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sábado, 3 de junio de 2023

Am Kanal, con los pies colgando


Berlín, dominio del botellón acuático

Marina Ferrer

 

Las cuentas salen: un bote neumático de los más sencillitos cuesta 49,99 euros en un discount --Aldi o Lidl, por ejemplo--. Menos si se busca en Amazon o E-Bay. O hasta gratis, si se recupera el que quedó olvidado en el desván o sótano. Un par de cervezas por cabeza, un mínimo equipo musical o la del móvil y alta permisividad en cuanto al concepto de pícnic o fiesta espontánea. El resultado es una modalidad de “Partymeile” –Milla festiva—, cuyo epicentro está en el Admiralsbrücke, el puente más “botellero” de Berlín. Construido en 1880, es el más antiguo de los de ese canal berlinés. Desde hace unos años está presente en todas las guías sobre los lugares de interés teóricamente secretos de la capital alemana. Se afirmó durante la pandemia como espacio libre, en un país donde cerraron a cal y canto los bares, pero no hubo confinamiento estricto. La covid pasó, pero el concepto de diversión “low cost” al aire libre llegó para quedarse. No solo en torno al Admiralsbrücke, sino en cualquier parque, jardín, lago u orilla de un canal de la capital alemana.

En cuanto el termómetro marca los 20 grados y hasta que vuelvan las lluvias otoñales, el tramo del Landwehrkanal desde la altura del Urbankrankenhaus –un hospital público- hasta que regresa al río Spree es dominio del botellón acuático. Sentados sobre el muello o en botes neumáticos, canoas de cualquier categoría y condición; reciclados, recién adquiridos o alquilados. Cualquier cosa que flote sirve. La fiesta se reparte entre los aproximadamente tres quilómetros y medio del total de once que tiene ese canal. La milla festiva cruza Kreuzberg y Neükolln, para morir en Treptow. Es decir, dos de los barrios de la capital con reputación de festivos, noctámbulos, caóticos y también sucios, más el inicio del tercero, en el antiguo sector comunista.

No hay atardecer más hermoso en Berlín que el que verás desde el Admiralbrücke”, afirma Jacques, sentado en el café que lleva ese mismo nombre. No importa que alguna vez haya caído al agua uno de los músicos espontáneos que tocan sobre el puente –”creo que nadie se ahogó nunca ahí”, le parece recordar--. Tampoco que los vecinos libren su lucha desigual para tratar de que, al menos, a partir de las 22.00 circulen patrullas policiales para evitar jolgorios extremos. Parte del vecindario tradicional abandonó de por sí la zona, víctima de la gentrificación. Y algo de vigilancia policial sí hay, concede Jacques -que acaba confesando que no se llama como el café, ni tampoco es su propietario.

La presencia de decenas de botes neumáticos, incluso fiestas espontáneas o concertadas tampoco parece un problema. Algunos inflan su barca en la orilla, otros la bajan en volandas o la traen en el remolque de la bicicleta. La vida parece fácil en el Landwehrkanal.

El botellón acuático está profusamente flanqueado por las fiestas igualmente espontáneas en los márgenes. Grupos de danza africana se mezclan con otros de salsa,  techno, “Abba” o música disco. Inclusive en la pradera del hospital. Lo único que no se escucha son “Schlager”, música ligera alemana identificada con generaciones anteriores, que solo pervive en la programación de las cadenas nacionales ARD y ZDF a horarios para público “senior”.

¿Basura? Sí, claro. Toneladas. Huele mal. Y peor olerá cuando empiece el calor en serio. Pero de eso deberían ocuparse las autoridades”, explica Jahn, de la asociación de vecinos del Graefer-Kiez, como se denomina esa parte del barrio junto al Admiralbrücke. La culpa de la basura acumulada no son los centenares de botellas que quedan abandonadas al atardecer sino la inexistencia de papeleras o contenedores que no estén rotos o a rebosar de restos de comida o bebida, opina.

