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miércoles, 28 de febrero de 2024

Entre vecinos

Polonia evalúa cerrar sus fronteras por el conflicto con el campo ucraniano



Protesta de agricultores polacos, este martes en Varsovia. / CZAREK SOKOLOWSKI / AP
Gemma Casadevall

Polonia evalúa cerrar temporalmente sus fronteras al paso de mercancías ucranianas en medio de las protestas del campo contra el tránsito de cereales del país vecino, fuertemente apoyado por la Unión Europea (UE). El primer ministro polaco, Donald Tusk, dice estar dispuesto a adoptar "medidas drásticas", aunque consensuadas con Kiev para evitar "tensiones innecesarias". El cierre temporal de la frontera para las mercancías ucranianas, así como el apoyo estatal al campo polaco, es uno de los temas que abordará el liberal Tusk en su reunión con los gremios de agricultores este jueves.

Miles de tractoristas colapsaron este martes Varsovia y otros puntos de Polonia en una nueva ronda de movilizaciones del campo. En las jornadas anteriores se habían producido encontronazos y actos vandálicos contra transportistas ucranianos en los pasos fronterizos, que quedaron cerrados de facto por las concentraciones de agricultores polacos.

Las protestas se dirigen tanto hacia Bruselas, porque consideran que el apoyo al grano ucraniano perjudica sus intereses, como a Alemania, en tanto que primera economía de UE. Tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania, Bruselas liberó de aranceles las importaciones de cereales de Ucrania, primer exportador mundial de grano.

El conflicto por el paso de los cereales ucranianos llegó a quebrar la línea de la solidaridad entre Kiev y Varsovia el verano pasado. Polonia prohibió entonces unilateralmente las importaciones y el tránsito por su territorio de esos productos, mientras tanto la ONU como la UE trataban de abrir vías para desbloquear unos suministros esenciales para el resto del mundo. La ruta terrestre era la alternativa más factible mientras proseguían las negociaciones a diversas escalas --incluida la mediación de Turquía y la ONU-- para permitir su transporte desde los puertos ucranianos del mar Negro.
Reunión con las principales organizaciones

Tras semanas de estira y afloja, el entonces gobierno del ultranacionalista partido Ley y Justicia (UE) acordó, junto con otros países del este europeo, permitir el paso de esos transportes, siempre que se garantizara que no acababan en el mercado polaco. Desde entonces se han sucedido las protestas de campo contra la falta de controles efectivos, lo que perjudica los intereses agrícolas nacionales.

Tusk logró el relevo en el poder sustentado en la mayoría parlamentaria del bloque que forma su partido liberal con formaciones centristas y la izquierda moderada. Pero el PiS sigue siendo la formación más identificada con los intereses del campo.

jueves, 1 de febrero de 2024

El campo y su panorámica

Ayudas, inflación, Ucrania y Pacto Verde: el malestar del campo recorre Europa


Gemma Casadevall, Enric Bonet, Irene Savio, Silvia Martínez

El campo en Europa está en pie de guerra. La mayoría de países han registrado o registrarán protestas por la precariedad del sector, la reclamación de ayudas para paliar un alza del coste de la vida que no han podido compensar a través de las ventas de sus productos y el malestar por un Pacto Verde Europeo que, a su juicio, no prevé compensaciones para los gastos extra que comportará la transición ecológica. A continuación, repasamos diferentes focos de un malestar que recorre las principales capitales del continente:

Presión sobre el Gobierno de Olaf Scholz


La revuelta del campo se extendió por toda Alemania a mediados de enero, en una larga semana de protestas que concluyó con miles de tractoristas colapsando el centro de Berlín. A diferencia de los agricultores franceses, las hostilidades no se dirigían hacia colegas de un país vecino, sino hacia el Gobierno de Olaf Scholz. El detonante fue el recorte en las subvenciones al diésel agrario, una de las medidas adoptadas por el Ejecutivo para ceñirse al precepto del freno a la deuda, obligado por una sentencia del Tribunal Constitucional. Las ayudas al diésel no suponen más que el 6% del total de subvenciones que perciben los agricultores alemanes desde hace décadas, pero fue la gota que colmó el vaso de su descontento. Especialmente afectados por los recortes son las explotaciones ecológicas y el sector de proximidad: las ayudas se conceden en función de la extensión de las explotaciones, de modo que las más pequeñas salen perjudicadas. Ello compromete especialmente a los Verdes, socios en el Gobierno del socialdemócrata Scholz y entre cuyos ministerios está justamente el de Agricultura.


