Gemma Casadevall Berlín, 14 feb (EFE).- La Berlinale se
rindió al canto quechua de la hispano-peruana "La teta asustada", de Claudia
Llosa, ganadora del Oso de Oro de ese festival, erigido en plataforma del nuevo
cine latinoamericano al dar otros tres premios a la uruguayo-argentina
"Gigante", de Adrián Biniez.
El jurado presidido por la actriz escocesa
Tilda Swinton, con la directora española Isabel Coixet entre sus miembros, optó
por las cinematografías aún por explorar y dio su máximo honor a "La teta
asustada", primer film de Perú a competición en la historia de la Berlinale y,
además, hablado en un 40 por ciento en quechua.
"Gigante", rodada en
Montevideo, ganó el Gran Premio del Jurado -compartido con la alemana "Alle
anderen", de Maren Ade-, el galardón como mejor ópera prima y el Alfred Bauer,
en memoria del fundador del festival, asimismo ex aequo con "Tatarak", del
veterano Andrzej Wajda.
Biniez cautivó con la historia de su enorme
vigilante de hipermercado enamorado de una empleada y subió hasta tres veces al
escenario del Berlinale Palast a por sus sucesivos premios, primero emocionado,
luego atónito y finalmente dando un alarido.
Llosa, emocionada hasta las
lágrimas, dedicó su premio a Perú y recordó que el determinante papel de los
coproductores españoles como plataforma de una cinematografía que difícilmente
sale de sus fronteras. Su actriz principal, Magaly Solier, embelesó al auditorio
al cantar una pieza en quechua, emotiva y mágica como en el filme.
La
directora, de 32 años, nacida en Lima y afincada en Barcelona, representaba a
una cinematografía debutante, la peruana, desde la magia de la lengua indígena.
Biniez, nacido en Buenos Aires en 1974 y residente en Montevideo, acudía a
Berlín con su primera película.
"La teta asustada" es una película
enigmática, que transcurre entre agrestes paisajes de los barrios más pobres de
Lima y que remite al drama de las miles de mujeres peruanas violadas o
torturadas en los años de guerra y terrorismo.
Cuenta esa historia a través
de Fausta, el papel que interpreta Solier, una muchacha que trata de dar un
entierro digno a su madre, violada como miles de mujeres más en las dos décadas
de guerra y terrorismo.
La película toma el nombre de la misteriosa
enfermedad que, según el decir popular, transmiten a sus hijos a través de la
leche materna las mujeres que fueron violadas o torturadas en el embarazo.
Coixet y Switon eligieron esa película, de corte sencillo, cargada de
simbolismos y algo hermética, en un festival que plagado de grandes personajes
femeninos y que recibió un buen desfile de divas, como Michelle Pfeiffer, Demi
Moore y René Zerweger.
Ninguna gran estrella recibió premio, sino que los
galardones, de acuerdo asimismo al sello personal de Swinton y resto de los
miembros del jurado optaron por los independientes.
El Oso de Plata al mejor
actor fue para el africano Sotigui Kouyate, por "London River", la película de
Rachid Bouchareb a la que todas las apuestas daban como favorita, principalmente
por el gran papel de Brenda Blethyn, que se quedó sin premio. La Plata a la
mejor actriz fue para Birgit Minichmayr, por "Alle Anderen", segundo premio para
el cine anfitrión.
El Oso al mejor director fue para el iraní Ashgar
Farhadi, por "Darbareye Elly" ("About Elly"), otro de los favoritos que sí se
llevó su merecidísimo premio. Otra película que encabezaba apuestas a los Osos,
"The Messenger", del estadounidense Oren Moverman, tuvo que conformarse con una
Plata al mejor guión.
Llosa y Biniez no fueron los únicos cineastas
hispanoamericanos que se fueron con premio de la Berlinale. El Teddy, al cine de
contenido homosexual, fue para "Rabioso sol, rabioso cielo", del mexicano Julián
Hernández. La película vasca "Ander", de Roberto Castón, se llevó el premio de
la Confederación Internacional de Cine de Arte y Ensayo.
La sección oficial
de la Berlinale se cerró con la gala de la entrega de los galardones y la
proyección, fuera de concurso, de "Eden in West", del director griego
Costa-Gavras.
El domingo se prolongará aún el festival con el denominado día
del espectador, con el que la Berlinale cumple con su tradición de festival más
popular del mundo en su categoría.
En sus diez días de existencia, se
proyectaron 282 películas, distribuidas en 1.238 sesiones y se vendieron un
total de 270.000 entradas al público de a pie, lo que según cifras oficiales
supone un nuevo récord de visitantes. EFE
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