lunes, 30 de noviembre de 2009

El Trawniki de Sobibor

Juicio a Demjanjuk confronta la justicia tardía con el dolor de las víctimas
 
Gemma Casadevall

Múnich, 30 nov (EFE).- El proceso al ex preso de las SS ucraniano John Demjanjuk, de 89 años y acusado de complicidad en el asesinato de 27.900 judíos, quedó abierto hoy en Múnich como exponente de la justicia tardía y marcado por la confrontación del presunto ejecutor de las órdenes nazis con sus víctimas.
Demjanjuk, ex soldado soviético convertido en un "Trawniki" -guarda voluntario nazi-, compareció ante la Audiencia 66 años después de los hechos en silla de ruedas, cubierto por una sábana hospitalaria y reclamando, por boca de su abogado, su condición de víctima.
Los soviéticos capturados por las tropas de Hitler contra las que luchaban sufrieron su propio Holocausto, al decir de Ullrich Busch, abogado del procesado, quien imputó a la cámara parcialidad por no haber perseguido a su debido tiempo a quienes daban las órdenes, los nazis, y hacerlo ahora con quien cayó preso.
El letrado se remitió al juicio celebrado en 1966 en Hagen (oeste del país) contra doce SS de Sobibor, de los cuales se condenó a cinco y el resto fue absuelto. De haberse negado a servir a las SS, argumentó Busch, Demjanjuk habría acabado ejecutado, como les ocurrió a cientos de miles de soldados soviéticos capturados.
El argumento de parcialidad fue rebatido por el juez Ralph Alt, quien recordó que ningún miembro de la cámara estuvo en el proceso de 1966. Al alegato de que los "Trawniki" fueron víctimas respondió Cornelius Nestler, letrado de la acusación particular, recordando que los guardas recibían comida, tenían permisos y hasta vacaciones.
"Ellos asesinaban a los judíos, no al revés", explicó a EFE Nestler, en una pausa del proceso.
"Sin los 'Trawniki' Sobibor no habría funcionado. Eran asesinos de extrema crueldad, que torturaban, seleccionaban y dirigían a las víctimas a la cámaras de gas", comentaba a su lado su cliente, Thomas Blatt, superviviente de Sobibor, de 82 años y afincado ahora en Santa Bárbara, California.
Quienes eran transportados a ese campo eran dirigidos pocas horas después a la cámara de gas. "Estoy aquí, vivo y como testigo porque escapé", relató este superviviente, quien participó en la revuelta de los confinados en octubre de 1943. "Sobrevivimos veinte", dijo.
El juicio de Múnich será un proceso por indicios, puesto que apenas quedan supervivientes. Comparten la acusación particular con Blatt una treintena de familiares de las víctimas, como Jules Schelvis, de 88 años, quien perdió en Sobibor a su esposa Rachel.
"No sé qué puedo esperar de este juicio. También estuve en el de Hagen. Por eso estamos aquí, para que no se perpetúen los errores de entonces", comentaba, tras ver por primera vez, cara a cara, a quien presuntamente mató a su mujer, por entonces de 21 años.
A su lado, Rob Wurms, holandés como él, de 66 años, cuyas dos hermanas, Kaatje y Veronica, de 15 y 13 años, murieron gaseadas.
Demjanjuk apareció por la mañana en silla de ruedas y tumbado en una camilla por la tarde. El equipo forense repitió su dictamen tras ser entregado por EEUU a Alemania, el 12 de mayo pasado, según el cual está capacitado, física y psíquicamente, para seguir el juicio.
Los gestos de dolor de Demjanjuk, quien sigue el proceso a través de una intérprete al ucraniano -único idioma que domina, pese a vivir en EEUU desde los años 50-, despertaron más escepticismo que empatía. "Hemos visto a muchos nonagenarios en silla de ruedas, cuando se les juzga, y paseando al sol luego", recordaba Blatt.
Real o no el dolor de Demjanjuk, el suyo será probablemente el último gran proceso en Alemania por crímenes del nazismo, dada la avanzada edad tanto de los verdugos como de sus víctimas.
La principal prueba inculpatoria es la hoja de servicios y carné identificativo de las SS con el número 1393 y la foto de Demjanjuk.
En sus seis meses ahí murieron 27.900 judíos, documentados con nombres y apellidos por la Oficina Central para el Esclarecimiento de los Crímenes del Nacionalsocialismo de Ludwigsburg (sur del país).
Demjanjuk, nacido en Dobowoije (Ucrania) en 1920, pasó de tractorista a ser reclutado por el Ejército Rojo. En 1942 fue capturado por las SS, que le convirtieron en uno de los 120 "Trawniki" de Sobibor. Luego pasó a otros campos, como Flossenbürg.
A principios de los 50 emigró a EEUU, bajo el estatus de "Displaced Person", DS, siglas para víctimas y refugiados de guerra. Ahí se casó, tuvo tres hijos y trabajó como mecánico, en Ohio.
Su existencia se truncó al ser identificado como criminal nazi. En 1988 fue condenado a muerte en Israel como "Iván el Terrible" de Treblinka, donde murieron 800.000 judíos. Tras cinco años esperando la ejecución, el Tribunal Supremo levantó la pena, ante nuevos documentos de la KGB demostrando que no fue tal "Iván el Terrible".
La justicia muniquesa reabrió su expediente, ahora por las muertes de Sobibor, amparada en el principio de que el asesinato no prescribe, según una resolución del Parlamento alemán de 1979. EFE
gc/jcb/ma
(foto)

