Mostrando entradas con la etiqueta Exteriores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Exteriores. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de noviembre de 2022

Bajando el perfil

Scholz efectua una polèmica visita a la Xina

jueves, 3 de noviembre de 2022

China, otra herencia con trampa

Scholz sale al encuentro de Xi bajo un chaparrón de críticas

Joana Serra
Lo que bajo la conservadora Angela Merkel era un ritual casi anual -la visita a Pekín comandando una delegación de empresarios e inversores- se convirtió en casi una línea roja para el socialdemócrata Olaf Scholz. Al canciller alemán le han llovido las críticas tanto de sus socios de coalición, verdes y liberales, como de los dos aliados incuestionables de sus relaciones internacionales -Francia y Estados Unidos-.
Si a Merkel se la confrontaba en cada viaje con la vulneración de los Derechos Humanos bajo ese régimen autoritario, a Scholz se le ha colocado de frente una coalición atípica. Ya no son únicamente las ONG las que critican unos viajes apuntalados en intereses comerciales; también cuestionan su oportunidad los expertos del ámbito económico.
"Alemania es ya económicamente dependiente de China, lo que la convierte en chantajeable", advertía este jueves, víspera su encuentro de Scholz con Xi Jingping, el Instituto para Estudios de la Economía Alemana (IW). Con el viaje se da una "señal problemática", añadía este instituto de referencia.
Alemania ha tenido que reducir aceleradamente su dependencia energética de Rusia, como consecuencia de la agresión a Ucrania y con los precios de la energía disparados. Ahora debería contener, en lugar de extender, la siguiente hipoteca, también con un régimen autoritario y que además se beneficia de las sanciones a Moscú.
Pekín actúa como un "estrecho aliado" de Rusia desde su posición de miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, admitían estos días fuentes del gobierno de Scholz. El canciller confía, sin embargo, en "persuadir" a Xi para que actúe "con responsabilidad" desde Naciones Unidas y contribuya al fin de una guerra devastadora.
El viaje de ida y vuelta a Pekín es largo -unas 24 horas-. La estancia ahí será fugaz -once horas-. Scholz erá el primer líder de un país de la UE que visita China desde el estallido de la pandemia. Y no está prevista una comparecencia conjunta de Scholz y el presidente chino en formato de preguntas y respuestas. Berlín defiende, sin embargo, que el viaje es de gran relevancia.
No es una visita más. Se produce en un momento en que la comunidad internacional contempla alarmada la posibilidad de que a la agresión rusa sobre Ucrania siga una escalada china sobre Taiwan. Pero Berlín rebate que no se puede "desacoplar" al gigante asiático de la globalización, pese a admitir que ésta debe reorientarse hacia socios "con valores de democráticos compartidos".
China, primera potencia exportadora mundial, era ya una afrenta comercial para Estados Unidos. Ahora se la considera el gran ganador de los intentos occidentales por aislar a Rusia.
Los socios de Scholz, Verdes y Liberales, de opiniones habitualmente divergentes, han coincidido en mostrar sus críticas al viaje. Especialmente la ministra de Asuntos Exteriores, la ecologista Annalena Baerbock, ha insistido en la necesidad de llevar una línea "más crítica" hacia Pekín. Su colega de Finanzas, el liberal Christian Lindner, ha alertado de los peligros de caer en nuevas dependencias con "ciertos países".
La controversia en torno al viaje empezó a fraguarse hace ya semanas. El detonante fue el propósito de la empresa estatal china Cosco de adquirir más del 35 % de una terminal del puerto de Hamburgo.
Tras muchas tensiones internas, la coalición de Scholz acordó limitar esa participación a un 24,9 % para evitar que pudiera ejercer una "influencia estratégica". La presencia de una empresa china en un puerto europeo no es nada novedoso -hay múltiples precedentes en los de Valencia, Barcelona y Bilbao, en España, junto al del Pireo, en Grecia, y otros puertos de Francia y Países Bajos-.
Pero el mundo despertó a una nueva realidad el 24 de febrero, el día en que Rusia inició la invasión de Ucrania. El término "business as usual" ha desaparecido de la terminología política, económica y diplomática.
Los peligros sobre las infraestructuras críticas no son abstractos, sino concretos. En Ucrania se plasman en ataques masivos contra instalaciones energéticas que dejan a centenares de poblaciones sin luz ni agua corriente. En territorio de la UE, con los sabotajes que inutilizaron los gasoductos Nord Stream 1 y 2, claves de la dependencia energética respecto a Rusia que Scholz trata de enterrar a contra reloj.

viernes, 14 de enero de 2022

Justicia universal

 Alemanya condemna a cadena perpètua un torturador sirià

jueves, 16 de diciembre de 2021

Regierungserklärung hacia Putin

 