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Protesta frente a la Puerta de Brandenburgo de Berlín, el pasado 16 de enero. / KAY NIETFELD / AP

El campo alemán plantó su protesta ante la emblemática Puerta de Brandeburgo y las movilizaciones siguen semanas después, aunque a escala regional. La incidencia del parón en el conjunto de la economía alemana es relativa; su fuerte es la industria y el sector exportador. En las movilizaciones jugó un papel muy activo la ultraderecha, que vio en el descontento del campo un nuevo filón para captar su voto de protesta. Las grandes organizaciones del sector se distanciaron de estas filtraciones políticas, pero sin ceder en su presión sobre el Gobierno. TEXTO: GEMMA CASADEVALL


Ebullición aplacada con concesiones

Tras dos semanas de ebullición del campo francés, los agricultores podrían empezar a aflojar la presión tras las concesiones del Gobierno de Emmanuel Macron. La FNSEA y los Jóvenes Agricultores —principales organizaciones del sector primario en el país vecino— pidieron este jueves "la suspensión de los bloqueos" en autopistas, carreteras o centros logísticos. Entre las medidas de alivio anunciadas por el primer ministro, Gabriel Attal, están un fondo de 150 millones de euros para la ganadería, la renuncia a un plan de reducción de pesticidas —ya estaba en la cuerda floja desde hacía meses— o la elaboración de una ley sobre la soberanía alimentaria. El Ejecutivo Macron-Attal ya había renunciado la semana pasada a retirar de manera progresiva la subvención fiscal al diésel rural. Ante la petición del Gobierno francés, la Comisión Europea ha aceptado una derogación de otra medida medioambiental: el porcentaje de un 4% de tierras en barbecho para proteger la biodiversidad.

La FNSEA y los Jóvenes Agricultores habían iniciado el lunes el "asedio" de la región de París. Con esa fórmula tremendista, bautizaron la ocupación y cortes de circulación en ocho de las principales autopistas y carreteras de la Île-de-France. Decenas de otros bloqueos parecidos se han reproducido en otros puntos del territorio galo, así como otras acciones más contundentes, como los saqueos de camiones con productos extranjeros o los vertidos de productos agrícolas en edificios de la administración o la gran distribución. Incluso este jueves han lanzado bloques de paja en medio de los Campos Elíseos.
  

Varios tractores bloquean la autopista A1 en dirección a París a la altura de Chevrieres, este jueves. / MATTHIEU MIRVILLE / ZUMPA PRESS / DPA

El presidente francés destacó asimismo la oposición de Francia al tratado de librecambio con Mercosur (principales países de América Latina) —al menos en su forma actual—. Tras reunirse con Ursula von der Leyen en la capital belga, Macron propuso a la presidenta de la Comisión Europea la elaboración de una legislación europea que enmarque las relaciones entre la gran distribución y los agricultores, siguiendo el ejemplo de las leyes Egalim en Francia, donde sus efectos y mala aplicación han dejado descontentos tanto a los campesinos como las asociaciones de consumidores. También ha defendido la creación de un organismo europeo de control sanitario y agrícola para "evitar la competencia desleal". La presidenta de la Comisión prometió, por su lado, que la Unión Europea "reducirá la carga administrativa" de los agricultores. TEXTO: ENRIC BONET

Descontento con la Unión Europea

El campo italiano también se ha sumado en la última semana a las protestas de sus colegas en varios países europeos. Miles de agricultores y ganaderos del país se han manifestado en diversas regiones de Italia para denunciar su malestar por los bajos salarios y los crecientes costes de producción que dicen padecer.

Con pancartas en las que se leían eslóganes de protesta y portando incluso ataúdes en señal de rechazo por la situación, la revuelta italiana ha puesto de manifiesto especialmente el descontento con la Unión Europea, a la que también los agricultores transalpinos achacan el empeoramiento de sus condiciones de trabajo. En particular, la principal queja es por el Pacto Verde Europeo que, según ellos, no prevé medidas compensatorias por el aumento de los gastos derivados de la transición ecológica.

En estas circunstancias, al menos por el momento, el Gobierno de Giorgia Meloni se ha mostrado más bien conciliador con los manifestantes. "Seguimos convencidos del lado de los agricultores, de aquellos que quieren trabajar para tener unos ingresos adecuados y crear riqueza para ellos y para el país", ha dicho Francesco Lollobrigida, ministro de Agricultura y cuñado de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.
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Tractores en el centro de Milán, este jueves. / GABRIEL BOUYS / AFP

Tal vez también por esta razón las protestas han sido por ahora mayoritariamente pacíficas. Se han llevado a cabo en numerosas localidades de todo el país, de sur a norte, e incluso en las islas y en zonas tradicionalmente gobernadas por la izquierda, como la Toscana.

En este contexto, la protesta también da dado paso a la aparición en la escena de nuevas agrupaciones, como Riscatto Agricolo (Rescate Agrícola), un grupo que se ha mostrado tan crítico con Bruselas como con las organizaciones tradicionales que defendían a este sector. Entre sus peticiones figuran la solicitud de políticas de ayuda y de reducción de la presión fiscal para el sector, así como que se prohíba de la entrada, en territorio comunitario, de productos agrícolas procedentes de países no europeos y donde el campo no está sujeto a las mismas exigencias que el europeo. TEXTO: IRENE SAVIO

Enmienda a la totalidad de 70 años de políticas agrícolas


La semana de los agricultores en Bélgica arrancó con pequeñas movilizaciones testimoniales en el sur y el norte del país, bloqueando carreteras, centros logísticos de cadenas de supermercados e incluso la entrada al puerto de Zeebrugge, pero no sido hasta este jueves cuando ha llegado a su máximo apogeo, con una movilización masiva en Bruselas, que ha bloqueado los alrededores del Parlamento Europeo y la autopista que rodea la capital, coincidiendo con la cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno.

