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viernes, 22 de junio de 2018

Largo adiós a Kosslick




Gemma Casadevall

Bildergebnis für berlinale chatrian
Berlín, 22 jun (EFE).- La Berlinale busca rejuvenecerse y ganar en proyección internacional con una nueva dirección bicéfala, integrada por el italiano Carlo Chatrian y la holandesa Mariette Rissenbeek, tras 16 años de gestión en solitario de Dieter Kosslick. 
El nuevo dúo al frente del festival, que asumirá su puesto en marzo de 2019 -un mes después de la próxima edición de la Berlinale-,fue presentado hoy por la ministra alemana de Cultura, Monika Grütters, tras meses de polémica sobre la sucesión de Kosslick y un amago de revuelta del cine alemán contra una elección emanada del ámbito político. 
"Queremos que la Berlinale mantenga su carácter de festival para el público y de alto compromiso político", afirmó Grütters al anunciar la designación de Chatrian como nuevo director artístico del festival, mientras que Rissenbeeck ocupará la gerencia. 
La elección ha sido adoptada por una comisión de expertos creada especialmente para este cometido y ambos asumirán su puesto en marzo de 2019, por lo que la edición del año que viene será la última del certamen bajo la gestión de Kosslick, con un contrato de cinco años. 
Chatrian, director del festival de Locarno desde 2013 y miembro del jurado en Sundance (EEUU), Bafici (Argentina) y San Sebastián (España), se presentó ante los medios en inglés, pero comprometiéndose a "aprender alemán" y a "intensificar los contactos" con el sector del país. 
Rissenbeek, afincada en Alemania desde mediados de los noventa y "muy buena conocedora del sector y sus profesionales", según destacó Grütters, tendrá bajo sus competencias tanto la gerencia del festival como el trato con sus patrocinadores. 
Con ello se pretende descargar de esas responsabilidades a Chatrian, de quien se espera el relanzamiento de un festival cuyas últimas ediciones estuvieron por debajo de las expectativas en cuanto a presencia de grandes estrellas y también de nuevos talentos. 
A Kosslick se le achaca haber caído en lo rutinario en la selección de películas a competición y resto de secciones, así como la presencia reiterada de la misma nómina de directores e incluso actores amigos de la casa, edición tras edición. 
Ya a escala del cine alemán, al aún director se le ha reprochado escaso olfato en la selección de representantes del cine anfitrión y de no haber sido capaz de incluir en el festival berlinés películas que luego triunfaron en Cannes o Venecia. 
Sí ha conseguido, en cambio, defender el sello de identidad de la Berlinale -y lo que le distingue del elitista Cannes-, como es su condición de festival para el público, en que cada año se ponen a la venta -y se agotan- 300.000 entradas entre todas sus secciones. 
El año pasado se precipitaron las muestras de impaciencia del sector ante la eventualidad de que Kosslick renovara por otro mandato de cinco años o la perspectiva de que Grütters -de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel- eligiera para el relevo a una persona de su confianza, 
Un colectivo de 80 directores -encabezados por algunos de los nombres más internacionales del cine alemán, como Fatih Akin, Maren Ade, Doris Dörrie y Volker Schlöndorff- difundió en los medios una carta abierta exigiendo una elección transparente del sucesor. 
Para los firmantes, la mera repetición de esquemas, contenidos y secciones establecidas resta atractivo al festival de cine berlinés respecto a Cannes y Venecia. 
Kosslick aclaró casi de inmediato que no renovaría, a lo que siguió el compromiso de la ministra de Cultura de buscar una sucesión transparente, a través de la mencionada comisión de expertos. 
La presentación de la cúpula bicéfala fue breve, consistente en una declaración de la ministra y unas palabras de agradecimiento de Chatrian, previsiblemente el encargado de recibir sobre la alfombra roja a las estrellas y, por tanto, su rostro más mediático en esa cúpula bicéfala, partir de 2020. EFE gc