domingo, 29 de noviembre de 2009

Camino al juicio


Múnich abre juicio a Demjanjuk, de 89 años y presunto ejecutor 27.900 judíos
 
Gemma Casadevall

Berlín, 29 nov (EFE).- La Audiencia de Múnich abre mañana el juicio contra John Demjanjuk, el ucraniano de 89 años que de preso de los nazis pasó presuntamente a brazo ejecutor de su maquinaria de exterminio y a quien se imputa complicidad en el asesinato de 27.900 judíos, 66 años atrás.
El proceso contra Demjanjuk, entregado a Alemania por EEUU el pasado mes de mayo, será previsiblemente el último gran juicio por crímenes del nazismo en el país del que partió el Holocausto, dada la avanzada edad tanto de los supervivientes como de sus verdugos.
Será, además, la primera vez que la justicia alemana procesa a un ejecutor extranjero, un ex soldado soviético, capturado por las SS y convertido en partícipe del aparato nazi como "Trawniki" -o guarda voluntario- del campo de exterminio de Sobibor (Polonia ocupada).
De nada sirvieron las alegaciones de la familia, según los cuales el juicio será una tortura física y psíquica para su casi nonagenario padre, quien además siempre afirmó haberse visto obligado a ejercer de guarda, so riesgo de ser ejecutado.
El juicio sucede a un largo tira y afloja, en que sus abogados agotaron todos los recursos judiciales y médicos en EEUU y en Alemania, y sólo podrá ser seguido desde la audiencia por los más de 200 periodistas acreditados y unas decenas de ciudadanos, pues la justicia germana no autoriza la presencia de cámaras en las vistas.
Para el encausado será su segundo gran proceso, después de que el Tribunal Supremo israelí le levantara en 1993 la condena a muerte dictada cinco años atrás en Jerusalén por el asesinato de miles de judíos en Treblinka, asimismo en territorio polaco.
Demjanjuk se salvó tras cinco años en el corredor de la muerte, al aparecer documentos del KGB según los cuales su identidad no correspondía a la del llamado Iván el Terrible de Treblinka.
Dos décadas después de aquella primera condena, la fiscal alemana Barbara Stockinger fundamenta sus cargos en un carné identificativo de las SS, con el número 1393, según el cual Demjanjuk sirvió en Sobibor como Trawniki.
Las 27.900 muertes que se le imputan corresponden a presos judíos gaseados en Sobibor, en los seis meses en que ejerció de guarda voluntario en ese campo, documentados con nombres y apellidos por dos investigadores de la Oficina Central para el Esclarecimiento de los Crímenes del Nacionalsocialismo, de Ludwigburg (sur del país).
Se estima que en ese campo se asesinó a 250.000 judíos deportados de toda Europa, a los que se gaseaba pocas horas después de llegar al lugar. Al centenar de Trawnikis, en su mayoría ucranianos, se les temía más que a los propios nazis por su crueldad y por sus malos tratos a quienes estaban sí o sí destinados a morir gaseados.
Demjanjuk, nacido en Dobowoije (Ucrania), en 1920, llegó a Sobibor en 1942, dos años después de haber caído capturado en Crimea por las tropas hitlerianas. Se le adiestró como Trawniki en el campo de Majdanek, de ahí pasó a Sobibor y luego al de Flossenbürg.
Tras la derrota del Tercer Reich logró que se le reconociera el estatus de Displaced Person"-"DS", para ex confinados del nazismo-. Primero fracasó al intentar emigrar a Argentina; en 1952 se le autorizó a hacerlo a EEUU, donde cambió su nombre, Iván, por John.
Llevó una existencia sin sobresaltos, hasta que en 1986, de resultas de las pesquisas del escritor judío Tom Segev, fue extraditado a Israel como presunto Iván el Terrible de Treblinka.
Regresó a EEUU tras no probarse siquiera que estuvo en ese campo. Se le retiró la nacionalidad estadounidense, pero siguió viviendo allí, como apátrida, con su familia. Hace dos años, la justicia alemana reabrió su expediente, lo que desencadenó una nueva batalla judicial, que culminó el 11 de mayo con un aparatoso traslado en ambulancia, de su casa al aeropuerto de Cleveland y de ahí a Múnich.
La audiencia muniquesa ha previsto 35 vistas, en sesiones diarias que no podrán exceder las tres horas -en dos tandas de hora y media-, en atención a la avanzada edad del procesado, que seguirá el proceso a través de un intérprete, del ucraniano al alemán.
La fiscalía ha citado a una treintena de testigos, en su mayoría familiares de víctimas de Sobibor. Sólo se escuchará a dos supervivientes, Thomas Blatt y Philip Bialowitz, aunque ninguno de ellos puede identificar a día de hoy, según han dicho, a Demjanjuk.
Será un juicio por indicios y de final incierto. Por encima de todo, en Alemania rige el principio de que el asesinato no prescribe, según una resolución del Parlamento de 1979.
A ello se ciñe y se ceñirá la audiencia muniquesa, como demostró el pasado agosto con la condena a cadena perpetua por crímenes durante el nazismo contra Josef Scheungraber, de 91 años. EFE
gc/nvm/tcr
 
 

sábado, 28 de noviembre de 2009

Uno que se va. Merkel y los hombres (II)

Merkel perd un ministre per la mentida sobre l'Afganistan

| El titular de Treball i anterior responsable de Defensa també plega per l'escàndol de l'ocultació de la mort de civils en un atac antitalibà | La cancellera afronta la primera crisi en un govern que només té un mes
Gemma C. Serra
Franz Josef Jung després d'anunciar ahir a Berlín la seva dimissió com a ministre de Treball alemany Franz Josef Jung després d'anunciar ahir a Berlín la seva dimissió com a ministre de Treball alemany
PAVEL KOPCZYNSKI / REUTERS