Scholz s’estrena amb un enfrontament amb Rússia

 La justícia alemanya condemna un rus per haver matar a Berlín un home titllat de terrorista pel Kremlin

 El canceller porta al Parlament els avisos a Moscou si viola la frontera amb Ucraïna

miércoles, 24 de febrero de 2021

Las piezas del engranaje

Alemania aplica la justicia universal a la primera condena por torturas en Siria

Gemma Casadevall 




Berlín, 24 feb (EFE).- Alemania aplicó por primera vez el principio de la Justicia universal contra crímenes de lesa humanidad en Siria y condenó por complicidad en torturas sistemáticas a un exagente de los servicios secretos del presidente Bachar al Asad.
Eyad Alghareib, de 44 años, exmiembro de la inteligencia militar y llegado a Alemania como peticionario de asilo, fue condenado a cuatro años y medio de prisión. La Audiencia de Coblenza (suroeste) le declaró culpable, como parte del sistema represivo articulado por Damasco en su "devastadora guerra civil", según la sentencia.
La suya es la primera condena en el mundo por crímenes de lesa humanidad en Siria. Se espera para dentro de seis meses el veredicto de esa corte sobre el principal acusado del proceso, Anwar Raslan, exmando del Mujabarat -inteligencia militar- y responsable entre 2011 y 2012 de la cárcel de Al Jatib, en Damasco.
El juicio contra Algharebied se disgregó del de Raslan, lo que favoreció su agilización. El proceso contra el ahora condenado se centró en el transporte de 30 manifestantes detenidos, en 2011, a los que ya antes de entregar a esa prisión se sometió a torturas.
A Raslan, por su parte, le imputa la fiscalía 58 cargos por asesinato y 4.000 por torturas. Se trata del número de víctimas que se estima murieron o fueron torturadas mientras el procesado era el responsable militar de la dicha penitenciaría en la capital siria.
Algharebied había ingresado en los servicios secretos en 1996 y era parte, según la acusación, de un engranaje de torturas sistemáticas. La fiscalía pedía para el acusado cinco años y medio de cárcel, mientras que la defensa había solicitado su absolución, con el argumento de que obedecía órdenes y que incumplirlas habría supuesto el cargo de deserción y, por tanto, ejecución.
La Audiencia recordó en su sentencia ese largo periodo al servicio del espionaje sirio, cuya instrucción incluía la tortura física y hasta la muerte del prisionero.

LLEGADOS A ALEMANIA COMO PETICIONARIOS DE ASILO
Ambos procesados llegaron a Alemania en 2014, un año antes de la gran crisis migratoria derivada del conflicto sirio en 2015, que llevó a ese país hasta un millón de solicitantes de asilo.
Dos años antes habían abandonado Siria. Se presentaron en Alemania como miembros de la oposición; como tales se habían mezclado entre los asilados sirios; Raslan llegó a participar en conversaciones en Ginebra como miembro de la oposición.
Finalmente fueron identificados por otros refugiados, asimismo en Alemania, como antiguos miembros de los servicios secretos del régimen torturador. Fueron arrestados en 2020, en medio de unas complejas indagaciones por parte de la Fiscalía instructora, que derivaron en la acusación formal y la apertura del juicio, en abril del año pasado, por implicación en crímenes de lesa humanidad.

UNA PRIMERA VICTORIA PARA LA JUSTICIA UNIVERSAL
La primera sentencia de ese proceso fue calificada por Amnistía Internacional (AI) como una "victoria" para la Justicia universal, a cuyo principio se adhirió Alemania en 2012.
"Es un veredicto histórico y una victoria para las decenas de miles de sirios torturados, supervivientes o víctimas de ese régimen", indicó en un comunicado AI, que recuerda el papel desempeñado por las organizaciones humanitarias para documentar esos casos y poder plasmarlos en cargos concretos ante tribunales.
La sentencia es, además, "un claro mensaje al gobierno sirio de que los responsables de esas horribles violaciones deberán responder ante la justicia" por los crímenes cometidos por una "maquinaria de crueldad terrorífica" sobre su propio pueblo.
El ahora condenado "es solo una pequeña pieza del aparato de tortura siria", apuntó Wassin Mukdad, superviviente sirio y parte de la acusación particular en el proceso, en un comunicado emitido por el Centro Europeo de Derechos Humanos y Constitucionales (ECCHR),
El veredicto debe servir para "aportar luz" a los crímenes de Al Asad, prosigue ese testigo, tras las 60 vistas que ha durado ese primer proceso, al que debe seguir la sentencia contra el principal encausado, que se prevé se demore hasta octubre.
Los testimonios aportados prueban "la tortura sistemática y violencia sexual" practicada por las autoridades sirias, apuntó por su parte el abogado Patrick Kroker, representante de dicha acusación particular, que respalda el ECCHR, con sede en Berlín. EFE  gc/jam/msr

