domingo, 8 de febrero de 2015

Llegó San Patricio


Guzmán plasmó en la Berlinale los genocidios, colonial o pinochista

Gemma Casadevall

Berlín, 8 feb (EFE).- El director chileno Patricio Guzmán impactó hoy en la Berlinale con su cine denuncia, del genocidio colonial al pinochetista, compartiendo jornada con un Terrence Malick que decepcionó con "Knight of Cups", un filme que en ausencia del cineasta defendieron sus actores, Christian Bale y Natalie Portman.
Guzmán, fiel a su estilo, presentó en el festival "El botón de nácar", un documental que sigue los pasos de "Nostalgia de la luz" y que arranca del desierto de Atacama, para desembocar en el inmenso archipiélago chileno que es el sur del país y la historia de masacres continuadas de la isla de Dawson.
"El hilo conductor es el agua, elemento fundamental tanto en el cosmos con la vida diaria humana, independientemente de que no todo lo que se hace con ella sea inmenso o hermoso y de las grandes tragedias que puede esconder", explicó el director, tras la proyección de su filme.
La mirada cósmica de Guzmán adopta un formato que recuerda a cualquier buen reportaje de "National Geographic", para transformarse en un relato sin concesiones de la historia de dos matanzas: la primera, el práctico exterminio de la población autóctona; y, después, los desaparecidos de la dictadura.
"Lamentablemente, 40 años después de la dictadura, el gobierno de mi país sigue sin haber abordado seriamente lo ocurrido", afirmó el director, quien recordó que uno solo de sus 14 filmes, "Nostalgia de la luz", ha sido proyectado en la televisión chilena. "Y de madrugada", añadió.
La voz de Guzmán es el hilo conductor de un viaje de gran belleza, del cosmos a la tierra, pero que encierra la secuencia de dos destrucciones e incide en uno de sus capítulos más negros de la historia reciente chilena, los presos políticos a los que el pinochetismo echó al mar.
Sin gestos desmedidos, de acuerdo al buen hacer de Guzmán, sino con las frases medidas al milímetro, para evitar cualquier redundancia, el documental recorre la brutalidad de los genocidios -"un tema universal", dijo- cuya monstruosidad no precisa retratos sobredimensionados, sino exactitud.
El título remite al botón de nácar que un día recibió un indígena de su descubridor, a cambio de vender su alma, y de otra pieza casi idéntica, hallada en el fondo del océano, que quedó incrustrada en uno de los raíles que el régimen ataba al cuerpo de sus víctimas antes de lanzarlos al mar.
Guzmán dejó constancia con "El botón de nácar" del excelente momento de la cinematografía chilena, que en esta 65ª edición de la Berlinale presenta dos filmes a competición, el segundo de los cuales, "El club", de Pablo Larraín, se proyectará mañana.
Malick, Oso de Oro en la Berlinale 1999 con "The Thin Red Line" y Palma de Oro en Cannes en 2011 con "El árbol de la vida", decepcionó en cambio con su nueva incursión en el cine de cámara "basculante".
Su protagonista es un Bale que deambula entre fiestas junto a piscinas californianas de lujo o pequeñas orgías privadas, todo muy hollywoodiano, entre seres vacíos, más o menos ricos y famosos.
"Es un ser vacío como lo es todo su entorno", explicó el actor, tratando de suplir la ausencia de Malick que, haciendo honor a su reputación de escurridizo, no asistió a la presentación del filme.
En ese entorno de fiestas y gente de cine al sol californiano se verá a un Antonio Banderas haciendo el ganso, mientras Bale trata de hilar un discurso filosófico sobre el sentido de la vida, a modo del ángel de Wim Wenders del "Cielo sobre Berlín".
El resultado es un filme pretencioso y finalmente casi tan vacío como sus personajes, sean lindas chicas piscineras o la médica que trabaja entre mendigos y desahuciados que interpreta Cate Blanchett.
"Su filme es una oda a Los Ángeles", resumía a su lado Bale, quien admitió que Malick es un misterio también en el día a día de los rodajes, puesto que "nunca sabe uno exactamente qué le corresponderá hacer".
"Malik existe, sí. Nosotros incluso hemos tenido el privilegio de trabajar con él", trató de bromear Portman, ante la insistente pregunta de quién representaba al director con aura de fantasmal, en un festival donde su película se anunciaba como uno de los platos fuertes a concurso, para un domingo pletórico de cine. EFE
gc/cmm
(foto) (vídeo)




Guzmán: "el genocidio es algo universal, pero Chile no hizo sus deberes"

Gemma Casadevall

Berlín, 8 feb (EFE).- El cineasta chileno Patricio Guzmán presentó hoy en la Berlinale su documental "El botón de nácar", un filme que enlaza el exterminio sobre la población indígena con las matanzas de la dictadura, como dos formas de genocidio frente a los que su país "sigue sin haber hecho sus deberes". 

