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viernes, 30 de agosto de 2024

Los Wagenkecht-Lafontaine y el segundo desgarro izquierdista

El factor Sahra Wagenknecht: el izquierdismo prorruso alemán probablemente imprescindible en Turingia y Sajonia



Sahra Wagenknecht (derecha) y la candidata de su partido en Turingia, Katja Wolf, tras ser rociadas con pintura roja en un mitin en Erfurt este jueves. / AP
 Gemma Casadevall

Si algo demuestra Sahra Wagenknecht es que no se arruga ante un ataque. Lo mostró en 2016, cuando un militante antifascista le estrelló una tarta de chocolate en la cara en un congreso de su partido de entonces, La Izquierda. Y volvió a hacerlo esta semana, cuando otro hombre le lanzó pintura roja a metros de distancia del escenario de su mitin en Erfurt, la capital de Turingia. Tras el tartazo en su congreso regresó a la sala con un nuevo e impecable traje, mientras que al lanzamiento de pintura respondió asegurando que no se dejará intimidar.
"Sahra kommt" ("Viene Sahra") es la frase omnipresente en los carteles del partido que lleva su nombre, Alianza Sahra Wagenknecht (BSW). Se formalizó como partido en enero de este año, tras escindirse de La Izquierda clásica y agónica. El lema de su programa es "Sensatez y justicia".
Apenas ocho meses después de su fundación, se perfila como imprescindible para articular una mayoría, al menos en el este alemán donde se celebran elecciones regionales este septiembre. El próximo domingo se estrena en Sajonia y Turingia, a lo que seguirán los comicios de Brandeburgo, el 'Land' que rodea Berlín, el 22 de septiembre.
Los sondeos sitúan al BSW en un 18% en Turingia y en el 12% en Sajonia. A la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se le pronostica el primer puesto al menos en Turingia, por encima del 30%. De ser así, el resto de las fuerzas democráticas deberá negociar con Wagenknecht una alianza multicolor para obtener una mayoría capaz de neutralizar a la AfD. O ver cómo la ultraderecha alcanza su primer gobierno de un 'Land'.
Tratar con Wagenknecht no será fácil ni para los conservadores de la CDU ni para los socialdemócratas del canciller Olaf Scholz: la BSW apuesta por negociar con Vladímir Putin la paz para Ucrania y cortar los suministros de armas a Kiev. Es un giro en política exterior no contemplado por Berlín, pero que aparentemente respalda casi la mitad de la población del este, el antiguo territorio comunista. Tanto la AfD como BSW se presentan en campaña como "pacifistas", lo que en el caso de la ultraderecha va envuelto en sospechas de financiación irregular, tramas de espionaje y campañas de desinformación procedentes de Moscú.
A escala nacional, la BSW no tiene tanto respaldo. En las pasadas europeas se situó en un 6%, mientras que su estimación de voto de celebrarse ahora elecciones generales está en el 8%. De convertirse también en imprescindible para forjar mayorías a escala nacional, habría serios problemas de convivencia en política exterior.
"Crecí con el miedo a una guerra atómica. Ahora ese temor vuelve a ser real", afirmó Wagenknecht desde Jena, su ciudad natal, en el estado de Turingia. Los planes de la OTAN de estacionar misiles de largo alcance en territorio alemán y la posible respuesta de Moscú fundamentan, dice, ese temor. Vladímir Putin desencadenó la guerra, pero Occidente tiene "una parte de culpa en ella", afirma.

Dos escisiones, entre la propia y la de Lafontaine

Wagenknecht, de 55 años es hija de una alemana y un iraní 'desaparecido' tras un viaje a Teherán cuando ella solo tenía tres años. Creció en la Alemania comunista y lleva más de tres décadas en política. Primero representó al postcomunismo fiel a los orígenes e incómodo para el reformismo izquierdista posreunificación alemana. Hace un año abandonó La Izquierda por considerar "flojo" su discurso frente a la guerra de Ucrania. Antes que eso, había topado con su partido en política de asilo, ya que defiende el freno a la migración irregular y las expulsiones de refugiados rechazados. Su línea dura en política migratoria y su perfil de partido prorruso la acercan a la AfD. Pero Wagenknecht sostiene que en el suyo no hay lugar para neonazis.
Es la indiscutida líder de la BSW, pero tras ella hay otra figura que ha marcado la política alemana desde hace décadas: Oskar Lafontaine, su pareja desde 2012 y marido desde 2014. Lafontaine tiene una de esas biografías superpobladas de trifulcas políticas y ataques, incluida una cuchillada en el cuello de una mujer aparentemente desequilibrada en un mitin en 1990. En 1999 protagonizó su primer desgarro político, al dimitir como jefe del Partido Socialdemócrata y como ministro de Finanzas en protesta por la línea centrista de su correligionario y entonces canciller, Gerhard Schröder. Fundó La Izquierda entre la disidencia que arrastró consigo y el poscomunismo del este. Su segunda escisión es la que comparte ahora con su mujer, aunque formalmente esté en la retaguardia.