Kreuzberg y Neükölln se llevan la palma en cuanto a distritos malholientes de Berlín, una capital que de por sí tiene fama de sucia. Son dos distritos multiétnicos, con todo el encanto y problemas que ello supone. La cuestión de la suciedad ocupa a los políticos solo durante las campañas electorales, lamenta Jahn. Así fue en los veinte años en que la alcaldía de Berlín estuvo liderada por socialdemócratas, en distintas coaliciones; nada apunta a que vaya a cambiar con el actual alcalde conservador, Kai Wegner. “Wegner vive en Spandau”, recuerda Jahn, en alusión al barrio de ese político, a 14 kilómetros de Kreuzberg.




Dejarse mecer entre el caos, la música, el alcohol y el sol, en cuanto asoma. O despotricar y considerarlo insalubre. La respuesta al dilema está clara tanto para quienes disfrutan de la “Partymeile” como para los que nunca se acercarían a ella.

El verano anterior hubo un intento de prohibir el consumo de alcohol en horas nocturnas en dos parques del céntrico Mitte berlinés. Pero un juzgado berlinés tumbó la prohibición que vulneraba el derecho al ocio libre y gratuito. “En tiempos de inflación y gentrificación, no se corresponde expulsar a los jóvenes del parque”, estimó la justicia.

El verano alemán es corto. Quien tiene un auto descapotable, abre su “cabrio” en cuanto asoma el sol. Quien tiene un bote neumático, lo luce por el canal mientras el resto de congregados en el Landwehkanal bailan, beben o se comen un pizza con los pies colgando desde el muelle.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Guggenheim??? Néee, Danke!

Gemma Casadevall

Berlín, 28 mar (EFE).- La Fundación Guggenheim de Nueva York no acaba de recalar en Berlín donde, además de estar a punto de cerrar el museo abierto en 1997, tropieza con la oposición ciudadana para exponer su laboratorio de ideas "BMW Guggenheim Lab".
Un total de 17 iniciativas cívicas se han unido para hacer frente común contra lo que consideran una "escenificación anómala" con el mero objetivo de actuar como "pantalla publicitaria" para el consorcio automotriz BMW y la poderosa fundación neoyorquina.

Auf dieser Brachfläche in Berlin-Kreuzberg war das Guggenheim-Projekt geplant (Quelle: dpa)

