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martes, 18 de febrero de 2025

Cuando expulsar da votos


Las deportaciones masivas y la línea dura contra la inmigración irregular copan la campaña de las elecciones en Alemania




El candidato a canciller de la CDU, Friedrich Merz, y la de la AfD, Alice Weidel, durante un debate en la televisión alemana, el pasado domingo. / KATY NIETFELD / AP

Gemma Casadevall
Berlín 18 FEB 2025 

"La única buena noticia estas semanas es que, pese a la alarma por los ataques cometidos por refugiados, el partido que está subiendo en los sondeos es el nuestro, que no promete expulsiones masivas de inmigrantes irregulares", explica Gregor Gysi, candidato y fundador de Die Linke, La Izquierda. Hasta hace poco, su formación, una fusión entre el postcomunismo de Gysi y la disidencia socialdemócrata de Oskar Lafontaine, estaba bajo el listón del 5% necesario para asegurarse escaños en el Bundestag (Parlamento). De pronto ha subido al 6% o incluso el 7%, impulsado por veteranos como Gysi y una presidencia rejuvenecida, cuyo rostro es Heidi Reichinnek. Mientras Gysi practica la campaña clásica, con mítines en su distrito berlinés de Treptow-Kopenick, en el antiguo sector comunista, Reichinnek se dirige a sus seguidores a través de Instagram y TikTok. Su indignada intervención en el Bundestag, tras el voto cómplice de la ultraderecha a una moción de política migratoria del bloque conservador de Friedrich Merz, captó 29 millones de clics.

De Linke parecía condenada a convertirse en extraparlamentaria tras las elecciones nacionales del próximo domingo. Haber subido por encima del listón del 5% es un pequeño milagro, tras el desgarro provocado por la escisión de la izquierda populista y prorrusa capitaneada por Sahra Wagenknecht. Pero es apenas una gota de agua en la marea de propuestas restrictivas en materia migratoria del resto del espectro parlamentario. La Izquierda de Gysi es el único entre los partidos del Bundestag que concentra su campaña en la escasez de vivienda pública, la lucha contra la especulación inmobiliaria y los efectos de la inflación en la cesta de la compra. Problemas acuciantes del ciudadano común, en una potencia en recesión y con creciente precariedad.

Ocupa el quinto puesto en los sondeos. La primera posición, con una intención de voto del 30%, es para Friedrich Merz, quien promete deportaciones en caliente y cerrar la entrada en el país a la migración irregular. Le sigue la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), 10 puntos por debajo. Su candidata a la Cancillería, Alice Weidel, clama en cada uno de sus mitines contra "la inmigración descontrolada" formada, según ella, por "atacantes a cuchillo, violadores en grupo y yihadistas". Responsabiliza de su llegada al país a la política migratoria practicada en la era de Angela Merkel. La tercera posición, con un 15%, es para los socialdemócratas del canciller Olaf Scholz, que alerta de que los propósitos de Merz vulneran el derecho al asilo, la línea migratoria de la UE y las leyes alemanas. En cuarta posición están Los Verdes, con un línea migratoria similar a la de sus socios socialdemócratas. Ambos coaligados defienden que bajo su gestión se ha reducido el número de nuevos demandantes de asilo e incrementado las expulsiones de refugiados sin perspectivas de ser acogidos, radicalizados o que hayan incurrido en delitos graves.

El número de expulsiones materializadas en 2024 subió a 20.084, un aumento del 21 % respecto al año anterior. El de las que no llegaron a ejecutarse, por razones humanitarias, fallos o problemas burocráticos, sigue sigue mayor: 33.717. Por cada persona que se deportó entraron en el país 15 solicitantes de asilo, recuerda Merz. El año pasadose registraron 329.000 nuevos peticionarios, según el departamento federal de Migración y Refugiados (BAMF), lo que sube a 3,5 millones el número de refugiados que viven en Alemania. En ese total no se incluye al millón largo de ucranianos llegados por la guerra de agresión rusa, ya que están exentos de los trámites de solicitud de asilo.

Ataques y retórica ultra


Cada una de las últimas campañas electorales alemanas se ha visto sacudida por ataques cometidos por refugiados, muchos de ellos pendientes de expulsión, a veces con transtornos psíquicos, con trasfondo yihadista o incluso por islamofobia. Los comicios europeos de junio del año pasado quedaron bajo el impacto de la muerte a cuchilladas de un policía a manos de un afgano, en Mannheim. Le siguió en agosto, poco antes de los comicios regionales en el este, el ataque de un yihadista sirio contra una fiesta popular de Solingen, con tres muertos. En diciembre, un saudí irrumpió con un potente SUV contra un mercadillo navideño en Magdeburgo, con seis muertos. Hace unas semanas, otro afgano mató a un niño de dos años y un adulto en un parque de Baviera. Ya en plena campaña, otro niño de la misma edad y su madre murieron tras el atropello múltiple de otro afgano en pleno centro de Múnich.

El Gobierno de Scholz reanudó las deportaciones de afganos con delitos graves a su país tras los ataques de Mannheim y Solingen. A cada uno de los siguientes atentados ha respondido el canciller con el compromiso de acelerar las expulsiones, incluidas a Siria y Afganistán. Pero para el bloque conservador de Merz como para la AfD nada ocurre al ritmo requerido. Hay en Alemania unos 400.000 afganos y cerca de un millón de sirios, en su mayoría llegados desde la crisis migratoria de 2015. Unos 220.000 vieron rechazada su petición de asilo, pero siguen en Alemania en régimen de protección subsidiaria o 'tolerados'. Unos 46.000 están pendientes de expulsión.

"Hay una situación de descontrol. Es indiscutible. Pero las deportaciones masivas no son viables ni necesarias, bastaría con agilizar las de los individuos peligrosos, radicalizados o con transtornos", afirma el analista y experto en migración Gerald Knaus. La pregunta es cómo hacerlo. Los poderes locales, a los que compete la acogida de nuevos refugiados, están desbordados y sin medios.

La viabilidad de propuestas como las prometidas en campaña por el conservador Merz o el socialdemócrata Scholz es discutible, apunta Knaus. En ningún caso, sin embargo, pueden esperarse soluciones de la AfD, cuyo auge electoral se fundamenta en su capacidad para aglutinar descontentos, del orden que sea, no en resolver los problemas complejos, como la política migratoria.

domingo, 20 de octubre de 2024

Otro entierro


La Izquierda se plantea sobrevivir a través de tres 'veteranos'



Bodo Ramelow. / EP
Gemma Casadevall    Berlín 20 OCT 2024 

La Izquierda alemana, herida de muerte tras la escisión del nuevo populismo izquierdista de Sahra Wagenknecht, buscará su supervivencia a través de tres 'veteranos', entre ellos el fundador de ese partido de raíces postcomunistas, Gregor Gysi.
"Hagamos que estos tres tipos viejos, camaradas, entren en campaña con todas sus fuerzas para lograr un mandato directo", animó Gysi a los delegados de su partido, reunidos en Halle (este alemán), en un congreso destinado a mostrar cohesión.
El mismo Gysi definió esta estrategia como 'Acción Rizos de Plata', en alusión a las canas que, en política, representa junto con Bodo Ramelow, jefe del gobierno en el 'land' de Turingia, y el exjefe del grupo parlamentario en el Bundestag (Cámara baja), Dietmar Bartsch.
Su plan consiste en que cada uno de ellos luche por la victoria en un distrito fuerte del este alemán. Lograrían, de conseguirlo, la representación parlamentaria que no obtendrán si, como apuntan los sondeos, quedan por debajo del listón de 5 % en las elecciones generales de 2025. Esa fue la fórmula con que La Izquierda -Die Linke, en alemán- se alzó como grupo parlamentario en el Bundestag tras la reunificación. Por entonces solo conseguía buenos porcentajes en el territorio de la extinta Alemania comunista, mientras que en el resto del país quedaba en resultados pírricos. Estaba estigmatizado como heredero del régimen germano-oriental y arrinconado por el resto del espectro parlamentario. A punto de cumplirse los 35 años de la caída del Muro, su situación es agónica.
Gysi fue el artífice de su reactivación, pero pasó a la retaguardia tras sufrir varios infartos aunque siempre acaba resurgiendo cuando se le necesita. Bartsch representa el ala moderada que con los años arraigó también en el oeste del país. Ramelow es el único líder de La Izquierda que ha logrado colocarse al frente de un gobierno regional, el de Turingia, el ‚land‘ donde el pasado septiembre se impuso como primera fuerza la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
El congreso de la Izquierda se cerró este domingo tras la renovación de su cúpula. Fueron elegidos como nuevos presidentes la periodista Ines Schwerdtner y el exdiputado del Bundestag Jan van Aken, dos rostros renovadores pero prácticamente desconocidos para el ciudadano. Sustituyen al tándem formado por Martin Schirdewan y Janine Wissler, que tampoco lograron relanzar el partido.
La Izquierda quedó ya muy debilitada en las generales de 2021, cuando obtuvo apenas un 4,9%. Ya entonces salvó su presencia en el Bundestag con varios mandatos directos. A esa vulnerabilidad se sumaron sus vaivenes respecto a Rusia. Su cúpula condenó la guerra de agresión sobre Ucrania, pero le sobrevino la escisión capitaneada por Wagenknecht, considerada prorrusa y contraria a los suministros de armas a Kiev. La salida de la mediática Wagenknecht fue una estocada para La Izquierda. No solo por el ímpetu de esta líder, sino porque también rompió con el partido su esposo, Oskar Lafontaine, quien en 1999 abandonó el Partido Socialdemócrata (SPD) para acabar uniéndose a Gysi.
El desgarro ha precipitado la caída en picado de La Izquierda. En Turingia aún defendió posiciones gracias a la popularidad de Ramelow, que sigue como primer ministro en funciones mientras la conservadora CDU negocia una mayoría parlamentaria que deje fuera a los ultras. En Sajonia cayó a formación extraparlamentaria, por primera vez en un ‚land‘ del este alemán. Los sondeos apuntan a que en los comicios generales de septiembre de 2025 se hundirá en el 3%.
Wagenknecht ha logrado en tiempo récord convertirse en indispensable para lograr mayorías sin romper el cordón sanitario contra los ultras. Sus posiciones respecto a Ucrania y la OTAN le colocan en las antípodas tanto de la CDU, primer partido en intención de voto, como de los socialdemócratas de Olaf Scholz. En política migratoria defiende posiciones similares a las de la ultraderecha. En las generales de 2025 se le pronostica un 9%.

