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sábado, 24 de febrero de 2024

Dahomey y el hipopótamo Pepe

La descolonización de los museos africanos se alzó con el Oro

Joana Serra




La Berlinale repartió sus premios principales entre dos filmes que saltan del colonialismo al desarraigo: el Oso de Oro fue para la franco-senegalesa “Dahomey”, de la directora Mati Diop, una película en formato de falso documental que recorre la restitución de 26 obras de arte desde París a Benín. Y el Oso de Plata al mejor director fue para el dominicano Nelson Carlos de los Santos Arias por su fascinante historia del hipopótamo fantasmal “Pepe”. En la primera, la narración corresponde a una de esas piezas que retorna a África desde el expolio; en la segunda, la voz corresponde al animal fugado del zoo del patrón de la droga colombiana, Pablo Escobar. El jurado presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o, con el director alemán Christoph Petzold y el español Albert Serra en su equipo, premió así estas dos formas de cine radical entre los 20 filmes seleccionados para su competición oficial.

También radical era “L’Empire”, de Bruno Dumont, que obtuvo el Premio del Jurado con un filme que juega a la ciencia ficción y convierte la parisina Notre Dame en una nave espacial. Menos arriesgado fue el Gran Premio Especial del Jurado para el coreano Hong Sangsoo, un habitual del festival alemán, que presentó su nuevo ejercicio de minimalismo titulado “A traveler´s needs” e interpretado por Isabelle Huppert.

El resto del palmarés incluyó al cine anfitrión a través de “Sterben”, del alemán Matthias Glasner, Oso de Plata al mejor guión; dio a la británica Emily Watson otra Plata como actriz de reparto por su cruel monja de “Small things like these”; y el correspondiente al mejor protagonista al estadounidense Sebastian Stan por “A different man”. La austriaca “Des teufels bad”, un magnífico filme sobre los estragos del fanatismo religioso en la Austria de 1750, ganó la siguiente plata para su impactante fotografía.

Apoyos a Gaza desde el corazón de Alemania

Pero el mensaje más político del festival se fue a Gaza. Fueron varios los miembros del jurado o premiados con los Osos quienes pidieron desde el escenario un alto el fuego inmediato. Y, en lo que concierne al palmarés, recibió el premio al mejor documental “No other land”, del duo israelí-palestino Yuval Abraham y Basel Adra. Se trata de una dura denuncia de la demolición de poblaciones palestinas de Cisjordania por Israel. El galardón plasmó la apuesta política de la Berlinale, especialmente destacable por ser Alemania un país donde, por responsabilidad histórica, su clase política evita criticar al gobierno israelí.

No fue el único alegato por Gaza sobre el escenario: la directora brasileña Juliana Rojas reclamó el alto el fuego al recoger su premio a la mejor dirección por “Cidade, Campo”, de la sección Encounters. Y el equipo entero de “Direct Action”, de Guillaume Cailleau, subió al escenario con el pañuelo palestino para recibir el de mejor filme de esa misma sección, dedicada a los nuevos lenguajes del cine.



Un espacio para Cornudella en el palmarés

No había películas españolas entre las 20 aspirantes a los Osos. Pero sí se colaron en el palmarés del festival dos producciones procedentes de la península, ambas dirigidas por mujeres. Fueron Anna Cornudella, cuyo film “The Human Hibernation” ganó el premio de la crítica internacional Fipresci, mientras que la producción hispano-costarricense "Memorias de un cuerpo que arde", de Antonella Sudasassi, ganó el premio del público de la sección Panorama.

Sin estar en la sección oficial, sino en las paralelas, perpetuaron el buen balance dejado en 2022 -con el Oro a “Alcarràs”, de Carla Simón- y en 2023 -con la Plata a Sofía Otero por “20.000 especies de abejas”-.

“The Human Hibernation” se exhibía en la sección Forum, destinada al cine experimental. Plantea la posibilidad de una hibernación humana por efecto del cambio climático. La costarricense Sudasassi reflexiona sobre la mujer y su liberación sexual, a través de tres personajes femeninos.

A la iraní “My favorite cake”, proyectada en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, por imperativos del régimen de Teherán, se le reservó el Fipresci correspondiente a la sección oficial, así como el premio del jurado ecuménico. ERa la favorita de las quinielas, pero finalmente solo obtuvo galardones de estos jurados independientes.

Cambio de ciclo

La presente Berlinale cierra el ciclo de cuatro años bajo la dirección colegiada del italiano Carlo Chatrian y la neerlandesa Mariette Rissenbeek, a los que relevará la estadounidense Tricia Tutlle. Su gestión quedó marcada en su primer año por las restricciones por la pandemia y termina salpicada decríticas. En ese periodo el festival alemán ha perdido relevancia y visibilidad mediática frente a sus grandes rivales europeas, Cannes y Venecia.

También ha perdido algo de lo que fue su señal de identidad, el sello de festival popular. A diferencia del elitista festival francés, Berlín pone a la venta entradas para todas sus galas -unas 300.0000-. Las salas siguen llenándose, pero se critica que se haya suprimido la venta en taquilla de las localidades, ya que ahora solo pueden adquirirse online. Ello margina a quienes no dominan la dura competición por hacerse con las más preciadas -que se agotan en minutos-. Elimina, además ese “espacio de encuentro” que formaban los que guardaban cola ante la taquilla, algunos de ellos con sus termos de café, lo que daba aire de “normalidad ciudadana” a los diez días de vida del festival.

viernes, 23 de febrero de 2024

Niño o niña

La Berlinale, ante un Oso que tanto puede llamarse Pepe como Mahin

Joana Serra




La Berlinale cerró su desfile de 20 aspirantes al Oso con una hermosa y feminista película nepalí, “Shambhala”. Queda por desvelar quién recibe este sábado el Oro de esta 74 edición del festival alemán, que podría decantarse por un hipopótamo llamado “Pepe” como por la vital viuda iraní Mahin.

Nunca hay quinielas fiables en el festival alemán. Se atribuye al jurado la tarea de encontrar su propia película, dar la sorpresa y acarrear con el disgusto general, si resulta que el palmarés no complace a la mayoría. El jurado de la presente edición está presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o, pero los motores del veredicto final pueden ser dos cineastas de su equipo: el alemán Christoph Petzold y el español Albert Serra. Ambos representan una perspectiva del cine radical e innovadora, lo que favorece al dominicano “Pepe”. La película, dirigida por Nelson Carlos de los Santos Arias, convierte en narrador al fantasma de un hipopótano huido del zoo del patrón de la droga colombiano Pablo Escobar. Es una historia fascinante, centrada en el destino de un ejemplar entre los centenares de hipopótamos diseminados por el río Magdalena, descendientes de congéneres africanos.