La plataforma, presente en internet como "Leute am Teute" (Gente de la Teutoburger Platz), pretende que Guggenheim desista de llevar su laboratorio al Prenzlauer Berg, el barrio de la modernidad berlinesa, después de que ya renunciara a hacerlo en el multiétnico de Kreuzberg.
El mero anuncio de que el laboratorio se proponía ir a Kreuzberg, escenario usual de batallas campales durante el llamado Primero de Mayo Revolucionario, desencadenó la semana pasada los primeros escarceos entre policía y opositores al proyecto.
Por el barrio empezaron a verse panfletos y carteles con la frase "BMW? Neeee..." -traducible por "¿BMW? Noooo..."-, junto a imágenes de coches de alta gama ardiendo, características de los disturbios del barrio en las fechas "revolucionarias".
La fundación Guggenheim se apresuró a buscar una alternativa más tranquila y recaló en Prenzlauer Berg, barrio del antiguo sector este convertido tras la reunificación en bastión de la bohemia-chic.
El alcalde-gobernador de Berlín, el socialdemócrata Klaus Wowereit, trata por todos los medios de salvar para la capital alemana un proyecto considerado un "objeto de prestigio", además de un imán turístico, en aquiescencia con las autoridades del distrito.
La ciudadanía lo ve distinto, muy en la tradición berlinesa de oponerse a todo o casi todo que suene a imposición, también en el terreno cultural, o a producto patrocinado por el gran capital.
Las negociaciones entre las autoridades de Prenzlauer Berg y la fundación no están cerradas y el alcalde berlinés trata de mediar en el asunto combinando el respaldo tácito a las autoridades del distrito con un intercambio de cartas a Nueva York, garantizando su total apoyo.
Para Wowereit, una renuncia de los Guggenheim a trasladar su laboratorio a Berlín sería un segundo lamparón relacionado con la prestigiosa fundación y la capital alemana.
El museo Guggenheim de Berlín, uno de los seis de la fundación con ese apellido en Nueva York, Bilbao, Venecia y en el futuro Abu Dabi y quizás Helsinki, anunció en enero su cierre para finales de este año, de común acuerdo con el Deutsche Bank, su socio en la capital alemana.
Berlín perderá así uno de los referentes de su oferta artística, instalado desde 1997 en la céntrica Unter den Linden, la avenida que discurre desde la Puerta de Brandeburgo a la Alexanderplatz, que desde su apertura han visitado 1,8 millones de personas.
El cierre fue decidido por la fundación y el Deutsche Bank, el primer banco de Alemania, al vencer el contrato entre ambos socios.
Para Wowereit, el paso por Berlín del "BMW Guggenheim Lab" era algo así como un regalo de consolación previo a la despedida.
El "Lab" de Guggenheim es un proyecto co-financiado por BMW, concebido como foro de diálogo entre artistas, arquitectos, diseñadores e ingenieros, que se estrenó el año pasado en Nueva York y que discurrirá por nueve capitales en los próximos seis años.
Berlín fue elegida como segunda estación para el proyecto, para el periodo de mayo a junio próximo, a lo que seguirá Bombay (India).
La Cámara del Comercio y la Industria Alemana (IHK) hizo causa común con Guggenheim y BMW, advirtiendo que una retirada será una "señal fatal", disuasoria para potenciales inversores en Berlín.
Prenzlauer Berg es más tranquilo que Kreuzberg y el lugar sugerido como alternativa, un centro multisusos llamado Pfefferberg, es un recinto cerrado, menos asequible a la acción de alborotadores.
De fracasar también ese destino se han ofrecido ya varias opciones en barrios vecinos, como Pankow, ansioso de captar parte de la oferta chic de Prenzlauer Berg.
Los criterios de las autoridades del distrito parecen no coincidir con la ciudadanía, a tenor de la lista de firmantes de "Leute am Teute", desde asociaciones de vecinos a cafés y la organización religiosa laica "Kirche von Unten" -"Iglesia desde Abajo"-. EFE
gc-egw/jcb/me

(foto)

