El jesuita secuestrado por la dictadura le desea buen pontificado a Jorge Mario Bergoglio
Gemma Casadevall
Berlín, 15 mar (EFE).- La orden jesuita en Alemania salió hoy al paso a la
polémica por la presunta colaboración de Jorge Mario Bergoglio con la dictadura
argentina y afirmó que el sacerdote secuestrado por la Junta está "en paz" con
el Papa, al que desea un buen pontificado.
Franz Jalics, secuestrado en 1976
cuando Bergoglio era Provincial de Buenos Aires y actualmente retirado en la
pequeña localidad bávara de Wilhelmsthal, junto a Kronach, "está en paz" con el
papa, ya que "aclaró en su momento esa cuestión" indicó a Efe Thomas Busch,
portavoz de la orden jesuita en Alemania.
"Hizo las paces, están en paz",
insistió esa fuente, quien confirmó que el sacerdote está en Hungría -su país
natal- y no prevé regresar a Alemania hasta el 10 de mayo, para remitirse luego
a la declaración del propio Jalics, difundida este viernes en la página de
internet de la orden.
"Deseo al papa Francisco la bendición de Dios en su
pontificado", expresa el sacerdote en ese comunicado, que empieza recordando la
época en que ejerció en una villa miseria bonaerense, donde fue secuestrado en
1976 y torturado durante meses por la dictadura.

"Desde 1957 vivía en Buenos
Aires", empieza el sacerdote, nacido en 1927 en Budapest, para explicar a
continuación que en 1974, "por voluntad interna", decidió ejercer su tarea
evangélica en medio de "la horrible miseria", en ese barrio bonaerense y con
permiso de Bergoglio.
Jalics recuerda que la Junta argentina desató una
situación "similar a una guerra civil", que en dos años asesinó a 30.000
personas, incluidos "inocentes", y afirma que en su villa miseria no tuvieron
contacto "ni con la guerrilla" ni con los militares.
La Junta cayó sobre
ellos tras la desaparición de uno de sus colaboradores durante nueve meses, sí
vinculado con la guerrilla, que probablemente bajo tortura puso a los sacerdotes
en situación comprometida por sus declaraciones.
Ahí se produjo su
detención, un interrogatorio durante cinco días, en el que aparentemente sus
torturadores admitieron su declaración de inocencia, pese a lo cual, según su
relato, siguieron cinco meses más de secuestro, "con los ojos vendados y
atados".
Jalics afirma no poder hacer "declaración alguna" sobre el papel
que Bergoglio pudo haber desempeñado en ese periodo, explica que tras su
liberación dejó Argentina y añade que años después, siendo este arzobispo de
Buenos Aires, pudieron hablar "de lo ocurrido".
El jesuita se refiere ahí al
viaje realizado por invitación del arzobispado bonaerense a la capital
argentina, donde se produjo esa larga conversación a la que aludía el portavoz
alemán de la orden, cuyo contenido no revela.
"Me concilié con todo lo
ocurrido y lo di por cerrado", apunta al respecto el religioso, quien fue
secuestrado junto con el también jesuita Orlando Yorio, de la misma villa
miseria.
Yorio falleció en 2000 en Uruguay, mientras que Jalics se trasladó
a vivir a Alemania en 1978 y ahí escribió un libro sobre meditación desde su
retiro espiritual, situación en la que sigue.
La cuestión de la presunta
colaboración del papa Francisco con la Junta fue abordada ya abordada años atrás
por el periodista argentino Horacio Verbistky y ahora resurgió tras la elección
del pontífice.
El propio Bergoglio contestó a las acusaciones en 2010, en el
libro "El jesuita" y rechazó tal colaboración.
El activista de derechos
humanos y Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel rechazó estos
días esas acusaciones desde la televisión británica BBC, donde dijo que "hubo
obispos que fueron cómplices de la dictadura argentina, pero Bergoglio no".
La declaración escrita de Jalics se produce en medio del cierto revuelo
mediático, en Alemania y en Argentina, por tratar de localizar al sacerdote, de
85 años.
Según explicaba la radio pública bávara Bayerische Rundfunk (BR),
Jalics lleva una existencia de retiro en la mencionada población bávara y su
viaje a Hungría había sido planeado tiempo atrás.
El portavoz de la orden
insistió que el jesuita no se ha "escondido" para evitar el revuelo mediático y
que su viaje no tiene nada que ver con la elección del papa. EFE
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