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sábado, 9 de mayo de 2026

Relevo húngaro

Hungría "entierra" la era Orbán con un Magyar comprometido a la regeneración democrática



Péter Magyar jura el cargo de primer ministro de Hungría

  Gemma Casadevall     Berlín09 MAY 2026 

El Parlamento húngaro enterró este sábado la era del ultranacionalista Viktor Orbán, tras 16 años de azote euroescéptico, con la elección como nuevo primer ministro del conservador Péter Magyar, cuya supermayoría parlamentaria le da plenos poderes para emprender la regeneración democrática. Con un "Dios bendiga a Hungría" ingresó Magyar en la sede parlamentaria, un mes después de su aplastante victoria electoral. Su jura como primer ministro fue recibida entre ovaciones de los diputados y el júbilo de miles de ciudadanos concentrados en el exterior del edificio. "Los húngaros no votaron solo por un cambio de gobierno, sino por el fin de un sistema", afirmó, en su primer discurso como líder electo.

No se anduvo por las ramas al detallar cómo piensa cumplir su compromiso de "servir a Hungría". Reiteró su exigencia al presidente del país, Tamás Sulyok, leal a Orbán, de dejar el cargo --"Señor presidente, es el momento de irse con la cabeza bien alta, mientras sea posible"--. Es decir, sin esperar a que le eche el Parlamento. Insistió a continuación en su compromiso de desmantelar el "régimen iliberal" de Orbán, restaurar el diálogo con la UE y combatir la corrupción. Fue un discurso largo, al que siguió no solo el himno húngaro, sino también el europeo -la 'Oda a la alegría' o Novena Sinfonía de Beethoven-, algo impensable bajo Orbán.

Una mayoría inmune al veto presidencial


Son muchos los desafíos de Magyar. Pero tiene a su favor una supermayoría parlamentaria: su partido, Tisza, ocupa 141 de los 199 escaños de la cámara. El Fidesz de Orbán controla apenas 52 puestos, mientras que los seis restantes corresponden a la ultraderechista ‘Nuestra Patria’.

El sistema electoral que Orbán remodeló a su conveniencia castigó finalmente al ultranacionalista Fidesz. Tisza obtuvo un 53 % de los votos, frente al 38 % de Fidesz, pero el traslado de esos porcentajes a escaños dan a Magyar las capacidades necesarias para restaurar los contrapesos democráticos. Su horizonte a corto plazo es el desbloqueo de los casi 18.000 millones de euros congelados por Bruselas por los ataques de la "era Orbán" a los principios europeos.

La supermayoría parlamentaria le garantiza que, a diferencia de lo que le ocurre al primer ministro polaco, el liberal Donald Tusk, no quedará atenazado por el veto presidencial que ejerce en Varsovia el ultraconservador Karol Nawrocki.

Revés para el euroescepticismo ultra

Orbán no pronunció un discurso de despedida ni asistió a la investidura de su sucesor. Tampoco tendrá escaño parlamentario. El hasta ahora hombre fuerte de la política húngara, y líder de los llamados 'Patriotas para Europa', el eurogrupo al que pertenecen entre otros la francesa Marine Le Pen, el neerlandés Geert Wilders y el español Santiago Abascal, parece haberse refugiado en la retaguardia política tras una derrota que admitió sin paliativos.

El hecho de que la elección de Magyar coincidiera con el aniversario del 9 de mayo de 1950, fecha fundacional de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, de la que luego nació la UE, realzó el rango de regreso al europeísmo de Hungría. La bandera de la UE que Orbán hizo erradicar del Parlamento ondea de nuevo sobre el edificio. La nueva presidenta de la cámara, la vicepresidenta de Tisza, Agnes Fortshoffer, ordenó su izado en su discurso inaugural. Recibió así la primera ovación de la jornada, tanto de los diputados como de quienes seguían la ceremonia desde el gran pícnic ciudadano en el exterior.

Tras una sesión parlamentaria que se prolongó, entre diversos protocolos, más de seis horas, estaba convocada en Budapest una fiesta ciudadana de formato similar a la que tuvo lugar la noche electoral, entre cánticos europeistas, bailes, abrazos y emociones desbordadas.

Transición exprés

Magyar ha demostrado que no quiere perder el tiempo. Inmediatamente después de su victoria emprendió una transición exprés. Se plasmó no solo en la exigencia de dimisión lanzada en la noche electoral contra el presidente "satélite" de Orbán, sino con una primera visita a Bruselas. Su propósito es combatir la telaraña tejida por Orbán a través de amigos, parientes y aliados que ha llevado a Hungría a encabezar los índices de corrupción a escala de la UE.

Magyar, de 45 años y exmilitante de Fidesz, convirtió la lucha contra la corrupción en su caballo de batalla electoral. Al éxito electoral de Tisza contribuyó la renuncia de partidos del centro, la izquierda moderada o ecologistas a concurrir a las elecciones para no minar las opciones de Magyar.

Tras su victoria se activaron las primeras investigaciones por presuntas fugas de capitales al extranjero. Se supone que oligarcas y otros personajes afines a Orbán han sacado del país aceleradamente miles de millones de euros.

Como primer ministro deberá no solo revertir la erosión democrática infligida bajo Orbán, sino también reactivar una economía maltrecha, en parte por la corrupta gestión de fondos propios y europeos de su antecesor.

Un equipo de tecnócratas

El gobierno de Magyar, con 16 ministros, incluirá un buen número de tecnócratas, explica El Periódico Zsolt Boda, director del Centro de Ciencias Sociales de Budapest. Magyar se propone servir así al "amplio espectro de electorado" que le dio la victoria y que no responde "a la división clásica entre bloques de izquierdas o de derechas", añade este analista.

A su capacidad para aglutinar electorado debe seguir un "uso correcto" de la mayoría de dos tercios y "el regreso de Hungría a la democracia", según Boda. Su señal de identidad debe ser el "diálogo constructivo" hacia Europa, pero no debe esperarse del nuevo gobierno giros radicales en cuanto a Ucrania o la política migratoria.


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Orbán, quien ha ejercido de aliado europeo tanto de Donald Trump como de Vladímir Putin, bloqueó sanciones contra Moscú y rechazó la ayuda a Kiev. De Magyar cabe esperar que la "flexibilidad y el diálogo" hacia Bruselas sustituyan al bloqueo en política exterior y de defensa. Tampoco se prevé que Hungría deje la línea restrictiva en política migratoria. "Hay entre la población húngara resentimientos históricos contra Ucrania y rechazo a recibir inmigración. Magyar se debe a sus electores", resume Boda.

martes, 5 de mayo de 2026

A la deriva

La coalición de CDU y SPD en Alemania cumple un año agrietada y con la ultraderecha pujando por el poder



El viceanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, y el canciller alemán, Friedrich Merz, durante una reunión en la cancillería. / CLEMENS BILAN / EFE

  Gemma Casadevall     Berlín05 MAY 2026

Alemania es país con amplio rodaje en cuanto a crisis de coaliciones. Ningún canciller federal ha gobernado en solitario desde tiempos fundacionales y la armonía entre socios ha sido más bien la excepción. Pero el precedente inmediato de la coalición del socialdemócrata Olaf Scholz con verdes y liberales, que se hundió sin haber cumplido los tres años, hace que en Alemania surja la pregunta de hasta cuándo aguantará la que ahora lidera el conservador Friedrich Merz.
Apenas un 15% de la población valora positivamente la gestión del canciller alemán, lo que le sitúa en un récord histórico a la baja, peor incluso que Scholz al final de su corta legislatura. La situación, en caso de nuevas elecciones generales, coloca ante un abismo tanto a los partidos establecidos como al conjunto de Europa. A la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) le pronostican los sondeos casi el 27% en intención de voto, tres puntos por encima del bloque conservador de Merz (CDU-CSU). A los socialdemócratas (SPD) del vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, se les estima un 13%, por detrás de los Verdes y en lucha por el cuarto puesto con La Izquierda. Mantener a la AfD políticamente aislada y lejos del poder seguiría siendo posible, pero ahora la ultraderecha tendría la posición de dominio como primera fuerza del Bundestag (Parlamento federal).
Es esta debilidad lo que aparentemente obliga a la coalición de Merz a seguir adelante. Pero también se recuerda en Alemania que la teoría de que no les queda otro remedio que resistir no preservó de su hundimiento en 2024 a la coalición de Scholz. Ya entonces se sabía que una ruptura solo podía favorecer al entonces opositor Merz. Ello no impidió a los liberales finiquitar la alianza, en una especie de suicidio político que ha convertido en extraparlamentario a un partido que había sustentado a 18 de los 25 gobiernos federales de la historia del país.

