domingo, 26 de julio de 2015

Porque no siempre se anda solo


Bayreuth desafía al paso del tiempo con trifulcas eternas y un estreno exitoso

Gemma Casadevall


Berlín, 26 jul (EFE).- El Festival de Bayreuth, fundado en 1876 por Richard Wagner como lugar idóneo para sus grandes óperas, resiste al paso del tiempo enfrascado en sus trifulcas internas, casi tan lucrativas como la música del compositor. 
Wagner y sólo Wagner es la consigna defendida por la casa desde que Cosima se convirtió en su directora, al enviudar del genio y perpetuar la ley de que en el teatro construido sobre la "Verde Colina" de esa ciudad bávara no hay lugar para otra música. 
Katharina Wagner, la biznieta del compositor, de 37 años y crecida en esos dominios, ha defendido ese legado con el estreno de un "Tristán e Isolda" opaco en lo escénico y desesperadamente pesimista, porque no da opción al amor, ni siquiera trágico, entre esas dos figuras wagnerianas. 
La heredera -y directora del festival- recibió anoche las ovaciones del elitista festival, compartidas con la batuta de Christian Thielemann y un dúo protagonista -Evelyn Herlitzius y Stephen Gould- enjaulado entre estructuras metálicas y su fatal destino. 
Al igual que la Isolda de su segundo acto, la heroína que huye de los focos probablemente mortales, Katharina saludó desde el escenario arropada por su equipo, pero luego se esfumó para no dejarse ver en la recepción de gala tradicional. 
El pánico escénico parece perseguir a la directora escénica y mandamás del festival, mientras otras señoras Wagner salpicaban con su presencia tanto esa cita nocturna como la apertura oficial hoy del Museo Richard Wagner ampliado, tras cinco años de cierre. 
Ahí estaban por ejemplo Eva Wagner-Pasquier, codirectora del festival junto a Katharina desde la muerte del padre de ambas, Wolfgang, en 2010, pero en retirada, porque deja el cargo esta temporada; o Nike Wagner, prima de las dos y antigua aspirante a dirigir Bayreuth. 
"Mi agradecimiento a los miembros de la familia Wagner aquí presentes, que citaré en orden alfabético", dijo, con ironía, la alcaldesa de Bayreuth, Brigitte Merk-Erbe, ante la Casa Wahnfried, sede del Museo y el lugar donde vivió y compuso el maestro. 
La frase tenía su aquel, ya que incidía en las legendarias hostilidades entre los miembros del clan. 
Katharina y Eva libraron una dura lucha por la sucesión; la solución salomónica de Wolfgang calmó algo las aguas, pero en su retirada parece que la mayor de las hermanas se acercó a Nike, la eterna disidente familiar. 
Las disputas entre los Wagner llenan los comentarios de los entreactos de Bayreuth -una hora de reloj, para dar tiempo al tentempié y también a la fantasía-, en alternancia con lo que gusta o no de las producciones que se representan. 
Al reflexivo pero pesimista "Tristán" de Katharina sigue hoy el "Lohengrin" de Hans Neuenfels y su coro de ratoncitos de colorines, reposición que, cinco temporadas después de un estreno tormentoso, se ha convertido en pieza preferida del templo wagneriano. 
Neuenfels demuestra con su visión del mito la capacidad de sacar partido escénico al humor, mientras que al "Anillo" de Frank Castorf, estrenado en 2013 y asimismo en programa este año, no se le ha perdonado aún la broma de sus cocodrilos articulados tragándose las piezas de la tetralogía. 
"Quién en el mundo conocería Bayreuth de no haber sido por que Wagner instaló aquí su teatro", reconocía la alcaldesa, respecto a una ciudad de provincias que, con su corta temporada de cuatro semanas al año, se convierte en meca wagneriana. 
Bayreuth se alimenta de mitos, escénicos o dinásticos, y no hay indicios de que eso vaya a cambiar. 
Coquetea sin disimulos con anacronismos logísticos que ponen a prueba los nervios de los medios que cubren un festival obstinado en convertir lo arcaico en una señal de identidad. 
Que la canciller Angela Merkel, incondicional de la casa, cayera por los suelos al rompérsele una silla en un entreacto de la noche del estreno era la comidilla hoy en la "Verde Colina". El popular diario "Bild" tuvo que rectificar su primera noticia, según la cual la jefa del Gobierno había sufrido un desvanecimiento. 
Esa primera versión dio la vuelta al mundo, pero en el viejo Bayreuth nadie la tomó en serio, puesto que se había visto a la canciller de excelente humor y comentando el "Tristán" a la salida del teatro. EFE 
gc/nl/cr 
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Bayreuth forja wagnerianos del futuro con niños curiosos y adultos desorientados

