domingo, 14 de febrero de 2010

El grafitero volátil

Banksy, el héroe de la Berlinale que brilla en ausencia
 
Gemma Casadevall

Berlín, 14 feb (EFE).- El enigmático Banksy, quintaesencia del arte callejero y activista del grafiti, se convirtió hoy en héroe de la Berlinale a través de su primer filme, "Exit through the Gift Shop", y revalidó así su talento para brillar en ausencia.
La pregunta del día era "¿vendrá Banksy", ante la esperanza de que el genio entre los genios del grafiti, de rostro oculto, se posara en el último minuto sobre la alfombra roja, se desembarazara de su capucha negra y revelara su identidad.
Mientras se barajaban diversos escenarios -dejará su sello en el festival con uno de sus grafiti o espectaculares acciones, enviará un emisario o aparecerá sin anunciarse en un lugar conocido sólo por sus acólitos-, la dirección del Festival difundió un mensaje del genio, con orden de embargo total hasta la proyección del domingo.
En definitiva, el mensaje a la Berlinale era el saludo incluido a modo de preámbulo en su filme, donde Banksy aparece por supuesto encapuchado y con la voz distorsionada, teóricamente enviado vía satélite desde su incógnita casa en algún lugar del Reino Unido.
Defendía su película como un producto destinado a hacer del arte del grafiti lo mismo que "Karate Kid" representó para las artes marciales o que "Tiburón" respecto al esquí acuático, y se despedía con un "Auf Wiedersehen" en alemán.
Con o sin gran sorpresa de última hora, Banksy dio brío a la Berlinale dominguera con una película que el director del Festival, Dieter Kosslick, hubiera querido incluir en competición, pero no pudo hacerlo porque se había presentado ya en Sundance.
"Exit throught the Gift Shop" va mucho más allá que la obra de un primerizo o del arte espontáneo: es un filme que se gana al espectador del primer plano al último, fundamentado no en el Banksy al que no vemos, sino en un inenarrable "auténtico" artista, con nombres y apellidos: Thierrey Guetta, un obseso del vídeo.
Guetta, un francés afincado en Estados Unidos, es el elegido por Banksy para hacer lo que nadie estuvo hasta ahora autorizado a llevar a cabo: seguirle en sus acciones, cámara de vídeo en ristre, y grabarle manos a la obra, por supuesto sin revelar su identidad.
No fue él quien llegó al personaje, sino viceversa: Guetta llegó a él. De su obsesión inicial por grabar en vídeo a su familia, sus clientes de un rancio comercio en EEUU, sus amigos o los transeúntes, no siempre con beneplácito del observado, Guetta pasó a hacerlo con los artistas callejeros.
Del pariente grafitero pasó al conocido de aquél, de éste a otros correligionarios, luego se internacionalizó -para desesperación familiar- en busca de nuevas fuentes de inspiración y finalmente alguien le colocó junto a Banksy.
Empieza así el trepidante recorrido por algunas de sus genialidades: del mero grafiti ocurrente y provocador a las altamente politizadas pintadas estampadas en el muro de Cisjordania o el alegato en Disneylandia sobre la situación de los presos de Guantánamo.
Trepidante y ágil como el grafitero que burla el acoso policial, de trazo rápido como las pintadas e instalaciones de Banksy, si algo crea el filme es el impulso de tomar una brocha o spray y lanzarse a por una pared blanca.
Uno puede tomarse al pie de la letra o no la veracidad al cien por cien del personaje Guetta. Al fin y al cabo, tal vez preventivamente, el filme no acude como documental, sino como película de ficción.
Tan imparable en su verborrea en inglés afrancesado como en su afán por grabarlo todo, Guetta acabará confundiendo arte espontáneo con repetición industrial zafia, disfrute con negocio. Banksy sigue encapuchado y sin mostrar el rostro. EFE
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