Múnich abre juicio a Demjanjuk, de 89 años y presunto ejecutor 27.900 judíos
Gemma Casadevall
Berlín, 29 nov (EFE).- La Audiencia de Múnich abre mañana el juicio contra John Demjanjuk, el ucraniano de 89 años que de preso de los nazis pasó presuntamente a brazo ejecutor de su maquinaria de exterminio y a quien se imputa complicidad en el asesinato de 27.900 judíos, 66 años atrás.
El proceso contra Demjanjuk, entregado a Alemania por EEUU el pasado mes de mayo, será previsiblemente el último gran juicio por crímenes del nazismo en el país del que partió el Holocausto, dada la avanzada edad tanto de los supervivientes como de sus verdugos.
Será, además, la primera vez que la justicia alemana procesa a un ejecutor extranjero, un ex soldado soviético, capturado por las SS y convertido en partícipe del aparato nazi como "Trawniki" -o guarda voluntario- del campo de exterminio de Sobibor (Polonia ocupada).
De nada sirvieron las alegaciones de la familia, según los cuales el juicio será una tortura física y psíquica para su casi nonagenario padre, quien además siempre afirmó haberse visto obligado a ejercer de guarda, so riesgo de ser ejecutado.
El juicio sucede a un largo tira y afloja, en que sus abogados agotaron todos los recursos judiciales y médicos en EEUU y en Alemania, y sólo podrá ser seguido desde la audiencia por los más de 200 periodistas acreditados y unas decenas de ciudadanos, pues la justicia germana no autoriza la presencia de cámaras en las vistas.
Para el encausado será su segundo gran proceso, después de que el Tribunal Supremo israelí le levantara en 1993 la condena a muerte dictada cinco años atrás en Jerusalén por el asesinato de miles de judíos en Treblinka, asimismo en territorio polaco.
Demjanjuk se salvó tras cinco años en el corredor de la muerte, al aparecer documentos del KGB según los cuales su identidad no correspondía a la del llamado Iván el Terrible de Treblinka.
Dos décadas después de aquella primera condena, la fiscal alemana Barbara Stockinger fundamenta sus cargos en un carné identificativo de las SS, con el número 1393, según el cual Demjanjuk sirvió en Sobibor como Trawniki.
Las 27.900 muertes que se le imputan corresponden a presos judíos gaseados en Sobibor, en los seis meses en que ejerció de guarda voluntario en ese campo, documentados con nombres y apellidos por dos investigadores de la Oficina Central para el Esclarecimiento de los Crímenes del Nacionalsocialismo, de Ludwigburg (sur del país).
Se estima que en ese campo se asesinó a 250.000 judíos deportados de toda Europa, a los que se gaseaba pocas horas después de llegar al lugar. Al centenar de Trawnikis, en su mayoría ucranianos, se les temía más que a los propios nazis por su crueldad y por sus malos tratos a quienes estaban sí o sí destinados a morir gaseados.
Demjanjuk, nacido en Dobowoije (Ucrania), en 1920, llegó a Sobibor en 1942, dos años después de haber caído capturado en Crimea por las tropas hitlerianas. Se le adiestró como Trawniki en el campo de Majdanek, de ahí pasó a Sobibor y luego al de Flossenbürg.
Tras la derrota del Tercer Reich logró que se le reconociera el estatus de Displaced Person"-"DS", para ex confinados del nazismo-. Primero fracasó al intentar emigrar a Argentina; en 1952 se le autorizó a hacerlo a EEUU, donde cambió su nombre, Iván, por John.
Llevó una existencia sin sobresaltos, hasta que en 1986, de resultas de las pesquisas del escritor judío Tom Segev, fue extraditado a Israel como presunto Iván el Terrible de Treblinka.
Regresó a EEUU tras no probarse siquiera que estuvo en ese campo. Se le retiró la nacionalidad estadounidense, pero siguió viviendo allí, como apátrida, con su familia. Hace dos años, la justicia alemana reabrió su expediente, lo que desencadenó una nueva batalla judicial, que culminó el 11 de mayo con un aparatoso traslado en ambulancia, de su casa al aeropuerto de Cleveland y de ahí a Múnich.
La audiencia muniquesa ha previsto 35 vistas, en sesiones diarias que no podrán exceder las tres horas -en dos tandas de hora y media-, en atención a la avanzada edad del procesado, que seguirá el proceso a través de un intérprete, del ucraniano al alemán.
La fiscalía ha citado a una treintena de testigos, en su mayoría familiares de víctimas de Sobibor. Sólo se escuchará a dos supervivientes, Thomas Blatt y Philip Bialowitz, aunque ninguno de ellos puede identificar a día de hoy, según han dicho, a Demjanjuk.
Será un juicio por indicios y de final incierto. Por encima de todo, en Alemania rige el principio de que el asesinato no prescribe, según una resolución del Parlamento de 1979.
A ello se ciñe y se ceñirá la audiencia muniquesa, como demostró el pasado agosto con la condena a cadena perpetua por crímenes durante el nazismo contra Josef Scheungraber, de 91 años. EFE
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