martes, 16 de febrero de 2010

El culto al silencio


Berlinale se refugia en Irán y Turquía ante la ausencia de astros
 
Gemma Casadevall

Berlín, 16 feb (EFE).- La Berlinale se refugió hoy en el cine iraní y turco, de la mano, respectivamente, de Rafi Pitts y Semih Kaplanoglu, ambos consagrados al culto al silencio, y cruzó así el ecuador de un festival sobre el que empieza a pesar la ausencia de estrellas de primer orden.
"Bal" -"Honey"-, por parte del realizador turco, y "Shekarchi" -"The Hunter", con Pitts ejerciendo de director y protagonista, cumplieron con creces el tradicional objetivo del festival berlinés de "atender" a esas cinematografías, cada vez menos periféricas, con dos filmes centrados en núcleos familiares destruidos de un mazazo.
Pitts es un buen padre de familia, obligado a trabajar de guarda nocturno por su condición de ex preso, cuya hermosa esposa e hija de siete años mueren en un tiroteo entre policías y manifestantes por las calles de Teherán.
No se le escapará una lágrima, pero sí un par de disparos contra una pareja policial, lanzados con precisión de francotirador, desde un montículo sobre el nudo de autopistas en el extrarradio.
Empieza una persecución por frondosos bosques y se pasa así de la situación interna iraní a algo tan universal como la contraposición entre otros dos agentes: el corrupto y el íntegro.
En otro bosque, en Anatolia, vive Yusuf con sus padres, otro joven matrimonio de aspecto casi idéntico al de Pitts -padre enjuto, él, madre hermosa y con el pelo siempre recogido bajo un pañuelo, como todas las mujeres ahí.
Yusuf es un niño que no habla con fluidez más que a susurros con su padre y que tartamudea en clase. Ayuda a mamá en el campo y a papá en la recogida de panales de miel, hasta que un día éste queda suspendido de la rama de un árbol, que se quiebra bajo su peso, a merced del zumbido de las abejas.
De fuerte contenido político en el Teherán de hoy, en el caso de Pitts, y centrado en la mirada de ese niño, en el de Kaplanoglu, la Berlinale mostró así dos lecciones del buen manejo del silencio.
Se trata, tanto en el caso del joven cineasta iraní como de Kaplanoglu -que cierra con ese film su trilogía sobre Anatolia-, de dos co-producciones con generosa aportación alemana -tanto de su poderosa televisión pública como de fondos regionales de dos estados federados-.
Pitts contó, además, con ayudas del fondo World Cinema de la Berlinale, destinados a potenciar el cine de Latinoamérica, Oriente Medio u otras cinematografías.
De esos mismo fondos salieron filmes como "La teta asustada", de la peruana Claudia Llosa -Oso de Oro de 2009-, así como la argentina "El abrazo partido", de Daniel Burman -Gran Premio del Jurado en 2004-, o "El Custodio" y "El otro", de sus compatriotas Rodrigo Moreno y Ariel Rotter, asimismo premiadas en años posteriores.
La Berlinale impulsó y seguirá impulsando esas cinematografías, como es su deber de buen festival, lo que no quita que esté ofrecer también su carga de espectáculo y estrellato sobre su alfombra roja.
La 60 edición se presentaba floja de antemano y, hasta ahora, los dos grandes héroes del festival -Roman Polanski y Banksy- no acudieron. El primero, porque sigue detenido en Suiza por su deuda pendiente con la justicia de EEUU; el segundo, porque forma parte de su áurea de activista del grafiti defender su anonimato.
La máxima estrella internacional de esta edición ha sido hasta ahora Leonardo DiCaprio, al frente del filme de Martin Scorsese "Shutter Island", que no compite por los Osos.
Un único astro no es suficiente para once días de alfombra roja de una Berlinale cumpleañera sobre la que los medios difunden estos días decenas de reportajes de años anteriores, que generaron tumultos alrededor de Madonna, Rolling Stones, George Clooney, Denzel Washington, Robert de Niro, Sharon Stone, Julia Roberts, Jack Nicholson y un larguísimo etcétera.
Las únicas presencias hoy que alegraron el corro mediático fueron las de Amanda Peet, Rebecca Hall y Catherine Keener, trío protagonista de "Please Give", de Nicole Holofcener, exhibida fuera de concurso. Para mañana se espera la de Julianne Moore, con "The Kids are all right", también fuera de competición. EFE
gc/jcb/cat

Ostalgie


La RDA, cómo fue y cómo se ve ahora en la Berlinale
 
Gemma Casadevall

Berlín, 16 feb (EFE).- La 60 Berlinale rinde homenaje a Wolfgang Kohlhaase, guionista mítico de filmes producidos en la Alemania comunista y, tras la reunificación, de títulos identificados con la "Ostalgie", surgida tras la caída del Muro, que busca liberarse ahora de la mera reproducción de una estética extinguida.
La Berlinale nació en 1951 como escaparate del Berlín dicho "libre" y pantalla cinematográfica del anticomunismo, recordó estos días el director del festival, Dieter Kosslick, quien se dice de los pocos alemanes nacidos en el lado occidental que osa definirse en público como "un poco comunista".
En sus primeros años, antes de la construcción del Muro (agosto de 1961) se ofrecían entradas a bajo precio para los berlineses del sector oriental; luego, ya no fueron posibles las visitas; con el paso del tiempo, la Berlinale empezó a incluir en su competición, aún con cuentagotas, algunas producciones de la RDA (República Democrática Alemana).
La más famosa de estas aportaciones del cine salido de la productora estatal de la RDA, la DEFA, presente en una Berlinale fue "Solo Sunny", cuya actriz, Renate Krosner, ganó el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina en 1980.
Kohlhaase, homenajeado en esta Berlinale con un Oso de Oro de honor a toda su carrera, fue el guionista de esa película, como de muchas otras de la factoría DEFA, instalada en los míticos estudios Babelsberg, que hasta 1945 había utilizado el régimen nazi.
"Es el patriarca, sin duda. De él aprendimos todos", comentó a Efe Matti Geschonneck, director de "Boxhagener Platz", un filme en la línea "Ostálgica" -juego de palabras para nostalgia del Este-, presentado hoy en la sección Berlinale Special.
Kohlhaase, de 78 años, fue tras la caída del Muro el guionista de comedias como "Sommer vorm Balkon" (2005), dirigida por Andreas Dresen, cineasta nacido como Geschonneck en territorio de la RDA.
"Su visión va más allá de la mera nostalgia construida, como los cientos de bares de moda de estética de la RDA que aparecen por todos lados. Es la que necesitamos para no caer en el kitsch reproductivo de unos colores o mobiliario, sin más", apunta Dresen.
"Boxhagener Platz", de Geschonneck, toma precisamente como escenario una plaza del barrio de Friedrichshain, hoy feudo de la modernidad más noctámbula, al igual que otros distritos del antiguo sector oriental, como Prenzlauerberg.
Para los berlineses de hoy, la Boxhagener Platz es zona de copas; en el filme de Geschonneck es donde vive Otti, una genial abuela que ha enterrado ya cinco esposos -cuyas tumbas cuida con amor, en el cementerio del barrio-.
El papel de Otti corre a cargo de Gudrun Ritter, una gran dama de la escena alemana con perfiles que recuerdan a Jeanne Moreau, mientras que su último pretendiente está interpretado por Michael Gwisdeck, otro rostro imprescindible en filmes de la RDA y habitual ahora en los de la nueva generación de cineastas alemanes.
La película está basada en una exitosa novela del mismo título de Torsten Schulz -asimismo colaborador en el film- y se enmarca en el turbulento mayo del 68 y las revueltas estudiantiles que sacudieron las calles del Berlín occidental.
El personaje de Gwisdeck es un ex-militante de la fracción auténtica comunista, la Spartakusbund, al que sacan de sus casillas tanto la malversación de sus ideales por parte de la RDA como la existencia de viejos nazis, como el pescadero -y asimismo pretendiente de Otti-, que un día aparece asesinado entre arenques.
El filme ha sido acogido en la Berlinale como un digno sucesor del estilo DEFA, no un mero reproductor de la estética "ostálgica".
Geschonneck, nacido en Babelsberg e hijo de un matrimonio de actores de la RDA, no sólo no rehuye esta apreciación, sino que se siente orgulloso de la etiqueta.
"Tras la muerte de mi padre (Erwin Geschonneck, fallecido en 2008 a los 101 años) me enfrasqué en revisar tantos filmes como pude de la DEFA", explicó el director, tras la presentación de su filme.
"He tratado de ir más allá de la reproducción estética, al fin y al cabo lo que ahora percibimos como el pasado fue en algún momento el presente. Sólo así se puede tocar la fibra, la "Ostalgie" estará bien para las guías turísticas o para llenar bares, pero a la larga no tiene carga cinematográfica, es fachada", sostiene. EFE
gc/ih/cr