Una cosa és governar en gran coalició i l'altra tenir oposició real. Un mes després d'estrenar el segon mandat, ara amb els liberals, la cancellera alemanya, Angela Merkel, va optar ahir per un gest inèdit en ella: acceptar la dimissió d'un ministre, el titular de Treball i abans de Defensa, Franz Josef Jung. L'escàndol per un atac aeri al setembre a Qonduz (Afganistan), en què van morir 142 persones, la majoria civils, plana sobre una missió internacional en què els soldats alemanys formen el tercer contingent (després dels EUA i el Regne Unit) i que la majoria d'alemanys no volen.
La renúncia de Jung, que consuma la primera crisi al govern de Merkel, va arribar l'endemà de la dimissió del cap de l'estat major de l'exèrcit, Wolfgang Schneiderhan, i del viceministre de Defensa, Peter Wichert.
Nou informes més
Aquests responsables van plegar just després que el diari Bild afirmés que el ministeri no havia explicat la veritat d'un bombardeig sota comandament alemany, en què Jung va trigar dies a admetre víctimes civils. Segons Bild, Defensa havia sabut des del principi que entre els morts hi havia molts innocents.
Ahir l'actual ministre de Defensa, el bavarès Karl Theodor zu Guttenberg, va dir que des de feia 48 hores tenia nou informes més que parlaven de civils. Jung va insistir que va actuar correctament mentre plegava, i Merkel li va subratllar que hi continua confiant i que accepta "amb respecte" la seva decisió.
El dubtes sobre el sagnant atac de Qonduz s'arrosseguen des que es va produir, el 4 de setembre, però aleshores la responsabilitat era compartida amb el Partit Socialdemòcrata de l'aleshores vicecanceller i titular d'Exteriors, Frank-Walter Steinmeier.
Merkel va ser reelegida cancellera amb el seu nou aliat liberal i va tornar així a l'esquema tradicional de govern alemany d'un soci gran i un de minoritari. Un escàndol de mentides sobre la guerra de l'Afganistan és una taca difícil de rentar per al nou equip de Merkel.

Notícia publicada al diari AVUI, pàgina 12. Dissabte, 28 de novembre del 2009

domingo, 15 de noviembre de 2009

El fútbol no lo es todo


Alemania da emotivo adiós a Enke, el portero abatido por el pánico al fracaso
 
Gemma Casadevall

Berlín, 15 nov (EFE).- Alemania rindió hoy un emotivo adiós a Robert Enke, ex guardameta del Barcelona y del Tenerife, actual portero de la selección alemana y del Hannover, quien se suicidó el martes a los 32 años, víctima de una depresión en la que confluyeron tragedias privadas y el pánico al fracaso futbolístico.
Aficionados con la bufanda verdinegra del Hannover 96, cúpula futbolística alemana, representantes de los clubes europeos por los que pasó y políticos llenaron el estadio para despedir el féretro del arquero, rodeado de coronas de flores sobre el césped.
Su viuda, Teresa, y los rostros desencajados de la selección en pleno -del capitán Michael Ballack a Per Mertesacker, sus dos amigos del alma, a Oliver Bierhoff y Joachim Löw, mánager y técnico del conjunto- eran reflejo del dolor compartido, en una mañana soleada y con la música del cuarteto de cuerda del conservatorio de Hannover.
"El fútbol no lo es todo (...) Por encima del rendimiento está el ser humano", dijo Theo Zwanziger, presidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), quien agradeció a Teresa Enke su coraje, al revelar ante los medios, el drama que llevó a su marido al suicidio.
Enke se tiró a la vía del tren el pasado martes, en las cercanías de su casa. Según explicó su viuda, de 33 años, la mañana siguiente, estuvo en tratamiento por depresión en 2003 -en sus tiempos en el Barcelona de Louis Van Gaal- y luego sufrió recaídas, atribuidas tanto a cuestiones privadas como al miedo al fracaso.
En 2006 murió su hija de dos años, Lara, víctima de una dolencia cardíaca congénita. Ahora temía perder a su segunda hija, Leila, adoptada en mayo con dos meses, por culpa de una nueva depresión.
Su trayectoria estuvo marcada por varias decepciones, al no lograr cuajar en varios de los clubes por los que pasó de 1999 a 2004 -Benfica, Barcelona, Fenerbahce de Estambul y Tenerife-.
Recuperó la confianza de regreso a la Bundesliga, en el Hannover, donde sí se sintió reconocido. Fue, paradójicamente, el éxito en su país lo que volvió a confrontarle con el miedo al fracaso.
Con la inclusión en la selección nacional de Joachim Löw, con la que disputó ocho partidos, resurgió lo que su padre, Dirk Enke, y su asesor, Jörg Neblung, han calificado de "torbellino interior".
Una infección intestinal complicó su preparación para el Mundial de 2010 y quedó fuera de varias convocatorias de Löw, incluido el partido que iba a jugarse ayer contra Chile, cancelado por la tragedia.
La muerte de Enke traspasó el ámbito deportivo, por revelar la presión sobre los deportistas de elite obligados a mostrar una fortaleza que se les da por sobreentendida pero no siempre tienen.
Enke no respondía al prototipo del guardameta agresivo. Fue, dentro y fuera de la cancha, un hombre sensible y amable, recordó emocionado el primer ministro de Baja Sajonia, Christian Wulff.
El rostro de Enke ocupa la portada del semanario "Der Spiegel", con el título "El miedo a la vida", donde se recuerda la tortura interna de quienes sufren depresión, como el ex internacional Sebastian Deisler, quien colgó las botas tras varias recaídas.
Unas 40.000 personas llenaron el graderío y miles de personas siguieron desde el exterior, por pantallas gigantes, la ceremonia fúnebre que transmitieron cinco cadenas de televisión -de la pública ARD a dos canales de información, uno regional y otro deportivo-.
Al estadio acudieron representantes de los clubes europeos por los que pasó, varios ex seleccionadores -como Jürgen Klinsmann- y compañeros de la mayoría de los equipos de la Bundesliga.
Tras la ceremonia, el féretro de Enke fue transportado en hombros de sus colegas, bajo los sones de "The Rose" y "You will never walk alone". De ahí salió en dirección al cementerio vecino, donde está enterrada Lara y donde tendrá lugar una despedida privada.
El medios alemanes se había aventurado que la ceremonia de la cancha sería la mayor manifestación popular de duelo tras la muerte del primer canciller de la República Federal (RFA), Konrad Adenauer, en 1967, con 300.0000 asistentes. La cifra fue claramente inferior, pero no la emotividad, dentro y fuera del estadio. EFE
gc/ea