sábado, 20 de febrero de 2021

Múnich virtual

 Biden es retroba amb Europa



“Els Estats Units han tor­nat. L’Aliança Atlàntica ha tor­nat. No ens farem enrere, mira­rem el futur ple­gats”, va dir ahir Joe Biden, des de la seva pan­ta­lleta, a Was­hing­ton, con­nec­tat a dues pan­ta­lle­tes més –una de ber­li­nesa, amb Angela Merkel, i una altra de pari­senca, amb Emma­nuel Macron–. L’única presència de debò, a Munic, era la del pre­si­dent de la Con­ferència de Segu­re­tat d’aquest fòrum de tro­bada infor­mal, Wolf­gang Isc­hin­ger. Li va tocar el paper de mode­ra­dor en una mena de cimera d’ele­fants –com s’ano­mena a Ale­ma­nya les tro­ba­des dels grans– aquest cop en for­mat vir­tual per impe­ra­tiu de la pandèmia.
Merkel, en to menys visi­o­nari, va dema­nar pas­sar “de les parau­les als fets” en tot allò que implica el mul­ti­la­te­ra­lisme –des la lluita con­tra la crisi climàtica a la pandèmia, el ter­ro­risme inter­na­ci­o­nal i el retorn a la nego­ci­ació abans no s’enfonsi el pro­grama iranià–. També va recor­dar que Ale­ma­nya ja està com­plint el com­promís d’aug­men­tar la des­pesa en Defensa –com li recla­mava Barack Obama en els seus temps a la pre­sidència i després va fer Donald Trump–. I, atès que a l’altra pan­ta­lleta hi havia Macron, el gran defen­sor de la iden­ti­tat defen­siva pròpia euro­pea, hi va afe­gir la can­ce­llera que això volia dir, també, avançar cap a una res­pon­sa­bi­li­tat pròpia a la UE.
En joc hi ha la “defensa de la democràcia” con­tra l’amenaça dels auto­ri­ta­ris­mes. I, en aquest capítol, el d’ame­na­ces, hi entren els vells ene­mics –Rússia i la Xina–. Hi ha diferències de pers­pec­tiva. Amb la Xina, la riva­li­tat és clara­ment comer­cial –“cal pre­pa­rar-nos per a una com­petència estratègica”–, va dir el pre­si­dent nord-ame­ricà. Mos­cou repre­senta “els intents de (Vladímir) Putin per afe­blir Europa i l’OTAN”. Que­dava clar, doncs, que els Estats Units tor­nen a Europa i amb el seu retorn es recu­pe­ren, també, els esque­mes o blocs clàssics.
La inter­venció de Biden era espe­rada com el senyal per ofi­ci­a­lit­zar el retorn dels Estats Units al mul­ti­la­te­ra­lisme clàssic, mal­grat les esclet­xes dei­xa­des pel pas de Trump per la Casa Blanca. Biden era, a més, un vell cone­gut de la Con­ferència de Munic –i de l’amfi­trió Isc­hin­ger–, on havia inter­vin­gut en el pas­sat i espe­ci­al­ment men­tre va ser vice­pre­si­dent d’Obama.

Virtualitat entre amics

Era un retorn “entre amics”, en temps de vir­tu­a­li­tat i men­tre no hi ha una data pre­sen­cial clara perquè Biden pugui viat­jar a Berlín. Merkel –qui va viat­jar rela­ti­va­ment sovint a Was­hing­ton per visi­tar Trump però que mai no el va rebre a la seva seu de la can­ce­lle­ria– va con­vida l’actual pre­si­dent a visi­tar la capi­tal ale­ma­nya quan les res­tric­ci­ons per la pandèmia s’aflui­xin i tor­nin a ser pos­si­bles les reu­ni­ons de debò. També en aquest punt s’han recu­pe­rat aquests dies les imat­ges anti­gues de Biden i Merkel, som­ri­ents i feliços, quan l’ara pre­si­dent era el segon d’Obama. En con­trast, és clar, amb les cares de sor­presa, por, des­con­fiança o mal humor de la can­ce­llera amb Trump, gene­ro­sa­ment vira­lit­za­des com a expo­nent dels abis­mes transatlàntics.
Que Biden anunciés la seva inter­venció vir­tual, i dis­curs de retro­bada, va sal­var una Con­ferència de Segu­re­tat que, en rea­li­tat, es donava per per­duda. La cita de Munic ja havia cai­gut de les agen­des inter­na­ci­o­nals quan la Casa Blanca va comu­ni­car fa una set­mana que el pre­si­dent faria allà el seu dis­curs sobre les rela­ci­ons amb Europa. No es tracta només de tor­nar a ser cor­dial i som­ri­ent. Es tracta de mar­car el retorn del lide­ratge dels EUA en allò que s’entén per Occi­dent, després que Trump deixés clar que aquest esquema no l’interes­sava. La Xina està molt pre­sent –sobre­tot en l’agenda de Merkel quan es tracta de par­lar de nego­cis i comerç–. La mala maror amb Rússia –un altre soci comer­cial al qual la can­ce­llera no renun­cia– va empènyer els interes­sos de Was­hing­ton per acce­le­rar la retro­bada. Que hores abans pràcti­ca­ment els matei­xos líders havien coin­ci­dit al G7 també de “pan­ta­lleta” de Lon­dres no pre­o­cu­pava gaire. Al con­trari. Allà l’atenció va anar cap a la pandèmia. A Munic es va fer un gir més polític o de política de segu­re­tat, arro­do­nits amb la presència del secre­tari gene­ral de l’OTAN, Jens Stol­ten­berg

