sábado, 7 de febrero de 2015

Jayro y Victoria


Guatemala y la mirada española en la noche alemana refrescan la Berlinale

Gemma Casadevall


Bildergebnis für berlinale bustamante

Berlín, 7 feb (EFE).- El debut de Guatemala en la Berlinale, con un drama indígena sobre infancias robadas, así como la mirada de la española Laia Costa sobre la noche alemana, aportaron hoy aire fresco a la Berlinale, en una jornada donde el teórico plato fuerte era Léa Seydoux, como camarera francesa asediada por el patrono. 
"Ixcanul", un filme rodado entre cafetales volcánicos por Jayro Bustamante, conmovió al festival europeo, cuyo eje temático este año es el cine de corte indígena no colonizable, con una historia que arranca de un matrimonio concertado e incide en el aislamiento recíproco entre las sociedades maya e hispana. 
"Victoria", dirigida por el alemán Sebastian Schipper, es una incursión en un nuevo lenguaje cinematográfico, con una película montada que adopta el formato de secuencia única y sigue los pasos de una madrileña, desde la salida de la discoteca berlinesa y hasta la mañana del día siguiente. 
Para los menos amantes de la innovación, la jornada a competición contaba con "Journal d'une femme de chambre", con la deliciosa y maligna camarera Seydoux dirigida por Benoit Jacquot y con Vincent Lindon ejerciendo de jardinero parco en palabras, pero cómplice. 
El equilibrio entre nuevos talentos y la solidez de los maestros estaba garantizado y, de paso, se compensó la decepción del día anterior por "Queen of the Desert", el filme de Werner Herzog que sorprendió, por flojo, a quienes esperaban con ansia el regreso del veterano director alemán a la Berlinale. 
A "Victoria" le falta guión y sobran minutos -140 en total-, pero lo compensa la vitalidad de la muchacha que interpreta Costa y el buen ritmo de un filme rodado casi sin aliento, en unas pocas manzanas entre el multiétnico barrio de Kreuzberg y el turístico Mitte berlinés. 
Todo gira alrededor de Victoria, la inmigrante con ganas de no volverse sola a casa que se deja arrastrar a planes turbulentos de un grupo de muchachos sin grandes dotes para el delito, pero con cuentas pendientes de resolver. 
No hay más historia que el discurrir de los acontecimientos, casi en tiempo real, con una Laia Costa que, de recién incorporada, pasa a asumir liderazgos por alguna especie de talento natural y a lo largo de sus horas tras las cuales nada seguirá igual. 
"Ixcanul" es otro tipo de exploración en talentos naturales, los de María Mercedes Coroy y María Telón, hija y madre en el filme, dando fuerza a unos personajes desde el silencio y tristeza de sus miradas de mujeres kaqchiquel, que no hablan otra lengua que la indígena. 
El mundo indígena de Bustamante es, a la vez, tierno y rudo, donde se emborracha a los cerdos con aguardiente para que copulen más y mejor y donde se "vende" a la hija para poder seguir labrando la tierra que no es suya, pero a la que también se mima y arropa, llegado el peor momento. 
Es un entorno de prácticas ancestrales, donde finalmente la salvajada no procede del entorno casi primitivo del indígena, sino del llamado mundo civilizado, sea por parte de quienes proceden de este o de quienes se incorporaron a él. 
La inclusión de "Ixanul" a competición tenía rango de doble debut -el de Guatemala a competición y el de Bustamente, con su primer largometraje- y, en ambos casos, fue un estreno más que exitoso, en una Berlinale que dedica una especie de minifestival paralelo, el ciclo Native, al cine indígena procedente de América Latina. 
"Es un honor para mí estar aquí. Pero lo sería también si Guatemala estuviera todos los años en competición", bromeaba el joven realizador, acompañado de sus dos intérpretes femeninas, ambas por primera vez fuera de su país y algo azoradas ante el estreno, en la gala nocturna, de su película. 
"Victoria" dejó, por su parte, a la Berlinale bajo el impacto y la vitalidad impregnados en los ojos de Laia Costa, mientras que a su director se le agradeció el coraje innovador, como contrapunto a las fórmulas desgastadas que el día anterior representó Herzog. 
Habría sido una jornada redonda para una Berlinale que trata de satisfacer todos los componentes que se consideran inherentes a un festival -búsqueda de nuevos lenguajes y cinematografías, combinado con maestría, más espectáculo- si no hubiera faltado la que se anunciaba como presencia estelar del día, Seydoux. 
La actriz que da cuerpo a la seductora camarera del XIX francés, acosada por sus patronos masculinos -sean viejos verdes o adolescentes enfermizos- y tiranizada por despóticas señoras, canceló su presencia por estar inmersa en otro rodaje de "Spectre", donde pone su sexy al servicio de James Bond. EFE 
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Bustamante y el honor de colocar a Guatemala en el "mapa de la Berlinale"

Gemma Casadevall



Berlín, 7 feb (EFE).- El director guatemalteco Jayro Bustamante presentó hoy ante la Berlinale "Ixcanul. Volcán", el primer filme de su país a competición en los 65 años de historia del festival, algo que el cineasta asume como un honor y como un compromiso hacia el cine indígena, uno de los ejes temáticos de la presente edición. 