sábado, 2 de mayo de 2009

Otro mayo revolucionario en Kreuzberg

Violencia radical sacudió a Alemania en recesión

Gemma Casadevall

Berlín, 2 may (EFE).- Los disturbios provocados por izquierdistas y alborotadores en el Primero de Mayo Revolucionario de Berlín y Hamburgo, unidos a las batallas campales en marchas de neonazis por toda Alemania desataron la alarma en las autoridades, desbordadas por la violencia extremista de izquierda y de derecha.
Un total de 289 detenidos y 273 policías heridos -20 de gravedad- fue el resultado de la jornada sólo en el barrio berlinés de Kreuzberg, informó hoy el senador de Interior, Ehrhart Körting, según el cual los alborotadores mostraron una inusitada "disposición a la violencia" y dieron "un duro revés" a la estrategia policial.
Los antidisturbios habían desplegado un contingente de 6.000 agentes, que usaron gases lacrimógenos, cañones de agua a presión y porras cuando se entró al "cuerpo a cuerpo" y las cargas policiales.
Ello no impidió la acción devastadora de miles de alborotadores y radicales del llamado Bloque Negro o autónomos violentos que desfiló por el barrio mezclados entre los 5.000 manifestantes de izquierda.
Empezaron lanzando piedras, botellas y objetos incendiarios a los agentes, luego convirtieron en barricadas en llamas contenedores de basura y autos, destrozaron escaparates de bancos y comercios y arremetieron contra vehículos de los transportes públicos.
Los disturbios tras la multitudinaria fiesta en la calle de todos los años en ese barrio multiétnico no son una sorpresa, ya que desde 1987 cada Primero de Mayo acaba en altercados. Los vecinos levantan sus tenderetes de comidas y bebidas cuando cae la noche, turistas y berlineses se retiran o se quedan a tomar fotos y sólo los muy despistados dejan el coche aparcado ahí esa noche.
Esta vez, el balance de detenidos y heridos fue el mayor en años, los disturbios empezaron antes de lo habitual, fueron más prolongados y la policía no recuperó el control hasta la madrugada.
En Hamburgo hubo escenas parecidas, con un centenar de detenidos, hasta en el barrio de Schanzenviertel, donde al igual que en Berlín hubo ya los primeros incidentes la víspera o Noche de Walpurgis, con un total de 48 agentes con heridas leves y 57 detenidos.
Pero no es eso lo único lo que preocupa a las autoridades, sino la confluencia entre estos disturbios "rituales" y la batalla campal precedente en todo el país entre grupos antifascistas y neonazis.
Los más graves se produjeron en Ulm (Baviera), con más de 50 heridos, resultado de los encontronazos entre el millar de seguidores del ultraderechista Partido Nacional Democrático Alemán (NPD) y unos 10.000 "contramanifestantes".
Situaciones parecidas se vivieron en Berlín, al quedar la sede del NPD sitiada por miles de contramanifestantes, para impedir que hablase el presidente de la formación, Udo Voigt. Por si fuera poco, a un vecino se le ocurrió salir al balcón con el saludo hitleriano y la policía tuvo que intervenir ante el bombardeo de botellazos.
Mientras en Hannover y Maguncia (norte y oeste) unos 20.000 "contramanifestantes" expresaron pacíficamente su rechazo a la ultraderecha, la geografía alemana quedó salpicada por marchas y más marchas de neonazis, reducidas o de hasta mil manifestantes.
Lo más alarmante fue, para sindicalistas y policía, lo ocurrido en Dortmund (oeste) y otras ciudades, donde centenares de neonazis atacaron mítines de la Confederación de Sindicatos Alemanes (DGB).
La canciller germana, Angela Merkel, advirtió, en una entrevista hoy al diario "Neue Presse", contra los "anuncios" de disturbios sociales lanzados estos días y relacionados con la recesión económica.
Merkel insistió en que la economía tocará fondo este año, pero empezará a recuperarse en 2010, mientras los pronósticos del Ejecutivo apuntan a una caída histórica del 6 por ciento del PIB en 2009. El número de desempleados aumentará hasta 4,6 millones el año próximo -un millón más sobre los 3,5 millones actuales-.
Esta situación ha disparado los cálculos sobre la situación explosiva entre el mundo sindical, a los que se unió la candidata socialdemócrata a la presidencia del país, Gesine Schwan, la cual se llevó una reprimenda general -incluidas en la des sus propias filas- ante unas declaraciones tachadas de tremendistas y desafortunadas, en vísperas del Primero de Mayo
La elección del presidente del país se decidirá el 23 de mayo tras la votación de la Asamblea Federal y el favorito a la reelección es el conservador Horst Köhler. EFE
gc/sc
 

miércoles, 25 de junio de 2008

El derby en Kreuzberg


Se acabó la fiesta en el "pequeño Estambul"