Cómo salir del atolladero

En medios alemanes se barajan distintos escenarios sobre cómo sacar de su crisis persistente a una coalición cuyos actores principales, canciller y vicecanciller, no son capaces de consensuar las reformas estructurales que implicarían más recortes en jubilaciones y prestaciones sociales, pero que según Merz precisa el país. Cada "concesión" que hace Klingbeil son varios puntos más en la caída en picado del Partido Socialdemócrata, del que es líder.
El diario Der Tagesspiegel, junto con el tabloide Bild, barajaban estos días cuatro escenarios: que Merz se someta a un voto de confianza vinculado a unas reformas estructurales; que lo haga ligado a la convocatoria de nuevas elecciones, una maniobra arriesgada ya que no tiene asegurado el apoyo cerrado de los 328 diputados que suma su coalición; que se convoque un voto de censura dicho constructivo, para que la cámara elija otro canciller; o que Merz opte por seguir al frente de un gobierno en minoría, algo inexplorado en Alemania salvo en periodos de transición hacia las siguientes elecciones.
Son opciones que parecen remotas. Pero que el mero hecho de que se evalúen, coincidiendo con el primer año de Merz en el poder, ilustran la situación de fragilidad política que atraviesa la primera economía de la UE.

lunes, 13 de abril de 2026

Mutación húngara


Magyar destrona al ultranacionalista Orbán en Hungría: las 5 claves de una victoria crucial para Europa




"¡Se acabó! ¡Rusos, a casa!": alegría en el metro de Budapest por la derrota de Orbán

 Gemma Casadevall     Budapest13 ABR 2026 

El opositor Péter Magyar necesitaba arrasar en las urnas para destronar al ultranacionalista Viktor Orbán y acometer el desmantelamiento del aparato creado por quien ha sido el primer ministro de Hungría durante 16 años. Lo logró con creces: su partido, Tisza, tendrá 138 de los 199 escaños, más de dos tercios de la Cámara, los necesarios para revertir, como ha prometido en campaña, el "régimen Orbán", como lo denomina. A Fidesz, el partido hasta ahora en el poder, le quedan apenas 54. Completará la composición de un Parlamento exclusivamente derechista Nuestra Patria, de la derecha más extrema.

Vladímir Putin pierde a su más valioso aliado en la UE, un primer ministro a su servicio, cuyo equipo susurraba al Kremlin lo que acontecía a puerta cerrada en Bruselas. Donald Trump ha apostado a caballo perdedor, tras haber redoblado su apoyo a Orbán con un vicepresidente, JD Vance, acudiendo a su rescate en la recta final de campaña. Y la familia ultra europea, de la francesa Marine Le Pen a la Alternativa para Alemania (AfD) de Alice Weidel, o el español Santiago Abascal se lame las heridas por la derrota sin paliativos de su figura de referencia.

Magyar es aún una página en blanco. Conservador y excorreligionario de Orbán, llega al poder como aglutinante de un amplio espectro electoral. Más de una hora habló en la noche mágica de Budapest, ante un imponente mar de antorchas de sus seguidores y mientras toda la capital saltaba a la calle para celebrar la caída de Orbán. Desgranó ahí algunas claves de su acción inmediata de gobierno. Otras más se le suponen, por lo dicho en campaña.


Regreso a Europa

"El lugar de nuestra patria estuvo, está y estará en la Unión Europea", aseguro Magyar ante la euforia de sus compatriotas. En lugar de abucheos, como ocurría con las arengas eurófobas de Orbán, cada frase alusiva a Bruselas era refrendada por sus seguidores coreando "Europa, Europa". Hay ansias de retorno a la familia europeísta. En primer lugar, por la perspectiva del desbloqueo de los 18.000 millones de euros que Bruselas retiene a Hungría por los ataques a los valores europeos. Más o menos lo que ocurrió con Polonia, tras la victoria electoral del europeísta Donald Tusk. La economía húngara, debilitada por un bajo crecimiento, necesita ese reencuentro.


Seguidores de Magyar celebran junto al Danubio la victoria en las urnas, este domingo en Budapest. / FERENC ISZA / AFP

Más allá de ese interés, el voto joven y urbano húngaro, puntal de Magyar, reclaman el fin del oscurantismo y la retórica negativa desplegados por Orbán. Es un clamor que hermana a un país que ha desterrado su imagen de división. El éxito de Magyar se explica en la participación históricamente alta: acudieron a votar un 79,5% de los electores, el índice más alto en democracia para un país que estuvo tras el Telón de Acero.

Alivio para Kiev

"Arreglaremos nuestras disputas con los países vecinos", fue otra de las frases de Magyar tras su victoria. Se refería no solo a Polonia, tras la abierta hostilidad dispensada por Orbán a su primer ministro. Donald Tusk, sino sobre todo a Ucrania. Si un cartel ha invadido literalmente las calles de Budapest en esta campaña es el de la imagen de Volodímir Zelenski y Magyar, con gesto gansteril. Fidesz, el partido de Orbán, ha hecho campaña contra Ucrania, a la que acusa de la interrupción del tránsito de petróleo rusa hasta Hungría. La economía húngara depende de los suministros rusos. Y, para Orbán, una victoria de Magyar equivalía a colocar a su país al servicio del presidente Zelenski, como amenazó en campaña.

Kiev y Bruselas esperan de Magyar el desbloqueo de los 90.000 millones de euros en préstamos congelados por el Gobierno saliente, como lo está el último paquete de sanciones europeas contra el Kremlin. Se espera que Budapest abra la mano. Pero también se sabe que Magyar no apoyará ni un envío de tropas a Ucrania ni su ingreso por la vía rápida a la UE.

Línea dura en inmigración

Orbán convirtió en seña de identidad las vallas construidas en su frontera durante la crisis migratoria de 2015 para frenar el paso de las columnas de solicitantes de asilo hacia el territorio comunitario. En los años siguientes ha practicado la consigna de la "acogida cero" al asilo. Con Magyar en el poder, Hungría no abandonará el bloque de los socios más restrictivos de la UE en materia migratoria. Todo lo contrario. En su campaña, ha dejado claro su propósito de restringirla más aún también en lo que concierne a la llegada de inmigración irregular y de cerrar el grifo a trabajadores temporales. Está muy cerca de posiciones ultraderechistas, encabezadas por la italiana Giorgia Meloni, pero también de la línea cada vez más restrictiva aplicada desde el Partido Popular Europeo (PPE), del que forma parte Tisza.

Adiós a la agenda iliberal y al catecismo cristiano

Orbán no solo ha construido en sus 16 años en el poder una suerte de "partido-Estado", con un control casi absoluto sobre los medios de comunicación, la justicia y los principales estamentos públicos, parte de su concepto de "democracia iliberal", sino que además reformó la Constitución de acuerdo a un concepto de valores cristianos que dice representar. Definió la familia como la unión entre un hombre y una mujer, atenazó el aborto y acosó a los colectivos LGTBI con una Ley de Defensa del Menor que, entre otras cosas, relaciona la diversidad sexual con la pederastia.


Viktor Orbán se dirige a sus simpatizantes y reconoce la derrota. / ATTILA KISBENEDEK / AFP

De Magyar no cabe esperar un vuelco en dirección a la equiparación plena de los derechos de estos colectivos. Pero tampoco ataques frontales. En cuanto a medios de comunicación, sí se esperan medidas rápidas sobre la televisión pública y resto del panorama mediático, actualmente bajo los efectos de la llamada "ley mordaza" de Orbán y el control casi exhaustivo sobre un 90% del sector.

Los puntos oscuros de una carrera meteórica

Magyar se despegó de Fidesz para refugiarse en las siglas de un partido por entonces agónico, Tisza, que revitalizó, determinado a luchar contra la telaraña de corrupción del "sistema Orbán". Actuó bajo el impacto social provocado por un escándalo de encubrimiento de pederastia que sacudió al Gobierno. Entre las protagonistas de un escándalo que movilizó a la sociedad húngara estaba la entonces ministra de Justicia, Judit Varga, exexposa de Magyar, con la que tuvo tres hijos. Varga acabó dimitiendo, Magyar abandonó las filas de Orbán y se lanzó a la carrera por derribarle del poder. En el camino quedaron unas grabaciones comprometedoras para su exmujer y clarificadoras del papel desempeñado desde el poder para encubrir el caso de pederastia. Pero también una denuncia por malos tratos generadora posteriormente de todo tipo de bulos y fakes, incluidos de tipo sexual, contra el ahora triunfador y rostro del cambio en Hungría.