No es una película para todos los gustos. Mucho más fácil para el equipo de Nyong’o sería optar por la iraní “My favorite cake” y su liberada viuda de 70 años que no renuncia al amor. Fue proyectada en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, por imperativos del régimen de Teherán. Seguiría así la estela de anteriores Oros que la Berlinale ha entregado al cine iraní “resistente”: en 2020 lo ganó "There is no Evil" sin la presencia de su director, Mohammad Rasoulof, mientras que en 2015, fue la sobrina de Jafar Panahi, inhabilitado para rodar, quien recogió el Oro por "Taxi".

Entre las películas favoritas de la crítica internacional, según recoge la revista “Screen”, está la austríaca “The devil’s bath”, con un impresionante Anja Plaschg poniendo el rostro de una mujer sometida al fanatismo religioso y ancentral del siglo XVIII. La alemana “Sterben” bien situada por el trabajo de sus actores, entre ellos Lars Eilinger. Es una cinta de tres horas por capítulos entorno a la demencia, la vejez, el alcoholismo y el suicido, que curiosamente no aboca al espectador a la depresión.

Ya en la última jornada, “Shambhala” fascinó con su historia de una embarazada recorriendo a pie el pedregal nepalí para explicarse a uno de sus esposos -tiene tres, aunque solo uno ejerce de marido-. Su antecedente en el palmarés sería “La boda de Tuya”, Oro en 2007 y rodada en escenarios parecidos, pero en Mongolia. Otra firme candidata a premio estrenada en el tramo final fue la tunecina “Who do I belong to”, una dramática historia de una familia partida por el terrorismo islámico y la brutalidad yihadista contra la mujer.

Han sido varias las historias femeninas de este festival. Entre ellas, la italiana “Gloria”, de Margherita Vicario. Dio alas al festival, especialmente en lo musical, a través de las muchachas de la escuela de música de San Ignacio, en la Venecia de 1800, que descubren el “Pianoforte” y estrenan ante el Papa una pieza pop que podría ir al festival de Eurovisión de Malmö.

El resto del cine europeo aportó sólidas películas como la danesa “Vogter”, con una impactante funcionaria de prisiones ajustando las cuentas a un preso. La francesa “L’Empire” hizo las delicias de los devotos de Bruno Dumont con un irónico tributo a pie de playa de la “Guerra de las Galaxias” o “Juego de Tronos”. No se descarta un puesto en el palmarés para “Langue étrangere”, de la francesa Clarie Burguer, una inteligente película que combina los dilemas de la adolescencia actual con los del mundo adulto.

Menos convincentes resultaron “Small things like these”, pese a la presencia del irlandés Cillian Murphy, o “Hors du temps”, de Olivier Assayas, que acudía a la Berlinale como teórico favorito.

Algo parecido ocurrió con otros dos directores habituales de la Berlinale, el mexicano Alonso Ruizpalacios, que compitió con su multiétnica “La cocina”, o el coreano Hong Sangsoo, con su “A traveleer’s needs”, interpretado por Isabelle Huppert.

La gala de los Osos cerrará el sábado un festival sin títulos españoles a competición. Tras el Oro en 2022 a “Alcarrás”, de Carla Simón, y la Plata de 2023 a Sofía Otero, por “20.000 especies de abejas”, al cine de la península le correspondió mirar el desfile de aspirantes desde la barrera.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Pañuelos palestinos y exclusión de la AfD

Gaza sacude una Berlinale „políticamente correcta“

Joana Serra





Un grupo de activistas pro-Palestina afeando a la exsecretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, su fidelidad al compromiso con la defensa de Israel; una película grabada en octubre que denuncia el „apartheid“ que, a juicio de sus autores, se practica contra los palestinos; o varios manifestantes irrumpiendo en el European Market al grito de „Free Palestine“: son algunos de los problemas que está teniendo una Berlinale que presume de festival político, pero que no acaba de afrontar los conflictos que no son „políticamente correctos“ para el establisment alemán.

Año a año, el festival alemán defiende la presencia del cine iraní en su sección oficial, incluidos los directores perseguidos por el régimen de Teherán. Apuesta asimismo fuertemente por Ucrania, víctima de la agresión rusa. Pero no acaba de resolver sus dilemas internos cuando se trata de Israel o teme que cualquier crítica a su gobierno sea instrumentalizada por el antiseminismo, en pleno auge ultraderechista.

Clinton, invitada a la gala del „Cinema for Peace“ respondió a la provocación activista con un „si Hamás liberara a sus rehenes, mañana tendríamos una tregua“. Siete manifestantes que se habían infiltrado en la sesión, un acto en paralelo a la Berlinale, fueron expulsados de la sala, mientras la excandidata a la Casa Blanca expresaba su „comprensión“ por las emociones que desata la guerra en Gaza en el mundo occidental.

Algún tumulto ha provocado asimismo el estreno de „No Other Land“, una película firmada por un colectivo palestino-israelí que se proyecta en la Berlinale fuera de concurso. Describe la expulsión de los palestinos de una población de Cisjordania y fue filmada en octubre del año pasado, aunque apenas incluye alguna alusión a los ataques y secuestros de la organización terrorista Hamás.

La dirección del festival, ejercida por el dúo formado por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, había tenido ya sus problemas con la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, defensora como Clinton del compromiso cerrado con el estado de Israel. Es también la línea que tradicionalmente ha seguido a rajatabla los sucesivos gobierno y el conjunto de la clase política de Alemania por responsabilidad histórica con el destino de los judíos.

La dirección de la Berlinale quiso incidir de algún modo en una temática ineludible en un festival políticamente comprometido como es la Berlinale, a través del llamado „Tiny House Project“, o „Proyecto de la Casa Pequeña, un remolque con capacidad para seis personas que invita a reflexionar sobre la guerra de Gaza. Es obra del activista israelí Shai Hoffmann y el palestino Ahmad Dakhnous y se plantea ser una opción íntima para el diálogo sobre una situación que, en Alemania, desata las tensiones y genera temores a una instrumentalización antisemita. Cualquier manifestación pro-palestina puede derivar en Berlín u otras partes del país en proclamaciones de apoyo a Hamás o negación del derecho a la existencia de Israel, lo que para el país del que partió el Holocausto es intolerable.

Un desfile de cineastas proclamando su apoyo a Gaza, como la que se vio en la gala de la entrega de los Premios Goya en Valladolid, generaría un fuerte debate en Alemania. Mientras en España, se apoya mayoritariamente, también desde la clase política dominante, a Palestina, en Alemania ocurre exactamente lo contrario.

