing Meadows Corona Park, en el barrio de Queens. Y atrás han quedado pesadillas de transporte que perseguían al festival, que también ha ido abriendo su abanico de oferta y ha sumado a la indie y eletrónica el pop, el rap, el R&B y a artistas que retan el encasillamiento en géneros.



El festival Governors Ball ha ido cambiando de ubicación y tamaño hasta llegar a los 100.000 asistentes en tres días. / EPC

Algo más antiguo es el otro gran festival urbano de música de la Gran Manzana, Electric Zoo, dedicado desde 2009 a electrónica y dance y que a principios de septiembre reúne a más de 80.000 personas en Randall’s Island, la isla encajonada entre Manhattan, Queens y el Bronx que fue alguna vez también escenario para el Governors. Tras una problemática edición el año pasado, que se inauguró con cancelaciones y retrasos y acabó con caos y demandas tras la sobreventa de entradas, no se han anunciado aún ni fechas ni artistas para este 2024.

Esas son las dos grandes citas masivas musicales neoyorquinas, que está lejos de ser un epicentro del superpoblado circuito festivalero estadounidense, uno donde se combinan los escenarios rurales y de pequeñas poblaciones como Indio (California) y Manchester (Tennessee), sedes respectivas de Coachella y Boonaroo, con grandes urbes como Austin (SXSW), Chicago (Lollapalooza y Pitchfork) o Miami (Ultra Music Festival). Idoya Noain / Nueva York

domingo, 5 de mayo de 2024

Alegría

La Novena de Beethoven, "bálsamo del alma", cumple 200 años



La tumba de Beethoven en Viena, fotografiada por una turista. / JOE KLAMAR
 Gemma Casadevall

"Es la sinfonía más universal, la más humanizada, la que hace que nos sintamos mejor, la que nos da esperanza, un bálsamo para el alma“, comenta a EL PERIÓDICO Martina Rebmann, "guardiana“ de la partitura original de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven. Este martes, coincidiendo el 200 aniversario de su estreno, el 7 de mayo de 1824, se abrirá al público el "tesoro“ de la partitura original, en la Stabi -la Biblioteca Estatal de la avenida Unter den Linden de Berlín-. Ahí quedará expuesta, con entrada gratuita, hasta el próximo agosto.
La víspera del bicentenario, Rebmann asistía sonriente a las decenas de miradas y manos que buscaban afanosas en un facsímil del manuscrito la palabra mágica, "Freude“, alegría. La misma "Freude“ que se dibujó en el rostro del pianista israelí Jonathan Aner al llegar al punto del cuarto movimiento que marca el arranque de la 'Oda a la Alegría'. "Imposible no contagiarse de ese sentimiento“, decía al término de su concierto conmemorativo, que fue en formato de orquesta de cámara.
"La Novena admite cualquier formato. De la gran orquesta de Leonard Bernstein al cuarteto o el solista“, prosigue Rebmann. La pieza más universal de Beethoven se adapta a cualquier formato, pero también a cualquier mensaje político, según demostró la historia.
El impacto que causó entre público fue inmediato. Una clamorosa ovación cerró el estreno de la pieza hace dos siglos en Viena. Beethoven (1770-1827) no alcanzó a escucharla, porque estaba ya completamente sordo. Ni siquiera pudo dirigir su estreno en el Theater am Kärntnertor de Viena, su ciudad de adopción. Quien tomó la batuta para su última y revolucionaria sinfonía fue Michael Umlauf. Fue la última aparición en público de Beethoven.

Detalle de la partitura, llena de borrones, de la Novena Sinfonía, expuesta en Berlín. / Fabrizio Bensch
Clásica y trasgresora

La había compuesto trasgrediendo la norma de que una sinfonía era una pieza esencialmente instrumental y de 30 minutos. La suya excedía los 70 minutos de duración y había incorporado solistas y un coro. Era algo radicalmente innovador, recuerda con motivo del aniversario Malte Boecker, el director de la Casa Museo de Bonn, la ciudad natal de Beethoven (177-1827). Adoptó para su Oda el texto del poeta alemán Friedrich Schiller, un tributo a la esperanza y la humanidad.
El canto al júbilo, la fraternidad y la esperanza fue lo que determinó que el Consejo de Europa la adoptara como símbolo musical del Viejo Continente en 1972 y que la Unión Europea lo entronizara como himno oficial en 1985. Para entonces, se había consolidado la versión para gran orquesta de Herbert von Karajan.
Mucho antes de erigirse en símbolo del proyecto europeo y sus democracias, la 'Oda' había sido utilizada a discreción por todo tipo de dictadores y autócratas. Se interpretó en un cumpleaños de Adolf Hitler y también en la inauguración de los Juegos Olímpicos del nazismo, en 1936; ese mismo año, el soviético Josef Stalin la eligió para celebrar la constitución de su dictadura totalitaria; la 'Oda' fue también la obra asumida por otro régimen totalitario, la Alemania comunista, para celebrar su fundación como país satélite de Moscú. Se rehabilitó para la historia como el himno con el que los alemanes celebraron el abrazo nacional que siguió a la caída del Muro, en noviembre de 1989, la hermosa noche que puso fin a décadas de traumática división. Tomó la batuta Bernstein, quien se permitió la licencia de sustituir la palabra "Freude“, o la alegría, por "Freiheit“, libertad. Esa noche, ambos términos fueron sinónimos.
A la Novena se ha recurrido más recientemente para agasajar a los líderes del G7, el club de los países más poderosos del planeta, en su cumbre de Hamburgo, en 2017. O para transmitir algo de esperanza en el peor momento, como el concierto dirigido por la ucraniana Oksana Lyniv tras el inicio de la invasión a gran escala por Rusia de su país, en febrero de 2022.



Cajitas de música en la tienda de la casa-museo de Beethoven, donde compuso la Novena Sinfonía. / JOE KLAMAR

Cuatro conciertos, en cuatro ciudades

"No hay otra obra musical capaz de transmitir tantos sentimientos universales como la Novena“, comentaba estos días otra directora, la alemana Joana Mallwitz, titular de la Konzerthaus de Berlín. Mallwitz forma parte del proyecto impulsado por el canal franco-alemán Arte en ocasión de este bicentenario, consistente en un documental y en un concierto extraordinario que discurrirá la noche de este martes por cuatro ciudades: Leipzig, París, Milán y Viena. A la batuta de la orquesta de Leipzig se colocará Andris Nelsons, que dará paso a una transmisión técnicamente compleja desde cuatro ciudades por las que discurrió la vida y obra del genio.
La conmemoración de la sinfonía más clásica y revolucionaria será, como suele ocurrir, global. Son muchas las ciudades que consideran a Beethoven como algo "propio“. Incluido Berlín, depositaria del tesoro del manuscrito original. Al fin y al cabo, la Oda ha sido en los 200 años desde su estreno una de las más interpretadas o versionadas de la historia -incluida la de 'nuestro' eterno rockero Miguel Ríos. La Biblioteca Estatal de Berlín, la Stabi, guarda como un tesoro la partitura original y llena de borrones de la 'Sinfonía nº 9', opus 125. Pero la Novena es y será de todos.