domingo, 27 de agosto de 2023

Wagenknecht contra todos

La Izquierda alemana, ante una escisión suicida



Gemma Casadevall, Corresponsal Berlín

"Nunca es una buena idea que la izquierda se fraccione. Y la posibilidad de que eso ocurra es muy, muy alta", afirmó el jefe del grupo parlamentario del partido La Izquierda, Dietmar Bartsch, tras anunciar la semana pasada su retirada de ese puesto. No será el único que lo hace, ya que su hasta ahora compañera en el liderazgo del grupo en el Bundestag (Parlamento federal), Amira Mohamed Ali, anunció asimismo unos días antes que deja el puesto. Ambas retiradas se consumarán este septiembre. Y tras el fraccionamiento al que alude Bartsch está el nombre más cacareado desde hace meses en La Izquierda alemana, Sahra Wagenknecht, de 54 años, mediática, incisiva e inflexible. Para algunos, la salvación y la esencia del partido de raíces comunistas; para otros, la pesadilla que puede precipitar el naufragio de esa formación, defensora de posiciones tan extremistas que la acercan a la ultraderecha en temas como el derecho al asilo o el rechazo a los suministros de armas a Ucrania.

"Por supuesto lucharé hasta el último minuto para que no se produzca la escisión. Siempre estuve dispuesto al diálogo con Wagenknecht", añadió Bartsch. La doble retirada al frente del grupo parlamentario más pequeño del Bundestag tiene poco que ver con la debilidad actual de un partido que si sigue teniendo escaños en el Parlamento federal no es por su representatividad porcentual, sino por un puñado de victorias en sus distritos tradicionales del este alemán. En las generales de 2021 quedó en un 4,9%, por debajo del listón mínimo del 5% necesario para acceder de forma directa al Bundestag. Pero obtuvo los suficientes mandatos directos o victorias en esos distritos -un mínimo de tres- para obtener representantes y grupo parlamentario propio, de acuerdo a la ley electoral alemana.

Bartsch representa a la corriente de los moderados, mientras que Mohamed Ali está entre los simpatizantes de Wagenknecht. Ambos anunciaron con pocos días de diferencia su retirada del puesto, mientras desde el sector moderado se trata, hasta ahora sin éxito, de echar del partido a Wagenknecht.

Fusión de partidos de izquierdas

Es la enésima lucha por la superviviencia de un partido que nació de la fusión entre el post-comunista Partido del Socialismo Democrático (PDS) de Gregor Gysi y la disidencia socialdemócrata que arrastró consigo Oskar Lafontaine en 1999. Es decir, tras su intempestiva doble dimisión como jefe del Partido Socialdemócrata (SPD) y ministro de Finanzas de su correligionario Gerhard Schröder, apenas seis meses después de llegar al poder al frente de su por entonces revolucionaria coalición roji-verde. El SPD alemán nunca se sobrepuso de aquel desgarro y los dos machos alfa que la protagonizaron, Schröder y Lafontaine, siguen sin dirigirse la palabra -que se sepa- desde entonces.

Lafontaine unió a continuación su destino político al de Gysi, el artífice de la resurrección del PDS post-comunista al que el resto de la clase parlamentaria alemana había tratado inútilmente de arrinconar. A su PDS se le tachaba inclementemente de "heredero del régimen del Muro de Berlín" y se le repudiaba como socio tanto desde la oposición conservadora como desde el SPD o los Verdes. Del tandem entre Lafontaine y Gysi surgió La Izquierda y, con ello, el partido dejó de ser un reducto solo políticamente vivo en el antiguo territorio comunista para extenderse al resto de Alemania. Poco a poco se rebajó el cordón sanitario en torno a La Izquierda, que a escala regional ha sido socio en coaliciones con el SPD y los Verdes, además de liderar el gobierno del estado de Turingia.

A la unión política que generó la Izquierda siguió otra extendida a lo personal: Lafontaine se convirtió en pareja y luego esposo de Wagenknecht, líder desde la fundación del PDS de su ala comunista. Esta confluencia hace que en Alemania se hable ahora del segundo desgarro interno en un partido relacionado, directamente o no, con Lafontaine.

