jueves, 22 de enero de 2009

Empotrados en el Big Brother

"Embedded Art" reflexiona sobre el efecto del 11-S en los derechos

Gemma Casadevall

Berlín, 22 ene (EFE).- La exposición "Embedded Art", que abrirá mañana sus puertas en la Akademie der Künste de Berlín, reflexiona sobre la amputación de los derechos democráticos en aras de la seguridad y la lucha contra el terrorismo islámico, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Compartiendo plaza con la Embajada de EEUU y la Puerta de Brandeburgo, "Embedded Art" adopta la denominación de los periodistas que cubren los conflictos armados "empotrados" en las tropas combatientes, hasta situar al visitante en claustrofóbicos espacios que simulan zulos palestinos.
"Hemos elegido uno de los lugares más expuestos a atentados de la Alemania de hoy para nuestra reflexión sobre el sacrificio de los derechos democráticos en que ha derivado la lucha antiterrorista", explicó a EFE el comisario de la muestra, Olaf Arnst.
La exposición, que lleva por subtítulo "Arte en nombre de la seguridad", recoge 43 obras, entre instalaciones de vídeo repartidas en la primera planta y otras piezas en el sótano, de artistas que recorren la tortura, la arbitrariedad policial y las violaciones de los DDHH, bajo el "pretexto" -en palabras de Arnst- de la seguridad.
Los artistas, alemanes y estadounidenses en su mayoría, abordan desde el control digitalizado sobre todas las actividades de la vida diaria -"el Big Brother de cada día", para Arnst- a los vuelos de la CIA sobre Europa en dirección a Guantánamo o las torturas de presos iraquíes en Abu Ghraib.
Una vídeo-instalación del dúo Korpys & Loffer retrata a agentes alemanes ejercitándose con un colega en el uso de armas equipadas con sistemas de electroshock, en la planta baja. Ya en el sótano, Christina Zück refleja algunas operaciones contra "el Eje del mal", a través de las imágenes captadas por su colega Zahid Hussein en Karachi de la detención de Ramzi Binalshib.
Todo ello desemboca en la gran "Control Room" subterránea, obra de Peter Kennar y Cat Picton Philipps, que combina la frialdad de una sala de control plagada de monitores con las torturas de Abu Ghraib.
La intencionalidad de la muestra es más que clara, como también lo es el emplazamiento de ésta, en el futurista edificio remodelado sobre lo que quedó de la Akademie der Künste -Academia de las Artes-, con la embajada de EEUU, de Francia y del Reino Unido entre sus vecinos y el monumento a las víctimas del Holocausto, al fondo.
"Este lugar fue durante años el símbolo de la guerra fría y la división alemana, ahora lo es de las más sofisticadas técnicas de seguridad", explicó Klaus Staeck, director de la Akademie.
"Se pretende crear un entorno blindado, supuestamente como reacción a la amenaza terrorista, pero la auténtica amenaza a la vida democrática es esa respuesta: el blindaje y el control sobre nuestras vidas, la limitación de nuestros derechos democráticos", expuso Arnst.
El visitante de la muestra se siente permanentemente confrontado a la presencia de cámaras de vídeo-vigilancia repartidas por todas las salas y se ve obligado a desplazarse de espacio en espacio a través de laberínticos corredores subterráneos de efecto claustrofóbico.
"El ciudadano o el periodista occidental perciben, si acaso, como una molestia las limitaciones a su libertad de movimiento, pero en realidad cada una de esas restricciones en una amputación a la vida democrática", considera Arnst.
La muestra es más interesante que artística, desde la perspectiva de lo visual. Estará abierta en "el lugar más expuesto de Alemania" hasta mediados de mayo y se combinará con conferencias semanales, en un espacio llamado "Bar de la seguridad interna", en que los artistas comentarán su obra. EFE
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