jueves, 18 de febrero de 2016



Filipinas maravilló con ocho horas de cine contra la opresión colonial

Gemma Casadevall

Berlín, 18 feb (EFE).- Filipinas desafió hoy las reglas del juego en la Berlinale con "Hele sa Hiwagang Hapis" -"A Lullaby to the Sorrowful Mystery"-, una película de ocho horas de duración sobre la lucha contra la opresión colonial, obviamente excesiva, pero al mismo tiempo maravillosa. 
Unas semanas atrás, cuando el director de la Berlinale, Dieter Kosslick, anunció la presencia de una película de 485 minutos alguno pensó que era la guinda de excentricidad a este festival, como lo fue en 2000 la proyección nocturna ante la Puerta de Brandeburgo nevada, a diez grados bajo cero, del "Metrópolis", de Fritz Lang. 
"Una de las grandezas del cine es que nos permite romper con muchas cosas. También con las normas del tiempo", dijo Lav Díaz, director de la más extensa película presentada a competición en una Berlinale, incluida por Kosslick entre las 18 aspirantes al Oso de la presente 66 edición. 
La suya rompe varias reglas del juego del cine al uso actual, no solo en lo que respecta a su duración. 
Rodada en blanco negro, apuesta por la parsimonia meticulosa, sin banda sonora ni mayor acompañamiento acústico que el rumor de las hojas azotadas por el viento en la jungla filipina, de las olas rompiendo en la playa o el piar de los pájaros. 
Arranca con la ejecución, el 30 de diciembre de 1896, de José Rizal, médico, escritor y revolucionario, a partir de la cual discurrirán una serie de personajes en torno a Andrés Bonifacio, figura mítica de la guerra que acabó con 300 años de poder colonial. 
Destacan en el conjunto dos figuras femeninas: Caelestina, la amante de un capitán español que traiciona a su pueblo para luego arrepentirse, y Gregoria de Jesús, la mujer que durante 30 días buscará el cadáver de su esposo, Andrés. 
Es una película trazada sobre una guerra cruel, pero desprovista de imágenes cruentas, que discurre tan lentamente como ha querido Lav Diaz y que empieza a disfrutarse cuando uno deja de mirar el reloj para limitarse a disfrutarla. 
Todo el filme consiste en largas escenas rodadas con cámara fija, sean de diálogo o de acción, con las que Díaz recorre la lucha por la independencia del archipiélago frente al poder colonial español, representado por el capitán o por un cura deslenguado que se refiere a los rebeldes, literalmente, como "esos hijos de puta". 
Díaz retrata asimismo la rivalidad entre tagalos y otras etnias o la doble persecución que sufren las mujeres, huyendo despavoridas por el bosque, sea de la violación o de ritos religiosos. 
La duración del filme obligó al festival a adoptar un formato insólito, con una sesión que empezó a las 09.30 horas (08.30 GMT) y terminó pasadas las 19.00 horas (18.00 GMT), incluida una hora de pausa y los saludos entre ovaciones a Díaz y su abultado equipo de actores. 
Era el único pase, para una única película a concurso en esta jornada, que hizo desfilar al equipo en pleno del filme sobre la alfombra roja en traje de gala a primerísima hora de la mañana. 


Habitualmente este festival ofrece un pase avanzado para la prensa de las películas a concurso, por la mañana, mientras que las sesiones de gala y alfombra roja tienen lugar por la tarde o noche. 
Hubo muchas deserciones de público, muchas entradas y salidas de la sala -la Berlinale optó por permitir regresar a la butaca a quien salía a hacer un receso- y, finalmente, una atronadora ovación final al coraje del festival y al del cineasta. 
Alguno entre el público opinaba que hay que dar espacio y tiempo a este tipo de inusuales formatos; otros admitían sin tapujos que les resultó excesiva y pesada, apenas apta para un festival. 
Hubo quien acudió al cine sintiéndose "secuestrado" de antemano, con la sensación de sentarse en un vuelo transatlántico donde sólo proyectarán una única película. Otros saborearon como un privilegio lo de aislarse por horas -sin conexión telefónica- en un festival donde se proyectan, en sus distintas secciones, 430 películas. 
Si en 2000 la proyección de "Metropolis" bajo la nieve, en versión íntegra, acabó siendo el momento cumbre del festival, esta vez la película filipina demostró que, de vez en cuando, el lujo consiste en no tener prisa. Como no la tuvo Diaz al montar su filme. EFE  gc/cr