"Lo que cuento de Chile sirve para otros países, para Alemania, para España, para parte de África, para Oriente Medio. Cuando uno habla de genocidio habla de muchos países. Desgraciadamente es un tema universal", explicó a Efe el cineasta, tras la proyección del filme, uno de los diecinueve aspirantes al Oso de Oro de esta Berlinale. 
Países como Alemania han desarrollado una "cultura de la memoria", tras la monstruosidad del Holocausto, mientras que en Chile eso sigue siendo una asignatura pendiente, a juicio del cineasta, autor de filmes como "La batalla de Chile" (1975), "El caso Pinochet" (2001) y "Nostalgia de la luz" (2010). 
"En Chile no hay libertad de prensa y tampoco hay libertad de imagen. El Estado subvenciona ciertos documentales, que luego no se pasan por televisión. Es un contrasentido, en un país donde aún no se investigaron los crímenes de la dictadura. Han pasado cuarenta años, pero hay un temor de hablar detalladamente de qué ocurrió", asegura. 
Para el director, ni el gobierno ni otros estamentos implicados -como el militar- han colaborado en el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura de Augusto Pinochet y los avances para el reconocimiento de los derechos de las víctimas han venido "de las familias de desaparecidos o de jueces buenos, como Juan Guzmán". 
"Eso es muy malo, porque llevamos 40 años hablando de la dictadura, en lugar de superarla", prosigue, para recordar que en Chile sigue vigente la "Constitución de Pinochet" y que pese a ser un país identificado con el progreso económico, es también el de las mayores desigualdades sociales de América Latina. 
De las catorce películas que forman su biografía, en su mayoría centradas en la historia reciente chilena, solo una - "Memoria de la Luz "- ha sido emitida en la televisión de su país, como ejemplo del poco interés por investigar lo ocurrido, según el realizador. 
"El botón de nácar" vuelve sobre los pasos de este documental y arranca del observatorio emplazado en el desierto de Atacama, para viajar hacia la Patagonia, y llegar a la Isla de Dawson, "un cementerio en el mar", tanto por su papel en el destino de los indígenas como de los desaparecidos del pinochetismo. 
Así se recluyó "en condiciones inhumanas" a lo que quedaba de una población indígena a la que casi se extinguió por procedimientos como "la caza humana". También junto a la isla se realizaron los lanzamientos al océano de los cuerpos de perseguidos a los que Pinochet hizo "desaparecer". 
"El agua es el leit motiv de esta película. Hay agua en el sistema solar, hay agua en el cosmos y en la Tierra. Es la principal fuente de vida. Otra cosa es lo que los humanos hacen con el agua", apuntó, en alusión a esas víctimas a las que se lanzaba desde helicópteros, atadas a raíles de hierro, como describe su filme. 
El nuevo documental de Guzmán "es una continuación de lo que empezó con 'Nostalgia', el retrato de unos destinos que se quiso exterminar, sean los indígenas o los presos políticos". 
Para el cineasta, el golpe de Estado contra Salvador Allende fue "algo así como el incendio de mi casa", con todos los objetos y recuerdos que le acompañaron. Esa imagen del incendio "nunca desapareció, quedé atrapado en él", como "si no hubiera pasado hace cuarenta años, sino hace unas semanas". 
Las cifras oficiales hablan de unos 40.000 torturados bajo la dictadura pinochetista - el mismo Guzmán estuvo detenido durante dos semanas sometido a situaciones "de gran humillación", incluida la total incomunicación -. 
El cineasta recuerda ahí que, según estimaciones del citado "juez bueno" con el que comparte apellido, pero no parentesca, la cifra de afectados debe multiplicarse por al menos cinco, por cada uno de los familiares que asimismo sufrieron las consecuencias de esas detenciones o desapariciones. 
"Lo peor es que no habíamos hecho nada, no teníamos armas. Era una revolución pacífica, simplemente vinieron y se nos llevaron de casa", recuerda. 
"El botón de nácar" había sido incluido en la competición de la Berlinale como uno de sus platos fuertes, exponente de la fortaleza del cine chileno del momento, del que mañana se espera un segundo aspirante a Oso, Pablo Larraín, con "El Club". EFE 
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