Equilibrios ideológicos

El exlíder del SPD apartó ya de la vanguardia de La Izquierda a raíz de la invasión rusa de Ucrania en desacuerdo con la "línea blanda" que, a su parecer, defiende el resto del partido. Es decir, por tratar de hacer equilibrios entre la condena a la guerra de agresión de Moscú y oponerse al mismo tiempo a los suministros de armas. Lafontaine, como Wagenknecht, defiende la fidelidad o "comprensión" hacia el Kremlin solo comparable en el espectro parlamentario alemán a la de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Esta especie de cercanía entre los dos extremos del Bundestag no se limita a sus posicionamientos respecto a Kiev y Ucrania, sino también en su rechazo a la acogida de refugiados o la lucha contra el cambio climático. Las intervenciones de Wagenknecht en el Parlamento -fue líder del grupo parlamentario hasta 2019- o en sus intervenciones en tertulias u otros foros suelen diferir muy poco de lo que dice la líder de la AfD, Alice Weidel.

Wagenknecht lleva meses coqueteando con la idea de fundar un nuevo partido. El resto de la Izquierda tiembla. Una escisión en un partido que no logró ni el mínimo del 5 % es una amenaza de muerte. Se estima que Wagenknecht podría arrastrar consigo a varios de los 39 diputados que tiene La Izquierda. Por debajo de los 37 perdería su estatus de grupo parlamentario, lo que además de recortes en la financiación que percibe por cada escaño implica la pérdida de puestos en comisiones parlamentarias, vicepresidencia de la Cámara baja, influencia y visibilidad política. Al hipotético nuevo partido de Wagenknecht le estimaba estos días un sondeo del popular diario 'Bild' hasta un 15% de intención de voto. No solo por los que arrancaría a La Izquierda, sino porque también la aclamaría un nuevo "voto de protesta" escindido de la AfD. La pregunta es si seguiría siendo identificable como izquierdista, como ultraderechista o en la órbita de otros movimientos europeos difíciles de situar a uno u otro lado, captadores del llamado voto del descontento o la crispación.

Desde la corriente moderada se está tratando de movilizar de nuevo a Gysi, su más carismático e histórico líder, elocuente y clave de las sucesivas resurrecciones del partido. Gysi, con 75 años y varios infartos en su historial médico, se ha retirado y luego regresado varias veces a la palestra política. La próxima cita del partido con su futuro es el 4 de septiembre, en que deberá elegirse a los nuevos jefes del grupo parlamentario y tal vez asistir a la formalización del nuevo desgarro izquierdista en la política alemana.

