miércoles, 27 de enero de 2010

Chipperfield nos envía a Essen


Folkwang, "el museo más bello", reabre convertido en módulos cúbicos
 
Gemma Casadevall

Berlín, 27 ene (EFE).- El Museo Folkwang, conocido antes de la Segunda Guerra Mundial como "el museo más bello del mundo", reabrió hoy sus puertas convertido en un amplio espacio de módulos cúbicos, obra del arquitecto británico David Chipperfield, y recuperada buena parte de la colección incautada por Hitler como "arte degenerado".
Los cuadros de Claude Monet, Vincent van Gogh, Paul Cézanne, Paul Marc y Vassily Kandinsky volvieron al Folkgang en Essen (oeste de Alemania), en el nuevo museo en cuya construcción se han invertido 55 millones de euros, donados por la Fundación Alfred Krupp, en memoria de este poderoso industrial alemán.
Las obras de estos maestros del arte moderno, en su mayoría procedentes de la colección originaria Folkwang, se complementa con las de artistas contemporáneos, como Mark Rothko, Barnett Newman y Gerhard Richter.
La construcción concebida por Chipperfield consiste en seis módulos de acero y cristal, rodeados por unos 23.000 metros cuadrados de zona verde y concebidos todos ellos como espacios de una planta, sin escaleras ni desniveles a modo de pequeñas aldeas comunicadas entre sí.
Chipperfield, ganador del concurso internacional de proyectos arquitectónicos convocado en 2006, optó por hacer derruir completamente el edificio levantado en los años 80 para albergar la colección del Folkwang, como ampliación del museo originario.
La existencia del museo y su colección de arte están marcadas por las sacudidas de la historia alemana del siglo XX, tanto por la acción del Tercer Reich contra el arte calificado de degenerado como por la Segunda Mundial y la posguerra alemana.
Su fundación arranca de 1902, cuando el industrial renano Karl Ernst Osthaus creó un primer museo con su colección privada, en ese momento en la ciudad de Hagen (en la Cuenca del Ruhr, como Essen).
A su muerte, en 1921, la colección se trasladó a unas nuevas dependencias, ya en la vecina Essen y siguió creciendo, entonces tutelada entre la administración municipal y el continuador de Osthaus, Ernst Gosebruch.
Para entonces se le conocía ya como el "museo más bello del mundo" por la rica colección de piezas acumulada, hasta que el Tercer Reich procedió a incautar unas 1.400 obras, que vendió a museos y colecciones de todo el mundo.
El edificio original quedó reducido a cenizas, con los bombardeos de 1945, a lo que siguió la construcción de un nuevo museo, en los años 60, y la ampliación de éste, en los 80.
A partir de ahí se empezó con la labor de recuperar las piezas que formaron la colección, para lo que se invirtieron tanto fondos públicos como privados, fruto de donaciones de la familia Krupp y otros industriales de esa región acerera y minera alemana.
En las últimas décadas se logró recuperar unas 800 obras de la colección original, parte de las cuales quedaron expuestas en el edificio construido en los 60 o su ampliación.
Para la reapertura ahora se programó una exposición con lo más representativo de esa colección y adquisiciones posteriores, en la ampliación diseñada por Chipperfield.
Esta muestra se complementaría a finales de marzo con una segunda exposición, bajo el título de "El museo más bello del mundo", centrada en el "arte degenerado" incautado a ésta y otras colecciones alemanas durante el Tercer Reich.
La recuperación del museo y su colección es uno de los platos fuertes de la capitalidad cultural 2010 compartida entre varias ciudades de la Cuenca del Ruhr. EFE
gc/jcb/mlr
(foto)

