Mostrando entradas con la etiqueta laboral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta laboral. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de octubre de 2025

Nosotros, los jubilados


Alemania introduce la "jubilación activa" para compensar el golpe al sistema de los 'boomers'

 


El canciller alemán, Friedrich Merz, en una conferencia el pasado martes. / CLEMENS BILAN / EFE


Gemma Casadevall

Berlín15 OCT 2025 

"Es una oportunidad para prolongar voluntariamente la vida laboral más allá de la edad de jubilación", en palabras del canciller Friedrich Merz. Y "no es injusto de cara a los autónomos actuales, puesto que hablamos de personas que ya contribuyeron lo suyo al sistema de pensiones", según el portavoz del Gobierno, Stefan Kornelius.

Con estos argumentos ha aprobado en Consejo de Ministros la coalición entre conservadores y socialdemócratas de Merz la llamada "jubilación activa", una fórmula que permitirá a los jubilados seguir trabajando por cuenta ajena e ingresar hasta 2.000 euros libres de impuestos. El propósito del Ejecutivo es paliar los efectos en el mercado laboral de los 'boomers', la generación que se apresta a pasar al retiro. Un tercio de ellos se jubilará antes de alcanzar la edad regular de retirarse --67 años--. Hasta ahora, todo jubilado podía seguir laboralmente activo, como empleado o por cuenta propia. Pero entraba en la dinámica de la llamada "progresión fiscal", según al cual la suma de su pensión y de los ingresos adicionales podía restarle hasta el 40% sobre las ganancias generadas por ese trabajo.

Vida laboral eterna

Aproximadamente uno de cada cuatro jubilados se mantienen ya en Alemania laboralmente activos, al menos entre los 65 y los 70 años. En algunos casos, por motivación personal. En general, sin embargo, porque con la pensión no les alcanza. Pasaron a la historia los tiempos de los jubilados ricos alemanes de vacaciones permanentes o al sol. La realidad es que actualmente la pensión media en Alemania se situa tras 45 años cotizando al seguro de jubilación en los 1.604 euros, según cifras de 2024. Ese nivel medio baja a los 1.100 euros si se tiene en cuenta al conjunto de los 22 millones de ciudadanos retirados de Alemania.

Se estima que unos siete millones de personas pasarán a la jubilación hasta 2039. La fórmula ideada por la coalición de Merz responde a la búsqueda desesperada de su Gobierno para soluciones para el mal endémico del mercado laboral de Alemania que es la falta de personal cualificado. Pese a las cifras récord de ocupación, con más de 45 millones de ciudadanos laboralmente activos --incluidos quienes trabajan en mini-jobs, subempleos o en régimen de jornada reducida--, se calcula que hay unos 700.000 puestos de trabajo por cubrir. Esta situación lastra la ansiada reactivación de la primera economía de la UE, que arrastra ya dos años consecutivos en recesión y que, con suerte, cerrará este 2025 con estancamiento o crecimiento mínimo.

Se trata, además, de paliar la situación de unas pensiones cada vez más bajas para el ciudadano de ingresos medios o bajos. Según un estudio reciente, uno de cada cinco alemanes por encima de los 65 años está en riesto de exclusión social o pobreza. Por este concepto se entiende, según el departamento federal de Estadística, Destatis, a quienes viven con ingresos inferiores al 60% de un sueldo medio.

La jubilación activa no es la única fórmula que se baraja en Alemania como solución a las estrecheces del sistema de jubilaciones. Expertos de institutos económicos de referencia han planteado la posibilidad de que coticen en el seguro obligatorio los 1,9 millones de funcionarios del país. No están incluidos en el mismo sistema de pensiones que el resto de los ciudadanos, pero su jubilación futura se situará muy por encima de la mayoría de sus compatriotas, con unos 3.240 euros.

Sanciones en cascada

La jubilación activa ha sido aprobada ya en Consejo de Ministros y se espera que supere el trámite parlamentario para entrar en vigor el primero de enero de 2026. Pendiente de concreción está aún el paquete de sanciones para los perceptores del subsidio básico aptos para trabajar pero que esquivan las ofertas de empleo. El bloque conservador convirtió en caballo de batalla electoral la supresión de ese concepto para los desempleados crónicos capacitados para trabajar al menos unas horas al día. Son unos 5,6 millones de perceptores, la mitad de los cuales ciudadanos extranjeros y unos 750.000 de nacionalidad ucraniana.

El sistema de sanciones se activaría en cuanto un perceptor ignorase sin causa justificada una cita para presentarse a una oferta de trabajo. Inmediatamente recibirá una segunda citación, que de no atenderse supondrá un recorte de un 30% en el subsidio. A la tercera falta se le suspenderá completamente esa prestación.

La implantación de las sanciones en cascada está pactada entre los conservadores y sus socios socialdemócratas. Los detalles y regulación está aún pendiente de regulación entre los coaligados.

lunes, 10 de marzo de 2025

Volare


Una huelga paraliza el tráfico aéreo en Alemania por 24 horas, con medio millón de pasajeros en tierra



Huelga sorpresa paraliza aeropuerto Hamburgo a un día de paros en 11 aeródromos alemanes
 Gemma Casadevall, Berlín10 MAR 2025 

Más de medio millón de pasajeros afectados y el tráfico aéreo paralizado por un día en todo el país: esa era la imagen de Alemania este lunes, después de que el sindicado del sector público Verdi convocara el pasado viernes una jornada de huelgas de advertencia en once aeropuertos del país, que finalmente fueron trece al sumarse los trabajadores de seguridad aérea de otros dos puntos. Los aeropuertos que pararon eran los más importantes de Alemania, incluidos Frankfurt, Berlín, Düsseldorf y Múnich.
Mientras que la huelga en estos aeropuertos no generó caos, puesto que la mayoría de los afectados estaban advertidos y cambiaron sus vuelos o los anularon, en Hamburgo sí hubo situaciones de desconcierto. El sindicato avanzó ahí y sin previo aviso su convocatoria, de modo que el domingo empezaron las cancelaciones de vuelos hasta dejar totalmente paralizados los servicios.
El sindicato pide para el conjunto de los trabajadores del sector público un aumento salarial del 8%

La jornada de paros en los aeropuertos se inscriben en la campaña de huelgas de advertencia que lleva a cabo Verdi desde hace unas semanas y que han venido afectando a guarderías, servicios de correos, hospitales, limpieza municipal y recogida de basuras.
A esas movilizaciones se han añadido las de los empleados de seguridad aérea de dos aeropuertos menores, el de Weese, cercano a Düsseldorf, y del Karslruhe, en el suroeste del país. El resultado ha sido la práctica paralización de todo el tráfico aéreo o el ‘aislamiento de facto’ por aire de Alemania, como lo definieron fuentes de Verdi.

El sindicato pide para el conjunto de los trabajadores del sector público un aumento salarial del 8% o al menos de 350 euros mensuales, así como tres días libres adicionales por mes y nuevos complementos salariales para los que trabajan en turnos a horas extremas. También se reclaman mejoras para el personal en prácticas o en formación profesional. La Federación de Municipios (VKA) argumenta que las arcas públicas están exhaustas y que un incremento de este volumen acarrearía costes adicionales de 15.000 millones de euros. Rechaza, además, la exigencia de días adicionales libres, ya que ello agravaría la falta de personal que sufre el sector.

Hasta el jueves


La ronda de paros parciales o de advertencia seguirá previsiblemente en distintos apartados del sector público hasta el jueves, en que se entrará en la siguiente ronda de negociaciones.
“Es un escenario de terror que afecta a la movilidad individual y al conjunto de la economía del país”, afirmó a la televisión pública ARD el secretario ejecutivo de la Federación de Aeropuerto (ADV), Ralph Beisel. Alemania arrastró ya el año pasado situaciones parecidas por sucesivas huelgas, sea del personal de tierra o de seguridad de aeropuertos o del de cabina de aerolíneas como Lufthansa, así como de sus pilotos.
Fuentes de Verdi justificaron el avance de la huelga en Hamburgo en el argumento de que los paros deben ser ‘efectivos’, por encima de las consecuencias que acarreen de manera individual pasajeros o al ámbito económico. En cuanto se convocaron el viernes los paros en los once grandes aeropuertos empezaron a brindarse a los afectados alternativas posibles, cambio de vuelo o posibilidad de hacerlo en tren, para los vuelos nacionales, además de su anulación sin costes.

sábado, 1 de febrero de 2025

Pedro el Grande

España opta por subir el salario mínimo más que el resto de la grandes economías europeas



Repartidores de comida a domicilio en el centro comercial La Maquinista. Foto: ZOWY VOETEN


Gemma Casadevall  Leticia Fuentes  Lucas Font  Gabriel Ubieto

Berlín / París / Londres / Barcelona 01 FEB 2025 

España ha optado por subir este 2025 su salario mínimo interprofesional (SMI) más que el resto de las grandes economías de la Unión Europea, pero menos que los pequeños estados del norte y el este del Viejo Continente. El Gobierno ha pactado con los sindicatos y sin la patronal un incremento de del 4,4% hasta los 1.184 euros brutos al mes (en 14 pagas) o 1.381 euros (en 12 pagas), manteniéndose como el octavo estado miembro con un suelo salarial más alto.

En el actual contexto de crecimiento económico en la gran mayoría de economías del continente, los estados han apostado mayoritariamente por garantizar el poder adquisitivo de sus trabajadores con rentas más bajas. Ocho de cada 10 miembros de la UE con salario mínimo han aplicado incrementos por encima de la inflación acumulada del año anterior.