sábado, 6 de febrero de 2021

Mal viento ruso

Merkel manté el gasoducto malgrat la tempesta russa

“La posició del meu govern res­pecte a Nord Stream 2 no can­via”, insis­tia ahir Angela Merkel, en una con­ferència de premsa vir­tual amb el seu gran aliat euro­peu, Emma­nuel Macron. No feia ni una set­mana, des de l’Elisi es va recla­mar de nou que s’aturés un pro­jecte gegantí enmig de la tem­pesta des­fer­mada amb Rússia pel cas d’Alek­sei Navalni. “El pro­jecte només pot enge­gar si hi ha una estreta coo­pe­ració entre Ale­ma­nya i França”, adver­tia ahir el pre­si­dent francès, en to diplomàtic.

Com tan­tes altres reu­ni­ons en temps de pandèmia, la tro­bada franco-ale­ma­nya era vir­tual. El torn de pre­gun­tes i res­pos­tes, entre el “plasma” pari­senc i el ber­linès, fa difícil de cap­tar jocs de com­pli­ci­tat o de rebuig. En aquest cas, l’ambigüitat afa­vo­ria l’interès de tots dos líders per esca­po­lir-se d’una qüestió que mina l’eix franco-ale­many des de molt abans de l’enve­ri­na­ment de Navalni.

El Nord Stream 2 és un mal­de­cap here­tat per Merkel del seu ante­ces­sor a la can­ce­lle­ria, Ger­hard Schröder, l’últim can­ce­ller soci­al­demòcrata que ha tin­gut Ale­ma­nya i amic per­so­nal de Vladímir Putin. Va néixer amb molts qüesti­o­na­ments. Schröder va esde­ve­nir asses­sor d’un pri­mer gaso­ducte de Gaz­prom, el Nord Stream 1, mesos després de caure der­ro­tat per Merkel, el 2005. Per a Ale­ma­nya, implica asse­gu­rar-se el sub­mi­nis­tra­ment directe de gas natu­ral rus. Una peça fona­men­tal per a la tran­sició energètica, que topa amb crítiques de tots can­tons, des d’inter­nes ale­ma­nyes a les pro­ce­dents de París o Was­hing­ton, perquè implica una nova relació de dependència de Berlín res­pecte de Mos­cou.

El gaso­ducte, de 1.255 quilòmetres, està pràcti­ca­ment aca­bat. Ha cos­tat uns 12.500 mili­ons d’euros i hi ha impli­ca­des 120 empre­ses –rus­ses, ale­ma­nyes i d’altres socis euro­peus–. Cada cop que hi ha hagut un esclat en les rela­ci­ons amb Rússia s’ha exi­git de Merkel que l’aturés. Nord Stream 2 ha sobre­vis­cut a totes aques­tes sotra­ga­des. No s’ha vist afec­tat ni per les san­ci­ons deri­va­des de l’annexió de Cri­mea i el con­flicte ucraïnès, ni d’ante­ri­ors ter­ratrèmols entre Mos­cou i Berlín –com l’assas­si­nat a la capi­tal ale­ma­nya, el 2019, d’un refu­giat georgià, pre­sump­ta­ment per encàrrec del Krem­lin–. Navalni va arri­bar a Ale­ma­nya l’agost de l’any pas­sat, pro­ce­dent de l’hos­pi­tal siberià on va ingres­sar després de ser enve­ri­nat. A la clínica ber­li­nesa de La Cha­rité el van reviure. Després va pas­sar cinc mesos entre Berlín i la Selva Negra ale­ma­nya, fins que va deci­dir tor­nar a Mos­cou. Merkel i la resta dels líders euro­peus va con­dem­nar l’enve­ri­na­ment. Com ara ho ha fet amb la detenció i con­demna del líder opo­si­tor. Però el Nord Stream no s’atura. La can­ce­llera té el con­sens del soci a la coa­lició, el Par­tit Soci­al­demòcrata (SPD). Al cap­da­vall, la gran defen­sora del pro­jecte és ara mateix Manu­ela Schwe­sig, soci­al­demòcrata i cap del land de Meck­len­burg-Pomerània, per on el gas rus entrarà a Ale­ma­nya.