Gemma Casadevall



Berlín, 25 jun (EFE).- Se acabó la fiesta en el "pequeño Estambul" de Berlín, el barrio de referencia de la populosa comunidad germano-turca en la capital de Alemania. El gol "a la turca" -en el minuto 90- de Phillip Lahm sumió a la hinchada en la desolación y la dejó sin ganas de abrazarse a la bandera de su teórica segunda identidad, la alemana.
Se acabaron las caravanas de autos a bocinazos festejando por toda la ciudad el nuevo orgullo turco. En lugar de eso, la policía se apostaba en los puntos más conflictivos del Berlín turco, dispuestos a impedir que desmanes de frustración.
El barrio entero se había preparado para el "derbi". Jóvenes turcos caldearon el ambiente previo al partido desfilando en sus descapotables ondeando enormes banderas con la media luna, las mismas con que se envolvían de pies a cabezas muchachos adoradores de Hamit Altintop, el internacional a las órdenes del Bayern Múnich.
Apenas quedaba un bar sin su pantalla, grande o pequeña, y cada local era un miniestadio. En el quiosco de "currywurst" -salchicha picante- convivían mecánicos turcos y desempleados germanos. La escena alternativa germana hacía como que no sentía los colores, lanzando risotadas ante la imagen la canciller Angela Merkel cantando el himno en el estadio -"Angie, Angie", coreaban todos-.
En la sede del Türkiyemsport -todo un clásico entre los clubes de fútbol del barrio- la hinchada turca celebraba a los suyos, con una fiesta precocinada como "de convivencia" entre las dos identidades, la de origen y la germana.
Ahí estaban sufriendo como hermanos el diputado verde germano-turco, Öczan Mutlu, y el ministro del Transporte, Wolfgang Tiefensee. La consigna era mantener el buen talante.
Mutlu se lo tomó a pecho: "Somos afortunados. Si cae Turquía, nos queda ir a la final como alemanes", decía, antes del partido.
Todo Kreuzberg vibró como un solo hombre hasta el minuto 22. "¡No puede ser verdad!", gritó un hincha alemán, al gol de Ugur Boral. "Sí, es verdad", le respondió una mujer turca, en perfecto alemán.
Cuatro minutos después Bastian Schweinsteiger devolvió el orden al mundo germano. "Türkiyem no se rinde", gritó todo el patio turco.
Fiesta de la doble identidad en el Türkiyemsport, orgullo turco en estado puro en el "Merava", para el segundo tiempo del partido. Ahí cayó el segundo gol alemán, luego la revancha inmediata de los turcos y, finalmente, la victoria germana "a la turca". Es decir, en el último minuto regular, como si los chicos de Joachim Löw hubieran aprendido la lección de la armada de Fatih Terim.
El "pequeño Estambul" cae, llora, no se lo cree, mientras se extiende cierto aire de toque de queda desde Kreuzberg al vecino barrio de Neuköln. La pirotecnia alemana cubre el cielo y la policía empieza a desplegar sus efectivos en toda la zona de Kottbusser Tor, el epicentro conflictivo.
Empieza la pesadilla policial. Las llamadas previas a la convivencia de políticos, turcos o no, escondían el miedo de quien no las tiene todas consigo.
En Berlín se concentran unos 200.000 germano-turcos, del total de 2,5 millones de ciudadanos de ese colectivo repartidos por toda Alemania. La Ku-Damm, la gran avenida del centro berlinés, acogió las anteriores explosiones de bocinazos y orgullo futbolero turco de esta Eurocopa, soportadas con resignación por el convecino alemán.
Ahora, la media luna turca del "pequeño Estambul" lloraba y plegaba banderas en Kreuzberg, mientras Neuköln seguía en silencio. EFE
gc/og