domingo, 8 de septiembre de 2024

El este y sus caprichos en las urnas, de 1989 a 2024




El 'nuevo' este de Alemania, entre la extrema derecha y el populismo de izquierda



Los resultados finales confirman los augurios de una complicada formación de gobiernos en este alemán.


Gemma Casadevall
Berlín 08 SEPT 2024 

Que el este alemán no es territorio propicio para el centrismo lo demuestra el mapa político de ciudades como Templin, en el 'land' de Brandeburgo, el lugar donde creció su ciudadana más ilustre, Angela Merkel. En las pasadas elecciones europeas, el partido más votado fue la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), con un 32,8%, mientras que la conservadora CDU, el partido de la ex canciller, obtuvo un 17,5%. En Brandeburgo se celebrarán elecciones regionales el próximo día 22 y ahí se pronostica el primer puesto para la AfD, como ocurrió en Turingia, donde los ultras rozaron el 33% liderados por el radical, Björn Höcke.

El alcalde de Templin, el izquierdista Detlef Tabbert, dice sentirse orgulloso de Merkel, pese a que la CDU excluye desde tiempos de Helmut Kohl a La Izquierda como aliado, por representar el postcomunismo. El título de 'ciudadana ilustre' le fue concedido a Merkel en 2019 casi como deferencia a su madre, Herlind Kasner, quien hasta los 90 años ejerció como maestra de inglés en Templin. El alcalde se pasó ahora, tras 16 años de militancia La Izquierda, al nuevo populismo izquierdista de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW).

"La volatilidad del voto es extrema en el este. Y se va, además, a los extremos“, explica a El PERIÓDICO Hajo Funke, politólogo berlinés y autor de varios libros sobre la AfD. La CDU dominó el mapa político en los años siguientes a la caída del Muro, pero ahora Turingia, Sajonia y Brandeburgo se tiñen de azul, el color identificativo de la AfD, mientras crece la influencia de Wagenknecht.

Del negro de Kohl a los puntos rojos postcomunistas


Las primeras elecciones de la Alemania reunificada, en 1990, dieron la victoria a la CDU del entonces canciller Helmut Kohl con porcentajes del 45% en Turingia, dos puntos por encima de la media del país. Se había materializado en tiempo récord la extinción de la comunista República Democrática Alemana (RDA) y la socialdemocracia occidental ocupaba el segundo lugar. Pero aparecían aquí y allá los primeros puntos rojos, correspondientes al postcomunista PDS, el heredero político de la RDA. El resto del espectro parlamentario, de la CDU a socialdemócratas, liberales y verdes, recibieron al PDS a regañadientes como un 'cuerpo extraño' en el Parlamento federal (Bundestag). Se les quiso aislar políticamente. Pero empezó reflejarse que no todo el mundo digería bien la 'reunificación exprés' de Kohl y la extinción de la RDA. De ese postcomunismo procede Wagenknecht.

La Izquierda toma carrerilla

Entre 1999 y 2004 quedó claro que la euforia reunificadora había sido fugaz. Los 'paisajes florecientes' que había prometido Kohl para el este eran páramos con un desempleo que doblaba al del oeste del país. El este se vaciaba de población más joven a niveles similares a los registrados desde la posguerra y hasta que, en 1961, el régimen germano-oriental construyó un muro contra la sangría demográfica. La CDU seguía siendo la primera fuerza, pero La Izquierda, como se llamó a la fusión del postcomunismo la disidencia socialdemócrata de Oskar Lafontaine, era la segunda fuerza. La socialdemocracia se empequeñecía, mientras que verdes y liberales seguían sin encontrar a su electorado en el este.

Ruge la ultraderecha

"La irrupción de la ultraderecha desbarató el mapa", resume Funke. La población de la RDA había pasado de una dictadura, la nazi, a la siguiente, la comunista, recuerda su colega, Matthias Quent, perteneciente a la generación más joven de politólogos del este. La falta de una 'formación en democracia' en quienes solo habían conocido totalitarismos hizo mella en la 'transmisión de valores' a sus hijos o nietos. Pese a la inmensa inyección de inversiones en el este y el lento pero existente proceso de equiparación de sueldos y jubilaciones con respecto al oeste, se mantiene la percepción de que los del este son 'ciudadanos de segunda'. De espectacular, o desastroso, se puede calificar la evolución del mapa político de Turingia entre las regionales de 2014, 2019 y 2024: hace diez años, persistía cierto equilibrio entre la CDU y la Izquierda; en 2019 irrumpe la AfD; en 2024 el mapa queda a merced de los ultras.

El 'brandmauer’ alemán y el recuerdo del Muro

"El cortafuegos no es democrático. No pueden aislar a quien llega a primera fuerza de acuerdo a las reglas democráticas. Será su cárcel", comentaba en la noche electoral de Turingia el diputado de la AfD en el Bundestag Stephan Brandner. El significado de la palabra alemana 'brandmauer‘ --'muro contra incendios'-- tiene connotaciones negativas para el este, a juicio del político de la CDU, Sven Eppinger. Recuerda al traumático muro que partió Berlín y que sigue presente en algunas cabezas. "No se puede mantener en pie un cordón sanitario que ya no existe en la calle, en la familia o el trabajo", sentencia este político. "La llegada de la AfD a posiciones de poder dará alas al revisionismo del Holocausto", advertía desde la televisión pública MDR Hans Christian Wagner, el director del museo del antiguo campo de concentración nazi de Buchenwald, amenazado por la AfD de Turingia.

La burbuja de Weimar

Sacar conclusiones con la comparación estricta en el conjunto del este y el oeste no es correcto, según el politólogo Quent. La AfD y el partido de Wagenknecht no solo prosperan en el este. En las europeas la AfD quedó en un segundo lugar a escala nacional, mientras que Wagenknecht, que se estrenaba en las urnas, se disparó a un 6,2%. Para Quent, la comparación debe establecerse entre distritos con niveles de educación y poder adquisitivo semejantes. "Las constelaciones no son tan distintas entre dos ciudades universitarias como Weimar, en el este, o Heidelberg, en el sur", afirma. Weimar es una de las pocas 'burbujas' que siguen en poder de la CDU en Turingia. Se la identifica con la república de entreguerras que derribó Adolf Hitler, así como la ciudad de los clásicos Goethe y Schiller y del movimiento vanguardista Bauhaus. "Hay que pasar a la resistencia activa", afirma Ralf, activista de Aufstehen gegen Rassismus o Levantamiento contra el Racismo.

Los 'megáfonos' de Putin en Tiktok


Que la AfD haya sido en Turingia la fuerza más votada entre los electores de entre 18 y 24 años, con un 38%, obedece a que es la fuerza más activa en redes sociales. Su líder en Turingia, el radical Björn Höcke, es omnipresente en Tiktok y X, seguido por Wagenknecht. Desde ahí alcanzan a nuevos votantes del este más desfavorecido. "Han sabido movilizar no solo el voto antimigración, sino también contra los suministros de armas a Ucrania", recuerda Quent. A ambos extremismos, derechista e izquierdista, se les identifica como 'megáfonos de Vladímir Putin'. "La AfD no sería posible sin los influencers derechistas y sus multiplicadores, un espectro que amplifica cualquier intervención de sus líderes, sean mensajes o videos“, afirma al semanario 'Der Spiegel' Roland Verwiebe, responsable de un estudio de la Universidad de Potsdam, capital de Brandeburgo.

lunes, 2 de septiembre de 2024

Las claves


¿Por qué ha ganado Alternativa para Alemania en Turingia? ¿Podrá gobernar? ¿Cómo afecta al Gobierno de Scholz?



