martes, 16 de febrero de 2010

Ostalgie


La RDA, cómo fue y cómo se ve ahora en la Berlinale
 
Gemma Casadevall

Berlín, 16 feb (EFE).- La 60 Berlinale rinde homenaje a Wolfgang Kohlhaase, guionista mítico de filmes producidos en la Alemania comunista y, tras la reunificación, de títulos identificados con la "Ostalgie", surgida tras la caída del Muro, que busca liberarse ahora de la mera reproducción de una estética extinguida.
La Berlinale nació en 1951 como escaparate del Berlín dicho "libre" y pantalla cinematográfica del anticomunismo, recordó estos días el director del festival, Dieter Kosslick, quien se dice de los pocos alemanes nacidos en el lado occidental que osa definirse en público como "un poco comunista".
En sus primeros años, antes de la construcción del Muro (agosto de 1961) se ofrecían entradas a bajo precio para los berlineses del sector oriental; luego, ya no fueron posibles las visitas; con el paso del tiempo, la Berlinale empezó a incluir en su competición, aún con cuentagotas, algunas producciones de la RDA (República Democrática Alemana).
La más famosa de estas aportaciones del cine salido de la productora estatal de la RDA, la DEFA, presente en una Berlinale fue "Solo Sunny", cuya actriz, Renate Krosner, ganó el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina en 1980.
Kohlhaase, homenajeado en esta Berlinale con un Oso de Oro de honor a toda su carrera, fue el guionista de esa película, como de muchas otras de la factoría DEFA, instalada en los míticos estudios Babelsberg, que hasta 1945 había utilizado el régimen nazi.
"Es el patriarca, sin duda. De él aprendimos todos", comentó a Efe Matti Geschonneck, director de "Boxhagener Platz", un filme en la línea "Ostálgica" -juego de palabras para nostalgia del Este-, presentado hoy en la sección Berlinale Special.
Kohlhaase, de 78 años, fue tras la caída del Muro el guionista de comedias como "Sommer vorm Balkon" (2005), dirigida por Andreas Dresen, cineasta nacido como Geschonneck en territorio de la RDA.
"Su visión va más allá de la mera nostalgia construida, como los cientos de bares de moda de estética de la RDA que aparecen por todos lados. Es la que necesitamos para no caer en el kitsch reproductivo de unos colores o mobiliario, sin más", apunta Dresen.
"Boxhagener Platz", de Geschonneck, toma precisamente como escenario una plaza del barrio de Friedrichshain, hoy feudo de la modernidad más noctámbula, al igual que otros distritos del antiguo sector oriental, como Prenzlauerberg.
Para los berlineses de hoy, la Boxhagener Platz es zona de copas; en el filme de Geschonneck es donde vive Otti, una genial abuela que ha enterrado ya cinco esposos -cuyas tumbas cuida con amor, en el cementerio del barrio-.
El papel de Otti corre a cargo de Gudrun Ritter, una gran dama de la escena alemana con perfiles que recuerdan a Jeanne Moreau, mientras que su último pretendiente está interpretado por Michael Gwisdeck, otro rostro imprescindible en filmes de la RDA y habitual ahora en los de la nueva generación de cineastas alemanes.
La película está basada en una exitosa novela del mismo título de Torsten Schulz -asimismo colaborador en el film- y se enmarca en el turbulento mayo del 68 y las revueltas estudiantiles que sacudieron las calles del Berlín occidental.
El personaje de Gwisdeck es un ex-militante de la fracción auténtica comunista, la Spartakusbund, al que sacan de sus casillas tanto la malversación de sus ideales por parte de la RDA como la existencia de viejos nazis, como el pescadero -y asimismo pretendiente de Otti-, que un día aparece asesinado entre arenques.
El filme ha sido acogido en la Berlinale como un digno sucesor del estilo DEFA, no un mero reproductor de la estética "ostálgica".
Geschonneck, nacido en Babelsberg e hijo de un matrimonio de actores de la RDA, no sólo no rehuye esta apreciación, sino que se siente orgulloso de la etiqueta.
"Tras la muerte de mi padre (Erwin Geschonneck, fallecido en 2008 a los 101 años) me enfrasqué en revisar tantos filmes como pude de la DEFA", explicó el director, tras la presentación de su filme.
"He tratado de ir más allá de la reproducción estética, al fin y al cabo lo que ahora percibimos como el pasado fue en algún momento el presente. Sólo así se puede tocar la fibra, la "Ostalgie" estará bien para las guías turísticas o para llenar bares, pero a la larga no tiene carga cinematográfica, es fachada", sostiene. EFE
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