Nostálgicos y "renegados" evocan el 68 alemán, desde la liberación a la RAF
Gemma Casadevall
Berlín, 28 abr (EFE).- La intelectualidad alemana evoca en el 40 aniversario del Mayo del 68 las peculiaridades de la revolución en su país, sea desde la visión nostálgica por un movimiento liberador o del distanciamiento ante una radicalización de la que nació el terrorismo de la RAF.
Para el escritor Peter Schneider, autor del libro "Rebellion und Wahn. Mein 68" -"Rebelión y locura. Mi 68"-, el Mayo alemán fue la ruptura "liberadora" con los "corsés totalitarios del pasado".
Otro compañero generacional, el historiador Götz Aly, difiere de esa imagen en su provocador libro titulado "Unser Kampf" -"Nuestra lucha"-, en alusión tanto al combate como a "Mein Kampf" de Hitler.
Para Aly, el 68 alemán no rompió con nada, menos aún con el pasado nazi, sino que sus seguidores escondieron la cabeza bajo el ala y se lanzaron a defender revoluciones y dictaduras ajenas.
"Hubo cierta confusión respecto a ideales revolucionarios", asevera Schneider, en un encuentro con medios extranjeros. "Pero esa es una visión parcial. Hay gran interés en enterrar el 68 por parte de los 'anti-revolución'. Lo cierto es que ahí nació la emancipación, no sólo la femenina".
Entre los "anti-revolucionarios" incluye este escritor tanto a George W. Bush o Nicolas Sarkozy como a ciertos "renegados" -o sea Aly. "De no haber sido por el 68, ni (Angela) Merkel habría llegado a canciller, ni Sarzoky podría permitirse una vida amorosa como la suya, impensable en tiempos de De Gaulle".
La liberación sexual, la emancipación y el antiamericanismo "sano" -"el que distingue entre el gobierno y el pueblo estadounidense", precisa Schneider- serían para este escritor logros de la revuelta.
Aly quita hierro a esos avances y argumenta que eso hubiera pasado sí o sí. El 68 fue, sostiene, un efecto tardío del "veneno dejado" por el nazismo, mezclado con una idealización de dictadores lejanos de izquierda, sea Fidel Castro, Mao Tse Tung o Ho Chi Ming.
De Berlín y Fráncfort, los dos "ejes" del movimiento estudiantil, se extendieron las protestas a todo el país. Ya en el 68, el líder estudiantil Rudi Dutschke fue víctima de un atentado, que le dejó graves secuelas a consecuencia de las que murió once años después.
El atentado contra Dutschke marcó otro hito y derivó en un asalto de la sede del grupo Springer, editor del diario "Bild", al que los estudiantes consideraban enemigo número uno de su revuelta e instigador intelectual del ataque, por sus arengas contra su líder.
Del antifascismo, anticapitalismo y antiimperialismo inicial se pasó a una radicalización que, en el caso de unos cuantos, como la comprometida articulista Ulrike Meinhof, generó el paso a la lucha armada y la creación de la Fracción del Ejército Rojo (RAF).
La banda terrorista nació cuando se apagó la llama del Mayo del 68 en lo que Aly califica de "descarrilamiento ideológico" de Meinhof, mujer que en el 68 era aún "una de nosotros".
Por grave "descarrilamiento ideológico", rayano a lo patológico, entiende Schneider el caso de Horst Mahler, asimismo ex agitador entre barricadas en el 68, luego miembro de la RAF y ahora militante y abogado del ultraderechista Partido Nacional Democrático (NPD).
Casos como el de Mahler parecerían apuntalar la tesis de Aly, en cuyo libro algunos ven un mero interés provocador comercial. Para Schneider, por encima de "ejemplos extremos" persiste la aparición de una generación contestataria que sacudió el postnazismo alemán.
Las protestas surgieron en la llamada "era Adenauer", primer canciller de la República Federal de Alemania (RFA) en cuyo gobierno, sostiene Aly, había aún mucho "viejo nazi".
El provocador historiador insiste en que los estudiantes de entonces eran principalmente hijos de esos nazis, que en realidad no buscaron la confrontación con el pasado ni la verdad, porque les era demasiado cercana y la rechazaban.
Schneider ve en esa explicación una "falacia" de alguien que busca "la propia exculpación". Según él, Aly estuvo entre los que no preguntaron y sus propósitos investigadores del pasado nazi -a los que dedicó varios libros- aparecieron mucho más tarde, en los 80. EFE
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