Merkel exhibió juego limpio diez años después de derrotar a Schröder
Gemma Casadevall
Berlín, 22 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, exhibió hoy sus dotes para ejercer el dominio desde el teórico "fair play" ante su antecesor Gerhard Schröder, el rival socialdemócrata al que derribó en 2005 y de quien ahora presentó una biografía hecha a medida del político retirado.
"Era un excelente luchador en campaña electoral", elogió Merkel en la presentación del libro escrito por Gregor Schöllgen -biógrafo, entre otros, de Willy Brandt, icono de la socialdemocracia alemana-, cuyo lanzamiento coincide con los diez años de su llegada al poder.
A Schröder debe Alemania las reformas estructurales contenidas en la llamada Agenda 2010, claves para su actual "fortaleza económica", recordó la canciller, para agradecerle a continuación ese gran servicio al país -"mis profundos respetos", dijo-.
Tras el elogio de la líder había algo de pulla irónica y no solo reconocimiento a los méritos del antecesor, al que derrotó en las generales del 18 de septiembre de 2005, lo que puso fin a los siete años de coalición socialdemócrata-verde que éste lideró.
La Agenda 2010 fue no sólo un "servicio" al país, sino también a la entonces aspirante conservadora.
Para el electorado socialdemócrata, los recortes sociales contenidos en esas reformas eran una traición a sus principios. Schröder cayó en una espiral de desgaste de poder, encajó varias derrotas en comicios regionales y reaccionó convocando elecciones anticipadas ante una rival que calibró cómo derrotable.
Merkel aludió a este "servicio" y aplicó además al excanciller el término de "demasiado pragmático", lo que para muchos alemanes remite a la adaptación al retiro de Schröder, a quien su amigo, el presidente ruso, Vladímir Putin, colocó pocos meses después de su derrota en el consejo del consorcio gasístico ruso Gazprom.
La canciller incidió en los puntos fuertes y menos fuertes del biografiado, mientras que éste se refugió en el compromiso de no hacer valoraciones sobre cuestiones de actualidad, ante preguntas relativas a la gestión de Merkel en la crisis de los refugiados.
Lo de menos en ese acto era lo que trataba de explicar sobre su libro Schöllgen, cuya biografía lleva de antemano la etiqueta de "por encargo" y donde se dibuja al excanciller como un hombre obsesionado por el poder, pero simpático, carismático y capaz de convertir en triunfo una derrota.
Para los alemanes, el referente de la confrontación de hoy fue la "Ronda de los Elefantes", la tertulia postelectoral de la televisión pública, la misma noche del 18 de septiembre, en que el aún canciller seguía disputándole la victoria a la aspirante.
Merkel había ganado por solo un punto de ventaja sobre los socialdemócratas, después de que los sondeos hubiesen vaticinado una victoria conservadora por hasta diez puntos, lo que envalentonó a Schröder hasta hacerle presentarse como si hubiera ganado.
"Nunca cometí el error de menospreciar a mi rival en campaña, un gran luchador", recordó Merkel, con un nuevo falso elogio, que remitía al fallo de percepción en que sí incurrió Schröder.
La "Ronda de los Elefantes" de 2005 entró en los anales de la televisión alemana, con un Schröder convertido en la imagen de la arrogancia en la derrota y una Merkel muy en su papel de líder que deja hablar y que acaba saliendo con la suya.
"Me vi favorecida porque casi no tuve que hablar, mientras otros hablaban tanto", resumió hoy, ante la imagen del entonces canciller que juraba que su partido jamás se rebajaría a formar coalición con ella en el liderazgo.
Merkel accedió al cargo como canciller el 22 de noviembre de ese 2005, al frente de la gran coalición que Schröder se negó a encajar de entrada -la misma constelación con la que sigue gobernando en su tercera legislatura, tras un interregno en alianza con los liberales en el segundo mandato-.
El traspaso de poder fue menos tenso que la "Ronda", coincidieron hoy ambos: el apretón de manos protocolario de Schröder en el Parlamento (Bundestag) fue algo frío, pero luego ella se encontró un pastel de su parte sobre la mesa de su oficina. EFE