lunes, 15 de febrero de 2010

Portentoso Stellan


Skarsgard levanta la Berlinale como ex preso y objeto sexual todoterreno

Gemma Casadevall

Berlín, 15 feb (EFE).- El cine escandinavo levantó hoy la jornada de la Berlinale con "En ganske Snill Mann" -"A Somewhat Gentle Man"- un film armado sobre el talento de Stellan Skarsgard, convertido en un asesino, ex preso y objeto sexual todoterreno, capaz de arrancar la risa con las más imposibles escenas de sexo.



Las tres películas a competición del día -la noruega, dirigida por Hans Petter Moland, la austríaca "Der Räuber", sobre un atracador de bancos, más la japonesa "Caterpillar", con un soldado que regresa a casa sin brazos ni piernas- hacían temer un lunes cinematográficamente farragoso.
Moland marcó la diferencia, con un Skarsgard muy a lo Kaurismaki, que exprime el humor más "extra dry" de una historia en que uno no sabe si alegrarse o compadecer al héroe por sus éxitos sexuales.
Lo primero que descubre tras doce años entre rejas es que fuera no le dejarán ni siquiera fumar en un café y el habitáculo que le buscan sus gangsteriles ex compañeros no es mejor que su celda. En lugar de carcelero, estará ahora a manos de una desabrida casera, más que fea y con un desaforado apetito sexual.
Deberá compaginar semejantes placeres con su trabajo en el taller mecánico, amén de pagar las deudas a su antigua banda.
No importa: Skarsgard puede con todo. El actor sueco, una autoridad en casa y a escala internacional, al que tanto se ha visto en "Breaking the Waves" o "Dancer in the Dark" como ejerciendo de "pirata del Caribe" o en "El exorcista", le corresponde hacer alarde de versatilidad con la casera, la ex esposa y la chica del taller.
Skarsgard nunca falla, mientras Moland sorprende al espectador dando con la puerta de salida adecuada, justo cuando más de uno empieza a plantearse cómo saldrá airoso de tanto enredo.
Por segunda vez a competición en la Berlinale tras su "Beautiful Country" de 2004, Moland se llevó la primera ovación real de un festival necesitado de sus propios ídolos europeos y no de los que le llegan precocinados de otras cinematografías.
Compartió jornada con otro filme ex carcelero, "Der Räuber" -"El atracador"-, también cimentada en el trabajo de un protagonista, Andreas Lust, pero de dinámica diametralmente opuesta.
Se basa en una historia real, convertida en novela por Martin Prinz y llevada al cine por el austríaco Benjamin Heisenberg.
El filme, de co-producción alemana, llegó a la Berlinale como primera aportación del cine anfitrión, lo que es un arma de doble filo. Por un lado, mucha expectativa; por otro, pocas benevolencias.
Lust traza un más que correcto trabajo alrededor del corredor de fondo, que se ha entrenado en el patio del penal y en la cinta sin fin de fitness de la celda para la maratón.
Nunca estuvo en mejor forma, pero no es ésta la única rutina que mantuvo entre rejas: es persona de ideas fijas, que tampoco dejó de lado su pasión por el atraco.
Su ex preso no es el de Skarsgard, aunque ambos sean igual de parcos en palabras. Al atracador no se le escapó -ni hizo escapar- la menor sonrisa, todo respira tensión, sin que Heinsenberg dejé entrever trasfondos.
"No nos interesaba el espejo psicológico o biográfico, saber qué le acciona a correr, a atracar, qué plan tiene o no tuvo en la cabeza, en qué va a emplear ese dinero o por qué fue a parar a la cárcel. Quisimos retratar el rostro y el metabolismo del maratoniano, la disciplina que aplica a todo", explicó Heisenberger.
Algunos reprocharon al filme la ausencia de tales trasfondos, que acaban bloqueando toda empatía; otros valoraron el perfil que traza del atracador que devora kilómetros y cajas fuertes; los más, el buen manejo de la cámara, con una escenas de persecución policial basadas en la sutileza y la multiplicidad de perspectivas.
"Caterpillar", de Koji Wakamatsu, parte de un argumento terrible -el soldado más que condecorado que retorna a casa como un pedazo de carne que nunca podrá valerse por sí mismo- y es realmente terrible.
El director trata de compilar en un ser todos los crímenes del Japón aliado de Hitler, más los 60 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, más el martirio que deberá soportar la esposa, a la que ya esclavizó el marido cuando tenía brazos y piernas.
El efecto es de castigo: al personaje, que sólo alcanzará a arrastrarse como una oruga; y al espectador, que asiste al empeño por concentrar todo el horror de la guerra en un solo mutilado. EFE
gc/jcb/mlr
(foto)