domingo, 24 de enero de 2010

Hasta la vista, amigo

Lafontaine es retira i deixa el seu partit dividit

Gemma C. Serra

Oskar Lafontaine, la bèstia roja de la política alemanya, va anunciar ahir la seva retirada com a líder de l'Esquerra i diputat al Bundestag (Parlament). Lafontaine va precipitar, així, el pols per a la seva successió al capdavant d'un partit a l'alça i nascut de la unió entre dissidents socialdemòcrates cansats de "traïcions" a les essències i postcomunistes de l'est.
Oskar Lafontaine, líder de l'Esquerra, ahir a la seu del partit a Berlín, poc abans d'anunciar la seva retiradaDesprés d'una operació de càncer, fa dos mesos, Lafontaine es va decidir a fer aquest pas. El motiu, doncs, no cal buscar-lo en les discussions internes a l'Esquerra, segons va assegurar ell mateix, tan vital com sempre malgrat la malaltia.
Lafontaine, conegut com el Napoleó del Saarland -el land on va governar durant 14 anys-, deixa una Esquerra electoralment més forta que mai. A les passades eleccions generals va fregar el 12% i ja ha deixat de ser un partit regional -arquetípic de l'est nostàlgic- per arrelar-se amb força a l'oest.
Internament, però, està més dividida que mai. Lafontaine i Gregor Gysi, cap del grup parlamentari, no se suporten. I el mateix passa entre les bases de l'est i l'oest. La divisió entre el postcomunisme "hereu" del règim del Mur i l'esquerra de l'altra meitat del país continua existint, tres anys després que Gysi i Lafontaine tanquessin una fusió de conveniència. Cal afegir, a més, la batalla interna entre els pragmàtics, que volen acostar-se a la socialdemocràcia, i els "fonamentalistes".
La retirada de Lafontaine, a qui els socialdemòcrates mai han perdonat que deixés la presidència del partit i el govern de Gerhard Schröder, pot afavorir els pragmàtics. Però els falta un líder carismàtic que arrossegui electors.

Notícia publicada al diari AVUI, pàgina 12. Diumenge, 24 de gener del 2010

sábado, 23 de enero de 2010

Oskar se despide (again)


Lafontaine se retira y deja en suspenso el rumbo de la pujante Izquierda
 
Gemma Casadevall

Berlín, 23 ene (EFE).- El líder de La Izquierda alemana, Oskar Lafontaine, anunció hoy su retirada de la vanguardia política y precipitó el pulso por la sucesión al frente de esa formación en auge, aglutinante del pos comunismo y la disidencia socialdemócrata, pero dividida entre pragmáticos y "fundamentalistas".
Lafontaine, bipolarizador tanto en sus tiempos socialdemócratas como al frente de la formación crecida del voto de los descontentos, reapareció tras meses de ausencia con el anuncio de que no optará a su reelección como líder La Izquierda, en el congreso de mayo, y que deja también su escaño en el Parlamento (Bundestag).
"El cáncer ha sido el disparo de advertencia", dijo, respecto a la enfermedad que le ha tenido apartado de la vida pública desde octubre. Su actividad se concentrará en el Sarre, el estado del que fue primer ministro durante catorce años, aún como socialdemócrata.
Si en 1990 pasó una "crisis existencial" -"que superé", dijo-, tras el atentado sufrido como candidato socialdemócrata a la cancillería, ahora el cáncer le ha decidido a dar ese paso, que sucede a una serie de anteriores "toques de aviso" de su salud.
Lafontaine, de 66 años, sin síntomas de decaimiento y haciendo gala de la misma agilidad mental que le convirtió durante años en temido orador del Bundestag, insistió en que su decisión no tenía nada que ver con la discusión sobre el rumbo del partido.
"Los ataques personales nunca me intimidaron. Al contrario", dijo, custodiado por el jefe de su grupo parlamentario, Gregor Gysi, tan carismático como él, pero tampoco dispuesto a reasumir el liderazgo que dejó años atrás tras varios ataques cardíacos.
Lafontaine se puso al frente de La Izquierda en 2007 como co-presidente del pos comunista Lothar Bisky, tras cerrarse un complejo proceso de fusión entre el Partido del Socialismo Democrático (PDS) y la disidencia del Partido Socialdemócrata (SPD).
Ambos dejarán vacante una presidencia bicéfala, puesto que Bisky ya anunció su retirada para concentrarse en su labor de eurodiputado.
Bajo el liderazgo de Lafontaine La Izquierda dejó de ser una fuerza arrinconada en el antiguo territorio germano-oriental, situación en que parecía anclado el PDS desde la reunificación alemana (1990), para consolidarse como formación sólida en la mitad oeste del país.
La Izquierda se ha alimentado de la persistente caída de votos del SPD y Lafontaine ha sido, a la vez, motor de ese impulso y obstáculo para todo acercamiento con los socialdemócratas.
En el SPD no se le ha perdonado aún el mazazo dado en 1999, pocos meses después de la llegada al poder de Gerhard Schröder al frente de su coalición roji-verde, con su doble dimisión como presidente del partido y ministro de Finanzas.
Justificó entonces su intempestiva retirada con la "traición" a los principios de la formación que suponía la línea Schröder, acrecentada luego, a su parecer, por los recortes sociales aplicados en los legislaturas del gobierno roji-verde.
Lafontaine pasó a azote de la socialdemocracia, partido en el que militó 40 años y a cuya presidencia accedió, en 1995, al presentar su candidatura con un encendido discurso, en pleno congreso de la formación, frente al empalidecido aspirante oficial, Rudolf Scharping.
Su alianza con los pos comunistas del PDS le devolvió al primer plano político, pero por encima del ascenso electoral en todo el país -en las últimas generales rozó el 12 por ciento- la formación no ha logrado una cohesión interna.
La Izquierda se encuentra inmersa en una pugna entre los llamados realistas y los fundamentalistas, que derivó hace unas semanas en la renuncia al cargo de su secretario ejecutivo, Dietmar Bartsch, entre acusaciones de deslealtad hacia el aún convaleciente Lafontaine.
En la formación persisten no sólo pugnas generacionales, sino disonancias este-oeste, pues parte del ala occidental sigue viendo al PDS como "heredero" del régimen comunista de la extinta República Democrática Alemana (RDA), que separó Alemania con el Muro.
Bartsch representa a quienes claman por el realismo y también por el acercamiento al SPD para dejar atrás definitivamente el arrinconamiento político y ascender a socios de gobierno.
Algo que hasta ahora La Izquierda sólo logró en gobiernos regionales del este -como la ciudad-estado de Berlín, donde forman coalición con el alcalde socialdemócrata Klaus Wowereit-, pero no en el oeste del país. EFE
gc/fpa