sábado, 25 de marzo de 2017

Oskar, como efecto secundario


Merkel y Schulz se miden por fin en las urnas

Gemma Casadevall

Bildergebnis für merkel schulz lafontaine

Berlín, 25 mar (EFE).- Los conservadores de la canciller alemana, Angela Merkel, y los socialdemócratas de Martin Schulz, su rival en las generales del próximo septiembre, miden sus fuerzas mañana en el "Land" del Sarre, primer test en las urnas del año electoral alemán. 
Al Sarre, un estado federado fronterizo con Francia con 800.000 electores -en un país de 81 millones de habitantes-, le corresponde abrir este domingo una ronda de comicios regionales inevitablemente abocada a servir de barómetro al llamado "efecto Schulz". 
La Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y el Partido Socialdemócrata (SPD) de Schulz gobiernan en ese "Land" en gran coalición, una constelación idéntica a la que, a escala federal, lidera en la presente legislatura la canciller. 
Para el ciudadano del Sarre, las regionales del domingo se contemplan como un duelo bastante igualado entre la actual jefa del Gobierno, Annegret Kramp-Karrenbauer, y su socia de coalición y segunda en ese Ejecutivo, la socialdemócrata Anke Rehlinger. 
Los últimos sondeos apuntan a que la CDU se mantendrá como primera fuerza, con un 37 %, mientras que el SPD obtendrá un 32 %, lo que para ambos significa un aumento de dos puntos respecto a 2012. 
Paradójicamente, es el SPD el partido con más opciones a defender su condición de gubernamental, sea en otra gran coalición o al frente de una alianza inexplorada en el oeste del país, con La Izquierda. 
Para la CDU, perder ese "Land" sería un revés, en un año electoral complejo para la canciller ante el impulso adoptado por el SPD con Schulz y con los sondeos apuntando a un empate en las generales del próximo 24 de septiembre. 
Al golpe psicológico se sumaría la pérdida de peso en el Bundesrat -cámara alta- difícilmente subsanable a corto plazo. 
Las siguientes regionales serán en mayo en Schleswig-Holstein y Renania del Norte-Westfalia, dos "Länder" muy distintos -el primero, un pequeño estado junto a Dinamarca, y el segundo, el más poblado del país, en el oeste-, ambos gobernados por el SPD. 
Para los socialdemócratas, caer en la "tentación" de querer liderar una coalición con La Izquierda -a la que se pronostica un 12,5 %- podría salirle caro. 
El líder izquierdista en el "Land" es el veterano Oskar Lafontaine, el exjefe del SPD que en 1999 abandonó el partido y el Gobierno de su entonces correligionario Gerhard Schröder, en desacuerdo con la línea centrista de éste. 
Llevaba Schröder apenas unos meses en el poder y, más allá de un pulso entre dos "machos alfa", la ruptura derivó en cisma para el SPD: Lafontaine se llevó consigo su ala izquierdista, a lo que siguió su fusión con el poscomunismo del este del país. 
La línea de Lafontaine se plasma en lo político y en lo personal -forma pareja con Sahra Wagenknecht, líder del ala comunista de su formación-, lo que para cierto electorado alemán, especialmente en el oeste, es difícilmente digerible. 
Schulz ha enviado señales de acercamiento a Lafontaine y, además, aboga por revisar la Agenda 2010, el impopular programa de reformas y recortes sociales aprobado por Schröder como canciller. 
Un acercamiento demasiado estrecho a Lafontaine sería sin duda aprovechado por las filas de Merkel a lo largo del año electoral. 
La propia canciller, quien defiende la Agenda de su antiguo rival Schröder como base de la solidez actual de Alemania, ha alertado ya en sus intervenciones en la campaña del Sarre contra un "experimento rojo-rojo", en alusión a una coalición SPD-Izquierda. 
La reedición de una gran coalición es la fórmula preferida por el elector a escala nacional: según un reciente sondeo, un 30 % aboga por esa constelación para el próximo Gobierno, independientemente de quien gane las generales, frente a un 19 % que se pronuncia por un hipotético bloque entre SPD, Izquierda y Verdes. 
La renacida polarización del bipartidismo tradicional entre la CDU y el SPD ha eclipsado algo a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), partido lastrado por trifulcas internas. 
A esta formación se le vaticina el domingo un 6 %, un porcentaje que le daría acceso a otra cámara regional -la undécima, del total de 16 "Länder"-, pero alejada de sus resultados en 2016: un 24 % en Sajonia Anhalt (este) o un 15 % en Baden-Württemberg (suroeste). EFE gc