domingo, 12 de abril de 2026

Las urnas jubilan a Víktor

Las urnas húngaras dan la victoria a la oposición y derrumban a Orbán



Viktor Orbán vota en las elecciones legislativas de Hungría

 Gemma Casadevall    Budapest - Enviada especial12 ABR 2026 

Adiós a la "era Viktor Orbán" y apertura a una nueva Hungría, con un líder conservador, pero aglutinante de un voto de amplio espectro y básicamente europeísta: Peter Magyar, el líder del partido Tisza, logró una victoria más que amplia en las urnas y tendrá 138 diputados del total de 199 del Parlamento nacional húngaro. Superará con ello la mayoría de dos tercios, necesaria para emprender la regeneración democrática en este socio de la UE y de la OTAN, tras 16 años de dominio del líder ultranacionalista, euroescéptico y aliado de Donald Trump, Vladímir Putin y Benjamín Netanjahu, entre otros.
"Juntos, hemos derrocado al régimen de Orbán. Juntos hemos liberado Hungría, juntos hemos recuperado nuestra patria", proclamó Magyar, a orillas del Danubio, con la imagen imponente del Parlamento iluminado al fondo y entre el clamor de miles de simpatizantes, antorchas encendidas, banderas nacionales o pancartas de Tisza. "Volvemos a Europa", añadió. Miles de gargantas voceaban el nombre de "Europa", algo impensable bajo Orbán, quien había convertido la eurofobia y la hostilidad hacia Ucrania en núcleo de su campaña por la reelección.
El propio Orbán admitió una derrota que ha calificado de "clara" y "dolorosa", para comprometerse a continuación a seguir "al servicio del país" desde la oposición. A Fidesz, el partido hasta ahora hegemónico de Orbán, le corresponderán en la nueva cámara 54 escaños, según los datos oficiales escrutados el 95 % de los votos. La única tercera fuerza del nuevo Parlamento será la derecha más radical de "Nuestra Patria", con 7 diputados.
El propio Magyar pidió paciencia y cautela al saltar los primeros escrutinios, una hora larga después del cierre de los colegios electorales y tras una jornada marcada por una movilización masiva. A las 18.30, media hora antes del cierre de las urnas, se había alcanzado el 77,80 % de participación, un aumento de diez puntos respecto al porcentaje registrado en esa franja horaria en los comicios de 2022 y un record histórico. Cuatro años atrás, el índice final de participación había sido del 69 %. La afluencia a las urnas fue muy alta desde el arranque de la jornada. A las nueve de la mañana, la participación estaba en el 16,9 %, para escalar a las once al 37,9 % y al 54 % sobre el mediodía.
Para el candidato opositor, Hungría estaba viviendo este domingo “las últimas horas bajo el régimen de Orbán”, según transmitió vía redes sociales. Ya tras el cierre de las urnas, en una primera y breve intervención, pedía “paciencia” y se mostraba “cautelosamente optimista”. A ambos lados del Danubio se había concentrado una multitud bailando y cantando. Reinaba la euforia, pero también cierta incertidumbre sobre la reacción de Orbán en la derrota.
Magyar había depositado su voto sobre las 08.00 de la mañana, una hora después de la apertura de los colegios. Repitió ante las cámaras una de sus promesas electorales: recortar a dos mandatos el periodo máximo para ejercer la jefatura del gobierno. Es una de las claves, dijo, para liberar al país de la corrupción acumulada por esos 16 años de dominio de Fidesz. Orbán, de 62 años, lleva en el poder de forma ininterrumpida desde 2010. En estos comicios buscaba su quinta legislatura en serie, o la sexta en total, si se suma su primera etapa entre 1998 y 2002.
El líder ultranacionalista había dedicado su último mensaje ante las urnas a insistir en que Europa está atravesando "la mayor crisis de su historia", con perspectivas de ir a más. Solo él y su partido, Fidesz, aseguró, pueden plantar cara a la política energética y económica dictada por Bruselas. Desplegó ahí de nuevo hostilidad tanto a la UE como a Ucrania, los dos "enemigos" en los que ha centrado sus ataques en su lucha casi a la desesperada por la reelección.
La fórmula de Magyar en pos del relevo en el poder ha consistido en dedicar hasta el último aliento de su campaña a la caza del voto del campo. Era consciente de que el sistema electoral húngaro, rediseñado por Orbán, favorece al extrarradio y los distritos rurales. Protagonizó su último mitin en Debrecen, a unos cien kilómetros de la frontera con Ucrania. Ahí concentró una más que notable multitud, pese a que teóricamente se trataba de un bastión de Fidesz. Las imágenes del mitin multitudinario de Debrecen dejaron en ridículo al par de miles de seguidores que aglutinó el primer ministro en Budapest.
Magyar, de 44 años y líder de Tisza, llegó a la jornada electoral como el favorito de los sondeos, pero las especificidades del sistema electoral húngaro le obligaban no solo a ganar, sino también a arrasar en las urnas. La suya ha sido una carrera propulsada por el anhelo de cambio de muchos húngaros. Es conservador, militó en el Fidesz, pero se ha presentado como el impulsor de una regeneración democrática para Hungría frente al control ejercido por Orbán sobre medios de comunicación, la Justicia y las principales instituciones del estado.
Es poco lo que ha revelado de su programa, más allá del propósito de restablecer la buena sintonía con Bruselas, que retiene 18.000 millones de euros de sus fondos a Hungría por los ataques del gobierno de Orbán a los valores europeos. La UE espera que Budapest desbloquee la partida de 90.000 millones de euros para Ucrania, así como el paquete de sanciones contra Moscú.

Apoyos de Trump, Putin y de la ultraderecha global

Eran unos 8,1 millones de húngaros los llamados a depositar su voto, incluidos unos 600.000 residentes en el extranjero o los magiares étnicos de países vecinos. El reparto de escaños en la cámara nacional húngara atiende a una fórmula mixta. 93 puestos surgen del reparto proporcional entre las listas de los partidos, mientras que los 106 restantes se otorgan al candidato más votado en cada circunscripción.
La atención por los comicios estaba centrada en la posible caída del primer ministro a que apuntaban los sondeos. Orbán ha contado con el respaldo declarado de la Casa Blanca y del Kremlin. Su caída pone fin a una campaña envuelta en un goteo de informaciones sobre injerencias rusas y filtraciones sobre el servilismo de Orbán y su gobierno ante Moscú.
De las urnas húngaras dependía también que la llamada internacional ultraderechista se apuntara un tanto o un fuerte revés. Era la prueba de fuego tanto para los “Patriotas para Europa”, el eurogrupo fundado por Orbán e integrado por los partidos afines de la francesa Marine Le Pen, del neerlandés Geert Wilders o del austríaco Herbert Kickel, además del español Santiago Abascal, como para el resto de ese espectro electoral. Bruselas, por su parte, cruzaba los dedos por un triunfo opositor, aunque formalmente había evitado dar un apoyo explícito a Magyar. Tisza forma parte del Partido Popular Europeo (EPP).

martes, 7 de abril de 2026

Trump al rescate

Vance arropa a Orbán en Budapest y acusa a Bruselas de injerencia



Orbán agradece el apoyo: "me complace decir que EE.UU. es nuestro aliado" VIDEO: EFE // Foto: JONATHAN ERNST /POOL / AFP
  Gemma Casadevall     Berlín07 ABR 2026 

"No creo que los húngaros escuchen a un vicepresidente de Estados Unidos. Para eso no he venido aquí. Pero quiero mandar una señal a todos aquellos, especialmente los burócratas de Bruselas, que pretenden controlar al pueblo húngaro porque no les gusta su líder": con este mensaje euroescéptico inició este martes el vicepresidente de EEUU, JD Vance, su visita a Budapest, a cinco días de unas elecciones con las que el primer ministro, el ultranacionalista Viktor Orbán, aspira a perpetuarse en el poder. Tras 16 años en el cargo, tiene ante sí a un rival que va en cabeza en los sondeos, Péter Magyar. Para Orbán, el líder opositor es una "marioneta de Bruselas", que de llegar al poder acabará con la seguridad energética que Hungría debe a sus excelentes relaciones con Moscú y con Washington. "Europa se aboca a la peor crisis energética de su historia. Por eso tan importante la cooperación con Estados Unidos", afirmó Vance.


El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el vicepresidente estadounidense, JD Vance / HANDOUT / EFE

La estrategia de Orbán y su visitante de imputar injerencias a Bruselas coincide con la recta final de una campaña que ha estado plagada de investigaciones periodísticas documentando el servilismo del líder húngaro hacia el Kremlin, además de su declarada admiración por Trump.
"Ningún país extranjero debe interferir en las elecciones húngaras. Es nuestro país. La historia de Hungría no la han escrito ni Washington, ni Moscú ni Bruselas, se ha escrito en las calles y las plazas de Hungría", apuntó Magyar a través de redes sociales, en paralelo a la llegada de Vance a Budapest. Posteriormente, a través de un comunicado, el líder opositor aseguró que tras la victoria electoral que da por segura, Estados Unidos seguirá siendo para Hungría "un importante socio", tanto por su condición de aliado de la OTAN como en lo que respecta a relaciones comerciales.
También en paralelo al apoyo del vicepresidente estadounidense a Orbán se difundieron nuevas informaciones, esta vez a través de 'Bloomberg', en torno a una conversación entre el primer ministro húngaro y Vladímir Putin del pasado mes de octubre. Orbán se ponía literalmente a su servicio para la celebración de una cumbre ruso-estadounidense en Budapest destinada a poner fin a la guerra de Ucrania. "Estoy enteramente a su disposición para todo lo que haga falta", le aseguró a Putin, al que felicitó por su cumpleaños para pasar a continuación a elogiar a Trump.
La idea de una cumbre en Budapest no prosperó. Pero la conversación muestra de nuevo a Orbán como un fiel servidor de dos amos, los líderes de las superpotencias. "Es cierto. Hablé con el presidente Putin sobre el fin de la guerra y para organizar una cumbre en Budapest. ¿Qué has hecho tu por la paz?", respondió en tono desafiante el propio Orbán, en un mensaje en redes sociales dirigido el primer ministro polaco, Donald Tusk, después de que este afeara su conducta.

Apoyos del trumpismo europeo y global

La visita de Vance, quien viajó acompañado de su esposa, Usha, es previsiblemente la última expresión de apoyo del máximo rango internacional a la campaña de Orbán. Su programa consistía en la conferencia de prensa conjunta, seguida de un mitin en un estadio, para pernoctar en Budapest y marcharse al día siguiente. La capital húngara engalanó algunas calles del centro con banderas estadounidenses, en honor a la delegación del vicepresidente. Ya en el mitin del estadio, y ante miles de seguidores, Vance "escenificó" una llamada a Trump a través de su teléfono móvil, entre el júbilo de los asistentes. Tras un intento fallido se escuchó la voz del presidente estadounidense, que se proclamó una vez más "fan" de Orbán.
El apoyo presencial de Vance siguió a la visita, con idénticos mensajes, realizada el pasado febrero por el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio. El trumpismo europeo y especialmente los llamados Patriotas por Europa, el grupo de la Eurocámara fundado por Orbán, arroparon asimismo presencialmente al primer ministro húgaro a mediados de marzo. Acudieron a Budapest desde el austriaco Herbert Kickl al neerlandés Geert Wilders y el español Santiago Abascal.
La expectación por las elecciones del domingo va más allá de las fronteras de este país, de apenas 10 millones de habitantes. En una nueva victoria del líder ultranacionalista están depositadas las expectativas de otros partidos hermanados europeos, como la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, ya que sería un fuerte espaldarazo ante las elecciones presidenciales francesas del próximo año.
El equipo de Orbán ha programado un último mitin en Budapest, el mismo sábado, día en que Magyar recorrerá varias ciudades húngaras. Los analistas dan por hecho que al líder opositor le favorece el voto urbano, pero puede fallarle el rural.
Los sondeos otorgan entre 15 y hasta 19 puntos de ventaja a Magyar. Sin embargo, las peculiaridades del sistema electoral húngaro, remodelado con Orbán en el poder, favorecen a su partido, Fidesz. Con un 45% de los votos, Orbán podría revalidar su dominio, mientras que Magyar necesitará al menos cinco puntos por encima de la mayoría para asegurarse la victoria.