No es este el único conflicto político al que se enfrentan Chatrian-Rissenbeek. Su decisión de retirar las invitaciones a sus galas los representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), presionados por las protestas procedentes del ámbito cultural, ha topado con la incomprensión de algunos cineastas presentes en el festival. Directores como el alemán Andreas Dresen, representante del cine dicho social originario del este del país, han explicado, preguntados por la cuestión, que no ven del todo procedente esa exclusión. Otro cineasta del país, ahora miembro del jurado, Christian Petzold, consideró asimismo que habría sido „más oportuno“ tenerlos entre los invitados, en tanto que representantes políticos elegidos democráticamente.

La AfD es la segunda fuerza en intención de voto a escala nacional. A diferencia de lo que ocurre en España, donde Vox es socio de gobierno del PP en algunas comunidades, en Alemania el resto del espectro parlamentario actual excluye a la AfD como aliado en cualquier constelación a nivel nacional o regional. La exclusión de los representantes de ese partido se produce en medio de las manifestaciones multitudinarias que se han registrado en todo el país contra la ultraderecha, precipitadas por las revelaciones de una reunión entre neonazis en que se abordó la expulsión masiva de millones de ciudadanos de origen extranjero.

La reunión, a la que asistieron representantes de la AfD, tuvo lugar en Potsdam (este del país) el pasado noviembre, pero fue revelada recientemente por un equipo periodístico de investigación. Para muchos alemanes, fue el toque de alerta definitivo de la realidad y corrientes internas de un partido con escaños en el Bundestag (Parlamento federal) y en 14 de las 16 cámaras regionales del país.
 


martes, 20 de febrero de 2024

Abrazando a Martin

Scorsese: “El cine no muere: se transforma”

Joana Serra




La presente Berlinale tal vez está ofreciendo poco brillo sobre la alfombra roja en su competición oficial. Pero al menos se aseguró un espacio de lujo para el Oso de Oro de Honor del año: Martin Scorsese. El director estadounidense compareció ante los medios vital, simpático y dispuesto a responder cualquier pregunta, aunque esquivando la cuestión de si volvería a rodar con “The Rolling Stones”.

“El cine no muere, solo se transforma. La tecnología evoluciona, ello implica cambios… Pero lo importante es no temerle, ni a la tecnología ni a los cambios. No somos sus esclavos”, respondió Scorsese, ante una sala de prensa abarrotada, por primera vez en esta edición del festival berlinés.

Decenas de teléfonos móviles en alto le recibieron. Quien más quien menos, todos querían llevarse su foto “individual”, independientemente de las que transmitirían al mundo el muro de cámaras profesionales de la prensa gráfica en primera fila.

“El ego estorba”, aseguró en otro momento, a propósito de cómo se siente alguien que ha recibido todos los premios posibles. “Cuando era joven lo tuve. Y no se acaba de perder nunca. Pero hay que tener una relación saludable con él”, añadió entre risas, custodiado por el presidente de la Berlinale, Carlo Chatrian.

La presencia de Scorsese en la Berlinale era el plato fuerte de esta edición. Nadie, menos aún Chatrian, se molestó en tratar de enumerar algunos de los títulos míticos del maestro -de „Taxi Driver” (1975), “Cape Fear” (1991), “Casino” (1995) o “Gánsters de Nueva York” (2002) hasta “Los asesinos de la luna” (2023). Es un director longevo y en activo, cuyo último filme es, según Steven Spielberg -Oro de Honor de 2023-, el mejor de su carrera.

Las respuestas del director estadounidense fueron de lo personal -”mi plato preferido es la lasaña. Y nadie las cocinaba mejor que mi madre”- a los planes para el futuro -”tengo 81 años, gestionar el tiempo es importante para mi”-. Reaccionó con irónicas sonrisas a un periodista búlgaro que trató de “improvisar” una imitación de una escena de Jack Nicholson en “Departed”. Y aludió a su dentista cuando alguien le preguntó si volvería a rodar con Mick Jagger.

Scorsese fue recibido como un amigo en la capital alemana. No solo por representar por sí solo una página grandiosa de la historia del cine, sino porque sus útimas apariciones en otras ediciones de la Berlinale llevaron sobre la alfombra roja a máximas figuras: en 2010 lo hizo acompañado de Leonardo di Caprio para presentar su “Shutter Island”; dos años antes había acudido con los “Rolling” al completo, los protagonistas de su icónico documental “Shine a light” que puso la Berlinale patas arriba.

En la presente edición le corresponde el papel de máximo homenajeado del año. Para la entrega del Oso de Oro de Honor se programó una gala con la proyección de la película “Departed” (2006), una historia tejida sobre uno de sus géneros favoritos -las películas de gansters- y con Di Carpio, Nicholson, Matt Damon, Martin Sheen y Mark Wahlberg. Tras esa sesión de gala, tendrá lugar este miércoles una conversación entre el director y la cineasta Joanna Hogg en el apartado “Talents” del festival, a modo de taller para jóvenes creadores.

Un gran homenajeado para un año de transición


Los dos co-directores de la Berlinale, Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, se despedirán este año de su cargo tras cuatro años de liderazgo bicéfalo que han sido un poco de capa caída para la Berlinale. Lo que se ha visto hasta ahora de sus 20 aspirantes al Oso no ha sido muy brillante y ha incluido algunas decepciones. Se recibió casi como un bálsamo al coreano Hong Sangsoo, porque además de satisfer a los amantes de su cine minimalista acudió junto a Isabelle Huppert, su protagonista. Otras presencias esperadas, como el francés Olivier Assayas, no acabó de convencer. A falta de lo que se estrena en las tres últimas jornadas, encabeza las quinielas de la revista “Screen” para el Oso del festival la película iraní “My Favorite Cake”. Sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, no pudieron acudir a Berlín por imperativo del régimen de Teherán. De la falta de grandes películas a concurso se responsabiliza al tándem formado por Chatrian y Rissenbeek. Pero al menos dejaron para el album de su último festival un Oso honorífico irreprochable, además de carismático y pletórico, a sus 81 años.








lunes, 19 de febrero de 2024

Carlos y sus herederos

 

La Berlinale da nuevo brío a „Deprisa, deprisa“, el Oro de Saura con registro

 „quinqui“


Joana Serra



Hace un año, unos pocos días después de la muerte de Carlos Saura, la Berlinale improvisó un homenaje al cineasta español con la proyección de „Las paredes hablan“, su último largometraje documental. Para la presente edición, el festival alemán programó en su sección „Retrospectiva“ una versión restaurada de „Deprisa, deprisa“, el filme con registro „quinqui“ que dio a Saura el Oso de Oro en 1981.