La partitura original de la Novena Sinfonía de Beethoven se guarda en la Biblioteca Estatal de Berlín en una sala oscura y acorazada / Fabrizio Bensch / REUTERS

martes, 19 de diciembre de 2023

Todos a la ópera

Los jóvenes y la cultura: de la ópera de pie al bono de 200 euros



La apertura del Baile de la Ópera en la Wiener Staatsoper de Viena. /CHRISTIAN BRUNA/ EFE

Gemma Casadevall

Por falta de posibilidades de desarrollar el amor a la música no quedará: en Alemania hay 934 escuelas superiores públicas de música, a las que acuden unos 1,5 millones de menores de 16 años. El número de las privadas se sitúa en 4.500. En la escuela primaria se aprende a escala básica el manejo de un instrumento y uno de cada cinco menores consolidará ese aprendizaje más allá de la secundaria. Pero apenas un 17 % de los visitantes a la ópera o el teatro entran en la categoría de los U30 -o ”unter 30”, denominación que abarca a quienes están por debajo de los 30 años. El grueso del público lo forman los jubilados, con un 28 %.

El principal obstáculo para romper ese techo de cristal son, obviamente, los precios de las entradas. Pero hay que decir también que la demografía no ayuda a desplazar el porcentaje. Un 23 % de la población alemana -con alrededor de 83 millones de habitantes- está entre los 40 y los 59 años, mientras que el porcentaje de los mayores de 60 sobrepasa el 25 %.

“El gobierno alemán está determinado a impulsar el acceso a la cultura de los jóvenes, porque de ellos dependerá el futuro de la vida cultural del país”, afirmaba la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, al presentar el pasado verano su “KulturPass” o “Pasaporte cultural”. Una especie de cheque regalo por 200 euros que recibe todo aquel que este 2023 cumplió o cumplirá los 18 años y que el beneficiario –unas 200.000 personas este año-- puede destinar a comprar libros, visitar teatros, óperas o cualquier otra actividad cultural. Es una experiencia piloto, que Roth pretende perpetuar año a año. Como casi todo, se presentaba en formato app -aplicación-, puesto que ese es el instrumento esencial en cualquiera actividad actual.

Federalismo aplicado a la Cultura

En Alemania todo funciona de acuerdo a su modelo federal y eso afecta directamente a la Cultura, competencia directa de los “Länder” -estados federados-. La ministra de Cultura tiene, en rigor, rango de secretaria de Estado. Las iniciativas nacionales como su pasaporte cultural son ejemplos aislados, ya que corresponde a cada uno de los 16 Land gestionar su oferta cultural. Pero hay rasgos comunes o incluso cierta competencia por destacar entre, por ejemplo, la ciudad-estado de Berlín y Múnich, capital del “Land” más identificado con la prosperidad y el poderío económico.

Berlín lucha contra su condición de ciudad deficitaria y trata de que ello no invada su tejido cultural, fundamento de su atractivo. En lo que a ofertas a los U30 se refiere, tiene el llamado “ClassicCard”. Se trata de una aplicación que permite al usuario ubicar y acceder a las entradas más económicas de cualquier ópera o teatro públicos, a precios que se sitúan entre los 15 y los 13 euros. Hay que pagar una cuota anual, que para los usuarios de 18 años significa 18 euros, mientras que se sube un euro por cada año que pasa, hasta llegar a los 30. Es decir, a más joven, más barato.

Todas las grandes instituciones públicas de Berlín -incluidas las tres óperas nacionales que conviven en la capital alemana, la Staatsoper Unter den Linden, la Deutsche Oper y la Komische Oper- ofrecen entradas con descuentos de hasta el 50 % -aunque no siempre para todas sus funciones- para los U30. Y la posibilidad de comprar las llamadas entrada “último minuto” a 10 o 15 euros, que en general salen a la venta entre una hora y dos horas antes de la función. También ahí es de gran ayuda la aplicación del “ClassicCard”, puesto que ayuda a ubicar esas localidades.

La fórmula de las tarjetas jóvenes se extienden al resto del país y obviamente también en Múnich, ciudad que compite con Berlín y también Dresde en cuanto a óperas y teatros públicos de primer rango. En cualquier caso, incluido ahí donde las autoridades no han impulsado estas tarjetas o aplicaciones facilitadoras del acceso de los U30 a las entradas más baratas, la fórmula de las localidades rebajadas para estudiantes, menores, así como desempleados, refugiados u otros ciudadanos con bajos niveles de ingresos funciona de forma casi generalizada en todo el país, aunque con porcentajes variables.

Simplemente de pie

Al final, sin embargo, la fórmula que acaba rompiendo el techo de cristal de los precios es la tecnológicamente más sencilla y hasta legendaria: las entradas para asistir a conciertos de pie o con visibilidad reducida. Existen no solo en Alemania, sino también en la vecina Austria y permiten al menos escuchar óperas a precios que van de los 13 a los 18 euros, incluida en la Staatsoper de Viena. También en Austria se ha implantado la fórmula de la U, aunque en este caso para menores de 27 -es decir, U27-.

Otros, como la Pierre Boulez Saal fundada por Daniel Barenboim en el corazón de Berlín, ampliaron, en cambio, el concepto de entradas rebajadas hasta los U35. Este auditorio, vecino a la Staatsoper Unter den Linden, forma parte de la academia impulsada por el argentino-israelí Barenboim y su amigo del alma, el fallecido intelectual palestino Edward Said, en apoyo de la formación de jóvenes músicos árabes e israelíes de Oriente Medio.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Disco solicitado


Deutsche Grammophon, el Rolls Royce de los sellos discográficos, cumple 125 años con aires de cambio





Joana Mallwitz dirigiendo a la Konzerthausorchester de Berlin en el concierto de aniversario. /STEFAN HÖDERATH

Gemma Casadevall

Berlín07 de diciembre del 2023. 17:13

“Nada cambia, pero todo es distinto. No era fácil trasladar el virtuosismo al 'streaming'. Resolvemos el desafío desde la fidelidad a nuestra filosofía fundacional: aunar el talento musical y la mejor tecnología”, apuntaba el presidente de Deutsche Grammophon (DG), Clemens Trautmann, en la recepción del 125 aniversario de su sello. “Se trata de ofrecer exquisitez musical con la máxima innovación tecnológica”, según Frank Briegmann, director de Universal Music Group en Europa, el gigante al que pertenece el histórico sello alemán.