Más de un millar de tractores se han desplazado hasta la capital belga para mostrar la cólera del campo por motivos tan diversos como la "distorsión de la competencia" que dicen generan los acuerdos de libre comercio, como el que negocian la UE con los países de Mercosur; las concesiones a las importaciones de Ucrania renovadas esta semana por Bruselas; el endurecimiento de unas reglas medioambientales estrictas que les colocan en desigualdad de condiciones respecto a los agricultores de terceros países y que consideran "incoherentes"; el aumento de las trabas administrativas; o la caída de ingresos provocada por el alza de los precios de los carburantes o la inflación.

Ni la propuesta planteada este miércoles por la Comisión Europea, de derogar parcialmente la obligación de destinar un 4% de las tierras a barbecho, ni las ayudas prometidas por el Gobierno de Francia o Portugal, ni las palabras de los políticos belgas --el primer ministro de Bélgica, Alexander de Croo, se ha reunido con representantes de los agricultores junto con su homólogo holandés, Mar Rutte, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen-- han tranquilizado en exceso a los manifestantes.

 

Hoguera en la plaza Luxemburgo de Bruselas, junto al Parlamento Europeo. / GEERT VANDEN WIJNGAERT / AP

No ha habido grandes enfrentamientos, pero sí alguna que otra carga, muchos petardos, una estatua derribada, carreteras y autopistas bloqueadas y muchas quejas. "La UE debería ser consciente de que el enfado que escucha hoy es el resultado de 70 años de políticas agrícolas, que nos obligaron a engordar mediante subvenciones, antes de criminalizarnos 10 años después por ser demasiado gordos y contaminar demasiado", asegura Tijs Boelens, portavoz de la asociación Boerenforum. "Vamos a bloquear el país", ha amenazado la asociación de jóvenes agricultores. TEXTO: SILVIA MARTINEZ

"Desprotección" frente a la competencia de Ucrania

Polonia, un país eminentemente rural, ha registrado desde hace meses sucesivas oleadas de protestas del campo, las mayores de las cuales dirigidas contra un país vecino, Ucrania. Primero se bloqueó el transporte a través de territorio de cereales y otras mercancías ucranianas, abundamente subvencionadas y hasta protegidas por la Unión Europea (UE), lo que para los campesinos polacos va en contra de sus intereses. Se rompió así la línea de solidaridad incondicional mostrada por Polonia hacia el país agredido por el gran enemigo común, Rusia. El campo polaco logró garantías de su Gobierno y de Bruselas de que esos cereales más baratos transitarían, pero no se quedarían en su mercado interior. Se levantaron los bloqueos. Pero el relevo en el poder a favor del europeísta Donald Tusk ha vuelto a encender los ánimos de los agricultores, un sector mayoritariamente leal al anterior gobierno del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS). Para el campo polaco, Bruselas y Tusk son enemigos de sus intereses.



Agricultores polacos protestan contra las políticas de la UE, el pasado 24 de enero en Zbucyn, en el centro del país. / PRZEMYSLAW PIATKOWSKI / EFE

Rumanía no ha vivido grandes concentraciones centralizadas, pero sí protestas en 21 de sus 47 distritos regionales. Como la mayoría de sus colegas europeos, dependen de las subvenciones al sector para mantener su actividad y comparten con los polacos un sentimiento de "desprotección" frente a la competencia ucraniana. El Gobierno del socialdemócrata Marcel Ciolacu ha aliviado la situación al anunciar subvenciones a los carburantes agrarios y otras fórmulas fiscales de apoyo al campo. Sobre las protestas pesó asimismo la presencia de elementos ultraderechistas, aunque los principales gremios se distanciaron de toda ingerencia política. TEXTO: GEMMA CASADEVALL





lunes, 15 de enero de 2024

Cantata




Manifestación de agricultores en Berlín │ VÍDEO    EFE
 Gemma Casadevall
"Entiendo vuestra protesta, vuestro trabajo es duro, nos garantizáis la subsistencia y protegéis el medio ambiente", aseguró este lunes el ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, apóstol de la austeridad, ante los miles de agricultores que le abucheaban y gritaban de todo ante la Puerta de Brandeburgo. "Les escucho. Pero no puedo prometerles más ayudas estatales del presupuesto", añadió, luchando por hacerse oír ante los 30.000 concentrados, bajo temperaturas gélidas y luchando contra un resfriado.
El grito más persistente era el de "Hau ab" ("esfúmate"), entre un panorama de pancartas hostiles contra el Gobierno. Todo intento por calmar los ánimos estaba condenado al fracaso, puesto que las posiciones confrontadas eran conocidas: el campo exige el mantenimiento de las ayudas al diésel agrario y otros beneficios fiscales, mientras que Lindner insistía en que está obligado a recortar en muchos ámbitos, sea en prestaciones a refugiados o en la ayuda social.
La concentración ante el emblemático monumento berlinés fue el último acto de una semana de protestas, en que miles de tractoristas bloquearon las carreteras de norte a sur del país. En ocasiones anteriores el 'invitado' abucheado fue el ministro de Agricultura, el verde Cem Özdemir. En la jornada final se reservó el papel a Lindner, quien en la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz representa la austeridad y la defensa del freno a la deuda.
La necesidad de recortar 17.000 millones de euros de los presupuestos de 2024, origen de las protestas, procede de una sentencia del Tribunal Constitucional que bloqueó 60.000 millones de euros por atentar contra el freno a la deuda. A ella se aferra Lindner, líder del Partido Liberal (FDP). Socialdemócratas y verdes apuestan por reformar ese instrumento, mientras crece la crispación en la calle y la ultraderecha busca sacar partido de ese descontento.
"Nos estáis condenando a ahorrar hasta la muerte del campo", había denunciado la líder de la Asociación de Jóvenes Campesinos Theresa Schmid, mientras Lindner esperaba su turno para hablar. Tanto Schmid como el presidente de la mayor organización del sector, la Federación Alemana de Agricultores, Joachim Rukwied, apelaron a los congregados a dejar hablar al ministro. Al fin y al cabo, había acudido a una cita donde estaba claro que se le esperaba con las uñas fuera. Pero a Lindner se le abucheó por igual cuando trató de ganarse la empatía que cuando defendió las medidas adoptadas para recortar gasto.
Presión de la calle y recesión