"Sobirania europea”, malgrat Biden

Alemanya, tradicionalment menys activa en política de defensa que França, sembla voler deixar clar que l’arribada del demòcrata Joe Biden a la Casa Blanca no vol dir fer un gir per a la submissió transatlàntica. La UE ha d’avançar cap a una “sobirania estratègica europea”, va dir Angela Merkel en la seva trobada virtual amb Emmanuel Macron. Cal treballar a escala dels 27 i tancar projectes de defensa comuns –com els anomenats “eurodrons” o la construcció d’un nou avió de combat.

Tot plegat, després que el president dels Estats Units es desdigués el dia abans de la decisió de Donald Trump de retirar 11.900 soldats de les seves bases en territori alemany. És a dir, gairebé la meitat dels que hi tenia aleshores. L’anunci de Trump retreia a Alemanya gastar poc en Defensa, i va ser una bufetada al soci alemany. El propòsit de Biden de curar la ferida no aturarà, però, els neguits francesos per guanyar en personalitat defensiva pròpia a Europa. Els Estats Units és soci preferent i motor de l’OTAN, però ni Berlín ni París volen contribuir a la política de blocs que Washington comença a insinuar: Rússia i la Xina com a enemics polítics i, sobretot, comercials clàssics.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Del asesino en bicicleta por el Tiergarten al bosque de Navalni

 Alemania procesa al presunto asesino enviado por Moscú y agudiza la crisis bilateral

Gemma Casadevall

Berlín, 7 oct (EFE).- La Justicia alemana abrió juicio por el asesinato, a plena luz y en el corazón de Berlín, de un asilado georgiano, presuntamente por encargo de Moscú, en plena crisis bilateral por el envenenamiento del líder opositor Aléxei Navalni.
La Fiscalía federal imputa al acusado, un ruso de 55 años, haber matado de tres tiros a Zelimjan Jangoshvili, de 40 años, llegado a Alemania como refugiado en 2016. Fue en el Tiergarten, el parque central de la capital alemana, el 23 de agosto de 2019. El autor de los disparos era un hombre en bicicleta, que luego apareció en el río, junto con la peluca que llevaba y la pistola con que le mató.
Actuó "por codicia u otros bajos motivos", sostuvo ante los medios el representante de la Fiscalía, Ronald Georg, en un aparte de la apertura de un juicio envuelto entre fuertes dispositivos de seguridad y con presencia restringida de periodistas y público.
Para la Fiscalía federal no hay duda de que el asesinó actuó "por encargo de posiciones estatales de la Federación Rusa" y que su objetivo era eliminar a quien considera "enemigo de Moscú, de su república autónoma de Chechenia, y del gobierno pro-ruso de Georgia".
Jangoshvili era para el Kremlin un terrorista. Había combatido en la guerra de Chechenia al lado de los rebeldes y posteriormente formó parte de las fuerzas de seguridad georgianas.
Desde Moscú se ha rechazado toda implicación en el caso. Pero también se vinculó a la víctima con otro asesinato similar cometido en la capital rusa en 2013.
Al crimen del Tiergarten siguieron tensiones entre Moscú y Berlín, incluida la amenaza de la canciller Angela Merkel de imponer "nuevas medidas" a Rusia, si la justicia confirmaba las sospechas.
Unos meses después del crimen, Berlín expulsó a dos diplomáticos rusos por "no contribuir" al esclarecimiento del asunto.
El acusado, identificado como Vadim Krasikov, alias Vadim Sokolov, quedó en prisión preventiva desde su detención, tras ser identificado por testigos presenciales como el hombre que echó la peluca, la bicicleta y el arma al río Spree.
Asistió en silencio a la apertura de un proceso por un crimen tras el que, desde el principio, se responsabilizó a Moscú. A la "falta de cooperación" de los diplomáticos expulsados se sumó la investigación por un caso de jaqueo en el sistema informático del Bundestag (Parlamento federal) relacionado con la investigación.