domingo, 14 de febrero de 2010

La acostumbrada dosis de maestría china y la inevitable floja comedia USA


Zhang jugó a ser un hermano Coen y Stiller enervó como neurótico urbano
 
Gemma Casadevall

Berlín, 14 feb (EFE).- El maestro Zhang Yimou jugó a parecerse a los hermanos Coen para trasladar su "Blood Simple" a la China imperial e hizo buena así, de paso, la jornada a competición de la Berlinale, que compartió con un Ben Stiller convertido en enervante neurótico urbano, sucedáneo -más que sucesor- de Woody Allen.
"San Qiang Pai an Jing Qi" -"A Woman, a Gun and a Noodle Shop"- se anunciaba como remake de la opera prima de Ethan y Joel Coen, de 1984, y a alguno le pareció más una parodia de los hermanos o un Quentin Tarantino entre chinos, sólo que a un ritmo de sangrías infinitamente más moderado y apto para todos los públicos.
Con esta apuesta regresó a Berlín Zhang Yimou, Oso de Oro en 1988 con "Sorgo Rojo", cinco años después de concurrir en ese mismo festival con un impecablemente bello y épico "Hero".
La factura es la misma -impresionante cámara, donde cada encuadre es una obra de arte en sí-, pero el tono muy distinto, impregnado por esa ironía en el trato sanguinario de los Coen.
Trastoca su historia en la del anciano dueño de la tienda de pasta que contrata a un asesino a sueldo para finiquitar a la hermosa y joven esposa a la que lleva años torturando y que ahora supone infiel.
"El cine chino se ha liberado del anquilosamiento, es muy rico, hay más libertad de acción que veinte años atrás. Por eso me atreví a hacer algo ligero, un thriller", explicó Zhang, al parecer también él "liberado", ante el poderío de la generación de cineastas chinos, de la obligación de sentar cátedra como hizo en "Sorgo Rojo".
Zhang no buscó exactamente el "remake", tampoco el homenaje, sino la recreación a partir de un material teóricamente ligero, desplazado a esos paisajes y personajes de tiempos imperiales, dijo.
A los que siguen buscando en el maestro chino la profundidad de entonces, o la magia épica de "Hero", la película decepcionó. Los que se dejaron llevar por su sentido de la ironía y la sangría de asesinatos a ritmo oriental disfrutaron de una apertura de la jornada de domingo a competición.
A Ben Stiller le correspondió el honor y la dificultad, también, de compartir jornada con Zhang de la mano de "Greenberg", de Noah Baumbach, un film que enervó a bastantes por el tono de comedia ligera, con un personaje para el que no vale la etiqueta de "remake", sino de aprendiz de neurótico a lo Woody Allen.
Stiller, o Greenberg, es en realidad un mero amargado, inmerso durante seis semanas en el entorno de hermosos seres californianos malcriados por un "way of life" en que se les consiente todo, menos usar el cerebro. Si de vez en cuando lo hacen causa hasta extrañeza.
Alrededor de la piscina -y la hermosa casa- que le presta su hermano conoce a la por supuesto también hermosísima Florence -Greta Gerwig-, otra parte en el paquete de préstamos fraternos.
Ella le soportará cualquier feo y hasta el más penoso sexo simplemente porque lo ve vulnerable -está en asistencia psiquiátrica-. "Las personas heridas hieren a otras personas", concluye ella, en uno de esos momentos en que usa la cabeza.
"Son dos personas sacadas de la vida misma, que en buena lógica no tendrían nada en común", resumió Stiller, sobre la historia de amor predecible del primer plano al último, en que no se obvia tampoco ningún cliché -chistes judíos, torpe uso del teléfono móvil, más torpe aún abuso del contestador automático, etc-.
Stiller se presentó ante la Berlinale con la humildad de quien hasta ahora no había concurrido como aspirante a premio a ese festival. Cumplió con su papel, desempeñó el rol de chistoso y respondió con soltura de guionista a la pregunta irónica sobre cómo se había preparado para el papel: "Fue toda una transformación física, porque yo atiendo mucho a mi aspecto y ahí salgo desaseado, hasta tuve que adelgazar alguna libra...", dijo.
"En la vida real no soy tan bueno contando chistes como en pantalla", concluyó. Al margen de su soltura profesional en las respuestas, la acogida su film en la sección oficial de la Berlinale fue floja o hasta de impaciencia, en tanto que comedia ligera -y no de las mejores- algo intrusa en la lucha por los Osos. EFE
gc/ibr
(foto)

El grafitero volátil

Banksy, el héroe de la Berlinale que brilla en ausencia
 
Gemma Casadevall

Berlín, 14 feb (EFE).- El enigmático Banksy, quintaesencia del arte callejero y activista del grafiti, se convirtió hoy en héroe de la Berlinale a través de su primer filme, "Exit through the Gift Shop", y revalidó así su talento para brillar en ausencia.
La pregunta del día era "¿vendrá Banksy", ante la esperanza de que el genio entre los genios del grafiti, de rostro oculto, se posara en el último minuto sobre la alfombra roja, se desembarazara de su capucha negra y revelara su identidad.
Mientras se barajaban diversos escenarios -dejará su sello en el festival con uno de sus grafiti o espectaculares acciones, enviará un emisario o aparecerá sin anunciarse en un lugar conocido sólo por sus acólitos-, la dirección del Festival difundió un mensaje del genio, con orden de embargo total hasta la proyección del domingo.
En definitiva, el mensaje a la Berlinale era el saludo incluido a modo de preámbulo en su filme, donde Banksy aparece por supuesto encapuchado y con la voz distorsionada, teóricamente enviado vía satélite desde su incógnita casa en algún lugar del Reino Unido.
Defendía su película como un producto destinado a hacer del arte del grafiti lo mismo que "Karate Kid" representó para las artes marciales o que "Tiburón" respecto al esquí acuático, y se despedía con un "Auf Wiedersehen" en alemán.
Con o sin gran sorpresa de última hora, Banksy dio brío a la Berlinale dominguera con una película que el director del Festival, Dieter Kosslick, hubiera querido incluir en competición, pero no pudo hacerlo porque se había presentado ya en Sundance.
"Exit throught the Gift Shop" va mucho más allá que la obra de un primerizo o del arte espontáneo: es un filme que se gana al espectador del primer plano al último, fundamentado no en el Banksy al que no vemos, sino en un inenarrable "auténtico" artista, con nombres y apellidos: Thierrey Guetta, un obseso del vídeo.
Guetta, un francés afincado en Estados Unidos, es el elegido por Banksy para hacer lo que nadie estuvo hasta ahora autorizado a llevar a cabo: seguirle en sus acciones, cámara de vídeo en ristre, y grabarle manos a la obra, por supuesto sin revelar su identidad.
No fue él quien llegó al personaje, sino viceversa: Guetta llegó a él. De su obsesión inicial por grabar en vídeo a su familia, sus clientes de un rancio comercio en EEUU, sus amigos o los transeúntes, no siempre con beneplácito del observado, Guetta pasó a hacerlo con los artistas callejeros.
Del pariente grafitero pasó al conocido de aquél, de éste a otros correligionarios, luego se internacionalizó -para desesperación familiar- en busca de nuevas fuentes de inspiración y finalmente alguien le colocó junto a Banksy.
Empieza así el trepidante recorrido por algunas de sus genialidades: del mero grafiti ocurrente y provocador a las altamente politizadas pintadas estampadas en el muro de Cisjordania o el alegato en Disneylandia sobre la situación de los presos de Guantánamo.
Trepidante y ágil como el grafitero que burla el acoso policial, de trazo rápido como las pintadas e instalaciones de Banksy, si algo crea el filme es el impulso de tomar una brocha o spray y lanzarse a por una pared blanca.
Uno puede tomarse al pie de la letra o no la veracidad al cien por cien del personaje Guetta. Al fin y al cabo, tal vez preventivamente, el filme no acude como documental, sino como película de ficción.
Tan imparable en su verborrea en inglés afrancesado como en su afán por grabarlo todo, Guetta acabará confundiendo arte espontáneo con repetición industrial zafia, disfrute con negocio. Banksy sigue encapuchado y sin mostrar el rostro. EFE
gc/nvm/ibr

