
Berlín, 26 dic (EFE).- El cine en butaca
de piel reclinable, con una copa champán francés y catering de sushi, en lugar
de popcorn, es algo asequible en Berlín desde la apertura del "Astor Lounge",
una sala que ofrece un toque de lujo en estos tiempos de crisis.
Una
sensación parecida a la del viajero que vuela en "business", frente a los que lo
hacen en clase turista, sólo que a precio más o menos político -10 euros la
entrada, en lugar de los 7 que costaría en cualquier sala de estreno del centro
de Berlín.
Eso es lo que ofrece el "Astor Lounge", una sala de la Ku'Damm,
la avenida del oeste de la capital, que en tiempos del Muro fue centro por
excelencia del sector occidental y que ahora quedó algo desplazada por la
competencia del revitalizado este.
El Filmpalast, como se llamó durante
décadas, se ha remodelado y reabierto esta semana bajo esa nueva denominación,
dispuesto a plantar cara a la crisis ofreciendo al visitante unos cuantos extras
inimaginables en cualquiera de los multicines de la ciudad.
"Espacio para
estirar las piernas tanto como dé de sí el cuerpo", explicó a EFE su
propietario, Hans-Joachim Flebbe, "tartas de chocolate y vainilla de verdad, con
capuccino de cafetera italiana, o nuestra selección de 'Delicatessen' a la
carta".
Por supuesto, lo único que incluye el precio de la entrada es el
placer de extender las extremidades, además de la butaca de piel y una copa de
bienvenida -espumoso alemán o un cóctel sin alcohol-, servicio de guardarropía y
algún que otro detalle más.
El catering -con menús cinematográficos, del
"Cinecittá" con terrina de anguila y vieiras gratinadas, al Babelsberg de
medallón de cerdo y sushi- se suma al total, lo mismo que los "longdrinks" o
copa de "Veuve Clicquot" que uno decida tomarse.
Si uno se conforma con el
cóctel de bienvenida y alguna tarta, servida en la mesita junto a la butaca, la
sesión sigue siendo asequible. Si se entra en el cine con hambre, la cosa puede
salir bastante más cara -unos 15 euros, por un mini-menú, entre 120 y 200 euros,
por el champán francés, por supuesto servido en cubitera-.
"Nosotros con el
café y una porción de pastel vamos bien", comenta Antje Strube, jubilada que
acude al cine la tarde de Navidad con su hijo, un dentista que trabaja en
Cottbus, una ciudad del este profundo alemán. "Algo de lujo para aliviar mi
exilio", añade éste.
En la Ku'Damm, en el barrio burgués de Charlotenburgo,
se alternan nombres de lujos -como Cartier y Channel- con las grandes
superficies comerciales.
El público del "Astor" en estas festividades es
asimismo variado: matrimonios acomodados, el formato madre-hijo de los Strube, y
una vistosa representación de la comunidad gay berlinesa.
"Nuestra oferta es
para todo tipo de público", explica el propietario. Es la primera sala comercial
de estas características de la capital alemana, a modo de experiencia piloto,
añada Flebbe.
Un discreto equipo de camareros y camareras sirve las copas,
tartas y resto de especialidades en las mesitas junto a la butaca en la
aproximadamente media hora previa al pase de la película -o sea, durante los
anuncios-. En cuanto se apaga la luz acaba el catering.
La película pensada
para el estreno viene como anillo al dedo: "Australia", el dramón dirigido por
Baz Luhrmann, con Nicole Kidman y Hugh Jackman, un cine en gran formato de 166
minutos algo desfasado que estas fechas y en butaca abatible se digiere bien.
Convertir el "Filmpalast" en el "Astor Lounge" ha costado 800.000 euros. El
interior conserva el aspecto de sala clásica y elegante, ahora enriquecida con
los asientos de piel y el espacio extra.
"Hasta mi hijo ha podido extender
las piernas a placer y dormir a gusto en un veinte por ciento de la película",
comenta al final de la señora Strube, cuyo dentista mide aproximadamente dos
metros. EFE
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