viernes, 22 de enero de 2010

El baúl que quedó en Berlín


El Grosz más ácrata, agitador y puntilloso, en una retrospectiva en Berlín
  
Gemma Casadevall



Berlín, 22 ene (EFE).- La Academia de las Artes -Akademie der Künste- berlinesa muestra desde hoy el George Grosz (1893-1959) más ácrata, agitador y puntilloso, en una retrospectiva que incluye los dibujos de su juventud, cartas y documentos que dejó en un viejo sótano de la capital alemana antes de exiliarse a EEUU.
"Nadie como Grosz para representar la agitación y el combate, desde el arte, del capitalismo y el militarismo. Sus dibujos plasman unos sentimientos que nos sacuden a muchos en la sociedad actual. Era el momento de sacar sus dibujos del viejo baúl", dijo el presidente de la Akademie der Künste, Klaus Staeck, al presentar la muestra.
El título de la retrospectiva, "George Grosz. Korrekt und anarchisch" -"George Grosz. Correcto y anarquista"-, expresan lo que su comisaria, Birgit Möckel, considera que sintetiza la personalidad del artista: "Por un lado, la agitación; por el otro, el prurito puntilloso y hasta pedante con que trabajaba", explicó a Efe.
Grosz, tanto en sus años jóvenes como en la plenitud artística, se tomaba su tarea más en serio, como lo muestra la serie de bocetos y dibujos realizados entre 1925 y 1926 hasta llegar al autorretrato del literato Max Herrmann-Neisse, su amigo y correligionario.
La serie de 23 estudios sobre el escritor llena una de las salas de la exposición, que ocupa 525 metros cuadrados de la Akademie, en la céntrica Pariser Platz berlinesa, junto a la Puerta de Branburgo, el lujoso Hotel Adlon y con las embajadas de EEUU, Francia y Reino Unido como vecinas.
"Si Grosz estuviera aquí seguro que encontraría nuevos motivos para seguir hurgando en la vena el anticapitalismo. Mucho no ha cambiado en el panorama. Los poderosos, políticos y financieros, siguen fumando gruesos cigarros, como los representó en sus dibujos. Sólo que ahora además van al 'fitness'", ironizó Staeck.
La muestra recoge tanto algún iconoclasta Jesucristo crucificado con máscaras de gas, como corruptos políticos cigarro en ristre y con los genitales al aire prototípicos de sus dibujos, en los años 20, como sus colages dadaístas y postales de las etapas posteriores.
El conjunto ilustra la personalidad de un artista que se las tuvo que ver con la iglesia y los representantes del poder -por presunta blasfemia, en el primer caso; por azote de la burguesía, lo segundo-, tanto bajo la República de Weimar como con la irrupción del nazismo, que acabó retirándole la ciudadanía alemana, en 1938.
Asimismo se exhiben fotografías privadas, cartas y otros documentos, actas que dan fe de sus encontronazos con la justicia, ejemplares de las revistas que fundó o en las que participó, como "Die Pleite".
"Hay que tomarse tiempo, pararse en el detalle, detenerse en las vitrinas", aconseja la comisaria respecto a la selección de las obras, que van de los dibujos en gran formato a los cuadernos privados salpicados de esbozos y anotaciones.
La mayoría del material incluido en la muestra procede de los archivos de la Akademie, enriquecidos con el hallazgo en un sótano de Berlín de la Savingyplatz, número 5, donde vivió la familia Grosz: "una gran caja que sobrevivió primero al acoso nazi, luego a una inoportuna inundación", recuerda Möckel.
La caja en cuestión se recuperó en 1984, pero su contenido no había sido hasta ahora expuesto. Forma parte del legado de Grosz, quien dejó Berlín en dirección a EEUU en 1933, con la llegada al poder de Adolf Hitler, y no regresó a su ciudad natal hasta 1951; de visita, primero, y para quedarse luego, en 1958, un año antes de morir.
Seleccionar todo ese material ha sido labor meticulosa, para la que conviene armarse del carácter "positivamente puntilloso" que Möckel atribuye a Grosz.
La exposición estará abierta en la Akademie, junto a la emblemática Puerta de Brandeburgo, hasta finales de abril. EFE
gc/jcb/cat