Bjoern Hoecke / Wolfgang Rattay / REUTERS



Gemma Casadevall
Berlín 02 SEPT 2024 

El este alemán rugió y dio varios mazazos a los partidos establecidos, especialmente a la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz. A la victoria de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en Turingia, donde alcanzó la posición de primera fuerza, o su segundo puesto en Sajonia, se sumó la irrupción del nuevo populismo izquierdista que lidera Sahra Wagenknecht, a cuya puerta deberá llamar la derecha moderada de la CDU para poder gobernar. Wagenknecht deja así herida de muerte a La Izquierda, el partido que durante años aglutinó el voto de protesta en el territorio de la antigua Alemania comunista y al que ahora dio la espalda su votante, probablemente porque lo considera 'domesticado' por los partidos establecidos.

¿Por qué ganó la ultraderecha?


Los resultados de los comicios regionales de este domingo no difieren mucho de los alcanzados por la AfD en las pasadas elecciones europeas: en Turingia se disparó el domingo al 32,8 %, frente del 30,7 % de las europeas de junio, mientras que en Sajonia obtuvo un 30,6 %, tras el 31,8 % de los comicios a la Eurocámara. El voto ultra estaba ahí, esperando el momento para lanzarse y ganar su primer ‚Land‘. Es un voto transversal, que alcanza todos los estratos sociales y que puede ir a más, de mantenerse la tendencia. Su máximo eco lo encuentra entre los votantes entre 18 y 24 años, con un 38% en Turingia. Entre los mayores de 70 años baja al 19 %, según las estimaciones de la televisión pública ARD. En la franja entre 16 y 18 años, sin derecho a voto en estos comicios, está en un 48%.

¿Podrá gobernar el radical Höcke?


Al líder de la AfD en Turingia, Björn Höcke, no se le veía realmente exultante la noche electoral, pese a que las urnas le dieron dos puntos más de lo pronosticado. El resto del espectro parlamentario le descarta como socio, como hace también izquierda de Wagenknecht. Höcke representa el ala más radical de un partido al que excluyen, por su extremismo, las dos grandes familias de la derecha populista europea, Conservadores y Reformistas, el grupo de la italiana Giorgia Meloni, y los Patriotas para Europa del húngaro Viktor Orbán y la francesa Marine Le Pen. La figura de Höcke le sirve a la AfD para captar votos, pero no para avanzar hacia el poder. Lo tendría más fácil su correligionario de Sajonia, Jörg Urban, menos estridente. Pero ahí la primera fuerza fue la CDU. Encima, tras el recuento de votos la AfD perdió un escaño y con ello la minoría de bloqueo, necesaria para vetar ciertas leyes y designaciones.

¿Aguantará la coalición de gobierno de Scholz?

La noche electoral fue agria para el Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz, que ya estaba en mínimos en ambos estados del este. Mucho peor fue la situación para sus socios Verdes, que solo tendrán escaños en Sajonia, y sobre todo para los liberales, que quedaron fuera de ambas con resultados propios de una formación marginal, sobre el 1,5 %. „Todas las fuerzas democráticas están llamadas a posibilitar un gobierno sin el extremismo derechista“, afirmó Scholz, a la agencia de noticias Reuters. Las próximas elecciones generales están convocadas para el 28 de septiembre de 2025. Scholz empezó ya a aplicar su receta para tratar de aguantar ese año: agilizar las expulsiones de migrantes irregulares, recortar los subsidios a los solicitantes de asilo rechazados y endurecer su política migratoria. Es decir, aquello que viene reclamando todo el espectro parlamentario, de derecha a izquierda, incluidos sus socios. Es una coalición en tiempo de descuento, a la que desde los verdes se ha calificado de 'transición'.

¿Es la derecha moderada la vencedora de los comicios?

Por lo pronto, la CDU tiene las mejores cartas no solo para mantenerse al frente del gobierno regional de Sajonia, sino también para ganar el liderazgo del de Turingia, cuyo jefe de gobierno fue en las dos últimas legislaturas el izquierdista Bodo Ramelow. Con ello reforzará sus posiciones a escala de los poderes regionales y, además, mejora sus perspectivas de cara a las generales de 2025. En las pasadas europeas se coronó como primera fuerza con un 30 %, casi el doble que su perseguidora, la AfD,. Tiene además la siguiente oportunidad de revalidarse como 'salvadora' en nombre de la democracia en las regionales de Brandeburgo, que se celebran el 22 de septiembre. Los sondeos sitúan a la AfD en un 24 %, cuatro puntos por encima tanto de la CDU como del SPD, que actualmente lidera el gobierno regional de ese ‚Land‘ que rodea Berlín.

¿Peligra el apoyo a Ucrania por el ímpetu prorruso?

El este alemán dio un baño de realidad al gobierno de Scholz y a la oposición conservadora en lo que se refiere a Ucrania. La AfD y el partido de Wagencknecht tienen posiciones similares en política migratoria, aunque el populismo izquierdista se aparta de las posiciones radicales como los planes de ‚remigración‘ ultraderechistas. Donde sí hay coincidencia entre ambos extremismos políticos es en el rechazo al apoyo militar a Kiev. Se dicen ‚pacifistas‘ y reclaman el fin de los suministros de armas a Ucrania. Alemania es el segundo contribuyente internacional a Kiev, tras EEUU. La entrada de Wagenknecht en un gobierno regional o en los dos no debería afectar la política exterior de Berlín. Pero sí es una llamada de atención, siendo que esos dos partidos, AfD y Wagenknecht, que dicen enarbolar el ‚no a la guerra‘ y el ‚sí a negociar‘ con Moscú sumaron casi el 50 % en Turingia y un 42 % en Sajonia.

viernes, 30 de agosto de 2024

Los Wagenkecht-Lafontaine y el segundo desgarro izquierdista

El factor Sahra Wagenknecht: el izquierdismo prorruso alemán probablemente imprescindible en Turingia y Sajonia



Sahra Wagenknecht (derecha) y la candidata de su partido en Turingia, Katja Wolf, tras ser rociadas con pintura roja en un mitin en Erfurt este jueves. / AP
 Gemma Casadevall

Si algo demuestra Sahra Wagenknecht es que no se arruga ante un ataque. Lo mostró en 2016, cuando un militante antifascista le estrelló una tarta de chocolate en la cara en un congreso de su partido de entonces, La Izquierda. Y volvió a hacerlo esta semana, cuando otro hombre le lanzó pintura roja a metros de distancia del escenario de su mitin en Erfurt, la capital de Turingia. Tras el tartazo en su congreso regresó a la sala con un nuevo e impecable traje, mientras que al lanzamiento de pintura respondió asegurando que no se dejará intimidar.
"Sahra kommt" ("Viene Sahra") es la frase omnipresente en los carteles del partido que lleva su nombre, Alianza Sahra Wagenknecht (BSW). Se formalizó como partido en enero de este año, tras escindirse de La Izquierda clásica y agónica. El lema de su programa es "Sensatez y justicia".
Apenas ocho meses después de su fundación, se perfila como imprescindible para articular una mayoría, al menos en el este alemán donde se celebran elecciones regionales este septiembre. El próximo domingo se estrena en Sajonia y Turingia, a lo que seguirán los comicios de Brandeburgo, el 'Land' que rodea Berlín, el 22 de septiembre.
Los sondeos sitúan al BSW en un 18% en Turingia y en el 12% en Sajonia. A la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se le pronostica el primer puesto al menos en Turingia, por encima del 30%. De ser así, el resto de las fuerzas democráticas deberá negociar con Wagenknecht una alianza multicolor para obtener una mayoría capaz de neutralizar a la AfD. O ver cómo la ultraderecha alcanza su primer gobierno de un 'Land'.
Tratar con Wagenknecht no será fácil ni para los conservadores de la CDU ni para los socialdemócratas del canciller Olaf Scholz: la BSW apuesta por negociar con Vladímir Putin la paz para Ucrania y cortar los suministros de armas a Kiev. Es un giro en política exterior no contemplado por Berlín, pero que aparentemente respalda casi la mitad de la población del este, el antiguo territorio comunista. Tanto la AfD como BSW se presentan en campaña como "pacifistas", lo que en el caso de la ultraderecha va envuelto en sospechas de financiación irregular, tramas de espionaje y campañas de desinformación procedentes de Moscú.
A escala nacional, la BSW no tiene tanto respaldo. En las pasadas europeas se situó en un 6%, mientras que su estimación de voto de celebrarse ahora elecciones generales está en el 8%. De convertirse también en imprescindible para forjar mayorías a escala nacional, habría serios problemas de convivencia en política exterior.
"Crecí con el miedo a una guerra atómica. Ahora ese temor vuelve a ser real", afirmó Wagenknecht desde Jena, su ciudad natal, en el estado de Turingia. Los planes de la OTAN de estacionar misiles de largo alcance en territorio alemán y la posible respuesta de Moscú fundamentan, dice, ese temor. Vladímir Putin desencadenó la guerra, pero Occidente tiene "una parte de culpa en ella", afirma.