martes, 6 de noviembre de 2007

PKK contra Lobos


La guerra importada al „Petit Estambul“

Gemma C. Serra
 

A cap altre lloc d’Europa no hi conviuen tants turcs i kurds com a Berlín. 250.000 persones de totes dues ètnies viuen a la capital alemanya, entre el prop de tres milions d’habitants turcs o persones d’origen turc que hi ha a tot el país. Es tracta d’una convivència majoritàriament pacífica, com ho és la gran part d’aquesta immigració de segona o tercera generació. El que no vol dir que cada cop que hi ha un nou esclat de violència relacionat amb el Kurdistán no se’n sentin els efectes al „petit Estambul“, com s’anomena la barriada de Kreuzberg, principal aglutinant de tots dos col.lectius a Berlín.
El primers aldarulls es van produir l’últim cap de setmana d’octubre, en què durant hores i hores la poderosa policia alemanya es va veure desbordada pels enfrontaments entre uns quants centenars de manifestants turcs contra grups de kurds. Grups d’ultranacionalistes turcs van voler assaltar un centre cultural kurd, poc després d’una manifestació en protesta contra l’ofensiva que prepara Ankara al nord d’Irak. L’acció va derivar en una batalla campal entre manifestants violents, mentre la policia demanava reforços per a contenir-los.
Tots dos bàndols tenen noms i cognoms: d’un cantó, Kongra Gel, l’organització sorgida després de la prohibició a Alemanya del Partit del Treballadors del Kurdistan, el PKK, l’any 1993; de l’altra, els ultranacionalistes turcs dels „Llops Grisos“. Els serveis d’espionatge alemanys calculen que hi ha a la capital uns 1.000 seguidors de l’organització kurda, per uns 300 de la turca. Una minoria, però, amb prou capacitat de violència com per posar potes enlaire la barriada de Kreuzberg o d’altres llocs del país on també es concentra aquest col.lectiu, com ara el populós estat de Renània del Nord-Westfàlia.
Els responsables d’Interior alemany segueixen amb preocupació creixent el desenvolupament al nord d’Irak i a Ankara. El govern turc encara és a temps d’aturar la gran ofensiva que fa uns dies es perfilava, entre altres coses perquè al seu soci més important a la OTAN, EEUU, no li interessa una altra guerra a la regió. Però això no vol dir que els carrers del „Petit Estambul“ estiguin tranquils. El primer cap de setmana de guerra importada va deixar un balanç d’una dotzena de policies ferits. Res comparable, encara, amb els aldarulls i protestes viscuts el febrer del 1999, quan es va detenir el líder del PKK, Abdullah Ocalan. Aleshores, la guerra importada es va escampar per tota Europa. Ara, Berlín tem ser de nou l’apèndix europeu d’un conflicte que no s’aturarà mentre no es doni resposta a la reclamació d’aquest gran poble sense Estat que formen els kurds.