Las protestas del campo han complicado la movilidad de millones de ciudadanos alemanes durante una semana y acentuado las críticas al canciller Scholz, al que se acusa de falta de liderazgo. Todo eso ocurre en un momento de preocupación en el conjunto de la zona euro por la recesión de la primera economía de la Unión Europea (UE). En 2023 hubo una contracción del 0,3 % del producto interior bruto (PIB) --mínimamente por debajo del hasta ahora estimado, un 0,4 %--, según confirmaron este lunes las cifras oficiales del departamento federal de Estadística (Destatis). La contracción se debe principalmente a los costes de la energía, la caída del consumo por la inflación --que finalmente fue del 3,7 %-- y sobre todo por el parón en la demanda externa. La incidencia de la agricultura es mínima en el PIB, ya que Alemania es un país esencialmente industrial. Pero el campo da empleo, directa o indirectamente, a uno de cada diez trabajadores del país. Sus protestas contra la supresión gradual de unas subvenciones implantadas hace décadas presionan sobre una coalición bajo mínimos. La oposición conservadora ocupa la primera posición en intención de voto, seguida de la ultraderecha. La situación es aún más alarmante en el este de Alemania --una mitad del país poco industrializada y esencialmente agraria--, donde la derecha radical de Alternativa para Alemania (AfD) podría erigirse en primera fuerza en las elecciones regionales que tendrán lugar en septiembre.
El propio presidente del país, Frank-Walter Steinmeier --originario de las filas socialdemócratas de Scholz, aunque dejó en suspenso su militancia por la neutralidad política inherente a su cargo-- apremió al canciller estos días a atender las preocupaciones del campo. Coincidiendo con esa última jornada de protestas se convocó a los representantes del gremio de los agricultores a una reunión con los líderes del Partido Socialdemócrata (SPD), Verdes y Partido Liberal (FDP).





























domingo, 14 de enero de 2024

Sopa caliente y sol gélido

La protestas agitan Alemania en un año de turbulencias

Gemma Casadevall

“Los recortes en las ayudas al diésel agrícola son la gota que colmó el vaso de nuestra paciencia”, explica Sven Laske, agricultor de 35 años de Brandeburgo, el “land” que envuelve Berlín. Forma parte de un corrillo de unos veinte compañeros arremolinados junto a una hoguera, a unos 200 metros de la emblemática Puerta de Brandeburgo. Unos toman una sopa humeante recién cocinada en el hornillo de un camión, otros apuran el quinto café, alguno desafía el frío –7 grados bajo cero, a punto de llegar al mediodía- con una cerveza. Destaca en el corrillo un grupo de trabajadores de una empresa de limpieza de carreteras -Retec- enfundados en su mono amarillo. “No somos como los chalecos amarillos franceses. No tenemos infiltrados, no es una protesta politizada”, sostiene uno de ellos.



Un grupo de agricultores se calienta frente a la puerta de Brandeburgo / GEMMA CASADEVALL

Laske llegó con su tractor al centro de Berlín el pasado lunes. Ahí sigue aparcado junto con otra cincuentena de vehículos industriales. Está determinado a mantener esa posición hasta el próximo lunes. Ese día deberá confluir en la capital la gran revuelta de los tractoristas: miles de vehículos procedentes de todo el país, que en los días precedentes han reflejado ya la rabia del campo por toda Alemania, de norte a sur y de este a oeste. A los agricultores de medianas o pequeñas explotaciones se les habrán añadido transportistas, empresas de limpieza y otros sectores hermanados.

La presencia ultra

“Es injusto relacionar las protestas del campo con la ultraderecha. Haya o no elementos ultraderechistas en nuestras concentraciones”, apunta el presidente de la Asociación de Agricultores de Brandeburgo, Henrik Wendorff, desde la televisión pública regional RBB. La presencia de tales infiltrados se ha plasmado en sucesivas marchas tanto en el 'land'vecino a la capital como en los de Sajonia o Turingia. Son estados federados del este alemán, donde la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) podría erigirse en primera fuerza en los comicios regionales convocados para el próximo septiembre.