„Tenemos una película muy bien restaurada, con el equipo de Enrique Cerezo y Video Mercury, que nos permite ver una copia exactamente igual o mejor que la original“, explicó a El Correo Antonio Saura, hijo del cineasta, ante su estreno en la Academia de las Bellas Artes de Berlín.

La Berlinale fue un festival „determinante“ para Saura, quien ya en 1966 ganó el Oso de Plata con „La Caza“ y que luego obtuvo el máximo galardón con „Deprisa, deprisa“. „Sigue siendo una película maravillosa, rodada con actores naturales -no profesionales-, lo que por entonces era una innovación en el cine español“, prosigue Antonio Saura.

„La percepción de una película es muy distinta dentro o fuera de tu país. Aquí vieron una España del extrarradio que nunca había sido retratada en el cine español, con gente bienintencionada que te robaba un banco o quemaba el coche“, explica su hijo.

En lo que respectaa España, „de pronto se llenaron los cines de gente que nunca habría ido a ver una película de Saura“ y donde se escuchaba una música „maravillosa“, que hasta entonces se escuchaba solo en las gasolineras, identificada con la marginalidad „quinqui“. „La música de ‚Deprisa, deprisa‘ es una joya del cine español“, resume.

Una fundación para preservar el multitalento del padre

Al estreno en Berlín de la nueva copia acudieron Antonio y su hermana Anna con un proyecto en ciernes: la creación de una Fundación Carlos Saura. „Estamos en fase inicial aún, pero esperamos que en los próximos meses podamos ponerla en fase turno. No será exactamente un museu, sino una fundación o entidad X destinada a preservar y promover todo el legado de nuestro padre“, explica Anna Saura.

Recuerda la hija del director que la obra de su padre va „mucho más del cine“, ya que consagró su talento „todos los días de su vida, a todas horas“ a otras disciplinas, como el dibujo, la fotografía o la escritura, además de coleccionar cámaras de foto -“muchas de ellas, compradas en sus viajes a Berlín, donde recorría cada tienda del ramo“, añade Antonio-.

„Será de ámbito multidisciplinar, como fue mi padre“, resume Anna, que aún no se decide a etiquetar ese proyecto como „Casa Saura“ u otro término similar.

Censura y exclusión

La presencia de los hermanos Saura en Berlín se produce en un momento de debate en torno a la oportunidad de excluir o no a representantes de la ultraderecha parlamentaria de galas y actos culturales. Ese fue el caso de la ceremonia inaugural de la Berlinale. La dirección del festival optó por retirar las invitaciones a cinco miembros de Alternativa para Alemania (AfD), segundo partido en intención de voto a escala nacional, presionada por las protestas procedentes del ámbito cultural a su prevista presencia.

„Mi padre era un demócrata de izquieras, odiaba todo lo que tenía que ver con el fascismo, pero no estaba cerrado a que los fascistas entraran en determinadas cosas si aceptaban las reglas del juego“, responde Antonio Saura, tras unos segundos de reflexión, a la pregunta de qué opinaria su padre sobre esa cuestión. „Es una pregunta compleja, un tema peligroso. La ultraderecha, una vez dentro de las estructuras del poder, quiere cambiar las reglas del juego. Lo vemos ahí donde Vox está gobernando con el PP: aplican política regresivas de sesgo ideológico“, prosigue Antonio

„NO estoy seguro de qué diría Carlos Saura. Pero yo creo es mejor que estén dentro. Pese a esos peligros“, concluye, para repasar a continuación la expansión de la ultraderecha por Europa: „Tenemos ya a (Giorgia) Meloni en Italia, Alemania da mucho miedo, España da mucho miedo, parece que Portugal se salvará… Pero Francia va a girar aún más a la derecha. Y ahí tienes a (Donald) Tusk, en Polonia, que ni siquiera es de izquierda, pero trata de corregir las barbaridades de sus antecesores“, argumenta.

El estreno de la copia restaurada de „Deprisa, deprisa“ tiene lugar en la quinta jornada de la Berlinale. En la sección oficial a competición de este año, la 74 edición, no producciones españolas entre los títulos seleccionados para la lucha por los Osos. El veredicto del jurado se conocerá el próximo sábado, tras diez días de intenso cine y mucho debate, también político.

sábado, 17 de febrero de 2024

De la cocina de Nueva York al mediático Gael

El romanticismo futurista de García Bernal

Joana Serra


No hay garantía de presencia en la lucha por los Osos de la Berlinale para el cine español, ni siquiera tras dos exitosos años consecutivos -en 2022, con el Oro a “Alcarrás” de Carla Simón y un año después con el de Plata para la actriz Sofía Otero por “20.000 especies de abejas”. Pero, a falta de representantes del cine español, México intercaló al medio su idioma en la sección a concurso, a través de dos películas multilingües: “La Cocina”, dirigida por Alfonso Ruizpalacios, y “Another End”, del italiano Piero Messina y con Gael García Bernal en el papel protagonista.

La primera sumerge al espectador en el caos entre pucheros de un restaurante neoyorquino en hora punta. Se mezclan un español de múltiples acentos latinos con el árabe, el francés o el inglés; la segunda es una “fábula futurista de ciencia ficción muy romántica”, en palabras del actor mexicano, quien fue recibido como un amigo de la casa, ya que es la quinta vez que acude al festival alemán.

A Ruizpalacios le avalaba la buena acogida recibida en 2018 con “Museo” -interpretada precisamente por García Bernal-, a lo que siguió el premio al Mejor Documental recibido en 2022 con “Una película de policías”. Por “La Cocina” discurren todo tipo de excesos, casi tantos con las nacionalidades de los empleados sinpapeles del restaurante. Busca deliberadamente el desorden emocional y físico alrededor de dos personajes -el latino Pedro Ruiz, exponente de la masculinidad tóxica, y la rubia camarera que quedó embarazada. Recorre a partir de ellos el racismo, la indefensión, la lucha por el poder o las reglas de las jerarquías de su microcosmos. “El cine con inmigrantes mexicanos se ha convertido en un género. Yo lo abordo no desde la perspectiva del que lucha por alcanzar Estados Unidos, sino de la soledad de quien llegó hace años y se estableció ahí”, explicó Ruizpalacios.