Gemma Casadevall



Bayreuth (Alemamia), 27 jul (EFE).- La ciudad bávara de Bayreuth, sede del tradicionalista Festival Richard Wagner, forja su cantera de público futuro con representaciones de un "Parsifal" adaptado al público infantil y muy útil, también, para adultos desorientados. 
El universo wagneriano y sus tramas profusas en mitos, muertes de las que se regresa o no, destinos trágicos, elixires de amor y brebajes mortales no es de fácil digestión ni siquiera para todos los amantes de la ópera y menos aún para niños. 
"Aquí reducimos Wagner a lo esencial. Cantamos lo más emblemático y el resto lo relatamos, como explicaríamos un cuento", resumió a Efe Raimund Nolte, el solista que interpreta a "Anfortas" en la versión de "Parsifal para niños" estrenada en la presente temporada de Bayreuth. 
A él, como a Benjamin Bruns, el tenor que da vida y voz al joven despistado que acaba convertido en héroe y rey, le esperan algunos demandantes de autógrafo a la salida de la representación -matinal y de algo más de una hora de duración, una cuarta parte de lo que sería el Parsifal íntegro-. 
Es la sexta edición del "Bayreuth para niños", orientada a un público de entre 7 y 12 años e introducido en el programa del festival wagneriano por la biznieta del compositor, Katharina Wagner, responsable de la dirección escénica del "Tristán e Isolda" que abrió la temporada, el pasado sábado. 
El Anfortas para el público infantil es un rey algo incompetente y herido que se encuentra en la peliaguda situación de admitir que "perdió" su espada porque se dejó seducir. 
"Ninguna pomada milagrosa que le den le curará hasta que llegue Parsifal", le explica Sven Müller, de 10 años, a su hermano mayor, de 12, ambos de la localidad vecina de Kulbach. 
"Sven ha heredado el talento de su padre para entender a Wagner mejor que Uwe o que yo misma", comenta a su madre, quien confiesa que ha renunciado ya a tratar de entender las tramas de las óperas en formato adulto para concentrarse en la música. 
Cada asistente al ciclo "Bayreuth para niños", en su mayoría escolares de la región, recibe un programa explicativo adaptado a mentes infantiles o desorientadas, que incluye cómics, resumen biográfico de Richard Wagner y el esquema de un caballo de papel recortable. 
"Parsifal es una obra ambiciosa. Otros años hemos representado óperas más sencillas, como los "Maestros Cantores de Nuremberg", aclara Boris Schäfer, el director musical, al frente de una orquesta por supuesto de proporciones más reducidas que la del teatro que hizo levantar Wagner en Bayreuth para representar sus óperas. 
La gala matinal para niños tiene lugar en un pabellón vecino al gran teatro, que según Wagner, iba a ser el único del mundo donde se representara su "Parsifal". 
Los designios del compositor no se han cumplido eternamente. Wagner murió en 1883, meses después de haber culminado el tercer acto de esa ópera y desde 1930 la pieza quedó "liberada" de ese veto para representarse en los teatros de todo el mundo. 
La temporada del "Parsifal" para niños constará este año de diez galas y terminará el 6 de agosto. 
Para entonces habrá empezado la siguiente fórmula para reclutar en Bayreuth a nuevas generaciones, ahora en formato músicos, a través del Festival de Jóvenes Artistas que se celebra en esa ciudad bávara todos los veranos desde 1950. 
Se espera a unos 300 asistentes procedentes de 30 países, que participarán hasta el 27 de agosto -un día antes de que termine la temporada del 104 Festival Richard Wagner de Bayreuth- en conciertos, seminarios y talleres. 
A diferencia del certamen wagneriano de la "Verde Colina", los jóvenes músicos no limitan su repertorio a Richard Wagner. 
Interpretarán sus piezas ante el público que no puede permitirse el templo wagneriano, por el precio de sus entradas o por encontrarse en otras circunstancias: un hospital, una cárcel y un asilo de ancianos. EFE 
gc/nl/cr 
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