Bayreuth desafía al paso del tiempo con trifulcas eternas y un estreno exitoso
Gemma Casadevall
Berlín, 26 jul (EFE).- El Festival de Bayreuth, fundado en 1876 por Richard
Wagner como lugar idóneo para sus grandes óperas, resiste al paso del tiempo
enfrascado en sus trifulcas internas, casi tan lucrativas como la música del
compositor.
Wagner y sólo Wagner es la consigna defendida por la casa desde
que Cosima se convirtió en su directora, al enviudar del genio y perpetuar la
ley de que en el teatro construido sobre la "Verde Colina" de esa ciudad bávara
no hay lugar para otra música.
Katharina Wagner, la biznieta del compositor,
de 37 años y crecida en esos dominios, ha defendido ese legado con el estreno de
un "Tristán e Isolda" opaco en lo escénico y desesperadamente pesimista, porque
no da opción al amor, ni siquiera trágico, entre esas dos figuras wagnerianas.
La heredera -y directora del festival- recibió anoche las ovaciones del
elitista festival, compartidas con la batuta de Christian Thielemann y un dúo
protagonista -Evelyn Herlitzius y Stephen Gould- enjaulado entre estructuras
metálicas y su fatal destino.
Al igual que la Isolda de su segundo acto, la
heroína que huye de los focos probablemente mortales, Katharina saludó desde el
escenario arropada por su equipo, pero luego se esfumó para no dejarse ver en la
recepción de gala tradicional.
El pánico escénico parece perseguir a la
directora escénica y mandamás del festival, mientras otras señoras Wagner
salpicaban con su presencia tanto esa cita nocturna como la apertura oficial hoy
del Museo Richard Wagner ampliado, tras cinco años de cierre.
Ahí estaban
por ejemplo Eva Wagner-Pasquier, codirectora del festival junto a Katharina
desde la muerte del padre de ambas, Wolfgang, en 2010, pero en retirada, porque
deja el cargo esta temporada; o Nike Wagner, prima de las dos y antigua
aspirante a dirigir Bayreuth.
"Mi agradecimiento a los miembros de la
familia Wagner aquí presentes, que citaré en orden alfabético", dijo, con
ironía, la alcaldesa de Bayreuth, Brigitte Merk-Erbe, ante la Casa Wahnfried,
sede del Museo y el lugar donde vivió y compuso el maestro.
La frase tenía
su aquel, ya que incidía en las legendarias hostilidades entre los miembros del
clan.
Katharina y Eva libraron una dura lucha por la sucesión; la solución
salomónica de Wolfgang calmó algo las aguas, pero en su retirada parece que la
mayor de las hermanas se acercó a Nike, la eterna disidente familiar.
Las
disputas entre los Wagner llenan los comentarios de los entreactos de Bayreuth
-una hora de reloj, para dar tiempo al tentempié y también a la fantasía-, en
alternancia con lo que gusta o no de las producciones que se representan.
Al
reflexivo pero pesimista "Tristán" de Katharina sigue hoy el "Lohengrin" de Hans
Neuenfels y su coro de ratoncitos de colorines, reposición que, cinco temporadas
después de un estreno tormentoso, se ha convertido en pieza preferida del templo
wagneriano.
Neuenfels demuestra con su visión del mito la capacidad de sacar
partido escénico al humor, mientras que al "Anillo" de Frank Castorf, estrenado
en 2013 y asimismo en programa este año, no se le ha perdonado aún la broma de
sus cocodrilos articulados tragándose las piezas de la tetralogía.
"Quién en
el mundo conocería Bayreuth de no haber sido por que Wagner instaló aquí su
teatro", reconocía la alcaldesa, respecto a una ciudad de provincias que, con su
corta temporada de cuatro semanas al año, se convierte en meca wagneriana.
Bayreuth se alimenta de mitos, escénicos o dinásticos, y no hay indicios de
que eso vaya a cambiar.
Coquetea sin disimulos con anacronismos logísticos
que ponen a prueba los nervios de los medios que cubren un festival obstinado en
convertir lo arcaico en una señal de identidad.
Que la canciller Angela
Merkel, incondicional de la casa, cayera por los suelos al rompérsele una silla
en un entreacto de la noche del estreno era la comidilla hoy en la "Verde
Colina". El popular diario "Bild" tuvo que rectificar su primera noticia, según
la cual la jefa del Gobierno había sufrido un desvanecimiento.
