lunes, 19 de diciembre de 2016

Fin de Año

Merkel, entre el desgaste en el poder y el cuarto mandato. Por Gemma Casadevall


Berlín, 19 dic (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, conoció este 2016 el desgaste en el poder, erosionada por presiones internas tras la crisis de los refugiados y el auge de la derecha radical, a lo que respondió con el desafío de optar a un cuarto mandato. 
Al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) desde 2000 y en la Cancillería desde 2005, la más veterana líder europea se mostró por fin vulnerable en una Unión Europea que acumula grietas. 
Los cinco comicios regionales celebrados este 2016, de norte a sur y de este a oeste, lanzaron a Alternativa para Alemania (AfD) a resultados récord para una formación aupada por el voto xenófobo, que podría convertirse en tercera fuerza a escala nacional. 
El mayor susto lo dio AfD en el "Land" de Sajonia-Anhalt, al obtener un 24 % de las papeletas, lo que se atribuyó al voto de protesta arquetípico del este alemán, más afectado por el desempleo y la precariedad que el oeste. 
En el sureño Baden-Württemberg, símbolo de prosperidad y gobernado por Los Verdes, la derecha radical obtuvo un 15 %, resultado similar al de Berlín, dominado por la socialdemocracia, mientras que en Mecklenburgo-Antepomerania superó en votos a la CDU. 
La AfD ha sido el azote de todo el espectro parlamentario y se da por hecho que en 2017 entrará en el Bundestag (Cámara baja), lo que en la historia de la República Federal de Alemania no logró nunca la ultraderecha. 
A Merkel se la ha culpado del auge del voto de protesta, por haber abierto sus fronteras a los refugiados mientras otros las cerraban y por haber defendido con la frase "Lo lograremos" que Alemania está capacitada para acogerlos. 
Desde principios de 2015, la primera economía europea ha recibido a 1,2 millones de refugiados, pero Merkel rechazó una y otra vez la exigencia de su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) de limitar a 200.000 la acogida anual de asilados. 
En busca de soluciones, impulsó el acuerdo con Turquía en materia de refugiados, lo que hizo que se la acusara de haberse convertido en "rehén" del autoritario presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. 
La frase "Lo lograremos" la ha perseguido, como Merkel ha reconocido, aunque ello no la ha desviado de su rumbo. Tampoco el disenso permanente con la CSU, partido hegemónico del "Land" por el que entró en el país la mayoría de los refugiados. 
El año había arrancado con la conmoción dejada por los abusos sexuales y robos registrados en Nochevieja en la ciudad de Colonia, entre cuyos presuntos autores había peticionarios de asilo. 
En julio, Baviera se vio sacudida por dos atentados yihadistas cometidos por refugiados -únicas víctimas mortales de ambos ataques-, a lo que en los meses siguientes se sucedieron operativos policiales en todo el país contra el radicalismo islámico. 
En Alemania se ha instalado el temor de que el país será, tarde o temprano, objetivo de algún atentado devastador, a lo que Merkel ha respondido reforzando las medidas de seguridad y agilizando las expulsiones de los solicitantes de asilo radicalizados. 
La canciller rehusó durante meses pronunciarse acerca de si optaría a la reelección, en parte por no tener asegurado el respaldo de la CSU bávara. 
A la victoria del "brexit" en el Reino Unido, el pasado junio, siguió en noviembre la convulsión por la victoria del aspirante republicano, Donald Trump, en las elecciones estadounidenses. 
Merkel se vio así revalorizada como contrapeso del populismo global y al auge de la ultraderecha europea.  De responsable del dogma de la austeridad que ha exasperado a los ciudadanos de los países más castigados por la crisis del euro se ha pasado a verla como tabla de salvación del mundo dicho civilizado. 
Sus críticos interpretaron la nueva candidatura como una muestra de debilidad y de falta de alternativa en el liderazgo de su partido.  A ello se unieron amagos de insumisión en la CDU, que en el congreso que la ratificó como líder aprobó posturas no asumibles por la canciller, como la derogación de la doble nacionalidad para hijos de inmigrantes nacidos en el país. 
Es una líder cuestionada, pero parece dispuesta a romper los récords de permanencia en el poder de los patriarcas de la CDU, Konrad Adenauer y Helmut Kohl, con 14 y 16 años, respectivamente. 
Para ello deberá, primero, ser reelegida; luego, aguantar dos años para igualar la marca del canciller fundacional. O hasta el final, para alcanzar al que fue su padrino político, Kohl. EFE