Ambos, Trautmann y Briegmann, ejercieron de anfitriones en la recepción previa al concierto aniversario de este 6 de diciembre, fecha oficial del cumpleaños de Deutsche Grammophon. Fue en el Konzerthaus de la capital alemana, sede del sello alemán, bajo la batuta de Joana Mallwitz, de 36 años y directora titular de la casa. De acuerdo a la filosofía renovada de DG, se globalizó la gala a través de su instrumento más mimado, el aplicativo Stage+. Por esa misma vía se reproducirá en días sucesivos. Le seguirán otros conciertos de aniversario programados en distintos continentes. El próximo sábado, en Filadelfia, con la violinista española María Dueñas, y el día 15 en Seúl, dirigido por el islandés Víkingur Ólafsson

“Nuestra sede está en la capital alemana, pero el mercado es global. Y en el ámbito clásico tenemos claro que el streaming es irrenunciable”, proseguía Trautmann. Deutsche Grammophon y su sello amarillo fueron durante décadas presencia inexcusable entre los estantes de cualquier hogar más o menos adicto a la música, en formato disco o luego CD. Se estrenó en Spotify y otras plataformas hace unos años. Pero con el 125 aniversario ha extendido ese dominio como fórmula de futuro para una marca que presume de ser “el Rolls Royce de los sellos discográficos” -en palabras de Briegmann- y abierta a “músicos que van más allá de lo clásico” en un mercado en que “las fronteras de los géneros se diluyen”.

Mallwitz y el inevitable paralelismo con Blanchett

A Joana Mallwitz (Hildesheim, 1986) se la presentó el pasado junio como la primera mujer que se coloca como directora titular de la histórica orquesta del Konzerthaus berlinés. Desde entonces se la compara insistentemente con la tiránica directora ficticia que interpreta Cate Blanchett en “Tár”. De poco ha servido que haya explicado que no ha visto esa película: sobre el escenario, su complexión física y gestos la condenan al inevitable paralelismo con ese personaje de Blanchett. Alta, esbelta y rubia, se convierte ante la orquesta en una especie de diosa hipnótica, que mima con instinto maternal a cada uno de sus músicos.

Su concierto aniversario fue de corte clásico, con Brahms a Beethoven y Mahler. Contó con la violinista coreana Bomsori Kim, el celista austríaco Kian Soltani, los pianistas Rafal Blechacz y Bruce Liu, además del barítono André Schuen. Todos ellos, como la propia Mallwitz, representantes de la generación de músicos jóvenes e impecablemente atractivos, también en lo físico. Muy en la línea de lo que representaron en la historia de la casa nombres como Anne Sophie-Mutter, estandarte aún hoy del sexy unido al virtuosismo, como lo fueron Herbert von Karajan o Leonard Bernstein.




Joana Mallwitz y Dr. Clemens Trautmann, el presidente de Deutsche Grammophon. /STEFAN HÖDERATH

Todo empezó con el gramófono


La partida de nacimiento de Deutsche Grammophon data de un día de San Nicolás, 6 de diciembre, de 1898. Ese día, Emil Berliner y su hermano Josef registraron en Hannover el sello discográfico que revolucionó desde Alemania la cultura musical clásica. A Emil Berliner, nacido en Hannover en 1851 y de origen judío, se le considera el inventor de la técnica perfeccionada del gramófono. Su primer “disco” se desarrolló entre su taller de la fábrica familiar y una estancia en Estados Unidos, donde emigró para evitar el reclutamiento militar prusiano. Perfeccionó ahí el sonógrafo de Thomas Alva Edison modificando el ángulo de la aguja y lo patentó de nuevo en Alemania en 1887 como gramófono. Dos años empezó la producción de sus primeros discos.

Su palanca al éxito la brindó un primer contrato: con el tenor italiano Enrico Caruso, en 1902. Cuatro años después tenía en su fábrica de Hannover 200 presadoras para la producción de discos; en 1913 sacó su primera grabación íntegra de un concierto, la Quinta Sinfonía de Beehoven, con Arthur Nikisch al frente de la Filarmónica de Berlín.




Bruce Liu; Andrè Schuen; Kian Soltani; Rafał Blechacz; Bomsori Kim y la directora de orquesta Joana Mallwitz, anoche en Berlín. /STEFAN HÖDERATHNoticias relacionadas

Fue una empresa de titularidades múltiples entre Alemania, Canadá y Reino Unido, lo que tras la Primera Guerra Mundial le costó la incautación de activos. Pero el auténtico zarpazo de la historia lo precipitó el ascenso al poder de Adolf Hitler, en 1933, y su posterior campaña de “arización” del tejido cultural alemán. Los músicos, compositores y creadores de origen judío quedaron proscritos. La producción de Deutsche Grammophon se hundió. Pasó tras la Capitulación nazi a tutela aliada, conoció a sucesivos propietarios e inversores, hasta que en la década de los 50 el alemán Ernst von Siemens lo redirigió hacia el éxito.

Se consolidó como sello que aúna a los grandes del circuito clásico con las técnicas de ingeniería de sonido más avanzadas y la publicación de discos icónicos bajo su emblemático sello amarillo. Hace aproximadamente un año lanzó la plataforma Stage+, ofrece listas de reproducciones casi infinitas, documentación y archivo,tiene su canal en Amazon Music y su galería de Google Arts & Culture. En lo que respecta a Alemania, un 80% de su facturación procede aún del segmento discográfico, frente al 20 % de la oferta digital. En Estados Unidos el porcentaje tiende a invertirse: un 60 % pertenece ya al territorio digital. Esa es la tendencia a escala global. Pero el viejo gramófono del taller de Berliner permanece como señal de identidad incuestionable.

sábado, 5 de agosto de 2023

Hasta las cejas

 


El ejército alemán y 61.000 fieles salvaron el “barrizal” de Wacken, la gran cita del “heavy metal”

Joana Serra

“Personalmente no estuve ahí. Pero puedo asegurar que fue un operativo muy ‘cool’ para nuestros soldados”, afirmó una portavoz del ministerio alemán de Defensa. No se refería a la evacuación de 32 ciudadanos europeos desde Níger a bordo de un A400M de la Bundeswehr (fuerzas aéreas alemanas), el tema prioritario del día en la comparecencia del viernes los portavoces del Gobierno alemán. Sino a la vía de 150 metros de largo que un equipo de zapadores del ejército tendió ante el acceso del recinto donde, como todos los años, se celebra el festival heavy metal de Wacken. Es decir, la tranquila localidad del norte de Alemania, de apenas 1.800 habitantes, que  esperaba a 85.000 asistentes para la llamada mayor cita del “heavy” del mundo. La víspera del inicio, el miércoles, su organización había emitido mensajes por redes sociales, webs, etc. apremiando a sus fieles a que no acudieran al lugar. Varias semanas de lluvia persistente habían convertido en un barrizal el gran recinto donde se esperaba a Iron Miden, Megadeth y Doro Pesch, entre un total de 200 conciertos para cuatro días de festival. Se buscaban soluciones de emergencia para ofrecer al menos un programa reducido, tal vez para unos 20.000 asistentes. Pero las entradas –a 300 euros-- estaban agotadas desde meses antes, como en cada una de las ediciones anterior. Y las caravanas, furgonetas, “Harley-Davidson” y demás vehículos estaban en camino. A los mensajes pidiendo que se volvieran a casa quienes estaban en ruta, porque no había accesos factibles para llegar al lugar, siguieron las imágenes de largas colas de todo tipo de automóviles tratando de llegar por cualquier otro camino o convirtiendo poblaciones o praderas vecinas en acampadas improvisadas, con intención de seguir como fuera el festival, aunque fuera en “streaming”. Al fin y al cabo, cada una de esas acampadas espontáneas funcionaba ya como un pequeño colectivo de incondicionales del heavy-metal.