Siguiendo el guión de años anteriores y en aras de la convergencia entre economías históricamente muy diversas, los países del este han aplicado revalorizaciones muy intensas, con cinco países de la antigua URSS apostando por subidas de dos dígitos. El único país que, por el momento ha congelado su SMI ha sido Chipre, que se mantiene en los 1.000 euros mensuales. La mayor subida la ha registrado Rumanía (22,8%) y la menor Hungría (1,4%).

Alemania: subida pese a la recesión

Pese a que la economía alemana está en recesión, el canciller y candidato socialdemócrata Olaf Scholz decidió subir este año el salario mínimo un 3,3%, cinco puntos por encima de la inflación, hasta los 2.122 euros brutos (en 12 pagas) al mes.

El salario mínimo interprofesional se implantó en Alemania en 2015, bajo el gobierno de la canciller conservadora Angela Merkel y por exigencia de su entonces socio de coalición, el Partido Socialdemócrata. Se resolvió así lo que durante años la que había sido una reclamación de sindicatos y partidos de centro-izquierda, pese a que la gran industria sostenía que con ello se destruirían puestos de trabajo. Inicialmente, se estableció en 8,5 euros brutos por hora y hoy está en 12,82 euros.


En su campaña por la reelección en los comicios generales del próximo febrero, el canciller y candidato socialdemócrata se ha comprometido a subirlo gradualmente hasta los 15 euros. El aspirante del bloque conservador, Friedrich Merz, quien ocupa la primera posición en intención de voto, no contempla un aumento.

El principal argumento de Scholz para defender un nuevo incremento es que, contra los agoreros pronósticos de sus detractores, el salario mínimo profesional no ha derivado en una destrucción de empleo, sino que ha contribuido a combatir la precariedad laboral, especialmente en sectores como la construcción y la hostelería.

Francia: ligeramente por encima de la inflación

Actualmente, el salario mínimo en Francia se sitúa en 1.426,30€ netos (1.802 brutos) y en el último año ha subido un 2%, dos décimas por encima de la inflación. En los últimos años, el salario mínimo ha sufrido varios aumentos, ya sea ajustándose de forma automática, como por iniciativa del gobierno. Aunque sindicatos y asociaciones siguen denunciando que tras la inflación, la subida del salario sigue siendo mínima si se compara con el aumento del precio del alquiler, productos alimenticios o las facturas de la luz.

En total, entre 2021 y 2023, Francia aumentó hasta en cinco ocasiones el salario mínimo, aunque insuficiente para muchas familias. Según los últimos datos del instituto de estadística público de Francia, 9,1 millones de personas son pobres en el país, es decir, cobran menos de 1.216 euros al mes. A esas cifras se unen otras más alarmantes por parte de UNICEF: un niño sobre cinco en Francia, el 23%, no come las tres comidas obligatorias del día.

Entre las preocupaciones del nuevo gobierno de François Bayrou está aprobar los presupuestos de 2025 que incluyen mejorar el poder adquisitivo de los franceses, mermado tras la pandemia y los efectos de la guerra de Ucrania.
 
Reino Unido: Subida en función de la edad

En el Reino Unido el salario mínimo está fijado por horas y varía en función de la edad de los trabajadores. Para los empleados mayores de 21 años, la retribución mínima actual es de 11,44 libras esterlinas por hora (13,57 euros), lo cual supone un salario de 1.944 libras mensuales (2.306 euros) para un trabajador a jornada completa (170 horas mensuales). En el caso de los menores de 21 años, el salario mínimo varía entre las 6,40 libras y las 8,60 libras por hora trabajada (entre 1.292 euros y 1.734 euros mensuales).

Tanto los anteriores gobiernos conservadores como el actual Gobierno laborista han aprobado subidas del salario mínimo en los últimos años. La más reciente fue anunciada el pasado octubre por la ministra de Finanzas, Rachel Reeves, y supuso un incremento de casi el 7% para las retribuciones mínimas de los trabajadores mayores de 21 años y del 16% para los de entre 18 y 20 años. Esta decisión supondrá un aumento hasta las 12,21 libras por hora trabajada (14,51 euros) a partir del próximo abril, el equivalente a un salario de 2.075 libras mensuales (2.466 euros) para los mayores de 21 años.




lunes, 1 de abril de 2024

Nuestra Bahn

Alemania zanja sus huelgas ferroviarias con el modelo de "semana de 35 horas"




Estación Central de Colonia vacía durante la huelga de transporte en Alemania. / JANA RODENBUSCH
Gemma Casadevall


La compañía alemana de ferrocarriles, la Deutsche Bahn, firmó la paz con el sindicato de los maquinistas ferroviarios -GDL- con un acuerdo que implicará la reducción de su jornada a 35 horas semanales sin recortes en el sueldo. No será de forma inmediata, como pretendía el líder del GDL, el mediático Claus Weselski, sino gradual, para alcanzarse ese objetivo para 2029. Pero es para ambas partes un compromiso exitoso. Pone fin a una campaña de huelgas enojosa para el ciudadano, ruinosa para la compañía y atentatoria contra los propósitos del gobierno de primar el uso del tren como alternativa ecológica al automóvil.

“Es un modelo innovador y moderno que nos favorece a todos”, resumió el responsable de Recursos Humanos de la DB, Martin Seiler, al presentar el acuerdo surgido de una larga negociación y sucesivas rondas mediadoras. La penúltima oferta de la patronal se situaba en torno a las 36 horas semanales -frente a las 38 horas actuales-, mientras que GDL había convertido la cifra de las 35 horas en una especie de señal de identidad. El acuerdo alcanzado para un convenio por dos años prevé un incremento salarial de 420 euros mensuales -es decir, 210 este año y el resto el siguiente- y una prima compensatoria de la inflación acumulada de 2.850 euros -asimismo repartida en dos tandas-. Pero lo realmente innovador es la fórmula de las 35 horas semanales, que incluye una cierta flexibilidad. Ofrece al trabajador la opción de pasar a las 35 horas sin rebajar su sueldo o de trabajar hasta 40 horas semanales a cambio de cobrar más. A finales de este 2025, se preguntará al maquinista si al año siguiente quiere trabajar 37 horas o más; quien responda afirmativamente, percibirá un aumento salarial del 2,7 % por cada hora adicional.

Es un modelo difícilmente trasladable a grandes colectivos de trabajadores. El sindicato de los maquinistas representa a 45.000 afiliados del total de 211.000 empleados de la DB en Alemania. Pero la campaña de huelgas ha tenido una gran repercusión en el país, no solo porque si los maquinistas cesan en su trabajo se paraliza su tráfico ferroviario, sino porque además Weselski se ha convertido en el rostro de la tenacidad exitosa, desde una sectorial relativamente minoritaria.

Paralización ferroviaria, aérea y urbana

La campaña de huelgas de los maquinistas ferroviarios ha discurrido en paralelo a las de otros sectores esenciales, sea porque pararon otros colectivos de trabajadores de la DB, del sector servicios -que afectó al personal de tierra de los aeropuertos- o las que mantienen puntualmente los pilotos o el personal de cabinas de la aerolínea Lufthansa.

La confluencia en determinados días de las llamadas huelgas de advertencia del personal de seguridad de los aeropuertos con las de los maquinistas o los del transporte público urbano ha comportado la paralización puntual de la movilidad en un país con 84 millones de habitantes. Las compañías afectadas han cifrado sus pérdidas en hasta 100 millones de euros diarios -en el caso de Lufthansa-, mientras la industria sufrió los problemas derivados de la falta de suministros.

Un récord de impuntualidad y una red obsoleta

Al margen de los estragos económicos se ha producido una creciente crispación del usuario. Los directos afectados por el malestar no son los maquinistas o los pilotos, sino los revisores o auxiliares de vuelo, en los que recaen las quejas o incluso agresividad de ciertos pasajeros, como han venido denunciando sus correspondientes sindicatos.

El modelo de las 35 horas garantiza cierta paz para la DB, pero no la libra de otro tipo de malestar que es el derivado de una impuntualidad que empieza a ser endémica e impropia de un país que va perdiendo su reputación de eficiente. Solo uno de cada tres de sus trenes de largo o medio recorrido, incluido los de alta velocidad, llegaron en 2023 puntuales, según datos reconocidos por la empresa. Acumuló así un récord negativo. El balance es especialmente grave si se tiene en cuenta, además, que mientras en Suiza se contabiliza como impuntual un tren a los dos minutos de retraso, en Alemania el cómputo empieza a los diez minutos.

La dirección de la DB responsabiliza de la situación a las necesidades de saneamiento infraestructural profunda, una tarea reiteradamente postergada. Los planes del actual gobierno contemplaban destinar unos 40.000 millones de euros a la puesta al día de los raíles hasta 2027. Desde la compañía se tachó esa cifra como insuficiente, a lo que sumó que finalmente el plan inversor se recortó a 30.000 millones.

sábado, 9 de marzo de 2024

Camareros en precario

¿A qué hora cierran los bares y restaurantes en Europa?



Gmma Casadeval   Irene Savio     Lucas Font

Berlín / Roma / Londres/ París 

En general, el sector de la hostelería es de los más precarizados. Sucede en los principales países europeos, desde Alemania, el motor de la Unión Europea (UE), a Reino Unido, que decidió marcharse del club. Las regulaciones son variadas, pero existe una variedad de horarios e incluso la posibilidad de que se alarguen las jornadas si se justifican los motivos.