Dos escisiones, entre la propia y la de Lafontaine

Wagenknecht, de 55 años es hija de una alemana y un iraní 'desaparecido' tras un viaje a Teherán cuando ella solo tenía tres años. Creció en la Alemania comunista y lleva más de tres décadas en política. Primero representó al postcomunismo fiel a los orígenes e incómodo para el reformismo izquierdista posreunificación alemana. Hace un año abandonó La Izquierda por considerar "flojo" su discurso frente a la guerra de Ucrania. Antes que eso, había topado con su partido en política de asilo, ya que defiende el freno a la migración irregular y las expulsiones de refugiados rechazados. Su línea dura en política migratoria y su perfil de partido prorruso la acercan a la AfD. Pero Wagenknecht sostiene que en el suyo no hay lugar para neonazis.
Es la indiscutida líder de la BSW, pero tras ella hay otra figura que ha marcado la política alemana desde hace décadas: Oskar Lafontaine, su pareja desde 2012 y marido desde 2014. Lafontaine tiene una de esas biografías superpobladas de trifulcas políticas y ataques, incluida una cuchillada en el cuello de una mujer aparentemente desequilibrada en un mitin en 1990. En 1999 protagonizó su primer desgarro político, al dimitir como jefe del Partido Socialdemócrata y como ministro de Finanzas en protesta por la línea centrista de su correligionario y entonces canciller, Gerhard Schröder. Fundó La Izquierda entre la disidencia que arrastró consigo y el poscomunismo del este. Su segunda escisión es la que comparte ahora con su mujer, aunque formalmente esté en la retaguardia.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Carola o Wagenknecht

La izquierda busca el rescate con la "capitana" Carola Rackete



Gemma Casadevall

El diezmado partido de la izquierda alemana, Die Linke, busca su rescate europeo con Carola Rackete, la capitana del barco “Sea Watch 3” que en 2019 desobedeció la prohibición del ultraderechista Matteo Salvini de atracar en Lampedusa con 40 refugiados. Unas semanas después de consumarse la escisión del partido de su figura más mediática, Sarah Wagenknecht, los delegados de la izquierda se concentraron en Augsburgo (sur de Alemania) para un congreso de tres días, cuyo objetivo es cerrar filas ante las elecciones europeas de 2024 . “La izquierda necesita renovarse”, afirmó Rackete, de 35 años y políticamente independiente, designada por la cúpula para encabezar la lista del partido junto con su presidente, Martin Schiderwan. El jefe de la izquierda es un rostro apenas conocido por muchos alemanes -está en el cargo desde 2019 y representa el enésimo intento de reflotarlo-. El de Rackete se relaciona con el desafío protagonizado ese mismo año frente a Salvini, entonces ministro italiano del Interior. Las imágenes de “Sea Watch 3” dieron la vuelta al mundo, como exponente de los dramáticos rescates que llevan a cabo las oenegé que operan en el Mediterráneo.

La Europa actual es aún más cerrada a estos rescates que la de cinco años atrás. La ultraderecha lidera gobiernos como el de Giorgia Meloni en Italia, mientras crece la presión entre el centrismo por reducir la llegada de inmigración irregular. La izquierda alemana quiere representar exactamente lo contrario a las corrientes anti-asilo y desmarcarse así, de paso, de la línea de Wagenknecht. La escisión protagonizada por esta diputada mantiene posiciones en materia migratoria cercanas a las de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). La apuesta de Wagenknecht, más presente en tertulias televisivas que en plenos parlamentarios, es cercana al populismo extremista de derechas. Según algunos analistas, podría reclutar electorado entre el llamado “voto de protesta” anti-migración, en detrimento de la AfD, segunda fuerza en intención de voto según los sondeos.

Rackete no tiene el peso político de Wagenknecht, miembro fundacional del Partido del Socialismo Democrático (PDS), la formación postcomunista de la que nació La Izquierda. La presentación de la capitana y activista en el congreso de Augsburgo incluyó de hecho un primer tropiezo: tuvo que matizar unas declaraciones en las que abogaba por cambiar el nombre del partido y por desvincularlo de su pasado como formación heredera del régimen de la Alemania comunista. Algo que levantó las críticas de su sector más tradicionalista, que de por sí no ven con buenos ojos la apuesta por una candidata que no milita en el partido.

Del éxito de Die Linke en las europeas depende su supervivencia. En las generales de 2021 quedó por debajo del listón del 5%, mínimo para obtener escaños -aunque finalmente obtuvo representación parlamentaria gracias a sus victorias en varios distritos del este del país-. A la escisión de Wagenknecht y otros nueve diputados seguirá la pérdida de su estatus de grupo parlamentario, con las consecuencias financieras y de representatividad que ello conlleva.

De la cautela ante Israel a la proscrita Greta

La postura de la Izquierda alemana en materia migratoria encaja con la de sus partidos hermanos europeos. Pero difiere en lo que respecta al posicionamiento de la familia izquierdista europea frente a Gaza, claramente decantada a favor de Palestina. El grueso del espectro parlamentario alemán se ciñe al firme compromiso con el derecho de Israel a defenderse. La izquierda comparte este principio, aunque sí se permite alguna crítica a los bombardeos masivos sobre la población civil gazatí.Noticias relacionadas

Cualquier pronunciamiento de la cúpula izquierdista respecto a Gaza va precedido por una condena rotunda al terrorismo de Hamás. Se enmarca así en la cautela de la clase política alemana ante declaraciones o actitudes que puedan ser interpretadas como antisemitas.

Exponente de esa prevención alemana son las reacciones a casos como Greta Thunberg, al que el semanario “Der Spiegel” deslegitima en su última portada por haber hecho campaña por el “Free Palestine”. El brazo alemán de “Fridays for Future” se ha distanciado de la activista sueca, que de ídolo del ecologismo y de parte de la izquierda ha pasado a ser tratada como persona non grata.  

domingo, 27 de agosto de 2023

Wagenknecht contra todos

La Izquierda alemana, ante una escisión suicida



Gemma Casadevall, Corresponsal Berlín

"Nunca es una buena idea que la izquierda se fraccione. Y la posibilidad de que eso ocurra es muy, muy alta", afirmó el jefe del grupo parlamentario del partido La Izquierda, Dietmar Bartsch, tras anunciar la semana pasada su retirada de ese puesto. No será el único que lo hace, ya que su hasta ahora compañera en el liderazgo del grupo en el Bundestag (Parlamento federal), Amira Mohamed Ali, anunció asimismo unos días antes que deja el puesto. Ambas retiradas se consumarán este septiembre. Y tras el fraccionamiento al que alude Bartsch está el nombre más cacareado desde hace meses en La Izquierda alemana, Sahra Wagenknecht, de 54 años, mediática, incisiva e inflexible. Para algunos, la salvación y la esencia del partido de raíces comunistas; para otros, la pesadilla que puede precipitar el naufragio de esa formación, defensora de posiciones tan extremistas que la acercan a la ultraderecha en temas como el derecho al asilo o el rechazo a los suministros de armas a Ucrania.

"Por supuesto lucharé hasta el último minuto para que no se produzca la escisión. Siempre estuve dispuesto al diálogo con Wagenknecht", añadió Bartsch. La doble retirada al frente del grupo parlamentario más pequeño del Bundestag tiene poco que ver con la debilidad actual de un partido que si sigue teniendo escaños en el Parlamento federal no es por su representatividad porcentual, sino por un puñado de victorias en sus distritos tradicionales del este alemán. En las generales de 2021 quedó en un 4,9%, por debajo del listón mínimo del 5% necesario para acceder de forma directa al Bundestag. Pero obtuvo los suficientes mandatos directos o victorias en esos distritos -un mínimo de tres- para obtener representantes y grupo parlamentario propio, de acuerdo a la ley electoral alemana.

Bartsch representa a la corriente de los moderados, mientras que Mohamed Ali está entre los simpatizantes de Wagenknecht. Ambos anunciaron con pocos días de diferencia su retirada del puesto, mientras desde el sector moderado se trata, hasta ahora sin éxito, de echar del partido a Wagenknecht.