Dilemas húngaros

El trumpisme europeu davant les urnes 


- Berlín

Alli­be­rarà Hon­gria els 90.000 mili­ons d’euros en préstecs pro­me­sos per la Comissió Euro­pea a Ucraïna? Des­blo­que­jarà Brus­sel·les els fons des­ti­nats a Buda­pest, retin­guts per incom­pli­ment de drets fona­men­tals de la UE? Aques­tes són dues de les pre­gun­tes que pla­nen sobre les elec­ci­ons par­la­mentàries del pro­per 12 d’abril a Hon­gria. Recor­den, sobre­tot pel que fa al blo­queig dels fons euro­peus, el debat públic que va cen­trar els comi­cis del 2023 a Polònia i que van por­tar al poder el libe­ral Donald Tusk. També ales­ho­res s’espe­rava que una victòria de l’euro­pe­isme des­blo­que­ja­ria les par­ti­des a Varsòvia. Hi ha, però, unes quan­tes diferències res­pecte al pano­rama hon­garès: Tusk va der­ro­tar l’ultra­con­ser­va­do­risme repre­sen­tat pel par­tit Llei i Justícia (PiS) de Jaros­law Kaczynski. Però, a diferència del Fidesz hon­garès, el PiS no és un par­tit antiu­craïnès o pro Krem­lin. Com­par­teix amb Tusk la màxima pre­venció con­tra Mos­cou, per raons històriques i pre­sents.

A Hon­gria està en joc la ree­lecció de Vik­tor Orbán, al poder des de fa 16 anys, o el relleu a favor de Péter Magyar, el líder de l’opo­si­tora Tisza. Tusk va gua­nyar les elec­ci­ons polo­ne­ses gràcies a una coa­lició que aglu­ti­nava for­ces diver­gents però uni­des pel propòsit comú d’aca­bar amb el domini ultra­con­ser­va­dor. Magyar repre­senta més o menys el mateix: les ànsies d’un munt de for­ces, de l’esquerra mode­rada i els eco­lo­gis­tes al cen­trisme libe­ral i con­ser­va­dor, de girar full en el domini de l’ultra­na­ci­o­na­lista Fidez.

Les elec­ci­ons hon­ga­re­ses són de gran rellevància no només per a aquest país, sinó per al con­junt de la UE i l’OTAN. Orbán és, ara per ara, l’aliat més poderós del bloc comu­ni­tari tant de Vladímir Putin com de Donald Trump. La llista dels seus amics inclou el con­junt de líders interes­sats a enter­rar l’ordre inter­na­ci­o­nal i des­truir la UE. Hi ha, a més dels pre­si­dents dels EUA i de Rússia, el pri­mer minis­tre isra­elià, Ben­ja­min Neta­nyahu, i fins i tot el líder xinès, Xi Jin­ping, en aquest cas des d’una dis­creta distància. També en for­men part els ano­me­nats Patri­o­tes per Europa, el grup de l’Euro­cam­bra fun­dat pel mateix Orbán, on hi ha des de la fran­cesa Marine Le Pen a l’italià Mat­teo Sal­vini, el neer­landès Geert Wil­ders, l’austríac Her­bert Kickl, el txec Andrej Babis o l’espa­nyol San­ti­ago Abas­cal. Uns són pro­rus­sos, els altres repre­sen­ten el trum­pisme. En Orbán con­vi­uen tots dos cor­rents.

Tant els Patri­o­tes euro­peus com l’entorn de Trump han fet cam­pa­nya a favor d’Orbán, el líder euro­peu que pre­su­meix de ser ben rebut al Krem­lin i que ha des­a­fiat l’ordre de detenció de la Cort Penal Inter­na­ci­o­nal de la Haia con­tra Neta­nyahu, que va visi­tar l’any pas­sat Buda­pest.

Sorprèn una mica que tant la Casa Blanca com el Krem­lin s’arris­quin a fer cos­tat al líder d’un país rela­ti­va­ment petit, amb deu mili­ons d’habi­tants, que segons els son­de­jos perdrà les elec­ci­ons. Pot­ser con­fien en una llei elec­to­ral que bene­fi­cia el seu aliat.

Orbán, de 63 anys, vol un sisè man­dat; Magyar, gai­rebé 20 anys més jove, té al seu cos­tat la força d’un elec­to­rat fart d’Orbán. Hon­gria ocupa el pri­mer lloc dins el bloc comu­ni­tari en l’índex de cor­rupció de Trans­parència Inter­na­ci­o­nal. Orbán, que governa amb majo­ria abso­luta des del 2010, prac­tica la tena­lla ins­ti­tu­ci­o­nal con­tra els mit­jans de comu­ni­cació crítics, con­tra els col·lec­tius LGT­BIQ+, i ha refor­mat els sis­te­mes elec­to­ral i judi­cial fins a con­ver­tir-los en ins­tru­ments al seu ser­vei. És la mateixa dinàmica de Polònia sota el domini del PiS. Val a dir que Tusk no ha acon­se­guit rever­tir aquesta situ­ació. A la seva victòria del 2023 la va seguir, dos anys després, l’arri­bada a la pre­sidència de Karol Naw­rocki, un can­di­dat tele­di­ri­git pel PiS que blo­queja sis­temàtica­ment les refor­mes del govern.

Els son­de­jos donen un avan­tatge de més de deu punts a Magyar. Es cal­cula que neces­si­tarà uns cinc punts per damunt de Fidesz per asse­gu­rar-se una majo­ria par­la­mentària. El sis­tema hon­garès no és pro­por­ci­o­nal, sinó que afa­vo­reix el par­tit fins ara majo­ri­tari, és a dir, el Fidesz. Uns pocs milers de vots en deter­mi­na­des cir­cums­crip­ci­ons poden donar-li la majo­ria a Orbán.

Seria un regal per a la ultra­dreta, que, mal­grat la seva empenta, ha tin­gut un parell de sotra­ga­des a escala euro­pea. Als Països Bai­xos, Wil­ders va ser der­ro­tat pel libe­ral Rob Jet­ten; la ita­li­ana Meloni ha vist caure en referèndum la seva reforma judi­cial, i a Dina­marca es manté com a pri­mera força la soci­al­de­mocràcia de Mette Fre­de­rik­sen, tot i que amb un rècord a la baixa de vots. En aquest con­text, una victòria de Magyar seria una cla­te­llada per als auto­pro­cla­mats Patri­o­tes. Coin­ci­di­ria amb els movi­ments d’una part de la ultra­dreta que comença a mar­car distàncies res­pecte a Trump, espan­tada pels efec­tes en el ciu­tadà d’una guerra con­tra l’Iran a la qual no donen suport ni els ali­ats més obe­di­ents a Was­hing­ton, com Ale­ma­nya o el Regne Unit.

Res no ha estat tan pre­sent en la cam­pa­nya d’Orbán com l’hos­ti­li­tat amb Volodímir Zelenski. El pre­si­dent ucraïnès va per­dre els ner­vis i va amenaçar el pri­mer minis­tre hon­garès d’enviar-li “els nos­tres nois” de les for­ces arma­des, arran de la detenció a Hon­gria de set ciu­ta­dans ucraïnesos que trans­por­ta­ven 75 mili­ons d’euros en efec­tiu i nou lin­gots d’or. Teòrica­ment, era un trans­port legal entre el banc austríac Raif­fei­sen Inter­na­ti­o­nal i l’ucraïnès Osc­had­bank. Un cop més van esca­lar les ten­si­ons entre dos líders que prac­ti­quen l’anti­pa­tia recíproca més pro­funda, agreu­jada ara pel con­tenciós a l’entorn de l’ole­o­ducte Druzhba, en ter­ri­tori ucraïnès i des­tros­sat per un atac rus. Hon­gria, que depèn dels sub­mi­nis­tra­ments rus­sos, exi­geix que se’n res­ta­bleixi el ser­vei. Fona­menta en la manca d’interès ucraïnès a arre­glar-ho el blo­queig dels 90.000 mili­ons d’euros que Kíiv neces­sita des­es­pe­ra­da­ment.