"No sé qué querrá decir exactamente cine de corte indígena, como lo llaman aquí. Pero si la denominación ayuda a mi película y al cine guatemalteco, bienvenida sea", apunta Bustamante, en entrevista a Efe, tras el estreno de "Ixcanul", centrado en una muchacha kaqchiquel a quienes sus padres abocan a un matrimonio concertado. 
La inclusión de la película -el primer largometraje de este director, nacido en 1977- entre los diecinueve filmes a concurso se produce en un año en que la Berlinale apuesta claramente por su ciclo "Native", dedicado íntegramente a América Latina. 
"Coincidencia o no, con ello ponemos Guatemala en el mapa de la Berlinale. Claro que me alegraría igual estar aquí si cada año hubiera una película de mi país a competición. Pero ser el primero da una doble alegría", afirma el cineasta, cuyo filme se llevó una fuerte ovación en el pase ante los medios. 
Rodada entre los cafetales de las laderas del volcán, Bustamante centra su historia en una muchacha - María Mercedes Coroy - y su madre - María Telón -, en una película que va de lo tierno a lo duro, puesto que se trata de reflejar "la poética y las asperezas de los núcleos indígenas". 
Del matrimonio concertado se pasará a un embarazo que echa al traste los planes de los progenitores, mientras que, como trasfondo a la situación de las muchachas obligadas a casarse con hombres a quienes no quieren, aflorará otra tragedia: la de los bebés robados. 
"Quería hacer una historia de seres humanos, que ocurre en una cultura determinada y para lo que tenían que mostrar cómo es el mundo en que se mueven esos núcleos", explica el director. 
Madre e hija emborrachan a los cerdos con aguardiente para que copulen más y mejor, del mismo modo que los acuerdos de boda se cierran entre abundante alcohol "para facilitar unas risas que no se sienten". 
Esos padres que entregan a sus hijas "a cambio de que el futuro marido les asegure que podrán seguir trabajando la tierra que no les pertenece", no son desalmados, sino que se mueven entre unos códigos de conducta determinados. 
Verdaderamente trágica es, para Bustamente, la práctica de los bebés robados, "una auténtica lacra en Centroamérica", fruto de la corrupción y una falta de escrúpulos. 
Al desamparo en que se mueven estos núcleos se suma la absoluta indefensión del indígena ante los estamentos públicos del país, puesto que ni ellos hablan español ni, a la inversa, ahí va a atenderles nadie "que entienda su lengua". 
"Hay una incomunicación recíproca, más allá del idioma. Incluso los que llegan a hablar español no saben manejarse ante esos estamentos, porque sus códigos son distintos", añadió. 
Bustamante, cuya película es una coproducción guatemalteco-francesa, buscó a sus actrices por procedimientos algo atípicos: "un día puse el cartel de casting ahí donde queríamos rodar, pero no vino nadie. Al día siguiente puse otro con la frase 'se ofrece trabajo' y en horas tenía una fila de gente dispuesta". 
A María Telón, la madre, la encontró "actuando en una obra de teatro de su pueblo" y la siguió, cuenta el director, a lo largo de la gira que hacía su compañía hasta convencerse de que encarnaba "la fuerza abrasadora" que precisaba para su filme. 
A María Mercedes, la hija, la eligió por el procedimiento del casting más convencional "porque todo su cuerpo respiraba pudor, como yo quería, pero nunca bajaba los ojos, tenía una mirada genial". 
El director acudió a la Berlinale junto a estas dos actrices que, a diferencia de él -formado entre Guatemala, Francia e Italia- nunca habían salido de su país. 
Azoradas, ante los medios y también ante el estreno en el Berlinale Palast, ambas recordaban a más de uno otro filme que indagaba en lo indígena y que en 2009 se llevo el Oso de Oro: "La Teta asustada", de la peruana Claudia Llosa, en esta edición miembro del jurado que entregará sus premios el próximo día 14. EFE 
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