sábado, 14 de noviembre de 2009

Desmenuzando África

125 Años de la Conferencia de Congo, la cumbre de Bismarck que parceló África
 
Gemma Casadevall

Berlín, 14 nov (EFE).- A invitación del canciller Otto von Bismarck, el 15 de noviembre de 1884 se abrió en Berlín la Conferencia del Congo, que consumó el reparto de África entre las potencias coloniales y la convirtieron en un continente de fronteras trazadas con regla.
Que el mapa de África no responde a una evolución política similar a otros continentes salta a la vista a cualquier escolar: sus fronteras apenas atienden a barreras naturales o étnicas, sino que domina la línea recta.
El origen del trazado arranca del proceso iniciado en el siglo XV por el afán descubridor de España y sobre todo Portugal y desatado luego con la trata de esclavos, en que cada colonizador se adentró en el continente según sus intereses.
La mano pragmática del canciller del Reich ejerció de árbitro en la Conferencia de Berlín, que se cerró el 24 de febrero de 1885 con un acuerdo entre las catorce potencias coloniales.
Las ambiciones del Reich eran modestas, comparadas con las de Francia e Inglaterra, en primera línea, seguidas de las de Bélgica, Italia, Holanda, de nuevo Portugal y España, así como EEUU.
Alemania había llegado con retraso a la carrera colonial y además no quería comprometer su poderío militar en aventuras, apenas completada la unificación del Reich por Guillermo II. Pero tampoco quería quedar ajeno del reparto de las materias primas africanas.
De Berlín salió el Acuerdo del Congo, que selló el reparto del continente en 38 artículos. El Congo (actual República Democrática) quedaba como estado libre, aunque en la práctica funcionó como una propiedad de Leopoldo II de Bélgica. El resto quedó a merced de aquella potencia que tuviera un control efectivo de su litoral (principio de efectividad). Y sus ríos principales, Níger y Congo, eran de libre circulación.
Se sentaron las bases de una división territorial contranatura, por supuesto sin contar con la población africana. En un apartado se recordaba, eso sí, el "deber moral" de las potencias de "mejorar las condiciones de vida de la población autóctona e incidir en la represión de la esclavitud y el tráfico de negros".
La solución de Bismack precipitó la carrera por el control del máximo territorio. Francia se hizo con buena parte del Sahara; Inglaterra con regiones del sur y este, Ghana y Nigeria; Portugal conservó buena parte del territorio que tenía, Angola y Mozambique.
El Kaiser "se conformó" con Togo, Camerún, Nueva Guinea y las llamadas África Alemana del Este -Tanzania- y África Alemana del Suroeste -Namibia-.
El alemán fue un sueño colonial efímero que se desplomó con la Capitulación del Tercer Reich, en 1945. El traspaso de las antiguas colonias entre potencias vencedoras a vencidas ilustra de por sí hasta qué punto la población africana quedó ajena a todo reparto.
Pese a su brevedad, el poderío colonial del Reich perpetró el genocidio de la población herero, una tribu nómada de lo que ahora es Namibia, considerado precedente de otras limpiezas étnicas.
Ocurrió tres décadas antes de la llegada de Adolf Hitler al poder. Fue entre 1904 y 1907 y se calcula que los soldados del Kaiser exterminaron a 65.000 del total de 90.000 hereros.
El 12 de enero de 1904 hubo un primer levantamiento herero contra el robo de sus tierras. Los soldados del Kaiser les acorralaron y dejaron un teórico pasillo de escape hacia el desierto de Kalahari.
El general Lothar von Trotta convirtió ese corredor en una trampa mortal y ordenó exterminar de raíz la rebelión. Guillermo II instó a Bismack detener la masacre, a las denuncias de misioneros alemanes.
Von Trotta obedeció más o menos: cesó la matanza, pero en su lugar aparecieron unos primitivos campos de concentración.
Alemania tardó un siglo en indemnizar a ese colectivo, que tras un largo tira y afloja percibió, en 2007, 20 millones de euros.
La organización "125 aniversario de la Conferencia de África" ha convocado una concentración mañana en el lugar donde se celebró la cumbre -la antigua Cancillería del Reich, hoy un edificio de bloques prefabricados, arquetípico de la arquitectura del Berlín oriental-.
Su propósito es denunciar las consecuencias de la colonización sobre los africanos a los que se "arrebató la dignidad, las tierra y la vida". El organizador, el historiador Christian Kopp, no espera más que un acto "mínimo", en el aniversario de una conferencia que, dice, "desmenuzó" África y la entregó a la expoliación. EFE
gc/agf