“Estuvimos a punto de cancelar el festival. Pero para cuando íbamos a tomar la decisión teníamos a unas 40.000 personas acampadas por ahí. Hacerlos volver a casa no era una opción”, explicó uno de los co-fundadores de Wacken, Thomas Jensen, en declaraciones a la agencia de prensa dpa. Esa esa la situación el miércoles, horas antes del inicio previsto del festival. A esos 40.000 que esperaban acceder al recinto se sumaban los 20.000 que ya estaban en su interior. Habían llegado la víspera, como otros años, confiando en la hospitalidad de los lugareños. Algunos se habían hecho remolcar con tractores en medio del barrizal.

Una de las señales de identidad de Wacken, junto a los tipos duros profusamente tatuados o sus motocicletas, es la sana convivencia que reina entre los habitantes de esa población de la región fronteriza con Dinamarca y los ruidosos visitantes que año a año llegan a sus praderas. Al tranquilo paisaje o a las vacas que pastan por la zona no parece afectarles la sobredosis de decibelios por cuatro días. Forma parte del ritual de todos los años recibir a los asistentes con reparto de pedazos de tarta caseras y tazas de café, así como dejar que la primera actuación del festival sea a cargo de la banda de viento local, pese a que su repertorio está en las antípodas del de Iron Miden, por ejemplo.

Wacken es un clásico entre los festivales de verano alemanes. Se ha celebrado bajo temperaturas inusualmente tórridas, cuando esa ha sido la situación, o bajo tempestades eléctricas como la del año pasado, en que Wacken cumplía sus 30 años. Las botas de agua acabaron siendo en este 2023 de poca ayuda, puesto que el barrizal que se generó no daba opciones siquiera a moverse con este calzado. Una mayoría optó por abandonarse al barro, con los pies descalzos y dispuestos a hundirse hasta los muslos en el fango. Otros se dieron su “baño” en el barrizal. El escenario y la potente megafonía estaban ahí, el acceso improvisado por el ejército facilitó la llegada de los acampados a su destino. No está claro quién asumirá los gastos de la intervención militar –”cuando un municipio o distrito reclama ayuda, actuamos como los bomberos: primero acudimos y luego se analiza el caso”, explicó la portavoz de Defensa-. Hasta el domingo a las dos de la madrugada, fin oficial del festival, se esperan algunas precipitaciones, aunque no tan copiosas como las de los días pasados.

lunes, 17 de julio de 2023

El bueno de Till

 

Rammstein sigue llenando estadios, entre protestas y nuevas sospechas de agresión sexual

Joana Serra




Las sospechas de agresión sexual persiguen a la banda alemana Rammstein en su gira europea, incluidos los conciertos en su “casa” del Olympiastadion de Berlín, lo que no impide que se agoten las entradas o que las protestas en los accesos a sus recintos sean más bien simbólicas. Las revelaciones sobre presuntos abusos sexuales por parte del líder de la banda, Till Lindemann, estallaron tras el arranque de la gira en Lituania, en mayo. Procedían de una joven irlandesa, que aseguraba haber sido víctima del provocador cantante, que a sus 60 años despliega la misma agresividad sobre el escenario que cuando se fundó su banda, en 1994. Le siguieron varios testimonios más, en su mayoría anónimos o a través de redes sociales, pero también fruto de investigaciones periodísticas de medios de referencia –como “Der Spiegel” o “Süddeutsche Zeitung”--. Envueltos en ese escándalo actuaron en Múnich, en Madrid y en otros escenarios europeos, mientras saltaban más noticias sobre las investigaciones abiertas por la Fiscalía alemana, aunque sin revelar más detalles bajo el precepto de la presunción de inocencia.

“Estamos de nuevo en casa. Gracias, Berlín”, bramó Lindenmann sobre el escenario del Olympiastadion berlinés el sábado y del domingo, cada uno con las 60.000 entradas agotadas. Fuera, unas 300 personas protestaban contra el grupo, con pancartas alusivas a las denuncias de sucesivas mujeres aparentemente víctimas del presunto depredador sexual que, según esos testimonios, es Lindenmann y probablemente algún otro miembro de su legendaria banda, la más internacional entre las nacidas en Alemania.

Las informaciones en los medios o los testimonios de las mujeres que dicen haber sufrido esos asaltos hablan del uso de las llamados “gotas k.o.”, que dejan sin capacidad de respuesta a sus víctimas; de la labor de una mujer rusa –de cuyos servicios ya se prescindió-- como presunta “reclutadora” de seguidoras, a las que se ofrece un puesto en la fila cero y luego un “after party”, donde teóricamente Lindenmann consuma su agresión.

Las autoridades alemanas impusieron algunas medidas preventivas, como la eliminación de esas filas cero. Dos ministras del canciller Olaf Scholz –la de Cultura, Claudia Roth, y la de la Familia y la Mujer, Lisa Paus, ambas de los Verdes-- expresaron su estupor ante unos casos que apuntan a violencia de género en el ámbito musical. Por parte de Rammstein se contrató un equipo de abogados para gestionar las declaraciones de los miembros del grupo y actuar ante falsas imputaciones en los medios.

Este lunes, ante el último concierto de la banda en Berlín, saltaron nuevas acusaciones en dos medios –la televisión pública regional NDR y el diario “Süddeutsche Zeitung”-- procedentes de otras mujeres, que implican no sólo a Lindenmann, sino a otro miembro de la emblemática banda, Christian “Flake” Lorenz.

A Rammstein, un grupo surgido en lo que fue el territorio de la antigua Alemania comunista, se le achacó en el pasado coqueteos con la estética nazi, además de ostentación de machismo, principalmente a través de su pieza más celebrada, “Pussy”, que Lindenmann solía cantar sobre un cañón de espuma a presión en dirección a su público. Nada de ello intimidó a sus seguidores. Al contrario.

Hasta ahora, en su tumultuosa gira europea solo ha ocurrido un incidente policial destacable: el domingo fueron detenidas dos mujeres en el Olympiastadion, de 36 y 24 años, a las que los equipos de seguridad vieron en actitud sospechosa cerca de los cables que conducen a la megafonía junto al escenario. Se les abrieron diligencias bajo sospecha de pretender causar daños materiales. Poco después quedaron en libertad, mientras los equipos de seguridad y técnicos revisaban todo el enjambre de megafonía, torres de altavoces y despliegue pirotécnico que acompañan a Rammstein en su gira europea.


jueves, 8 de junio de 2023

La fila cero de Till


La sospecha de abusos sexuales salpica, pero no hunde a Rammstein

Marina Ferrer

“Múnich, gracias por estar aquí. Gracias por estar con nosotros”: con su habitual cara de pocos amigos y estas palabras cerró este miércoles el líder de Rammstein, Till Lindemann, su primer concierto en Alemania de una gira salpicada por las denuncias de abusos sexuales. El Olympiastadion muniqués estaba a rebosar, como siempre, pese a algunas llamadas desde redes sociales a devolver la entradas. Se descartó la presencia de la llamada “fila cero”, lugar donde presuntamente se reclutaban para Lindemann espectadoras de las que luego el héroe de la banda abusaba sexualmente. Y tampoco entonó el líder su emblemático “Pussy” cabalgando sobre un cañón a modo de pene, para rociar a los de las primeras filas con espuma a presión. Menos de un centenar de mujeres se habían concentrado en los accesos del estadio de Múnich para protestar a gritos por el concierto.

