Los hijos de Helmut Kohl convierten en culebrón el ocaso del patriarca
Gemma Casadevall
Berlín, 1 mar (EFE).- Los dos hijos del excanciller Helmut Kohl,
Peter y Walter, de 47 y 49 años, parecen decididos a convertir en un culebrón la
última etapa de la vida del patriarca alemán, al que describen como "sometido" a
su actual esposa, Maike, 34 años más joven que él.
La reedición de un libro escrito en 2002 por Peter Kohl sobre su
madre, un año después del suicidio de Hannelore Kohl, devolvió a la palestra la
imagen de la descomposición de ese clan familiar, ahora acentuada por la
presencia de la nueva esposa.
El menor de los hijos del político y su hermano han salpicado el
lanzamiento con apariciones en tertulias de televisión, en que recuerdan el
triste destino de su madre y retratan el ocaso existencial del llamado
"canciller de la reunificación".
Llevaban más de 40 años casados y Helmut Kohl estaba entonces
concentrado en la defensa de su integridad, en medio del escándalo de
financiación irregular que estalló justo después de perder el poder, tras 16
años al frente de la Cancillería, de 1982 a 1998.
A la conmoción por el suicidio siguieron los reproches de los hijos
contra el político que, según Peter, supo conducir la reunificación de la
Alemania, dividida desde la II Guerra Mundial, pero no estar donde debía cuando
su mujer enfermó.
En la segunda edición los reproches se desplazaron a la mujer con
quien Helmut Kohl se casó en 2008, con 78 años él y 44 ella.
Maike Richter y Kohl llevaban varios años como pareja de hecho y
como tales habían sido recibidos en viajes privados por antiguos aliados
políticos del excanciller, como los expresidentes Mijaíl Gorbachov, George Bush
y Bill Clinton.
Su relación era conocida desde 2004, siendo ella funcionaria del
Ministerio de Economía, puesto del que pidió una excedencia para atender
"personalmente" al político, por entonces ya muy debilitado físicamente y
parcialmente en silla de ruedas.
De esa situación, y tras nuevas dolencias, Kohl ha pasado a estar
"sometido", según Peter y Walter, a la voluntad de Maike, a la que retratan como
una mujer dominante que controla al político.
De ella han partido, según los hijos del patriarca, las iniciativas
"espontáneas" de vecinos que, año a año, acuden a la casa de Oggersheim a
agasajarle, en ocasión de su cumpleaños.
También ella ha convertido ese hogar en un devocionario plagado de
recuerdos de sus logros políticos, así como sus sucesivos actos de
reconciliación con la Unión Cristianodemócrata, CDU, el partido que presidió
durante 25 años y del que se apartó cuando Angela Merkel tomó las riendas, en
pleno escándalo financiero.
Maike controla la agenda de encuentros de Helmut Kohl, públicos o
privados, de la que los hijos dicen sentirse arrinconados y hasta afirman que el
patriarca apenas tiene contacto con sus nietos.
El rifirrafe familiar, del que hasta ahora el político se ha
mantenido al margen, se enmarca en un contexto de teorías y libros recientes
sobre la figura de Hannelore, entre ellos el escrito en 2011 por el periodista
Heribert Schwan.
Walter y Peter Kohl se querellaron contra el autor, que sostenía
que fueron los hijos quienes dejaron a su madre sola y que no hicieron nada para
acompañarla en su enfermedad, pese a que en los años 90 ya intentó
suicidarse.
Hannelore estaba sola la noche en que se suicidó y también meses
antes, el día en que se casó su hijo Peter, a cuya boda en Turquía no pudo
asistir por su alergia, de manera que la acompañante de Kohl fue su secretaria
personal desde hacía décadas, Julianne Weber.
Los hijos no aceptan reproches a sus posibles desplantes y afirman
que el único fin del libro ahora reeditado es recuperar la dimensión humana de
su madre y su papel como compañera fiel del gran político.
Se trata de un culebrón no desconocido entre otras muchas familias,
donde los hijos de la primera esposa viven en conflicto con la segunda o
situaciones parecidas.
Puestos a recriminar, Peter Kohl afirma que se enteraron de la
relación de Maike y su padre por terceros y que ésta no arranca de 2004, sino de
los 90. Es decir, en vida de Hannelore. EFE
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