lunes, 9 de noviembre de 2009

Daniel y el trauma que no quedó atrás

Barenboim recuerda los muros que quedan por derribar
 
Gemma Casadevall

Berlín, 9 nov (EFE).- El músico argentino-israelí Daniel Barenboim recordó hoy los pogromos nazis del 9 de noviembre de 1938, antítesis "monstruosa" al aniversario de "la noche más feliz de Berlín" y también los "otros muchos muros que quedan por derribar", incluido el que separa a palestinos de israelíes.
"La fecha del 9 de noviembre representa a la vez lo más monstruoso y lo más feliz de la historia reciente alemana", afirmó el director y pianista en una rueda de prensa horas antes del concierto que dirigirá ante la Puerta de Brandeburgo en el vigésimo aniversario de la caída del Muro y que pretende trazar un puente entre ambos aniversarios.
A la pieza "A survivor from Warschaw", compuesta en 1947 desde EEUU por Arnold Schönberg en memoria a las víctimas del Holocausto y de la liquidación por los nazis del gueto de Varsovia, le corresponde evocar "la terrible Noche de los Cristales Rotos, en que los nazis hicieron arder las sinagogas de todo el país".
Con "Es ist, als habe einer die Fenster ausgestossen" -"Es como si alguien hubiese abierto las ventanas"-, de Friedrich Goldman, pretende reflejar el sentir "de tantos germano-orientales, como el mismo compositor, la noche tan hermosa de hace veinte años".
Para Barenboim, la confluencia de ambos aniversarios debe ser motivo de reflexión. "Durante años el sueño era ver caer el Muro. La noche del 1989 se hizo realidad y veinte años después ya es historia. De ella debemos aprender todos, no sólo los alemanes", dijo.
"Quedan muchos muros por derribar. Algunos son mentales, otros no. A mi, como judío e israelí, pero también medio palestino, me duele el muro entre mis dos identidades", afirmó Barenboim, quien en 2008 adoptó la nacionalidad palestina como gesto por la paz.
Para el músico, negar el Holocausto es una "aberración", pero también es inaceptable caer en la "politización del Holocausto" o hacer de él un "recuerdo activo" sobre la actuación presente.
"El pueblo judío hoy no es víctima y no debe comportarse como víctima y hacer que sus vecinos vivan la angustia que vivimos con el Holocausto", afirmó, en una pausa de los ensayos para el concierto.
Para Barenboim, el hecho de colocarse hoy ante la Puerta de Brandeburgo con su Staatskapelle, con el concierto que abre la "Fiesta de la Libertad", es "más que un honor, una felicidad", que le trae a la memoria el que ofreció justo dos días después de la caída del Muro, en la Filarmónica del Berlín occidental.
"Decidimos que no podía ser sólo un concierto para los abonados de la Filarmónica, sino también para los germano-orientales que de pronto podían cruzar la frontera y por primera vez podían asistir a la sala", explicó. "A las cinco de la mañana, estaban a la puerta haciendo cola para su entrada, por supuesto gratuita", recordó.
Barenboim, al frente de la Staatsoper Unter den Linden desde 1992, es una personalidad ciudadana, más allá de lo estrictamente musical. El pasado martes dirigió a la Staatskapelle en el concierto por la paz con que se recordó el celebrado por esa misma orquesta, en la abarrotada iglesia de Gethsemane del este berlinés, cinco días antes de la caída del Muro.
Para abrir el concierto de hoy ha elegido el preludio del "Lohengrin" de Richard Wagner, por encima de las opiniones de quienes -como su biznieto Gottfried Wagner- lo consideran indigno para la ocasión y recuerdan el antisemitismo del compositor.
"Recuerdo que cuando conocí a Imre Kertesz, quien justo hoy cumple años, me confesó que su gran ilusión sería tener una entrada para Bayreuth", dijo, sobre la pasión por Wagner del escritor húngaro, superviviente de Auschwitz y Premio Nobel de Literatura 2002.
Junto a Wagner, Schönberg y Goldmann son las elecciones de Barenboim para el concierto de hoy, que se completa con el "Allegro con brio" de la séptima sinfonía de Ludwig van Beethoven, la misma pieza que tocó en su concierto con la Filarmónica de 1989.
Puestos a lamentar, Barenboim sólo se queja del factor climático. "Nos prometieron 18 grados, ahí fuera estamos medios muertos de frío", bromeó, en la pausa del ensayo, desde el vecino Hotel Adlon, donde departió con los medios alternando el alemán, el inglés, el español, el francés y alguna frase en japonés. "Así nos demoramos un poco más y retraso el regreso a la heladera", dijo. EFE
gc/jcb/agf

La compleja celebraci¡on del 9/11


Judíos lamentan que alegría por caída del Muro eclipse tragedia pogromos

 
Gemma Casadevall
Berlín, 9 nov (EFE).- La comunidad judía de Alemania lamentó hoy que la confluencia de los aniversarios de la Noche de los Cristales Rotos, el 9 de noviembre de 1938, y la caída del Muro, esa misma fecha de 1989, logren eclipsar la tragedia de los primeros pogromos nazis, en que ardieron las sinagogas de todo el país.
"La alegría ante el vigésimo aniversario de la caída del Muro se ha sobrepuesto este año al recuerdo de los pogromos", lamentó la presidenta del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Charlotte Knobloch, ante el impacto mediático del 9 de noviembre de 1989.
La fecha de hoy tiene en Alemania un carácter ambivalente, ya que coinciden las conmemoraciones de la noche más feliz de su historia reciente, la que simboliza el fin de la división ciudadana, alemana y europea, pero también los pogromos preámbulo del Holocausto.
Se trata, por un lado, de la noche más negra, la de 1938, en que cientos de sinagogas ardieron en todo el país y se precipitaron las deportaciones masivas de judíos; y, por el otro lado, la más hermosa, la del 1989, en que por primera vez miles de berlineses cruzaron de este a oeste, sin temor a dejarse la vida en ello.
La confluencia de ambos aniversarios condicionó que, tras la reunificación, no se haya dado a la fecha de la Caída del Muro rango de fiesta nacional, sino que en su lugar se institucionalizara como tal el 3 de octubre de 1990, en que se firmó el Tratado de Unidad, pese a no tener la misma carga emotiva.
El director y pianista argentino-israelí Daniel Barenboim, quien abrirá la llamada "Fiesta de la Libertad" ante la Puerta de Brandeburgo con un concierto al frente de la Staatskapelle de Berlín, se refirió asimismo hoy a la confluencia entre ambas fechas, símbolo de lo más "monstruoso" y lo más "hermoso" que se ha vivido en la capital alemana.
"Parece que las campanas de la historia redoblan con facilidad en Alemania el 9 de noviembre", dijo Barenboim, en un encuentro con los medios previo al concierto.
Para su concierto ante la Puerta de Brandeburgo, Barenboim eligió un repertorio compuesto por música de Richard Wagner y Ludwig van Beethoven, así como "A survivor from Warschaw", de Arnold Schönberg en memoria de las víctimas del Holocausto, y "Es ist, als habe einer die Fenster ausgestossen" -"Es como si alguien hubiese abierto las ventanas"-, del germano-oriental Friedrich Goldman.
Además de esta inclusión musical en las festividades de hoy, el presidente alemán, Horst Köhler, se refirió a la coincidencia en de ambos aniversarios, que calificó de "vinculados entre sí", puesto que de ambos hay que extraer las "lecciones de la historia".
El actor austríaco Klaus Maria Brandauer dedicará asimismo a los pogromos una lectura poética, esta noche, en Berlín, al término de los actos en la Puerta de Brandeburgo.
El año anterior, la Noche de los Cristales Rotos fue recordada desde la recién restaurada sinagoga berlinesa de la Rykestrasse por la canciller alemana, Angela Merkel, y en el resto del país hubo ceremonias parecidas con las que se recordó a los seis millones de judíos asesinados durante el nazismo.
La Noche de los Cristales Rotos ardieron más de mil sinagogas de todo el país, casi trescientas de las cuales quedaron reducidas a cenizas. Unos 7.500 comercios judíos fueron devastados y más de un millar de personas murieron víctimas de la represión nazi.
Al día siguiente se procedió a la deportación de los primeros 30.000 judíos a campos de concentración.
El ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels, habló de una "explosión espontánea de ira" por el asesinato en París del diplomático alemán Ernst vom Rath por un joven judío, cuando en realidad fue una operación orquestada por la Gestapo, las SA y las SS nazis. EFE
gc/jcb/fpa
 