La dependència energètica de Rússia és un dels vin­cles gens secrets entre el Krem­lin i Buda­pest. Però l’ajut rus en la cam­pa­nya d’Orbán dis­corre per vies molt més obs­cu­res. El diari The Was­hing­ton Post asse­gu­rava recent­ment que des de Mos­cou s’havia pla­ne­jat un atemp­tat esce­ni­fi­cat con­tra Orbán, ins­pi­rat en l’intent d’assas­si­nat que hi va haver con­tra Trump el juliol del 2024 i que, segons les enques­tes, va influir al seu favor en la cursa cap a la Casa Blanca. Aquest mateix rota­tiu va treure a la llum també el cas del minis­tre d’Afers Estran­gers hon­garès, Péter Szijjártó, que supo­sa­da­ment ha estat infor­mant en temps real el seu col·lega rus, Ser­guei Lav­rov, de tot allò que es dis­cu­teix als con­sells de la UE. Han apa­re­gut en paral·lel àudios com­pro­me­te­dors per a Szijjárto, en què es posa “al ser­vei” de Lav­rov per esbor­rar deter­mi­nats noms de les san­ci­ons euro­pees.

El clam euro­peu con­tra aques­tes pràcti­ques des­lle­ials s’ha estès als seus líders, del polonès Tusk a l’ale­many Fri­e­drich Merz, el francès Emma­nuel Macron o el suec Ulf Kris­ters­son. A Orbán, però, les crítiques dels euro­peus no el pre­o­cu­pen. Hi està acos­tu­mat i pre­su­meix de fide­li­tat a Trump, a Putin i a la resta dels seus amics.

De Mos­cou ha rebut un altre tipus d’ajut: la cam­pa­nya de desin­for­mació denun­ci­ada pel peri­o­dista crític Sza­bolcs Panyi, a través del por­tal VSquare. Un grup d’agents del Krem­lin, encapçalats per l’ex pri­mer minis­tre rus Ser­guei Kiri­enko, ha assu­mit la missió de des­qua­li­fi­car Magyar com a “tite­lla de Brus­sel·les”. L’eina al seu ser­vei són fakes gene­rats per IA i mul­ti­pli­cats mas­si­va­ment a les xar­xes.

A Magyar, de 44 anys, l’empeny el vot urbà, però la victòria pot depen­dre del camp i de cir­cums­crip­ci­ons “dis­se­nya­des” a gust d’Orbán en els seus 16 anys inin­ter­rom­puts al poder. En cas de victòria, li cos­tarà impo­sar una línia pròpia, al cap­da­vant d’un par­tit, Tisza, que lidera des de fa dos anys i el nom del qual va “adop­tar” d’una for­mació agònica per esqui­var obs­ta­cles admi­nis­tra­tius com a nova for­mació. El seu cavall de bata­lla, a més de la seva imatge de líder dinàmic i jove, ha estat la lluita con­tra la cor­rupció, un mis­satge que ha arre­lat entre l’elec­to­rat perquè es tra­du­eix, segons Magyar, en el dete­ri­o­ra­ment dels ser­veis públics essen­ci­als, com ara la sani­tat, el que afecta el dia a dia dels hon­ga­re­sos.

Amb un relleu al poder espera Brus­sel·les la fi de la con­fron­tació amb Buda­pest. Però tam­poc no hi haurà un xec en blanc cap a Ucraïna. Magyar no repre­senta la xenofòbia ni l’homofòbia d’Orbán, però sí un con­ser­va­do­risme naci­o­na­lista que busca noves pau­tes en la relació amb Brus­sel·les. El més pro­ba­ble és que Hon­gria man­tin­gui la línia més res­tric­tiva en matèria d’immi­gració. És, des de fa anys, el país que menys immi­grants acull, gràcies a una sèrie d’obs­ta­cles legals o físics, inclo­ses les tan­ques a les fron­te­res del sud.

Tam­poc no es pot espe­rar un gir radi­cal envers Kíiv. Buda­pest pro­ba­ble­ment aixe­carà el blo­queig als ajuts a Ucraïna, però no es plan­teja con­tri­buir a la seva defensa o enviar-hi tro­pes.

martes, 17 de marzo de 2026

El largo brazo del PPE


Los contactos de miembros de Partido Popular Europeo con los ultras alemanes irritan a Merz



El canciller alemán, Friedrich Merz, este martes, en Berlín. / TOBIAS SCHWARZ / AFP
   Gemma Casadevall     Berlín17 MAR 2026 

Para Friedrich Merz, el cordón sanitario a la ultraderecha que rige en Alemania debe ser respetado a escala europea. "No cooperamos con los radicales de derechas en el Parlamento Europeo", afirmó este martes el canciller alemán. Quien lo haga, deberá atenerse a las consecuencias, prosiguió el líder del bloque conservador alemán.
El destinatario de esta advertencia es el presidente del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber, miembro de la Unión Cristianosocial de Baviera (CSU), la rama regional de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merz. Es "responsabilidad de Weber" que no haya ningún tipo de cooperación con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), añadió el canciller. Esta es también, según Merz, la opinión de Markus Söder, jefe de la CSU bávara.
La reprimenda pública de Merz al jefe del PPE surgió en una comparecencia en Cancillería. Fue a raíz de unas informaciones de la agencia de noticias alemana dpa, según la cual miembros del eurogrupo popular mantienen relaciones estrechas con la AfD, además de con otros partidos de su espectro. Son informaciones "irritantes", según Merz, quien conminó a Weber a "poner fin de inmediato" a estas prácticas.
Los vínculos a los que se remite la dpa son a través de grupos de chat, pero también encuentros personales. Aparentemente no ha habido una intervención personal de Weber. Pero el mero hecho de que se produzcan a otro nivel afecta al cordón sanitario alemán.
Desde tiempos de Angela Merkel, la coalición CDU/CSU ha aprobado sucesivas resoluciones que establecen su incompatibilidad con la AfD. Los representantes del ala más derechista de los conservadores alemanes, como el jefe de su grupo en el Bundestag (Parlamento federal), Jens Spahn, han tratado de sacar hierro al asunto y argumentado que compartir chats de grupo no es cooperar políticamente. Otras corrientes de la CDU vienen reclamando incluso abrir el diálogo con la AfD.

Un año electoral complejo

Como jefe del Gobierno alemán, Merz puede dar trato de socia preferente a la italiana Giorgia Meloni. Pero no quiere deslices con la AfD, a la que repudian incluso otras formaciones ultras europeas por su radicalismo. Las revelaciones de la agencia dpa comprometen al bloque de Merz en un año electoral marcado por el auge de la AfD, segunda fuerza a escala nacional.
En las regionales de principios de marzo en Baden-Württemberg, en el sur del país, los Verdes se impusieron por una ventaja mínima sobre la CDU. El próximo domingo hay comicios en Renania Palatinado, en el oeste, donde se apunta a otro empate, esta vez entre socialdemócratas y conservadores.
La CDU trata de impedir toda fuga de votos hacia la ultraderecha. Su estrategia combina el cordón sanitario y un giro cada vez más derechista, sobre todo en política migratoria. La AfD obtuvo en Baden-Württemberg más del 18% de los votos, más o menos el porcentaje que se le estima en Renania Palatinado. Para los comicios que tendrán lugar en septiembre en Sajonia-Anhalt y Mecklenburgo Antepomerania, ambos en el este, se le pronostica un 40%, lo que pondrá en jaque el cordón sanitario.

domingo, 1 de marzo de 2026

Fratelli

"Merzoni", la sombra de un eje germano-italiano sobre la UE



Friedrich Merz y Giorgia Meloni, en Roma. / ROBERTO MONALDO / AP




 Gemma Casadevall    Berlín01 MAR 2026 



¿Se impondrá un "Merzoni" capaz de tomarle el relevo al eje franco-alemán? Por el término "Merzoni" se entiende una alianza entre el canciller alemán, Friedrich Merz, y la jefa del Gobierno italiano, Giorgia Meloni. La sintonía personal entre ambos se plasmó en la cumbre germano-italiana celebrada a principios de año en Roma, a la que siguió un documento conjunto preparatorio para la siguiente cumbre de la UE. Es esta una práctica que hasta ahora se reservaba al eje París-Berlín, con el propósito de acudir con posiciones consensuadas ante el resto de líderes.

Es sabido que Merz y Emmanuel Macron no acaban de conectar, pese a sus socorridos pronunciamientos sobre la solidez de su motor europeo. El eje quedó ya bastante maltrecho en los tres años al frente del Gobierno alemán del socialdemócrata Olaf Scholz. El conservador Merz no ha logrado darle nuevo ímpetu en el año transcurrido desde su victoria electoral, en febrero de 2025. El disenso en torno al caza europeo de sexta generación (FCAS, por sus siglas en inglés), en que están implicados Francia, Alemania y España, pesa sobre la relación bilateral. El proyecto arrancó en 2017, con Angela Merkel en el poder, e incluye, además del avión, un sistema de drones interconectados. El deseo del grupo armamentístico francés Dassault de hacerse con el control del 80% del proyecto -y no del 30 % inicialmente pactado- mantiene en suspenso este proyecto estrella para la defensa europea.

La base del eje franco-alemán es el Tratado del Elíseo, firmado en 1963 entre Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, puntal de la reconciliación entre dos países vecinos que llevaban siglos combatiéndose. Se mantuvo entre líderes a menudo de familias políticas distintas, con tándems como el que formaron el socialista François Mitterrand y el conservador Helmut Kohl. Legendarios fueron los que formó Angela Merkel con cuatro presidentes franceses -Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy, François Hollande y Macron- Cuesta creer que ese motor europeo pueda quedar desplazado por una alianza entre la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido fundado por Adenauer, y los Fratelli d’Italia de Meloni, un partido postfascista.

Al margen de referencias históricas, el actual canciller parece atraído por una Meloni que ha roto la dinámica de los gobiernos efímeros italianos. Lleva tres años y medio en el poder y los sondeos apuntan a su reelección para 2027. A Macron le queda previsiblemente un año y medio en la presidencia.