Compareció el director mexicano con Raúl Briones, el actor que interpreta al broncas machista que es Pedro, aunque en la vida real se presenta como persona de identidad sexual no binaria. Junto a ellos, la actriz Rooney Mara, la camarera que hará estallar la olla a presión o precario equilibrio de una cocina que no puede dejar de funcionar.

“Another End”, la fábula en que García Bernal combina su idioma con el italiano dominante, es una enrevesada película que coloca al protagonista en un futuro donde es posible reencontrarse con el ser querido perdido a través de otro cuerpo. Tiene poco que ver con la cultura mexicana de la muerte, reconoció el actor, y deja una cierta sensación de despropósito. Messina, a quien se presentó como un “alumno ejemplar de Paolo Sorrentino”, se vio confrontado a reiteradas preguntas sobre la intencionalidad filosófica o hasta biológica de una película dotada de buenos actores -acompañan al mexicano Bérénice Bejo, Olivia Williams y Renate Reinsve-, pero muchas incongruencias.

Ambas películas, la de Ruizpalacios y la que protagoniza García Bernal, luchan por los Osos de esta 74 edición de la Berlinale, que abrió el jueves el drama irlandés “Small things like these”, interpretada por Cillian Murphy. La presencia de este actor, aspirante a los Oscar por “Oppenheimer”, alegró la alfombra roja inaugural de un festival que el próximo martes entregará su Oso de Oro de Honor al director estadounidense Martin Scorsese.

“La Cocina” compartió la jornada a competición con la iraní “My favourite cake”, una hermosa historia alrededor de una viuda de 70 de años -magistralmente interpretada por Lily Farhadpour-. Es una mujer que no desiste de su vida amorosa y que se topa en su búsuqeda con un taxista. El filme se presentó en ausencia de sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, a los que las autoridades iraníes retiraron el pasaporte.

La situación no es nueva en la Berlinale, un festival que lleva años apostando por el sólido cine iraní y muy especialmente con los cineastas que desafían la censura impuesta por su régimen. En 2020, "There is no Evil" levantó el Oso de Oro en ausencia de su director, Mohammad Rasoulof, al que el régimen de Teherán impidió viajar. En 2015, fue la sobrina de Jafar Panahi quien recogió de nuevo el Oro, ahora por "Taxi", que había sido rodada burlando la inhabilitación profesional impuesta al director.

La historia de la viuda y el taxista cautivó a la Berlinale, mientras que otra aspirante a concurso, “A different Man”, causó división de opiniones, pero no dejó a nadie indiferente. Es la tercera película que el neoyorquino Aaron Schimberg presenta en el festival alemán y pone en escena a un hombre con el rostro totalmente deformado por múltiples tumores, pero seguro de sí mismo, frente a otro que, con una malformación algo menos acusada, consigue convertirse en “bello” gracias a un tratamiento experimental, aunque su vida seguirá siendo frustrante. El primero está interpretado por Adam Pearson y el segundo por Sebastian Stand. “Yo también me he tenido que preguntar a menudo hasta qué punto una malformación define a una persona, cómo afecta su vida o su personalidad”, explicó Schimberg, afectado por una malformación labial mucho menor que sus protagonistas. “En mi película, la malformación va más allá de lo físico”, resumió.

Alemania, finalmente, entró a competición con “In liebe, Eure Hilde”, dirigida por Andreas Dresen -otro cineasta habitual en la Berlinale- e interpretada por Liv Lisa Fries, protagonista de la exitosa serie “Babylon Berlin”. Describe la vida de una joven de la resistencia contra el nazismo y coloca al espectador en la labor de identificase tanto con quienes combatieron el Tercer Reich como con quienes se convirtieron en sus cómplices.

jueves, 15 de febrero de 2024

Entre Lupita, Christian y Albert

Abre la Berlinale un drama sobre madres solteras esclavizadas

Joana Serra

La alfombra roja inaugural de la 74 Berlinale se tendió para el irlandés Cillian Murphy, el rostro masculino de un drama real sobre miles de madres solteras esclavizadas por monjas católicas de su país, exponente de un cine denuncia acorde con un festival políticamente comprometido.
„Lo irónico es que represento a un hombre cristiano, confrontado a un acto cristiano en una sociedad que se dice cristiana”, explicó Murphy al presentar „Small things like these“. Le acompañaba su colega Matt Damon, en este caso no como actor, sino como productor -junto a su amigo Ben Affleck- de la película. Con ellos, más Emily Watson, la Berlinale se aseguró su imprescindible aporte de estrellazgo para la inauguración del festival. En los próximos días, aunque no representando a películas en competición, se espera a Kristen Stewart, Carey Mulligan y Adam Sandler, además de al maestro Martin Scorsese, Oso de Oro de Honor de la 74 edición de la Berlinale.
“Small things like these” está basado en un libro de Claire Keegan. Se centra en el drama real de miles de madres solteras esclavizadas en el convento de las Madalenas, entre 1820 y 1990. Además de retenerlas, se les arrebataban sus hijos para darlos en adopción, arropadas por la ley del silencio de la sociedad de la Irlanda católica.
Murphy, firme aspirante a un Oscar por su „Oppenheimer“, presta su mirada de ojos claros a un sencillo carbonero entre cuyos clientela está el convento de las monjas. Es además de escuela de sus hijas, el lugar donde se retiene a jóvenes embarazadas sin marido. Minuto a minuto irá revelando su director, Tim Mielants, el pasado de ese buen esposo y padre, su dilema ante una de las muchachas atormentadas o la extorsión practicada por la madre superiora -Emily Watson-. Es una película deliberadamente lúgubre, con un carbonero que día a día de regreso a casa se limpia frenéticamente manos y uñas negras, como si quiera lavarse una culpa ajena. Se intercalan el presente y el pasado del niño que fue, hijo de una mujer sola que encontró mejor protección.


