Prodigios arquitectónicos
Gemma Casadevall
El “beso de tornillo” entre los mandamases soviético y germano-oriental, Leonidas Breznev y Erich Honecker, del ruso Dimitri Vrubel es el más famoso entre el centenar de graffitti ahora repintados por sus propios autores en los 1,3 kilómetros de la East Side Gallery -el tramo más largo del Muro aún en pié-. La proximidad del aniversario puso alas al colectivo, enfrascado desde hace meses en la tarea de reeditar unos graffitti pintados inmediatamente después de la caída la caída del Muro, muy deteriorados tras dos décadas de exposición a la dura climatología berlinesa.
Eso sí: el visitante debe recordar que no todo lo que se llama Gallery muestra arte. Y que tampoco hay que tomarse al pie de la letra la denominación de “artistas espontáneos”. Es más una expresión militante que una constatación objetiva de la realidad.
Quien quiera saborear reflexiones artísticas verdaderamente sólidas de cómo artistas de todo el mundo plasmaron, reflexionaron o se inspiración en el acontecimiento histórico hará bien en pasarse por la Berlinische Galerie. Es una sala de creación reciente, en la última década, en el barrio multiétnico de Kreuzberg y en vecindad con el torturado edificio en zigzag del Museo Judío creado por Daniel Libeskind La Berlinische sí hace al cien por cien honor a su denominación de “galeria”. Además, no se ha subido al carro del oportunismo efemérico, sino que entre sus méritos está el haber mostrado en todos estos años propuestas arriesgadas procedentes del antiguo territorio germano-oriental, más mucha Escuela de Leipzig, antes incluso de que ésta empezara a cotizarse como ocurre en la actualidad.
La Berlinische exhibe desde septiembre a enero “Kunst zwischen Spurensuche und Utopie” -”Arte, entre el rastreo de huellas y la utopía”- y su contenido responde exactamente a eso. Invita a pararse a pensar en las expectativas abiertas con la desaparición de la Franja de la Muerte, tanto en lo urbanístico como en el arte, en lo relativo al gran “lifting” ciudadano como a los procesos creativos nacidos en torno a ella. Del adiós al Berlín utópico, taller de ideas que fue el sector occidental, un oasis de libertad encorsetado por el Muro, al nacimiento de todas las utopías posibles, especialmente arquitectónicas, que es hoy la capital alemana. Berlín, ciudad mártir de la Guerra Fría, se metamorfoseó de la noche a la mañana. De todo ello deja constancia la Berlinische.
Algo más convencional y acorde con la dinámica de los grandes museos públicos es “Kunst und Kalter Krieg” -”Arte y Guerra Fría”, la exposición abierta en otro de los prodigios arquitectónicos del nuevo Berlín, el apéndice de cristal y acero diseñado por I.M. Pei como extensión del Museo de Historia. Ahí se aborda el desarrollo artístico en la Alemania de la postguerra, desde su división hasta la reunificación, y confronta las grandes corrientes generadas en la mitad occidental y la oriental, del abstracto universalista al realismo socialista de los países satélites de Moscú. Ahí estarán los nombres imprescindibles en toda muestra “alemana”, desde Joseph Beuys a Georg Baselitz o Anselm Kiefer, más Werner Tübke y A.R. Penck, entre otros muchos igualmente en nómina en toda gran retrospectiva que se precie sobre la materia.
Quien no esté por la labor de sumergirse en reflexiones sobre el Muro, las profundas o las meras reediciones efeméricas, mejor hará en acercarse a Baviera. Múnich sigue decidida a consolidarse como rival directa del circuito artístico de Berlín y para demostrarlo tendrá entre sus invitados este otoño a dos nombres rompedores. El chino Ai Weiwei, por un lado; el austriaco Erwin Wurm, por el otro.
Para el público de a pie alemán, Ai Weiwei es sobre todo el responsable de la que se erigió en apuesta estrella de la documenta 2007. Sobre el papel, el invitado más llamativo iba a ser Ferran Adrià, que hasta el último momento no desveló que su “aportación” consistía llanamente en su archifamoso ElBulli, lo que significaba que para apreciarlo tenía uno que desplazarse a su Cala Monjoi, en la Costa Brava.
Ai Weiwei hizo exactamente lo contrario: llevó a esa pequeña ciudad de provincias llamada Kassel, epicentro vanguardístico desde Beuys, a 1.001 chinos, cuyo único cometido era ser exactamente eso: 1.001 chinos, durmiendo, comiendo, paseando o tomando el sol en una pradera, en distribuidos en turnos semanales de 200 individuos.
Ai Weiwei revalidó su título de transgresor de fronteras con su instalación, bautizada como “Fairytale”. Ahora regresa a Alemania, esta vez en la muniquesa “Haus der Kunst”, para presentar “So sorry”. Una muestra compuesta por un documental sobre la experiencia de Kassel, con los alojamientos donde instaló a sus 200 compatriotas semanales, su colchón, su juego de sábanas, su silla y su maleta negra, a modo de equipamiento ajeno a todo detalle indivualista.
El documental “Fairytale” irá complementado por dos piezas de nueva creación, dos nuevas sorpresas surgidas de un talento artístico comprometido con los zarpazos de la realidad. “So sorry” remite a lo que denomina Ai Weiwei “nueva cultura de la disculpa”. Es decir, la que han prodigado hasta la extenuación políticos, banqueros y otros responsables del orden mundial ante las disfunciones de pronto emergentes en los mercados financieros, responsables de catástrofes individuales y globales. Múnich se erigirá así en escaparate mundial de la última sorpresa de la cantera de Ai Weiwei.
Y ya para cerrar, Erwin Wurm, otro transgresor de conceptos y de lo políticamente correcto, también en la capital de Baviera, el más tradicionalista y católico estado de Alemania.
Escultor a partir de los gestos absurdos, de la cotidianeidad más banal y de la deformación de los objetos, humanizados hasta transformarse en criaturas obesas, Wurm acude a la Lenbachhaus muniquesa con una muestra que compendia de lo que han sido sus últimos siete años de producción. A quien le fascine Wurm, pero no pueda acercarse al Múnich le quedará el recurso del hermoso catálogo preparado para la exposición -335 páginas. O de recuperar la visita en Bonn, Viena o Pequín, siguientes estaciones de la muestra.