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miércoles, 20 de enero de 2010

El Fritz Lang que llegó de Buenos Aires


Muestra recrea "Metrópolis", antesala al reestreno en versión casi completa
  
Gemma Casadevall


Berlín, 20 ene (EFE).- La Filmoteca de Berlín recrea desde hoy, con una exposición, el proceso creativo de "Metrópolis", el visionario filme de Fritz Lang estrenado en 1927 y que tendrá su reestreno en febrero ante la Puerta de Brandeburgo, tras una ardua reconstrucción sobre una copia casi íntegra hallada en Buenos Aires.
"La cita para los amantes del mito es el 12 de febrero, ante la Puerta de Brandeburgo. Quien, además de querer ver el espectáculo con mayúsculas vaya al detalle, tiene que pasarse por aquí", resumió a EFE Rainer Rother, director de la Deutsche Kinemathek, la filmoteca alemana.
La muestra "The complete Metropolis" no es un "mero aperitivo", apunta Rother en relación al estreno que tendrá lugar ante el emblemático monumento del filme, a partir de la copia prácticamente íntegra hallada en el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken de Buenos Aires.
"La exposición no existiría sin ese estreno, eso es cierto. Pero a su vez lo es también que ese estreno no sería posible sin todo el trabajo recopilador e investigador que exhibimos aquí", apunta el director de la Kinemathek.
En los archivos de la Filmoteca se conservaron partituras, trajes, máscaras, guiones y pruebas sobra las que trabajó Lang, soporte de una exposición que repasa las escenas más célebres de la parábola futurista de Lang y los ensambla con ese material.
La muestra incluye escenas cumbre, desde la revuelta de la clase obrera en las catacumbas a la fascinación del hijo del dueño absoluto por María, símbolo de la causa trabajadora, el erótico baile de la bella para los poderosos y su suplantación por un robot.
Cada uno de estos momentos está apuntalado por dibujos, guiones o fotografías. Finalmente se desemboca en el hallazgo de la copia bonaerense y en la reconstrucción realizada ensamblando ese material recuperado a la copia dada por buena, según la penúltima restauración de 2001, que se presentará durante la Berlinale.
"Sin los colegas argentinos, y sin la buena disposición de la directora de su Museo, Paula Félix-Didier, nuestro trabajo no habría sido posible", admite Anke Wilkening, restauradora de la Fundación Friedrich-Wilhelm Murnau, que tiene los derechos del filme.
La copia hallada en 2008 en Buenos Aires contiene 20 minutos más que la hasta ahora conocida e incorpora al conjunto escenas desconocidas que amplifican el papel de varios personajes -tres hombres- que tenían una intervención marginal.
Siguen faltando, apunta Wilkening, cinco minutos de cinta que pueden darse por perdidas, pero de cuya existencia dan constancia los bocetos y guiones conservados en la filmoteca alemana.
La "Metrópolis" que filmó Lang entre 1925 y 1926, estrenada un año después, tenía 153 minutos de duración y 4.189 metros, pero ya en su estreno berlinés se le recortó una cuarta parte, porque a los productores de la UFA les pareció excesivamente larga.
A ésta siguieron otras amputaciones, sea por razones comerciales, ideológicas o morales, al atribuirsele tendencias comunistas o excesiva carga erótica. Las consecuencias de tales amputaciones van más allá de lo coyuntural, ya que se perdió -"salvo sorpresas", insiste Winkeling-, el original.
El camino seguido por la cinta, de Alemania a Argentina, en 1927, y, tras el hallazgo en 2008, su retorno a Berlín tiene perfiles casi tan prodigiosos como la propia cinta.
Se trata de una copia del "Metrópolis" tal como Lang la presentó en 1927, la misma que se llevó a Buenos Aires Adolfo Z. Wilson, de la distribuidora Terra, para mostrarla en los cines argentinos.
De sus manos pasó a las de Manuel Peña Rodríguez, un coleccionista privado, que en los 60 la vendió al Fondo Artístico Nacional. En 1992 la copia fue a parar al museo de Félix-Didier y ésta se encargó de hacerla llegar de vuelta a Berlín. EFE
gc/ih/mlr
(foto) (vídeo)

domingo, 17 de enero de 2010

El tranquilo mar de la canciller

 