domingo, 3 de junio de 2012

La sombra de Lafontaine sobre dos desconocidos


La Izquierda exhibe su crisis en un poco convincente giro al radicalismo

Gemma Casadevall

Berlín, 3 de junio (EFE).- La Izquierda alemana cerró hoy su congreso federal con una victoria ajustada de su ala radical frente a la reformista, acosada tanto por su división interna como por el impacto del nuevo voto de protesta representado por Los Piratas.
La elección como nuevo líder de Bernd Riexinger, el candidato aupado a la presidencia por el veterano Oskar Lafontaine, con apenas un 53,5 % de los votos, evidenció el cisma persistente de un partido aquejado desde su origen por las hostilidades internas y externas.
Riexinger, un rostro desconocido hasta el congreso de este fin de semana en Gotinga (centro de Alemania), se impuso al reformista Dietmar Barsch y compartirá así presidencia con Katja Kipping, según la fórmula de cúpula bicéfala de "Die Linke" -La Izquierda-.
Su victoria frente al rival reformista -que obtuvo un 45,5 %- supone la perpetuación de la línea de Lafontaine, cuya compañera sentimental y líder de la Plataforma Comunista, Sahra Wagenknecht, fue reelegida además para la vicepresidencia de la formación.
Se trata, sin embargo, de un éxito dudoso, puesto que deja más tambaleante a un partido marcado por las posturas irreconciliables, desde antes incluso de su fundación, y que a diferencia de otras formaciones parejas europeas no ha sabido sacar partido de la incertidumbre que genera la crisis económica global.
"Die Linke" nació en 2007, fruto de la fusión del poscomunismo liderado por Gregor Gysi y de la disidencia que Lafontaine arrastró consigo en 1999 con su doble dimisión, como líder del Partido Socialdemócrata (SPD) y ministro de Finanzas de Gerhard Schröder.
A los recelos que despertaba ya el poscomunismo, etiquetado de heredero del régimen que levantó el Muro de Berlín, se sumó la hostilidad casi a muerte de la socialdemocracia alemana por la escisión desencadenada por Lafontaine.
Sobre esta base se fundó un partido al que entonces se vaticinó no superaría la división entre sus alas del este y el oeste del país, a lo que se siguieron pulsos entre personalismos, incluidos los de Lafontaine y Gysi, que apenas se dirigen la palabra.
Gysi habló ayer de "odios", en su discurso ante los 500 delegados de Gotinga, no para referirse a la animadversión procedente de otras formaciones, sino de las relaciones dentro del partido.
Lafontaine se fue como vencedor -"La venganza de Oskar", titulaba "Der Spiegel"-, pero nada apunta a que "Die Linke" pueda sumarse al auge del radicalismo europeo de la coalición griega Syriza de Alexis Tsipras o el Frente de Izquierdas del francés Jean-Luc Mélenchon.
Las constantes llamadas a la unidad durante el congreso delataban el miedo de las bases a una escisión, mientras que las principales alusiones a rivales, fuera del partido, no se dirigieron ya a los enemigos de siempre -el SPD, los Verdes o el gobierno de centro-derecha de Angela Merkel-, sino a Los Piratas.
Esta formación de nuevo cuño, sin un programa político definido y apuntalada en la libertad en internet, irrumpió con fuerza en el espectro político alemán y recluta electorado procedente de todas las formaciones, pero con mayor impacto en la más debilitadas.
Desde el pasado septiembre, en que los Piratas lograron sus primeros escaños en la ciudad-estado de Berlín, ha entrado en un total de cuatro parlamentos regionales de "Länder" y los sondeos le pronostican un 12 % en las generales previstas para 2013.
A "Die Linke", con 79 diputados en el Bundestag (parlamento federal) tras lograr en 2009 un 11,9 %, se le vaticina entre un 6 y un 5 % y quedó fuera el pasado mayo de dos cámaras regionales.
Gotinga fue exponente de los ataques y alusiones de prácticamente todos los oradores hicieron a Los Piratas, mientras éstos respondían desde múltiples cuentas en Twitter -su principal órgano comunicador- e ironizaban sobre la precariedad técnica del livestream de "Die Linke", que funcionó sólo a trompicones los dos días de congreso. EFE
gc/ll

sábado, 2 de junio de 2012

Qué tendrán ellos



La Izquierda alemana busca en el modelo francés el remedio a su división

Gemma Casadevall

Berlín, 2 jun (EFE).- La Izquierda alemana centró hoy su congreso federal en la renovación de su cúpula, entre llamadas desesperadas a luchar contra la escisión y alusiones a los correligionarios franceses, en busca de un remedio a la división interna.
El líder más destacado de la formación, Oskar Lafontaine, y el co-fundador del partido, el poscomunista Gregor Gysi, ambos ya en la retaguardia, escenificaron la lucha por la supervivencia política, mientras daban paso al relevo generacional.
Le elección de la presidencia, bien entrada la noche, recayó en Katja Kipping y Bernd Riexinger -una mujer del este y un hombre del oeste, según el reparto de cuotas del partido-, este último seguidor de Lafontaine, que derrotó a su rival interno, Dietmar Barsch.
"No es tiempo de rencillas, sino de resistir unidos y de luchar por un izquierdismo fuerte capaz de defender los intereses de la mayoría", dijo previo a las votaciones Lafontaine, ante el congreso que se cerrará mañana en Gotinga (centro de Alemania).
El camino hasta la formación de la Izquierda -"Die Linke", en alemán- "fue largo y dificultoso", apuntó por su parte Gysi, y no es momento de "echar por tierra tantos esfuerzos" por meros conflictos de "susceptibilidades" o, entafizó, hasta odios.
Son tiempos "muy duros", ante lo que conviene aprender del izquierdismo europeo, y especialmente el francés, para dar una "respuesta unitaria" ante la "destrucción de la democracia" precipitada por la crisis global financiera, añadió Lafontaine.
En su característico estilo al borde de la afonía, Lafontaine llamó a los suyos a "prohibirse" hablar de escisiones y a centrarse en dar respuestas contundentes que lleguen a la ciudadanía, al estilo del Frente de Izquierdas de Jean-Luc Mélenchon.

