miércoles, 29 de octubre de 2008

Francamente: empezaba siendo hora

Un Dornier 328 para el último vuelo del agónico Tempelhof


Gemma Casadevall

Berlín, 29 oct (EFE).- Un avión Dornier 328 protagonizará mañana el último vuelo regular desde Tempelhof, el mítico aeropuerto que salvó al Berlín occidental del bloqueo soviético en 1948/49, que cierra sus puertas tras fracasar varias campañas para reflotarlo.
A las 21.50 locales (20.50 GMT), el Dornier de la compañía Cirrus Airlines emprenderá vuelo hacia Mannheim (suroeste de Alemania), a lo que seguirá la partida de un par de ejemplares de museo de los "Rosinenbomber", los llamados "bombardeos de las pasas secas", con destino al también berlinés aeropuerto de Schönefeld.
Los "Rosinenbomber" son el símbolo de los heroicos viejos tiempos de Tempelhof. Los aviones aliados se ganaron ese apodo por las golosinas que los pilotos tiraban desde el aire, en el puente aéreo aliado que alimentó al sector oeste durante 462 días, entre el 26 de junio de 1948 y el 12 de mayo de 1949.
Para la memoria colectiva, Tempelhof está ligado a las imágenes de los niños berlineses esperando a los bombardeos con los brazos al aire. Fue la mayor operación humanitaria aérea de la historia, en que, además de golosinas, se transportaron 2,3 millones de toneladas de alimentos, carbón y medicinas, en un total de 280.000 vuelos, a un ritmo de un aterrizaje y despegue cada 90 segundos.
El mando soviético y el Ejército Rojo habían cortado todas las líneas de ferrocarril y carretera que conducían al sector occidental de Berlín. El gobernador militar de EEUU para Alemania, el general Lucius D. Clay, reaccionó dando luz verde a la operación aérea.
Se movilizaron cientos de aviones estadounidenses y británicos, principalmente del tipo Douglas C47 Dakota y Douglas C54 Skymaster, que discurrieron por tres corredores aéreos, desde Hamburgo, Hannover y Fráncfort.
El puente aéreo no es la única imagen del pasado a la que está ligada este aeródromo. Abierto en 1923, se convirtió en aeropuerto central de la capital durante el nazismo. Antes que los "Rosinenbomber", Tempelhof vio aterrizar a la aviación de Hitler.
Tempelhof ha sido, además, escenario de películas míticas como "Un, dos, tres", de Billy Wilder, y en la década de 1960 sus pistas conocieron el "glamour" de Marlene Dietrich y Marilyn Monroe.
Tanto mérito histórico no le quita, sin embargo, la etiqueta de "molestia urbana". Se trata del más antiguo aeropuerto en activo en Europa y queda en pleno casco urbano berlinés.
Lo que para algunos supone una comodidad -se puede llegar a él incluso paseando o en bicicleta-, le condenó a quedar obsoleto desde hace ya unos años y, de ahí, a ser deficitario.
Con la inauguración del aeropuerto internacional del sector occidental, en Tegel, empezó una lenta agonía y ahora apenas se utilizaba ya más que para algunos vuelos nacionales o privados. La entrada en funcionamiento del gran aeropuerto de Schönefeld, previsto en 2013, echó por tierra toda tentativa de relanzamiento.
Los defensores de Tempelhof lanzaron este año varias campañas, incluido un referéndum popular que acabó en derrota, por no lograr el mínimo de participación necesaria.
Toda iniciativa por salvarlo fracasó y prolongó la agonía de unas instalaciones que el alcalde de Berlín, el socialdemócrata Klaus Wowereit, había ordenado desmantelar.
El cierre estaba sentenciado, pero sigue sin tenerse claro qué destino futuro se dará a las 380 hectáreas que ocupa el aeropuerto.
Sus terminales y dependencias, 300.000 metros cuadrados que deben conservarse por su carácter de monumento histórico, serán ocupados por oficinas y un complejo cultural, que se prevé incluya un museo de la aviación.
Iniciativas e ideas no faltan: se habla de construir desde un estadio de fútbol a nuevos estudios cinematográficos complemento de Babelsberg, parques y jardines, salpicados por bloques de viviendas y hasta un zoológico.
Una lluvia de ideas por concretar que provoca desasosiego al vecindario. El mínimo tráfico aéreo de Tempelhof apenas perturbaba la vida del barrio y lo que se abre ahora es la incertidumbre de lo que se le puede venir encima. EFE
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