Era el primer concierto en su país de Rammstein en una gira que arrancó el 22 de mayo en Lituania y tras la cual una mujer irlandesa -Shelby Linn- denunció agresiones sexuales contra Lindemann. A sus 60 años, el líder del grupo sigue siendo sobre el escenario tan impetuoso, agresivo y provocador como cuando nació su banda, hace 30 años. Rammstein está considerada la más exitosa e internacional banda entre las alemanas de su género. A esa primera denuncia siguió luego un clip de una “influencer” berlinesa llamada Kayla Shik, difundida profusamente en las redes, asegurando haber sido víctima del depredador sexual que aparentemente es Lindemann y haber visto cómo otras mujeres eran sometidas a base de alcohol o drogas.

Las autoridades bávaras empezaron a tomar medidas –como la supresión de la fila cero-. Y desde el gobierno del canciller Olaf Scholz se lanzaban mensajes de alerta. “Tenemos que proteger mejor a las mujeres ante estas situaciones”, afirmó la ministra de la Familia, la verde Lisa Paus, a medios del país. “El machismo patriarcal debe ser erradicado del mundo de la cultura y el espectáculo”, afirmó por su parte la titular de Cultura, la asimismo ecologista Claudia Roth. Desde Berlín, donde tiene previsto actuar Rammstein la próxima semana, se articularon medidas parecidas a las de la capital bávara: ni fila cero ni fiesta “after” concierto, lugares de los que parte la sospecha de abusos sexuales sobre Lindemann.

Las acusaciones circulan por el momento en el ámbito de las redes y en los medios. Varios diarios de referencia, como “Die Welt” y “Süddeutsche Zeitung”, han investigado por su cuenta y ofrecido un panorama que tal vez no sorprenda tanto a quien se haya detenido a atender a las letras y mensajes de una banda a la que, además de violenta, se le han atribuido en el pasado desde coqueteos con el nazismo a puro sexismo. Entre su repertorio hay una pieza en español titulada “Te quiero, puta” y su señal de identidad ha sido desde sus orígenes la provocación.

El panorama reflejado por las investigaciones de sucesivos medios coincide en los testimonios de varias mujeres a las que se reclutó, primero, colocándolas ante la tentación de asistir al “after party” y se intimidó una vez habían accedido al reservado. Algunas aseguran haber sentido miedo y vergüenza; otras aparentemente no recuerdan nada, puesto que se les administró las famosas gotas “k.o.” que las adormece y priva de capacidad de resistencia.

Figura clave en este proceso de reclutamiento es una “conseguidora” rusa llamada Alena Makeeva con la que, en medio del escándalo, la banda ha roto su relación laboral, según “Die Welt”. Desde Rammstein se replicó a estas sospechas con un comunicado en que se condenaba cualquier tipo de agresión, pero se pedía se respetase su presunción de inocencia. El concierto de Múnich del miércoles era el primero de los cuatro que ofrecerá la banda en la capital bávara, a los que se estima asistirán 240.000 seguidores. Se les espera la próxima semana en Berlín, mientras que el 23 de junio recalarán en el Metropolitano de Madrid.

Hasta ahora, fuera del escándalo mediático, las advertencias del ámbito político y las llamadas al boicot o a devolver la entrada, la cuestión no ha entrado en Alemania en la vía policial o jurídica. No hay denuncias formales y tampoco se han abierto diligencias por parte de la fiscalía. Sí se abrió una investigación a raíz de lo ocurrido en la apertura de la gira en la capital lituana de Vilna. Junto a la declaración de la víctima se han recabado datos de testigos, miembros del equipo y personal de seguridad.

El escándalo acompañará presumiblemente a Rammstein en toda su gira, mientras otros medios, como “Berliner Zeitung” se preguntan qué papel juegan en todo ello el resto de la banda. Es decir, Christian Lorenz, Oliver Riedel, Paul Landers, Christian Schneider y Richard Kruspe. Rammstein, fundada en 1994 entre un grupo de músicos y amigos originarios de la Alemania comunista, no se compone únicamente de Lindemann. Siguen siendo los mismos de entonces y teóricamente tienen todos el mismo rango dentro de la formación. Es, de acuerdo con este medio, no solo la más internacional entre las bandas alemanas en activo, sino que la mezcla de provocación y agresiva puesta en escena es una máquina de hacer dinero: 220 millones de euros facturan anualmente, según “Berliner Zeitung”.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Ante la butaca vacía