El frágil cortafuegos alemán

A los Fratelli de Meloni y la CDU de Merz les une el pragmatismo de sus respectivos líderes. "Merz juega con fuego", explica a EL PERIÓDICO Franco Delle Donne, analista político de la Universidad Libre de Berlín y autor del libro 'Epidemia Ultra' (Península), donde analiza las corrientes ultraderechistas europeas y del resto del mundo. Acercarse a Meloni es peligroso para la CDU. Supone "abrir la puerta a algo que no le conviene", explica. Sería normalizar la relación con un partido postfascista, lo que no concuerda con el propósito de sostener a escala nacional el "brandmauer", o cortafuegos en alemán. Este cordón sanitario ha mantenido aislada a Alternativa para Alemania (AfD), la segunda fuerza política en el país desde los comicios de 2025 y la corriente más radical de la ultraderecha europea.

Dejar que cuaje esa alianza no solo es peligroso para la política interna alemana. Además "abriría el camino a la cohesión entre los conservadores y los ultras en el Parlamento europeo", advierte Darío Azzellini, investigador de la Universidad de Duisburg-Essen. Se reforzaría la mano tendida a Meloni por la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y apuntalaría "el discurso antiinmigración y xenófobo" dentro del bloque comunitario, prosigue este investigador. Von der Leyen comparte con su compatriota Merz no solo la militancia en la CDU, sino también la cercanía personal hacia Meloni.

En juego está, añade Delle Donne, una "erosión del estado de Derecho" similar a la emprendida en Hungría por el ultranacionalista Víktor Orbán. En Italia se han producido ya cambios en el poder judicial para dar más peso al poder ejecutivo, por encima del legislativo. El discurso de Meloni se ha moderado desde que alcanzó el poder. Pero lo que cuenta "no son los discursos, sino las políticas" que aplica, explica el analista, sea en forma de una política migratoria aún más restrictiva, los ataques a los colectivos LGTBIQ+ o el no al aborto.

"Alemania ha estado muy callada frente a la política errática de Donald Trump. Meloni es, entre los líderes de los grandes países europeos, la que más firme sintonía exhibe con el presidente estadounidense", advierte Azzellini. Merz respondió a la llamada de Dinamarca a reforzar la presencia militar en Groenlandia, ante a los propósitos de Trump de hacerse con la isla ártica, territorio autónomo danés. En cambio, ni siquiera el afán expansionista del líder de la Casa Blanca contra otro aliado de la OTAN han apartado a Meloni de su sumisión a Trump.

¿Resistirá el viejo efe franco-alemán?

Merz dejó claro en la pasada Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC) su fidelidad a la relación transatlántica. Es un pilar de la política alemana desde el fin de la II Guerra Mundial, pero abogó por reducir su relación de dependencia. "El orden mundial unipolar ha terminado y el liderazgo de EEUU está siendo desafiado (…) Nuestra tarea, como europeos y como alemanes, es reconocer esa realidad, reforzar Europa", afirmó ante la MSC. A la presente edición acudió como representante de EEUU su secretario de Estado, Marco Rubio. Su tono fue más moderado que el empleado un año atrás por el vicepresidente JD Vance, aunque los contenidos no han variado. Estados Unidos sigue contando con sus "mejores aliados", los europeos. Pero aspira a que estos compartan su rumbo en política migratoria, climática y social, dijo Rubio.

Merz exhibió en Múnich, una vez más, cohesión con Macron. Y confirmó que había entablado con el presidente francés "conversaciones sobre la disuasión nuclear europea", algo que, dijo, "ha llegado el momento de refundar".

Meloni y Merz comparten objetivos como la desburocratización, por ser un lastre para la actividad económica para dos países industrializados. También comparten la determinación de seguir apoyando a Ucrania y su compromiso inquebrantable con Israel, los que han llevado al extremo de esquivar tanto como han podido toda condena a la devastadora ofensiva en Gaza.
Disuasión nuclear

Pero si hay algo en lo que Roma no puede relevar a París es en la disuasión nuclear. Francia es la única potencia atómica de la UE desde que Reino Unido abandonó el bloque comunitario. Macron lleva desde 2020 ofreciendo a Alemania extender su "paraguas". Tanto la conservadora Angela Merkel como el socialdemócrata Olaf Scholz rehuyeron esa pretensión. Merz, en cambio, lo ve como relevante en el propósito de reducir su dependencia defensiva europea respecto a Estados Unidos.

Se estima que en territorio comunitario hay un centenar de bombas atómicas estadounidenses, parte de ellas en la base de Büchel, en el oeste de Alemania. Lo que actualmente se discute entre París y Berlín es cómo reforzar el brazo atómico europeo.

Macron esgrime su papel como única potencia atómica de la UE. Merz insiste en que su propósito es dotar a su país “del mayor ejército convencional de Europa”, pero descarta traspasar la línea roja del armamento nuclear propio.



















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lunes, 23 de febrero de 2026

Irresistible Rob


Países Bajos abre una etapa inédita con el antitrumpista Jetten al frente de un gobierno de minoría



El primer ministro saliente, Dick Schoof, y su sucesor, Rob Jettend, durante una ceremonia de entrega de poderes en el Treveszaal de La Haya, Países Bajos, el 23 de febrero de 2026. / REMKO DE WAAL / EFE
  Gemma Casadevall   Berlín23 FEB 2026 

Países Bajos ha dejado atrás una etapa de dominio ultraderechista para dar paso al Gobierno en minoría liderado por Rob Jetten, representante del progresismo liberal, de 38 años, y el primer ministro más joven de la historia neerlandesa. En las elecciones generales del pasado noviembre logró para su partido, el D66, la posición de fuerza más votada, tras ganarse el voto joven y urbano como abanderado del antitrumpismo e identificado en lo personal con el colectivo LGTBIQ+ (forma pareja con el jugador de hockey argentino Nicolás Keenan).

La victoria del D66 dejó descolocada a la ultraderecha de Geert Wilders, admirador de Donald Trump. Jetten ha tardado tres meses en formar un tripartito entre su D66, la derecha liberal del VVD --el partido del ahora secretario general de la OTAN, Mark Rutte-- y los democristianos de CDA. Tendrá apenas 66 de los 150 escaños del Parlamento de La Haya, en un país que ha conocido todo tipo de coaliciones de gobierno, pero que no ha tenido un ejecutivo en minoría en más de 80 años.

A Jetten se le consideró un político 'robotizado', porque mostraba cierto anquilosamiento en intervenciones públicas. Pero en la campaña que llevó a su D66 a la posición de primera fuerza se desprendió de su rigidez para presentarse como un líder dinámico, atento a las preocupaciones de los neerlandeses y sobre todo al máximo quebradero de cabeza del ciudadano de a pie, como es la crisis de la vivienda.

Ya en la negociación de su alianza de gobierno ha tenido que aparcar algunos de sus proyectos estrella en aras de la austeridad. Impulsará asimismo una línea en política migratoria muy restrictiva, similar a la de Dinamarca bajo el mando de la socialdemócrata Mette Frederiksen.


El primer ministro Rob Jetten asiste a la primera reunión del gabinete con el nuevo gabinete en el Treveszaal del Ministerio de Asuntos Generales en La Haya, Países Bajos, el 23 de febrero de 2026. / REMKO DE WAAL / EFE
Aumento del gasto en Defensa

La gran diferencia respecto al partido de Wilders está en su línea proeuropea y a favor del apoyo a Ucrania. Su Gobierno se propone elevar el gasto en Defensa hasta el 3,5% del PIB. Está así en línea con el VVD de Rutte, el partido que ahora lidera Dilan Yesilgoz, la nueva ministra de Defensa.

Su gestión al frente del tripartito en minoría nace bajo de signo de importantes renuncias en el reparto de carteras. Ministerios clave, como Defensa y Finanzas, serán para el VVD, mientras que Exteriores y Política Migratoria han quedado bajo el dominio del CDA.

No tiene que temer a un PVV tan fuerte: varios diputados de Wilders se retiraron del recién constituido nuevo grupo parlamentario, hartos de las extravagancias de su único líder. Pero que el PVV esté debilitado no significa que se haya diluido ese espectro electoral, ya que han aparecido otras dos fuerzas pujantes de ese ámbito, JA21 y FVD.

En contra de Trump y de Netanyahu

Jetten se ha erigido en líder de un liberalismo progresista e inclusivo, en unos momentos en que los derechos de colectivos como el LGTBIQ+ tal vez no estén en peligro en Países Bajos, pero sí en otras partes del mundo occidental. En su campaña lanzó ataques frontales contra Trump, al que calificó de peligro a escala internacional, mientras que a Binyamín Netanyahu le ha llamado "criminal de guerra" por las matanzas de civiles en Gaza.

Ahora deberá rebajar el tono respecto al aliado transatlántico para no entrar en confrontación con sus socios del partido de Rutte, servidor dócil en la OTAN del presidente de EEUU.

Si algo parece compartir con el actual secretario general de la Alianza, quien fue su jefe de Gobierno en sus dos años como ministro del Clima y Energía (2022-2024), es su capacidad para moverse con partidos muy distintos. Necesitará asimismo mucha cintura para buscar acuerdos y aliados parlamentarios para sacar adelante sus proyectos de gobierno.