Fusión de partidos de izquierdas

Es la enésima lucha por la superviviencia de un partido que nació de la fusión entre el post-comunista Partido del Socialismo Democrático (PDS) de Gregor Gysi y la disidencia socialdemócrata que arrastró consigo Oskar Lafontaine en 1999. Es decir, tras su intempestiva doble dimisión como jefe del Partido Socialdemócrata (SPD) y ministro de Finanzas de su correligionario Gerhard Schröder, apenas seis meses después de llegar al poder al frente de su por entonces revolucionaria coalición roji-verde. El SPD alemán nunca se sobrepuso de aquel desgarro y los dos machos alfa que la protagonizaron, Schröder y Lafontaine, siguen sin dirigirse la palabra -que se sepa- desde entonces.

Lafontaine unió a continuación su destino político al de Gysi, el artífice de la resurrección del PDS post-comunista al que el resto de la clase parlamentaria alemana había tratado inútilmente de arrinconar. A su PDS se le tachaba inclementemente de "heredero del régimen del Muro de Berlín" y se le repudiaba como socio tanto desde la oposición conservadora como desde el SPD o los Verdes. Del tandem entre Lafontaine y Gysi surgió La Izquierda y, con ello, el partido dejó de ser un reducto solo políticamente vivo en el antiguo territorio comunista para extenderse al resto de Alemania. Poco a poco se rebajó el cordón sanitario en torno a La Izquierda, que a escala regional ha sido socio en coaliciones con el SPD y los Verdes, además de liderar el gobierno del estado de Turingia.

A la unión política que generó la Izquierda siguió otra extendida a lo personal: Lafontaine se convirtió en pareja y luego esposo de Wagenknecht, líder desde la fundación del PDS de su ala comunista. Esta confluencia hace que en Alemania se hable ahora del segundo desgarro interno en un partido relacionado, directamente o no, con Lafontaine.

Equilibrios ideológicos

El exlíder del SPD apartó ya de la vanguardia de La Izquierda a raíz de la invasión rusa de Ucrania en desacuerdo con la "línea blanda" que, a su parecer, defiende el resto del partido. Es decir, por tratar de hacer equilibrios entre la condena a la guerra de agresión de Moscú y oponerse al mismo tiempo a los suministros de armas. Lafontaine, como Wagenknecht, defiende la fidelidad o "comprensión" hacia el Kremlin solo comparable en el espectro parlamentario alemán a la de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Esta especie de cercanía entre los dos extremos del Bundestag no se limita a sus posicionamientos respecto a Kiev y Ucrania, sino también en su rechazo a la acogida de refugiados o la lucha contra el cambio climático. Las intervenciones de Wagenknecht en el Parlamento -fue líder del grupo parlamentario hasta 2019- o en sus intervenciones en tertulias u otros foros suelen diferir muy poco de lo que dice la líder de la AfD, Alice Weidel.

Wagenknecht lleva meses coqueteando con la idea de fundar un nuevo partido. El resto de la Izquierda tiembla. Una escisión en un partido que no logró ni el mínimo del 5 % es una amenaza de muerte. Se estima que Wagenknecht podría arrastrar consigo a varios de los 39 diputados que tiene La Izquierda. Por debajo de los 37 perdería su estatus de grupo parlamentario, lo que además de recortes en la financiación que percibe por cada escaño implica la pérdida de puestos en comisiones parlamentarias, vicepresidencia de la Cámara baja, influencia y visibilidad política. Al hipotético nuevo partido de Wagenknecht le estimaba estos días un sondeo del popular diario 'Bild' hasta un 15% de intención de voto. No solo por los que arrancaría a La Izquierda, sino porque también la aclamaría un nuevo "voto de protesta" escindido de la AfD. La pregunta es si seguiría siendo identificable como izquierdista, como ultraderechista o en la órbita de otros movimientos europeos difíciles de situar a uno u otro lado, captadores del llamado voto del descontento o la crispación.

Desde la corriente moderada se está tratando de movilizar de nuevo a Gysi, su más carismático e histórico líder, elocuente y clave de las sucesivas resurrecciones del partido. Gysi, con 75 años y varios infartos en su historial médico, se ha retirado y luego regresado varias veces a la palestra política. La próxima cita del partido con su futuro es el 4 de septiembre, en que deberá elegirse a los nuevos jefes del grupo parlamentario y tal vez asistir a la formalización del nuevo desgarro izquierdista en la política alemana.

lunes, 24 de febrero de 2020

Castigo al voto cómplice


Hamburg reforça el bloc d’esquerres i frena l'ascens ultra


Quinze dies després del “vot còmplice” de con­ser­va­dors i libe­rals amb la ultra­dreta, a l’est del país, Ham­burg va donar un clar senyal de suport a soci­al­demòcra­tes, Verds i, fins i tot, l’Esquerra. Els comi­cis regi­o­nals en aquesta ciu­tat estat, amb 1,2 mili­ons d’elec­tors, van donar la victòria al Par­tit Soci­al­demòcrata (SPD), que mal­grat per­dre set punts res­pecte de les elec­ci­ons ante­ri­ors, el 2015, es manté com a pri­mera força amb un 38% dels vots. Els Verds es van dis­pa­rar al 25,5%, el doble del que tenien, men­tre que l’Esquerra va pujar un punt per arri­bar al 9,5%.
L’altra cara de la moneda van ser la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU), el par­tit d’Angela Merkel, que va caure a l’11% –qua­tre punts menys res­pecte del 2015–, men­tre que el Par­tit Libe­ral estava a la corda fluixa del 5% –el per­cen­tatge mínim per tenir escons– i la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD), en un 4,8%.
Les pri­me­res pro­jec­ci­ons de la tele­visió pública ZDF, en tan­car els col·legis, tenien una lec­tura prou clara i de pro­jecció naci­o­nal. L’elec­tor ha cas­ti­gat la CDU i la FDP, els dos par­tits que van gosar tren­car el cordó sani­tari, en ele­gir a Turíngia –a l’est del país– un cap del govern libe­ral amb el vot de l’AfD. El vot còmplice amb la ultra­dreta no surt gra­tis, era la pri­mera inter­pre­tació dels ana­lis­tes.
Tots i els esforços poste­ri­ors que van fer els diri­gents de la CDU, inclo­ses la con­demna con­tra aquesta col·labo­ració de Merkel i la decisió de tom­bar aquesta elecció, no han sal­vat el par­tit de la can­ce­llera. La reacció de la seva suc­ces­sora com a cap del par­tit, Anne­gret Kramp-Kar­re­na­buer, que va renun­ciar a inten­tar ser la can­di­data con­ser­va­dora a les elec­ci­ons del 2021, no sem­bla sufi­ci­ent per atu­rar el cop.
Les inter­pre­ta­ci­ons pel que fa als resul­tats d’AfD van més enllà del càstig a les urnes. Si més no a Ham­burg, bastió històric soci­al­demòcrata, l’elec­tor sem­bla tenir clar que no es pot blan­que­jar i fer pas­sar com a nor­mal un par­tit en què hi ha neo­na­zis com ara Björn Höcke, el líder dels ultres a Turíngia.
Al ter­ratrèmol polític gene­rat per la votació a la cam­bra regi­o­nal d’aquest land s’ha sumat una com­moció que va més enllà de l’àmbit par­la­men­tari. L’atemp­tat racista de dime­cres pas­sat a Hanau, amb deu morts cosits a trets per l’ultra­dretà Tobias Rath­jen, ha acti­vat totes les aler­tes. No hi ha, que se sàpiga, un vin­cle directe entre Rath­jen i la ultra­dreta política­ment orga­nit­zada. Però ha reforçat els clams del con­junt de la classe política con­tra el que es con­si­dera braç polític de l’odi racista.
Canvi de tendència
Els resul­tats par­ci­als apun­ten que l’AfD que­darà fora de la cam­bra regi­o­nal, un fet que trenca la tendència ascen­dent d’un par­tit que, des del 2017, havia anat entrant en tots els par­la­ments del setze estats fede­rats d’Ale­ma­nya, a més del Bun­des­tag (cam­bra baixa fede­ral) i l’Euro­cam­bra.
Ham­burg no és Turíngia. És una ciu­tat amb fama d’eli­tista i amb els llo­guers més cars del país, jun­ta­ment amb Munic. Està allu­nyada del pano­rama de mar­gi­na­li­tat social i de l’apa­rició de bos­ses de pobresa de l’est ale­many, el ter­ri­tori on l’AfD treu resul­tats que fins i tot superen el 25%. El seu vot inver­teix, però, la cursa ascen­dent de l’AfD i dona ales, després d’anys de cai­guda impa­ra­ble d’elec­to­rat, a l’SPD.
A la CDU, avui mateix, s’ha de mar­car el calen­dari per bus­car un suc­ces­sor de Kramp-Kar­ren­ba­uer. Una cursa molt oberta, amb qua­tre can­di­dats ofi­ci­als o ofi­ci­o­sos, que reflec­teix la com­ple­xi­tat de la lluita per la suc­cessió de Merkel.

viernes, 7 de febrero de 2020

Palabra de canciller

Merkel manté aïllats els ultres

 La cancellera renya el seu propi partit per haver facilitat una elecció “imperdonable”



“Un mal dia per a la democràcia“ i una actu­ació “imper­do­na­ble” que cal “rever­tir“ com més aviat millor: amb aques­tes parau­les, des de Sud-àfrica, la can­ce­llera ale­ma­nya, Angela Merkel, va fer molt més que con­dem­nar l’elecció d’un aliat natu­ral, el libe­ral Tho­mas Kem­me­rich, amb els vots de la ultra­dreta. També va renyar la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU), el seu par­tit, per haver incom­plert al land de Turíngia la norma màxima de no for­mar majo­ries gràcies a la dreta radi­cal d’Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD).