sábado, 13 de febrero de 2010

Un Leonardo para salir corriendo


Scorsese y DiCaprio arrastraron la Berlinale a la tempestad
 
Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- El director Martin Scorsese desató hoy la primera tempestad mediática y cinematográfica de la Berlinale al frente de "Shutter Island", un film que arranca como thriller y deriva en inmersión en la locura, apuntalado en la grandeza de Leonardo DiCaprio.
Con "Shutter Island" llegó el hasta ahora único bombardeo serio de flashes bajo el cielo berlinés y lleno absoluto ante el estreno del tormentoso filme de Scorsese, exhibido fuera de concurso, pero plato fuerte de su sección oficial, al menos en lo que a despliegue mediático se refiere.
DiCaprio regresó como astro-rey a la alfombra roja, diez años después de acaparar flashes con "La playa" y dispuesto a desatar su segunda tempestad, custodiado Ben Kingsley, Mark Ruffalo y Michelle Williams, sus compañeros de reparto, y presididos por Scorsese.
"Pertenecemos a generaciones distintas, pero hace diez años que trabajamos juntos y hemos alcanzado nuevos niveles de cooperación, a lo que se une la increíble madurez artística de Leonardo", afirmó el director, abriendo la ronda de elogios mutuos y recordando su trabajo conjunto en "Gangs in New York" y "The Aviator".
"Ya no soy tan joven, pero cuando sí lo era entendí que habría que estar loco para desaprovechar la oportunidad de trabajar con Scorsese. Hemos desarrollado una especie de camaradería", redondeó DiCaprio.
En la madurez interpretativa de un DiCaprio que sigue sin haber borrado los contornos adolescentes de su rostro se sustenta el tormentoso Alcatraz psiquiátrico en que Scorsese coloca a su actor. Teóricamente se trata de desenmascarar a psiquiatras de alma nazi, tan sedientos de experimentar con su cerebro como con cualquiera de sus pacientes/reclusos.
A más tardar con "Alguien voló sobre el nido del cuco" quedó claro que es más fácil salir de la cárcel de alta seguridad que de un manicomio. La pregunta es cuántos viajes de ida y vuelta entre realidad y locura caben en un filme, cuántos huracanes, cuántas torturas internas y quién es quién en el falso thriller.
"Era un desafío. Un film que exigía mucha empatía, mucha emoción de todos. Por suerte, estábamos en buenas manos", afirmó Ben Kingsley, otro amigo fiel de la Berlinale, como el propio Scorsese, quien dos años atrás provocó otra tempestad mediática en la apertura del festival acompañado de Rolling Stones y su "Shine a Light".
Es difícil imaginar en qué hubiera derivado un guión como el del filme sin esas buenas manos a las que aludía Kingsley y la madurez de DiCaprio. La inmersión en la locura no escatima vendavales, relámpagos, impactos visuales y delirios, hasta hacer pensar al espectador que tal vez sí convendrá recurrir a la lobotomía.
"Me preguntaron si iba a competición y dije que no. Fue así, ¿verdad?", respondió Scorsese, haciéndose el despistado y buscando amparo en su productor, Bradley J. Fischer, a la cuestión de por qué no estaba entre los 20 aspirantes a Oso.
"Venimos a Berlín igual de contentos, dentro o no de la competición", prosiguió. Efectivamente, Scorsese no precisa ir a por los Osos para acaparar flashes y eclipsar a los dos aspirantes de premio proyectados en esta jornada.
El director del festival, Dieter Kosslick, había avanzado al presentar la 60 Berlinale que su eje temático iba a ser la familia. Las dos películas concursantes de este sábado encajaban en ello, desde la perspectiva común no de las ligeras comedias de enredos entre parientes, sino de dos familias desestructuradas.
"Submarino", del danés Thomas Vinterberg, abundó en la tendencia de otros años en los filmes escandinavos en la Berlinale de presentar la cara menos agraciada de su país: adictos al alcohol o a la droga -o a ambos-, predeterminados por progenitores asimismo marcados por la adicción a no abandonar el círculo vicioso.
"Eu cand vreau sa fluier, fluier" -"If I want wo whistle, I whistle"-, del rumano Florin Serban, se centra en un muchacho de 18 años, a punto de salir de su sórdida cárcel de menores, arrojado a poner en peligro la libertad que casi roza con la mano para evitar que su madre se lleve a su hermano pequeño, al que adora, a Italia.
El eje común es la desestructuración y la sordidez, pero las diferencias entre uno y otro son varias. El filme danés abundó en la línea ya bastante transitada en anteriores Berlinales, mientras que el rumano aportó una buena sorpresa: el trabajo de su joven actor, George Pistereanu, otro rostro adolescente marcado por la madurez interpretativa. EFE
gc/nvm/ibr
(foto)