El 'döner', último refugio de una Alemania precarizada

En Alemania no hay un horario de cierre armonizado a escala nacional para la restauración en los espacios interiores. En terrazas, el horario de cierre habitual es a las 22.00 horas. La única regla de oro para locales, incluidos los bares nocturnos o discotecas, es que deben estar una hora al menos cerrados -generalmente, entre las 5 y las 6 de la mañana- para las labores de limpieza.
Cada 'land' -estado federado- establece sus propias normas para bares, restaurantes u otros locales donde sirvan comida. En Berlín, como en otras ciudades con reputación de noctámbulas, el horario común de cierre de la cocina en restaurantes son las 22.00 horas, aunque con múltiples excepciones. El dueño puede establecer que se alargue a las 23.00 o las 00.00. Incluso hay restaurantes que sirven comidas durante toda la noche -a excepción de la hora mencionada destinada a la limpieza,-. En otras regiones, especialmente en el ámbito rural, es difícil encontrar un restaurante donde sirvan comida pasadas las 20.00 horas.
Sí que hay reglas estrictas en lo que concierne a la jornada laboral, que no pueden exceder de las ocho horas diarias. La restauración es uno de los sectores que más sufre la falta de personal progresivamente endémica que arrastra el conjunto de la vida pública alemana, desde los comercios o sector servicios a la gran industria. Es un ámbito altamente precarizado, donde a menudo se trabaja por debajo del salario mínimo interprofesional -12,41 euros la hora- y no siempre se respetan los derechos del trabajador.
Trabajar de camarero o en la cocina fue tradicionalmente un especie de “refugio laboral” para estudiantes -que trabajaban entre una o dos jornadas por semana- o personas necesitadas de un sobresueldo. Esto ha ido desapareciendo, puesto que incluso este personal ha huido hacia otros sectores u oficios donde igualmente hay fuerte demanda de personal y están mejor pagados.
Por extensión, los dueños de bares y restaurantes con problemas de personal tratan de no alargar los horarios de apertura de sus locales fuera de las horas de más afluencia de público. Incluso en la capital alemana, donde hasta hace unos años era relativamente fácil encontrar donde comer hasta altas horas de la noche, empieza a escasear esta oferta. El último recurso a los noctámbulos son los “imbiss” o puestos callejeros de “döner” y demás fórmulas de comida rápida, donde el cliente consume de pié lo que compró.

Apertura libre dentro de unas franjas horarias en Italia

Desde que se puso fin a la excepcionalidad de la pandemia, en Italia se han vuelto a aplicar gran parte de las franjas horarias previamente establecidas para bares y restaurantes. La capital de Italia es un ejemplo de ello. De acuerdo con las disposiciones del Ayuntamiento romano, los comercios locales tienen la facultad de abrir a las 6:00 de la mañana y cerrar a las 2:00 de la madrugada, y es el empresario quien decide libremente los horarios de apertura y cierre que prefiere dentro de esta franja horaria.
Los restauradores también tienen el derecho de presentar solicitudes de adelanto o prórroga horaria, lo que sirve para anticipar o postergar los horarios fijados por el Ayuntamiento. En este caso, sin embargo, el restaurador debe presentar un motivo válido para solicitar esta excepción, lo cual solo es aceptado después de una evaluación llevada a cabo por las autoridades, algo que no es fácil de obtener.
Además, en caso de que el bar o restaurante cierre después de la medianoche, se exige que se coloque un cartel para los clientes en el que se les invite a observar un comportamiento "adecuado" y evitar discusiones en voz alta o alborotos de cualquier tipo. Esto último se debe a que no son infrecuentes las quejas de los vecinos por las actividades nocturnas de estos comercios, especialmente en las zonas más concurridas y los puntos de reunión de los más jóvenes. Algo que también ha crecido con el aumento del turismo, que en Italia, como en otros países del sur de Europa, se ha disparado en los últimos años.

Jornadas máximas de 13 horas al día y 48 a la semana en Francia

La jornada laboral en Francia está estipulada en 35 horas cada semana. Pero en la restauración, así como en muchos otros sectores, el tiempo de trabajo semanal resulta superior. Eso es posible a través de las horas extras o bien acuerdos sectoriales o de empresa. Más de la mitad de los asalariados a tiempo completo trabaja más que esas 35 horas, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INSEE, según sus siglas en francés).
La jornada máxima diaria en el caso de la restauración se sitúa en 13 horas (o 12 en el caso de que se trabaje por la noche). El tope en este sector cada 7 días puede alcanzar las 48 horas. Es decir, el máximo que permite la Unión Europea. En el caso del derecho francés, queda limitado a una media de 46 en un periodo de 12 semanas consecutivas. Respecto a los horarios nocturnos, los bares y restaurantes deben cerrar como muy tarde a las dos de la madrugada, aunque esto varía ligeramente en función de los territorios. Se trata de una competencia de los prefectos (delegados del Gobierno).
Debido a su carácter estacional en aquellas localidades turísticas, además de la baja calificación de su mano de obra, la restauración se trata de un sector propicio para las largas jornadas. No obstante, esta precariedad ha resultado un arma de doble filo en los últimos años. La hostelería, donde trabaja más de un millón de personas en Francia y representa el 15% de las empresas en el terciario, ha arrastrado problemas de escasez de mano de obra. Algunos bares o restaurantes lo han compensado mejorando sus condiciones. Incluso algunos de ellos han apostado por la semana de cuatro días. Pero se trata de iniciativas minoritarias en un sector en que prima la precariedad y la mano de obra extranjera.

Extensión excepcional de horarios en Reino Unido

Los horarios de apertura y cierre de los restaurantes en el Reino Unido varían en función del municipio y del tipo de licencia de cada local. En general, los restaurantes suelen abrir entre las 12:00 y las 15:00 al mediodía y entre las 18:00 y las 23:00 por la noche. En el caso de los ‘pubs’, la regulación de los horarios de apertura y cierre también depende de las licencias y de las normativas de las administraciones locales, aunque por norma general la mayoría de ellos están abiertos entre las 11:00 y las 23:00.
En algunas circunstancias excepcionales, el Gobierno británico ha permitido extender los horarios de los establecimientos. En noviembre del año pasado, el Ejecutivo anunció su intención de extender la hora de cierre de los ‘pubs’ hasta la 1:00, en caso de que alguna de las tres naciones que optan a disputar la Eurocopa de fútbol de 2024 alcance las semifinales y la final de esta competición. “Inglaterra y Escocia estarán en Alemania y Gales aún tiene posibilidades de clasificarse, así que es justo que pongamos en marcha planes para apoyarles a ellos y a nuestra industria hostelera”, aseguró entonces el ministro del Interior, James Cleverly.
No es la primera vez que el Gobierno británico permite la extensión de los horarios de los bares para apoyar a la hostelería tras la pandemia. La hora de cierre de los locales ya se amplió para la final de la Eurocopa de 2020 –que Inglaterra perdió ante Italia– y durante el puente de la coronación de Carlos III, celebrada en mayo del año pasado.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Elon, el amigo de ecologistas y sindicatos


Un sabotaje paraliza la planta alemana de Tesla y agudiza los problemas de Musk en Europa



Protestas en los alrededores de la fábrica en Alemania / KRIZSTIAN BOCSI / BLOOMBERG



Gemma Casadevall


“Son los ecoterroristas más tontos del planeta”, sentenció el poderoso Elon Musk, tras un sabotaje que ha dejado en suspenso la producción de la gigafactoría Tesla en Alemania. “Este ataque no un juego de niños, sino el exponente de la peligrosidad de la extrema izquierda”, afirmó el portavoz del gobierno aleman, Steffen Hebestreit. La reacción de Musk, a través de la cuenta en la red social de su propiedad -X, antes twitter-, y la del portavoz del canciller Olaf Scholz siguen al atentado del martes contra una torre de alta tensión de la región de Brandeburgo, donde está la gigafactoría. Fue un ataque incendiario cuya autoría se ha atribuido el grupo de extrema izquierda “Vulkagruppe” a través de un comunicado con la frase “Hemos saboteado Tesla”. El resultado es que 12.000 empleados de la fábrica se quedarán en casa durante un tiempo no determinado, puesto que la producción ha quedado suspendida al menos durante toda esta semana. El mayor fabricante de automóviles eléctricos del mundo ha quedado expuesto a unos ataques contra infraestructuras esenciales aparentemente fáciles de perpetrar incluso por grupúsculos marginales, de confirmarse esta autoría.

Los costes de la paralización de la fábrica alemana se estiman en cientos de millones de euros, según reconoció el director la planta, André Thierig. No es posible pronosticar cuándo se reanudará su actividad, mientras el departamento de Policía de lo Criminal del “Land” investiga lo ocurrido. El atentado no solo afectó la planta de automóviles eléctricos de Musk, sino que dejó sin suministro a miles de ciudadanos de la región. Evidencia una vez más las lagunas de seguridad en infraestructuras esenciales a escala internacional, nacional o regional. Alemania constató su vulnerabilidad a raíz del sabotaje de autoría aún no aclarada que inutilizó los gasoductos germano-rusos Nord Stream I y II, poco después del inicio de la invasión rusa de Ucrania. O también con sabotajes locales a la vía férrea de la red nacional de trenes -la Deutsche Bahn-, algunos de los cuales se atribuyó asimismo el “Vulkangruppe”. A este grupúsculo de la izquierda radical se relaciona asimismo con anteriores acciones, aunque sin mayores consecuencias, contra la planta de Tesla en Brandeburgo, el “Land” que envuelve Berlín.