La película de Murphy fue la primera de las 20 aspirantes al Oso incluidas en la Berlinale, el festival que el año pasado sirvió de palanca internacional a las „20.000 especies de abejas“ de Estíbaliz Urresola Solaguren -Oso de Plata a Sofía Otero- y que el anterior entregó su Oro a „Alcarràs“, de Carla Simón.
Este año no hay directores españoles en la competición oficial, aunque sí dos co-producciones en español -“Pepe“, del dominicano Nelson Carlo de los Santos Arias, y „La cocina“, del mexicano Alonso Ruizpalacios. La primera es una insólita historia donde el „narrador“ es un hipopótamo fantasmal propiedad del patrón de la droga colombiano, Pablo Escobar. En la segunda, Ruizpalacios -premio al mejor documental en 2021 con „Una película de policías- convierte un restaurante de Nueva York en un microcosmos multicultural. También de México buscará su Oso el actor Gael García Bernal, protagonista de „Another End“, del italiano Piero Messina.
Destaca entre el resto de aspirantes al Oso „A traveler’s needs“, del coreano Hong Sangsoo, asiduo a festivales como el alemán, cuya película cuenta con Isabelle Huppert como protagonista.
La tarea de repartir los galardones, que se entregarán el día 24, corresponde al jurado presidido por la actriz keniano-mexicana Lupita Nyong’o -Oscar a la mejor actriz de reparto en 2014 por “12 años de esclavitud”-. Es la primera figura de origen africano al frente del jurado internacional. Será la presencia más mediática de su equipo y compartirá su tarea con dos directores representantes del cine innovador: el alemán Christian Petzold -un asiduo a la competición en ediciones anteriores, aunque nunca se llevó el Oro- y el español Albert Serra.
Las preguntas de los medios se dirigieron reiteradamente a cuestiones políticas. Desde la exclusión en las galas de representantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), segundo partido en intención de voto a escala nacional, a la guerra en Gaza o la de Ucrania. Petzold, requerido a opinar sobre la decisión de retirar las invitaciones inicialmente repartidas para la AfD, zanjó la cuestión resaltando las manifestaciones multitudinarias que tienen lugar semana a semana contra la ultraderecha en todo el país.
A Serra le correspondió afrontar sucesivas preguntas sobre su „admiración“ al presidente ruso, Vladímir Putin, o al expresidente de EEUU Donald Trump, como había declarado hace unos años en entrevistas. El director catalán, quien trabaja en una película sobre las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, no se retractó, aunque calificó de „irrelevantes“ sus opiniones como cineasta. „He dicho muchas cosas, incluso puedo haber dicho que soy el Papa de Roma. ¿Qué cambia lo que yo diga?“, afirmó. La escritora ucraniana Oksana Zabuzhko, asimismo miembro del jurado, intervino en la cuestión al explicar, irónicamente, que le había regalado un libro a Serra para „educarle“ sobre Ucrania.
La presente Berlinale será la última bajo la fórmula de dirección bicéfala compartida por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek. Dejarán su puesto entre críticas, ya que se considera que en sus cuatro años de gestión el festival ha perdido relevancia internacional y, en lo mediático, es apenas una sombra respecto a sus rivales europeas, Cannes y Venecia.
Una presencia internacional de primer orden la tienen asegurada en su despedida con el Oso de Honor a Scorsese. Asimismo se espera en Berlín a Sharon Stone así como de la exsecretaria de Estado de EE.UU, Hillary Clinton, ambas invitadas a las galas del „Cinema for Peace“, que discurren en paralelo a la Berlinale.

sábado, 20 de enero de 2024

Submundos nórdicos

Suecia, el banlieu nórdico

Joana Serra

Que Suecia haya dejado la órbita de los países seguros o incluso modélicos, con altos niveles de bienestar social, es algo que cuesta transmitirle a cualquier visitante que se desplace a Estocolmo. La capital sueca y las 14 islas que la integran siguen describiéndose en algunas guías turísticas como una Venecia nórdica, donde el único problema al que se enfrentará el visitante es el frío polar que se respira en sus calles durante un duro invierno que además se prolonga en el tiempo cuando media Europa esté ya bajo el sol primaveral.
El lenguaje de las estadísticas, sin embargo, es muy distinto a la percepción del visitante: 116 asesinatos se registraron en 2022 en el país nórdico, de los cuales 60 fueron por armas de fuego y relacionados con tiroteos; la tendencia muestra un aumento, con un 10 % de incremento del total de delitos a lo largo de 2023.
No hay día en que los noticieros del país no hablen de tiroteos, sea en la capital o en otros núcleos urbanos. La mayor sacudida se produjo en un solo día del pasado septiembre, en que fueron tres los muertos en estas circunstancias. Uno de ellos era un muchacho de 13 años.
Del modelo de bienestar que representó Suecia se pasó a ocupar el primer puesto entre los socios de la Unión Europea (UE) en cuanto a víctimas mortales debidas al crimen organizado. El centro de Estocolmo sigue siendo un lugar hermoso y pacífico, aunque gélido. Pero la situación cambia en cuanto se accede al extrarradio. Ahí encontrará el visitante barrios como Tensta, semejantes, por sus modelos de bloques de edificios y también por el paisaje humano, a los banlieu franceses.
Son núcleos de población con un alto porcentajes de personas de origen extranjero. En algunos de esos distritos un 90 % de sus habitantes tendrá al menos un progenitor nacido fuera del país. Su padre o madre, o los dos, llegaron décadas atrás a Suecia procedentes de Iran, Irak, Somalia, Líbano o Turquía. En esos tiempos, el país nórdico era sinónimo de país de asilo. Sus hijos nacieron ya en Suecia y adquirieron su ciudadanía.
De ese paraíso de entonces se ha pasado a una escalada en sentido negativo. Los extrarradios de Estocolmo o de Malmö se convirtieron en terreno abonado para las guerra territoriales entre los llamados clanes, sea de la droga o del tráfico de armas. Son clanes relativamente pequeños, con jerarquías mal definidas, donde cualquier rencilla puede derivar en una espiral de violencia.
El caso más conocido, también fuera de las fronteras suecas es el de Rawa Majid, nacido en Suecia de padres iraquíes y líder del clan "Foxtror" y apodado "el zorro kurdo", prófugo de la justicia del país nórdico. Pero más allá de la acción de su clan, que aparentemente dirige desde Turquía, el crimen organizado de los suburbios suecos está altamente diversificado, lo que complica aún más la acción policial.
Cualquier muchacho puede convertirse en cabecilla de un grupo, como relata Faysa Idles, una sueca de origen somalí autora de la novela "Ett ord för blod" -"Una palabra para sangre"-, donde describe el submundo de Tensla, poblado por personas como sus propios hermanos reales, que tanto serán víctimas como asesinos o jefes de clan.
La pregunta que asalta al visitante que se asoma a estas estadísticas o que lee la prensa sueca es cómo se ha podido llegar a estar situación y, más importante, si hay formas para revertirla.
Suecia, con 10 millones de habitantes, concentra la mayoría de su población en sus grandes núcleos urbanos, como Estocolmo, con 989.600 ciudadanos. El porcentaje de personas de origen extranjero a escala nacional se sitúa en el 8,3 %, pero ese cómputo se dispara al 30 % en el conjunto de la capital para seguir aumentando -hasta el mencionado 90 % de personas con al menos un progenitor no sueco de algunos de sus barrios-. Un 85 % de las personas que se han visto inmersas en tiroteos u otros delitos con armas de fuego, tanto si fueron sus víctimas o sus causantes, son de origen extranjero.
La cruda realidad de estas cifras ha dado alas a la ultraderecha, como suele ocurrir. Una parte del electorado no necesariamente identificado con esas ideologías se ha volcado a darles su voto, con la esperanza de recuperar el paraíso de bienestar o seguridad perdido. Una posición que, a su vez, convierte la situación en un círculo vicioso. A mayor dominio de los partidos del radicalismo derechista, más se recortarán las partidas destinadas a la integración. La marginalidad impulsará a esas personas a la delincuencia. La media del desempleo está en Suecia en el 3,5 %, pero el porcentaje sube al 16 % entre la población de origen extranjero.
El impulso de la ultraderecha se plasmó en las urnas en las elecciones generales de 2022. Los llamados Demócratas Suecos quedaron en segunda posición, solo superados por la socialdemócrata Magdalena Andersson, por entonces primera ministra.
La derecha radical no gobierna en Estocolmo, sino que lo hace una coalición conservadora-centrista liderada por Ulf Kristersson. El partido ultra que lidera el mediático Jimmie Äkesson se "conformó" con el puesto de aliado externo, ya que el resto de partidos le bloquearon como socio.
Kristersson, cuya formación centrista había quedado en tercera posición, se convirtió en primer ministro, pero con Äkesson marcando su agenda a cambio de su apoyo parlamentario. Si ya con la socialdemócrata Andersson en el poder habían empezado los recortes en materia social e integración, al actual coalición y su socio externo no han hecho más que acentuarlos. El gobierno de Estocolmo se ha sumado además a las posturas más restrictivas en materia migratoria dentro de la UE. Del modelo de bienestar sueco y la sociedad igualitaria se pasó a una creciente brecha social.
"Debemos estar preparados para una guerra", advirtió hace unos días el ministro de Protección Civil, Carl-Oskar Bohlin. No se refería en este caso a una guerra entre bandas o clanes criminales, principal quebradero de cabeza de sus conciudadanos, sino al otro gran problema del país, en este caso en el terreno de lo abstracto: el temor a Rusia.
Suecia, como Finlandia, abandonó la neutralidad militar en 2022, a raíz de la invasión rusa de Ucrania. Ambos vecinos nórdicos solicitaron en paralelo el ingreso en la OTAN. Finlandia -con 1.360 kilómetros de frontera con Rusia- logró consumar su integración en un tiempo récord, mientras que Suecia sigue esperando completar el proceso de incorporación como nuevo miembro.
Le falta la ratificación por parte de Turquía. Las objeciones inicialmente interpuestas por Ankara, que acusaba a Estocolmo de dar asilo a terroristas kurdos, se disiparon tras el relevo en el poder a favor de Kristersson. Pero sigue pendiente de la ratificación parlamentaria.
Las palabras de Bohlin han creado inquietud en el país sueco. La guerra entre bandas es un peligro concreto y diario, para los vecindarios de las zonas más afectadas. El ejecutivo de Kristersson ha acentuado la presión policial sobre estos grupos, cuyo peligro equipara con el procedente del terrorismo. Se propone incluso utilizar al Ejército para combatir esas bandas.
"Nuestra sociedad está preparada para presentar resistencia activa a una agresión. Pero nuestros sistemas de protección civil deben modernizarse para responder, en caso de guerra", afirmó ahora Bohlin, en relación a la amenaza rusa. Sus palabras fueron recibidas con críticas desde formaciones opositoras e izquierdistas, que consideran innecesario crear mayores miedos abstractos en una población que ya vive bajo el síndrome de la inseguridad en su día a día.