La bassa d'oli de Merkel s'agita


FRONTS · La cancellera alemanya referma el seu liderat davant dels 'barons' de la CDU i demana paciència als aliats liberals en la seva pressa per reduir impostos
CRÍTICS · Un 61% dels electors, insatisfets amb l'arrencada del nou govern de coalició

Gemma C. Serra


Merkel, després de reunir-se amb els 'barons' de la CDU, divendres
Apunt de complir els cent primers dies de govern en coalició amb els socis "desitjats", els liberals, a la cancellera Angela Merkel se li ha girat, de cop, un munt de feina. Divendres va haver de tranquil·litzar els barons del seu partit, que li reclamaven més perfil propi, assegurant-los que la Unió Cristianodemòcrata (CDU) és i serà conservadora, però oberta a electorats desencantats aliens. Avui es reuneix amb els liberals per demanar-los paciència fiscal, perquè els temps que corren no donen per a les rebaixes impositives arriscades promeses en campanya. I, entremig, en algun moment, ha buscat el seu exministre d'Exteriors, Frank-Walter Steinmeier, ara cap de l'oposició socialdemòcrata al Parlament, per consensuar un nou mandat a l'Afganistan, vist que s'acosta la conferència de Londres, de la qual els EUA esperen obtenir un reforçament del contingent: entre 1.000 i 1.500 soldats més, que cal afegir al màxim de 4.500 efectius aprovats pel Parlament alemany.
Tot un contrast amb la "invisibilitat" que se li retreu des de fa setmanes i que amenaça el seu lideratge en els rànquings de popularitat. L'últim Politbarometer de la televisió pública apuntava que un 61% dels electors titlla de poc satisfactòria l'arrencada de la coalició amb els liberals, marcada per la dissensió fiscal permanent i la sensació que no es fa res.
Fins ara es valorava com a positiva la sang freda de Merkel; ara s'hi comencen a veure paral·lelismes amb el llegendari Aussitzen de Helmut Kohl: si el problema és complicat, millor no fer res i segur que es resol sol. Per acabar-ho d'adobar, divendres va sortir de les borses asiàtiques el rumor que Merkel dimitia. Va ser un d'aquells globus sonda, diuen, destinat a remoure els mercats financers. "Espero que n'hagin sortit guanyant els qui s'ho mereixen, no els altres", va comentar Merkel, amb aquesta serenitat tan seva que, de cop, genera nerviosismes.

Notícia publicada al diari AVUI, pàgina 16. Diumenge, 17 de gener del 2010

miércoles, 13 de enero de 2010

La Grimaldi en Hildesheim

Carolina defendió, a solas y ante la justicia, el honor de su marido
 
Gemma Casadevall

Hildesheim (Alemania), 13 ene (EFE).- La princesa Carolina de Mónaco cumplió con su promesa y defendió, a solas y ante la justicia, la honorabilidad de su marido Ernesto Augusto de Hannover, frente a las acusaciones de que agredió brutalmente y borracho al propietario de una discoteca en Kenia, molesto por la música.
"Le dio dos bofetones, con la mano plana. Y le dijo: una por la música, la otra por las luces", declaró la princesa ante la Audiencia de Hildesheim (centro de Alemania), derrumbando de paso los rumores de que cancelaría su visita tras el revuelo por las fotos de su esposo besándose con su amante, en una playa tailandesa.
Con el rostro grave, pero serena, sin dejar que se le aproximaran los medios ni que se la fotografiara en la sala como testigo, la princesa relató, en inglés, tras alguna frase de saludo en alemán, lo ocurrido en lo que para ella y su esposo fue un incidente menor, aunque la presunta víctima lo relate como una paliza en toda regla.
Los hechos se remotan a diez años atrás, en enero de 2000, cuando la pareja llevaba un año de casada, en la idílica isla de Lamu. Por los hechos se condenó en 2004 al príncipe al pago de 445.000 euros, al declarársele culpable de lesiones físicas e insultos.
Las imágenes de su presunta víctima, Josef Brunlehner, ensangrentado en una clínica de Mombasa, dieron la vuelta al mundo, aunque la pareja afirme que se trató de una pura escenificación.
La comparecencia de la princesa en el juicio, abierto tras pedir el príncipe la revisión del caso, se perfilaba de por sí mediática. Los rumores de inminente divorcio de Carolina y su tercer marido desembocaron en un gran despliegue de cámaras.
La princesa había impuesto como condición un cordón de distancia con los medios de tres metros, en la Audiencia, y de veinte, en el exterior del recinto. Las decenas de fotógrafos y cámaras de televisión concentrados en la sala fueron desalojados minutos antes de que accediera a su interior la testigo.
Hildesheim, una ciudad de provincias a 30 kilómetros de Hannover -la capital de Baja Sajonia, cuna de la Casa de los Güelfos a la que Ernesto Augusto debe el título-, y de 103.000 habitantes había amanecido hoy a diez grados bajo cero, bajo una espesa capa de nieve, como el resto del país.
Ni la provincialidad de la cita ni el frío amedrentaron a la princesa, acostumbrada a las citas con tribunales -en general, para defender su esfera privada de los paparazzi- y también a capear situaciones familiares no siempre felices.
Se dice que su matrimonio con Ernesto Augusto está al borde del divorcio. Sería su tercer adiós a un esposo, después del final abrupto de su primera experiencia conyugal con el playboy Philippe Junot -dos años después de casarse-, y de la muerte de su segundo marido, Stéfano Casiraghi, en accidente motonáutico.