viernes, 12 de febrero de 2010

Ni una Berlinale sin Khan

Khan irrumpió con alegato contra islamofobia en formato Bollywood
 
Gemma Casadevall

Berlín, 12 feb (EFE).- La superestrella del cine indio Shah Rukh Khan irrumpió hoy en la Berlinale con "My Name is Khan", un alegato en formato Bollywood contra la islamofobia nacida tras los ataques del 11 de Septiembre, en un papel de antihéroe con reminiscencias de "Forrest Gump".
Khan, ídolo de multitudes en la órbita "bollywoodiana", repartió su habitual recital de galanteos, blanquísimas sonrisas y miradas intensas, sólo que en lugar de defender una superproducción musical lo hacía como defensor de la armonía interconfesional.
"No importa que abracemos el Corán, la Biblia o la Torá. Todos podemos convivir si utilizamos la misma plataforma del diálogo. Una película puede ser esa plataforma", dijo, tras la presentación de su filme, incluido en la sección oficial, aunque fuera de concurso.
Excesivo, no sólo por duración -167 minutos-, sino también en cuanto al derrame de emociones y mensajes pseudopolíticos, su película es de imposible digestión en un festival internacional, a menos que el espectador se deje llevar sin reparos, sea capaz de reír o llorar y de disfrutar del "kitch" sobredimensionado.
"My Name is Khan" es, admite la superestrella, un "film ingenuo", centrado en un ser ingenuo -un musulmán con un leve autismo, que recorre EEUU para transmitir un mensaje al presidente: "Mi nombre es Khan y no soy un terrorista".

Su propósito es "sacudir paranoias", para lo que repasa felicidades y dramas públicos o privados, con la meta de acceder a los dos presidentes, que sintetizan el periodo transcurrido entre el 11-S que cambió el mundo y el hoy, George W. Bush y Barack Obama. El malo y el bueno, por supuesto, sin disimulos.
El actor dejó así de lado la faceta de guapo galán y se metió en el papel de un indio de la minoría musulmana -como él-, enamorado de una hermosa hindú -como lo es su esposa, en la vida real- y que sufre en propia piel en EEUU la paranoia islamofóbica tras los atentados de 2001 -de acuerdo asimismo a su propia experiencia-.
"No, no fui detenido en EEUU, no fue eso", precisó, ante la versión difundida de que fue retenido el agosto pasado durante horas en el aeropuerto de New Jersey.
"Sólo me formularon durante horas preguntas y más preguntas, por mera desconfianza contra los musulmanes", explicó, respecto al "malentendido" que despertó su consciencia sobre lo que debe ser la realidad de tantos otros musulmanes que, a diferencia de él, no acaban siendo identificados como superestrella del celuloide.
Dirigida por Karan Johar, "My Name is Khan" sigue los pasos de ese joven levemente autista, pero sincero, que logra enamorar a la guapa peluquera de sus sueños y derribar con ella varios tabúes, hasta que los ataques contra las Torres Gemelas acaban con su sueño de amor ideal, por encima de todas las barreras.
Khan regresó así a la Berlinale, dos años después de que se presentase ahí "Om Shanti Om", una película cien por cien Bollywoodiano y por tanto una intrusa en un festival de cine.
"Om Shanti Om" se exhibió entonces en la sección Panorama Special, fuera de concurso, y acudió al festival como una apuesta personal de su director, Dieter Kosslick, según el cual Khan es la única estrella del mundo con mil millones de admiradores.
Ahora lo hizo en la sección oficial, aunque no como aspirante a sus Osos. "Tal vez, en mi próxima visita", dijo Khan, con esa mezcla de humildad y seducción que le convierten en irresistible, por encima de opiniones cinematográficas. EFE
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miércoles, 10 de febrero de 2010