Ataque a una gigafactoría vecina a Berlín


De esa planta, inaugurada en 2022 por Musk y Scholz, salen a diario unos 1.000 vehículos y es la única de Tesla en Europa. Su entrada en servicio estuvo precedida por varias demoras, en parte debidas a los recursos en contra de organizaciones medioambientalistas, agricultores y vecinos de la región. El rechazo se fundamentaba en el teórico impacto medioambiental de la fábrica en el subsuelo de una región cuya principal fuente de riqueza son los bosques. Como suele ocurrir, ganó la partida el argumento de la creación de empleo en una región económicamente débil, como sigue siendo el este alemán, y la necesidad de revitalizar su tejido industrial. De la gigafactoría, como se la denomina, deben salir unos 500.000 automóviles al año -objetivo de momento no cumplido-. Teóricamente, debería producirse ahí el Tesla por 25.000 euros la unidad con que Musk aspira a revolucionar el mercado. “Es extremadamente estúpido que se quiera detener la producción de automóviles eléctricos en lugar de hacerlo con los de combustibles fósiles”, proseguía Musk a través de su red.

El poderoso magnate, representante del “trumpismo” empresarial y aliado mediático del expresidente y de nuevo candidato a la Casa Blanca Donald Trump, es enemigo declarado de la izquierda. La resistencia contra su planta persiste, por encima de los apoyos a su fábrica del tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales que lidera Scholz. Ocupa actualmente 300 hectáreas de terreno del municipio de Grünheide. Sus vecinos se pronunciaron por una abultada mayoría de dos tercios en contra de su extensión por otras 100 hectáreas. Fue en una consulta popular no vinculante, pero de peso político sobre sus autoridades, a unos meses de las elecciones regionales en Brandeburgo donde la ultraderecha aspira a quitarle el primer puesto a los socialdemócratas.

En un bosque cercano se ha instalado una acampada en que un centenar de activistas medioambientales han colgado sus tiendas o precarias cabañas de madera entre los árboles en contra de la deforestación que conllevaría una extensión de la planta. El colectivo se apresuró a distanciarse del sabotaje contra la torre de alta tensión. Se supone que se “tolerará” su acampada hasta mediados de marzo, aunque un vínculo probado con el “Vulkangruppe” podría precipitar su desalojo.
Huelgas sin precedentes en los países nórdicos

El rechazo a la planta de Musk en Alemania se suma a los problemas sindicales con que ha topado en Suecia y Dinamarca. Los mecánicos de los talleres suecos de Tesla entraron en huelga en octubre. Primero fueron 130 empleados de unos diez talleres los que pararon, pero luego se les unieron 470.

A mediados de febrero reanudaron sus actividades algunos de los trabajadores afectados, pero el sindicato de los metalúrgicos IF Metall persiste en su campaña. La protesta se dirige contra las condiciones de trabajo que pretende imponer Musk. Su negativa a ceñirse a un convenio colectivo vigente para los trabajadores del país nórdico ha derivado en una inusitada campaña de solidaridad de otros talleres en Finlandia, Noruega y Dinamarca. En lo que respecta a Suecia, es la huelga más larga de la historia del país escandinavo.

jueves, 1 de febrero de 2024

El día a día




El aeropuerto alemán de Fráncfort, paralizado por la huelga / ALEX KRAUS / BLOOMBERG
   Gemma Casadevall

Moverse por Alemania se ha convertido en una gincana para tratar de evitar las sucesivas huelgas que afectan en días alternos a los aeropuertos, trenes y transporte urbano, convocadas por distintos sindicatos y a menudo por un sector minoritario de la plantilla de esos servicios esenciales.

Tras seis días de parón nacional por parte de los maquinistas de ferrocarriles, este jueves les tocó el turno al personal de seguridad de los aeropuertos de toda Alemania, con excepción de Múnich y Núremberg, ambos en Baviera, donde rige otro convenio salarial. El viernes entrará en paro el transporte urbano de las principales ciudades del país, cuyos metros y autobuses se sumarán a las convocatorias de huelga del sindicato del sector servicios, Verdi.

Las grandes aerolíneas, como Lufthansa, empezaron ya el miércoles a reubicar y ofrecer alternativas a sus pasajeros, además de advertirles por redes sociales, correo electrónico y demás dispositivos de que no se acercaran al aeropuerto previsto para tratar de resolver su problema, salvo si este era el de Múnich o Núremberg.

Tren, alternativa al avión

La mejor alternativa para los vuelos nacionales era el tren, puesto que el sindicato de los maquinistas, GDL, volvió a la negociación con la patronal el martes y el servicio recuperó la normalidad. Se estima que cada uno de los seis días que duró la huelga nacional de los maquinistas implicó pérdidas de 100 millones de euros diarias, además de golpear al transporte de mercancías y al conjunto de la industria, por su impacto en la cadena de suministros.

La huelga del personal de seguridad de los aeropuertos, un colectivo formado por unos 25.000 empleados, fue convocada asimismo por el sindicato del sector servicios Verdi, cuyo presidente, Frank Werneke, calificó de "catastrófica" la situación de estos trabajadores.

Exigen para estos empleados un incremento de 2,80 euros por hora, mientras que la patronal ofrece 0,55 euros más por hora. Al no garantizarse la presencia del personal de tierra que se encarga del control de pasajeros y equipajes se paralizó por completo la actividad.

El parón fue prácticamente total en once de los aeropuertos nacionales, incluido el de Frankfurt, el de mayor tráfico aéreo, y Lufthansa mantuvo algunos vuelos de largo recorrido, pero se estima que hubo unas 1.100 cancelaciones y que el total de pasajeros afectados fue de 200.000. De Berlín no despegó ni un solo vuelo, mientras que en otros aeropuertos como Düsseldorf, Colonia, Hamburgo y Stuttgart el impacto tuvo actividad esporádica.

miércoles, 24 de enero de 2024

Thank you for choosing Deutsche Bahn



La nueva huelga de maquinistas de tren en Alemania causa estragos en la industria





Vista de los trenes parados en la estación de Fráncfort este miércoles. / EFE



Gemma Casadevall

Los maquinistas de tren alemanes iniciaron este miércoles su cuarta huelga, la más larga de la historia del sector, en medio de las alertas de la industria y los expertos sobre los estragos que causará en la de por sí compleja recuperación económica de Alemania. "Las empresas afectadas están enfrentándose a enormes problemas", alertó en un comunicado la Federación de la Industria Alemana (BDI) ante el parón nacional de seis días tanto de los trenes de pasajeros como de mercancías. "Se avecinan restricciones duras que derivarán en una caída de la producción y un estancamiento industrial", prosigue el BDI, que califica de realistas los pronósticos de unas pérdidas de hasta 1.000 millones de euros.

La industria alemana sufre ya una situación "frágil", recuerda el BDI, que alude asimismo a los daños en la imagen de un sector esencial para el transporte por toda Europa. Están en juego los suministros a la industria del automóvil, del papel, química, acero y maderera. Se pone en peligro la cadena de suministros, con un parón que, al ser tan prolongado, implica en los sectores afectados consecuencias que van más allá de esos seis días.


La alerta de la industria no es un mero comunicado de rutina en este tipo de conflictos laborales. Incide en un momento de debilidad económica, después de que Alemania registrase en 2023 una contracción que finalmente se situó en el 0,3% de su producto interior bruto (PIB). La recuperación en la primera economía de la zona euro será más lenta de lo ansiado, según ha reconocido el Gobierno del canciller Olaf Scholz. Los expertos corrigen ya a la baja sus pronósticos para este 2024. Uno de los seis principales institutos económicos del país, el Ifo, ha rebajado su estimación de crecimiento para el presente año a apenas un 0,7% del PIB, frente al de por sí modesto 0,9% calculado en diciembre.

Resignación del pasajero

La huelga de los maquinistas fue convocada por el sindicato GDL, que representa a 10.000 afiliados entre los 221.000 empleados de la Deutsche Bahn (DB), la compañía de trenes alemana. Su líder, el mediático Klaus Weselsky, calificó de "impresentable" la última oferta de la patronal, consistente en un aumento del salario del 4,8% este año y del 5% el siguiente, una paga única de 2.850 euros y el recorte de la jornada laboral de 38 a 37 horas semanales a partir de 2026. El GDL exige un aumento mínimo de 555 euros mensuales, reducción a 35 horas semanales y una paga de 3.000 euros.

Desde el ámbito económico se presiona sobre el Gobierno para que medie en busca en una solución al conflicto laboral que se suma a la sucesión de protestas y huelgas del campo y los transportistas. La dirección de la DB ofrece a los afectados el reembolso de los billetes adquiridos para estos días o el cambio sin costes para después de la huelga. Garantiza, además, unos servicios mínimos de uno de cada cinco trenes.


Las alertas de la industria contrastan con la resignación con que los ciudadanos encajan esta nueva huelga. Muchos alemanes han perdido ya la fe en la eficiencia de sus ferrocarriles. Apenas uno de cada tres trenes llegó en 2023 puntual a su destino, según datos reconocidos por la compañía. El dato es aún más impactante si se tiene en cuenta que se considera "impuntual" un tren a partir de los 15 minutos de retraso. Es una situación impropia para un país como Alemania, derivada de una red obsoleta. Su renovación es una asignatura pendiente para Alemania desde tiempos de Angela Merkel en el poder, que el Gobierno actual no acomete por imperativos presupuestarios.

viernes, 7 de abril de 2023

Ni tan mal

 


Alemania, una locomotora al ralentí, ante la primavera del descontento

Joana Serra

El peor escenario imaginado hace aproximadamente un año para Alemania no se ha cumplido: no se agotaron las reservas de gas el pasado invierno y se encontraron alternativas –aunque caras-- al que suministró Rusia hasta que cortó los envíos a través del gasoducto NordStream. Primero, por decisión de Moscú; luego por el sabotaje no aclarado que inutilizó sus dos conductos.

