lunes, 13 de diciembre de 2010
El subconsciente nos traiciona
La intachable Angela Merkel descubre la impopularidad
Gemma Casadevall
Berlín, 13 dic (EFE).- La buena evolución económica de Alemania en medio de la crisis no ha producido un efecto contagio en la popularidad de la canciller federal, Angela Merkel, lastrada por el mal arranque de su coalición de centro-derecha y a las puertas de un año electoral 2011 que se le perfila cuesta arriba.
Las cifras económicas de la primera potencia europea son la envidia de muchos de sus socios, como lo es el descenso continuado del desempleo, pero ello no ha ayudado a la "conductora" de la locomotora a ganarse amigos.
A escala doméstica, los sondeos dan desde hace meses por finiquitada una reedición de su coalición -integrada por la Unión Cristianodemócrata (CDU), su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) y el Partido Liberal (FDP)-.
En el ámbito internacional, Merkel se ha visto confrontada con los recelos de parte de sus socios de la UE, que primero la tacharon de haber frenado el rescate de Grecia y luego de haber abandonado el europeísmo de Helmut Kohl para pasarse al euroegoísmo.
Merkel no disfruta ya de la popularidad que tuvo en su armoniosa primera legislatura en gran coalición con los socialdemócratas.
Su alianza con los teóricos socios naturales, los liberales, nació bajo el signo del disenso, en 2009, y un año después, pese a los reiterados propósitos de enmienda de los aliados, la situación sigue siendo de disenso persistente.
Los sondeos son inclementes con el FDP -al que se sitúan en el 5 por ciento, mínimo para obtener escaños, lo que automáticamente salpica al socio mayor, la CDU.
Merkel ha reaccionado con sangre fría a la impopularidad interna y los recelos recíprocos. Se ha ceñido a su consigna de no dejarse llevar por el nerviosismo, puesto que si algo ha demostrado es su capacidad para deshacerse de sus rivales sin estridencias.
Con ese talante afronta asimismo el calendario electoral alemán de 2011, con comicios regionales en siete estados federados.
La canciller aparenta frialdad, pero la procesión va por dentro. En las filas de la CDU -y especialmente de la CSU- se ha atribuido a la pérdida de un perfil conservador la caída de electorado.
La líder del partido respondió en el último y reciente congreso de la CDU reconduciendo su discurso hacia el conservadurismo y la defensa de los valores cristianos como referente de la sociedad alemana.
Los comicios de 2011 mostrarán si con ello recupera o no electorado. La ronda se extenderá desde principios de año a septiembre, con la celebración de regionales en Hamburgo, Sajonia Anhalt, Renania Palatinado, Baden-Württemberg, Bremen, Mecklemburgo-Antepomerania y Berlín.
Cada una de ellas será una prueba para la CDU, pero el mayor mazazo para Merkel podría producirse ya en la primera ronda de citas, en las elecciones del estado de Baden-Württemberg (suroeste), feudo de su formación desde hace 60 años, previstas para marzo.
Al descubrimiento de la impopularidad, por parte de Merkel, siguió el de los Verdes como enemigo real a batir.
Mientras el Partido Socialdemócrata (SPD) -su rival clásico, en términos de las reglas de la alternancia de poder entre las fuerzas mayoritarias tradicionales- ha seguido sin levantar cabeza, los Verdes emergieron con una fuerza desconocida hasta ahora en el movimiento ecopacifista.
Los sondeos colocan a los Verdes casi equiparados al SPD, tanto en Baden-Württemberg como en Berlín, con tendencia a la progresión ascendente, lo contrario que les ocurre a los socialdemócratas.
Prueba de que Merkel descubrió a los Verdes como amenaza fue que a ellos orientó sus ataques frontales, tanto en el congreso de la CDU como en el último debate presupuestario del Parlamento.
La emergencia de los Verdes preocupa a la canciller, no sólo ante esas regionales, sino también por su posible impacto en el reparto tradicional entre grandes y pequeños partidos del espectro alemán.
Lo que nació como movimiento de protesta en los 80 se ha convertido en gran captador de nuevo electorado, también en sectores que hasta ahora se daban por quintaesencia del conservadurismo.
La canciller dejó en ridículo en 2005 los vaticinios del entonces ministro de Exteriores y líder Verde, Joschka Fischer, quien se permitió afirmar en un debate parlamentario que Merkel era un suflé, hinchado en campaña electoral, que pincharía en las urnas.
Merkel no pinchó entonces y su propósito es ahora dejar en nada los pronósticos barajados por medios alemanes, según los cuales una hipotética derrota en Baden-Württemberg pondrá fin a la "era Merkel". EFE
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