 

El meteo se impuso al ritual efemérico


Fiesta bajo la lluvia incluyó recuerdo pogromos y los muros aún por derribar
 
Gemma Casadevall
Berlín, 9 nov (EFE).- La fiesta bajo la lluvia del aniversario de la caída del Muro tuvo un espacio para el recuerdo de los pogromos del 9 de noviembre de 1938, "antítesis monstruosa de la noche más hermosa de Berlín", en palabras del músico argentino-israelí Daniel Barenboim, quien asimismo recordó los muros que quedan por derribar.
La Staatskapelle, bajo la batuta de Barenboim, incluyó en el programa de la "Fiesta de la Libertad" la pieza "A survivor from Warschaw", compuesta en 1947 desde EEUU por Arnold Schönberg en memoria a las víctimas del Holocausto y del levantamiento del gueto de Varsovia.
Barenboim, que abrió su concierto al son del "Lohengrin" de Richard Wagner, recordó con la pieza de Schönberg que también en esa fecha se cumple el aniversario de la Noche de los Cristales Rotos, en que cientos de sinagogas ardieron en todo el país.
La composición, declamada en inglés y alemán por el actor austríaco Klaus Maria Brandauer, conmovió a los decenas de miles de ciudadanos concentrados bajo la gélida lluvia, ante la Puerta de Brandeburgo para el acto central del aniversario del fin de la división ciudadana, alemana y europea.
Poco después, la canciller alemana, Angela Merkel, recordó desde ese mismo escenario, que el 9 de noviembre es no sólo una fecha para el recuerdo de la noche más feliz, sino también de la noche más negra, por los pogromos.
El alcalde-gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, incidió en la necesidad de recordar "no sólo ambos aniversarios", antagónicos y confluyentes, sino también de reflexionar acerca de los muros, de piedra o no, que quedan por derribar en el mundo.
A la necesidad de echar abajo esas divisiones, incluida la que separa a palestinos e israelíes, se había referido asimismo Barenboim, en un encuentro con los medios este lunes,
"Quedan muchos muros por derribar. Algunos son mentales, otros no. A mi, como judío e israelí, pero también medio palestino, me duele el muro entre mis dos identidades", afirmó Barenboim, quien en 2008 adoptó la nacionalidad palestina como gesto por la paz.
Negar el Holocausto es una "aberración", recordó el músico, pero también es inaceptable caer en la "politización del Holocausto" o hacer de él un "recuerdo activo" sobre la actuación presente.
"El pueblo judío hoy no es víctima y no debe comportarse como víctima y hacer que sus vecinos vivan la angustia que vivimos con el Holocausto", afirmó.
Las menciones en la jornada al doble aniversario compensaron, en parte, las críticas de la comunidad judía, ante el protagonismo mediático adoptado por las conmemoraciones de la caída del Muro.
"La alegría ante el vigésimo aniversario de la caída del Muro se ha sobrepuesto este año al recuerdo de los pogromos", lamentó la presidenta del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Charlotte Knobloch.
El 9 de noviembre tiene un carácter ambivalente en Alemania, en que asimismo se recuerda la proclamación de la República de Weimar, en 1918. "Parece que las campanas de la historia redoblan con facilidad en Alemania el 9 de noviembre", ironizó Barenboim.
La confluencia con los aniversarios de los pogromos del 1938, condicionó que no se haya dado al de la Caída del Muro rango de fiesta nacional, sino que en su lugar se institucionalizara el 3 de octubre de 1990, la del Tratado de Unidad, pese a no tener la misma carga emotiva.
Durante la noche de los pogromos ardieron más de mil sinagogas de todo el país, casi trescientas de las cuales quedaron reducidas a cenizas. Unos 7.500 comercios judíos fueron devastados y más de un millar de personas murieron víctimas de la represión nazi.
Al día siguiente se procedió a la deportación de los primeros 30.000 judíos a campos de concentración.
El ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels, habló de una "explosión espontánea de ira" por el asesinato en París del diplomático alemán Ernst vom Rath por un joven judío, cuando en realidad fue una operación orquestada por la Gestapo, las SA y las SS nazis. EFE
gc/jcb/sc

domingo, 8 de noviembre de 2009

"¿Y tú, dónde estabas la noche que cayó el Muro?"