De Finlandia al Neukölln berlinés

Para bien o para mal, Suecia no está sola en su lucha contra la criminalidad organizada. La vecina Finlandia, asimismo un país con poca población -5,5 millones de habitantes- y mucha más superficie boscosa que zonas urbanas, vive su propio azote de este fenómeno y, también, un fuerte impulso de la ultraderecha A diferencia de lo que ocurre en Estocolmo, donde la derecha radical es aliado externo del gobierno, en Helsinki a la pérdida del poder por parte de la socialdemocracia que lideró Sanna Marin siguió una coalición donde los ultraderechistas Verdaderos Finlandeses forman parte del ejecutivo del conservador Petteri Orpo.
Alemania, el país más poblado de la Unión Europea (UE) con 83 millones de habitantes, vive también su propio combate contra las bandas del crimen organizado. Tienen sus bastiones en barrios de Berlín o del populoso “Land” de Renania del Norte-Westfalia. La capital alemana no es un ejemplo de centro urbano pulcro al estilo de Estocolmo, sino más bien un panorama de dejadez o directamente suciedad que alcanza también a sus barrios más acomodados o el distrito gubernamental donde se encuentran la Cancillería de Olaf Scholz, el Parlamento y otras principales instituciones del Estados.
El feudo de los clanes del crimen organizado está, como ocurre en las capitales sueca o finlandesa, ahí donde se concentran las mayores bolsas de pobreza y marginalidad. En ellos se plasman con todo su peso los déficits de la política de integración o la tacañería institucional que ha negado los recursos adecuados a esas tareas en un país con más de un 10 % de población de origen inmigrantes y que en un solo año -como fue en la crisis migratoria de 2015 o a raíz de la invasión de Ucrania en 2022- ha recibido más de un millón de refugiados.
Son barrios como el multiétnico de Neükolln, en Berlín, territorio de clanes como el de los Remmo, una estructura familiar ampliada a un centenar de miembros, al que se imputan más de un millar de delitos cada año. Van desde sangrientos ajustes de cuentas a espectaculares robos nunca aclarados, como el de una moneda de oro de 100 kilos del Museo Bode, parte de la llamada Isla de los Museos. Su golpe más sonado fue el audaz atraco de 2019 a la legendaria Bóveda Verde de Dresde, un tesoro de monedas y joyas de la capital sajona. Su fuerte, sin embargo, no son esos espectaculares “momentos”, sino el dominio territorial que ejercen sobre ese distrito berlinés y sus guerras con sus rivales. Cada uno de sus procesos judiciales por crímenes, asesinatos y ajustes de cuentas llegan a desplegar operativos judiciales semejantes a los que se articulan en procesos por terrorismo internacional.

sábado, 14 de octubre de 2023

Polonia, para los vascos



Polonia elige entre la perpetuidad ultraconservadora o el giro europeísta


Joana Serra


Los casi 30 millones de ciudadanos polacos con derecho a voto están convocados este domingo a las urnas para elegir su nueva cámara de diputados -el Sejm- y el senado, en unos comicios generales complementados por un referéndum y marcados por el rechazo del gubernamental partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) a la política migratoria de la Unión Europea (UE). El partido liderado por Jaroslaw Kaczynski, con su correligionario Mateusz Morawiecki al frente del gobierno, ejerce el poder en ese país socio del bloque comunitario de forma continuada desde 2015 y controla además la presidencia a través de Andrzej Duda. 