A Carolina, de 52 años, y Ernesto Augusto, de 55, no se les ve juntos desde junio, en que asistieron a un torneo de equitación en Mónaco. Hoy tampoco se dio la oportunidad, puesto que de acuerdo a lo previsto el príncipe no estuvo en la vista, a la que sólo acudió a su apertura, en junio de 2009.
Carolina respondió la citación como testigo "por voluntad propia", recalcó el abogado de Ernesto Augusto, Hans Wolfgang Euler, y con el aplomo de quien ha superado cosas peores que el escándalo por las fotos de los chapuzones de su marido con una desconocida, identificada hoy por el popular "Bild" como la marroquí Myriam I., una empresaria originaria de Marrakesh, que estudió en la Ecole de Commerce de París.
Relató el incidente de enero de 2000 como un "encuentro casual", a pie de playa. Su marido no capitaneó ningún comando justiciero de vecinos furiosos, como pretende el propietario de la discoteca.
No iba borracho, como ha sostenido Brunlehner -tampoco presente hoy- y le dio ese par de sopapos a un individuo que, según la princesa, no era popular en la isla, puesto que su discoteca molestaba tanto a residentes vacacionales como a la población local.
Tras declarar durante dos horas, Carolina abandonó la sala cubierta con el abrigo de color canela sobre su pantalón y jersey negros, con el rostro serio y sin mirar hacia el auditorio.
"No la merece, ella vale cien veces lo que él", sentenció Maria Wegner, jubilada de Hildesheim y presente entre la treintena de ciudadanos asistentes al juicio como "pueblo".
"Hombre... infieles y agresivos...", ironizaba Klaus Schoenekoes, vecino de Hannover y autoproclamado "doble" del príncipe, que repartía tarjetas de sus CD en que interpreta al aristócrata.
Schoenekoes se dejó fotografiar a placer, escenificando la agresión -en su caso, a puñetazos-, a modo de premio de consolación para los cámaras desalojados de la sala. EFE
gc/jcb
(foto) (audio)