Gemma Casadevall

Berlín, 8 nov (EFE).- "¿Y tú, dónde estabas cuando cayó el Muro?", es la pregunta recurrente estos días en Berlín ante el aniversario del 9 de noviembre de 1989, a la que ciudadanos de a pié y políticos dan respuestas tan diversas como lo fueron sus reacciones en una noche en la que nadie sabía lo que iba a pasar al minuto siguiente.
A la canciller Angela Merkel no le importa admitir que no entendió que el comunicado leído a las 18.53 por el miembro del Politbüro, Günter Schabowksi, implicaba que podía pasar de inmediato al oeste, y se fue a la sauna, como todos los jueves.
Otros cuentan que se lanzaron sobre la Bornholmer Strasse, el primer paso fronterizo que levantó la barrera, para acabar abrazados al primer desconocido que se toparon. Y también están los que lloraron de emoción desde la lejanía.
La palabra más común, entre los que cruzaron y los que no, para definir la gran noche berlinesa es "Wahnsinn" -"la locura", en su sentido más emocional-, el entusiasmo colectivo nacido de la confusión, mientras ni los guardias fronterizos sabían si debían o no contener a quienes cruzaban al "otro lado".
Los hechos del 9 de noviembre de 1989 se desataron al responder Schabowski al periodista italiano Riccardo Ehrmann que las nuevas medidas, por las que se permitía a sus ciudadanos pasar al oeste, eran de efectos inmediatos.
Hasta ahora no se sabe si la respuesta fue o no un error, puesto que el Politbüro preveía que fuera a la mañana siguiente y de manera ordenada. El resultado, sin embargo, fue el caos con final feliz, generador de múltiples interpretaciones.
Merkel recordaba estos días en el diario "Frankfurter Rundschau" que en cuanto escuchó a Schabowski llamó a su madre para recordarle la promesa de ir a comer ostras a un lujoso hotel del sector occidental en cuanto fuera posible, tras lo cual se fue a la sauna.
No fue hasta más tarde, ante la multitud por las calles, que entendió lo que ocurría. Se lanzó hacia la Bornholmer Strasse, pasó al oeste y acabó tomándose una cerveza con desconocidos, según cuenta.
La actual canciller, entonces ciudadana del Este, se mezcló con algo de retraso con esos miles de germano-orientales que, como ella, se fueron a dar una vuelta por el oeste y luego regresaron a casa.
Más o menos lo mismo cuenta el vicepresidente del Parlamento, el socialdemócrata Wolfgang Thierse, quien recuerda que fueron muchos quienes "por prudencia y por no poner en peligro a sus familias" esperaron a los días siguientes para cruzar.
La euforia y la confusión fueron paralela a uno y otro lado. Mientras los germano-orientales tanteaban -con temor al principio, besando a los policías, después- si era verdad lo que habían oído de Schabowski, del lado occidental miles de jóvenes se subieron a lomos del Muro, a bailar y tomar cervezas, sin tenerlas todas consigo.
Al fin y al cabo, Berlín occidental era una isla en territorio de la RDA, cercada por el Muro y sus dispositivos de seguridad, recordaban tres de esos jóvenes de entonces -Alexander Breitkreuzt, Oliver Knispel y Stefan Heine-, en la revista berlinesa "Tip".
"Empezamos a tirar botellas y piedras al otro lado, a ver si era verdad que era terreno minado. No estalló nada", cuenta Breitkreuzt.
Al ciudadano teóricamente mejor informado de la República Federal de Alemania (RFA), el canciller Helmut Kohl, la gran noche le sorprendió en Varsovia. Primero reaccionó con cautela, a la mañana siguiente habló a la población del Berlín occidental.
Su antecesor, el socialdemócrata Helmut Schmidt, contaba a "Bild" que lloró ante el televisor y que al día siguiente su casa estaba ya asediada por ciudadanos del este, que se habían "acercado" hasta Hamburgo en sus Trabis -el popular coche de la RDA-.
Fue el "Wahnsinn" total, a uno y otro lado, espontáneo o prudente, en el que todos o casi todos juran haber participado. Sólo los más valientes admiten haberse metido en la cama sin celebrar.
Angela Hampl, una germano-oriental a punto de dar a luz por entonces, recuerda que esa noche hizo lo de siempre: en cuanto llegó a casa, sacó por la ventana la percha de la ropa que le servía de antena para ver la televisión occidental.
"Vi que daban lo del permiso de viajar y las imágenes de coches dirigiéndose al Muro. Me resultó incomprensible en ese momento, opté por no darle más importancia e irme a dormir", cuenta. EFE
gc/ih/pq

sábado, 7 de noviembre de 2009

Verdad de cine y verdad berlinesa

Berlín, un gran plató para la ciudad resurgida sobre las huellas del Muro
 
Gemma Casadevall

Berlín, 7 nov (EFE).- Berlín vive la conmemoración del vigésimo aniversario de la caída del Muro convertida en un plató mediático para revivir su noche más hermosa, la del 9 de noviembre de 1989, la que precipitó el proceso de reunificación alemana y su resurgir como nueva capital de la potencia europea.
De símbolo de la Guerra Fría al nuevo Berlín que no oculta los estragos de la historia: la escenografía del acto central del lunes, con el derribo de un dominó de 1,5 kilómetros, desde la Potsdamer Platz a la Puerta de Brandeburgo, difundirá por todo el planeta esa imagen de ciudad poderosa, revitalizada desde su desgarro.
Medios de todo el mundo copan el centro de la capital, recorren las huellas dejadas por los 155 kilómetros de Muro que durante 28 años rodearon su sector occidental y entrevistan a ciudadanos corrientes y políticos de uno y otro lado en busca de su testimonio.
La grandeza de la noche del 9 de noviembre consistió en la respuesta espontánea de las decenas de miles de ciudadanos que se lanzaron sobre la frontera. Será difícil que una escenografía, por perfecta que resulte, supere la carga emotiva contenida en las imágenes de entonces.
Para Berlín es una oportunidad de mostrar su actual epidermis, que alterna las cicatrices históricas con la nueva ciudad surgida en lo que durante décadas fue tierra de nadie, junto al Muro, como la Potsdamer Platz.
El 9 de noviembre fue la culminación de la Revolución Pacífica, que de la consigna del "Wir sind das Volk" -"Nosotros somos el Pueblo"- de las primeras marchas minoritarias desembocó en semanas en manifestaciones masivas en todo el país.
La presión era insostenible para la República Democrática Alemana (RDA), presionada además por la "Perestroika" de Mijail Gorbachov. El comunicado que precipitó la apertura de las fronteras, el 9 de noviembre, derribó los últimos diques de contención.
A la noche que pasó a la historia como la de la caída del Muro siguieron muchos días y noches de euforia, con caravanas de "Trabis" -el coche arquetípico germano-oriental- cruzando al otro lado.