jueves, 1 de noviembre de 2007

„Kücük Istambul“, para Lonely




Desde el balconcito


 
Gemma Casadevall

La estadística afirma que Berlín es la mayor ciudad turca fuera de Turquía. Sus 150.000 turcos, más 90.000 habitantes de ascendencia turca ya nacionalizados alemanes lo atestiguan. Es el colectivo extranjero más asentado y su presencia es palpable en casi toda la capital. Desde los barrios con alto porcentaje de población inmigrante, como Neuköln o Moabit, hasta el espléndido Tiergarten, el pulmón verde de la ciudad, que se convierte en barbacoa colectiva de familias turcas en cuanto asoma el sol.
Pero si hay un barrio conocido como „kücük Istambul“, „pequeño Estambul“ es Kreuzberg: oasis alternativo en tiempos del Muro, consolidado luego como una amalgama multiétnica donde la convivencia (aún) es posible. En ningún otro lugar se respira tanto aroma del Bósforo, tanto Döner Kebab en armonía con el „Bioladen“ –tienda ecológica-, tanto bar de copas o clubs de gays compartiendo acera con mujeres turcas tapadas de la cabeza a los pies. Agencias de viajes turcs, bancos turcos y barberías turcas donde se afeita al personal como se haría en Anatolia, frente a frente con peluquerías de diseño; escaparates con trajes de novia „kitch“, del blanco al turquesa o fucsia, junto a tiendas de ropa de marca. Fachadas de finales del XVIII pobladas de parabólicas, entre medianeras de antiguas casas ocupadas plagadas de graffittis.
Es el contraste sin pretensiones, como sus habitantes. Un tercio de sus 147.000 habitantes son extranjeros, en su mayoría turcos. Una inmigración que ha imprimido al barrio su sello. No sólo por la vida anclada en las tradiciones, importada por la primera ola de inmigrantes de los 60, los desfiles de esbeltas muchachas, auténticos figurines, con el pañuelo islámico, o las pandillas de „matones“ de barrio. También hay una generación de jóvenes turco-berlineses, con una personalidad propia, a caballo entre la identidad alemana y la turca, que revitaliza el distrito con un enjambre de locales, desde panaderías a bares y clubes nocturnos. Personajes como los que refleja la multipremiada „Gegen die Wand“ –„Contra la pared“-, de Fatih Akin, rodada en un Hamburgo que bien podría ser „kücük“ Kreuzberg.
Originariamente dividido en dos distritos, el 61 y el 36, el primero es el Kreuzberg más fino, mientras que el segundo es el turco. Kreuzberg quedó fusionado hace un par de años con Friedrichshain y se redistribuyeron sus distritos. Pero, cambios administrativos al margen, para todo kreuzbergiano sigue habiendo dos Kreuzberg. La explicación arranca de las décadas en que el Muro partió la ciudad, del 1961 al 1989. El 36 quedó encorsetado entre tres barrios del sector comunista, Friedrichshain, Mitte y Treptow, con una única salida al oeste. El 61 quedó de lleno en el lado occidental. El 36 o SO36 –„Südost 36“- se convirtió en zona algo minusvalorada y de alquileres bajos. Ello atrajo a estudiantes alternativos, artistas sin recursos, visionarios y „okupas“ y también a la primera oleada de la laboriosa inmigración turca. Ahí siguen. Tanto los ex-sesentaochistas, ahora convertidos en inquilinos o hasta propietarios legales, como la inmigración.
Una calle, la Bergmannstraße, concentra la vida del Kreuzberg dicho elitista, el 61; otra, la Oranienstraße, es la arteria principal del 36. La convivencia en el Kreuzberg turco es posible, aunque un par de cifras apuntan a que no todo es armonía. Un 20 por ciento de paro, porcentaje que aumenta al 35 por ciento en la población extranjera, etiquetan al barrio de „socialmente conflictivo“. Algunos medios, como el semanario „Der Spiegel“, lo han llamado del Bronx berlinés. No hay para tanto. Kreuzberg es tranquilo, sólo hay que evitar un par de puntos. Por ejemplo, el submundo bajo la estación de metro de Kottbusser Tor, Kotti, la cara más fea y marginal del barrio.