UN AÑO DESPUÉS, NAVALNI

El asunto era ya suficientemente complejo para las relaciones bilaterales. Casi exactamente un año después del asesinato del Tiergarten, Navalni colapsó repentinamente durante un vuelo en Rusia, el 22 de agosto; tras varios días de tira y afloja con el hospital siberiano donde ingresó, era trasladado a la Charité de Berlín, donde quedó en coma inducido con síntomas de envenenamiento.
El equipo médico berlinés, junto con expertos del Ejército alemán, informaron a los días siguientes de su ingreso de que se había detectado muestras en Navalni del agente nervioso de la familia "Novichok", desarrollado por Rusia.
Merkel instó a Moscú a esclarecer lo que calificó de "intento de asesinato por envenenamiento". Este miércoles, en un comunicado conjunto, Berlín y París, proponían sanciones adicionales contra "personas" responsables del envenenamiento y aludían al "Novichok".
Al primer diagnóstico de la Charité y la Bundeswehr siguieron las conclusiones en el mismo sentido de expertos holandeses y franceses. Ayer, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) confirmó la presencia del "Novichok" en muestras de Navalni.
El líder opositor ruso fue dado de alta la semana pasada de la Charité. Desde entonces, y a través de redes sociales o entrevistas, ha responsabilizado a Putin de su intento de envenenamiento. Hoy mismo, desde el diario "Bild", el más leído de Alemania, reclamó "sanciones directas al círculo más próximo" del presidente ruso.

EL PESO DE NORD STREAM

En cada una de las crisis con Putin resurgen las exigencias sobre Merkel para que interrumpa el Nord Stream 2, el gasoducto casi terminado que transportará gas desde Rusia hasta Europa.
El proyecto se fraguó con el socialdemócrata Gerhard Schröder en la cancillería. Su amistad o alianza de intereses con Putin impulsaron la cooperación energética.
Merkel siguió adelante con ese proyecto heredado de su antecesor, por encima de las sucesivas fases de deterioro en unas relaciones con Putin, que siempre fueron, como mínimo, tensas.
Las exigencias de detener Nord Stream regresaron, tanto de la oposición verdes como en parte de las filas de la gran coalición de Merkel. En el proyecto se han invertido unos 12.000 millones de euros y están implicadas unas 120 empresas de una docena de países europeos. EFE gc/jam/mah/fp

jueves, 24 de septiembre de 2020

Aleksei en el bosque

 Navalni rep l’alta després del misteriós enverinament

Asse­gut en un banc del que podria ser qual­se­vol parc o bosc ber­linès, prim, sol i amb la mirada refle­xiva i alhora des­a­fi­ant: aquesta era la imatge que va trans­me­tre ahir Alek­sei Navalni, l’opo­si­tor rus que va ser víctima d’un intent d’enve­ri­na­ment molt a l’estil dels que han patit altres ene­mics del Krem­lin.

Ja no està ingres­sat a La Cha­rité, la clínica uni­ver­sitària ber­li­nesa que el va tor­nar a la vida, després de caure ful­mi­nat en un vol intern per Rússia mit­jan agost. Ha pas­sat 32 dies a aquest cen­tre, 16 dels quals, en coma induït.

L’equip de met­ges ber­li­ne­sos, experts de l’exèrcit i altres ana­lis­tes fran­ce­sos i suecs han con­fir­mat en aquest període que el verí admi­nis­trat era Novit­xok, l’agent nerviós de patent russa que pot cau­sar la mort en dosis mínimes.

Mos­cou con­ti­nua sense voler saber res del cas, nega tenir-hi cap vin­cle, també els comu­ni­cats mèdics de qual­se­vol espe­ci­a­lista occi­den­tal i des­a­fia l’opo­si­tor, ara que s’ha refet, a tor­nar a casa. “És lliure, com qual­se­vol ciu­tadà rus, de tor­nar al seu país”, deia ahir un por­ta­veu del Krem­lin.

“De moment”, a Berlín

El govern ale­many no vol donar detalls d’on està, quina pro­tecció rep o què pensa fer. Des que va arri­bar a Berlín, en un tras­llat orga­nit­zat per una ONG però auto­rit­zat per l’exe­cu­tiu d’Angela Merkel, ha recla­mat expli­ca­ci­ons a Mos­cou. La mateixa can­ce­llera va des­a­fiar “les auto­ri­tats rus­ses” –és a dir, el pre­si­dent Vladímir Putin– a acla­rir “l’intent d’assas­si­nat amb verí” de Navalni. I, enmig del con­flicte, es va arri­bar a qüesti­o­nar el futur del Nord Stream II, el gaso­ducte pràcti­ca­ment aca­bat que ha de por­tar gas rus a Ale­ma­nya.

Un pro­jecte que va enge­gar l’excan­ce­ller soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder, aliat per­so­nal, polític i econòmic de Putin i que ara sem­bla poc rea­lista ima­gi­nar que es pugui enca­llar, entre altres coses perquè hi ha con­trac­tes jurídica­ment vin­cu­lants amb socis d’altres països euro­peus.

