
Berlín, 7 feb (EFE).- Los Rolling Stones
elevaron la Berlinale al firmamento del rock con "Shine A Light", el documental
de Martin Scorsese que abrió hoy la 58 edición del Festival de Cine y que
traduce en cine la pura "Satisfaction" del incombustible Mick Jagger.
Abrir
la Berlinale siempre es un privilegio para el film elegido y en esta ocasión lo
fue mucho más para los presentes y por partida doble: nunca se filmaron tan bien
las arrugas más vivas del rock y, encima, los dioses Stones desfilaron en pleno
por la alfombra roja.
"Los Stones eran mi objeto del deseo, fueron la música
de mi vida", declaró Scorsese ante la prensa, en calidad de comandante de una
banda a la que la Berlinale recibió con la pasión de una masa de "groupies"
(fans que persiguen a sus ídolos musicales de ciudad en ciudad).
"Es un
honor para nosotros estar aquí. Es la primera vez que un documental musical abre
un festival así. Nuestro agradecimiento al director, Dieter Kosslick", saludó
Jagger, caballero y carismático como en el film, sólo que sentado y sin dar
brincos.
Los Stones desembarcaron haciendo alarde de buenas maneras y con
caras de buenos chicos. Conciliadores, incluso con quienes reprochaban que una
película no tiene la fuerza de un concierto.
"No es un concierto, es un
film", resumió Jagger, mientras Keith Richard sentenciaba que lo grandioso de
todo fue no notar el despliegue de cámaras organizado por el equipo de Scorsese.
"Tratamos de estar lo más cerca posible de un concierto sin llegar a ser un
incordio", enfatizó Scorsese.
"Shine a Light" no es ni un concierto filmado
ni un documental al uso, tejido con las piezas más emblemáticas de la banda
salpicadas por declaraciones de sus héroes. Es un film con un lenguaje propio,
en el que Scorsese sabe dar a cada plano un toque mágico.
La cámara recorre
cada arruga, vena, arteria y fibra de Jagger, convertido en una categoría humana
propia ante la que sólo cabe la pregunta de cómo puede sobrevivir a sus
conciertos.
Keith Richards, con su permanente aspecto de acabar de caer del
cocotero; Ronnie Wood, alter-ego o imitación del anterior, y el monosilábico
Charlie Watts, incapaz de hilar una frase completa, son sus comparsas en un
universo con Jagger como único astro rey. Ese mismo cometido cumplieron ante la
prensa de la Berlinale.
El núcleo de las imágenes salen de un concierto
exclusivo -2.800 plazas- en el Beacon Theater de Nueva York, en 2006, con el
ex-presidente Bill Clinton en el papel de "telonero" de los Stones, presentando
la actuación como una gala contra el cambio climático.
Un par de toques
maestros de Scorsese retratan la ironía del conjunto. Desde Richard saludando
cortesmente a la madre de Hillary Clinton, a las niñas bien, apelotonadas ante
el escenario, rendidas a cada brinco de las caderas de alfeñique de Jagger.
En el mismo tono se intercala un dúo con Christina Aguilera, aguantando el
empaque de Jagger sobre unos tacones "alámbricos" de equilibrio imposible, o el
mismo Scorsese, preguntándose si es cierto que el líder de los Stones puede
arder si se le coloca bajo los focos.
Con la periodicidad justa para no
aburrir ni romper las piezas, Scorsese incorpora impagables escenas de archivo,
con Jagger o Richard jovencitos y explicando a ciertos guardianes de la moral
que no son anarquistas drogadictos.
Por momentos, el espectador se siente
ante el concierto como amputado en su butaca, envidioso de las niñas que sacan
fotos con el móvil al dios Stone. Luego se consuela ante la evidencia de que
está ante un lenguaje distinto, el cine, y que en un concierto jamás ha estado
tan cerca de cada requiebro de piel de Jagger.
En directo o de archivo,
"Shine A Light" muestra a un Jagger sexy como nunca. Tanto en los primeros años
de la banda, cuando suelta casi mesiánico que a los 60 piensa seguir en lo
mismo, y también superadas ya todas esas décadas.
Jagger se exhibe como el
órgano vital que es, mientras Richard muestra maltrechos bíceps y antebrazos,
por los que habrán pasado muchas cosas, pero no precisamente fibra.
La
constelación de los Stones, al completo, Scorsese y el producto final, "Shine A
Light", convirtió la apertura de la Berlinale en acontecimiento histórico.
Un privilegio también para el director de la Berlinale, Dieter Kosslick, que
desde luego no tendrá que explicar a qué viene colocar un documental musical
para abrir un festival de cine, por supuesto fuera de concurso. Por pura
"Satisfaction". EFE gc/jcb/agf