lunes, 10 de marzo de 2014

El Salvador (continuará)

El Salvador] Final venezolano para el exguerrillero del FMLN


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Parece que Nicolás Maduro quería ser el primero en felicitar al líder histórico del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). “Acabo de hablar con el presidente electo de El Salvador, compañero Salvador Sánchez Cerén”, dijo el venezolano, desde una Caracas convertida en un infierno desde hace semanas, para añadir que le felicitaba “en nombre del pueblo de Bolívar y Chávez”.
El mensaje de Maduro metió dinamita en una noche electoral de infarto, que se saldó con un resultado bastante simétrico al de la flaca victoria del sucesor de Hugo Chávez sobre Henrique Capriles, el 14 de abril de 2013. Con el 99,44 % escrutado, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) salvadoreño dió al FMLN del exguerrillero y vicepresidente Sánchez Cerén un 50,10 %, frente al 49,90 % obtenido por el derechista Norman Quijano, de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).
Pobre Sánchez Cerén, nos dijimos compasivamente los que seguimos desde su municipio natal, Quezaltepeque -departamento de La Libertad- la primera vuelta de las presidenciales, el 2 de febrero. Ahí el líder del FMLN quedó a las puertas de la mayoría absoluta, con un 48,93 %. Su colorida ciudadanía estalló en euforia por lo que durante horas parecía iba a ser una victoria histórica que colocaba al exguerrillero directamente en la presidencia. Otros lo vimos como un resultado amargo, para el oficialismo, por el riesgo a verse desbancado el 9 de marzo por el bloque derechista.
La implacable chavista Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano, no dudó en abril de 2013 en proclamar a Maduro vencedor de la elección, mientras Capriles denunciaba fraude. El menos personalizado Tribunal Supremo Electoral (TSE) salvadoreño optó en cambio por retirarse a practicar la noble acción del recuento de votos. “La diferencia es muy estrecha y por eso iremos al escrutinio definitivo”, sentenció el comedido Eugenio Chicas, presidente del TSE.
Pobre Sánchez Cerén, nos repetimos. El líder del FMLN nacido en Quezaltepeque aspira a engrosar la lista de los exguerrilleros convertidos en presidentes latinoamericanos, más al estilo de un José Mujica en Uruguay que de otros comandantes. Es un combatiente que colgó su fusil y entró en política, desde el oficialismo y después de prepararse durante toda una legislatura como vicepresidente de Mauricio Funes.
Ya en la campaña electoral de la primera vuelta salió al paso a quienes presumían que una victoria suya agrandaría el eje bolivariano latinoamericano. A Sánchez Cerén no le interesa abundar en la hostilidad frente a Estados Unidos, país receptor del grueso de la inmigración salvadoreña y con el que quiere estrechar los lazos económicos. Parece que el estallido del conflicto entre Maduro y la oposición venezolana no ha ayudado precisamente al oficialismo salvadoreño a apuntalar esa “casi” mayoría absoluta de su primera vuelta.
En Sánchez Cerén convive la imagen del abuelo que de comandante de la guerrilla en la guerra civil pasó a coordinador del FMLN, en tiempos de paz. Un perfil similar al de otros gobernantes latinoamericanos -sean de los que se aprestan a dejar el poder, como Mujica, o los empeñados en perpetuarse en él, como el nicaragüense Daniel Ortega-.
La victoria por la minimísima ventaja le coloca ahora ante un opositor aparentemente vencido, pero determinado a marcar la agenda postelectoral con denuncias de fraude. Una tendencia creciente en América Latina, desde Venezuela a Honduras -en ese caso, personificado en el expresidente Manuel Zelaya, como líder para nada encubierto del partido LIBRE que teóricamente encabezaba su esposa, Xiomara Castro-.
Final venezolano -malgré lui- para Sánchez Cerén, en una elección donde el FMLN buscaba una victoria histórica en un país cuyo principal desafío no debería ser la contienda postelectoral entre los eternizados rivales de siempre -el Frente contra la derecha-, sino pacificar uno de los países más devastados por la violencia calificada de no política de Centroamérica.
A la espera de lo que ocurra con las reclamaciones de fraude del derechismo, la elección salvadoreña brindó al menos una buena noticia: la participación se situó en el 65 %. Algo se recuperó respecto al misérrimo 57 % de la primera vuelta.
La toma de posesión del nuevo presidente está prevista para el 1 de junio.
info2casadevall
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