La Puerta de Brandeburgo siguió cerrada durante cierto tiempo, mientras las grúas se llevaban, bloque a bloque, no sólo el centenar y medio de kilómetros de hormigón que rodeó el Berlín occidental, sino los 1.400 que formaron la frontera divisoria, de norte a sur, entre la RDA y la República Federal de Alemania (RFA).
Desarmar el Muro llevó meses, en los que el ruido de la maquinaria iba parejo al martilleo de berlineses y turistas a por su reliquia.
Paralelamente, se producía también el desmantelamiento del Politbüro -y la celebración de las primeras elecciones libres de la RDA -en mayo de 1990-, que ganó la CDU del canciller Helmut Kohl.
En julio entró en vigor la unificación monetaria y después Kohl y Gorbachov anunciaron el acuerdo que, tras duras negociaciones, dio luz verde a la reunificación, con la aquiescencia de las restantes potencias aliadas -EEUU, Reino Unido y Francia-. La RFA seguiría integrada en la OTAN, la RDA se desmembraba del Pacto de Varsovia.
El 3 de octubre de 1990 se firmó el Tratado de Unidad por el que el territorio de la RDA se integró en la RFA. Fue una absorción, que arrasó con el régimen germano-oriental, pero también con los referentes y señas de identidad de sus 16 millones de habitantes.
Berlín tardó aún en recuperar la capitalidad perdida con la derrota del Tercer Reich (1945) y la división del país entre las cuatro potencias vencedoras de la II Guerra Mundial. Durante todas esas décadas, el Parlamento y gobierno de la RFA quedaron alojadas en la llamada "aldea federal", Bonn.
A la clase política le costó dejar la tranquila ciudad renana para mudarse a Berlín, ciudad no necesariamente querida por muchos alemanes, primero por prusiana, después por capital del Reich, después por ser símbolo de la Guerra Fría.
Finalmente, el 20 de junio de 1991, y por el estrecho margen de 17 votos de diferencia, el Parlamento aprobó la mudanza a Berlín, lo que a su vez llevó largos preparativos hasta consumarse en 1999.
Veinte años después de la caída del Muro y un decenio después de recuperar la capitalidad, Berlín sigue siendo una ciudad patas arriba y algo incómoda, para algunos, pero fascinante para muchos otros, precisamente porque extraer belleza de sus cicatrices. EFE
gc/ih/pq

viernes, 6 de noviembre de 2009

La East Side, otra cara de la rutina efemérica



East Side Gallery recuperó sus colores como desactivada Franja de la Muerte
  
Gemma Casadevall
Berlín, 6 nov (EFE).- La East Side Gallery, el tramo más largo aún en pie del Muro de Berlín, se presentó hoy con su centenar de grafiti recién recuperados por los artistas que los estamparon tras el fin de la división ciudadana y revitalizado como imán para los turistas ansiosos de ver qué quedó de la Franja de la Muerte.
Puntualmente, ante el vigésimo aniversario del 9 de noviembre de 1989, regresó sobre los restos de hormigón el grueso del colectivo de 118 ilustradores y pintores de todo el mundo que en 1990, unos meses después de la caída del Muro, participaron en la acción colectiva de plasmar sus murales desde el lado oriental.
El famoso "beso de tornillo" entre Leonidas Breznev y Erich Honecker, pintado por el ruso Dimitri Vrubel, vuelve a lucir sobre los 1,3 kilómetros de tramo del Muro que forma la "East Side Gallery" y es asimismo la pieza más fotografiada por sus visitantes.
"Ha sido emocionante sentirse de nuevo como veinte años atrás, recuperando nuestro testimonio sobre lo que vivimos entonces en Berlín", explicó a EFE Ignasi Blanch, único español entre el centenar de artistas que integraron la experiencia, con "Parlo d'amor" ("Hablo de amor").
Mientras Vrubel se inspiró para su "Beso fraterno" en una fotografía tomada en Berlín en 1979, con el saludo entre los líderes germano-oriental y soviético en el trigésimo aniversario de la República Democrática Alemana (RDA), Blanch plasmó una imagen más lírica "del sentimiento de amor que entonces nos envolvió".
La recuperación de los grafiti, de los que apenas quedaban los trazos tras veinte años expuestos a la dura climatología berlinesa, es una iniciativa privada, coordinada por el artista germano-iraní Kani Alavi, que ha costado unos 2,2 millones de euros.
Para la reinauguración de esta muestra se contó con la presencia del alcalde-gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, quien paseó ante los 103 murales mientras jóvenes modelos desfilaban en minifalda y otros atuendos inspirados en esos grafiti.
El tramo del Muro está en una zona algo inhóspita de Berlín y queda a años luz de lo que fue la Franja de la Muerte en sus 28 años de existencia: 155 kilómetros que encorsetaron el Berlín occidental y a cuyo alrededor regía la orden de disparar a matar contra quien tratara de huir al oeste.
Hoy es un punto de gran afluencia turística, como el Checkpoint Charlie, antiguo punto de control fronterizo entre el sector estadounidense y el oriental, donde asimismo se encuentra ahora un Museo del Muro -también privado-, el más visitado por Berlín.
Mientras en el interior del museo se recrea, más o menos fielmente, algunas de las fugas más vistosas de la RDA -coches de doble fondo, etc-, en el exterior estudiantes disfrazados de policías germano-orientales posan por un par de euros con los turistas junto a una réplica de la antigua caseta fronteriza.
"Los grafiti de la East Side Gallery fueron una muestra meritoria de arte espontáneo, con el que se ilustró el sentimiento colectivo de libertad con la desactivación de la Franja de la Muerte", explicó a EFE Michael Hasselhof, crítico de arte crecido en la antigua RDA.
"Podrá discutirse de si es o no arte, pero está claro que fue liberador ver plasmadas esas pintadas desde el lado prohibido, el oriental", añadió.
"No me defino como artista, soy un ilustrador", responde modestamente Blach, en 1989 uno de los habitantes del "oasis berlinés" que fue el sector occidental, es importante conservar la "East Side Gallery", lo que no quita que deba existir un lugar donde se documente más fielmente lo que fue la RDA y su extinción.
"Debería haber un centro donde se trate seriamente lo que fue la Franja de la Muerte, y también lo que quedó tras su caída. Es decir, la liberación, de un lado, y la sensación de pérdida en muchos ciudadanos del este", explica.
Pérdida sobre todo de identidad, prosigue, al ver cómo la RDA y todos sus símbolos, no sólo los odiados y temidos, sino también los cotidianos y otros referentes, desaparecieron "engullidos" por la reunificación. EFE
gc/jcb/cr

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