Navalni s’ha comu­ni­cat, des que va sor­tir del coma, a través de la xarxa social Ins­ta­gram. Ahir, a més de la seva foto­gra­fia al bosc ber­linès, va pen­jar també expli­ca­ci­ons sobre el seu propòsit de “con­cen­trar-se” en la reha­bi­li­tació física i men­tal. Des del seu entorn es va voler acla­rir que es que­darà, “de moment”, a la capi­tal ale­ma­nya

jueves, 3 de septiembre de 2020

Vladímir, el envenenador

 

Merkel desafia Putin per “l’intent d’assassinat” de l’opositor Navalni

El govern rus està obli­gat a acla­rir “l’intent d’assas­si­nat per enve­ri­na­ment” de qui és “el prin­ci­pal opo­si­tor” al govern del Krem­lin, Alek­sei Navalni. Amb aquesta con­tundència es va expres­sar la can­ce­llera Angela Merkel, després de con­fir­mar els met­ges de la clínica ber­li­nesa de la Cha­rité que el rival polític del pre­si­dent Vladímir Putin va ser objecte d’un atemp­tat amb l’agent nerviós Novic­hok.

El mateix verí de Skri­pal

La mateixa substància que es va emprar el 2018 con­tra l’exa­gent rus Ser­guei Skri­pal a Angla­terra, entre altres casos des­ta­cats. Un verí mor­tal desen­vo­lu­pat als anys sei­xanta a la Unió Soviètica i que con­ti­nua actiu en la Rússia de Putin. Navalni va ingres­sar el 22 d’agost en aquesta clínica ber­li­nesa, per inter­venció de l’ONG Cinema for Peace, i amb el vis­ti­plau del govern de Merkel. Havia cai­gut ful­mi­nat en un vol rus després de pren­dre’s un te a un aero­port, una acció que ja ales­ho­res va recor­dar el cas Skri­pal. Les auto­ri­tats rus­ses van inten­tar impe­dir que es tras­lladés Navalni a Ale­ma­nya des del pre­cari hos­pi­tal siberià on el van aten­dre d’entrada. El govern ale­many, la família de l’opo­si­tor i l’ONG –una orga­nit­zació molt influ­ent a Ale­ma­nya, que ja havia actuat en casos sem­blants– van acon­se­guir posar-lo en bones mans a la Cha­rité, l’hos­pi­tal de referència de Berlín.

Ara Merkel vol una reacció con­junta con­tra el Krem­lin. Abans de com­parèixer per a la seva breu però con­tun­dent decla­ració sobre el cas Navalni, va reu­nir-se amb els prin­ci­pals minis­tres de la seva gran coa­lició: Exte­ri­ors, Defensa, Inte­rior, Finan­ces i Justícia. En paral·lel, es va infor­mar els grups par­la­men­ta­ris de la cam­bra baixa (Bun­des­tag), es va con­vo­car l’ambai­xa­dor rus a Exte­ri­ors i es va con­tac­tar la Unió Euro­pea (UE), l’OTAN i l’Orga­nit­zació per la Pro­hi­bició d’Armes Químiques.

La can­ce­llera Merkel busca el màxim suport, després d’haver defen­sat sem­pre el diàleg amb Mos­cou. Una peça clau en els grans con­flic­tes actu­als –sigui Síria, Ucraïna o Bie­lorússia–. Però també per als interes­sos de Berlín, espe­ci­al­ment el qüesti­o­nat gaso­ducte Nord Stream 2, que la can­ce­llera defensa mal­grat les crítiques inter­na­ci­o­nals i de l’opo­sició al pro­jecte per garan­tir el sub­mi­nis­tra­ment de gas rus a Europa.

Moscou no es dona per acusat

Merkel considera que el govern rus “està obligat” a aclarir qui ha intentat matar Navalni. Però no acusa directament el Kremlin d’haver-ho fet. Moscou respon oferint la “col·laboració” en la investigació d’un atemptat amb un verí “clàssic” per matar. Qui ha demostrat “inequívocament” la presència de Novichok al cos de Navalni no han estat ni els metges de Sibèria ni els de la Charité, sinó els experts en armes químiques de l’exèrcit alemany.

domingo, 23 de agosto de 2020

Aleksei en la Charité

 

Berlín dona asil sanitari al líder opositor rus Navalni

 Les autoritats alemanyes traslladen a la capital l’enemic del Kremlin enmig de fortes tensions amb Moscou

 Merkel prioritza la vida del polític mentre creixen les sospites d’enverinament

L’ingrés d’Alek­sei Navalni a la clínica de La Cha­rité de Berlín recor­dava el de l’ex-pri­mera minis­tra ucraïnesa, Iúlia Timoi­xenko, el 2014, en aquest mateix cen­tre hos­pi­ta­lari, el més gran d’Ale­ma­nya. Una cara­vana de cot­xes i ambulàncies, amb forta custòdia poli­cial, va tras­lla­dar-lo de l’aero­port a urgències, enmig d’un fort des­ple­ga­ment mediàtic.