“La ultraderecha tiene un olfato muy fino para pescar electorado entre los descontentos. Así fue con la llegada de refugiados de sucesivas crisis migratorias o cuando capitalizó el descontento de los antivacunas, durante la pandemia. Ahora llegó el turno al campo”, explica el politólogo berlinés Hajo Funke. Este profesor emérito de la Universidad Libre de Berlín, autor de varios libros sobre la ultraderecha alemana, lleva años alertando de su peligro para la vida democrática y de su enorme capacidad conspiradora. La AfD es, a escala nacional, el segundo partido en intención de voto, solo aventajado por la oposición conservadora integrada por la Unión Cristianodemócrata y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU). Durante décadas, el voto del campo fue prioritariamente hacia estas grandes formaciones conservadoras. Ahora la AfD busca nuevo electorado entre el descontento agrícola.

Las infiltraciones radicales no proceden solo de ese partido, único del espectro ultra con representación parlamentario. Ahí están también formaciones marginales, como la llamada Tercera Vía, movimientos identitarios o, en el caso de Sajonia, los Freie Sachsen -Sajones Libres-. Se mezclan en las marchas con pancartas transmisoras de mensajes de odio o llamando a mandar a la horca a sus dos principales “enemigos”: el ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, y el de Agricultura, Cem Özdemir, ambos de los Verdes.

Habeck, con rango de vicecanciller en la coalición de Olaf Scholz, vivió un conato de asalto por varios centenares de “agricultores” que pretendían irrumpir en el ferrry que le transportaba a Berlín, tras sus vacaciones navideñas en casa. Özdemir, quien muestra incansablemente su comprensión hacia las protestas del campo, ha sufrido implacables abucheos cada vez que habla ante concentraciones de tractoristas, algo que hace casi a diario. Se ha ganado al menos el respeto de los gremios de los agricultores con su coraje.

Es un político que conoce el acoso implacable ultra desde que, en 1994, se convirtió en el primer diputado de origen turco del Bundestag (Parlamento federal). Las pancartas con dibujos de Özdemir ahorcado salpican los marchas de los tractoristas. Son proclamas parecidas a las que se vieron en Dresde, capital de Sajonia y cuna del movimiento islamófobo Pegida, durante la crisis migratoria de 2015. En esos tiempos la horca se aplicaba a la entonces canciller, la conservadora Angela Merkel; ahora se dirige a los verdes Habeck y Özdemir o al líder de la coalición, el socialdemócrata Olaf Scholz. Dos años después de las grandes movilizaciones de Pegida, en las generales de 2017, la AfD logró por primera vez en su historia escaños en el Bundestag.
Las legítimas protestas del campo

No hay organización gremial del campo alemán, sea a escala nacional o regional, que no se haya distanciado de los infiltrados ultras. El presidente de la Federación Alemana de Agricultores, Joachim Ruckwied, insiste en la legitimidad de sus reclamaciones y también en que no cederán en sus protestas, se mezclen o no en ellas esos infiltrados. “Es especialmente triste para nosotros ver esa instrumentalización ultra”, afirma Laske, el tractorista brandeburgués plantado en Berlín, a la espera de la gran marcha del próximo lunes. La suya es una pequeña explotación agrícola ecológica. Fue votante verde, afirma, que no sabe a quien dirigirá su voto futuro. Descarta, sin embargo, a la AfD. “No es una alternativa, aunque ese es el nombre que se puso”.

El detonante de la revuelta es el recorte en los beneficios fiscales y la subvención al diésel agrícola, aprobado al cerrar el año pasado por el gobierno de Scholz. Fue una de las medidas de austeridad decididas de pronto, precipitadas por una sentencia del Tribunal Constitucional que bloqueó un fondo de 60.000 millones de euros. Hubo que recortar muchas partidas de los presupuestos de 2024 -aún no aprobados-, entre ellas subvenciones implantadas hace más de medio siglo. La del diésel entraba en las ayudas calificadas de dañinas desde el punto de vista medioambiental y que, por tanto, deben ser sustituidas a medio o largo plazo.

Al anuncio del equipo de Scholz respondió el campo con una primera movilización masiva de tractoristas sobre Berlín, aún en diciembre. El canciller rectificó y dejó los recortes en la mitad de lo previsto -aunque mantiene el objetivo de su supresión gradual para 2026-.

La supuesta gota que rebosó el vaso supone, según cálculos de la primera cadena de la televisión alemana, ARD, una pérdida media de 1.780 euros anuales para el total de 263.500 explotaciones agrarias existentes en toda Alemania. Una cantidad aparentemente moderada, que supone un 6 % de los apoyos agrícolas, entre los procedentes de fondos europeos y del Estado alemán. Pero que transformó en rabia el malestar persistente de un sector del que dependen un millón de trabajadores en el país -ampliables a 4,4 millones, si al propiamente agrícola se suma el sector alimentario, lo que supone uno de cada diez trabajadores del país.

El campo ha perdido en 25 años una cuarta parte de sus explotaciones. Está quejado por múltiples y crecientes incertidumbres, incluidas las climáticas, vistos los estragos derivados de devastadoras inundaciones y otras catástrofes naturales que, según las alertas de expertos y organismos globales, no van a ceder, sino a multiplicarse. El sector agrícola no es el gran motor económico de Alemania, país eminentemente industrial.

