martes, 26 de julio de 2016

Ansbach, dos días después

Entre el mensaje conciliador y la instrumentalización de un atentado              Gemma Casadevall





Ansbach (Alemania), 26 jul (EFE).- Mensajes de paz y tolerancia se sucedieron hoy en la localidad de Ansbach, en el sur de Alemania, tras el atentado suicida cometido el domingo por un solicitante de asilo sirio, mientras la derecha radical confía en sacar rédito del miedo. 

Una paloma de la paz inspirada en Picasso sobre uno de los accesos al lugar donde más de 2.000 personas seguían esa noche un concierto al aire libre; una pequeña maceta con flores rojas y el letrero "Meinen Hass kriegt ihr nicht" -"No vais a obtener mi odio"-; una concentración de refugiados, para expresar su rechazo al yihadismo. 

Imágenes como éstas salpicaban hoy el casco antiguo de Ansbach, una pulcra ciudad de provincias bávara que, como tantas en la región, debe parte de su prosperidad al turismo. 

El precinto policial que desde la madrugada del domingo y hasta anoche impedía el acceso al lugar de los hechos fue retirado ya, lo que permitía a cualquiera que se acercara calibrar en lo que podría haber derivado el ataque del suicida, de haber accedido -como pretendía- a esa plaza. 
No tenía entrada para el concierto y detonó fuera el artefacto explosivo que llevaba en su mochila, provocando quince heridos. 
A unos doscientos metros de la concentración que protagonizó hoy un pequeño grupo de refugiados, algunos procedentes del albergue donde vivió Mohamed Doleel, el sirio de 27 años que sembró el terror, un militante de Freie Wähler ("Electores libres") reparte octavillas con la frase "Es reicht" ("Ya basta"). 
Esta agrupación política local, con notable impacto en Baviera, se sitúa a la derecha de la conservadora Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido hermanado a las filas de la canciller Angela Merkel y fuerza dominante en Baviera desde hace décadas. 
El militante acude solo; sus octavillas son de fabricación casera, aunque con el logotipo de su partido, que tiene dos concejales en Ansbach. La frase del "Es reicht" es la misma que la líder del partido derechista Alternativa para Alemania (AfD), Frauke Petry, colgó en su cuenta Twitter tras el atentado. 
AfD es ahora la fuerza efervescente de la derecha radical alemana, precisamente como aglutinante del voto contra la llegada de refugiados. 
"Ansbach confirma que la migración trae terrorismo. Asqueroso y vomitivo. Irresponsables quienes quieren una sociedad multiétnica", escribió un líder local de ese partido, André Poggerburg, en un mensaje ya eliminado de su cuenta. 
"La buena noticia es que somos muchos. No pueden echarnos, ni siquiera odiarnos a todos", comenta con cierto humor negro a Efe Raschid, joven argelino residente en Ansbach y que afirma que no es refugiado, sino que nació en Múnich. 
Las cosas "no son fáciles para nosotros estos días", admite, más en serio, antes de tomar por el hombro a un compañero y marcharse en dirección a un bar junto a la estación donde trabajan. 
Cada uno lleva colgando una mochila casi vacía: "llevamos lo justo, en cuanto abulta un poco más la gente se aparta asustada", dice para añadir que, con todo, la vida en Ansbach es agradable. 
Por Baviera, un "Land" identificado con el conservadurismo y la prosperidad económica, ingresó la mayor parte del 1,1 millones de peticionarios de asilo que recibió Alemania el año pasado. 
Ansbach, con 40.000 habitantes y con un 12 % de población de origen extranjero, tiene acogidos unos 1.800 peticionarios de asilo en la comarca. 
Es, según Dorothée Winke, profesora de alemán en un albergue de acogida de la región, una de tantas ciudades bávaras, ordenadas y sin graves problemas sociales, donde la integración de estos colectivos debería ser un éxito. 
"Todos aquí tienen un interés fuerte en no quedar estigmatizados como la ciudad donde se produjo el primer atentado suicida yihadista de Alemania", comenta. 
Con ese "todos" alude tanto a los múltiples cafés y cervecerías que abrieron hoy de nuevo sus terrazas a la espera del cliente, como al ciudadano común y, por supuesto, a esos 1.800 peticionarios de asilo, de los cuales una pequeña representación salió hoy a expresar su rechazo, junto a Müller y otra compañera y bajo la paloma inspirada en Picasso. EFE gc/nl