Esa primera
versión dio la vuelta al mundo, pero en el viejo Bayreuth nadie la tomó en
serio, puesto que se había visto a la canciller de excelente humor y comentando
el "Tristán" a la salida del teatro. EFE
gc/nl/cr
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Bayreuth forja wagnerianos del futuro con niños curiosos y adultos desorientados
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemamia), 27 jul (EFE).- La ciudad bávara de Bayreuth, sede del
tradicionalista Festival Richard Wagner, forja su cantera de público futuro con
representaciones de un "Parsifal" adaptado al público infantil y muy útil,
también, para adultos desorientados.
El universo wagneriano y sus tramas
profusas en mitos, muertes de las que se regresa o no, destinos trágicos,
elixires de amor y brebajes mortales no es de fácil digestión ni siquiera para
todos los amantes de la ópera y menos aún para niños.
"Aquí reducimos Wagner
a lo esencial. Cantamos lo más emblemático y el resto lo relatamos, como
explicaríamos un cuento", resumió a Efe Raimund Nolte, el solista que interpreta
a "Anfortas" en la versión de "Parsifal para niños" estrenada en la presente
temporada de Bayreuth.
A él, como a Benjamin Bruns, el tenor que da vida y
voz al joven despistado que acaba convertido en héroe y rey, le esperan algunos
demandantes de autógrafo a la salida de la representación -matinal y de algo más
de una hora de duración, una cuarta parte de lo que sería el Parsifal íntegro-.
Es la sexta edición del "Bayreuth para niños", orientada a un público de
entre 7 y 12 años e introducido en el programa del festival wagneriano por la
biznieta del compositor, Katharina Wagner, responsable de la dirección escénica
del "Tristán e Isolda" que abrió la temporada, el pasado sábado.
El Anfortas
para el público infantil es un rey algo incompetente y herido que se encuentra
en la peliaguda situación de admitir que "perdió" su espada porque se dejó
seducir.
"Ninguna pomada milagrosa que le den le curará hasta que llegue
Parsifal", le explica Sven Müller, de 10 años, a su hermano mayor, de 12, ambos
de la localidad vecina de Kulbach.
"Sven ha heredado el talento de su padre
para entender a Wagner mejor que Uwe o que yo misma", comenta a su madre, quien
confiesa que ha renunciado ya a tratar de entender las tramas de las óperas en
formato adulto para concentrarse en la música.
Cada asistente al ciclo
"Bayreuth para niños", en su mayoría escolares de la región, recibe un programa
explicativo adaptado a mentes infantiles o desorientadas, que incluye cómics,
resumen biográfico de Richard Wagner y el esquema de un caballo de papel
recortable.
"Parsifal es una obra ambiciosa. Otros años hemos representado
óperas más sencillas, como los "Maestros Cantores de Nuremberg", aclara Boris
Schäfer, el director musical, al frente de una orquesta por supuesto de
proporciones más reducidas que la del teatro que hizo levantar Wagner en
Bayreuth para representar sus óperas.
La gala matinal para niños tiene lugar
en un pabellón vecino al gran teatro, que según Wagner, iba a ser el único del
mundo donde se representara su "Parsifal".
Los designios del compositor no
se han cumplido eternamente. Wagner murió en 1883, meses después de haber
culminado el tercer acto de esa ópera y desde 1930 la pieza quedó "liberada" de
ese veto para representarse en los teatros de todo el mundo.
La temporada
del "Parsifal" para niños constará este año de diez galas y terminará el 6 de
agosto.
Para entonces habrá empezado la siguiente fórmula para reclutar en
Bayreuth a nuevas generaciones, ahora en formato músicos, a través del Festival
de Jóvenes Artistas que se celebra en esa ciudad bávara todos los veranos desde
1950.
Se espera a unos 300 asistentes procedentes de 30 países, que
participarán hasta el 27 de agosto -un día antes de que termine la temporada del
104 Festival Richard Wagner de Bayreuth- en conciertos, seminarios y talleres.
A diferencia del certamen wagneriano de la "Verde Colina", los jóvenes
músicos no limitan su repertorio a Richard Wagner.
Interpretarán sus piezas
ante el público que no puede permitirse el templo wagneriano, por el precio de
sus entradas o por encontrarse en otras circunstancias: un hospital, una cárcel
y un asilo de ancianos. EFE
gc/nl/cr
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