Pero en tiempos de inflación -sobre el 6 % en 2023-, de contracción económica -una recesión estimada en el 0,4 % del PIB- y con la ultraderecha empujando, su revuelta es todo lo contrario a lo que Scholz necesita para recuperar el terreno perdido. Las previsiones son de más estancamiento o de recuperación más lenta de lo deseable: un crecimiento del 1,3 % es lo que preveía el equipo de gobierno para 2024. Las devastadoras inundaciones registradas a finales de diciembre en el norte y centro alemán, más el parón provocado por la confluencia estos días de una nueva huelga nacional de ferrocarriles -la tercera en pocos meses- y la revuelta agrícola hacen temer una revisión a la baja.
Todos contra el semáforo de Scholz

Son muchas las consignas alusivas a la “muerte del campo” que exhiben los tractoristas alemanes en sus marchas o bloqueos de carreteras, en todo el territorio de la primera economía de la zona euro. Pero su rabia se ceba especialmente en la palabra “Ampel” -semáforo, en alemán. Es el término que se aplica al tripartito del canciller Olaf Scholz entre socialdemócratas, verdes y liberales. Sigue el modelo alemán de identificar cada partido con un color -rojo, para la socialdemocracia de Scholz, verde para los ecologistas y amarillo para los liberales.

El semáforo está en rojo fulminante para el canciller, al que los sondeos atribuyen un 15 % en intención de voto a escala nacional. Le superan la oposición conservadora, en primer lugar, o la ultraderecha, en segunda posición, y le disputan el tercer puesto los Verdes, pese a que también cayeron a mínimos. El tercer socio, los liberales, están en la cuerda floja del 5 %, mínimo para obtener escaños.

Lo que a escala nacional apunta a una notable debilidad se convierte en niveles misérrimos para las regionales que tendrán lugar en el este del país el próximo otoño: el partido de Scholz podría caer al 5 % o incluso al 3 % en el “Land” de Sajonia.

Que a sucesivas coaliciones de gobierno se les vaticine la ruptura inminente es casi un clásico en Alemania, aunque pocas veces se produzca el cataclismo. Lo mismo ocurre con el término “Dämmerung” -crepúsculo- que se aplicó a Angela Merkel en cada crisis de coalición que sufrió, para acabar retirándose invicta tras 16 años en el poder. Pero esta vez son muchos y persistentes los temporales que azotan a la alianza de Scholz.

El detonante de su hasta ahora peor crisis fue la reciente sentencia del Tribunal Constitucional, en respuesta a la demanda elevada por la oposición conservadora. El argumento opositor era que el gobierno de Scholz se había saltado el freno a la deuda al dotar con lo sobrante de un fondo articulado contra la pandemia a un paquete destinado a la transición energética verde. El Constitucional respaldó la demanda opositora: el freno a la deuda solo puede suspenderse ante emergencias; lo sobrante de una situación “especial” no es trasladable automáticamente a otras necesidades.

Scholz podría haber tratado de argumentar que el freno a la deuda es obsoleto o que lastra la recuperación tras la crisis energética precipitada por la invasión rusa de Ucrania. Tanto su Partido Socialdemócrata (SPD) como los Verdes claman por reformar o enterrar ese instrumento, según el cual el endeudamiento no puede superar el 0,35 % del PIB. Pero cedió al imperativo de la austeridad y la contención del gasto público, una señal de identidad de su socio liberal, entre cuyas filas se ha generado una fuerte corriente partidaria de abandonar la coalición.

Scholz quiso zanjar la crisis de coalición con el compromiso de que en 2024, tras cuatro años de suspensiones, se respetará el freno a la deuda. Pero la revuelta del campo ha reactivado entre los socialdemócratas las voces que reclaman su “reforma” -término eufemístico para su abolición-. No son voces aisladas, sino que las sustentan líderes de regiones de fuerte arraigo agrícola. Entre ellos, la primera ministra de Mecklenburgo-Antepomerania, Manuela Schwesig, en el este, y su colega de Baja Sajonia, Stephan Weil, en el centro. No son presiones procedentes del enemigo ultraderechista o del rival conservador. Es fuego amigo, como lo fue una resolución del último congreso socialdemócrata, celebrado el pasado diciembre, que reclamaba suspensión del freno a la deuda a la que se aferra, a escala alemana como europea, el socio liberal.

miércoles, 10 de enero de 2024

Dos tazas

La huelga de los ferroviarios colapsa una Alemania crispada



Gemma Casadevall

Los maquinistas de la red de ferrocarriles alemanes --Deutsche Bahn, DB-- han iniciado una huelga nacional de tres días que, además de paralizar el tráfico ferroviario, acrecienta la crispación precipitada por la campaña de protestas de los agricultores. Las estaciones de tren aparecían este miércoles vacías y con un servicio mínimo --solo circularon uno de cada cinco ferrocarriles--, tanto para los de largo recorrido como regionales o cercanías. Es la tercera campaña de huelgas lanzada por el sindicato de los maquinistas, GDL, que representa a unos 10.000 afiliados y que ya en diciembre y noviembre pasados pararon durante varios días.

La dirección del GDL considera una "provocación" la última oferta de la patronal y ha convertido en su caballo de batalla la demanda de una reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales, sin recortes de salario, frente a las 38 actuales. Es la reivindicación principal del líder sindical, el mediático Klaus Weselsky, que ha logrado para su convocatoria un respaldo del 97% de los afiliados consultados. Es un colectivo minoritario dentro de la plantilla de los 221.000 empleados de la DB en Alemania, pero que hace valer la posición de fuerza propia de los maquinistas.