Es probable también que la primera economía de la zona euro logre esquivar la temida recesión. Los principales institutos económicos del país, como el IW, coinciden en que de producirse la denominada recesión técnica –es decir, que la economía se contraiga durante dos trimestres consecutivos- ésta será leve y por un periodo corto, para empezar a recuperarse en la segunda mitad del año.

Incluso empezó a contenerse la inflación, que en octubre llegó al pico del 10,4 % a efectos interanuales, pero que en marzo descendió ya al 7,4 %, más de un punto por debajo de la registrada en febrero. El nivel sigue siendo alto, pero por primera vez desde agosto del año pasado el índice de precios al consumo –IPC-- quedó por debajo de la marca del 8 % interanual.

Y, finalmente, se disipó la amenaza de una paralización del transporte de pasajeros en avión o ferrocarril coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa, destinadas a marcar la plena recuperación del sector turístico tras los años de parón por la pandemia o la resaca que dejó. El sector público no convocará de momento huelgas como la que el pasado día 27 paralizó el tráfico aéreo y ferroviario de prácticamente todo el país. No hay un acercamiento entre la patronal y el sindicato del sector público Ver-di –que reclama un 10,5 % de incremento salarial o una subida mensual mínima de 500 euros para sus 2,5 millones de trabajadores. Pero tras la tercera ronda negociadora, que terminó sin avances, se convocó una comisión de arbitraje. Mientras ésta delibere reina el llamado “compromiso de paz” entre las partes implicadas, por lo que no habrá más huelgas de advertencia. La tregua en el conflicto salarial regirá al menos hasta el 13 de abril, plazo marcado para el arbitraje. Es decir, de haber otro estallido del sector público y a escala nacional será tras el regreso de vacaciones.

Pese a estos síntomas de alivio o al menos de tregua, en Alemania se respira una crispación desconocida desde hace años. No se refleja en caos o rabia como en la vecina Francia, con sus virulentas protestas contra la reforma de las pensiones del presidente Emmanuel Macron. Es una crispación que va cociéndose a fuego lento, en medio de proceso de precarización laboral que empezó con los recortes sociales del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder –1999/2005- y se incrementó en los 16 años de la conservadora Angela Merkel en el poder. La inflación añadió leña al fuego.

El descenso de la tasa interanual del IPC de marzo se debe básicamente a que empezaron a contenerse los precios de la energía. Del 20,3 % que se registró en diciembre se bajó ahora al 3,5% interanual, gracias en buena parte a las medidas del gobierno de Olaf Scholz para paliar sus efectos. Pero la presión sobre la cesta de la compra sigue en aumento: en diciembre el encarecimiento de los alimentos iba a la par que el del sector energético –20,4 %--. En marzo, en lugar de descender sigue en aumento, hasta escalar al 22,3 %.

Alemania es un país rico, en lo que se refiere a su poderío industrial y la gran empresa. Pero no lo es buena parte de su población. Tiene un mercado laboral saneado y un índice de desempleo bajo, un 5,7 %, además de cifras récord de ocupación –44,5 millones de ciudadanos laboralmente activos, en un país con 82 millones de habitantes--. Sin embargo, unos ocho millones de personas de esta población trabajadora lo hace en régimen de “minijob” –o subempleos-- o de jornada reducida, según cifras del departamento federal de Estadística (Destatis). Aproximadamente la mitad de ellos no lo hace por voluntad propia o en aras de la mejor conciliación entre su vida familiar y la laboral. Lo hace porque no encuentra otro tipo de empleo o por falta de capacitación profesional.

Unos 19,9 millones de hogares alemanes viven de alquiler y gastan una media de 27,8 % del total de sus ingresos en ese arriendo. Para 3,1 millones de esos hogares, esa carga sobre sus ingresos es del 40 % o más, también según Destatis.

Los alemanes no pasaron frío el invierno pasado, pese al encarecimiento del gas y a la reducción drástica de la dependencia energética respecto a Rusia lograda en unos meses por el ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck. Pero con la llegada de la primavera el tema prioritario en los informativos sigue siendo la calefacción.

Habeck, además del artífice de esa independencia acelerada respecto al petróleo, el gas y el carbón ruso, es el responsable del plan para sustituir la calefacción de gas o petróleo por sus equivalentes que usan energías limpias. A partir del próximo año, quedará prohibido instalar nuevas calefacciones de gas, de acuerdo a los planes de Habeck.

La alarma ante esa medida es tal que ha generado exactamente el efecto contrario a lo que se proponía. De pronto, los propietarios de viviendas unifamiliares o de pisos con viejas calderas se han apresurado a adquirir modelos algo más modernos, pero igualmente a gas o petróleo, antes de que con la llegada de 2024 expire la posibilidad de hacerlo.

El dilema de la vieja caldera

La sustitución de las viejas calderas con energía fósil por las que utilizan renovables costará hasta 2030 unos 9.000 millones de euros anuales a los ciudadanos, según estimaciones internas del ministerio de Habeck, filtradas por el semanario “Der Spiegel”. A medio plazo, en unos 15 años, habrán rentabilizado la inversión. Pero, hoy por hoy, son muchos los hogares atenazados por la inflación que no pueden permitirse la transición a la energía verde, prosigue la mencionada publicación.

Así las cosas, la calefacción sigue acaparando portadas y titulares de los informativos alemanes, pese a la llegada de la primavera. Llueven las críticas sobre un ministro al que en invierno se entronizó porque logró seguir llenando los depósitos del gas, pero al que ahora se ve como un aguafiestas, obsesionado en implantar una transición verde impagable para muchos ciudadanos.



viernes, 31 de marzo de 2023

A cuatro manos, pero en portada

La primavera del descontento en Europa: ¿qué está pasando en Francia, Alemana, Portugal y Reino Unido?




10,5 %, la cifra que paraliza Alemania


Marina Ferrer

Apenas un decimal separan el nivel máximo de inflación alcanzado el pasado octubre y el aumento salarial que el sindicato del sector público alemán, Ver.di, reclama para los 2,5 millones de trabajadores del sector. Un 10,4 %, para ese reciente repunte de precios, frente al 10,5 % de la reivindicación sindical. La defensa de ese porcentaje paralizó el pasado lunes los trenes, aeropuertos y transporte público de buena parte del país. No solo lo reclama Ver.di para los empleados del transporte de pasajeros, sino también para el personal de servicios de limpieza municipales, clínicas, geriátricos o guarderías contratados por los poderes públicos.

Una reinvindicación sensata, ya que correspondería casi milimétricamente al ajuste anual de sus salarios de acuerdo al nivel de la inflación. Pero que puede llevar al siguiente estallido no solo social, sino también económico en la primera potencia del bloque comunitario que, si finalmente logra esquivar la recesión, será por los pelos.

Hasta ahora, la rabia de los trabajadores en lucha no se ha plasmado en caos, barricadas ni montañas de basura acumuladas en las calles. Las imágenes de la huelga de advertencia a escala nacional, que seguía a muchas anteriores jornadas de paros puntuales, etc, correspondían a estaciones y terminales de aeropuertos desiertos como no se vieron ni durante las restricciones viajeras por la covid.

Pero la lucha por ese porcentaje va más allá de las muchas negociaciones entre patronal y sindicatos que acaban encontrándose en algún decimal intermedio.

Alemania es una potencia industrial y económica, pero esa riqueza no alcanza a muchos de sus ciudadanos. Los sueldos reales habían perdido ya un 3,5 % en el último año -es decir, antes del azote de la inflación precipitado por la crisis energética. Las cifras de ocupación marcan un récord tras otro: la población laboralmente activa se sitúa en 45,5 millones de personas -del total de 82 millones de habitantes-, pero unos 12 millones de estos trabajadores lo son a tiempo parcial. No porque así lo deseen, en aras de la conciliación de su vida familiar y laboral, sino porque solo encuentran trabajo en formato minijob. La implantación del salario mínimo interprofesional -a partir de este abril, 13 euros por hora-, impulsada por el Partido Socialdemócrata (SPD), ha mejorado sus condiciones de trabajo. Pero en el futuro percibirán jubilaciones mínimas, de acuerdo al nivel de que cotizaron. Berlín, la capital de la primera potencia económica, el porcentaje de población en los umbrales de la pobreza o marginalidad se sitúa en un 16,9 %.

lunes, 27 de marzo de 2023

Ni volare ni ferroviare. Solo andare

El sector público alemán entra en la órbita de las huelgas de alcance nacional

Marina Ferrer



Tras meses de paros puntuales, Alemania vivió este lunes una huelga del sector público de dimensión nacional, la primera en décadas y mientras la coalición de Olaf Scholz parece enrocada en sus tensiones internas.

El transporte de pasajeros quedó paralizado en prácticamente todo el país, con apenas algunas posibilidades de viajar desde o hacia Berlín –su aeropuerto siguió funcionando--, mientras por las estaciones, autopistas y puertos se desplegaban sindicalistas con pancartas y vistiendo chalecos amarillos.