Oranientraße, el epicentro
La mejor manera para llegar al corazón del S036 es la línea U-1 del metro, el U-Bahn. Tres estaciones elevadas, la citada de Kottbusser Tor, más las siguientes de Görlitzer Bahnhof y Schlesisches Tor, delimitan la ruta a seguir. Si se parte de Schlesisches Tor se desemboca en „Bagdad“, uno de los más populares chiringuitos de „Döner Kebab“, „Lahmacun“ o pizza turca y especialidades orientales. Si se baja en Görlitzer Bahnhof se está a un paso de „Advena“, en la Wienerstraße, uno de esos locales turcos de la modernidad, arquetipo de local para todo, donde se puede desayunar, almorzar, cenar o tomar copas. Y si se opta por Kottbusser Tor, lo mejor es ir directamente a la Oranientraße, donde el olor a curry indio se mezcla con el falafel y la „bulette“ berlinesa.
En la mezcla está el encanto de Kreuzberg, más barato además que los barrios de la modernez Prenzlauerberg, Mitte o Friedrichhain-.
Que un local sirva tapas o pizzas no significa que sea español o italiano. Detrás del mostrador puede haber un turco o un libanés, no importa. Tampoco todos los „turcos“ proceden de Turquía, puede tratarse de un iraquí. Confundir un turco con un árabe le delata a uno como ajeno al barrio.
La Oranienstraße, concretamente los alrededores del club llamado justamente „SO-36“, es el epicentro. Marca la pauta la Heinrichplatz, envuelta en cafés como „Bateau ivre“, exponente de la mezcolanza absoluta, o el mismo „SO-36“, donde se alternan las noches de público gay, los bailes de salón con los conciertos de „türk pop“. Ya casi al cabo de la calle, junto a Oranienplatz, se encuentra uno de los clubs de los germano-turcos de hoy, „Bar 39“, y para quien necesite un café-tentempié, el „Smyrna Kuruyemis“.
Si hay tiempo, es aconsejable pasarse por una de sus calles adyacentes, la Dresdenerstraße, una sucesión algo menos multitudinaria de bares turcos de toda la vida, sólo para hombres e iluminados con fosforescentes, con coctelerías como „Würgeengel“ -„El ángel exterminador“-.
Sobre todo: no olvidarse de pasar martes o viernes por el mercado al aire libre de la Maybachufer, un festival de frutas, verduras y todo tipo de productos turcos. Esta visita, seguida de un paseo por el canal que cruza el barrio, el Landwehrkanal, con sus grupos de petanquistas y gente de todo tipo saboreando el aire libre es uno de los placeres gratuitos del Kreuzberg de las maravillas.
El visitante que quiere zambullirse en el Kreuzberg más turco sin andar, tiene su tesoro en el Prinzenbad, la piscina pública al aire libre. Todo un microcosmos, más elocuente que cualquier ensayo sociológico. Entre las ocho y las once de la mañana, sus dos piscinas de 50 metros son feudo de madrugadores bañistas y fiel clientela de jubilados alemanes. A más tardar a la doce se llena a rebosar de grupos de muchachos y muchachas turcas o de sus familias enteras. Las piscinas de nadadores y la destinada al chapoteo infantil se convierten en un estrépido de chapuzones, cualquier intento de nadar un par de largos es una hazaña entre bombardeo de chicos y chicas lanzándose al agua. De nada sirve que el „Bademeister“ –vigilante- se desgañite por megafonía recordando que está prohibido. Prinzenbad está siempre al punto de desbordamiento, aunque no es tan caótico como parece. El orden, incluido el germano-turco, existe.
Y, finalmente, si alguno quiere visitar una mezquita, lo mejor es desplazarse hasta el gran templo de Columbiadamm, entre Kreuzberg y Neuköln, vecino al viejo aeropuerto de Tempelhof. El visitante es bien acogido –siempre que se sujete a las normas de comportamiento del templo musulmán-. Algo que no encontrará en las mezquitas semiescondidas en algún patio de vecinos de Neuköln, controladas por escuelas coránicas de corte fundamentalista.

Dos citas: 1 de Mayo Revolucionario y Karneval der Kulturen

La cita más identificada con Kreuzberg es el Primero de Mayo Revolucionario. Durante veinte años, ahora con menor virulencia, ha sido sinónimo de batallas campales entre izquierdistas, „autonome“, turcos con ganas de bronca o alborotadores contra recios antidisturbios. Durante todo el día, la Oranienstraße y la Mariannenplatz son una fiesta, gratis y en la calle, con escenarios múltiples donde se intercalan hip hop, salsa, grupos turcos o viejos roqueros, como los legendarios „Ton, Steine, Scherben“ desenfundando el himno revolucionario del barrio: „Macht kaputt was euch kaputt macht“ –„Romped lo que os rompe a vosotros“. Si uno se atiene a la regla de retirarse al caer la noche –y volar la primera pedrada- habrá disfrutado de lo mejor de Kreuzberg.
Absolutamente pacífica, coincidiendo con el Puente de Pentecostés, es el Karneval der Kulturen –„Carnaval de las Culturas“-, consagrado a mostrar las 180 nacionalidades que conviven en Berlín. A pleno sol o bajo la lluvia, Kreuzberg se pone a rebosar ante la caravana de tractores engalanados, grupos y desfilantes a pie. Kreuzberg, el turco o el elitista, demuestran ahí hasta qué punto son acogedores anfitriones para el millón y medio de personas que se acercan al barrio.