Los anteriores parones ferroviarios fueron asumidos con resignación por los ciudadanos, a los que la Deutsche Bahn ofrece el reembolso íntegro de los billetes adquiridos o el cambio sin costes para otra jornada. Pero la actual huelga coincide con los bloqueos de los tractoristas iniciados el pasado lunes, extendida por toda Alemania y que se prolongará previsiblemente hasta el próximo lunes. La confluencia de la huelga ferroviaria y del campo ha generado incidentes entre huelguistas y conductores que han tratado de romper los bloqueos.

La revuelta del campo alemán

El campo alemán inició sus movilizaciones el pasado diciembre, tras anunciar el Gobierno de Olaf Scholz el recorte en las subvenciones al diésel agrícola. Es una de las medidas decididas al cierre de 2023 por su tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales. El detonante era una sentencia del Tribunal Constitucional que bloqueó 60.000 millones de euros por considerar que vulneraban el freno a la deuda. Scholz se ha comprometido a respetar ese instrumento, presionado por sus socios liberales, para lo que serán necesarios recortes en sucesivos departamentos y especialmente en Protección del Clima. El campo alemán advierte que la supresión de beneficios fiscales a su actividad pone en peligro su subsistencia.

A las primeras movilizaciones de los tractoristas respondió Scholz rectificando algunas de las medidas anunciadas. Pero el campo pide más apoyo. En sus marchas se han mezclado formaciones de ultraderecha, ansiosas de capitalizar todo voto de protesta contra la coalición de Scholz, que se encuentra en caída libre en los sondeos. Ha habido amagos de escraches y abucheos masivos contra el ministro de Economía, Robert Habeck, y el de Agricultura, Cem Özdemir, ambos de los Verdes. El presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, ha advertido contra la creciente agresividad que se respira en las protestas y de los mensajes de odio incluidos en sus consignas. Las organizaciones de agricultores se han distanciado de los radicales que se mezclan en sus concentraciones, pero insistido en que defenderá sus intereses con o sin la presencia de esos infiltrados.

lunes, 8 de enero de 2024

El otro voto de protesta



Alianza Sahra Wagenknecht, el nuevo partido de la izquierda alemana que sacude el tablero político





Sahra Wagenknecht, durante la rueda de prensa en la que ha presentado su nuevo partido, este lunes en Berlín. /JOHN MACDOUGALL / AFP


Gemma Casadevall


Berlín 08 de enero del 2024. 17:31

Que un partido adopte como denominación el nombre de su líder --Sahra Wagenknecht-- es indicativo del grado de personalismo que lo genera. La exlíder del ala comunista dentro de La Izquierda alemana presentó este lunes la llamada Alianza Sahra Wagenknecht por la Sensatez y la Justicia (o BSW, por sus siglas en alemán), envuelta en un notable revuelo mediático y arropada por un economista independiente --el empresario iraní-alemán Shervin Haghsheno--, la exjefa del grupo parlamentario de La Izquierda, Amira Mohamed Ali, y el exalcalde socialdemócrata del populoso Düsseldorf, Thomas Geisel. "Nuestro programa no incorporará cuestiones como el lenguaje inclusivo de género u otras consignas dichas izquierdistas. A muchos ciudadanos eso no les dice nada", afirmó Wagenknecht. Su formación busca un electorado transversal, aunque se identifica como "izquierdista, entendiendo el término como la defensa de la justicia social", añadió.

"Hay que actuar contra la inmigración incontrolada", apuntó por su parte Geisel, quien ha abandonado la socialdemocracia para unirse al BSW como candidato para las elecciones al Parlamento Europeo, su primera prueba ante las urnas. "No se trata de abolir el derecho de asilo, sino de ceñirlo a quienes necesitan protección porque son perseguidos", matizó Wagenknecht.
Espectro electoral

Desde que la jefa de la BSW abandonó el grupo parlamentario de La Izquierda junto con otros ocho diputados, a finales del año pasado, los analistas políticos tratan de evaluar el espectro electoral que puede alcanzar. Wagenknecht lideró durante décadas el ala comunista de la Izquierda, partido surgido de la fusión entre el postcomunismo del este de Alemania y una escisión del Partido Socialdemócrata (SPD) comandada por Oskar Lafontaine, con quien se casó en 2015. Pero sus posicionamientos migratorios y la mano dura frente al asilo la acercan a los planteamientos de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

Zarpazo a la AfD y estocada a La Izquierda

Los analistas consideran que el BSW puede reclutar electorado que actualmente da su voto a la derecha radical. Y también que el nuevo partido podría dar la estocada final a La Izquierda, partido que en los comicios generales de 2021 quedó en el 4,9%, por debajo del 5% mínimo para obtener escaños, aunque finalmente obtuvo grupo parlamentario gracias a varias victorias en sus bastiones del este.

"Se dice que somos una amenaza para la democracia, pero la verdadera amenaza es un gobierno como el actual", afirmó Wagenknecht, en alusión al tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz. Ni esas formaciones ni la oposición conservadora dan respuestas "sensatas" a la Alemania en recesión, que además se ha convertido en el "primer suministrador de armas de Ucrania", recordó la líder de la BSW, considerada más cercana a Moscú que a Kiev. Su recién nacido partido tiene asegurada cierta base financiera --1,5 millones de euros procedentes de donativos-- y busca nueva militancia, pero rehusará una "transferencia automática" de afiliados procedentes de la AfD, aseguró, aunque sin precisar cómo se materializará ese filtro.