La batuta de Barenboim sale en apoyo de los autónomos en pleno parón

Gemma Casadevall





Berlín, 15 nov (EFE).- La batuta del maestro argentino-israelí Daniel Barenboim salió este domingo, en Berlín, en apoyo de los músicos autónomos, en pleno parón de la vida cultural por las restricciones derivadas de la lucha contra la covid-19.
El patio de butacas completamente vacío de la Staatsoper Unter den Linden, la ópera berlinesa de la que Barenboim es titular desde 1992, fue escenario de un concierto con mucha carga emocional y sin aplausos. Su propósito era concienciar de la vulnerabilidad de los colegas que no están al abrigo de las instituciones públicas.
"La supervivencia del tejido cultural alemán, y europeo, está en peligro. Vivimos tiempos difíciles. Y no sabemos cuándo volveremos a la normalidad", afirmó Barenboim en un comunicado emitido previo al concierto. La salud es "obviamente prioritaria". A continuación está la economía, a la que la cultura aporta su parte, recordó.
El sector cultural se ha visto especialmente afectado por las restricciones en Alemania. En la primera fase de la pandemia -entre marzo y abril- sufrió ya un primer parón; desde el 2 de noviembre está de nuevo paralizado, lo mismo que la gastronomía, el ocio nocturno o los deportes en espacios cerrados.
Se estima que el sector emplea en Alemania a 1,5 millones de personas -según cifras recientes de la secretaria de Estado de Cultura, Monika Grütters-. Unos dos tercios son profesionales autónomos, los más vulnerables por la actual situación de parón.
BEETHOVEN, BÁLSAMO MUSICAL
Barenboim, al frente de la Staatskapelle (la orquesta de la Staatsoper) y con el pianista András Schiff como solista, interpretó el concierto número 4 para piano y la tercera sinfonía, "Heroica", de Ludwig van Beethoven, el genio alemán del que este año se conmemora el 250 aniversario de su nacimiento.
El concierto se ofreció en directo por las webs de la radiotelevisión pública berlinesa -Rbb- y de la Staatsoper. Se emitirá de nuevo mañana en la franja horaria nocturna por dicho canal de televisión. Desde la Staatsoper se ha invitado a quienes adquirieron entradas para conciertos cancelados que los canjeen por galas futuras. O que donen ese dinero a los músicos.
AYUDAS DE 5.000 EUROS PARA LOS AUTÓNOMOS
El Ministerio de Finanzas anunció el viernes una nueva partida de ayudas a los autónomos de la cultura consistente en un pago único de 5.000 euros para el primer semestre del año próximo.
Desde el inicio de la pandemia, el departamento de Cultura ha destinado unos 1.000 millones de euros a distintos paquetes de apoyo a la cultura, tanto a cines, como a salas de conciertos, teatros o clubes nocturnos -estos últimos siguieron cerrados incluso cuando se aliviaron las restricciones en los meses del verano-.
La cultura aporta al producto interior bruto (PIB) alemán unos 100 millones de euros, según estimaciones de la secretaria de Estado Grutters. Desde el mismo bloque conservador de la canciller Angela Merkel -una reconocida apasionada de la música, que ha admitido reiteradamente lo doloroso que le resulta renunciar a los conciertos en vivo- se han calificado de insuficientes esos 5.000 euros.
PLATAFORMAS PÚBLICAS PARA LOS INDEPENDIENTES
Barenboim, ciudadano de adopción de Berlín cuyas opiniones tienen peso en todo debate público alemán, ha lanzado reiteradas alertas sobre la situación de la cultura desde el inicio de la pandemia.
Este domingo prestó la Staatsoper a la causa de los autónomos. También lo están haciendo otras instituciones públicas, como la Konzerthaus de la céntrica plaza de Gendarmenmakt.
Entre febrero y marzo pondrá gratuitamente tres de sus espacios o salas de conciertos a disposición de músicos autónomos, sean de música clásica, jazz u otros estilos.
SIN SÍNTOMAS DE ALIVIO
La atención pública en Alemania está centrada ahora en la nueva reunión de Merkel con los líderes regionales, este lunes. Ahí se evaluará la evolución de la pandemia tras dos semanas de cierre parcial de la vida pública, que se espera se prolongue al menos todo noviembre, pese a la ralentización de los nuevos contagios.
Para el Gobierno alemán, el factor esencial es la incidencia de infecciones por siete días y 100.000 habitantes. La media nacional se sitúa ahora sobre los 141 casos. El Instituto Robert Koch (RKI), competente en la materia en el país, marca la pauta de los 50 contagios por ese cómputo de población y margen de tiempo como límite a partir del cual se entra en zona de riesgo.
En sucesivos mensajes a la población, Merkel ha advertido de que se está ante un "duro invierno" y ha rogado encarecidamente a la población restringir al máximo movimientos y contactos personales.
La opinión mayoritaria respalda la cautela de la canciller. Según el último "Politbarometer" de la televisión pública ZDF, un 58 % de los ciudadanos las considera correctas, un 26 % opina que deben endurecerse, mientras que un 14 % las ve exageradas. EFE
gc/dm


viernes, 11 de septiembre de 2020

Desde el Wohzimmer

 La Staatskapelle de Barenboim cumple los 450 bajo el signo de la excepcionalidad

Gemma Casadevall




Berlín, 11 sep (EFE).- La Staatskapelle de Berlín celebró sus 450 años, bajo la batuta del maestro argentino-israelí Daniel Barenboim y con un concierto marcado por la excepcionalidad presente, impuesta por la pandemia, y donde se recordó la convulsa historia alemana.
"Es amargo que la orquesta deba tocar en este día ante un público reducido y que sus muchos amigos deban renunciar a estar aquí", admitió el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, ante un patio de butacas semivacío por imperativo del distanciamiento social.
"Este concierto es, sin embargo, la única manera posible para un músico de celebrarlo: tocando, pese a las restricciones", añadió Steinmeier. La Staatskapelle es "reflejo como ninguna otra institución musical alemana de las convulsiones de nuestra historia", sentenció el presidente.
Fueron las palabras de saludo del más alto cargo del Estado, ante un concierto que repasó los compositores más queridos de Barenboim -"Initiale" de Pierre Boulez, la apertura de "Los Maestros Cantores de Nuremberg" de Richard Wagner, y la Séptima Sinfonía de Ludwig van Beethoven, junto al estreno del "Zeitensprünge" de Jörg Widmann.
REFLEJO DE LA CONVULSA HISTORIA DE BERLÍN
La Staatskapelle es, recordó Steinmeier, una de las orquestas más antiguas del país, que Barenboim dirige desde 1992 -lo que significa, apuntó el director general de esa ópera nacional, Matthias Schulz, un 7 % del conjunto de esos 450 años.
El aforo era obligatoriamente reducido. Pero la gala se transmitió en directo por la plataforma "arte Concert" y se emitirá de nuevo el domingo por ese canal de televisión franco-alemán.
Lo de reflejo de la historia convulsa alemana no era un tópico. Fundada en 1570 como orquesta de la corte de Brandeburgo, se instaló en la Staatsoper 170 años después. Desde ese emplazamiento ha vivido los momentos más grandes y más oscuros de la capital alemana.
Durante la República de Weimar la dirigieron las batutas más prestigiosas -como Richard Strauss y Wilhelm Furtwängler. Con la llegada de Adolf Hitler entró en su etapa más negra: la misma Bebelplatz donde está emplazada su sede fue escenario de las quemas de libros de autores prohibidos por los nazis, mientras se proscribía a los músicos judíos del conjunto.
En 1945 quedó casi destruida por los bombardeos aliados, mientras Hitler ordenaba a la población resistir hasta la última gota de su sangre y él se suicidaba en su búnker.
Tras la Capitulación y partición de la capital quedó el sector germano-oriental. Sus autoridades optaron por una reconstrucción sin ambiciones, pero la orquesta recuperó su dimensión internacional.
Tres años después de la caída del muro (1989) le llegó la refundación de la mano de Barenboim, desde entonces una autoridad no solo musical, sino también moral y política en Alemania.
El rango internacional de Barenboim no preservó a la Staatsoper de la tacañería institucional de una ciudad sobreendeudada. Tras un duro tira y afloja, se optó por una renovación poco ambiciosa del edificio, que implicó siete años de cierre y que resultó ser más fiel a versión germano-oriental que al original.
También entonces, el saludo en la reapertura estuvo a cargo de Steinmeier, sólo que sin ni una butaca vacía y ante la plana mayor de la política alemana, incluida la canciller Angela Merkel, tan devota de la música clásica y de Barenboim como el presidente.
CELEBRACIÓN BAJO RESTRICCIONES.
El concierto de hoy es el punto culminante del 450 aniversario. El pasado domingo hubo ya una gala al aire libre en la Bebelplatz, con la violinista Anne-Sophie Mutter y las voces de Waltraut Meier y René Pape, todos ellos nombres queridos por Barenboim.
Era un concierto de la serie "Ópera para todos", que en años anteriores congregaron a decenas de miles de ciudadanos ante la Bebelplatz, a modo de picnic musical, colectivo y gratuito.
Esta vez, el aforo se limitó a 2.000 personas. Se repartieron invitaciones entre personal sanitario, al que se quiso homenajear en su condición de héroes anónimos frente a la pandemia.
Mañana habrá otra jornada especial bajo el título "Un día para la Staatskapelle". Serán sucesivos conciertos a lo largo de todo el día, en que los miembros de la orquesta interpretarán piezas, en distintas constelaciones y repartidos por diversas estancias de la Staatsoper, con piezas que van de Antonio Vivaldi a Astor Piazzolla.
EL PROGRESIVO REGRESO DE LA BATUTA Y LOS MÚSICOS
Barenboim regresó así al frente de su gran orquesta, cuyos músicos han ofrecido estos meses conciertos en lugares reducidos como patios interiores de Berlín, como expresión de la voluntad de seguir ofreciendo música en vivo pese a la situación actual.
El Maestro tuvo ya una reentrée berlinesa muy personal en agosto con la reapertura de la "Pierre Boulez Saal", el auditorio de la academia para músicos árabes e israelíes instalada en un edificio adyacente a su Staatsoper.
Se puso ahí al frente de la Orquesta Divan Oriente Occidente, otro de sus proyectos del alma, para el que fue el primer concierto en esa sala desde el 11 de marzo. La Pierre Boulez es el corazón de la "Akademie" fundada por Barenboim para músicos de Oriente Medio. También ahí, su repertorio incluyó a Beethoven y Wagner, además de un tributo a Boulez. EFE
gc/aam