Jetten tomó el relevo al primer ministro en funciones, el tecnócrata Dick Schoof, entre abrazos y risas. A Schoof se le veía aliviado, tras haber sostenido a un ejecutivo en funciones que quedó desencajado el pasado agosto por el abandono de los ministros del PVV. El hundimiento de esa coalición cerró una tumultuosa fase para Países Bajos, con un Gobierno dominado por Wilders, quien pese a no tener ningún puesto en el gabinete exacerbó los ánimos con exigencias impracticables.




viernes, 30 de enero de 2026

La sonrisa de Rob

Países Bajos apunta a un gobierno en minoría, confrontado a una ultraderecha diversificada



El líder de D66, Rob Jetten (centro) junto a la del VVD, Dilan Yesilgoz, y el de la CDA, Henri Bontenbal / KOEN VAN WEEL / EFE
 Gemma Casadevall     Berlín30 ENE 2026 

El líder liberal Rob Jetten, ganador contra pronóstico de las últimas elecciones legislativas de Países Bajos, presentó este viernes por fin su pacto de coalición con otros dos socios centristas, con los que deberá gobernar en minoría y buscar apoyos puntuales en el fragmentado Parlamento neerlandés. Su pacto contempla un fuerte incremento del gasto militar, cerrar las puertas a la inmigración irregular y recortar costes en sanidad y prestaciones sociales. Tendrá ante sí a una ultraderecha muy diversificada, repartida entre el 'trumpista' PVV de Geert Wilders, un grupo de diputados que se han escindido de ese partido y otras dos formaciones de ese espectro en auge.
El objetivo de Jetten, quien probablemente será el nuevo primer ministro, es limitar la llegada de solicitantes de asilo. Secunda las propuestas de otros países comunitarios para que se gestionen las solicitudes de asilo fuera del territorio de la UE. Y también sigue la línea dominante actual de la UE a favor del rearme, orientado hacia un reforzamiento de la identidad europea y la reducción de la dependencia respecto a Estados Unidos. Se plantea anclar por ley que se destine el 3,5% del PIB a gasto militar.
Los socios de gobierno de su partido, Demócratas 66 (D66), son los liberales de VVD, el partido que lideró el ahora secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y los democristianos de la CDA. Con este equipo sumará 66 escaños del total de 150 de la cámara neerlandesa. Le faltan 10 para lograr la mayoría necesaria. Su línea dura en materia migratoria y de recortes sociales le complicará la búsqueda de apoyo en el bloque entre izquierdistas y ecologistas que dirigió el veterano Frans Timmermanns, retirado tras su derrota electoral. A los abismos ideológicos se suman las trincheras abiertas en la negociación de la coalición, ya que el bloque progresista quedó descartado como potencial aliado por el VVD. Jetten acató el veto, aunque a regañadientes.

Relevo al trumpismo

Jetten se impuso en las elecciones celebradas el pasado octubre aupado por su imagen de líder joven y dinámico, frente al negativismo representado por Wilders. Su D66, un partido al que hasta la recta final ante los comicios no se le daban opciones de ganar, superó por la mínima ventaja al trumpismo del PVV, el partido dominante en la anterior alianza de gobierno. Esa coalición se hundió con la dimisión en bloque de los ministros del PVV, lo que precipitó las elecciones anticipadas.
Wilders confiaba en una nueva victoria en las urnas, pero se vio destronado. Meses después de su derrota, en su partido se ha originado una corriente de disidentes, hartos del histriónico Wilders. El PVV es, formalmente, un partido unipersonal, con Wilders como único representante. Siete de sus diputados han abandonado su grupo parlamentario aunque mantienen su escaño.
Eso abre teóricamente el arco de posibilidades de negociación para los futuros acuerdos puntuales que precisará Jetten. Los diputados disidentes no son menos radicales que el PVV, pero tal vez flexibilicen sus propuestas en aras de un protagonismo que hasta ahora se reservó a Wilders.

Negociación ardua

El pacto de coalición de Jetten lleva por título "Manos a la obra". Efectivamente, es mucho el trabajo que tiene ante sí este político liberal, de 38 años, que fue ministro de Medio Ambiente en el último ejecutivo de Rutte. Ganó las elecciones catapultado por su imagen de renovador, con un programa electoral que prometía luchar contra el gran quebradero de cabeza de los neerlandeses: la escasez de vivienda asequible.
Jetten ha tardado alrededor de tres meses en poder presentar un pacto de coalición y se espera, si nada se tuerce, que su equipo jure sus cargos el próximo 23 de febrero. Este largo periodo de negociación no es algo anómalo en los Países Bajos. El liberal Rutte tardó 299 días en formar su último ejecutivo. Entre la victoria electoral de Wilders, en 2023, y la formación del gobierno liderado por su partido con otros dos socios pasaron ocho meses.
Jetten se lanza así a la aventura de un gobierno en minoría, en un país con el voto muy fragmentado y con la incógnita de qué ocurrirá ahora con el PVV de Wilders. A la escisión de los siete diputados se suma el auge de otros dos partidos del espectro ultra, JA21 y FVD, que en los comicios de octubre crecieron en escaños y votos.

martes, 30 de diciembre de 2025

Samfaina alemana

Berlín fa experiments i no té por de les coalicions Frankenstein


Gemma C. Serra - Berlín

L’expressió coa­lició Frankens­tein, sovint emprada per certs par­tits de la dreta per des­le­gi­ti­mar qual­se­vol acord entre Pedro Sánchez amb Junts o Bildu, no tin­dria a Ale­ma­nya una càrrega tan nega­tiva. Ja fa uns anys que s’hi expe­ri­menta, amb coa­li­ci­ons de noms exòtics com ara kiwi, Jamaica i Kenya, nas­cu­des de la volun­tat de man­te­nir aïllada la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per a Ale­ma­nya (AfD). Els dos grans blocs que durant dècades s’han alter­nat en el poder, els con­ser­va­dors i els soci­al­demòcra­tes, ja no en tenen prou amb els ali­ats dits natu­rals. A escala del govern fede­ral, el líder de la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU), el can­ce­ller Fri­e­drich Merz, ha reva­li­dat l’aliança amb els soci­al­demòcra­tes amb què Merkel va gover­nar en tres de les seves qua­tre legis­la­tu­res. Però ara ja no se l’ano­mena gran coa­lició, atès que l’SPD ha per­dut la posició de segona força. En els comi­cis gene­rals del febrer pas­sat, van caure fins a un 16,4%, gai­rebé cinc punts per sota d’AfD i dotze menys que els con­ser­va­dors de Merz. L’afe­bli­ment dels dos blocs tra­di­ci­o­nals és pro­gres­siu i pot­ser irre­ver­si­ble. Alguns son­de­jos col·loquen ara els ultres com a pri­mera força.

A escala dels governs naci­o­nals, l’esquema havia estat rela­ti­va­ment sen­zill: entre el 1949 i el 1998, els con­ser­va­dors i els soci­al­demòcra­tes van gover­nar gai­rebé sem­pre amb els libe­rals com a socis. Amb el soci­al­demòcrata Schröder, es va obrir el ven­tall amb la incor­po­ració d’Els Verds com a ali­ats. El gir cen­trista de Schröder va pro­vo­car l’escissió de L’Esquerra, fet que va pre­ci­pi­tar una dava­llada de vots als soci­al­demòcra­tes impa­ra­ble. Amb Merkel es va entrar en l’òrbita de les grans coa­li­ci­ons. El seu suc­ces­sor, el soci­al­demòcrata Scholz, ja va neces­si­tar, però, dos socis, verds i libe­rals. Merz aguanta precària­ment una aliança amb els soci­al­demòcra­tes sota mínims.

En paral·lel, a escala regi­o­nal s’ha des­fer­mat una panoràmica d’ali­an­ces amb noms, com dèiem, cada cop més exòtics: kiwi, Jamaica, Kenya... S’iden­ti­fica cada par­tit amb un color: negre per als con­ser­va­dors, ver­mell per a l’SPD, groc per als libe­rals, verd per als eco­lo­gis­tes, més ver­mell per a L’Esquerra i lila per al nou popu­lisme esquerrà de Sahra Wagenk­necht. Per kiwi s’entén una aliança entre con­ser­va­dors i verds, men­tre que Jamaica seria entre con­ser­va­dors, verds i libe­rals, d’acord amb els colors de la ban­dera d’aquesta illa. Kenya, entre con­ser­va­dors, verds i l’SPD. L’únic color absent fins ara de tot joc és el blau, el d’AfD.

L’afe­bli­ment fins a mínims històrics de l’SPD i el crei­xe­ment d’AfD han gene­rat aques­tes cons­tel·laci­ons, inclo­ses les con­si­de­ra­des con­tra natura. Que fins ara les més ago­sa­ra­des només s’hagin prac­ti­cat a escala regi­o­nal no vol dir que no puguin pas­sar a una escala supe­rior. A Ale­ma­nya, el rodatge d’una aliança de govern arrenca tra­di­ci­o­nal­ment en algun land.


viernes, 12 de diciembre de 2025

Las urnas de Putin

Alemania acusa a Rusia de ciberataques e "injerencia masiva" en las elecciones



El canciller alemán, Friedrich Merz. / CLEMENS BILAN / EFE

 Gemma Casadevall    Berlín12 DIC 2025 

El Gobierno de Alemania acusa a Rusia de sabotajes, injerencia masiva y campañas de desinformación en las elecciones generales del pasado febrero. El Ministerio de Exteriores ha convocado en consecuencia al embajador ruso, por considerar demostrado que Moscú "amenazó la seguridad nacional" con un ciberataque contra el tráfico aéreo el pasado agosto. La inteligencia germana responsabiliza de ese ataque al grupo de 'hackers' ruso Fancy Bears y al servicio de espionaje militar GRU, según un portavoz ministerial.
El objetivo de estas actividades en la campaña electoral es "desestabilizar y dividir a la sociedad alemana", de acuerdo con esa fuente. El Ejecutivo estudia una serie de contramedidas, incluidas sanciones personales, para que Rusia pague "un alto precio por sus acciones híbridas".
En lo que respecta a la injerencia electoral, Berlín acusa a Rusia de tratar de influir en "asuntos internos alemanes" a través de la campaña de desinformación 'Storm 1516', apoyada desde el GRU. Sus operaciones se concretaron en los comicios generales del pasado febrero, pero han venido desarrollándose de forma continuada desde hace cierto tiempo. Se ejecutan a través de plataformas y webs en los que se difunden videos hostiles, especialmente contra el bloque conservador del canciller Friedrich Merz y contra los Verdes, socios junto con los liberales de la anterior coalición de gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz.
Los conservadores de Merz se impusieron en esas elecciones, que se celebraron por anticipado tras la ruptura del tripartito de Olaf Scholz. Despuntó en esos comicios hasta colocarse en la segunda posición la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), partido identificado como prorruso y con vínculos notorios con el Kremlin.