martes, 12 de enero de 2010

De las vacaciones en Kenia a la Audiencia de Hildesheim

Expectación ante comparecencia de Carolina de Mónaco en defensa de su marido

Gemma Casadevall

Berlín, 12 ene (EFE).- La expectación envuelve la prevista comparecencia mañana de Carolina de Mónaco en defensa de su esposo, Ernesto Augusto de Hannover, en el juicio en Alemania por la paliza que le propinó el aristócrata al propietario de una ruidosa discoteca en Kenia, diez años atrás.
"¿Vendrá la princesa?", es la pregunta recurrente en los medios respecto a la declaración de Carolina, anunciada para mañana tras varios aplazamientos, ante la Audiencia de Hildesheim (centro de Alemania).
"Sí, vendrá. Está así acordado con el Principado de Mónaco", afirmó hoy a EFE el portavoz de la cámara, Bernd Pingel.
La princesa declarará como testigo de la defensa de Ernesto Augusto en el nuevo juicio por la agresión sufrida en 2000 por Josef Brunlehner, dueño de un local de Kenia cercano al lugar donde ellos pasaban sus vacaciones, en la idílica y elitista isla de Lamu.
La comparecencia se preveía de por sí mediática y lo será más aún, tras el revuelo por las fotografías del príncipe en una playa tailandesa, besándose y chapoteando con una desconocida en el balneario de Phuket.
Hasta ahora no ha habido reacción oficial alguna a esas imágenes, que han acentuado los rumores de ruptura del matrimonio monegasco y que fueron tomadas mientras Carolina se encontraba esquiando con sus cuatro hijos en la estación suiza de Crans Montana.
A Carolina, de 52 años, y Ernesto Augusto, de 55, no se les ve juntos desde el 27 de junio, en que asistieron a un torneo de equitación en Mónaco, recordaban estos días los medios.
Tampoco se espera verles a los dos juntos mañana, salvo sorpresas, explicó Pingel. El príncipe alemán declaró únicamente en la apertura del proceso, en junio de 2009, con el que pretende se revise la sentencia de 2004 en que se le condenó al pago de 440.000 euros.
El juicio ha discurrido hasta ahora entre alegatos de los abogados del aristócrata, que pretende desmontar la teoría de que Ernesto Augusto se presentó ante Brunlehner al frente de una especie de comando justiciero, armado con un puño de hierro y borracho, para dejarlo en que simplemente le dio un par de bofetadas.
Las imágenes de Brunlehner ensangrentado, en un hospital de Mombasa dieron la vuelta al mundo. El caso generó una retahíla de recursos judiciales, entre ellas una querella del príncipe contra su entonces defensor, al que despidió después de que el letrado usara como atenuante que el príncipe actuó bajo los efectos del alcohol.
La declaración de Carolina es fundamental para apuntalar la tesis de que Brunlehner exageró en su relato de lo ocurrido.
La princesa y el príncipe son habituales de la justicia, sea en pleitos contra la publicación de fotos que consideran atentan contra su vida privada o, en el caso de Ernesto Augusto, como acusado, por ataques a fotógrafos en algún arrebato de mal humor.
Las recientes imágenes en Tailandia del príncipe añaden sombras a su reputación, de por sí en entredicho por su reconocido mal genio y episodios alcohólicos, como cuando se le pilló orinando sobre el pabellón turco de la Expo 2000 de Hannover, la ciudad ligada a su título de príncipe de la Casa de los Güelfos.
La comparecencia de Carolina en Hildesheim -ciudad vecina a Hannover- se anunció para el pasado noviembre, pero finalmente se canceló por razones de agenda de la princesa.
La Audiencia se curó en salud para la preparación de esta nueva cita y, antes de fijar fecha, preguntó por escrito al Principado si estaba realmente dispuesta a declarar.
La respuesta fue afirmativa, aunque con varias condiciones: que se le garantice una "distancia de seguridad" con los medios. Dentro de la sala, nadie puede acercársele a menos de tres metros, fuera del edificio la distancia será de veinte.
Si no hay cancelaciones de última hora, Carolina aparecerá en la sala a las 10.30 locales (09.30 GMT). EFE
gc/jcb/ig