Había que remitirse a la década de los 90 (del siglo pasado) para dar con precedentes de una huelga de estas características. Entonces Alemania quedó paralizada durante semanas, con montañas de basura en la calle y mucha crispación social.


La huelga actual, este lunes, había sido convocada por el principal sindicato del sector público, Ver.di, y el de los ferroviarios EVG. Pararon los trenes de larga y de media distancia, mientras que en siete de los 16 “Länder” la huelga se extendió también a los regionales y cercanías. Se suspendió asimismo el tráfico aéreo en los principales aeropuertos –con excepción del de Berlín--, la actividad portuaria en Hamburgo y el transporte público en ciudades como Múnich y otros grandes núcleos úrbanos –con excepción, de nuevo, del berlinés.


La compañía de ferrocarriles alemanes, Deutsche Bahn, había cotado su servicio la medianoche del domingo a lunes. Algunos trenes de largo recorrido no salieron ya en la jornada anterior, ya que tenían prevista la llegada a su destino pasada la medianoche. El aeropuerto de Múnich empezó a suspender vuelos ya el domingo.


A diferencia de lo que ocurre en Francia, las imágenes no eran de caos, sino de silencio sepulcral en estaciones y aeropuertos. Los ciudadanos estaban avisados y hasta “entrenados”. En las semanas precedentes cientos de miles de pasajeros se habían visto afectados por los paros puntuales, aunque en días alternos, en distintos aeropuertos. También desde enero se habían afrontado paros puntuales en guarderías, clínicas, geriátricos y servicios de limpieza municipales.

Desde el gobierno de Olaf Scholz se había recomendado recurrir al teletrabajo, a quien puede practicarlo, mientras que los poderes locales o regionales de los puntos más afectados recordaban que el mejor modo de llegar al puesto de trabajo en días como este lunes es la bicicleta.


No hubo caos, pero sí la sensación de que la de este lunes era efectivamente una huelga de advertencia en su sentido literal. Se produjo mientras en la ciudad de Potsdam, en las afueras de Berlín, se abría la tercera ronda negociadora entre los representantes de Ver.di y EVG y de la patronal –gobierno federal, poderes regionales y municipales-.

El presidente de Ver.di, Frank Wernecke, acudió a la cita recordando las dos reivindicaciones principales para los 2,5 millones de trabajadores del sector: un 10,5 % de aumento salarial y un mínimo de 500 euros de subida mensual para cualquier trabajador. El porcentaje tal vez pueda moverse. Pero el mínimo de 500 euros es irrenunciable para el sindicato.


La patronal acudió sin mover ni un decimal su oferta –un aumento del 5 % en dos años, lo que sería un 3 % para el presente y 2 % para el próximo. La ministra del Interior, Nancy Faeser, había expresado comprensión hacia el conjunto de ciudadanos afectados por el repunte de precios –que en octubre del año pasado llegó al 10,4 %, pero cedió gradualmente hasta el 8,6 % de enero-- y los estragos acumulados en sus salarios reales. Pero también advirtiendo a los sindicatos contra “exigencias exageradas y reacciones desproporcionadas”.

Para la ronda negociadora se han previsto tres jornadas a partir del lunes. Si no hay acercamiento, la amenaza de nuevas huelgas coincidirá con las vacaciones de Semana Santa. Quedaría la opción de una comisión de arbitraje entre ambas partes.


El gobierno alemán teme un estallido social como el francés. Todo eso, en medio de una crisis de coalición de Scholz entre socialdemócratas, verdes y liberales. El tripartito se había reunido a puerta cerrada el domingo, a las 18.30. Veinte horas después seguían ahí, sin perspectivas de solución en las posiciones confrontadas entre los verdes del titular de Economía y Protección Climática, Robert Habeck –que reclama inversiones en renovables y ambición climática-- y los liberales del ministro de Finanzas, Christian Lindner --que insiste en el regreso a la senda de la contención presupuestaria--. Pasadas las 14.00 horas del lunes, se anunciaba la interrupción de la sesión para seguir disputando una prórroga, este martes.

domingo, 26 de marzo de 2023

Crispación a fuego lento

Scholz, ante un tripartito crispado y una huelga afrancesa

Marina Ferrer


 No hay dinero para cumplir con todos los deseos, era la advertencia lanzada por el Partido Liberal (FDP), el socio más pequeño del tripartito de Olaf Scholz, ante la reunión de crisis de la coalición de Gobierno, abierta el domingo a las 18.30. El FDP es el socio menor, pero también el que tiene la llave de Finanzas. Su líder y el titular del Ministerio, Christian Lindner, quiere volver a la senda de las reglas fiscales en 2024. Pide recortes en todos los departamentos pero, por otro lado, desde su partido, reconocido defensor de la industria y especialmente de la automovilística, se apremia a invertir en autopistas. Los Verdes reclaman ambición climática e impulso a la energía verde. O sea, inversiones en renovables y en la red ferroviaria, no en comodidades para el conductor o el transporte por carretera.

“No puede ser que en una coalición un único socio trabaje para avanzar y los otros dos frenen el progreso”, lamentó el ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, en un acto de su partido. Los buscadores del progreso son, a su parecer, los Verdes; quienes lo frenan son los liberales de Lindner y, por inacción, los socialdemócratas de Scholz .

A Habeck, con rango de vicecanciller, empezó a vérsele crispado a mediados de semana, cuando atribuyó a “filtraciones internas” la difusión de un anteproyecto de ley por el sensacionalista diario “Bild”. Habeck se propone prohibir la instalación de nuevas calefacciones de gas en 2024 para substituirlas progresivamente por las de energías limpias. Su posición hizo que el vicepresidente del FDP, Wolfgang Kubicki, le comparara con Vladímir Putin. El paralelismo –del que se retractó el político liberal-- se inscribe en la identificación clásica entre ciertos medios, como “Bild”, de los Verdes con el partido de los aguafiestas y las prohibiciones.

Son solo dos ejemplos de las disputas entre Verdes y liberales, que empezaron la legislatura en 2021 con los mejores propósitos de convivencia, pese a sus abismos ideológicos tradicionales. Scholz contempla las disputas con la característica sangre fría atribuida a la gente de su “Land” –Hamburgo--.

Mucha sangre fría precisarán también los ciudadanos que pretendan moverse este lunes. El sindicato del sector público, Ver.di, y el de los ferroviarios, EGV, han convocado la mayor huelga de advertencia en el transporte de pasajeros desde hace décadas. Afecta a trenes de media y larga distancia, así como a regionales y de cercanías. Se cancelaron todos los vuelos desde o hacia los principales aeropuertos –aunque no el de Berlín-, así como el transporte público urbano en parte del país.

Ver.di reclama para los 2,5 millones de trabajadores del sector un aumento salarial del 10,5 % o una subida mínima de 500 euros al mes, mientras que la patronal ha ofrecido un 5 % a repartir en dos años. A los sindicatos se les ha acusado de “inflar” sus reivindicaciones o de alimentar un estallido social al estilo de la vecina Francia. Llevaban meses con paros puntuales, que paralizaron en días sucesivos los aeropuertos del país. Ante la siguiente ronda negociadora que se abrirá este lunes pasaron a la huelga a escala nacional.

El domingo empezaron a notarse sus efectos en las repletas estaciones de trenes y autopistas. Muchos pasajeros optaron por avanzar su viaje o cancelarlo, puesto que los trenes que debían llegar a su destino más allá de medianoche –inicio de la huelga-- fueron suspendidos. El aeropuerto de Múnich se avanzó a la jornada de movilización y canceló ya sus vuelos el domingo.

En Berlín, la futura gran coalición de la ciudad-estado y capital entre conservadores y socialdemócratas –aun en fase de negociación- se ahorró un quebradero de cabeza. Fracasó la consulta popular, auspiciada por grupos ecologistas, que pretendía avanzar a 2030 el objetivo de la neutralidad climática, hasta ahora situado en 2045. Ganó el sí, pero no logró el mínimo de 607.517 votos afirmativos necesarios para dar por válida la consulta.

sábado, 18 de marzo de 2023

Volare

Oleada de vuelos cancelados en Alemania: 

La huelga “de baja intensidad” mortifica Alemania


                                                                                                                              Marina Ferrer

El pasado lunes fueron cuatro los aeropuertos de Alemania que cancelaron prácticamente toda su actividad -Berlín, Hamburgo, Hannover y Bremen-. Les siguieron el viernes los de Colonia, Düsseldorf, Stuttgart y Karlsruhe. En el caso del de Berlín, un aeropuerto con reputación bien ganada de mal funcionamiento y de colas eternas en los controles no solo en días calificados de punteros, era la segunda vez este año en que se suspendía su actividad y con apenas dos días de pre-aviso. Los dos de mayor tráfico áereo del país, Fránkfurt y Múnich, habían cerrado asimismo el tráfico de pasajeros por un día a mediados de febrero, lo que solo en esa jornada afectó a 137.000 viajeros.


El goteo de suspensiones o retrasos en los vuelos obedece a las llamadas huelgas de advertencia que desde principio de año ha venido convocando el sindicato del sector público Ver.di, junto con algunas otras organizaciones más minoritarias de trabajadores. En el caso de los aeropuertos, afecta al personal de tierra, principalmente empleados de seguridad contratados por los correspondientes municipios.

Pero no es sólo la situación del espacio aéreo alemán lo que mortifica al ciudadano, que a menudo se entera dos días antes de la cancelación de su vuelo por los avisos que recibe de su aerolínea, que a su vez le recoloca al día siguiente, le ofrece alternativas en tren -en el caso de trayectos domésticos- o le desvía hacia otros trayectos. 