Falsos vídeos generados por IA

Como parte de esta campaña se difundieron vídeos generados por inteligencia artificial sobre supuestas manipulaciones de papeletas. Unos días antes de los comicios, celebrados el 23 de febrero, los servicios de seguridad alemanes habían informado ya de lo que entonces se consideraron indicios de una campaña de desinformación. En esos vídeos falsos se denunciaba, entre otras cosas, que en ciertas papeletas no aparecía la opción para votar a la AfD.
El semanario 'Der Spiegel' cita el ejemplo de otro vídeo con declaraciones de un médico que aseguraba que Merz había recibido tratamiento por problemas psíquicos. Estas informaciones estaban basadas en actas médicas falsificadas. Otro ejemplo es la campaña contra el vicecanciller y ministro de Economía de Scholz, el verde Robert Habeck, al que se imputaban sobornos relacionados con Ucrania. Detrás de las operaciones de 'Storm 1516' está el grupo moscotiva Center for Geopoltical Expertise, teledirigido desde el GRU. A este grupo se atribuyó una campaña dirigida en Estados Unidos contra la entonces candidata demócrata Kamala Harris.
Según el portavoz de Exteriores, el gobierno alemán analizará con sus socios europeos una serie de medidas para sancionar a los responsables de estas operaciones.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Iker y el atentado en la víspera electoral

El español víctima de un ataque islamista en Berlín declara en el juicio: "El cuchillo entró a 3 o 4 milímetros de la yugular"




Agentes de policía arrestan al sospechoso de apuñalar al turista español cerca del Memorial del Holocausto en Berlín, Alemania, el pasado 21 de febrero. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

Berlín03 DIC 2025 

"Oí un grito, vi que chorreaba sangre (...) Salí corriendo, escuché que alguien gritaba algo en árabe que, aunque no puedo repetirlo, sé qué significa: Alá es grande". Así describió este miércoles ante la Audiencia de Berlín Iker P.M., bilbaíno de 31 años, la traumática experiencia vivida el pasado 21 de febrero, dos días antes de las elecciones generales alemanas. 

Había llegado a la ciudad la víspera. Era un turista más que recorría con unos amigos el monumento a las víctimas del Holocausto. Estaba algo apartado de sus acompañantes cuando alguien le agarró por la espalda y le inmovilizó con el brazo izquierdo, mientras le clavaba el cuchillo con la mano derecha. Ya en el suelo, recibió un segundo cuchillazo en la mejilla. A partir de ahí, sus recuerdos van de una pareja de franceses de origen africano que le taponaron como pudieron la herida, sus amigos pidiendo auxilio, pérdidas de consciencia y finalmente la voz de un cirujano venezolano de la clínica de La Charité diciéndole que el cuchillo había entrado "a tres o cuatro milímetros de la yugular".

Durante casi dos horas, Iker P.M., dio sus explicaciones a la jueza Doris Husch, a la fiscalía y a la acusación particular. No hubo preguntas de la defensa del procesado, el refugiado sirio de 19 años identificado como Wassim al M., quien sigue el juicio aislado en una cabina de seguridad. El ataque duró unos segundos, pero la víctima sufre a día de hoy estrés postraumático, pesadillas diurnas, miedo a la oscuridad y pavor ante cualquier presencia a sus espaldas.

"Hasta ahora, el acusado no ha ofrecido una confesión como autor del atentado", precisó a EL PERIÓDICO Sebastian Sevenich, el abogado que representa a Iker P.M. A través de su defensa ha expresado su "pesar" por los sufrimientos del agredido, pero cuestiona los testimonios de los policías que le detuvieron en el lugar de los hechos, con rastros de sangre, una alfombrilla de oración y un Corán. Para la fiscalía, había elegido el monumento del Holocausto porque su intención era matar a judíos.

Declaración sin cámaras

El ataque del monumento, consistente en más de 2.000 bloques de hormigón en memoria de los seis millones de judíos asesinados por el nazismo, ocurrió al cierre de una campaña electoral salpicada por otros atentados, cometidos por refugiados en espera de expulsión. Los sondeos apuntaban a un alza de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que quedó en segunda posición tras el bloque conservador de Friedrich Merz.

A Wassim al M. se le imputa intento de asesinato con motivación islamista y antisemita, además de haber contactado con Estado Islámico (EI). La víctima acudió a declarar con la condición de que se le preservara de los medios. Algo relativamente fácil en Alemania, donde las cámaras solo pueden grabar los minutos iniciales de cualquier juicio.

Iker P. M. trabajaba como nutricionista deportivo. No ha logrado recuperar la normalidad ni lo privado ni en lo laboral. Vive de sus ahorros y en casa de sus padres. No recibe ningún tipo de subsidio del Estado español, explicó. Por parte del alemán ha percibido un pago de 5.000 euros, a modo de anticipo de una eventual indemnización.








viernes, 28 de noviembre de 2025

Los cachorros de Weidel

La ultra Alternativa para Alemania refunda su organización juvenil con el objetivo de impulsar su ascenso al poder



La líder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel. / SOEREN STACHE / POOL / DPA

Gemma Casadevall

Berlín28 NOV 2025

"Nuestro objetivo es tener una organización juvenil que identifique a los nuevos talentos de la cantera", afirmó la líder de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, ante el controvertido congreso de las juventudes de su partido. Se abrirá este sábado en Giessen, una ciudad de 90.000 habitantes a 50 kilómetros de la metrópolis financiera que es Frankfurt. Su objetivo es sellar la fundación de la organización juvenil, tras haberse disuelto la llamada Alternativa Joven (AJ), calificada en 2023 de extremista radical por los servicios secretos de Interior alemanes.


Que la nueva plataforma no será muy distinta de la originaria está claro. Se baraja el nombre de Generation Deutschland --Generación Alemania--, con unos 1.000 militantes fundacionales. Para protestar contra su bautizo en Giessen se han movilizado una veintena de organizaciones sindicales, religiosas y de la izquierda, así como grupos 'antifas'. Un poderoso operativo policial tratará de impedir encontronazos.

"Será una cantera preparada para asumir funciones de gobierno tras las próximas elecciones en el este del país", prosigue Weidel, en declaraciones a la agencia alemana dpa. En 2026 se celebrarán comicios regionales en los estados de Mecklenburgo Antepomerania y en Sajonia-Anhalt, ambos en el este de Alemania. La AfD fue ahí la fuerza más votada en las elecciones generales del pasado febrero, con porcentajes del 35% y el 37%, respectivamente. Para las regionales de 2026 espera pulverizar el cordón sanitario que les ha impedido compartir funciones de gobierno a escala regional y nacional.

Tensión interna y en la calle

Weidel quiere tener bajo control a esas juventudes, grandes captadoras de voto, pero también un peligro para la AfD. El partido de Weidel está en auge en los sondeos, que la sitúan en primera posición a escala nacional, pero bajo el radar de los servicios secretos. Las actividades de su ala más radical pueden hacer que se extienda la acción del espionaje alemán sobre el conjunto de la AfD. La presidenta del partido hace equilibrismos entre el poder captador de votos y el riesgo de que se vigilen los movimientos de sus diputados, inclusive los del Bundestag (Parlamento). Un movimiento en falso podría poner en peligro su carrera ascendente, en un momento en que desde el sector empresarial, hasta ahora hostil a la AfD, se debate sobre si mantenerla o no aislada.

El líder de las nuevas juventudes será previsiblemente Jean-Pascal Hohm, un diputado de la Cámara regional de Brandeburgo, el 'land' que envuelve Berlín. Es cercano al movimiento Identitarios, que promueve la expulsión de millones de ciudadanos de origen extranjero. Tiene 28 años y responde al perfil de ultraderechista alejado de la estética 'skin' para adoptar el aspecto de un dinámico ejecutivo, el yerno perfecto.

La tensión ante el congreso es altísima. Según 'Der Spiegel', se ha pedido a los soldados en uniforme que en fin de semana se encuentren viajando que eviten cualquier provocación y tumultos. Hasta Giessen se desplazarán unos 200 autobuses con participantes en las protestas convocadas de signo pacifista y amparados por sindicatos e iglesias, junto con otras de alto riesgo de la izquierda radical. Inicialmente se estimó que acudirían a esa ciudad de provincias unos 10.000 manifestantes; ahora las autoridades locales temen la concentración de hasta 50.000 personas.