martes, 31 de julio de 2018

La abucheante caldera de Bayreuth


Domingo debutó como batuta wagneriana con una triunfal "Valkiria"

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 31 jul (EFE).- Plácido Domingo debutó hoy como batuta wagneriana en el Festival Richard Wagner de Bayreuth con una triunfal "Valkiria" en que las voces impusieron su dominio sobre la escenografía de Frank Castorf y en medio de una ola de calor insólita en Baviera.
Los "bravos" se sucedieron para Catherine Foster, como Brunilda, y Greer Grimsley, el Wotan, en primera línea, así como también para Anja Kampe, la Siglinda, y Stephen Gould, su Sigmundo, mientras que a Domingo se le brindó una ovación de gala, salpicada de algún abucheo.
Debutar en el templo wagneriano por excelencia, acostumbrado a las batutas más avezadas en las óperas del compositor exclusivo de la casa, no es tarea fácil.
Tampoco para Domingo, quien regresaba al festival bávaro 18 años después de haber interpretado por última vez en ese lugar, entonces como tenor, el Sigmundo que ahora asumió Gould.
Salió airoso de la prueba, en un Bayreuth que esperaba con cierto escepticismo que por primera vez en la historia de la casa no se representara "El Anillo del Nibelungo" al completo, sino simplemente la segunda pieza.
La "Valkiria" con la que Domingo debutó como director wagneriano, a sus 77 años, es la pieza "superviviente" del "Anillo" que Castorf estrenó en ese festival, en 2013, entre tempestades de abucheos, algo suavizadas en sus posteriores reposiciones.
El dramaturgo alemán hace discurrir la tetralogía entre escenarios diversos -desde estaciones de servicio tejanas y clubes de alterna al sediento Wall Street-, entre cocodrilos articulados y otras ocurrencias.
En el caso de esa segunda pieza, algo más contenida que el resto, convierte a Baku, capital de Azerbayán, en epicentro de la revolución leninista, entre torres petroleras coronadas por la Estrella Roja comunista.
El ansia por el oro del Rin es ahí avidez corrosiva por el petróleo, con una cámara de vídeo que sigue los gestos y voces de los solistas, alternada con portadas del "Pravda" e imágenes que remiten al realismo socialista.
El propio Domingo admitió a Efe, previo a su estreno, cierta "molestia" por el protagonismo de las instalaciones y cámara de vídeo que, a su juicio, "distraen" la atención del espectador e incluso de los propios intérpretes.
El músico español acató esa molestia a cambio de tener el honor de debutar en el profundo foso para la orquesta del teatro que Richard Wagner construyó en vida como lugar idóneo para escenificar sus óperas.
Bayreuth, por su parte, se saltó la norma de la casa de no poner en escena la célebre tetralogía al completo -"El oro del Rin", la "Valkiria", "Sigfrido" y "El ocaso de los dioses"-, a modo de tributo a la presencia de Domingo, cuya apretada temporada discurre entre múltiples escenarios.
El tenor y director preparó durante meses su debut, en un verano profuso -como siempre- de compromisos como el "Thaïs" que cantó la semana pasada en el Teatro Real de Madrid y luego en el festival de Perelada (Girona).
Serán tres las galas de la "Valkiria" que Domingo dirigirá en la presente temporada de Bayreuth, que cerrará esa misma pieza el 29 de agosto.
El próximo año no habrá "Anillo" en Bayreuth, ni entero ni fraccionado, por lo que la presente pieza tenía un aire despido rehabilitador para Castorf.
El estreno como batuta wagneriana de Domingo coincidió con el punto más álgido en esa ciudad de Baviera de la ola de calor que atraviesa Europa, ya que llegaron a registrarse 38 grados.
La "verde colina", como se conoce al lugar donde está ubicado el teatro, estaba reseca, como ansiando tormenta para regenerar sus jardines y céspedes.
Los wagnerianos aligeraron algo la etiqueta -alguno asistió a la gala en sandalias playeras o incluso bermudas- y adoptaron el incendio final incluido por la escenografía de Castorf como una metáfora del fuego que más de uno sentía en su interior.
Domingo, de acuerdo a su talante, subió al escenario con esa mezcla de modestia y encanto capaz de hacer menos audibles las críticas de parte del público, arropado por sus intérpretes y convertido en batuta de la casa. EFE
gc/mmg
(foto)

lunes, 30 de julio de 2018

Plácido, 18 años después

Domingo espera "con respeto, amor y emoción" su debut como batuta en Bayreuth

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 30 jul(EFE).- Plácido Domingo asume con "respeto, emoción y amor" su debut como director de una ópera de Richard Wagner, algo que hará mañana en el "templo wagneriano" que es Bayreuth y con "La Valkiria", la pieza con la que se despidió como tenor de ese festival, hace 18 años. 