"Ellos, nuestros correligionarios, son quienes están determinando el nuevo rumbo en París", apuntó Lafontaine, según el cual la influencia de esa formación ha generado el giro europeo del presidente François Hollande.
Ambos veteranos dieron así, con sendos discursos de 15 minutos, la sacudida que se esperaba de su presencia en el congreso de La Izquierda, a modo de antesala de las votaciones.
La elección recayó en un dúo sin la garra de Lafontaine o Gysi, pero también sin su capacidad polarizadora, para bien o para mal.
La formación, surgida en 2007 de la fusión del poscomunismo del este y la disidencia socialdemócrata, entró en una fase de disgregación que en Alemania se interpreta como la evidencia de que nunca logró conciliar sus fracciones del este y oeste del país.
Los patriarcas representaron la fuerza de un partido que ya quedó irremediablemente atrás. Lafontaine pasó a la retaguardia por un cáncer, en 2010, y Gysi lo hizo tras varios infartos.
Fuera de eso, las relaciones entre ambos dejaron de ser armoniosas hace mucho, hasta el punto que apenas se hablaban ya, como se evidenció en el congreso.
Para la nueva cúpula se habían presentado hasta diez candidaturas, la mayoría poco conocidas para el elector corriente.
El único nombre con fuerza entre los líderes en activo es su vicepresidenta Sahra Wagenknecht, la actual compañera sentimental de Lafontaine y representante de la llamada Plataforma Comunista.
De 43 años y muy mediática, Wagenknecht declinó intentar tomar las riendas, por no ser el factor integrador que precisa el partido y representar al ala más poscomunista, a la que medio país identifica como heredera del régimen que levantó el Muro de Berlín.
"Die Linke" nació tras de una laboriosa fusión entre el poscomunismo de Gysi y la disidencia que siguió a Lafontaine tras su doble dimisión, en 1999, como presidente del Partido Socialdemócrata (SPD) y ministro de Finanzas de Gerhard Schröder, en desacuerdo con el rumbo centrista del entonces canciller.
Juntos sacaron al partido del reducto de fuerza regional, que debía sus diputados en el Bundestag (parlamento federal) a sus bastiones del antiguo territorio germanooriental, y empezaron a ganar terreno también en el oeste.
Con su retirada la tendencia se invirtió y del récord del 11,9 % de las generales de 2009 se les pronostica entre un 6 y un 5 % en los próximos comicios de 2013. EFE
gc/ll

lunes, 14 de mayo de 2012

Esperando a Oskar


El auge pirata empieza a cobrarse víctimas: La Izquierda (análisis)

Gemma Casadevall

Berlín, 14 may (EFE).- El auge de Los Piratas, partido de nuevo cuño que ayer logró escaños en su cuarto estado, Renania del Norte-Westfalia, ha empezado a erosionar a otras formaciones y se ha cobrado su primera víctima, La Izquierda, durante años depositaria del voto de protesta.
Los Piratas entrarán en la cámara renana al lograr un 7,8 % de los votos en el "Land" más populoso de Alemania, lo que consolida la efervescencia de una formación que el pasado otoño se alzó con sus primeros escaños, en la ciudad-estado de Berlín, con un 8,9 % de sufragios.
El buen arranque se atribuyó a su teórica condición de partido generacional, con electorado joven y urbano, fanático de la libertad en internet -de la que son defensores- y con escaso perfil político, ya que su indefinición programática es su segunda gran característica.
El 7,4 % alcanzado en marzo en el Sarre, estado del oeste del país sin grandes concentraciones urbanas, desbarató esta consideración, a lo que siguió un 8,2 % hace una semana en Schleswig-Holstein -un pequeño estado junto a la frontera danesa- y ahora el resultado de Renania del Norte-Westfalia.
Los comicios de ayer, últimos del año electoral alemán, dieron un mazazo a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel, que obtuvo un 26,3 % de los votos y quedó sepultada en su récord a la baja en ese estado, mientras que dispararon al Partido Socialdemócrata (SPD) al 39,1 %.
Al margen de la consolidación para el SPD en ese estado, donde ahora podrá gobernar en holgada mayoría con los Verdes, los comicios dieron otro revés a La Izquierda, aglutinante de la disidencia socialdemócrata y el postcomunismo.
"Los Piratas es la única formación que se nutre de electorado de todo el resto del arco parlamentario, con especial fuerza de aquellos que están más debilitados", señaló Volker Kronenberg, director del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Bonn, en un encuentro con corresponsales extranjeros en Berlín.
El ascenso de la formación se cebó primero con el Partido Liberal (FDP), socio de Merkel en Berlín, que en Schleswig-Holstein y en Renania del Norte-Westfalia se recuperó con un 6,3 % y un 8,6 % de los votos, tras meses con resultados propios de partido marginal.
La revitalización liberal se debe a dos líderes regionales -Wolfgang Kubicki y Christian Lindner, respectivamente-, representantes de la línea crítica al líder del FDP y ministro de Economía de Merkel, además de vicecanciller, Philipp Rösler.
"En los próximos meses se verá si ello refuerza o mina el liderazgo de Rösler", apuntó el analista, según el cual el FDP fue, durante meses, otra fuente de "nutrición" para los Piratas.
Ahora le llegó al turno a La Izquierda, formación que ya en los comicios regionales de Berlín experimentó una sacudida -bajó del 13,4 al 11,7 %-, especialmente elocuente por ser la mitad este de la capital uno de los feudos tradicionales del voto postcomunista.
En el Sarre, estado de su líder más carismático, el expresidente del SPD Oskar Lafontaine, cayó del 21,3 al 16,1 %.
Peor le fueron las cosas a La Izquierda en Schleswig-Holstein, donde del 6,0 % bajó al 2,2 %, y se quedó sin escaños, lo mismo que en Renania del Norte-Westfalia, al descender del 5,6 al 2,6 %. "En la caída de La Izquierda coinciden la crisis de liderazgo y la erosión del voto de protesta", afirmó el politólogo.
La Izquierda nació como fusión del Partido del Socialismo Democrático (PDS) y la disidencia socialdemócrata de Lafontaine.
Con esa fusión el nuevo partido abandonó el reducto de formación "regional" del este del país -el territorio de la extinta República Democrática Alemana (RDA)- para lograr sus primeros escaños en el oeste.
Tras años en ascenso, ahora está sin liderazgo claro, a la espera de que Lafontaine -que regresó a la palestra en las elecciones del Sarre, tras pasar a la retaguardia por un cáncer- se pronuncie sobre si asume su liderazgo para tratar de revitalizarla.
En esas condiciones, es la formación más vulnerable al impacto de Los Piratas, nuevos capitalizadores de una forma de voto de protesta o alternativo que anteriormente representó La Izquierda. EFE