Crispación política y radicalización de las protestas

El nuevo partido de Wagenknecht puede sacudir el tablero político alemán. La AfD es la segunda formación en intención de voto a escala nacional, con perspectivas de erigirse en primera fuerza en los tres estados del este donde el próximo septiembre se celebrarán comicios regionales. Su aparición se produce en un momento de debilidad económica en Alemania y recortes presupuestarios, precipitados por la austeridad defendida por los socios liberales de Scholz. Este lunes fue la primera jornada en la serie de movilizaciones masivas del campo alemán contra los recortes a las subvenciones al diésel que, según los agricultores, ponen en peligro su actividad. Toda esta semana se sucederán las protestas por todo el país, mientras que el lunes de la siguiente se espera que confluya en Berlín una gran concentración de tractoristas.

La crispación del campo va en aumento, lo que se ha traducido en conatos violentos atribuidos a ultraderechistas infiltrados. Hubo incluso un escrache al ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, cuando varios centenares de manifestantes trataron de asaltar el ferry en que viajaba tras pasar la Navidad en el norte de Alemania. El gremio de agricultores se distanció de inmediato de esas formas de protesta. Pero dejaron claro que seguirán con sus movilizaciones contra los recortes.




lunes, 18 de diciembre de 2023

Tractorada navideña

El campo alemán se levanta contra la austeridad de Scholz



Tractores frente a la puerta de Brandenburgo, este lunes en Berlín. /FILIP SINGER / EFE

Gemma Casadevall

Miles de tractores llegados de toda Alemania colapsaron este lunes el centro de Berlín, en una primera protesta masiva contra los recortes aprobados por la coalición de Olaf Scholz para resolver su crisis presupuestaria. Las protestas del campo alemán se concentran en la eliminación de los subsidios al diésel agrícola, uno de los puntos acordados por el tripartito ante el bloqueo de 60.000 millones de euros derivado de una sentencia del Tribunal Constitucional (TC).

Los tractoristas desfilaron en distintas columnas por todo el centro urbano, incluido el distrito gubernamental y las inmediaciones de la emblemática Puerta de Brandeburgo. Llevaban pancartas con lemas como "Estamos hartos", "No juguéis con nuestra existencia" y "Estáis matando el campo".

La medida adoptada por el tripartito integrado por socialdemócratas, verdes y liberales atenta contra la existencia de grandes y pequeñas explotaciones, según los concentrados. Ante la concentración de los tractoristas habló el ministro de Agricultura, el ecologista Cem Özdemir, quien ha expresado su propio rechazo a la eliminación de esos subsidios.

El ministro tuvo que hacer frente a fuertes abucheos, pero también algunos aplausos en reconocimiento a su coraje por, al menos, salir a dar la cara ante el gremio afectado. "Ni estoy ni estuve nunca de acuerdo con estos recortes. El Gobierno conoce mi opinión y trabajaré para que sus efectos en el sector sean mínimos", afirmó.


Protesta de tractores en la calle 17 Junio de Berlín, este lunes. /FILIP SINGER / EFE

Sentencia del Constitucional

Tras cuatro semanas de fuertes tensiones, la coalición de Scholz anunció la semana pasada un acuerdo para resolver la crisis presupuestaria precipitada por la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sin generar nueva deuda. El canciller advirtió que serían precisos algunos recortes, pero garantizó que no afectarían los grandes proyectos medioambientales y que se limitarían a subvenciones a "climáticamente dañinas".

El origen del problema es la sentencia del TC, que declaró anticonstitucional el desvío de un fondo inicialmente creado para paliar los efectos de la pandemia a otros destinos. Esta operación vulneraba los principios del freno a la deuda, un instrumento que limita el endeudamiento a un 0,35% del PIB, salvo en situaciones excepcionales, como fue la pandemia. El propósito del Gobierno de Scholz era destinar 60.000 millones de euros en créditos no utilizados en su momento para el Fondo de Renovación Tecnológica y Climática, lo que el TC estimó que vulneraba ese principio.

Mientras socialdemócratas y verdes apuntaban a suspender o reformar el techo a la deuda, los socios liberales --el partido del ministro de Finanzas, Christian Lindner-- insisten en que dicho instrumento es intocable.

La línea de austeridad impuesta por el departamento de Lindner ha implicado tener que reformular los presupuestos de 2024, con un ahorro de 17.000 millones de euros, así como aprobar un presupuesto adicional para este 2023. Scholz ha garantizado que, salvo emergencias derivadas del discurrir de la guerra de Ucrania, el próximo año se respetará con ello el freno a la deuda.

Junto a los subsidios al diésel se han eliminado con efectos inmediatos las subvenciones a la compra de automóviles eléctricos con las que se pretendía favorecer la transición ecológica del parque automovilístico.

Los Verdes son, por el momento, los socios del tripartito que resultarán más afectados por la línea de austeridad. Los recortes afectan principalmente al Ministerio de Economía y Protección del Clima, que dirige el verde Robert Habeck, con rango de vicecanciller en la coalición de Scholz. Sin embargo, el propio Habeck ha advertido que no puede volver a tocarse lo acordado, puesto que fue muy dificultoso llegar a esos consensos.