Vint-i-qua­tre hores i 25 minuts va durar Kem­me­rich com a pri­mer minis­tre d’un govern ine­xis­tent –encara no s’havia for­mat ni se sabia amb qui pre­te­nia fer-ho–. El líder regi­o­nal del Par­tit Libe­ral (FDP) va anun­ciar ahir mateix la dis­so­lució de la cam­bra regi­o­nal de Turíngia, la qual cosa com­porta la seva dimissió. La seva elecció, dime­cres, amb els vots d’AfD i la CDU, havia pre­ci­pi­tat un ter­ra­bas­tall. A les pro­tes­tes al car­rer davant de les seus tant dels con­ser­va­dors com dels libe­rals a Berlín van sumar-s’hi els pro­nun­ci­a­ments de noms de pes dins d’aques­tes dues for­ma­ci­ons històriques.



Amb els ultres no s’hi juga és la con­signa comuna a Ale­ma­nya entre els par­tits esta­blerts. Kem­me­rich va voler fer-ho, mal­grat que és la for­mació més petita de la cam­bra regi­o­nal d’aquest estat fede­rat de l’est ale­many, on l’Esquerra és el par­tit domi­nant, seguit de l’AfD i de la CDU en ter­cer lloc.


L’argu­ment de Kem­me­rich era que votar-lo a ell impli­cava impo­sar-se a la can­di­da­tura de Bodo Rame­low, l’esquerrà que des de fa qua­tre anys gover­nava un tri­par­tit amb verds i soci­al­demòcra­tes. Rame­low con­ti­nua sent el més votat, però el seu tri­par­tit va que­dar en mino­ria en les elec­ci­ons pas­sa­des.


Cop a la gran coa­lició


La CDU tenia un dilema. El man­dat de la direcció naci­o­nal era el de no col·labo­rar, ni amb l’abs­tenció, a dei­xar de nou el poder a l’Esquerra. El remei Kem­me­rich va ser pit­jor que la malal­tia. I l’escàndol polític, un nou cop a la groko –gran coa­lició– de Merkel entre con­ser­va­dors i soci­al­demòcra­tes.

El vot de Turíngia va “con­tra els valors dels meus i del meu par­tit”, deia ahir Merkel. La can­ce­llera no va espe­rar ni al torn de pre­gun­tes per pro­nun­ciar-se. Havia mar­xat el dia abans cap a la seva gira afri­cana. Les pri­me­res parau­les des de Sud-àfrica van ser clares, gai­rebé en to de decla­ració de govern davant una emergència política naci­o­nal.

La seva suc­ces­sora al cap­da­vant de la CDU, Anne­gret Kramp-Kar­ren­ba­uer, ja havia mar­cat les distàncies, però sense un to tan con­tun­dent. Molt més dur havia estat el bavarès Markus Söder, líder de la Unió Soci­al­cris­ti­ana de Bavi­era (CSU), que va retreure a la seva ager­ma­nada CDU el suport als ultres. La CSU bava­resa és tra­di­ci­o­nal­ment més dre­tana i con­ser­va­dora que el par­tit de Merkel. El seu retret era una bufe­tada a l’actual líder de la CDU més feri­dora que tots els atacs pro­ce­dents dels soci­al­demòcra­tes, verds o esquer­rans.

Kem­me­rich va cedir l’endemà, men­tre dins del seu par­tit libe­ral hi havia una esba­tus­sada gene­ral en totes direc­ci­ons. Els libe­rals són a la cam­bra de Turíngia amb un 5% pelat –el per­cen­tatge mínim per tenir escons–. La situ­ació d’aquest par­tit a tot l’est del país és precària. L’FDP, ano­me­nat el par­tit “dels sous alts” pels seus vin­cles amb el món indus­trial, va ser durant dècades el soci menor dels governs fede­rals, fos­sin con­ser­va­dors o soci­al­demòcra­tes. Aquesta con­dició es va aca­bar el 1998, quan el soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder va arri­bar a la can­ce­lle­ria aliat amb els Verds. Merkel ha gover­nat tres dels seus qua­tre man­dats en gran coa­lició. Només va poder recu­pe­rar els libe­rals com a soci en la segona legis­la­tura, després de la qual van que­dar per sota del 5% i fora del Bun­des­tag (Par­la­ment fede­ral).

Ara esta­ven més o menys sane­jats, i de nou al Bun­des­tag. També havien gua­nyat posi­ci­ons a l’est del país. La rellis­cada de Turíngia els pot sor­tir cara a escala fede­ral, on fins ara se’ls con­si­de­rava un par­tit pot­ser opor­tu­nista, de vega­des intri­gant, però res­pectuós amb les regles del joc democràtic.

jueves, 6 de febrero de 2020

Höcker escribe su historia


Els ultres alemanys trenquen l'aïllament a l’est més radical




GEMMA C. SERRA - BERLÍN


Un libe­ral, Tho­mas Kem­me­rich, pre­sent al Par­la­ment regi­o­nal de Turíngia per molt poc, va pro­vo­car ahir un ter­ratrèmol polític d’escala naci­o­nal i una monu­men­tal sotra­gada per a la gran coa­lició de la can­ce­llera Angela Merkel.


Així, Kem­me­rich va ser ele­git com a cap de govern regi­o­nal en aquest estat fede­rat de l’est del país, gràcies al vot de la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD), que en aquest ter­ri­tori està domi­nada pel seu cor­rent més radi­cal. La Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU) de la can­ce­llera també li va donar el seu suport, enmig d’una ronda de vota­ci­ons sor­pre­nent i caòtica, en la qual l’únic man­dat que sem­blava comp­tar per als con­ser­va­dors era que no es podia “aju­dar” a con­ti­nuar en el poder l’esquerrà Bodo Rame­low, el pri­mer minis­tre del land al cap­da­vant d’un tri­par­tit amb verds i soci­al­demòcra­tes.


Rame­low va ser el més votat en les elec­ci­ons regi­o­nals de la tar­dor pas­sada, però el seu tri­par­tit va que­dar en mino­ria. L’AFD, lide­rada a Turíngia per Bjorn Höcke, repre­sen­tant de l’ala més ober­ta­ment xenòfoba i neo­nazi del par­tit, havia que­dat en segona posició. Després venien la CDU, soci­al­demòcra­tes i verds. I final­ment el Par­tit Libe­ral (FDP) de Kem­me­rich va entrar amb un 5% pelat, mínim per obte­nir escons a Ale­ma­nya, un per­cen­tatge que va esgar­ra­par per 70 vots.


Que el més votat no pugui gover­nar forma part de les regles del joc en les democràcies par­la­mentàries. Però que en comp­tes d’aquest ho faci l’últim, ja no és tan cor­rent. I menys encara si aquesta elecció s’acon­se­gueix amb els vots dels ultres.

Des de Berlín, la CDU va posar el crit al cel. La dele­gació regi­o­nal havia tirat pel dret, sense tenir en compte la reso­lució apro­vada pel congrés fede­ral del par­tit del 2018, i reno­vada el 2019, de des­car­tar qual­se­vol col·labo­ració amb l’AFD.