sábado, 24 de marzo de 2012

El Faktor Oskar

El Sarre, un test alemán que apunta a empate entre Merkel y socialdemócratas


Gemma Casadevall


Berlín, 24 mar (EFE).- El "Land" alemán del Sarre, fronterizo con Francia, elige mañana su nuevo Parlamento regional, el primer test directo en las urnas en este 2012 donde todo apunta a un empate entre los conservadores de Angela Merkel y la socialdemocracia, así como a un hundimiento de los liberales, los socios de la canciller.
Los sondeos sitúan a la Unión Cristianodemócrata (CDU) y al Partido Socialdemócrata (SPD) en el 34 %, lo que para la formación de Merkel supone un receso de medio punto respecto a los anteriores comicios en ese "Land" y para su rival un aumento de diez puntos.
La constelación más probable para el nuevo gobierno regional es una gran coalición, con la incógnita de cuál de las dos formaciones será la ganadora y la que designe al primer ministro.
A un año de las generales de 2013, se da asimismo por hecho que el Partido Liberal (FDP), socio de Merkel en Berlín, quedará relegado a extraparlamentario con un 2 % -del 9,2 % logrado en 2009 en ese "Land-, y que los Piratas consolidarán su emergencia.
Para el FDP será un nuevo desastre en su persistente caída y presumiblemente no el última, ya que se le vaticinan porcentajes marginales en las dos siguientes regionales -en Schleswig Holstein y en Renania del Norte-Westfalia, el 6 y el 13 de mayo-.
A Los Piratas, una formación de nuevo cuño basada en la libertad en internet, se les pronostica exactamente lo contrario: la entrada en la cámara del Sarre, con un 6 %, y en las dos que le seguirán.
Será un espaldarazo a su aspiración de llegar al Bundestag (Parlamento federal), después de que en 2011 lograran sus primeros escaños en la ciudad-estado de Berlín, con un 8,9 % de los votos.
Al FDP se le augura un vía crucis que desembocará salvo imprevistos con su adiós al Bundestag, lo que dejaría a Merkel sin un teórico socio natural que en esta legislatura le ha dado más problemas que alegrías.
Los Piratas no se perfilan, hoy por hoy, como posible aliado de gobierno, tampoco a escala regional, sino como revulsivo para la oposición, mientras las restantes fuerzas minoritarias se recolocan.
A Los Verdes, que en los anteriores regionales del Sarre obtuvieron un 5,9 %, se les ve ahora en la cuerda floja del 5 %, mínimo para lograr representación parlamentaria.
A La Izquierda se le pronostica asimismo una fuerte caída de votos, del 21,3 % de 2009 a un 15 %.
Esta formación, aglutinante de la disidencia socialdemócrata y el poscomunismo del este de Alemania, depende en estos comicios del llamado "Faktor Oskar", en alusión a su líder Oskar Lafontaine.
Al veterano político se le apoda el "Napoleón del Sarre" por la etapa en que fue jefe del gobierno del "Land" -de 1985 a 1998-.
Lafontaine es hombre de biografía convulsa, al que no detienen ni las sacudidas personales -como el atentado sufrido en 1990, siendo candidato a la cancillería, por una perturbada mental- ni las guerras internas.
En 1998, siendo líder del SPD y ministro de Finanzas de Gerhard Schröder, dejó intempestivamente ambos cargos, por disentir de la línea centrista del entonces canciller socialdemócrata.
El SPD nunca le perdonó el doble abandono y su líder local, Heiko Maas, ha rechazado reiteradamente la posibilidad de una alianza de gobierno con La Izquierda, como alternativa a una gran coalición.
Lafontaine vuelve a la vanguardia desde su "Land" tras haber superado un cáncer y convertido en pareja sentimental de Sarah Wagenknecht, representante del ala más comunista de la Izquierda.