"Llevo cinco meses preparándome. Intercalando el 'Macbeth" que estrenamos con Daniel Barenboim en Berlín para viajar a Bayreuth. Estudiando partituras, haciendo ensayos con orquesta o cantantes, y hasta un concierto, en San Petersburgo", explicó el artista en entrevista a Efe, desde el teatro de Bayreuth. 
"Es un desafío que implica mucha responsabilidad, amor a Wagner y respeto", prosiguió, en alusión a Bayreuth, el festival que lo aclamó como el Sigmundo de "La Valkiria" en 2000. 
En aquella ocasión recibió a Efe, aun maquillado y vestido de Sigmundo, durante el segundo entreacto y tras su "muerte" escénica a manos de Wotan; como director no podría permitirse "semejante licencia", bromeó, ya que "el Maestro trabaja hasta el final". 
Su regreso a Bayreuth coincide, además con el retorno también a esa plaza de la mezzosoprano bávara Waltraut Meier, quien fue su Siglinda en 2000. "Los dos cantamos juntos esa 'Valkiria' y nos pasamos después 18 años sin venir", recuerda Domingo. 
"No volví ni en la temporada siguiente ni en las posteriores, aunque hubiera querido", recuerda Domingo. Se lo impidió el carácter "exigente" del entonces director del festival y nieto de Richard Wagner, Wolfgang, quien declinó hacerle un lugar porque en 2001 no podía estar en Bayreuth en uno de los días fijados para los ensayos. 
Bayreuth "se perdió" así la presencia de Domingo -"por un único día", insiste-. No regresó en los años siguientes como tenor, pese a que podría haberlo hecho como Sigmundo, Lohengrin o Parsifal, los tres personajes de su repertorio wagneriano. 
Meier tampoco regresó al festival que había sido su casa en vida de Wolfgang Wagner, con quien protagonizó un enfado descomunal. 
Diez años después de tomar las riendas de Bayreuth la biznieta de Richard Wagner, Katharina, llegó el reencuentro para ambos: Domingo como director y la mezzosoprano como la Oltrud del "Lohengrin" que abrió la temporada, dirigido por Christian Thielemann. 
"Los directores escénicos de hoy día se van un poco de la historia", admite Domingo respecto a Frank Castorf, responsable del "Anillo" al que pertenece su "Valkiria", una reposición que en su estreno, hace tres temporada, desató una tormenta de abucheos. 
Castorf traslada los mitos wagnerianos a pozos petroleros, burdeles de autopista y termina en Wall Street. 
"Lo tiene muy claro. Piensa que la ambición por el oro del Nibelungo es la misma que ahora se tiene por el petróleo", dice Domingo, respecto a su "Valkiria" actual, alejada de la que conoció como tenor, entonces con un Jürgen Flimm empeñado en humanizar a Wagner. 
Respeta la interpretación personal que hace Castorf de la "lucha por el poder y la corrupción" y considera que ello demuestra "la vitalidad de los mitos wagnerianos abiertos a mil representaciones", pero reconoce que "despista" al público y hasta a los intérpretes. 
"Las instalaciones, los vídeos, nos rompen la concentración", dice, respecto a estos elementos, presentes en el "Anillo" de Castorf, como también en el "Lohengrin" que abrió la presente temporada, diseñado por el estadounidense Yuval Sharon. 
En honor a Domingo se ha saltado Bayreuth, por primera vez en la historia de este tradicionalista festival, la norma de representar el "Anillo" al completo, ya que solo se representa la "Valkiria", su segunda pieza. 
Fue ya bastante trabajoso, explica Domingo, incluir las tres galas en las que dirigirá en Bayreuth -mañana, el próximo 18 y el 29, cierre de la temporada- en sus compromisos de este verano. 
A la ciudad bávara ha llegado tras interpretar como tenor la ópera "Thaïs" en el Teatro Real de Madrid y luego en formato concierto en el Festival de Perelada (Gerona, noreste de España); entre una gala en Bayreuth y las siguientes pasará unos días -"de vacaciones", dice- en México y luego cantará en el Festival de Salzburgo. 
"Es cierto que la orquesta de aquí toca casi sin ver. Pero tienes que dirigirlos, motivarlos. Y asomarse al foso de Bayreuth es mucha responsabilidad", explica, respecto al viejo teatro levantado por órdenes de Richard Wagner en 1850 como lugar idóneo para representar su música, que sigue consagrado en exclusiva al culto al genial compositor. EFE 
gc/agf



La batuta de Domingo cierra el ciclo inaugural de Bayreuth

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 30 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth cierra mañana el primer ciclo de la presente temporada con Plácido Domingo a la batuta de "La Valkiria", su debut como director en el templo wagneriano, que en el pasado le aclamó como tenor.
Dieciocho años después de su última aparición en el festival de esa ciudad de Baviera -precisamente como el Sigmundo de esa misma pieza de "El Anillo del Nibelungo"-, Domingo regresará a Bayreuth como director de orquesta, desde el foso del teatro concebido por el genial compositor cómo idóneo para sus óperas.
Su retorno es uno de los platos fuertes de la temporada, que se abrió el miércoles anterior con un nuevo "Lohengrin" donde triunfaron la batuta de Christian Thielemann -director musical de Bayreuth- y las voces del tenor Piotr Beczala, la soprano Anja Harteros y la mezzosoprano Waltraut Meier.
La nueva producción significó asimismo el esperado regreso a Bayreuth de Meier, a quien no se había visto en ese plaza desde que formó dúo con Domingo, en 2000, en el papel de Siglinda de "La Valkiria", bajo la dirección escénica de Jürgen Flimm.
Meier fue recibida en la apertura de temporada con emoción, en una producción firmada por el estadounidense Yuval Sharon, que decepcionó como escenografía a una parte del exigente público de Bayreuth.
"La Valkiria" que dirige Domingo es una reposición de la estrenada en Bayreuth en 2013 por Frank Castorff, entre abucheos a una puesta en escena que recorre paisajes petroleros y burdeles, pero fervientes aplausos a la batuta, en esa temporada, de Kirill Petrenko.
Se trata de la primera vez la historia de Bayreuth que se programa una sola pieza de la tetralogía del "Anillo", una concesión a cambio de privilegio de tener en Baviera a Domingo, en mitad del intenso verano, de festival en festival, del músico español.
Domingo llega al festival bávaro después de haber estado, la semana pasada, como tenor, en el Teatro Real de Madrid con "Thaïs", de Jules Massenet, ópera que trasladó este domingo al formato concierto en el Festival de Perelada (Girona).
El "Anillo" concebido por Castorf tuvo poca fortuna en Bayreuth, ya que a los sonoros abucheos de su estreno siguieron otros, aunque de menor intensidad, en sus reposiciones siguientes.
Esta temporada se despide del festival con "La Valkiria" como única "superviviente".
Los abucheos a la recreación de Castorf no han impedido a los wagnerianos aplaudir con fervor a sus sucesivas voces y batutas, de acuerdo a la tradición del lugar de no dejar que producciones que no encajan con el gusto del público se vean recompensadas con ovaciones a la partitura e intérpretes de Wagner.
Ese fue el caso en la presente temporada tanto del "Lohengrin" de Sharon como de la reposición en los días siguientes del minimalista "Tristán e Isolda" concebida por Katharina Wagner, la biznieta del compositor y directora del festival, cuyas producciones hasta ahora no han encontrado el aplauso en Bayreuth.
Thielemann, en cambio, triunfó por partida doble, tanto al frente del "Lohengrin" como de ese "Tristán", y se consolidó así como Maestro wagneriano, ya que hasta ahora ha dirigido diez de las óperas del estricto repertorio de Bayreuth.
Las restantes piezas de la primera semana del festival bávaro fueron las reposiciones de "Parsifal" dirigido por Semyon Bychkov, la de "Los Maestros Cantores de Nuremberg" de Philippe Jordan, y de "El holandés errante" de Axel Kober.
Mañana le corresponde cerrar el primer ciclo a Domingo, quien a lo largo de este verano tiene otras dos citas como director de "La Valkiria" en el templo wagneriano, el 18 y el 29 de agosto, en la gala que cerrará la presente temporada. EFE gc/mr