La campaña de huelgas de advertencia de Ver.di va más allá de los aeropuertos. Se extiende también en formato de paros parciales diversificados y repartidos por distintos puntos del país por guarderías públicas, hospitales, geriátricos y servicios de correos. El pasado martes, día en que no había convocados paros en ningún aeropuerto, unos 13.000 trabajadores del sector sanitario secundaron la jornada de huelga en hospitales, clínicas psiquiátricas y servicios de salvamento en ocho de los 16 “Länder” -estados federados- del país.


La reivindicación de Ver.di es común para 2,5 millones de empleados del sector público: un 10,5 % de incremento salarial o un mínimo de 500 euros mensuales por trabajador. La patronal -es decir, el Estado federal y los poderes regionales o municipales- rechaza esta reivindicación salarial. Ofrece un incremento salarial del 3 % y un pago único de 2.500 euros por un convenio de dos años.

No hay acercamiento entre ambas partes desde hace semanas. La próxima ronda negociadora se abrirá el día 25, en la ciudad de Potsdam, la capital del estado de Brandeburgo que rodea Berlín. Muchos ciudadanos se preparan ya para ver salpicadas su salida o retorno de las vacaciones de Semana Santa por cancelaciones o retrasos, en lo que iba a ser el regreso triunfal tanto para el consumidor como para el sector turístico a la “normalidad vacacional” post-pandemia.


La reivindicación de Ver.di podría parecer desproporcionada, pero es acorde con los tiempos actuales. Ahora mismo se considera incluso moderada, visto el nivel de inflación con que se cerró 2022: un 8,6 % interanual registró en diciembre, tras haberse situado en el pico del 10,4 % en octubre. Incluso en los sectores en los que en 2022 hubo el ajuste regular según el nivel de entonces de inflación huvo una caída de los salarios reales del 3,1 % respecto a 2021. Es la tercera caída consecutiva reflajada por la Oficina Federal de Estadística (Destatis).


Los ciudadanos alemanes se toman hasta ahora con resignación estas mortificantes, pero de alguna manera llevaderas “huelgas de baja intensidad”. En parte, porque parecen un mal menor comparado con las imágenes de la vecina Francia paralizada completamente o en pie de guerra contra la reforma de las pensiones de Emmanuel Macron.


martes, 12 de marzo de 2013

Feliz cumple, Hartz


10 anys de miracle alemany

La reforma impulsada per Schröder va reduir en dos milions la xifra d'aturats

També va comportar una precarietat laboral desconeguda fins aquell moment


1
“El temps ha demostrat que tenia raó”, explicava ahir, des del popular diari Bild, l'excanceller alemany Gerhard Schröder. Per als seus compatriotes, qui va ser cap del govern entre el 1998 i el 2005 és el responsable d'una reforma que va posar al dia l'entramat social de la primera potència europea, però va introduir la precarietat en el seu mercat laboral.
Tot va començar el 14 de març del 2003, amb un Schröder a la meitat de la segona legislatura i l'anunci del que va anomenar Agenda 2010. És a dir, una reforma estructural basada en les retallades a la Seguretat Social i, sobretot, l'augment de la pressió sobre els desocupats.
Schröder pot presumir ara de ser l'artífex d'una reforma que ha rebaixat en dos milions el nombre d'aturats. La mel de l'èxit, però, no l'ha assaborit el canceller socialdemòcrata, sinó la seva successora, Angela Merkel. En aquella declaració de govern, davant el Bundestag (Parlament federal), ara fa deu anys, Schröder parlava de “retallar” les prestacions de l'Estat i “impulsar la responsabilitat pròpia” del ciutadà. “Només podem repartir allò que produïm”, va ser la següent frase del llavors canceller. Si en la primera legislatura s'havia consagrat a fites com ara dir “no” a la guerra a l'Iraq de George W. Bush, en la segona encetava el camí de la clatellada.
L'Agenda 2010 va anar més enllà d'una reforma laboral. A l'anunci al Bundestag, el va seguir un calendari de mesures graduals que van comportar retallades en el subsidi d'atur –fins aleshores, gairebé il·limitat–, la introducció del copagament sanitari –10 euros per trimestre per anar a l'especialista– i l'allargament de la vida laboral fins als 67 anys, en lloc dels 65 anys.
El més dolorós va arribar, però, amb un nom que s'ha identificat amb una nova precarietat fins aleshores desconeguda a la primera potència: Hartz IV. Prenia el nom del cap de personal de Volkswagen, Peter Hartz, assessor de Schröder en matèria laboral. Amb Hartz IV va néixer una nova classe social: la dels perceptors de l'auxili social, en què es van encabir els desocupats crònics. Per a una part de la mateixa socialdemocràcia de Schröder, l'Agenda 2010 va ser el certificat de defunció de l'estat del benestar. Per a d'altres, el rescat d'un teixit social que fomentava l'abús i que Alemanya no es podia permetre.
Schröder no va aconseguir el suport sindical per a l'agenda –la Confederació dels Sindicats Alemanys (DGB), fins aleshores lleial a la socialdemocràcia–, però va defensar-la a mort. Dos anys i escaig després d'aquella declaració de govern, va convocar eleccions anticipades, enmig d'un important desgast de poder i convençut que derrotaria Merkel –una dona de l'est sense carisma, segons creia.
Entre la implantació de la reforma i principi del 2005, l'atur es va disparar fins als cinc milions per culpa dels efectes estadístics –una part dels perceptors de l'auxili social havien quedat assimilats com a desocupats crònics–. Tots els experts ho havien pronosticat i asseguraven que en poc temps començaria a baixar, però això no va servir a Schröder per evitar la derrota.
Merkel va pujar al poder, els socialdemòcrates es van convertir en els seus socis de govern en la seva primera legislatura i les xifres d'aturats van començar a baixar, d'acord amb el que s'havia previst. Deu anys després, l'Alemanya del miracle laboral és també l'Alemanya de la precarietat. Uns vuit milions de persones treballen en règim de minijob, és a dir, per uns 400 euros al mes, amb un límit de 40 hores mensuals i una contribució igualment mínima a la Seguretat Social, fet que vol dir que tindran també jubilacions de pobresa. Tot i això, res no sembla malmetre la popularitat de Merkel entre els seus ciutadans. Al capdavall, la culpa és del pare de la criatura, el socialdemòcrata Schröder.

Agenda 2020, la pròxima reforma

El balanç de la reforma és qüestió de gustos, el que convé fer per als deu anys vinents també varia segons qui parli. La ministra de Treball del govern d'Angela Merkel, Ursula von der Leyen, enllesteix aquests dies el que anomena l'Agenda 2020, que presentarà dimecres i en què es posa l'accent en conceptes com ara conciliació laboral i vida familiar i el foment de la mà d'obra especialitzada, ara per ara deficitària a Alemanya. El Partit Socialdemòcrata, en canvi, parla de modificar allò que va posar en marxa el darrer canceller alemany d'aquesta força política.
El seu candidat als comicis generals del pròxim mes de setembre, Peer Steinbrück, va presentar ahir el seu programa electoral i va admetre que, per damunt de totes les virtuts de l'agenda, cal “corregir” tot allò que vulgui dir precarietat i també implantar un sou mínim interprofessional, per lluitar contra els sous de pobresa.
Darrera actualització ( Dimarts, 12 de març del 2013 02:00 ) 

domingo, 25 de marzo de 2012

De Hartz IV a la precariedad

Els ‘minijobs' alemanys


Schröder va deixar 5 milions de desocupats i una reforma tot just començada; Merkel en recull els fruits


Els sous de 400 euros havien de ser un trampolí per a feines millors però han acabat sent perpetus

 

Al darrere de l'èxit ocupacional d'Alemanya s'hi amaga una cada cop més clamorosa precarietat social