Y, en medio, Metrópolis


Berlinale llega a los 60 más fresca que nunca, entre maestros y primerizos
  
Gemma Casadevall

Berlín, 10 feb (EFE).- La Berlinale abrirá mañana su 60 edición más fresca que nunca, fiel al principio de festival que busca tanto a las estrellas como al cinéfilo de a pié, con una dosis equilibrada de consagrados y debutantes en lucha por los Osos y, a modo de tarta de cumpleaños, un restaurado "Metrópolis" bajo la nieve.
Wan Quan'an, Oro en 2007 con "La boda de Tuya", inaugurará el desfile de los veinte aspirantes con "Tuan Yuan" -"Apart together"-, una historia de amor truncado por medio siglo de separación entre un ex soldado huido a Taiwán y la mujer que dejó en Shangai.
Un argumento idóneo para un festival que, según su director, Dieter Kosslick, pondrá el énfasis en conflictos familiares y reencuentros o desencuentros, por avatares históricos o domésticos.
Será una edición muy centrada en el cumpleaños de un festival nacido en 1951 como "escaparate propagandístico occidental", en definición de Kosslick, y pasó a certamen de primer orden, pese a que las condiciones no son idóneas para lucir escote.
La nieve será el principal enemigo -o atractivo, según se mire- de una edición en que se pronostican hielos perennes, a la que Kosslick no se cansa de pedir que se acuda en calzoncillos largos.
Especialmente inclemente se presenta el viernes el estreno ante la Puerta de Brandeburgo del "Metrópolis" restaurado con la copia del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken de Buenos Aires, la más fiel hasta ahora localizada del mítico filme Fritz Lang.
"Una proyección al aire libre en verano la hace cualquiera. El mérito es hacerlo como los berlineses, en invierno", dice Kosslick, cuyo equipo lucha por liberar de nieve, al menos, la alfombra roja.
Por ahí desfilarán Ewan McGregor, Gérard Depardieu, Leonardo di Caprio, Ben Stiller, sin olvidar a Shah Rukh Khan, máxima estrella de Bollywood, ahora protagonista de "My Name is Kahn". También lo harán Renée Zellweger, miembro del jurado que comanda Werner Herzog, y Hanna Schygulla, Oso de Oro honorífico 2010.
Compartirán espacio con ellos debutantes como la argentina Natalia Smirnoff y su "Rompecabezas", alrededor de una cincuentona cuyo talento para juntar piezas la pone rumbo al Campeonato Mundial de Puzzles en Alemania y en conflicto, de nuevo, con su familia.
Michael Winterbottom -Oro en 2003 con "In this World"-, competirá con "The Killer inside me", protagonizada por Casey Affleck y Roman Polanski -asimismo Oro en 1966 con "Cul de sac"- lo hará apuntalado en McGregor, con "The Ghost Writer".
Otros dos premiados, Zhang Yimou y Jasmila Zbanic -oros en 1988 y 2006, respectivamente- acudirán con "San qiang api an jing qi" ("A Woman, a Gun and a Noodle Shop"), que traslada un thriller a tiempos del Kaiser, y "Na putu", en el Sarajevo de hoy.
La presencia estadounidense será más modesta de lo habitual, con dos únicos aspirantes, Noah Baumbach -"Greenberg", con Ben Stiller- y "Howl", de Rob Epstein.
Lo más espectacular con sello de EEUU acude fuera de concurso, con "Shutter Island", de Martin Scorsesse y con Di Caprio, más "The Kids are Alright", de Lisa Cholodenko, con Julianne Moore, además de "Please Give", de Nicole Holofcener.
Kosslick se quedó con las ganas de incluir en competición "Exit Throught the Gift Shop", del activista del grafiti Bansky, porque ya pasó por Sundance. De Francia habrá una sola aspirante, "Mammuth", de Benoit Delépine, con Gérard Depardieu e Isabelle Adjani.
La Berlinale dedicará atención especial a dos de sus cinematografías habitualmente mimadas, la asiática y la escandinava.
A Zhang y Wan Quan'an se sumarán los japoneses "Caterpillar", de Koji Wakamatsu, y "Otoute ("About her Brother"), de Yoji Yamada, este último fuera de competición y encargado de cerrar el festival.
Y por parte escandinava las danesas "En Familie", de Pernille Fischer, y "Submarino", de Thomas Vinterberg, así como la noruega "En ganske snill mann", de Hans Petter Moland.
Completan la sección a concurso la austríaca "Der Räuber", de Benjamin Heisenberg; la iraní "Shekarchi", de Rafi Pitts, la rusa "Kak ya Provel etim letom", e Alexei Popogrebsky "Rusia) y la rumana "Eu cand vreau sa fluier", de Florin Serban.
La película de Smirnoff será el único largometraje hispano a concurso, mientras que en cortometrajes estará el peruano-español "El segundo amanecer de la ceguera", de Mauricio Franco Tosso.
Ya en Panorama, la Berlinale mostrará las españolas "El mal ajeno", de Oskar Santos, con Eduardo Noriega, Belén Rueda y Angie Cepeda, y "Nacidas para sufrir", de Miguel Albadalejo, con Adriana Ozores, Petra Martínez, Malena Alterio y Ricard Borrás. En esa sección se presentarán la brasileña "Besouro", de Joao Daniel Tikhomiroff, y la argentina "Por tu culpa", de Anahí Berneri. EFE
gc/jcb/cat

miércoles, 2 de julio de 2008

Qué se le perdió a Fritz en Baires


Hallan Metrópolis perdido de Lang, vía Buenos Aires y con toque de suspense
  
Gemma Casadevall

Berlín, 2 jul (EFE).- La versión original de la obra maestra del cine mudo alemán, "Metrópolis", que se daba por perdida, ha reaparecido en Berlín, tras un rocambolesco viaje vía Buenos Aires.
"Sí, es material del auténtico 'Metrópolis', me conozco el filme y no hay duda", explicó a Efe Martin Koerber, restaurador de la versión hasta ahora conocida de esa joya de la historia del cine y uno de los tres expertos que han inspeccionado el material.
Se trata de escenas dadas por perdidas desde hace décadas, que ofrecen una perspectiva "distinta" de la parábola futurista de Lang.
Esta copia de Metrópolis tal y como Fritz Lang la presentó en 1927, tiene múltiples rayadas, puesto que no ha pasado por las manos de un restaurador, lo que no quita, a ojos del experto, que lo que se ha rescatado sea un tesoro del cine.
"Cómo fue a parar a Buenos Aires es algo que no puedo decirle. Es exclusiva de 'Die Zeit', una historia misteriosa por la que habrán pagado lo suyo. Mañana la tiene usted y todos los lectores en su versión completa en el quiosco", bromea Koerber desde su celular, en conversación desde Bolonia, donde asiste a un festival de cine mudo.
La historia llena de suspense de la reaparición de Metrópolis arranca cuando la directora del Museo del Cine de Buenos Aires, Paula Félix-Didier, llegó a la redacción de "Die Zeit" con la versión íntegra del film desaparecido 80 años atrás.
Ahí estaban tres expertos invitados por la publicación y dispuestos a cotejar el material. Los tres le dieron rango de hallazgo sensacional.
Se trata, al parecer, de la versión que Lang presentó en enero de 1927 en Berlín. La historia es conocida: Metrópolis, la ciudad futurista donde los trabajadores viven bajo tierra y donde el hijo del explotador se enamora de una muchacha operaria.
Así se presentó y así se vio en Berlín hasta mayo de ese mismo año. Luego se perdió, hasta que reapareció hace una semana para los expertos de la Filmoteca alemana, en la redacción de "Die Zeit", a donde llegó en el equipaje de la directora del museo bonaerense.
Según la reconstrucción de los hechos de "Die Zeit", el rescate del material se debe, en primer lugar, a Adolfo Z. Wilson, de la distribuidora Terra, que se llevó a Buenos Aires una copia para mostrarla en los cines argentinos.
De sus manos pasó a las de Manuel Peña Rodríguez, un coleccionista privado, que en los 60 la vendió al Fondo Artístico Nacional, al parecer desconociendo su valor. La copia fue a parar en 1992 al Museo bonaerense, cuya dirección asumió el pasado enero Paula Félix-Didier.
Fue visionando de nuevo la copia cuando la directora se apercibió de la extraordinaria duración del film, mucho más de lo que consta en la versión hasta ahora dada por buena. Ahí descubrieron, ella y otros expertos argentinos, las preciadas escenas perdidas.
Félix-Didier quería, según "Die Zeit", que el hallazgo saltara a la luz en Alemania, el lugar donde trabajó Lang. Un contacto con una redactora de la prestigiosa publicación alemana hizo el resto.
Las escenas ahora recuperadas son "esenciales" para la comprensión del film. No sólo se entiende por fin el papel de algunos de los protagonistas, sino que además gana en dramatismo la salvación de los niños desde la ciudad de los trabajadores.
"Hay que ver la película de nuevo", apunta Rainer Rother, director de la Filmoteca de Berlín y de la sección Retrospectiva de la Berlinale.
Entretanto, el director de la Fundación Friedrich Wilhelm Murnau, que tiene los derechos sobre "Metrópolis", pidió un tratamiento "responsable" de la copia recuperada, para que llegue al público de la forma adecuada. EFE
gc/jcb/dm
(con fotos)

