sábado, 25 de julio de 2009

Isolda, al amor de un fluorescente

Bayreuth abre con grandes voces y el "Tristan e Isolda" de Marthaler
  
Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El "Tristán e Isolda" deliberadamente desabrido del director Christoph Marthaler abrió hoy el Festival Richard Wagner de Bayreuth, más rendido a las voces de Robert Dean Smith e Iréne Theorin que al propósito de su director de despojar de todo sentimiento la tragedia de los dos amantes.
Con Peter Schneider a la batuta y sobre la escenografía de Anna Viebrock, el dúo protagonista superó con creces el reto de entusiasmar en el templo wagneriano y pese a la impavidez gestual a que les somete Marthaler.
Entre paredes desconchadas de papeles pintados y butacas que uno imagina impregnadas en naftalina o embutidos en trajes-chaqueta de los 60, el director condena a sus personajes a enamorarse sin rozarse más allá de los dedos y al juego de miradas extraviadas.
La Isolda de Iréne Theorin es una heroína de fogosa cabellera pelirroja, pero brazos y manos inermes, que observa con desmayo el tintineo de aros fluorescentes que iluminan la sala.
El Tristán de Robert Dean Smith es un personaje opaco, como lo que le envuelve, encorsetado en la incapacidad de movimientos y que sólo recupera la expresividad desde la cama de moribundo de un hospital que podría ser germano-oriental.
A la versión desangelada del universo de Wagner producto de Marthaler le ganan la batalla lo único que no puede coartar en sus protagonistas, las voces, que suplen con maestría la falta de arrebato gestual impuesto por el director.
Bayreuth premió a los protagonistas y resto del elenco con ovaciones que derivaron en lo atronador para Isolda. Recompensó así la talla de unos solistas capaces de extraer lo máximo a sus voces, desde la parsimonia minimalista de una producción que, en cine, podrían haber firmado los hermanos finlandeses Kaurismaki.
Abrir Bayreuth con la reposición de una escenografía estrenada cuatro años atrás, y que desde entonces fue de abucheo en abucheo para Marthaler, era un riesgo.
Ello no impidió que Bayreuth se poblara, como todos los años, de una peregrinación de devotos, encabezados por la canciller alemana, Angela Merkel, y varios de sus ministros, entre la plana mayor de la política bávara.
A Merkel no se la vio aplaudir con entusiasmo, en su palco, lo contrario que a su marido, Joachim Sauer, tan incondicional de Bayreuth como su esposa, al parecer más dispuesto a dejarse llevar por el ejercicio de Marthaler, consagrado a la falta de emotividad.
A falta de estrenos en el programa de esta temporada, Bayreuth tenía en esta edición el debut como co-directoras del certamen de Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier, biznietas del compositor.
Katharina, de 31 años, y Eva, de 64, fueron designadas co-directoras el año pasado y ello puso fin a la larga guerra de sucesión por el puesto que durante más de medio siglo llevó en solitario su padre, Wolfgang.
Al "Tristán" de Marthaler le seguirá el domingo "Los Maestros Cantores de Nuremberg" con que Katharina se estrenó en 2007 como directora escénica en Bayreuth.
Completará el ciclo en los días siguientes el "Anillo del Nibelungo" de Tankred Dorst, con Christian Thielemann al frente de la orquesta, en Bayreuth desde 2006, y finalmente "Parsifal", otra reposición.
Bayreuth es, junto a Salzburgo, uno los más prestigiosos festivales operísticos del mundo, con la diferencia de que el de la ciudad bávara está consagrado en exclusiva a Wagner.
Esto, y el hecho de que limite su programación a cuatro semanas, entre julio y agosto, convierte cada una de sus entradas en piezas codiciadas, por las que los devotos wagnerianos de todo el mundo están dispuestos a esperar (y pagar) lo que haga falta.
En Bayreuth conviven el elitismo operístico absoluto y el ambiente relajado de una ciudad de provincias bávara. Los jardines que envuelven el teatro se convierten con festival en grandes pícnics, en que ciudadanos de a pie se acercan a ver a los famosos de la farándula y los políticos de primer rango, hermanados por la pasión wagneriana. EFE
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