El único candidato opositor con opciones a terminar con este control monolítico es Donad Tusk, expresidente del Consejo Europeo y líder de la liberal Plataforma Cívica (PO). Tusk ya fue jefe del gobierno en Varsovia entre 2007 y 2014, el año en que pasó a Bruselas. Ahora pretende recuperar las riendas de su país, tras los ocho años consecutivos de dura confrontación entre el PiS y las instituciones comunitarias.

La campaña llegó a su fin el viernes tras semanas de virulentos ataques desde las filas del PiS hacia Tusk, al que califican de marioneta de Bruselas y Berlín o incluso de agente de Moscú. Achacan a su periodo en la jefatura del gobierno haber recortado las partidas del Ejército, acorde con lo que, para Kaczynski y Morawiecki, fue la línea de temor y consentimiento hacia Vladímir Putin marcada por la entonces canciller alemana, Angela Merkel. Para el PiS, en Tusk confluyen las dos sumisiones históricamente más malignas para los intereses de Polonia -hacia Rusia y hacia Alemania-. La guerra de agresión lanzada por Moscú sobre Ucrania reforzó para Varsovia todas las aprensiones contra Moscú y ratificó el «error», a sus ojos, de Tusk respecto a los recortes en Defensa.

El gobierno de Morawiecki ha emprendido una carrera contra reloj para rearmar al país, puntal del flanco este de la OTAN, mientras en paralelo se convertía en el máximo aliado de Kiev entre los países de la UE. La línea de la solidaridad incondicional hacia Ucrania de Polonia, el principal país de entrada al bloque comunitario de millones de refugiados ucranianos, se quebró de pronto hace unos meses, al decidir Varsovia prohibir las importaciones de grano del país vecino. A esa decisión siguió el anuncio de Morawiecki de interrumpir los suministros de armas a Kiev, aunque luego aclaró que la medida no afectaría los compromisos ya adquiridos. 

La explicación de este giro son las protestas del campo polaco contra el tránsito de unos cereales por su territorio que perjudican sus intereses. El grano ucraniano está fuertemente apoyado por la comunidad internacional, que pugnó por desbloquear sus exportaciones por el Mar Negro y propició la vía alternativa terrestre para acelerarlas. El resultado es que esos cereales transitan por territorio polaco -y a menudo, acaban en su mercado interior-, mientras los agricultores del país se quejan de competencia desleal. El voto del campo es fundamental para el PiS, mientras que el PO de Tusk tiene sus feudos en las grandes ciudades, incluida Varsovia.

El giro respecto a Ucrania ha desatado las protestas del presidente Volodímir Zelenski, que se siente defraudado por quienes consideraba sus mejores aliados. Pero al margen de este factor, lo que realmente ha marcado la campaña es el rechazo a la reubicación de peticionarios de asilo e inmigración irregular planteada por la UE. El gobierno de Varsovia llevaba meses anunciando que rechazaría lo que Kaczynski ha denominado de «plan suicida» para su país, que desde 2015 viene negándose a acoger migrantes de Oriente Medio o África. Posteriormente levantó un muro en los 180 kilómetros de frontera con Bielorrusa para frenar la «guerra híbrida» lanzada desde el régimen de Aleksandr Lukashenko, que lanzó a miles de migrantes en dirección al territorio polaco y de los países bálticos. La llegada de refugiados ucranianos –una mayoría de ellos, de paso hacia Alemania u otros países de la UE-- rehabilitó a Polonia, considerado un país anti-asilo. Pero también esa generosidad inicial ha ido flaqueando y ahora el PiS amenaza con recortes en las prestaciones que perciben.

Morawiecki pasó por la cumbre de la UE en Granada formando bloque con el ultranacionalista primer ministro húngaro Víktor Orbán y asegurando, probablemente junto con otros países del este, que no aceptarán el plan de la UE. El gobierno dominado por el PiS, al que apuntalan otras formaciones derechistas, ha incluido en la jornada electoral de mañana un referéndum con cuatro preguntas -dos de índole social y dos relativas a la migración-. La principal plantea el rechazo a la «reubicación forzosa» que pretende imponer «la burocracia europea» y que llevaría al país a «miles de migrantes irregulares de Oriente Medio y África».

El PiS llegó al final de la campaña con cinco puntos de ventaja sobre el PO de Tusk –un 35 % según los últimos sondeos frente al 30 %, respectivamente-. Durante semanas se dijo que podía contar con los apoyos de la llamada Confederación, un partido que aglutina a la ultraderecha radical, prorusos, los autodenominados libertarios y también mucho voto joven entre los descontentos con las ayudas sociales que el PiS reparte a familias y campesinos emprobrecidos. Desde la cúpula de este partido, al que se pronostica un 8 %, se ha asegurado que no se apoyará a ninguno de los dos principales aspirantes, ya que ellos van por libre.

Giro europeísta

Tusk es no solo la esperanza de un giro europeista en un país que acumula expedientes de Bruselas -contra su reforma judicial, presiones a los medios o acoso a los colectivos LGTBI-. Lo es asimismo para millones de polacas y también polacos, que desde 2021 llevan movilizándose contra la práctica prohibición del aborto impuesta bajo la gestión del PiS. Polonia, país donde más de un 90 % de la población es católica, era ya el país más restrictivo de la UE en materia de aborto. Hace dos años quedó suprimida además una de las pocas posibilidades que aún existían para acceder a él legalmente, en caso de diagnosticarse una malformación grave del feto. Tusk se ha comprometido a aliviar al menos esa ley y devolverla a cauces «europeos».

No está claro que el PiS logre armar una mayoría con sus socios actuales o con nuevos aliados post-electorales. Tusk, pese a representar las políticas liberales que en su momento no contemplaron ayudas a las familias luego impulsadas por el PiS, para lograr apoyos desde la izquierda. Quince días antes de los comicios logró una movilización multitudinaria con la llamada «Marcha del Millón de Corazones», que contó con el respaldo de la izquierdista Lewica, un partido que según los sondeos podría obtener un 10 % de los votos.