viernes, 1 de enero de 2010

Crónica 5. Enero/marzo 2010


Del ex-corazón rojo y minero al Guggenheim prusiano

Gemma Casadevall

La Cuenca del Ruhr, el ex corazón rojo alemán -ex, porque se desmanteló su minería y con ello cayó también el dominio socialdemócrata-, se presenta con la llegada del año como la capital cultural europea 2010. Una capitalidad anómala, puesto que no recae en una ciudad, sino que la comparten un nudo de 53 núcleos urbanos alrededor de Essen y Bochum, donde se concentran 5,3 millones de habitantes. Un conglomerado anómalo donde el viajero no sabe exactamente en qué término municipal se encuentra ni en que punto del laberinto de autopistas perdió el sentido de la orientación. Se reparten su espacio de protagonismo artístico veinte museos, incluidos el vanguardista Ruhr Museum y el rompedor Küppersmühle -obra de Herzog & de Meuron, los del estadio olímpico de Pekín donde Ai Weiwei plantó su “Nido de Pájaro”-. Como suele ocurrir en estos mega-eventos, el programa es un compendio enrevesado entre buenas exposiciones cuidadas, espectáculos progresistas y meros entretenimientos de masas, a repartir en los doce meses del año. Del enjambre inicial se desprende que lo más interesante surgirá entrada ya la primavera -con el re-estreno, por ejemplo, del Museum Folkwang, en Hagen, arrasado por los bombardeos aliados en 1944, ahora recuperado por David Chipperfield. Lo mismo ocurrirá con el Küppersmühle, en Duisburg, que ampliará los espacios donde ahora conviven como pueden Georg Baselitz, Jörg Immendorff, Joseph Beuys y Otto Piene con un fenomenal contenedor de 2.000 metros cuadrados, en forma de “T”, literalmente plantado sobre el ahora convencional edificio principal.
Quien sí tiene ya un lugar más que digno en la Cuenca del Ruhr es Emil Schumacher. El pasado agosto abrió, asimismo en Hagen, avanzándose al año cultural, el museo consagrado al culto a este pintor y que incluye un notable legado -88 óleos, 200 gouaches, gráficos, cerámicas y otras piezas-, donado por su hijo, Ulrich Schumacher. Al fondo del museo se suman exposiciones temporales, como la que abrirá en febrero, hasta mayo, bajo el título “Neue Freiheit. Abstraktion nach 1945” -”Nueva libertad. La abstracción después de 1945”- con obra de Gerhard Richter, Antonio Saura y Antoni Tàpies, acompañando al héroe local, Schumacher.
A quien la cuenca minera le resulte algo inhóspita, en pleno frío invernal, tiene siguiendo autopista abajo Colonia, mucho menos desangelada, no importa qué época del año y defensora de su poderío galerístico y museístico. En el Museum Ludwig coinciden estos meses dos experiencias artísticas: la exposición y ciclo de videoinstalaciones de Harun Farocki, por un lado, junto con una muestra de Leni Hoffmann, con su peculiar forma de entender el reparto de competencias entre los colores y el espacio. Farocki transforma en vídeo-instalaciones algunos de sus filmes que le valieron la calificación de cineasta “outsider”, mientras que Hoffmann se erige en monumental diseñadora del Museum. A la vuelta de la esquina, en Bonn, Franz Ackermann desarrolla uno de sus “Mental Maps”, los mapas mentales producto de sus viajes y meditaciones de un mundo en crisis, expresamente concebido para su estreno en el Kunstmuseum de la antigua capital federal alemana. El traslado de la aparato parlamentario y gubernamental de Bonn a Berlín, tras la caída del Muro, dejó a esa ciudad un doble regalo: la tranquilidad renana, más la denominada “Milla de los Museos”, concentrada en torno a la Kunst- und Ausstellungshalle de la RFA. Una evidencia más de que, si algo sigue funcionando bien en el sacrosanto federalismo alemán, es el reparto de protagonismo cultural y museístico entre el territorio de la República.
Más ejemplos, asimismo ampliando el rodeo por la autopista, un par de cientos de kilómetros al sur: Frankfurt. También con su “Milla museística”, cuyo corazón es el Städel. En este caso, prototipo del gran museo clásico, pero con su toque de renovación permanente obligada por la frase testamentaria de su fundador. Johan Friedrich Städel donó en 1815 sus fondos a la ciudad, bajo condición de que éstos se renovaran de acuerdo a los tiempos. Otra buena costumbre que se mantiene.
Para estos meses de invierno, el Städel repartió en sus espacios una gran exposición de Sandro Botticelli, la mayor ofrecida en el ámbito germano, al decir de los responsables del museo, a modo de antesala del 500 aniversario de la muerte del pintor (el 17 de mayo de 1510). Se trata de un total de 40 piezas del homenajeado, más otras tantas de coetáneos suyos. Y, de acuerdo a lo que dejó dicho Städel, el museo no se conforma con mostrar todo aquello que con anterioridad al 1815, sino que incorpora novedades. Botticelli sólo se quedará en Fránkfurt hasta principios de marzo -le seguirá una gran retrospectiva de Ernst Ludwig Kirchner-. Quien sí estará en el museo todo este primer trimestre del año es Peter Roehr, artista crecido y forjado en la ciudad, fallecido a los 23 años, en 1968, que hizo de la repetición serial un culto. En esta ocasión, el museo expone una serie formada por diez pizarras negras de reciente adquisición.
El recorrido invernal se cierra en un Guggenheim que no es un Guggenheim, el de Berlín. Es decir, un museo con apellido que remite a Nueva York y Bilbao, sólo que en formato más cercano a la galería -co-financiada por el poderoso Deustche Bank, eso sí- que a sus homólogos de otras partes del planeta. El Guggenheim berlinés se levanta en la avenida Unter den Linden, la que lleva de la Puerta de Brandeburgo a Alexanderplatz, pasando por la Isla de los Museos, la Staatsoper y la Universidad Humboldt, lo que independientemente de sus dimensiones implica ya un emplazamiento de lujo. El edificio de corte clásico del Deutsche Bank acogerá hasta abril la exposición “Utopia Matters”, un concepto amplio que va del 1.800 a la Bauhaus -de nuevo, el movimiento de referencia en Berlín-, de los pre-rafaelistas a Kandinsky y Moholy-Nagy.
Más cercano a los mortales, la Hamburger Bahnhof de la capital alemana convierte en instalación artística, por obra de Paul Pfeiffer, la final del Mundial de 1966, entre Alemania e Inglaterra en el estadio Wembley de Londres.

Un partido que acabó en victoria para el anfitrión, con uno de esos goles que pasan a la historia como legendarios y bajo el estigma del “fue o no fue”. Pfeiffer traslada esa final a un cine de Manila, donde 1.000 filipinos jalean, cantan y animan a los jugadores. Una recreación artística plasmada en doble proyección, desde la vieja estación de ferrocarril berlinesa, convertida hace unos años ya en centro artístico contemporáneo y lugar habitual de culto no al Dios fútbol, sino a Joseph Beuys, entre otros.