lunes, 11 de febrero de 2008

Brasil: es la guerra


"Tropa de Elite" sacude la Berlinale con la guerra de las favelas
 
Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- El brasileño Jose Padilha sacudió hoy a la Berlinale con "Tropa de Elite", una inmersión en la guerra de las favelas desde la perspectiva policial, donde se funden la denuncia y la identificación con unos agentes que combaten la violencia con más violencia y alimentan la espiral de corrupción.
La producción brasileño-argentina llegó al festival envuelta en la controversia de hasta qué punto el film justifica la brutalidad policial en la lucha contra las bandas de traficantes que controlan las favelas.
"Tropa de Elite" arranca de los preparativos ante el viaje de Juan Pablo II a Río de Janeiro, en 1997, y la "operación limpieza" que desata el propósito del Papa de visitar a un obispo en una favela.
La cámara de Padilha se convierte en la sombra del cuerpo encargado del cometido, el BOPE, y especialmente de tres de sus personajes -su capitán y dos miembros. Desde esta perspectiva narra tanto la batalla contra las bandas fuertemente armadas que controlan la zona como contra la propia corrupción policial.
"En Brasil tenemos una policía corrupta, que asesina y extorsiona y a la que el pueblo odia", explicó hoy el director, dejando claro su distanciamiento hacia un cuerpo que entra a saco disparando a matar y pregunta luego quién es el traficante y quién el escolar.
"Sólo en Río, en un año, hubo más muertos por violencia policial que en la última Intifada", recalcó. Más cifras: por año se producen en todo EEUU 200 muertos por violencia policial, mientras que en Río el número sube a 1.200.
Ello no quita, sin embargo, "que las bandas que controlan las favelas no sean tanto o más brutales, independientemente de que entendamos por qué se origina esa violencia, y que dentro de las favelas incluso las ONG deban pactar con ellos".
Es un círculo vicioso, explica Padilha, en que la brutalidad de las bandas y la corrupción policial se alimentan mutuamente y en que un idealista que quiera cambiar la sociedad, como el recluta Matias, se estrella en un sistema generador y multiplicador de violencia.
Los propósitos de denuncia del director quedaron claros, pero no los resultados. "Tropa de Elite" es un film que, antes de llegar a las salas de Brasil, habían visto ya 11,5 millones de brasileños, por una extraordinaria difusión de copias pirata.
"Es un hecho sin precedentes, que perjudica a la producción, pero que ilustra hasta qué punto había sed por verla", dijo el director.
Padilha, autor anteriormente del documental "Bus 174", sobre el secuestro de un autobús desde la perspectiva de los niños de la calle, afirmó que "Tropa de Elite" pretende sobre todo "invitar" a la reflexión sobre ese círculo vicioso.
El resultado, sin embargo, es un film magistralmente filmado, con pulso de documental, que deja el sabor de cierta justificación, o incluso glorificación, de la violencia policial.
La inmersión de Padilha en las favelas compartió jornada con otra inmersión muy distinta: la que hace Doris Dörrie respecto a una familia alemana-tipo en "Kirschblüten" -"Cherry Blossoms", en inglés-, primera participante germana a concurso.
Si "Tropa de Elite" deja al espectador desbordado por imágenes y acontecimientos, Dörrie lo sumerge en un mundo donde el tiempo transcurre al ritmo en que florecen los cerezos.
Un hombre sin dotes comunicadoras enviuda de la mujer que aplicó a su existencia la poca fantasía que su pasión por la rutina y el aburrimiento parecía dispuesto a aceptar.
Ese hombre, magníficamente interpretado por Elmar Wepper, hasta entonces incapaz de desenvolverse fuera de su pueblo bávaro, empieza, a partir de la desesperación por la pérdida, un viaje a Japón. Es decir, el país que su mujer siempre quiso visitar y donde vive uno de sus hijos, plan eternamente pospuesto por él.
Dörrie retrata de la mano de Wepper y Hannelore Elsner -una gran dama del cine alemán- la incomunicación intergeneracional de tantas familias alemanas, donde es más fácil conectar con la novia lesbiana de una hija que con ésta. O con una mendiga japonesa que con el hijo que reside ahí, superado por la situación.
El cine alemán cumplió con ello la obligación de buen anfitrión: ser agradable sin aturdir, estar correcto y dejarse aplaudir, hasta el punto de poder colgarse de antemano, sin pecar de arrogante, de sólido aspirante a un Oso.
Cerró la ronda a competición de la jornada "Sparrow", de Johnnie To, un recorrido por Hong-Kong de la mano de un cuarteto de carteristas, convertidos en veneradores de una enigmática intrigante. EFE gc/ih/ibr (con fotografía)