El presumible naufragio liberal, la emergencia pirata y el "Faktor Oskar" serán tres de los aspectos a analizar de cara a las generales de 2013 en el Sarre, un "Land" con 800.000 electores inesperadamente convertido en barómetro electoral.
Los comicios del Sarre se celebran anticipadamente, tras romperse la coalición que lideraba Annegret Kramp-Karrenbauer, de la CDU, apuntalada en el FDP y los Verdes.
Se trataba de la primera experiencia con este tripartito en Alemania, que recibió el exótico nombre de "Jamaica" por identificarse los colores de los partidos -negro, para la CDU, amarillo para el FDP, más verde- con la bandera de la isla.
Las elecciones de Renania del Norte-Westfalia, el "Land" más poblado de Alemania, serán también por anticipado, tras la disolución de su cámara por no haber logrado el gobierno en minoría, socialdemócrata-verde, el apoyo preciso a sus presupuestos. EFE
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martes, 5 de febrero de 2008

Quién teme a Oskar

L’esquerra creix i espanta


Gemma C. Serra 



El partit l’Esquerra d’Oskar Lafontaine amenaça Alemanya. Així, si més no, ho veu la premsa popular –„Bild“- i també la resta de l’espectre parlamentari alemany, des dels conservadors d’Angela Merkel a, encara més, els socialdemòcrates, a qui els nouvinguts se’ls mengen el terreny polític.
L’Esquerra es va fundar no fa ni un any, de la fusió entre la dissidència socialdemòcrata de Lafontaine i el poscomunisme reformat de l’Alemanya de l’est i mentrestant té escons a nou dels 16 estats federats, a més del Bundestag. Mentre la situació es limitava a l’est, espai polític considerat „contaminat“ encara pel passat comunista, la qüestió s’assimilava.  Els escons del Bundestag, el Parlament federal, els devia als alts percentatges que té a l’est, mentre que a l’oest quedava uns quants punts per sota del mínim del cinc per cent. A les eleccions del diumenge 27 a Hesse i Baixa Saxònia, dos estats de l’oest i representatius de l’Alemanya pròspera, l’Esquerra va aconseguir escons i això va fer activar totes les alarmes.
Un 7,1 per cent a Baixa Saxònia i un 5,1 a Hesse és massa per als partits establerts al país i, a sobre, fa encara més complexa la formació de coalicions polítiques. Teòricament, els socialdemoòcrates podríen formar un govern còmode a Hesse i recuperar així el poder a l’estat on hi ha la capital banquera d’Europa, Fràncfort. Els conservadors de Merkel van perdre allà dotze punts, després de la campanya xenòfoba del seu líder local i primer ministre, Roland Koch.
La socialdemòcrata Andrea Ypsilanti en seria la guanyadora, si es decidís a formar govern amb els Verds, els seus aliats de sempre, però apuntalada en l’Esquerra. Això sí que no, diu la cúpula del partit i ella mateixa, mentre negocien complexes coalicions anti-natura –amb els verds i els lliberals, en gran coalició amb Koch o govern de minoria-. Abans solters que mal casats, diuen.
„Els socialdemòcrates són els culpables de l’ascens de l’Esquerra“, diu Merkel. El SPD està obligat a „aturar“ l’Esquerra, recomana la canceller. El que vol dir amb això és que ni se li acudi pactar amb el dimoni. De cop, la classe politica recupera el llenguatge de la Guerra Freda.
El cas és que després de les eleccions a Hesse d’alguna manera tots estan obligats a girar a l’esquerra: els socialdemòcrates, perquè és evident per on se’ls escapen els vots; i els conservadors de Merkel, perquè el populisme de Koch els ha donat la primera sotregada electoral des que la canceller és canceller.