L’equip de Navalni havia acon­se­guit el seu objec­tiu: treure’l de l’hos­pi­tal siberià on va que­dar en coma, després de pren­dre’s un te en un aero­port rus dijous. L’excan­di­dat a l’alcal­dia de Mos­cou i a la pre­sidència russa anava de viatge pel seu país, però el seu vol va haver de fer una escala d’emergència a Omsk, Sibèria, men­tre es temia per la seva vida. Les sos­pi­tes d’enve­ri­na­ment van ser gai­rebé imme­di­a­tes, agreu­ja­des per la nega­tiva russa a dei­xar que se’l tractés a l’estran­ger amb l’argu­ment que el seu estat era massa fràgil.

Berlín va reac­ci­o­nar imme­di­a­ta­ment. El por­ta­veu d’Angela Merkel, Stef­fen Sei­bert, va dei­xar clar que Ale­ma­nya estava dis­po­sada a donar l’assistència sanitària que calgués. El mateix diven­dres, un avió medi­ca­lit­zat va sor­tir des de Berlín cap a Sibèria sense espe­rar el permís de Mos­cou per al tras­llat. Va seguir un estira-i-arronsa més o menys dis­cret. A escala diplomàtica, repre­sen­tat per decla­ra­ci­ons de Sei­bert insis­tint que la vida de Navalni és l’aspecte pri­o­ri­tari de la qüestió. Des de l’entorn del líder opo­si­tor, amb acu­sa­ci­ons d’inten­tar tapar el ras­tre de l’enve­ri­na­ment. L’avió medi­ca­lit­zat havia estat coor­di­nat per l’orga­nit­zació Cinema for Peace, molt arre­lada a Ale­ma­nya i amb molta influència entre l’esta­ment polític. Va ser aquesta mateixa orga­nit­zació la que, fa dos anys, va acon­se­guir el tras­llat a La Cha­rité d’un mem­bre de la banda d’acti­vis­tes Pussy Riot, Pjotr Wer­si­low, amb símpto­mes d’enve­ri­na­ment. L’esposa de Navalni, Iúlia, va remoure cel i terra per pres­si­o­nar el Krem­lin, men­tre el govern ale­many con­ti­nu­ava amb l’estratègia de la diplomàcia silen­ci­osa, però visi­ble.

Merkel i Vladímir Putin són dos ene­mics polítics i segu­ra­ment també per­so­nals que mai no han tren­cat els ponts de diàleg. La can­ce­llera havia par­lat aquesta mateixa set­mana ja amb el pre­si­dent rus, enmig de les ten­si­ons deri­va­des per les elec­ci­ons denun­ci­a­des com a frau­du­len­tes de Bie­lorússia per l’opo­sició del país i el con­junt de la Unió Euro­pea. Amb Timoi­xenko, la diplomàcia silen­ci­osa ale­ma­nya va tri­gar mesos fins a acon­se­guir el tras­llat de l’ales­ho­res líder opo­si­tora a La Cha­rité. Van cal­dre infor­mes mèdics suc­ces­sius sobre el seu estat de salut pre­cari, després d’un llarg arrest. Amb Navalni, la situ­ació s’ha pre­ci­pi­tat. Pot­ser perquè el seu estat no per­met demo­res. Timoi­xenko tenia uns dolors d’esquena ter­ri­bles. Navalni va sor­tir de Sibèria en coma.

La Cha­rité va eme­tre un comu­ni­cat poc després del seu ingrés en què s’adver­tia que no s’infor­marà amb detall del seu estat fins que no es com­ple­tin els exàmens per­ti­nents. La cre­di­bi­li­tat de la clínica uni­ver­sitària ber­li­nesa no es qüesti­ona –és una ins­ti­tució històrica, a més d’un nom molt pre­sent en els mit­jans de comu­ni­cació–, ja que hi tre­ba­lla el viròleg de referència al país con­tra la Covid-19, Chris­tian Dros­ten, i des d’allà ges­ti­ona els tests del coro­na­vi­rus a la capi­tal ale­ma­nya.

Navalni té un llarg his­to­rial de con­dem­nes i pro­ces­sa­ments amb càrrecs diver­sos –com ara mal­ver­sació de fons– i és con­si­de­rat el cap més visi­ble de l’opo­sició con­tra Putin des que el 2016 va pre­sen­tar can­di­da­tura a la pre­sidència –que va que­dar anul·lada per una con­demna pen­dent de presó. El seu equip i ell mateix han estat vícti­mes de tota mena d’agres­si­ons físiques, inclosa una lesió en un ull. Ha denun­ciat intents d’enve­ri­na­ment suc­ces­sius, un mètode de “des­trucció del rival polític” que han patit un quants acti­vis­tes i polítics adver­sos a Mos­cou.