Clam per noves elec­ci­ons


Els soci­al­demòcra­tes, també des de la capi­tal ale­ma­nya, començaven a qüesti­o­nar la super­vivència de la groko, com es coneix la gran coa­lició de Merkel. I a la seu dels libe­rals es mun­ta­ven les pri­me­res mani­fes­ta­ci­ons per denun­ciar la “ver­go­nyosa” elecció de Kem­me­rich. La jugada no s’ha tan­cat amb la votació de final ines­pe­rat d’ahir. Kem­me­rich va obte­nir els vots neces­sa­ris en una ter­cera ronda. Rame­low es va que­dar un escó per sota. El des­ga­vell és dramàtic, no només per a la groko, sinó també per a l’esquerra. Trenta anys després de la reu­ni­fi­cació ale­ma­nya, Rame­low –un mode­rat dins el par­tit– és l’únic lider d’aquesta for­mació que ha arri­bat a gover­nar un estat fede­rat a l’est, el ter­ri­tori on històrica­ment ha tin­gut més fona­ment. Des de Berlín, uns i altres cla­ma­ven per anar a noves elec­ci­ons.

sábado, 28 de mayo de 2016

Tarta de chocolate para Sahra


La izquierda alemana exhibe sus dilemas

Gemma Casadevall 

Berlín, 28 may (EFE).- La Izquierda alemana mostró hoy sus dilemas, en un congreso marcado por el debate en torno a un acercamiento al Partido Socialdemócrata (SPD) y empañado por el ataque a la líder de su ala comunista, Sahra Wagenknecht, a quien un activista estampó una tarta contra el rostro. 
"De este congreso tiene que salir una señal fuerte a favor del cambio", afirmó el presidente del partido, Bern Riexinger, ante los 600 delegados reunidos en Magdeburgo (este), para alertar luego de los peligros del avance del populismo, a escala europea y mundial. 
A la Izquierda corresponde "arrinconar al populismo de derechas" y vencer la tendencia de un "capitalismo cada vez más autoritario", siguió Riexinger, quien fue reelegido con un 78,4 % de los votos, mientras que la co-presidenta Katja Kipping lo fue con un 74 %.

Sahra Wagenknecht nach dem Angriff in der Parteitagshalle in Magdeburg

Ambos arremetieron contra la gran coalición de Angela Merkel y se pronunciaron contra un bloque con el cogubernamental SPD (socialdemócrata), cómplice en su opinión de la precarización del mercado laboral y de las futuras jubilaciones de miseria que amenazan al ciudadano. 
El congreso de la Izquierda, la primera fuerza de la oposición parlamentaria, se había abierto bajo el signo del sí o no a ese acercamiento a los socialdemócratas, a raíz de la propuesta lanzada dos días atrás por Gregor Gysi, exlíder y fundador del partido.
Gysi, artífice del resurgimiento del poscomunismo tras la reunificación (1990), apostó por presentar una candidatura conjunta con el SPD y los Verdes a las elecciones generales de 2017, como alternativa con perspectivas reales de imponerse a los conservadores de Merkel y para frenar el auge de la derecha radical. 
Los sondeos apuntan a que las filas de Merkel obtendrá un 33 %, mientras que SPD se hundirá en un 20 % -su récord a la baja-, mientras que a la Izquierda se le atribuye un 9 % y a los Verdes un 14 %, porcentaje similar al que se vaticina para la xenófoba Alternativa para Alemania (AfD). 
El carismático Gysi no asistía el congreso, pero su propuesta pesó sobre el cónclave, que se cerrará mañana. 
La posibilidad de un bloque de izquierdas ha sido durante décadas un tabú, sobre todo para el SPD, ya que remite a la absorción forzosa por el partido comunista a que se vio obligado en territorio de la República Democrática Alemana, en 1946. 
A esa herida histórica se une otra más reciente: la escisión del SPD de la disidencia abanderada por Oskar Lafontaine, quien en 1999 abandonó la socialdemocracia para refundar la Izquierda con Gysi. 
El congreso se abrió inmerso en este contexto de cismas pasados o más presentes, a lo que se sumó el ataque a Wagenknecht, su líder en el Bundestag (cámara baja) y actual pareja de Lafontaine, retirado de la vanguardia del partido como Gysi. 
El incidente se produjo apenas iniciado el discurso de Riexinger, cuando un activista de la autoproclamada "Iniciativa antifascista" se acercó a la jefa del grupo parlamentario, sentada en primera fila, y le estampó una tarta de chocolate contra el rostro. 
Riexinger siguió con su discurso tras unos segundos de confusión para condenar "todo tipo de violencia, especialmente contra la mujer", mientras Wagenknecht abandonaba la sala, arropada por algunos correligionarios y entre un fuerte revuelo mediático. 
El ataque no se dirigía a su condición de líder del ala comunista, sino a una reciente declaración en que defendía que el país no puede acoger a todos los refugiados que le llegan, en alusión a los 1,1 millones de peticionarios de asilo que recibió Alemania en 2015. 
Los activistas - que se infiltraron en el congreso acreditados como periodistas - lanzaron octavillas equiparando a la dirigente con la eurodiputada de la AfD Beatriz von Storch, quien recientemente sufrió un ataque parecido. 
El tartazo fue una especie de catalizador de simpatías a su favor. A la imagen de Wagenknecht abandonando la sala, con su vistoso traje rojo manchado por la tarta, siguió unas horas después su regreso triunfal, con otra ropa, entre fuertes aplausos. EFE 
gc/jgb/ie 
(vídeo) (foto) (audio)


domingo, 17 de abril de 2016

Colores y sabores de la nueva ensaladera alemana


Los "Länder" alemanes ensayan exóticas coaliciones: kiwi, kenia, semáforo


Gemma Casadevall

Berlín, 17 abr (EFE).- La erosión de electorado en los grandes partidos y la irrupción de nuevas formaciones ha precipitado a los "Länder" alemanes a explorar coaliciones de Gobierno identificadas con nombres exóticos -kiwi, kenia o semáforo-, en busca de mayorías estables. 
La gran coalición de la canciller Angela Merkel -la Unión Cristianodemócrata (CDU), la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD)- no pasa por su mejor momento, pese a aglutinar el 75 % de los escaños la cámara baja (Bundestag). 
A la tensión persistente por la crisis migratoria, en que la CSU ha presionado sin tapujos a Merkel para que frene la llegada de refugiados, se sumó ahora el rechazo del SPD al visto bueno dado por la canciller a la apertura de un proceso contra un humorista por injurias al presidente turco Recep Tayyip Erdogan. 
En paralelo a esos disensos a escala federal, se suceden las negociaciones de coalición en tres "Länder" alemanes -Renania Palatinado, Sajonia Anhalt y Baden-Württemberg-, donde los comicios regionales del pasado marzo dejaron panoramas inéditos en el país. 
El auge de Alternativa para Alemania (AfD), una formación de raíz euroescéptica que adoptó ahora tintes xenófobos, desbarató el reparto tradicional entre los grandes bloques -CDU/CSU y SPD- y sus eventuales socios menores -Verdes, Izquierda o liberales-. 
Tres años después de su fundación, y sin escaños en el Bundestag, la AfD se disparó al 24 % en Sajonia-Anhalt, donde se erigió en segunda fuerza, mientras que en Renania Palatinado y Baden-Württemberg obtuvo un 15 y un 12 %, respectivamente. 
El desgaste sufrido tanto por la CDU como por el SPD y el auge del AfD fue el denominador común en esos "Länder", de tejido político muy distinto entre sí. 
En Baden-Württemberg se dio el caso de que Los Verdes superaron a la CDU, cuatro años después de lograr el hito de colocar a uno de los suyos -Winfried Kretschmann- al frente de ese gobierno regional, respaldado entonces por el SPD como socio menor. 
Si eso fue ya una sacudida, ya que invirtió el esquema clásico de alianzas roji-verdes para dar el liderazgo al ecologismo, ahora todo apunta a que Kretschmann liderará el próximo gobierno con la CDU como socio menor. 
A esa constelación se la llama ya coalición "kiwi" -Verde con pepitas negras-, alusivo al dominio ecopacifista sobre la CDU, tradicionalmente identificada con el color negro. 
La segunda e innovadora constelación a explorar recibe el nombre de "Kenia", por los colores negro, rojo y verde de la bandera de ese país, que corresponden a la CDU, el SPD y, de nuevo, los Verdes. 
El pre-acuerdo entre esas tres formaciones para Sajonia-Anhalt quedó cerrado esta semana, como solución a la situación creada por el auge del AfD y a la imposibilidad de reeditar una gran coalición. 
La tercera fórmula es la llamada coalición semáforo -SPD, Verdes y liberales, a los que se identifica con el amarillo- para Renania Palatinado, hasta ahora con un Gobierno roji-verdes. 
Este tripartito no es tan innovador como la fórmula "kiwi" o "kenia", puesto que hubo otros tanteos precedentes a escala de los "Länder". 
Que ahora reviva, sin embargo, ilustra la capacidad de adaptación de los partidos alemanes, en aras de dar con mayorías estables en un país alérgico a gobiernos en minoría, inclusive en los "Länder". 
Los tanteos que se dan a escala regional se interpretan en Alemania como ensayos para futuros gobiernos federales, siempre que las diferencias entre los socios no sean abismales, por ejemplo, en materia de Exteriores -algo que no frena una coalición regional, por no entrar en sus competencias-. 
A falta de un año y medio para el fin de la actual legislatura, y en medio del deterioro de la gran coalición de Merkel, el líder de los Verdes, Cem Özdemir, lanzó este fin de semana una primera señal en dirección a las generales de 2017. 
Özdemir, de raíces turcas, identificado con el ala pragmática del partido y originario de Baden-Württemberg, como Kretschmann, aspira a ser el cabeza de lista verde para el próximo año. 
Su condición de moderado daría alas a otra modalidad de coalición inexplorada, a escala federal, como es la alianza CDU-Verdes, para la que aún no se acuñó un nombre. EFE gc/msr

viernes, 5 de diciembre de 2014

Que viene Bodo


La Izquierda alemana conquista un "Land" al frente de un tripartito inédito

Gemma Casadevall

Berlín, 5 dic (EFE).- El estado de Turingia se convirtió hoy en el primero en Alemania con un Gobierno liderado por La Izquierda, un hito para una formación de raíces poscomunistas que ha puesto fin a 24 años de dominio regional de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel. 
Bodo Ramelow, de 58 años, nacido en el oeste y representante del ala moderada de La Izquierda, fue elegido jefe de Gobierno de ese "land" (estado) del antiguo territorio comunista, al frente de un tripartito inédito en Alemania, ya que se apuntala en el Partido Socialdemócrata (SPD) y Los Verdes como socios menores. 