Alemanya no només exporta rentadores sinó també la nova precarietat del minijob; Alemanya va fer els seus deures a temps i, per això, té un mercat laboral sanejat; l'Alemanya d'Angela Merkel vol imposar el seu diktat a la UE sense pensar que escanyar el ciutadà no resol el problema del deute: aquests són tres llocs comuns, en positiu o en negatiu, presents a qualsevol tertúlia sigui televisiva o casolana, a l'Estat espanyol i a Alemanya mateix, on es parla del “nou miracle” alemany. La setmana passada Merkel va fer el gest de rebre sindicalistes espanyols –envoltats en una constel·lació de col·legues de tot Europa i liderats per la poderosa Confederació de Sindicats Alemanys–, com
no ho ha fet Mariano Rajoy. Els eixos argumentals dels sindicalistes també van ser aquests a la sortida de la reunió de la cancelleria.
Realment Alemanya va fer a temps la seva reforma laboral? No pot ser que la revolució del minijob –fórmula que practiquen cinc milions d'alemanys a què es deu el sanejament teòric del mercat laboral alemany– sigui una conseqüència tardana del que el mateix Helmut Kohl va qualificar de “parc d'esbarjo col·lectiu”. És a dir: la realitat social sorgida de la reunificació alemanya expressa. La nit màgica de la caiguda del mur de Berlín, el 9 de novembre del 1989, i el procés reunificador immediat, que al cap d'un any encara no, el 3 d'octubre del 1990, va portar a la dissolució de la República Democràtica Alemanya, van deixar de banda el component laboral. Els 16 milions d'habitants de l'Alemanya comunista van quedar incorporats al teixit social de la República Federal d'Alemanya amb els mateixos drets però amb dèficits significatius quant a equiparació
salarial –vint anys llargs després, els sous de l'est són aproximadament un 70% que els de l'oest.
De l'atur teòric nul o la plena ocupació comunista es va passar a xifres d'atur, a l'est, que duplicaven les de l'oest. El 1992, amb una mitjana nacional del 8,5 % a l'antic territori de l'RDA, el percentatge era del 14,4%, en relació amb el dels
veïns de l'oest, que era del 6,4 %.
Va ser un any després, el 1993, quan el canceller Kohl va pronunciar, en una declaració de govern, una de les frases inscrites a la seva biografia: “Una societat industrial moderna no es pot organitzar com un parc d'esbarjo col·lectiu.” Alemanya s'havia de preparar per retallar vacances, endarrerir l'edat de jubilació i allargar la jornada laboral.
L'Agenda del 2010 de Schröeder
Kohl, l'anomenat canceller de la reunificació, no va fer cap d'aquestes tres coses. No va tocar els jubilats –el seu electorat més fidel–, ni les vacances, ni tampoc no va tirar endavant la reforma laboral promesa. Deu anys després d'aquella frase, el seu successor, el socialdemòcrata Gerhard Schröder, va posar fil a l'agulla a l'anomenada Agenda del 2010, l'impopular programa de reformes socials, de la sanitat pública i fiscals que incloïa la prolongació
de l'edat de jubilació fins a 67 anys, la retallada de l'atur –quant a prestacions i temps de percepció del subsidi– i l'aparició dels minijobs.
Schröder es va treure de la màniga l'Agenda l'any 2003, enmig de la seva segona legislatura. Si la primera es va centrar en l'adéu a l'energia nuclear, en senyal d'identitat de la coalició amb els Verds, la segona es va encallar en el terme Agenda del 2010. Dos anys després de presentar la seva criatura, Schröder va convocar eleccions anticipades, que va perdre. L'electorat socialdemòcrata no va digerir l'Agenda. Schröder va deixar una Alemanya amb quasi cinc milions de desocupats
i una reforma laboral tot just encetada. Ha correspost a Angela Merkel l'honor de recollir-ne els fruits i presumir d'un mercat laboral que estadísticament fa morir d'enveja els socis però que, en la lletra petita, hi amaga una cada cop més clamorosa nova precarietat social.
La reforma de Peter Hartz
La reforma és l'Alemanya del minijob, amb rècords d'ocupació –41 milions de ciutadans laboralment actius, en un país de 81 milions d'habitants, en xifres del 2011– i un índex d'atur del 7,1%, en relació amb l'11,7% de l'any rècord del 2005.
La reforma de Schröder va incloure un terme temut a l'Alemanya d'avui: Hartz IV –en al·lusió al co-autor de la reforma, Peter Hartz, exmànager de la Volskwagen–. S'entén Per Hartz IV el capítol de la reforma que va equiparar els desocupats crònics amb els perceptors de l'ajut social, que del subsidi regular van passar a percebre només 345 euros mensuals –ampliables fins a 750 euros, si són casats amb fills, i perceptors d'ajuts a l'habitatge, entre altres prestacions.
La retallada del període màxim de percepció de l'atur, de 32 mesos a un any, i l'equiparació del crònics, anomenats Hartz IV, van provocar l'èxit, entre cometes, del minijob. És a dir, feines a sous mínims, amb un sostre teòric de 400 euros mensuals i sense càrregues socials per
al patró. Inicialment havia de ser una mena d'ocupació per fer de pont per a la plena reincorporació laboral. A la pràctica és una trampa que condemna qui la practica a tenir una jubilació tan precària com haurà estat la seva vida laboral.




Màxima ocupació
La taxa d'atur a Alemanya ha passat del rècord de l'11,5% del 2005
al 7,1% actual.

miércoles, 4 de enero de 2012

La trampa del minijob

 

La trampa alemanya

 

La taxa d'atur germànica baixa fins al 6,8%, la més baixa des de la reunificació, gràcies a sistemes de precarització laboral com ara els ‘minijobs'

 

Set milions de persones depenen d'un tipus de contracte que no dóna dret a pensió de jubilació

 

La major part dels empleats amb minifeines no cobren més de 300 euros al mes

Immigrants, donesi empleats més grans de 50 anys són els destinataris principals dels nous contractes
Jubilar-se més tard i, a més, amb una cotització de minijob en l'última fase de la vida laboral: aquestes són dues de les trampes a què es veuen abocats els treballadors d'avui i els pensionistes del demà, d'acord amb un model alemany que, a més, no és al 100% traduïble a la realitat del mercat social i laboral espanyol.
Els alemanys que arribin aquest 2012 als 65 tindran un primer tast del que és la jubilació als 67. Serà un tast mínim, perquè voldrà dir que hauran de treballar un mes addicional per accedir a la jubilació plena a què tenen dret si han cotitzat 45 anys sencers.
La jubilació als 67, sentenciada al Parlament alemany (Bundestag) el 2009 després d'un llarg procés de discussió encetat en temps del govern socialdemòcrata-verd de Gerhard Schröder, serà una realitat el 2029, després d'un procés esglaonat en 18 passes. És a dir, un mes l'any. En un país on, de tota manera, l'edat real de jubilació ara no eren els 65 anys preceptius per llei (la majoria ho fa als 63 i 8 mesos), la fórmula gradual li treu dramatisme.
Una altra cosa és la realitat, ara mateix, de l'altre gran model alemany a què s'atribueix la bona salut del seu mercat laboral, les minifeines, que ha fet possible situar al desembre la taxa d'atur al 6,8%, la més baixa des de la reunificació alemanya. Un terme més elegant que el de contractes porqueria, que arrenca també dels temps de la impopular Agenda 2010 impulsada per Schröder. És a dir, el programa de reformes estructurals i retallades socials que va costar el càrrec al canceller socialdemòcrata i que va permetre a la cancellera Angela Merkel arribar al poder, el 2005, amb els deures fets pel seu antecessor.
Es tracta de feines de poques hores de durada –el màxim oficial són les 40 hores mensuals– i un màxim de 400 euros al mes per al treballador, a qui no es descompten quotes a la Seguretat Social ni a la jubilació. Si pretén tenir alguna cosa semblant a una jubilació decent, haurà de buscar-se la vida –o la pensió– per altres camins.
Més de set milions d'alemanys depenen ara per ara dels minijobs, molts d'ells amb salaris de menys de 300 euros. Això ha ajudat, en termes de l'estadística oficial, a fer que el nombre d'habitants laboralment actius a Alemanya arribés el 2011 a una xifra rècord: 41,04 milions de persones. D'aquestes, però, només 32,2 milions corresponen a treballadors a plena jornada. La resta es reparteixen en les diferents modalitats de minijobs o feina a jornada reduïda. El mercat laboral alemany té una xifra de desocupats que mata d'enveja altres socis de la UE –un 6,8% de la població activa, cosa que vol dir 2,7 milions d'aturats, dels cinc que va tenir en l'última fase del govern de Schröder.
La realitat d'aquesta estadística del mercat laboral és, ara per ara, prou preocupant per als qui treballen en règim de minijob. Les conseqüències, quan arribin a la jubilació, poden ser l'absoluta precarietat a la vellesa, en un país fins fa poc sinònim de jubilacions daurades i on s'ha ajornat l'edat de retir per mirar de reduir els efectes de la piràmide demogràfica invertida.
“Tots som minijobistes. I cap de nosaltres baixa de les quaranta hores... setmanals. No mensuals”, explica Hatice, una dona turca de 35 anys. És nacionalitzada alemanya gràcies a la reforma de les lleis de ciutadania també impulsades per Schröder –“això sí que li hem d'agrair”, diu– i empleada d'un forn de pa del barri multiètnic de Kreuzberg. El forn de pa –un minisupermercat on es ven de tot, des de iogurts i fruita fins a vins i schnaps, amb un parell de taules per prendre's el cafè, la sopa o l'entrepà al local– és del seu cunyat i funciona tots els dies de l'any, incloent-hi Nadal, de les cinc del matí a les onze de la nit. Hatice i la seva cunyada, més els marits respectius, hi treballen les hores que calgui, oficialment en règim de minijob. Tot el que passi dels 400 euros ho reben “de caixa”. És a dir, en negre.
El minijob alemany no és un pont a la vida laboral plena, sinó una trampa on es queden atrapats especialment dones i treballadors més grans de 50 anys, a més de personal de baixa qualificació i, és clar, immigrants. Amb passaport alemany o sense. Tots ells viuen ja en una precarietat laboral real, segons experts de la Fundació Bertelsmann i fins i tot informes interns del govern alemany, filtrats per mitjans alemanys. El que els espera en el futur és una jubilació encara més precària. Res de tornar a Turquia amb la jubilació alemanya de luxe, sinó al país que els ha donat el passaport i el minijob.
Si a això s'hi afegeix que l'Estat espanyol no té, per exemple, un règim de subsidis com l'alemany –l'anomenat règim Hartz IV, que preveu ajuts a l'habitatge i altres apartats socials per als perceptors dels minijobs sense altres ingressos–, el còctel de precarietat és encara més perillós. Tot això, és clar, sense necessitat d'esperar la jubilació.


41
milions d'assalariats estan registrats com a laboralment actius a Alemanya, dels quals més de 7 milions tenen un ‘minijob'.

2,7
milions de desocupats té ara el país, que contrasten amb els 5 milions de l'última fase del govern de Schröder.