Fue una victoria muy ajustada -46 votos, frente a 44 en contra y uno nulo- en la segunda ronda de votaciones de la cámara regional, a la que siguió un conciliador discurso de Ramelow llamando a la cooperación y pidiendo disculpas, en nombre del partido, a las víctimas del régimen de la República Democrática Alemana (RDA). 
Su elección había estado precedida por críticas de la canciller Merkel y del presidente, Joachim Gauck -ambos originarios del este-, reflejo de los recelos que muchos alemanes sienten aún hacia una formación que sigue estigmatizada como heredera del régimen que levantó el muro de Berlín. 
En el caso de la canciller, junto a los lastres del pasado pesó probablemente el hecho de que la CDU perdió un "land" cuyos Gobiernos había liderado desde la reunificación de Alemania (1990) y que, pese a haberse defendido como primera fuerza en las últimas elecciones regionales, quedó apeada por el tripartito opositor. 
El factor determinante en ese relevo no fueron los resultados de la CDU o La Izquierda -en ambos casos, con leves ganancias respecto a 2009- ni el descalabro del SPD -con un récord histórico a la baja- sino la irrupción de la euroescéptica Alternativa para Alemania (AfD), que de la nada saltó al 10,6 %. 
En rigor, para la CDU la auténtica pesadilla no era la victoria de La Izquierda, sino la alternativa de verse luchando por imponer un candidato propio respaldado por los euroescépticos y contando con algún voto desertor en el tripartito. 
A corto y medio plazo -y de cara a Europa- tal constelación era más peligrosa, por mucho que el nuevo tripartito abra la espita a un bloque "anti-Merkel" a escala federal. 
La matemática electoral daría una mayoría a una alianza liderada por el SPD, con los Verdes y la Izquierda, frente al formato de gran coalición entre conservadores y socialdemócratas que lidera Merkel. 
Esa posibilidad solo existe en el plano teórico, que las cúpulas del SPD y los Verdes descartan a escala federal por el abismo que les separan de La Izquierda en política exterior y fiscal. 
Las jerarquías ponen énfasis en excluir esa variante, pero desde las alas izquierdistas del SPD y los Verdes surgen pronunciamientos en sentido contrario, mientras desde las filas de Merkel se lanzan alertas contra el tripartito, sea quien sea quien lo lidere. 
Ramelow tiene ante sí el desafío no solo de gobernar con una mayoría muy precaria, sino además de demostrar que La Izquierda es un partido fiable y sensato, por mucho que en sus filas haya aún reductos de la "vieja guardia" y de la izquierda radical de hoy. 
Su perfil -moderado y crecido en el oeste- parece predestinarle a completar el trabajo emprendido por el carismático Gregor Gysi, el artífice de la revitalización izquierdista tras la caída del muro en 1989. 
A Gysi le correspondió sacar adelante el postcomunismo, al que el resto del espectro parlamentario trató de arrinconar en los años siguientes a la reunificación y que debía los pocos escaños que obtenía a las victorias absolutas en sus bastiones del este. 
De esa situación pasó a una lenta consolidación de resultados y a convertirse en socio de Gobierno minoritario en sucesivos estados del este del país, incluida la ciudad-estado de Berlín, donde Gysi fue responsable de Economía del 2000 al 2002. 
Gysi articuló asimismo la fusión de los poscomunistas con la disidencia que el exlíder del SPD Oskar Lafontaine arrastró consigo al abandonar la jefatura del partido y su puesto en el Gobierno del canciller Gerhard Schröder, descontento con su línea centrista. 
Con esa fórmula, La Izquierda ganó terreno en el oeste y alcanzó su posición actual de primera fuerza de la oposición en el Bundestag (cámara baja). EFE 
gc/ja

viernes, 15 de noviembre de 2013

Miedo a la propia militancia


El SPD castiga a su cúpula mientras crece escepticismo hacia una gran coalición con Merkel

Gemma Casadevall

Berlín, 15 nov (EFE).- El Partido Socialdemócrata (SPD) alemán emitió un voto de castigo a su cúpula, reelegida con porcentajes inusualmente bajos en un congreso marcado por el escepticismo hacia una gran coalición con Angela Merkel y la apertura a medio plazo hacia La Izquierda.


A la reelección, ayer, por un modesto 83,6 % de Sigmar Gabriel como líder del SPD siguieron este viernes las votaciones al resto de la presidencia, con porcentajes como el 67,2 % para su secretaria general, Andrea Nahles, y un 67,3 %, para uno de sus vicepresidentes, Olaf Scholz.
Tanto Gabriel como Nahles y, sobre todo, Scholz, acudían al congreso, que se celebra en Leipzig (este), como partidarios de la coalición que actualmente se negocia con la Unión Cristianodemócrata de Merkel y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU).
El tono de todos ellos no era precisamente de entusiasmo a la hora de defender el retorno a la constelación con que gobernó Merkel en su primer mandato (2005-2009). Más bien se apeló a esa solución en términos de "actitud responsable" y como única vía para dotar al país de un gobierno apuntalado en una mayoría estable.
Merkel se impuso claramente en las generales del pasado septiembre con un 41,5 %, pero quedó cinco escaños por debajo de la mayoría parlamentaria y no puede contar ya con sus aliados dichos naturales, los liberales, que no obtuvieron escaños.
La gran coalición no genera entusiasmo, en parte por convicción ideológica y en parte porque la anterior experiencia de gobierno en esa constelación precipitó una dramática sangría de electorado en el SPD. A ello se une que un hipotético bloque apuntalado en La Izquierda y Los Verdes tendría mayoría parlamentaria.
Al escepticismo que se respiraba entre los cerca de 600 delegados presentes en Leipzig se añade el hecho de que ni siquiera está claro que, de lograrse un consenso para un pacto de gobierno entre la CDU/CSU y el SPD, se acabe materializando ese Ejecutivo.
Todo está supeditado al pronunciamiento de la militancia, a cuya consulta se someterá el pacto resultante antes de procederse a la investidura de Merkel en el Bundestag (Cámara baja).
"Calibrar el comportamiento de 600 delegados, en un partido amante del debate, es ya complejo. Ampliar el espectro a 473.000 militantes es entrar en lo imprevisible", comentaba en un aparte del congreso Hannelore Kraft, líder del populoso "Land" de Renania del Norte-Westfalia y vicepresidenta del partido.
Kraft estuvo, de entrada, entre los firmes detractores de una gran coalición, pero finalmente aceptó abrir negociaciones en aras del sentido de responsabilidad.
Mientras el congreso expresaba su escepticismo a aliarse a Merkel a través del voto a la cúpula -el peor resultado desde 2003 en la elección de un presidente, en el caso de Gabriel-, la propuesta de abrirse a La Izquierda se respaldó por mayoría casi absoluta.
El Partido Socialdemócrata descarta una coalición con esa formación -nacida de la escisión del SPD capitaneada por su expresidente, Oskar Lafontaine, y su fusión con el postcomunismo del este del país- para la presente legislatura.
Pero el mero hecho de que lo planteara -y triunfara- como opción a partir de 2017 ha acrecentado el escepticismo hacia la gran coalición, que se percibe como un matrimonio casi forzado.
"Era ya hora de que habláramos de La Izquierda en serio", apuntaba, también en un aparte, Matthias Platzeck, líder de Brandeburgo, "Land" donde gobernó al frente de una gran coalición, primero, y desde 2009 aliado con La Izquierda.
Platzeck quitaba hierro al hecho de que el congreso de Leipzig no diera a Gabriel el espaldarazo que precisaba ante la consulta sobre la gran coalición. "Ser presidente del SPD es un trabajo hermoso, pero duro", decía, desde su posición de exlíder -entre 2006 y 2008- de un partido que, desde la escisión de Lafontaine, en 1999, ha conocido siete relevos en su presidencia. EFE
gc/si